Disclaimer: Harry Potter, su universo y personajes son propiedad de J. K. Rowling.
Habían pasado seis meses desde la feroz batalla en Hogwarts, Ronald Weasley al igual que varios estudiantes más habían optado por concluir sus estudios del séptimo curso. Él lo prefería a estar un día más en la madriguera con aquel deprimente ambiente, su madre llorando todos los días, George con su voto de silencio que al parecer sería permanente, simplemente no podía más.
Se encontraba en los límites de entrada al bosque prohibido perdido en sus pensamientos mientras que el atardecer poco a poco se llevaba los últimos rayos de sol. Desde las sombras un par de ojos verdes miraban detenidamente la figura del pelirrojo, recordaba haber leído el obituario de su hermano en casi todos los periódicos pues con el fin de la guerra los Weasley habían ganado mucha popularidad en el mundo mágico, ya casi nadie los consideraba traidores de la sangre.
Lo encontraba interesante, desde el inicio del curso lo había observado a la distancia, siempre sonriente en compañía de sus amigos, haciendo bromas junto a Potter o algún otro Gryffindor idiota, sonrojándose cuando accidentalmente rozaba la mano de Granger. Lo que más le había sorprendido fue encontrarlo una tarde en la biblioteca ayudando a un par de Slytherins aunque fuera como parte de sus deberes como prefecto. Hoy lo había visto quizás un poco más que otros días y era interesante para ella pues nunca había visto esa expresión en él antes, con la vista perdida en algún punto del bosque sus ojos no expresaban más que pura tristeza y a pesar de que sus ojos estaban totalmente cristalinos él no derramo ni una sola lágrima.
Deseaba salir de las sombras, forzaba su mente para poder decirle algo que llevara a burlas o una pelea y poder quitar esa triste expresión de su rostro, pero no podía, creía que no había coraje en ella. Lo vio ponerse de pie, sacudir su capa y emprender su camino hacia el castillo, no supo porque su boca decidió traicionarla en ese momento y desde las sombras se dirigió a él.
"Eres interesante." Se llevó las manos a la boca no había querido decir eso, había planeado decir algo hiriente, más como ella. Vio al chico detenerse mientras miraba en todas direcciones intentando saber de dónde provenía esa voz.
"Gracias." susurró él, una vez que la identifico en la oscuridad. Hubo un silencio prolongado antes de continuar. "¿Cuánto tiempo llevas aquí?"
"Bastante tiempo." Fue su única respuesta. Sus ojos verdes recorrieron su rostro, cuando se dio cuenta de una única lagrima correr por su rostro. "¿Estás bien?"
"¿Por qué te importaría?" respondió mientras volvía a girarse para limpiar sus ojos. "No creas que las me engañan... sé quién eres".
La chica pensó detenidamente por mucho tiempo el no responder y simplemente dejar que se fuera pero sabía que era un oportunidad que quizá no se volvería a repetir así que lentamente salió de las sombras revelando debajo de su túnica los colores verde y plata.
"Me intrigas", dijo finalmente, y él saltó levemente. Debió haber pensado que ella se había ido. "Ahora más, pues siempre actúas como si nada hubiera ocurrido, siempre actúas despreocupado a la vista de los demás y ahora estás aquí, solo, mostrando una tristeza que te niegas a mostrar en público, es muy interesante."
"Vete a la mierda." murmuró sombríamente.
"¿Supongo que se trata de tu hermano?" ella camino lentamente hasta posicionarse frente a él, notando como su cuerpo se tensaba de inmediato.
"No sé de qué estás hablando." Susurro mirándola directo a los ojos.
Ella no aparto la mirada se encontraba perdida en el profundo azul de sus ojos donde podía notar un brillo diferente a la tristeza.
"Mismo cabello, mismas pecas, solo un par de años mayor que tú, si mal no recuerdo existe un gemelo, ¿lo sabes ahora?"
"¿Terminaste de burlarte?" preguntó, apartando la mirada. Ella frunció el ceño.
"No," negó con la cabeza. "No deberías perder ese brillo en tus ojos."
"¿De qué estás hablando?" ahora estaba confundido, volvió a mirarla como si ella estuviera loca.
Ella sonrió.
"En tus ojos se refleja la esperanza de que todo mejorara." murmuró, acercándose más, como si quisiera compartir un secreto. "Y yo creo que sucederá." estaba apenas a unos centímetro de él ahora, y estaba temblando ligeramente. "No es bueno ocultar esos sentimientos de tus amigos, él era tu hermano y sé que nunca lo olvidaras, como también sé que no debes perder la esperanza." Estaban tan cerca el uno del otro que sus labios se rozaron ligeramente, él abrió con sorpresa sus ojos pero no se movió ni un milímetro.
"¿Q-qué estás haciendo?" preguntó, tratando de calmar su respiración.
"La verdad es que no lo sé", dijo ella con sinceridad, cerrando los ojos mientras se inclinaba más hacia él, pasando sus brazos alrededor de su cuello. El repentino peso lo empujó hacia abajo, automáticamente puso sus brazos alrededor de su cintura, haciendo que la chica despegara los pies del piso por la diferencia de altura.
Minutos más tarde ella se apartó, con una pequeña sonrisa en los labios.
"Mañana es otro día, Ron." le susurró. "Otro día para creer que las cosas mejorarán."
Se separó lentamente del chico y guió sus pasos hacía el castillo, nunca se giró para mirarlo pero él pudo ver como una de sus manos se dirigió hacia sus labios, ella no volteó hacia atrás para ver como las lágrimas por fin escaparon de sus ojos, esta vez por ella y lo que le acababa de decir, aunque nunca lo admitiría.
Ella nunca podría mirar atrás, pues solo lo encontraba interesante, nunca podría amarlo, nunca se enamoraría de él, no era digno, no, solo era interesante.
