CAPITULO III

Después de la acostumbrada visita al área infantil, Candy se dirigió rápidamente al centro de investigaciones.

Su jefe, como era costumbre, se encontraba delante de su escritorio transcribiendo los resultados de los últimos días. Al parecer el nuevo fármaco podría ser aplicado inicialmente en animales, y quizás, en un futuro no muy lejano, podría empezar a aplicarse experimentalmente en pacientes.

- Hola doctor, he venido a ayudarle, aunque quisiera preguntarle si podría salir este día un poco antes, tengo un compromiso – le dijo, mientras se dirigía a la oficina para ayudar le en su labor.

- ¡Hola Candy!, por supuesto que puedes salir a esa hora, que si mal no recuerdo, es casi tu hora de salida, ¿o me equivoco jovencita? – la cuestionó, enmarcando una ceja.

- Si Dr., es sólo que no me gusta dejarle haciendo todo el trabajo de pasar las observaciones, quisiera poder ayudarle en más asuntos – le respondió, bajando el rostro.

- Está bien chiquilla, no te preocupes, hay mucho por pasar así que ¡apurémonos ya! – le señaló un cuaderno a la vista y Candy siguió con su trabajo.

Terminó sus deberes y se dirigió al cuarto de baño para cambiar su atuendo. No llevaba un vestido deslumbrante, pero su porte le hacía parecer salida de un cuento. Era un vestido un poco arriba de los tobillos, de color beige con estampado verde que hacía juego con sus ojos. El escote era cuadrado y las mangas llegaban al antebrazo. Recogió su cabello mientras unos traviesos rizos caían al lado, enmarcando su cara. No acostumbraba usar maquillaje, sin embargo, sacó un tenue labial rosa para pintar sus labios. Se veía realmente hermosa.

Cuando salió del tocador, sus compañeros no evitaron lanzarle piropos.

- ¡Candy, pero qué bien te ves!, ¿a dónde vas tan guapa? – le preguntó Dylan Doherty, uno de los asistentes del médico.

- Saldré con un amigo, pero chicos no es para tanto – respondió la joven un poco turbada por las muestras de admiración a ella.

- Ya vemos, es que, es algo raro verte tan diferente, es como si llegara Candy y saliera otra chica, - dijo otro de los asistentes, lo cual arrancó las risas de los demás.

- ¡Es todo chicos!, mejor me voy antes de que sigan burlándose de mí – dijo fingiendo estar molesta.

- ¡Suerte!,...ese chico realmente es afortunado ¿eh? – le alcanzó a gritar Dylan, pero Candy ya no escuchó lo último.

Llegó al lugar indicado y él ya se encontraba ahí. Se acercó y de repente sintió el olor a lavanda, lo que la hizo estremecer. El joven se encontraba de espaldas a ella por lo que pudo observarlo detenidamente.

- Es igual de alto que Terry... ese olor... igual al de él – pensó, mientras se perdía recordando esa mirada azul.

El aroma a rosas hizo voltear al muchacho y toparse con su mirada. Quedó deslumbrado por la apariencia de la chica, y sintió en ese momento que su amor por ella era infinito.

- Candy, por fin llegaste, ¿cómo te fue? – le preguntó, haciendo que la chica regresara de sus pensamientos.

- ¿Eh?, Joshua, disculpa si llegué un poco tarde, ¿nos vamos ya? – dijo y le ofreció su brazo.

Terry se sorprendió por este gesto y la tomó muy delicadamente.

Iban caminando en silencio, cada quién se había sumido en sus pensamientos, sin embargo Terry quiso romper el silencio y le comenzó a preguntar un poco más de sus actividades:

- Entonces, además del hospital, también ayudas en un centro de investigaciones, ¿a qué se dedican específicamente? – le preguntó viéndola de reojo.

- Es un centro que estudia fármacos experimentales para mitigar el dolor en pacientes con enfermedades terminales, varios asistentes trabajan al mando del doctor Ernest Fanning, quien ha sido reconocido por sus trabajos en ese campo – le explicó mientras su aroma le seguía haciendo recordar a su antiguo amigo del colegio.

Terry disfrutaba escucharla y sentir ese delicioso aroma a rosas, sintió que todo su ser se impregnaba de ella y siguieron platicando por un buen rato más, hasta que llegaron al local.

El trovador aún no había llegado.

La noche había caído y la pareja se dirigió al rincón preferido de Terry. Se sentaron y pidieron, cada uno, un café con pastas. La conversación siguió sobre la ocupación de la enfermera.

Terry escuchaba, absorto en su rostro, memorizó cada uno de sus gestos, de sus pecas, todo le tenía fascinado, cuando sintió una fuerte mirada sobre él. A lo lejos estaba Nikolas. Levantó una copa en dirección hacia él y le dedicó un brindis. Le dio a entender que lo vería en otra ocasión.

Se alegró muchísimo; no había que hacer presentaciones inoportunas y tenía todo el tiempo para estar junto a su amada. Fue solo un momento en el que volteó a ver a la rubia y cuando su mirada regreso al hombre, éste ya no estaba. Terry se sobresaltó pero no perdió el control. Candy le preguntó si le ocurría algo.

- No te preocupes, es sólo que me pareció ver a un viejo amigo, me confundí, por favor, discúlpame, sígueme platicando – y se volvió a perder en el rostro de Candy.

El cantautor llegó unos minutos después y sonrió a Terry. Se acomodó al centro del local, afinó su guitarra y se dispuso a cantar. Candy había dejado de platicar para observarlo. Era un señor de mediana edad, sin embargo, su rostro denotaba una sabiduría enorme.

Había escuchado la canción, sin apartar su mirada de la rubia. Se perdió en aquel bello rostro y rememoró nuevamente las anécdotas compartidas al lado de ella: el barco, el Colegio, la segunda colina de Pony, las vacaciones en Escocia y ese único beso. Miles de emociones se le juntaron en el estómago. Las manos le comenzaron a sudar y unas inmensas ganas de besarla tuvieron que ser fuertemente contenidas.

Ella volteó a verlo y sonrió.

Terry recobró la compostura y le devolvió la sonrisa.

Sin querer tomó su mano y Candy le miró asombrada, sin embargo, no la retiró. En realidad, se sentía muy bien con ese apenas conocido amigo, y no entendía por qué. Ese contacto los había dejado estáticos por un largo rato. El trovador ya había terminado de cantar y afinaba su guitarra para continuar con su repertorio, no sin antes confirmar que aquella mesa despedía un fulgor muy especial; podía sentir el amor entre aquellos jóvenes y no hizo más que soltar una sonrisa y cantar algo muy a propósito de la situación.

Se acercó lentamente a su rostro y la besó suavemente, mientras Candy le miraba confundida. Apenas y conocía al chico y se soltó rápidamente. Se sentía apenada y un rubor coloreó sus mejillas.

Terry apretó su mano con firmeza y se sentó a su lado, sin apartar la mirada de ella. Candy intentó hacerse hacia atrás pero él la abrazó.

- No me rechaces, por favor – le dijo, olvidando modular el timbre de su voz.

- ¿Terry?, ¿eres tú? – le preguntó, abriendo enormemente los ojos, sorprendida.

Él retrocedió un poco, y sin dejarla de mirarla fijamente se quitó los anteojos y le guiño un ojo.

- Sí... soy yo... – le respondió, mientras se volvía a acercar a sus labios y la volvía a besar.

Las fuerzas de Candy flaquearon y se entregó a ese beso, llena de asombro, admiración... y pasión. Empezó a recorrer su cabello con las manos dulcemente.

Terry no podía dejar de besarla. Su nariz, sus mejillas, su frente, su boca. Deseaba con todo su corazón que ese instante quedara inmortalizado por toda la eternidad. ¡Estaba ahí, junto al gran amor de su vida, sintiendo sus manos acariciar suavemente su cabellera!

De repente, se percató de que estaban en un lugar público y se separó lentamente de ella.

- Candy... ¡cuánto tiempo anhelé este momento! – dijo con los ojos humedecidos.

- Terry... ¿pero qué haces aquí?, ¿y Susana?... es que... ¿acaso, la abandonaste?...y ¡Dios! ¡me engañaste! – dijo molesta, parándose de la mesa y tratando de dirigirse a la salida, el actor le cerró el paso.

- Necesito hablar contigo, por favor, por una vez en la vida, te imploro que me escuches, ¿quieres sentarte, por favor? – le suplicó con una infinita tristeza en la mirada, mientras ella regresaba a su asiento.

La joven recapacitó en su comportamiento y decidió quedarse. Sus ojos conteniendo lágrimas la hicieron doblegarse y cambió su actitud. Su corazón se revolvía inquietamente en su interior. Un mar de dudas revoloteaba en su cabeza. Sin embargo, también había soñado muchas veces con un posible encuentro, sólo que no lo imaginaba tan pronto y con Terry haciéndose pasar por otra persona, eso la tenía bastante desconcertada, le exigiría una explicación y después vería que sucedería. Pero, ¿cómo no se había dado cuenta?... ¡claro!, ¡es actor!, ¡ay Candy!, ¿cuándo aprenderás?

- Yo... no sé como comenzar... pero te diré que, desde aquel momento fatal en el hospital, después que te fuiste, supe que jamás volvería a recobrar la vitalidad y fuerzas para vivir, tú te las habías llevado y yo no sabía como comenzar a amar a Susana; te juro por lo que más quiero, que intenté de todo para lograr enamorarme de ella, pero no te imaginas Candy, se volvió manipuladora, rencorosa, vengativa, y todo el tiempo me recriminaba el haber quedado así por mí; aprovechaba cada momento para recordarme mi "deber". Hubo un tiempo en que la abandoné y me dediqué a tomar, abandoné todo Candy, hasta que en un teatro de mala muerte, una visión angelical en la que tú aparecías, me apartó del camino equivocado que estaba llevando. Incluso Albert, llegó a encontrarme en estado lamentable, en un bar, y me llevó a observar de lejos, el ejemplo que me ponías al seguir con tu vida... y te vi Candy, te vi en esa clínica atendiendo a tus pacientes con todo ese ánimo y fortaleza que, me prometí jamás volver a caer tan bajo, pero, Susana... lo hizo imposible, mi amor. La vida se volvió aún más sombría para mí; no tuve remedio que calmarla dándole dinero a su madre y a ella. Sólo así me las quitaría de encima. Lo que ella siente por mí es un capricho, y creo que tampoco debo soportar una situación que en cualquier momento puede acabar, y de muy mala manera. No la soporto Candy, y no quiero amargarme la vida pensando que pude haber hecho algo por recobrar tu amor. Me consolaba viendo un retrato tuyo que mandé colocar en mi estudio personal, el único lugar donde he podido desahogar toda mi frustración y mi amargura. No te busqué en ese momento porque... vi el anuncio de tu compromiso, me invadió una rabia incontenible y por un tiempo aparté mi pensamiento de ti, pero... no pude... es tan fuerte lo que siento por ti, que sigo amándote igual o más que antes – le comentó, soltando por fin, todo ese dolor que tenía clavado en el fondo de su ser, desde hacía mucho tiempo. Se sentía aliviado de haberle podido explicar su situación. Sus lágrimas fluían discretamente por sus mejillas. Era un momento bastante difícil y a la vez tan reconfortante.

Candy, quien había permanecido en silencio durante todo el relato del actor, tenía los ojos llenos de lágrimas. Él también había sufrido, por ella, por esa decisión tan arbitraria, finalmente incitada por ella y nadie más. No quiso escuchar, en ese momento, las súplicas de él. Le impuso una vida, de la cual jamás imaginó el tormento que le provocaría; su Terry sufría enormemente y a pesar de que era por su culpa, el volvía para buscarla. En un acto reflejo, lo abrazó fuertemente y lo recargó sobre su pecho.

Miró a su alrededor y el local lucía semivacío, el trovador seguía con su repertorio. Y volvió su rostro hacia él, que ahora se aferraba firmemente a su cintura, escondiendo su rostro en su regazo.

- Terry, yo... ¡te pido que me perdones!, ¡por favor!, ¡perdóname!, no quise hacerte sufrir con mi decisión, creí que ella te amaba sinceramente. Terry... hemos sufrido mucho... ¡por favor, perdóname!...tampoco ha sido fácil para mí... – le respondió con las lágrimas corriendo por su rostro y levantando su barbilla, para mirarlo fijamente.

- Candy, perdóname tú a mí, no te he explicado el por qué estoy vestido así. Después de que terminó la última temporada teatral, Robert Hathaway me dio vacaciones por unos meses en lo que regresábamos a la nueva puesta en escena; y fue en ese momento, que la oportunidad de buscarte se presentaba ante mí. Hablé con Susana y tuve que decirle que iría a Europa a pasar mis vacaciones y por supuesto que quiso estar conmigo, pero la calmé mintiéndole nuevamente; le di la posibilidad de formalizar nuestra relación para poder salir de ese lugar. Por eso vine a Chicago y tratar de hablar contigo; lo del disfraz es porque no quiero que me reconozcan, es sólo que ese día chocaste conmigo y no creí prudente el descubrirme frente a ti tan pronto. Pero... por favor... entiéndeme... de todas maneras, si esto no resulta, no seguiría con ella – le dijo, con la mirada suplicante.

- Terry, yo... también he sufrido mucho. Nos separamos y tiempo después, mis amigas insistían en llevarme noticias tuyas, hasta que les pedí de favor que evitaran darme información alguna que tuviera que ver contigo. Después, Neal Leegan quiso obligarme a casarme con él, por eso viste ese insulso compromiso publicado. Seguramente lo hizo para que lo vieras y sufrieras más; después siguieron las presiones del matrimonio, involucrando al Tío Abuelo William y ahí fue donde me llevé la grata sorpresa de que era Albert. Seguí viviendo un tiempo por mi cuenta, pero él me pidió como un favor especial el que regresara a la casa en Lakewood, ya sabes, la señora Elroy, fiel a sus reglas sociales, estaba escandalizada de que viviera sola y tuve que regresar. Tuve ascensos importantes en el hospital, ahora soy jefa de enfermería, y además, colaboro con un centro de investigaciones médicas. Mentiría si te digo que eso me ha hecho feliz, pero... no... también he sufrido y mucho. Creo que merecemos una oportunidad de recuperar el tiempo perdido, sin embargo, Susana sigue ahí y yo no me siento a gusto contigo, sabiendo que sigue esperando una formalización del compromiso. Por favor, entiéndeme – le pidió, bajando la mirada y secando sus lágrimas.

Terry la abrazó y empezó a acariciar sus rizos.

Le dio pequeños besos en la frente y la nariz. La rubia le abrazó igualmente, permaneciendo así por un rato. El tiempo había pasado de volada y el trovador se despedía con una última canción, que reflejaba los verdaderos sentimientos de aquellos dos jóvenes. Y la pareja, en silencio, asistía a la última canción, rememorando dulces y felices momentos, acaecidos tiempo atrás.

De repente, ella recordó que debía llegar temprano a casa. Ni siquiera le había dicho a su padre adoptivo que saldría con Joshua. Terry, adivinando sus pensamientos se adelantó:

- Albert sabe que estoy aquí contigo, Candy – dijo, tomándola por sorpresa.

- ¿Qué?, pero... ¿hace cuanto tiempo estás en Chicago? – le preguntó, recordando el incidente de la noche anterior.

- Tengo unos cuantos días... paseando por el centro, llegué sin querer al edificio de los Andrey y vi a Albert entrar en él, le seguí y me hicieron pasar a su despacho, ahí me enteré que era cabeza de la familia...¡que sorpresa! ¿no?, le dije que hoy saldría contigo, así que no creo tengas problemas con él... - contestó, guardando para sí el secreto del magnate.

- Lo sé, es sólo que...han sido muchas sorpresas, y encima está la ¡Tía Abuela!, pero, ¡Dios!, me va a matar, tengo que irme, Terry, no le gusta que llegue muy tarde, vámonos ya, por favor! – dijo, y tomó sus cosas mientras el actor corría a pagar la cuenta.

- Espera.. ¡Candy! – le gritó mientras salía tras ella.

Tomaron un carruaje de regreso a la casa.

La luz de la ventana estaba encendida. Candy temía lo peor; imaginaba la cara de disgusto de la anciana y el consecuente regaño por su osadía de llegar realmente muy tarde.

Entraron, aparentando total tranquilidad, y en la sala encontraron a Albert con la matriarca. Esta última tenía una expresión de desconcierto en el rostro.

- ¿Cómo estas, querida?, es muy tarde, ¿se puede saber en dónde estabas? – le preguntó algo molesto Albert.

- Este... yo... lo siento... estaba con mi amigo del colegio... lo siento abuela... es que tomamos un café y platicamos por largo rato... – respondió, bajando su cara.

- Albert, ¿podrías explicarme qué sucede aquí? – inquirió seriamente la señora Elroy.

- Permítame presentarme señora, mi nombre es Terrence Grandchester, hijo del Duque Richard Grandchester, y soy muy amigo de Candy desde hace tiempo, es mi culpa que se haya entretenido tanto, le insistí que estuviéramos platicando un poco más, le ofrezco mis más sinceras disculpas por las molestias que esto le haya ocasionado – contestó, interrumpiendo a Candy e inclinando la cabeza.

- Así que es descendiente de un Duque, joven, eso si está realmente interesante, está bien acepto sus disculpas, y por tratarse de usted, por esta vez tolero la tardanza de Candy, pero es la última vez que sucede, ¿queda claro?, si quiere visitarla, aquí tiene suficiente espacio para estar con ella, exijo un poco más de consideración, no quiero que se dé pauta a habladurías, ¿entiende verdad? – preguntó secamente la mujer, aunque con sumo interés.

- Entiendo perfectamente, señora, le prometo que no volverá a suceder – respondió Terry, mirando de reojo a su amigo.

El millonario sintió arder de celos al verles llegar juntos, pero se contuvo por consideración a la matriarca. Además no quería volver a ser tan obvio con Candy. La rubia no quiso siquiera voltear a verlo y eso le dolía en el alma, sin embargo, había decidido dejarle el campo libre a Terry para que pudiera cortejarla.

Sabiéndola perdida, optó por no decir nada más.

- Habiendo quedado claro por usted, Tía Abuela, me retiro, mañana tengo que madrugar y debo irme muy temprano, con permiso, que pasen buenas noches – dijo saliendo del lugar, sin voltear a ver a la pareja.

Candy sintió como una puñalada la indiferencia de Albert. Aunque por dentro, su corazón latía feliz de saber que Terry la había buscado, y que podía existir una probabilidad significativa de ser feliz al lado del amor de su vida.

- Me retiro jóvenes, Candy, te pido que no tardes, en cuanto se vaya el joven sube a tu habitación – dicho esto, salió de la sala dejando a ambos solos.

- ¡Uff!, realmente todo esto es muy serio, ¡sentí que me desmayaba de la presión! – dijo Terry, sonriéndole y acercándose a ella.

- ¡Casi me ocasionas tremendo problema!, ahora, te acompaño a la puerta para que te retires, por favor. Vete con mucho cuidado – le pidió, mientras llevaba sus manos al pecho.

- Pecosa... - la llamó mientras volvía a hundir su mirada en aquellos ojos verdes.

Acto seguido, se empezaron a besar; Terry siguió su camino hacia el cuello y al llegar a sus orejas, ella empezó a emitir pequeños gemidos. La abrazó con fuerza y la siguió besando por largo rato. En un momento, por impulso, el actor subió su mano hacia un seno y Candy abrió los ojos. Algo desconocido, le hizo sentir un calor bastante agradable y creyó que era mejor irse a su habitación.

- Terry... debes irte... – le pidió, sonrojada, por lo que había sentido.

Terry totalmente enternecido la abrazó y besó su frente con mucha suavidad.

- Disculpa, es sólo que... creo que me entusiasmé mucho... - le dijo con una voz tan ronca que le excitó aún más.

- Está bien, te acompaño a la puerta – dijo, mientras le conducía a la salida.

Ambos salieron al umbral de la puerta y se despidieron con un beso apasionado.

- Te veo mañana pecosa, ¿quieres que pase por tí al hospital? – le preguntó con ansiedad.

- Mañana estaré algo ocupada Terry y debo quedarme más tiempo en el laboratorio, pero te veo pasado mañana, ¿te parece? – propuso.

- Está bien Candy, nos vemos pasado mañana, que pases buena noche – dijo, y se retiró del lugar.

- Hasta luego Terry, cuídate mucho por favor – le pidió. Cerró la puerta y se dirigió a su habitación.

El inglés salió del portal de la casa y decidió caminar a pie hasta poder encontrar un carruaje que lo llevara de regreso al hotel.

Llevaba un buen rato caminando, cuando de repente un ruido detrás de él, le hizo girarse repentinamente. Vio a tres tipos, con muy mala cara, acercarse a él. Terry aceleró el paso y se maldijo por no haber pedido a Albert ayuda para regresar en el auto de la familia.

Los tipos corrieron tras él y lo agarraron.

- ¡Déjenme por favor!, no traigo dinero, ¿qué es lo que quieren? – gritó con el corazón en un hilo.

- No digas mentiras, si sabemos que eres de buena familia, si no, no hubieras salido de la casa de los Andrey – le contestó uno de ellos, mientras agitaba una navaja cerca de su cuello.

- ¡Les juro que no sé de qué me hablan!, por favor, ¡déjenme en paz! – les exigió, tratando de zafarse de ellos.

Uno de los muchachos cerró el puño y golpeó al actor muy fuerte, dejándolo casi inconsciente. Terry no se pudo levantar, y los otros dos comenzaron a patearlo hasta dejarlo inmóvil. Un fuerte gruñido estremeció el ambiente. De repente, una sombra se materializó y, cual cenizas revoloteando en el aire, agarró a dos de ellos, empujándolos por los aires y rompiéndoles el cuello.

- ¡Pero!... ¿qué diablos es eso?... ¡Dios mío!... ¡nnnooo! – gritó el único que quedaba, al ver una figura moverse de forma anormal, a través del viento, elevándolo por los aires y arrancándole de tajo la cabeza.

Terry escuchaba los gritos cada vez más lejanos.

Después un silencio sepulcral, y acto después, otro grito inundaba la noche. Un dolor insoportable lo invadió. Se sumergió en la más profunda de las oscuridades y no supo más de sí.


Despertó en su habitación muy adolorido.

No se podía incorporar y gimió por el esfuerzo. Abrió con mucho trabajo los ojos y vio a su misterioso amigo sentado a su lado.

- ¡Mmmm!, ¿qué sucedió?... me duele todo el cuerpo... – preguntó con esfuerzo, y extrañado de ver a Nikolas en su habitación.

- Tranquilo, Terry, unos maleantes intentaron asaltarte y te dejaron malherido. Por favor, deja que te ayude a limpiar tus heridas – le pidió, mientras llevaba un pañuelo mojado a su rostro.

- Nikolas, ¿tu me trajiste aquí?... pero ¿cómo?... ¿acaso estabas presente, cuándo me agarraron esos delincuentes? – preguntó, entrecerrando los ojos por el dolor.

- No hables, ¿quieres?, pasaba por ahí e hice que te dejaran en paz... por favor... quédate quieto, necesito terminar de limpiar esto...descansa amigo – le solicitó amablemente el hombre.

Terry volvió a caer en la inconsciencia.

Cuando regresó, abrió los ojos y vio que el hombre se cubría el brazo.

- Te di un líquido que ayudará a regenerar tus heridas rápidamente – le dijo, mientras terminaba de acomodarse la manga de su camisa.

Pero... ¿qué era?

Nikolas solo sonrió y le dijo que era regalo de un amigo dedicado a la herbolaria. Terry estaba demasiado adolorido para seguir haciendo preguntas al respecto.

Sintió de entrada algo de desconfianza, sin embargo, la mirada de aquel elegante sujeto volvió a tranquilizarlo. Algo, en sus pensamientos, le incitaba a confiar en él. Tomó aire y volvió a cuestionarlo.

- Por favor, dime ¿qué pasó?, ¿cómo llegué aquí? – preguntó, tratando de sentarse con mucho esfuerzo en la cama.

- Terry, debes cuidarte más, no es seguro andar solo por las calles a tan altas horas de la noche, suerte que iba pasando por el lugar donde te encontrabas y vi que unos tipos te estaban asaltando, dejándote inconsciente. Ahora, no hables mucho, debes descansar, no querrás presentarte ante tu amada en tan tristes condiciones, ¿verdad? – le respondió con una mueca de reproche en el rostro.

No se había percatado aún, de que el dolor estaba pasando rápidamente y ciertas heridas pequeñas estaban sanando más rápido de lo normal.

Nikolas vio con satisfacción que lo que le había dado le estaba ayudando a recuperarse muy bien y le dijo:

- Terry, quiero que sepas que cuando tengas algún problema fuerte en las noches, sólo grita mi nombre en tus pensamientos, y ahí estaré al instante. Y te reitero que confíes en mí. Lo que menos deseo es hacerte daño. Esos tipos merecían un castigo ejemplar – le dijo, enfatizando esta última frase y logrando estremecer al joven actor con su respuesta.

- Gracias, Nick, discúlpame, es sólo que, a veces pienso que eres tan extraño, sin embargo, me has salvado la vida y te debo una... amigo, gracias por ayudarme, pero... ¿qué pasó con ellos? – le dijo con sinceridad.

- No te preocupes, ni te alarmes, ya tuvieron su castigo; gente así no debería vivir en este lugar. Ya mañana lo verás en los diarios, tu trata de recuperarte y mañana te sentirás mucho mejor...yo tengo que irme, me esperan algunas obligaciones, te veo otra vez mañana en la noche, ¿o estarás ocupado con tu novia? – le preguntó, con una mirada enigmática.

- No, mañana no la podré ver, así que te veo en el café de siempre, tomamos una copa y platicamos más tranquilamente; espero mañana sentirme mejor, de hecho, en este momento el dolor está desapareciendo rápidamente, ¡es increíble, gracias! – le dijo con una franca sonrisa en el rostro.

- No es nada. Cuídate mucho, verás que si estarás muy bien mañana. Nos vemos, y ya sabes, llámame en cualquier momento que tengas problemas, sólo te recuerdo que es solamente por las noches – dijo, despidiéndose. Salió por la puerta con su elegante chaqueta en la mano y cerró silenciosamente.

Terry se quedó pensativo.

Era realmente extraño que Nikolas pasara "casualmente" por ahí, y más aún, que lo defendiera de esos maleantes. Por un instante, le entró una especie de paranoia, de sentirse perseguido por el hombre; después decidió que era mejor tenerlo de amigo incondicional. Ahora bien, le había dado algo de beber, cosa que nunca sintió, ¿habrá sido cuando estaba inconsciente?, eso era de por sí muy raro, es más, creyó que era algún personaje metido en cuestiones de ocultismo y espiritismo, aunque su escepticismo en esos temas era muy amplio, no dejaba de intrigarle que ese personaje tuviera costumbres, por demás, no propias de seres humanos comunes y corrientes. No negaba que se sentía mucho mejor, como si una vitalidad le fluyera por las venas poco a poco. El dolor casi había desaparecido y las pequeñas heridas ya habían comenzado a sanar rápidamente, aunque de esto último, no se dio cuenta en el momento.

Apagó la lámpara de su buró y se volvió a acostar.

Desvió sus pensamientos hacia Candy y se sintió emocionalmente mucho mejor. Había vuelto a saborear sus labios, y ella le había correspondido; había comprobado que aún lo amaba todavía. Se durmió pensando en el futuro promisorio que le esperaba al lado de ella, aunque Albert, su amigo, tardaría en aceptarlo. Estaba dispuesto a convencerlo de que no le fallaría a la mujer de su vida y pensando en eso, se quedó profundamente dormido.

Una mirada sombría le vigilaba desde fuera.

Había escuchado los pensamientos del joven mientras dormía.

Nikolas sentía una especie de gusto por el actor.

Había visto a la joven rubia que le acompañaba, y recordó, sin querer, a su hermosa doncella de tiempo atrás. Pero, el destino termina siempre por alcanzarnos, indudablemente. Antes que despuntara el amanecer, ya se habría retirado a su habitación.


La ojiverde había seguido a Terry a través de su ventana hasta perderlo de vista.

Habían sido muchas las emociones de ese día y nunca imaginó que lo volvería a ver. La cita en el café le había alterado. Su pecho parecía reventar en un cúmulo de emociones tanto tiempo contenidas cuando el actor la besó. Parecía haber olvidado el mundo alrededor de ellos, a excepción de la canción que adornaba el encuentro amoroso.

Con una mano en el pecho, rememoraba la emoción sentida durante la despedida. Ese último beso le había llenado de sensaciones placenteras y su cuerpo exigía más; meditó sobre lo que podía haber sucedido y recordó aquel sueño, en la cabaña del bosque. Sintió que sus mejillas se teñían de rojo; sin embargo, una leve excitación empezó a correrle por todo el cuerpo. Decidió dirigirse al baño y refrescarse un poco. Tomó una ducha y se enfundó en el pijama.

- Terry... ¡es increíble!...realmente me hiciste revivir momentos que tenía olvidados; aquella tarde en Escocia volvió a mi mente al besarte... creí que te estaba olvidando... – pensó mientras las lágrimas llegaban a sus ojos.

- Me da miedo que todo vuelva a ser una fantasía; ¿qué tal si ella lo busca?; ¿qué tal si todo esto es una mentira? – se dijo, mientras se acercaba a su enorme ventanal.

- No quiero volver a sufrir... por favor... que esto no sea solo una ilusión pasajera; debo hablar seriamente contigo. La próxima vez que nos veamos, creo que será tiempo de poner las cartas sobre la mesa – decidió con firmeza, mientras a lo lejos veía caer aún más la noche.

Al otro lado de su habitación, Albert intentaba tranquilizarse. Caminaba de un lado a otro sumido en oscuros pensamientos.

- Su mirada estaba cambiada... sé muy bien que algo ocurrió entre ellos... ¡maldita sea!... Candy, no quiero perderte... – pensó, mientras se llevaba las manos a la cabeza, con desesperación.

- Ojala este viaje me calme en mucho, no soportaría saber que dentro de muy poco ya no te tendré a mi lado, necesito irme lo más pronto posible si no, me volveré loco... – se dirigió hacia la ventana, meditabundo.

Abrió uno de los ventanales y un frío aire le llegó de repente. Su mirada se perdió en el frondoso jardín de la casa. Las Dulce Candy refulgían en el centro del mismo. El recuerdo de Anthony le invadió. Volteó hacia donde se ubicaba la habitación de Candy y la encontró en completa oscuridad. La imaginó durmiendo en su cama. Otro pensamiento cruzó su mente; verla dormir a su lado después de un apasionado encuentro. Volvió la vista al jardín; no quería seguir pensando más en ella. Regresó a la habitación y se acostó. El sueño hizo presa de él, mucho rato después.

Candy se encontraba profundamente dormida. Imágenes aparecieron en su mente. Veía a Susana reprocharle el que Terry la hubiera abandonado; ella se negaba a escucharla, confiando en que Terry había resuelto su situación con la actriz. Salía huyendo de ese lugar cuando Susana la alcanzaba por detrás:

- ¡Déjalo en paz, maldita, mil veces maldita!, por tu culpa ¡soy muy infeliz!, ¡déjalo! – le exigía, con lágrimas en los ojos y tratando de golpearla.

- Susana, él no te ama, ¿por qué no tratas de entender?, ¡ÉL NO TE AMA!, ¡nunca lo hará! – acto seguido, una cachetada cruzaba su rostro.

- ¡Maldita te odio!, ¡ojalá y desaparezcas de nuestras vidas! – le gritaba con rabia incontenible.

Terry aparecía de repente cubriendo a Candy con su cuerpo. La actitud gallarda y con el rostro desafiante increpaba a Susana.

- Es inútil que sigas con esa actitud Susana, ¡no te amo!, perdóname, pero mi decisión ya está tomada, y ¡te prohíbo que le pongas un dedo encima!, ¡atente a las consecuencias, no respondo! – le decía en tono amenazador.

La rubia actriz salía corriendo mientras Terry volteaba a ella. La abrazaba con ternura y la llevaba fuera de ese lugar.

Ya solos, él trataba de tranquilizarla; le hablaba con dulzura asegurándole que todo iba a salir bien. De repente comenzaba a besarla apasionadamente hasta caer sobre la cama. Ella sentía nuevamente esa necesidad imperiosa de estar unida a él. Besos, caricias y gemidos repartidos por todo el cuerpo; la ropa caía desordenadamente al suelo. Ella hundía sus dedos en esa exquisita cabellera castaña, mientras él besaba las partes más íntimas de su ser. Candy sentía enloquecer de placer cuando llegó a la parte más secreta de su cuerpo. Terry la besaba apasionadamente, mientras ella sentía que llegaría al cielo. Luego venían más besos en el cuello y la boca.

De repente, el sueño cambió.

Imágenes de personajes extraños, llegaban a Terry y la separaban de ella. Uno de ellos le sonreía enigmáticamente, mientras enseñaba unos afilados colmillos puntiagudos. Un hilo de sangre corría por su boca, a la par que el actor se alejaba cada vez más de ella.

El sueño se volvió inquietante.

Candy trataba de huir de aquella gente; veía unas manos a punto de alcanzarla, cuando los fuertes brazos de Albert, lograban arrebatarla de ellos. Volteaba a ver al rubio, sin embargo, una sensación de contrariedad se reflejaba en su rostro. Éste ya no era el mismo; su semblante había cambiado. Era como si su rostro no experimentara emoción alguna

Candy despertó sobresaltada. La última imagen se clavó en lo más profundo de su mente. En verdad le había dado mucho miedo la cara del rubio que ella había soñado. Lo atribuyó a todo lo acontecido últimamente y se levantó a tomar agua.

Al llegar a la cocina, le llegó un gélido aire que provenía de la puerta de salida. Estaba abierta y la cerró. Regresó a su habitación; volteó a ver el cuarto de su padre adoptivo y lo vio cerrado. Se dirigió de nuevo a su cama y se recostó.

Por fin, el sueño le venció.


Cuando Terry despertó, ya estaba muy entrada la mañana. Se incorporó rápidamente y recordó todo lo que había acontecido la noche anterior. Se dirigió al baño y se descubrió las heridas; todas estaban cerradas. Dirigió su vista hacia el espejo del lugar y un leve moretón se veía cerca de su ojo izquierdo, el cual tuvo que cubrir con algo de maquillaje que usaba para sus representaciones y evitar que la chica se diera cuenta. Se alejó sorprendido del espejo. Se volvió a revisar las heridas que claramente recordaba, y un esbozo de líneas rojizas apenas y se bifurcaba en sus antebrazos. El recuerdo de Nikolas le llegó de repente; el personaje le intrigaba, sin embargo, le había salvado la vida y se sintió en deuda con él, después de todo, no era tan malo. Apartó sus pensamientos y se dispuso a organizar su día. En la noche ya conversaría más a profundidad con el extraño hombre.

Se duchó y vistió.

Aunque Candy ya lo había descubierto, quería seguir usando el disfraz, para evitar acercamientos incómodos con sus admiradores, sobre todo, mujeres. Visitaría otros puntos de la ciudad, y ahora sí proseguiría con su tour gastronómico en otros restaurantes.

Tomó su libreto y el guión y se dirigió a la salida del hotel. Aunque el día estaba soleado, podía sentirse un viento frío recorrer las calles. Se internó en una de las avenidas cercanas y empezó su recorrido en una galería de pinturas. Eran cuadros realmente cautivantes, y a decir del actor, un poco tristes. Imágenes de personas y situaciones desoladas, melancólicas, tristes, aparecían ante cada trazo del artista, que Terry iba leyendo en las pinturas. Una hermosa mujer de vestidos antiguos llamó su atención. La chica poseía una mirada nostálgica, expresada a través de unos hermosos ojos grises, maravillosamente plasmados por el autor en el lienzo; su blanco pecho resaltaba a través de un hermoso vestido rojo. Siguió recorriendo la exposición hasta preguntar al director del lugar, más información sobre la exposición; le llamó la atención saber que era una colección privada del señor Franck Ash. El apellido le sorprendió, y agradeciendo al buen hombre, se retiró del lugar, con el firme propósito de interrogar a Nikolas sobre la colección; seguramente tendría que ser suya, o de alguien patrocinado por su empresa.

Saliendo se dirigió a un restaurante de comida china. El local estaba vacío. La mesera llegó y le ofreció el menú del día. Tomaría un café con un típico pan chino y después optó por probar un arroz con verduras en salsa agridulce. Al parecer, la hora del desayuno ya se le estaba pasando.

Después de almorzar, siguió caminando rumbo a otra parte de la ciudad. Se entretuvo visitando edificios antiguos y casas de antigüedades. Pasó nuevamente por el parque en el que había estado unos días y se dispuso a estudiar un rato el libreto y el guión.

El tiempo pasó volando y ya la tarde había caído.

Terry se dirigió a una calle cercana y se metió a otro local de comida. Realmente si se había dado el tiempo de conocer comidas de otros lugares. Salió del lugar y siguió caminando. Entró a una librería y compró otras obras de Edgar Allan Poe, realmente estaba cayendo en las redes de su literatura enigmática.

Con los libros bajo el brazo, continuó caminando por un buen rato más hasta que decidió regresar al hotel para tomarse un buen baño. Descansaría un rato e iría al café para encontrarse con Nikolas. A pesar de saber que su recién amigo era bastante raro, empezaba a tener cierta simpatía hacia él. Quizá, después del todo, por su misma actitud, casi no tenía amigos, seguramente había sufrido muchos rechazos, y él no lo haría; más aún, cuando el hombre había expuesto su vida, salvándolo de aquellos rufianes. De repente, recordó que seguramente había salido alguna noticia relacionada en el periódico. Salió corriendo hacia el quiosco más cercano, y alcanzó el último ejemplar.

Llegó a su cuarto en el hotel.

Se quitó la chaqueta, la peluca, los lentes y la boina. Puso leña en el fuego, y se preparó un café. Se sentó en el confortable sillón frente a la chimenea y se dispuso a leer el periódico:

" Supuesta riña entre maleantes ocasiona la muerte de tres de ellos. Los brutales asesinatos se dieron lugar cerca de la mansión Andrey. Al parecer, el o los asesinos huyeron sin dejar rastro en los cadáveres. Dos de ellos habían sido asesinados destrozándoles el cuello. El otro delincuente fue decapitado. No hay testigos de los hechos. La policía investiga ya las líneas del crimen. La familia Andrey ha desconocido cualquier incidente acaecido la noche anterior cerca de su residencia."

Terry no podía creer lo que estaba leyendo.

En efecto, los delincuentes habían sido cruelmente asesinados y se estremeció al pensar en Nikolas. Entonces, recordó aquel gruñido que irrumpió entre la oscuridad y los gritos de cada uno de ellos. Aunque no pudo recordar quién los había asesinado, claramente recordó que su amigo le había dicho que él lo había salvado. Por ende, Nikolas era el asesino y él era el único testigo. Decidió jamás volver a hacer comentario alguno al respecto, a alguien, ni siquiera a su amada pecosa. No quería preocuparla, y no era para menos, un asesinato era un asunto bastante delicado. Aunque seguramente Candy o Albert le preguntarían algo, ya que coincidía con su salida de la mansión Andrey, él se haría el desentendido.

Quemó el periódico en la chimenea y se dispuso a ducharse. Necesitaba aclarar su mente. Había sido muy impactante la noticia. Cuando terminó el baño se sentó por un rato a mirar a través de la ventana. Había permanecido bastante intranquilo por la noticia, y de pensar que se vería con el asesino, ahora su amigo, le hizo sentir una enorme inquietud. Sin embargo, la gratitud hacia aquel hombre seguía pesando más que cualquier pensamiento negativo sobre él. Recordó como se refirió a esos delincuentes al decir que no merecían vivir. No, no quería temerle, realmente si no hubiera sido por su intervención, seguramente lo estarían enterrando en ese momento. Esos tipos no hubieran tenido piedad alguna con él.

El actor decidió dejarse llevar por su intuición, aunque con ciertas reservas. Se arreglo y volvió a salir del hotel. Se dirigió al café, aunque con paso lento; los nervios se apoderaron de él y decidió caminar un poco más para tomar aire. Pensó en Candy; en lo que había sido su día, en el encuentro de la noche anterior y empezó a tranquilizarse un poco más. Ya vería más adelante como alejarla de la influencia de Nikolas. No quería por nada del mundo que su pecosa tuviera serios problemas por su culpa.

Después de caminar por algunos minutos, se dirigió nuevamente hacia el café. Seguramente él le esperaba. Con total serenidad entró y se sentó en la misma mesita de siempre en el local. Volteó a su alrededor y vio poca gente. Con alivio, confirmó que todavía no había llegado. El trovador apenas se instalaba al centro del local y afinaba su guitarra. Terry pidió un café expreso y esperó.

La noche ya había iniciado.

En un instante el cantautor inició su actuación musical con una canción. Terry por un momento se olvidó de la espera y se concentró en escuchar al hombre.

El joven actor se sumió en una profunda reflexión. Pidió otro café. Pensaba en los asaltantes, en su sufrimiento, y sobre todo, trataba de imaginarse la cara del que los había matado. Sin embargo, su extraño amigo seguía infundiéndole mucha confianza, como si su mirada le recordara que a su lado estaría a salvo de cualquier cosa. Recordó aquel sueño donde lo veía rodeado de extraños personajes. Intentó, sin éxito, recordar algún otro rostro más. Desistió de la idea y se concentró en la actuación del trovador. Sus canciones reflejaban impresiones de todo tipo, pero le encantaban aquellas letras cuyo contenido reflejaban estados amorosos, como aquella que le hizo besar a su hermosa enfermera.

Se perdió un buen rato en la figura del cantautor, hundiéndose en un sinnúmero de pensamientos, cuando una fuerte mirada le hizo voltear a su mesa. Nikolas, estaba ahí frente a él sonriéndole, ocasionando que el actor casi se fuera de espaldas. Nunca le vio ni sintió llegar. Como si de repente se hubiera materializado ahí mismo, de la nada.

- ¡Cielos!, Nicolás, ¡me asustaste, hombre! – le reclamó, tratando de reacomodarse en su silla.

- ¡Oh! Disculpa amigo, no fue mi intención. Te vi tan perdido en tus pensamientos que no quise interrumpirte, pero tengo un poco más de tiempo aquí – le explicó con mucha amabilidad.

Terry se tranquilizó y recobro su compostura.

- Está bien, es solo que me sorprendió muchísimo verte así de repente, y mi primera reacción fue asustarme, pero olvidemos el asunto – le dijo, ya repuesto de la impresión.

- ¿Qué tal te va, Terry?, anoche me di cuenta que estabas muy bien acompañado. No quise interrumpir, espero que lo hayas pasado increíble – le contestó con un guiño en el ojo.

- Bueno, no es nada de lo que estás pensando, pero si, realmente anoche volví a creer en el amor, mi estimado amigo. Todavía siento que todo esto es un sueño, pero al estar con ella y besarla me di cuenta que apenas estoy entrando a la antesala del paraíso... ¡la amo tanto! – le dijo, recordando esos ojos esmeralda.

- ¡Me da mucho gusto por ti!, deseo que sigas así por mucho tiempo, aunque bueno, el futuro no lo tenemos seguro ¿verdad?, debemos disfrutar lo más que podamos, no se sabe que acontecerá después y de qué forma no ¿crees? – le preguntó, mirándolo directamente a los ojos.

Terry se estremeció y desvió el rumbo de la conversación.

- Nikolas, por favor, explícame que sucedió anoche. He leído las noticias y no puedo dejar de pensar en esos tres tipos. ¡Por favor!, cuéntame lo que pasó. No quiero llegar a pensar mal de ti – expresó con profunda sinceridad el joven.

- Muy bien, Terry. Anoche, iba caminando por aquella calle cuando escuche a estos tipos diciendo que necesitaban dinero y que agarrarían al primer incauto que encontrasen en su camino. No me vieron puesto que estaba escondido entre unos árboles enormes que se encontraban por ahí. Los fui siguiendo lentamente hasta que te vi aproximarte hacia donde iban ellos. Obviamente los tipos te vieron primero y se escondieron cerca para agarrarte por detrás. Cuando uno de ellos te golpeó no evité enfurecerme, realmente se estaban aprovechando de la situación y tu estabas indefenso. Cuando vi que te pateaban, aproveché su distracción para salir y acabar con ellos. Lo demás lo has leído en el diario, ¿no es así? – le preguntó, mirándolo enigmáticamente,

- Sí, pero, Nikolas, por favor, ¿por qué así?, ¿no era suficiente con amarrarlos o dejarlos inconscientes?, ¡los mataste! ¡brutalmente!, perdóname...me impresioné muchísimo – le preguntó, tratando de actuar tranquilamente.

- Lo siento mucho, pero realmente estaba muy enojado. Lo demás no te lo puedo explicar, difícilmente entenderías, te pido atentamente dejemos enterrado el asunto ¿me comprendes?, lo que importa es que estás a salvo y vivo para seguir con tu chica. Además, eran tres lacras o parias de la sociedad. Sus vida eran tan miserables que no vale la pena siquiera que les dediques un poco de tu atención. Me he encargado de ellos y ya no están para seguir molestando a los demás... ¿cambiamos de tema? – le preguntó con firmeza. Un leve destello de furia asomó a sus ojos. Era como si cambiaran de color por esa emoción negativa.

Terry sintió la tensa situación y prefirió ser cauto.

No volvería a increpar a ese personaje. Podía ser muy peligroso si lo provocaba. Además, él había buscado su compañía. ¿Por qué no ser amable?, realmente no alcanzaba a comprender del todo la forma de ser de su amigo. Decidió actuar con prudencia y jamás volver a cuestionar sus acciones. Cambió completamente su postura, y volvió a ser tan amigable como antes.

- Muy bien, Nikolas, por cierto, ¿es tuya la colección de pinturas que están en el museo de la ciudad?, me he quedado encantado con ellas y me sorprendí mucho escuchar que son de Frank Ash. ¿Algún pariente tuyo?

El enigmático personaje sonrió con expresión vacía y le contestó:

- Ese es mi nombre en el mundo de los negocios. ¿Sabes algo?, no me gusta mucho que sepan más sobre mí, tú sabes, sobre todo cuando alguna mujer se obsesiona, así que para evitarme problemas de cualquier tipo, prefiero presentarme como otra persona. Tengo a mi cargo un grupo de colaboradores que me ayudan con eso. Tú sabes, prestanombres, socios, accionistas, etc... así que te gustaron mucho – le contestó con gran satisfacción.

- Así es, me encantaron, sobre todo porque los sentí muy raros. No sé, el ambiente plasmado en los lienzos se me antojó algo triste, como si una gran pesadumbre envolviera cada uno de ellos. Aquél de esa hermosa chica, ¿es conocida tuya?, ¡que impresión tan profunda la de su mirada!... Cuéntame más de su historia – le pidió mientras solicitaba al mesero le llevara otro café.

Terry se extrañó de que Nikolas no bebiera ni comiera nada. En vano intentó ofrecerle algo, ya que el hombre se excusaba convincentemente.

- Muchas gracias, pero en este momento no tengo hambre – le dijo por última vez, mientras lo miraba fijamente.

Terry sentía en su cabeza como si alguien le dijese que no siguiera insistiendo. Era como si de algún modo su conducta fuera manipulada, aunque no sabía si estaba sucediendo realmente, o sólo era su imaginación. Optó por abocarse a indagar más de la vida de aquel sujeto tan raro.

- ¿Y a qué más te dedicas? – inquirió sin apartar su vista de él.

- Pues me encanta viajar, como sabes, aprovecho mis negocios para conocer otros lugares. ¿Sabes?, me encanta Europa, sus calles, su gente, su ambiente...es tan antiguo y a la vez desarrollado. Aunque con la guerra que acaba de pasar no ha de ser muy placentero caminar entre tanta destrucción. Pero confío en que el esplendor del continente europeo regrese, ¿y tú, Terry?, ¿quién era esa mujer con la que estabas anoche? – le preguntó con creciente interés, mientras sus pupilas se dilataban.

Terry hizo caso omiso al semblante de Nikolas; intentó, por un momento no contarle nada, sin embargo, su boca comenzó a hablar sin que él lo pudiera evitar, realmente era algo lo que manejaba su forma de ser en ese momento, quizás era la arrolladora presencia del sujeto en cuestión, que lo obligaba a descubrirse ante él. Le contó todo, desde como la había conocido en el barco hasta su dolorosa separación en el hospital

La sombría expresión del extraño hombre hizo rememorar a Terry la oscuridad en que se había envuelto vista su vida, pero, ahora la vida le sonreía nuevamente. Ella estaba a su lado y ahora sí, tendrían la oportunidad de ser felices, como antaño se lo habían propuesto. Nikolas le interrumpió:

- Terry, quiero que sepas una cosa: te agradezco infinitamente esta oportunidad de compartirme tu vida, tus secretos y sobre todo tus sentimientos. No quiero que pienses que soy alguien que pueda ser capaz de dañarte. Al contrario, desde que te vi la primera vez en teatro, me di cuenta que llevabas una infinita soledad y tristeza escondidas en el fondo de tu alma. Heme aquí ahora, escuchando de propia voz de mi actor favorito, la historia de su vida. No erré al pensar que era por una mujer, te felicito porque de nuevo estás a su lado. Y me gustaría reiterarte mi amistad amigo, quiero que sepas, que el día en que te sientas mal, que las cosas no te hayan salido como esperabas, o peor aún, que te vuelvas a separar de aquella mujer, siempre contarás con mi apoyo y mi respaldo. Cuando sientas que las fuerzas te flaquean o que desesperes por no poder realizar aquello que mas anheles, llámame y estaré ahí para apoyarte, eres un gran hombre y mereces ser feliz – puntualizó, con seriedad y estudiando las reacciones del joven actor.

- Muchas gracias, Nikolas, no niego que a veces me intrigas muchísimo, pero en el fondo, sé que eres un gran hombre y te agradezco el que me hayas salvado de una muerte segura anoche. Y ahora sí, ¿podrías contarme algo de tu vida? – le preguntó con cierta insistencia.

- Mi querido amigo. Hace mucho tiempo que no hablo de eso. Lo único que te puedo decir es que hace muchos años, yo crecí en el seno de una familia acaudalada, pero a la vez infeliz. Mis padres a menudo peleaban; mi madre todo el tiempo lloraba soportando los malos tratos y las infidelidades de mi padre, y éste de a poco fue volviéndose un borracho empedernido. Yo me sentía impotente por no poder ayudar a mi madre y a mi hermana, quien sufría mucho por la situación, hasta el punto de decidir terminar con su vida y aquello nos marcó a mi madre y a mí. Pasó el tiempo y decidimos abandonar a mi padre. Mi madre se dedicó a la costura y yo empecé trabajando como ayudante general en galerías de arte. Ocultaba mi verdadera pasión que era el teatro, así, que decidí empezar a actuar en pequeñas obras, como actor amateur, por las noches, y por el día era un simple ayudante en la galería. De a poco fui dándome a conocer en teatros pequeños, hasta que un día, un conocido director teatral de aquella época me descubrió y me lanzó a la fama. Al igual que tú, también me inspiraban mucho las obras de clásicos como Shakespeare. Así estuve un buen tiempo hasta que mi madre enfermó de gravedad; yo ya era famoso y mi padre se había enterado de ello, estaba en la ruina y con toda la hipocresía del mundo se presentó ante mí fingiendo que estaba arrepentido y que lo perdonara. El encanto acabó cuando me pidió dinero para solventar sus deudas y nunca preguntó por mi madre. Lo corrí de ahí y en ese momento entraron a avisarme que ella, mi amiga, mi confidente y mi madre, había muerto. No volví a ver a mi padre y seguí un tiempo con mi carrera actoral. Fue cuando conocía a una hermosa dama proveniente de una familia noble de Irlanda. Se llamaba Monique, y era para mí, la mujer más bella sobre todas las que había visto. Su bondad e infinita ternura me flecharon desde un principio. De a poco nos fuimos conociendo, solo que su padre estaba en contra de nuestra relación, tu sabes, la sociedad no aceptaría que una mujer noble acabara con un plebeyo. Luchamos contra viento y marea, pero aún así, no corrimos con suerte. Me hicieron creer que ella ya me había olvidado y la había desposado un anciano noble inglés. Hasta que ella se presentó ante mí y me corroboró lo que me habían dicho... y lo creí. Me sentí destrozado y opté por desaparecer de ese lugar. Nunca olvidaré su rostro diciéndome tajantemente que no la volviera a buscar, ella ya no me amaba y se había dado cuenta que todo era un capricho. Y heme aquí, después de tanto tiempo dedicado al negocio de las artes y continuando con mi vida – finalizó con el rostro ensombrecido.

Terry no podía creer lo que escuchaba.

Ese hombre sufría al igual que él, cuando se había alejado de su pecosa. Por un instante lo compadeció: ambos habían terminado sumidos en la más oscura de las soledades. Pero confiaba en que todo volvería a estar bien. El conflicto de las clases sociales, ya lo entendía bastante bien, si no, bastaba voltear a ver los problemas de antaño con su padre, por no comportarse como todo un noble, sin embargo, su amor sí pudo superar todo tipo de dificultades.

- ¡Ánimo, amigo! No hay porque estar tristes todo el tiempo. Seguramente encontrarás a otra mujer que si sepa valorar lo que tienes – le dijo, dándole una cariñosa palmada en el hombro.

Nikolas reaccionó, y con una expresión vacía sonrió. Había aprendido con el paso del tiempo a demostrar nuevamente sus sentimientos. A veces olvidaba como sentirlos, pero todo era cuestión de control y mentalización y aparecían ahí de repente. Le encantaba el contacto humano, precisamente por rememorar sus viejos años. Gustaba de involucrarse con amistades humanas para seguir atado al recuerdo de una vida antaño experimentada. Y aquel actor le había traído recuerdos muy especiales, por eso se había acercado a él.

- Gracias por tu apoyo, Terry, espero no haberte aburrido con mis vivencias – le dijo en tono bromista.

- Ni que lo digas, Nick, cuenta conmigo para lo que quieras – le respondió amistosamente el ojiazul.

El trovador estaba a punto de finalizar su repertorio. Los dos amigos seguían platicando amenamente. Finalmente se despidieron y cada uno jaló para rumbos diferentes.

Terry se encerró en su habitación y repasó la conversación con su intrigante amigo. Le llamó sobre manera la atención, de que también había sufrido por una mujer. Por pena no quiso indagar más sobre aquella relación. Apartó sus pensamientos por un momentos de él y se dedicó a organizar lo que haría con la rubia al día siguiente en que la vería.

Tomó una buena ducha e instantes después yacía profundamente dormido sobre su cama. Esa noche, no hubieron sueños intrigantes, sino más placenteros.


Dos días después de lo acontecido, Candy se había despertado temprano, aún más de lo acostumbrado y se arregló para llegar temprano al hospital. Un cúmulo de sensaciones la invadían desde dentro: el intento de Albert de besarla; el encuentro con Joshua que finalmente terminó siendo Terry; los apasionados encuentros con el actor en sus sueños.

Cierto era que el actor le había hecho despertar ese sentimiento de antaño anidado en su corazón, sin embargo, ahora estaba el amor de su protector hacia ella. La indiferencia con que la había tratado la noche anterior se le clavó como un doloroso puñal en su pecho, sin embargo, el ojiazul estaba ahí con ella y eso pudo hacer que se sintiera mejor. Ella no era culpable de que su benefactor se hubiera enamorado de ella, y ella no quería perderlo.

Tendría que ponerle en claro sus sentimientos y bien sabía Albert que Terry había robado su corazón.

Bajó sigilosamente las escaleras y se introdujo en la cocina para desayunar aunque fuera un café y un poco de pan. Quería aprovechar el día al máximo para poder desocuparse temprano y salir con Terry.

Al salir de la casa y camino al portal, un inusual movimiento de gente llamó su atención.

Albert ya se encontraba de pie, reunido con un grupo de gente.

Se acercó al magnate y este le indicó que se regresara, pero la rubia no hizo caso:

- Entonces señor Andrey, ¿está usted seguro de no haber escuchado ni visto nada aquella anoche? – le preguntó uno de ellos, que al parecer era detective.

- En efecto señor, anoche la familia tuvo su reunión habitual, no escuchamos nada anormal, ya le han preguntado a mi gente – le respondió amablemente Albert.

- ¿La señorita aquí presente tampoco vio nada? – preguntó, señalando a la rubia.

- Candy, al parecer hubo una riña hace dos noches, entre maleantes, y encontraron a tres de ellos muertos cerca de aquí, ¿escuchaste algo? – le preguntó en tono serio el magnate.

- No, Albert, no oí nada, ahora si me disculpan debo retirarme – le respondió Candy, ocultando su ansiedad; Terry se había ido tarde y rezó en silencio a Dios para que no le hubiera pasado nada.

Los policías voltearon a verse entre sí y se alejaron para seguir observando los alrededores. Albert detuvo a la enfermera y la jaló hasta apartarse de la vista de ellos.

- Candy, ¿a que hora se fue esa noche Terry?, ¡dime la verdad! – le exigió, molesto.

- ¡Albert!, ¿qué sucedió?, Terry se fue, no muy tarde, dijo que tomaría un carruaje y le seguí con la mirada. No vi nada raro, ¡por favor, dime que no le ha pasado nada! – le suplicó la rubia tratando de contener las lágrimas.

- Candy, no pienses eso. Terry está bien, al parecer eran tres delincuentes que la policía buscaba hace tiempo, y exactamente esa noche fueron asesinados cerca de aquí, obviamente no he dicho que él estaba por aquí, no nos convendría, más cuando ha andado disfrazado por la ciudad. Sería levantar más sospechas, así que te recomiendo te cuides mucho y hables bien con tu amigo, he dado la orden de que se te lleve y se te traiga a casa - le dijo en tono autoritario.

- Pero... ¡Albert!... ¡no me puedes hacer esto!... debo ver a Terry en la tarde, necesito hablar con él, por eso me voy temprano, para desocuparme antes y poder estar más tiempo con él, ¡no quiero llegar tarde nuevamente!, ¡por favor!, te lo pido, está bien, que George me lleve, pero por hoy no mandes por mí, quedó de ir a buscarme y necesitamos hablar – le imploró.

- Esta bien... te pido una disculpa por mi comportamiento, es solo que no me perdonaría si algo te pasa... confío en que Terry sabrá protegerte bien, pero por favor, ni una palabra de que estuvo aquí, ¿queda claro? – le pidió el rubio tratando de contenerse y suavizando la situación.

- Entendido. De todas maneras, confío en que las cosas se aclaren, y muy en el fondo sé que Terry no ha hecho nada, ahora debo irme, gracias, eres tan bueno – le dijo y acto seguido le dio un tierno abrazo.

Albert no esperaba la reacción de ella, y solo atinó a acunarla entre sus brazos y acariciar su cabellera dulcemente. La apretó contra sí, Candy se dio cuenta de la situación, entonces se despidió y se dirigió hacia el auto.

George ya la esperaba para llevarla al hospital.

Al pasar por el lugar del crimen, pudo ver a varias personas buscando pistas alrededor de la propiedad. Su corazón se sobrecogió y confió en que Terry estaba bien y no le había pasado nada. También había fotógrafos de nota roja. Volteó su mirada hacia otro lado y se dispuso a continuar con sus actividades.

Al llegar al hospital, su semblante era de preocupación.

Varios de sus compañeros lo notaron, y aunque fingió que todo estaba bien, nadie se lo creyó. Se encontraba poniendo al corriente algunos archivos de su despacho al lado de Nancy.

- Candy, supe lo que pasó cerca de la mansión Andrey...¿te encuentras bien?– le preguntó su inseparable amiga.

- No te preocupes Nancy, no dormí bien y me siento un poco cansado; eso es todo; por ahora no quiero hablar de lo que sucedió - .

- Entiendo muy bien amiguita, disculpa si me tomas por entrometida, es sólo que me preocupé – le respondió la afligida joven.

- Debo irme Nancy, te veo al rato y no te preocupes, al contrario, gracias por acordarte de mí y estar al pendiente, nos vemos después – le dijo y acto seguido salió de su despacho.

Siguió trabajando por el resto de la tarde en el centro de investigaciones al lado del doctor Fanning Su mente seguía pensando en Terry y lo sucedido la noche anterior. No quiso comprar el periódico para enterarse a más detalle de lo acontecido a esos tres delincuentes.

El galeno observaba de reojo a la rubia, inmersa en sus pensamientos, pero por respeto, no quiso hacerle preguntas para no incomodarla. Le siguió dictando sobre los resultados de los experimentos de aquel día y finalmente consintió en que saliera un poco más temprano de lo habitual.

Candy se dirigió al tocador y esta vez se esmeró aún más en su arreglo personal. Un hermoso vestido azul marino aterciopelado, de mangas hasta el antebrazo, con un delicado escote rodeado de un discreto encaje que enmarcaban unos senos inmaculados, engalanaba su esbelta figura. Su atuendo hacía juego con un par de zapatillas del mismo color y su cabello iba recogido en una hermosa coleta de la cual caía una enorme cascada de rizos. Su inconfundible aroma a rosas impregnó el lugar. Un tenue color rosa coloreaba sus labios.

Dejó el lugar con un sinfín de piropos detrás de ella y se dirigió hacia donde había quedado de verse con aquel apuesto actor. Un cúmulo de emociones se posesionó de su pecho. Al verlo a lo lejos se sintió completamente aliviada de saberlo a salvo y el nerviosismo comenzó a atacarla, pero se controló. No pudo evitar recordar esos eróticos sueños en los cuales se veía con él en momentos más íntimos. Un leve rubor tiñó sus mejillas y eso la hizo verse aún más hermosa.

En ese instante, Terry volteó a mirarla y cayó rendido ante aquella monumental imagen.

Una diosa de ojos esmeralda había aparecido, en su búsqueda.

Desde ese momento, la inmortalizó en su corazón.