CAPÍTULO XIII

Albert se encontraba esa noche, en el hotel donde se hospedaba. Habían pasado algunos días desde que había visto a Terry y esa peculiar pareja en la Quinta Avenida. Se preguntaba quién podría ser esa mujer que había llamado su atención. Encima, estaba la otra mortal, a quien había intentado ir a visitar sin éxito alguno:

- ¿Qué te traes, Grandchester? Primero la mortal y ahora esta mujer igual a nosotros. ¿Acaso la habrás olvidado ya? – un atisbo de esperanza se asomó en su frío corazón, apagándose al instante, al recordar los rechazos por parte de Candy.

- ¡Mil veces maldito, no dejaré que tengas un solo intento de felicidad, acabaré contigo antes que verte junto a ella! – apretó los puños en señal de rabia.

Después de esa noche en que lo había visto por última vez, había decidido iniciar un primer ataque tratando de hacerlo cuando el inglés estuviese solo o al menos, en compañía de ese inseparable sujeto.

Para tal efecto, se había reunido esa noche con Gath, quien ya se encontraba en Estados Unidos, con la idea de planear como sería el primer intento. Se habían citado en las afueras de Nueva York, en una construcción derruida, a medianoche:

- Espero que tengas una buena acción planeada. Creo que he pagado un buen precio por adelantado – le comentó Albert, mientras se acomodaba en la vieja silla de madera. Estaban en una oficina antigua.

- Por supuesto. Mi trabajo me recomienda, y llevo días esperando la señal para iniciar. Me has pedido que no empiece todavía. ¿Lo recuerdas verdad? – disfrutó al ver el semblante molesto de su interlocutor.

- Tengo mis razones para haberlo hecho. No son de tu incumbencia, ¿te queda claro?, ahora, quiero que inicies lo más pronto posible. Muchas veces se encuentra solo o en compañía de ese tipo. No me importa con quien vaya, solo acaba con él – su voz sonó por todo el lugar. El tipo no se inmutó.

- Así se hará. He contratado a unos colegas demasiado rudos que estarán más que encantados en terminar con él. No saben que soy un no muerto. Tú sabes, influencias. Son pandilleros – fue interrumpido.

- Debes tener mucha precaución para que no se den cuenta. ¡Los mortales no deben saber de nosotros, está prohibido por la mascarada! – la risa del maleante lo desconcertó.

- Esos son asuntos míos. A nadie más le importan, ¿o si? – le contestó con el mismo sentido que el rubio le había hablado en un principio.

Albert decidió no preguntar qué haría.

Solo le interesaban los resultados, aunque prometió cuidarse de Gath, puesto que había el peligro latente de una traición. No le costaría nada voltear a los sujetos contra él. Actuaría con precaución:

- Está bien. Quiero saber los resultados de esta primera incursión – el magnate se incorporó de su asiento, en señal de despedida.

- Los tendrás pronto – sonrió maliciosamente. Sacó un aparato celular y esperó a que el millonario se retirara. Se despidió rápidamente.

En cuanto Albert salió, el hombre hizo varias llamadas para poner en marcha el plan de ataque.

La orden era inminente y tenían que cazarlos solos.

Por su parte, Albert se encontraba más que satisfecho por la forma en que iban tomando su curso las cosas. Tenía que encontrar pronto a Candy antes de que esta se mostrara ante el otrora actor, y debía destruirlo para poder someterla. No le perdonaría nunca el haberlo dejado. Estaba demasiado furioso por eso:

- Mientras Terry se encuentra preocupado por cuidar su miserable existencia, ahora si podré dedicarme a rastrearte y no tendré piedad. ¡De eso que ni te quede duda! – se encontraba conduciendo un auto austero. No quería llamar la atención.

Se adentró en la ciudad de Nueva York, y se dirigió al mismo lugar donde había visto a Terry y esa mujer que había visto con él.

Caminó entre el mar de gente, pasando desapercibido.

Su mirada era de rabia, sin embargo, se controló. Pensó en regresar nuevamente hacia ese lugar donde trabajaba la chica que se hacía acompañar por el actor.

- Iré a dar una vuelta. Puede que la llegue a encontrar hoy. Espero que no se encuentren esos personajes tan peculiares – se regresó decidido a ir al bar.

Al llegar, se internó en el local, pidiendo una botella de vino y ubicándose lo más lejos posible del escenario. Esta vez, el lugar se encontraba casi lleno, por tratarse de un viernes. Muchos de los concurrentes eran jóvenes. El rubio les observó fijamente, mientras trataba de rastrear a la joven y su acompañante, no logrando verlos. Un hombre hizo acto de aparición en el piano mientras comenzaba a cantar.

Albert se quedó realmente sorprendido al ver que efectivamente, la chica trabajaba ahí, y más aún, al saber que era la misma joven de la que se había ocultado, puesto que había podido verle bien el rostro esta vez.

La muchacha se encontraba cobrando una cuenta:

- Esto es demasiado curioso. No tienes mal gusto Terry, sin embargo, no me fío de que ella sea tu conquista. Candy anda cerca de ti y no puedo permitir que te quedes con ella – la analizó discretamente. Estaba demasiado concentrado tratando de pasar desapercibido a ojos de la chica.

Decidió que la seguiría de lejos, al percatarse de que su amigo no se encontraba ahí. Al parecer, la mujer no se había dado cuenta de la presencia de Albert. Parecía despreocupada.

El tiempo pasó y la hora de retirarse llegó.

El magnate se quedó en su auto esperando a que la joven saliera, lo cual sucedió casi enseguida. Vio que llegaba el mismo chico por ella:

- No es Terry, sin embargo, puedo ver que ambos son demasiado peculiares. ¿Qué sorpresas escondes, Grandchester? – se preguntó el ojiazul.

Por prudencia, decidió no seguirlos. Gath atacaría pronto. Una sonrisa se dibujó en sus labios al imaginar a su rival muerto.

Se perdió en la oscuridad, mientras conducía su auto.


La hermosa joven de peluca negra y ojos cafés había decidido salir a conocer un poco más lo moderno de Nueva York.

Intentaría visitar esa noche el edificio Dakota, escena del asesinato de uno de los más grandes músicos del siglo veinte y cuya fama era por más, especial.

El amigo de su amado le había recomendado que tuviera mucha prudencia y sobre todo, no diera a notar su verdadera naturaleza. Candy sufría aún al tener que aceptar que su existencia era sencillamente una monstruosidad.

Se había ataviado con un par de jeans azules deslavados y una discreta blusa negra resaltando sus brazos. Una casual chaqueta del mismo color hacía juego con ella. Su peinado lucía intocable y sus ojos refulgían con un matiz especial.

La chica iba manejando rumbo al edificio y decidió estacionarse no lejos del mismo. Quería conocer de cerca la arquitectura

Había decidido rentar un auto compacto para poder desplazarse por la ciudad, mientras permaneciera en la misma. Alyssa le había dado un lugar en el edificio donde residía, para poder aparcarlo. Con las luces apagadas llegó a un sitio un poco más tranquilo y descendió del vehículo.

Caminó entre las calles y llegó a una parte del Central Park.

Se le ocurrió la idea de caminar entre el mismo, aprovechando de poder alimentarse de algún transeúnte solitario. Utilizaba solo un poco de su sangre para sobrevivir, ya que le horrorizaba aún la idea de matar humanos.

Su sangre era antigua y la mantenía fuerte. Eran los momentos en que más maldecía y odiaba a Albert:

- "Me has condenado a una vida de miserias y horrores sacrílegos" – pensó con tristeza, mientras se internaba en la oscuridad.

Siguió andando por un rato más y volvió a salir a una de las avenidas que llevaba directo al edificio. Había mucha gente y se confundió entre ellas.

Llegó a la acera de enfrente y se dedicó a observarlo por largo rato.

Nadie parecía verla.

Su oscura figura se confundía en la sombría noche. Cientos de personas pasaban frente a su persona cuando sintió una mirada sobre ella.

La joven volteó y a lo lejos divisó otra figura masculina y de imponente presencia. "Es un vampiro" pensó con demasiado recelo y desconfianza.

Era un hombre vestido completamente de negro que le observaba fijamente, como si tratara de reconocerla. De repente, le pareció ver que se trataba de Albert y un escalofrío recorrió su espina dorsal. Esos fríos ojos azules eran inconfundibles. Sintió que la miraban con odio.

Enfocó mejor su vista, pero justo en ese instante, un grupo de turistas japoneses pasó frente a ella, haciendo que le perdiera de vista.

Cuando intentó buscarle, el sujeto había desaparecido al instante. Una ansiedad se apoderó de ella y le hizo decidirse por la pronta retirada.

Regresó inmediatamente a su auto y arrancó perdiéndose entre las calles. Iba demasiado alterada, pero se tranquilizó al instante:

- ¡Era Albert, cielos, era él, esa mirada! ¡maldita sea, me ha ubicado! ¡Tengo que hablar con Nikolás! – apretó con fuerza el volante.

Llegó a su departamento, cerciorándose de que nadie la había seguido y sacó un teléfono portátil.

La voz al otro lado de la línea contestó:

- ¿Nikolás? Tengo que hablar contigo. Es urgente – estaba nerviosa.

- ¿Qué sucede? – preguntó Nikolas preocupado.

- Es sobre Albert. Creo que me ha encontrado – la rubia sintió un pesado silencio en el teléfono. Había que actuar y pronto.

Las indicaciones que el hombre le dio le dejaron pensando.

No contaba con que todo se iría dando de manera repentina. El hombre la vería esa misma noche para poner fecha a cierto evento que tendría que darse ya:

¡Terry debía saber de su existencia, y su reacción se vaticinaba nada agradable!


La joven artesana de la realidad había salido esa noche del bar, sintiéndose observada. Elisha ya le esperaba en la puerta, puesto que desde aquella noche se había dado cuenta que un vampiro les seguía, lo que no auguraba buenas intenciones. Le comentó a su amigo:

- Ha vuelto a venir. No me gusta esto que sucede. Debemos decirle a Melina para estar alertas. El sujeto está tras de mí, puesto que no hay más magos en el bar. Soy la única... diferente – le contó de forma rápida lo que había sentido mientras trabajaba y salía del local.

- No te preocupes. Estás más que protegida por nosotros. Melina saber ser letal cuando se lo propone – le dio una afectuosa palmada en el hombro.

Subieron al auto del joven judío y arrancaron rumbo hacia el apartamento de esta última. Grande fue su sorpresa al llegar al lugar y ver a Terry esperándole fuera:

- Hola. Me gustaría hablar contigo – le dijo de manera directa, mientras saludaba escuetamente a Elisha.

- Me retiro. Hablaremos después Aisha. Mañana por la tarde ¿te parece? – Elisha se despidió de ambos. Su voz sonaba preocupada y no paso desapercibida por Terry.

- ¿Sucede algo? – le preguntó cuando ambos quedaron solos.

- Alguien me sigue. Es un vampiro y no sé qué es lo que busca. Vayamos a otra parte, ¿quieres? No me gustaría exponer a gente inocente si es que el tipo sigue aquí – le hizo seña de ir hacia su auto.

- ¿Es algo serio? – preguntó el ojiazul.

- No lo sé. Pero vayamos por favor hacia otro lado – se dirigieron hacia el aparcamiento.

Abordaron el vehículo y se dirigieron al lugar donde se habían conocido, el Central Park. El silencio les cubrió desde que se habían subido al auto. Retomaron la conversación cuando llegaron al parque:

- Yo... quiero explicarte lo que sucedió esa noche en la fiesta de Alyssa. Estoy apenado – le dijo con dificultad Terry. No sabía pedir una disculpa. Caminaron hasta la entrada al lugar.

- No tienes por qué deshacerte en explicaciones. Imaginé que algo te traías entre manos desde que vi a esa mujer y tú platicando juntos. ¿La conoces hace tiempo? – le preguntó distraídamente, mientras daba una ojeada al lugar, conforme iban caminando y adentrándose en el parque. Tenía un mal presentimiento.

- No, sin embargo, hay algo familiar en ella. Creo que la he visto en otra parte – respondió pensativo.

- Entiendo – no dijo más. Seguía atenta.

- Veo que no te molestaste en lo absoluto. Creí que estarías enojada por no haber estado contigo esa noche – le reprochó sutilmente el actor.

- No tendría por qué. A leguas se ve que esa chica te interesa. Si buscas darle celos, por favor, no cuentes conmigo. No me presto para ese tipo de situaciones – le dijo muy seria la joven.

- No habría tenido esa intención malsana – respondió Terry mientras volteaba a su alrededor. Le había parecido escuchar un ruido lejano, como si de pasos se tratase – tienes razón. Alguien nos está siguiendo – le comentó mientras miraba fijamente hacia la enorme oscuridad, dando la espalda a la chica.

- ¿Lo has sentido también? Creo que tendremos acción esta noche – terminando su frase, la chica vio que un grupo de sujetos aparecía a lo lejos. Cerca del enorme lago. Eran seis hombres. Todos corpulentos y con cara de pocos amigos.

De repente la realidad se tensó:

- Humanos. Podremos detenerlos – Aisha comenzó a hablar fríamente.

Los sujetos se acercaron mientras sacaban tubos, cadenas y navajas. Tenían toda la traza de ser pandilleros. Comenzaron a lanzar miradas lascivas a la chica:

- Dejemos a la belleza para el postre – dijo uno de ellos mostrando unos dientes negros. Casi desnudaba a la joven con la vista.

- ¡Rápido, acaben con ellos! – a la orden, todos se lanzaron contra los dos.

Repentinamente, Aisha desapareció ante los asombrados ojos, tanto de los maleantes como de su acompañante, volviendo a aparecer justo detrás de ellos. Les miraba desafiante:

- ¡Qué demonios...! – el líder hizo señas a tres de ellos que se encargaron de Terry. Él y los otros dos se fueron contra Aisha.

Terry se puso a la defensiva aprovechando la confusión.

No pudo evitar su coraje y su verdadera naturaleza afloró. Los sujetos se descontrolaron al verle irse hacia ellos. No tuvieron tiempo de defenderse. Haciendo uso de su velocidad anormal logró agarrar a dos de ellos y romperles el cuello de un solo golpe. Después se encargó del último del trío.

Terry se dirigió a buscar a la chica.

Habían desaparecido en lo que Aisha había corrido para alejar al resto de él. En cuanto la localizó se quedó asombrado al ver lo que sucedía. Esperó hasta ver el momento en el que acudiría a ayudar a la joven.

Aisha se encontraba frente a ellos en posición defensiva.

Uno de los sujetos yacía muerto en el suelo. El otro había sacado una filosa navaja, y se lanzaba rápidamente contra la artesana, mientras la chica volvía a dar un impresionante salto dibujando una graciosa forma en el aire, logrando esquivarlo, y cayendo al instante en que desarmaba al otro tipo.

Con un movimiento preciso, brincó nuevamente para distraerlo, mientras la navaja se hundía en su cuello. Sólo quedaba el líder, quien la veía azorado. La chica tenía un brillo anormal en la mirada, mientras se plantaba fijamente ante el tipo que seguía hablando:

- ¡No te escaparás, zorra! No sabes lo que haré con tu lindo cuerpecito – intentaba ganar tiempo para irse acercando peligrosamente a ella. La chica seguía concentrada. No perdería el tiempo en conversaciones estériles.

El hombre tomó el enorme tubo que llevaba en los brazos y tiró un primer golpe directo al estómago de la chica. Aisha curvó su cuerpo para esquivarle mientras aprovechaba la cercanía del bandido para tomarle del objeto e impulsarlo hacia arriba, haciéndolo caer aparatosamente detrás de ella, demostrando una increíble fuerza.

La joven aprovechó el momento para asestar una fuerte patada en su cabeza y obligarle a tirar el tubo. Le había dejado demasiado aturdido, mientras el grito de dolor inundaba el lugar. Terry se acercó a ella mientras sujetaba al rufián, quien había intentado huir, sin éxito:

- ¿Quién te envía? – preguntó Terry severamente.

- ¡No te diré, maldito bastardo! – contestó de mala gana entre quejidos el tipo.

- ¿A quién venías a matar? – preguntó nuevamente el actor, haciendo caso omiso al insulto.

- ¡No hablaré! – volvió a insistir el tipo. Terry estaba furioso y le rompió el cuello, volteando su cabeza.

- ¡Maldita sea! – Terry estaba enojado y volteó a verla.

- Iban por ti – contestó ella. Terry se sorprendió bastante por el comentario.

- ¿Qué acabas de decir?, ¿cómo lo supiste? – le preguntó preocupado el ojiazul.

- Al momento de ir tras los otros tres, escuché decir que debían terminar con el del acento inglés. Eras tú sin lugar a dudas. La pregunta más bien es... ¿quién tiene interés en matarte? – respondió en detalle la joven - haz memoria de algún problema que hayas tenido antes. Alguien a quien le debas un favor, un cliente molesto, un empresario – la chica estaba tranquila. La realidad había regresado a la normalidad.

- No recuerdo haber tenido problemas con alguien. ¡Diablos, maldita sea, tengo que hablar con Nicolás! – pensó en voz alta, después se calló al recordar lo bien que se había defendido su acompañante - ¿estás bien? – preguntó Terry mientras se acercaba a ella, observándola con demasiada atención.

- Estoy bien – contestó con tranquilidad.

- ¿Tienes alguna preparación en artes marciales? – preguntó con curiosidad el actor.

- Sí. Hace años tuve una maestra japonesa – respondió sin dar más detalles.

- ¡Vaya! Si que eres especialista en dar sorpresas. No imaginé que fueras tan excelente... guerrera – le comentó con perspicacia el inglés.

- No des por obvio lo que no conoces. No tengo por qué darte explicaciones sobre mi vida. Preocúpate por la tuya, puesto que alguien quiere matarte. Si me han estado siguiendo, es porque me han visto junto a ti. Ahora lo voy entendiendo. Investiga a fondo quién estaría interesado en desaparecerte. Cuentas conmigo para lo que se te ofrezca – sonrió enigmáticamente. Terry la vio con sumo respeto, puesto que la chica era letal al momento de pelear. Melina era otra.

Ya no comentaron más, sin embargo, Terry se quedó preocupado al saber que les estaban siguiendo y más aún, que iban tras él. Nunca había tenido problemas con alguien desde hacía mucho tiempo. Movió un poco la cabeza en señal de preocupación. Tendría que andar con más precaución.

Regresaron a casa de la chica y la dejó en la puerta. Daba por saldada la explicación que le debía por su comportamiento en aquella velada.

Recordó las palabras de Aisha:

"A leguas se ve que esa chica te interesa"

La artesana no estaba equivocada.

- ¿Quién está tras mis pasos? – se preguntó al pensar tanto en el reciente ataque como en Irina, la misteriosa amistad de Nikolas.

- Debo hablar con Ethan – resolvió al instante.


Albert se encontraba el bar del hotel demasiado pensativo. Había estado vagando sin parar por la ciudad y jamás pensó en encontrarse con aquella mujer que era la atención del actor.

- Esa pose. Esa mirada. Eran demasiado... familiares. ¡Maldita sea! Si no me hubiera delatado tan pronto, pero... ¿cómo es qué ella pudo verme?. Sólo Candy podría haberlo hecho. Mi sangre es mucho más fuerte por ser tan antigua – su mente daba vueltas y vueltas mientras apretaba con fuerza el vaso con el líquido rojo.

El bar lucía en apariencia, tranquilo.

No había muchas personas.

La música era un excelente jazz y daba un aspecto demasiado apacible al lugar.

Albert se había quedado absorto, recordando la figura de la joven que acababa de topar frente al edificio Dakota.

- Debo indagar más acerca de esa mujer. No puedo quedarme así. Estoy seguro que era ella. Sus ojos... tenían miedo. Parecía como si... me hubieran reconocido – dio un trago a su bebida.

Su mirada se perdió entre tantos recuerdos.

¿Por qué nunca pudo olvidarlo? Si él se desvivía por tratarla bien. Imaginó el hecho de que hubiesen tenido un hijo, después de aquella única entrega.

- Si no hubiesen sido las cosas así, otra hubiera sido nuestra vida juntos, Candy – pensó con rencor.

Una chica que acababa de llegar llamó su atención distraídamente.

Era una adolescente de cabello negro largo y lacio, cuyo traje oscuro se ceñía a su cuerpo, denotando una muy esbelta figura. Su piel blanca como la tiza y sus labios rojos denotaban que era un no muerto. La joven pasó una rápida mirada al bar y siguió con su camino.

Albert le echó un rápido vistazo y siguió inmerso en sus pensamientos.

Recordó que no llamaba a Marcus hacía tiempo, así que apuró de un sorbo el resto de su bebida y se dirigió a su habitación.

Necesitaba privacidad.

Ya estando en la habitación, marcó inmediatamente a Suiza:

- Hola – la voz le reconoció. Era tan seria como siempre.

- ¿qué tal? – respondió Albert escuetamente.

- Todo sigue bien aquí. No ha habido cambios. Espero que tu búsqueda ya tenga frutos en Nueva York – replicó el magnate suizo.

- Más que bien. El primer intento de "acercamiento" ya se habrá dado en este momento. Estoy en espera de noticias. Creo que la he visto – le narró el fugaz encuentro mientras su voz dejaba sentir un hilo de ansiedad y rabia.

- Debes tener precaución al andar en la calle. Ella, al igual que tú posee habilidades que podrían delatar tu presencia allá. No dudes que ya esté en contacto con alguien más para protegerse. No te expongas tan obviamente – le recomendó su amigo.

- ¡Tengo tanto coraje, la maldita seguramente ya ha de haberlo contactado! No se saldrán con la suya tan pronto. Les tengo reservadas más sorpresas – sentenció amenazante el rubio.

- Lo que sea que hagas, hazlo con mucha prudencia. Planea bien antes de dar el siguiente paso. No dejes de reportarte esporádicamente. Y ya sabes que si necesitas, aquí estaré gustoso para ayudarte – ambos hombres se despidieron mientras él buscaba el teléfono de Gath para saber qué había sucedido, puesto que el ataque ya se haría pronto.

Intentó comunicarse sin éxito. Procuraría hacerlo a la noche siguiente, puesto que el amanecer ya no tardaría en aparecer y el letargo le llamaría.

Su último pensamiento fue hacia un par de ojos verdes... que le miraban con demasiado resentimiento.


Un día después del ataque, Aisha se encontraba en la tarde con Elisha, en una discreta cafetería de un centro comercial. Se había quedado preocupada por lo que les había sucedido a Terry y ella.

El judío estaba igual.

No entendía por qué le estaban siguiendo:

- Debes tener más cuidado. Lo que sea, es problema de Terry. Sin embargo, creo que deberíamos comentarle a Melina, ya sabes, por si llega a saber de algo más. Es obvio que los sujetos atacaron en respuesta a una llamada, o a alguna recompensa. Quizá ella pueda investigar algo más – tomó una de las manos de la joven. Aisha seguía pensativa.

- Lo sé. Sin embargo, no entiendo cómo es que Terrence ha tenido este tipo de situaciones... hasta ahora, siendo que nunca había tenido problemas antes. Además, tú estuviste conmigo esa noche en que sentimos a ese personaje. ¿Por qué nos seguían esa vez, si ni siquiera Terry estaba con nosotros? ¿No se te hace raro? – le miró extrañada.

- Tienes razón pero creo que el problema central es por qué quieren acabarlo. Aún así, debes tener precaución al estar con él, ya que los ataques seguirán repitiéndose mientras sigan fallando. Por cierto, te vio en acción, quizá te habrá ya interrogado al respecto – sonrió al imaginarla peleando. Conocía de sobra las habilidades de su amiga.

- ¿Tú que crees? Claro que lo hizo, solo que no entré en muchos detalles. Le hice un comentario general y él no hizo el intento de indagar más allá, puesto que puse el dedo en la llaga. Le hice saber que no contaría conmigo para darle celos a esa mujer que acompaña a Nikolas. Me di cuenta en la fiesta de Alyssa y él iba a pedirme disculpas por eso, después, tuvimos el incidente – le miró fijamente mientras daba un sorbo a su café.

- Hiciste bien. Reuben y Sashiio han sido demasiado claros al pedirnos no dar explicaciones de más. Ojalá y Terry no vuelva a cuestionarte sobre eso – le confió mientras buscaba al mesero con la mirada.

- ¿Nos vamos ya? – preguntó Aisha ya a punto de terminar con su taza.

- Si. Debemos hablar con Melina – el judío pagó la cuenta rápidamente y se dirigieron hacia su apartamento. La italiana llegaría más tarde.

Los jóvenes cruzaron el centro comercial apaciblemente, mientras seguían conversando de forma animada. Aisha se encontraba más relajada, aunque no bajaba la guardia de algún posible sujeto que les estuviese siguiendo por el día.

Por la noche, ya cuando Melina se les había unido, comentaron ampliamente lo que había sucedido. La vampira les escuchó con suma atención, mientras meditaba lo que oía:

- No he escuchado de recompensa alguna por matar a alguien. De hecho, si la hubiera, estaría vetada por la estirpe, puesto que no podemos matarnos entre nosotros mismos. El reglamento es muy claro y muy severo a la hora de descubrir a algún vampiro haciendo eso – les aclaró con seriedad.

- Entiendo, Melina, pero, ¿habría manera de qué pudieras enterarte de alguien que pudiera querer acabar con Terry? – preguntó Elisha.

- Veré que puedo hacer. Por ahora, ustedes deben estar alertas ya que si han estado siguiendo a Aisha, están implicando a más personas. Eso no me gusta. Yo investigaré por mi cuenta. Sin embargo, iré más seguido, ahora que tengo tiempo en Nueva York, a verte al bar Veremos que tan viejo es el vampiro que te anda vigilando – prometió solemnemente la chica de mirada sombría.

- Te lo agradezco mucho. Esa noche extrañamos tu habilidad, puesto que el tipo se escondió de nosotros - Elisha asintió al comentario de la maga.

Siguieron platicando por un rato más, hasta que Aisha se despidió, dejándoles solos.

La chica llegó en un abrir y cerrar de ojos a su apartamento.

No necesitaba vehículo alguno para desplazarse.

Sonrió, imaginando la expresión de sorpresa de Terry al verla pelear:

- Todos tenemos cosas que ocultar… ¿cuáles serán las tuyas? – se preguntó con cierta expresión de curiosidad.

Se fue a dormir.


En Nueva York, Ethan Campbell se encontraba en su sencillo despacho privado revisando algunos papeles que le acaban de llegar ese día. Varios sobres sin remitente le tenían bastante concentrado en su lectura.

El mismo inquietante hecho descrito en uno de ellos le dejó pensando: la caótica situación proseguía en Praga: varios vampiros habían desaparecido, en misteriosas explosiones acontecidas en algunos lugares marginales de la ciudad, así como en zonas aledañas

El hombre gustaba de trabajar en horario nocturno.

A pesar de que sus peculiares amistades estaban vinculadas con la sangre y la magia, ellos no podían determinar qué era realmente lo que él hacía. Su fuerte complexión atlética, aunado a sus habilidades tanto físicas como mágicas, tenía a más de uno reflexionando sobre su verdadera identidad.

Hacía varias semanas que se había llevado a cabo la fiesta organizada por Alyssa y sin saber por qué, recordó a Terry, rememorando la vez en que lo había conocido: había aceptado un buen trabajo solicitado por Joshua McDowell, un próspero empresario británico, con decenas de años de existencia, y de quien conocía su origen, para ayudarle a rastrear el millonario fraude que uno de sus empleados estaba realizando, en conjunto con un empleado del banco, donde tenía una de sus tantas cuentas bancarias, por el excelente ofrecimiento económico que éste le había hecho.

Joshua, que no era otro que el actor Terrence Grandchester, había comenzado a ver movimientos sospechosos en los estados de cuenta que recibía, donde se detallaban flujos de capital hacia las Islas Caimán y Bermudas, que se venían realizando hacía algunos años.

Cantidades pequeñas que de a poco habían sumado millonarios desvíos, lo que le hizo sospechar que alguien de su empresa tenía acceso a su dinero y a sus movimientos. Nikolas le había ayudado a analizar las cuentas bancarias y, teniendo la referencia de muchos conocidos sobre la fama de Ethan, decidieron contactarlo.

El resultado fue tan magnífico, que además de haber podido recuperar su dinero, gracias a artilugios que el detective había utilizado y del que no quiso dar mas detalles, lograron entablar una excelente amistad.

Recordó que había llegado a la velada con la amiga de Elisha, Aisha, a quien había conocido también en la fiesta. Le había visto platicando con Makish y Melina. Tenía amplias referencias sobre la jovencita:

- Un trío mortal. No imagino las dimensiones de una pelea contra ellos. Los tres son bastante fuertes y hábiles – pensaba mientras apilaba los sobres conforme los iba leyendo.

- Ahora será bastante interesante saber qué sucede cuando Terry se entere que esa chica sigue existiendo – cambió el tema y siguió con su tarea.

Ahora, debía enfocar sus esfuerzos hacia Europa del Este, en la ex República Checa. Algo o alguien estaban matando indiscriminadamente seres sobrenaturales, específicamente, vampiros y magos.

Los ataques estaban saliéndose de control, y estaban a punto de arrasar con la estirpe de no muertos. Los magos se estaban retirando, sin saber qué o quiénes eran los que les estaba atacando.

La policía no atinaba a dar explicación alguna de los brotes de violencia que se daban sobre todo en zonas marginales de Praga.

Los constantes incendios y explosiones habían sitiado prácticamente una parte de la ciudad. El gobierno había anunciado medidas extremas para salvaguardar la estabilidad interna, apostando policías por todas partes.

Aún así, los ataques seguían dándose.

Tenía que investigar más.

Los mortales no podían saber de la existencia de seres sobrenaturales. La Inquisición había sido mortal y las diferentes organizaciones humanas de cazadores no tendrían abasto para atacarlos sin piedad.

Ethan terminó de redactar las notas que debía y se dispuso a salir del lugar. Justo en ese momento recibió una llamada telefónica, era Alyssa:

- Imagino que ya estás al tanto de lo que sucede en Praga, desde la primera noticia – su suave voz llenó sus sentidos.

- Justo acabo de leer la correspondencia al respecto. ¿Tienes alguna idea de lo qué pueda ser? – le preguntó mientras recordaba el escultural cuerpo de la mujer.

- Mis espías no han podido darme más detalles. Según lo que han podido averiguar, todo se ha originado en una montaña inaccesible a mortales. Al parecer, un intrépido grupo de exploradores intentó incursionar en una de las cuevas que se encuentran ahí, y sólo uno pudo salir con vida. Lo único que recuerda es que hablaba de una cámara y unos signos, ubicadas en el centro de aquel recóndito lugar. ¿No es raro? – Alyssa tenía mucha ansiedad por verlo. Los encuentros amorosos que tenían eran realmente espectaculares.

- No tengo un buen presentimiento. Mis informantes tampoco han sabido darme más datos, no hay rastro de alguna anormalidad, pero es obvio que lo que habitaba ahí salió y hay que contenerlo. – Ethan pudo percibir a través del auricular la excitación de la joven. No creyó conveniente comentarle lo de Terry.

- ¿Y esta noche que piensas hacer? Quizá podríamos idear algo – la proposición era sutil.

- Me reuniré contigo en unos minutos – el hombre colgó el teléfono y se dirigió a la puerta. Sabía que un conflicto de enormes proporciones se estaba gestando.

Subió rápidamente a su auto y manejó hasta el lujoso departamento de Alyssa.

En cuanto hubo llamado a la puerta, la chica le recibió vestida de manera muy provocadora. Un muy sugerente vestido con estratégicas transparencias, dejaba entrever las curvas de su cuerpo. Su fragancia era embriagadora. El hombre no contuvo más su excitación y la atrajo hacia sí, no sin antes cerciorarse de que se encontraban solos:

- Les he dado el día, querido. Nos esperan muchas horas de placer – sus labios ardieron al contacto con los suyos y se perdieron en un frenético y arrebatador beso.

Conforme avanzaban hacia la enorme recámara, las prendas iban rodando por el suelo, y para cuando llegaron a la cama, los dos se encontraban completamente desnudos. Ethan se detuvo un instante para admirar a la hermosa mujer, perdiéndose entre sus generosos senos y el triángulo discreto de su intimidad.

Sus cabellos oscuros caían suavemente sobre sus hombros y sus hermosos ojos verdes refulgían ante la manera de mirarlo. Se dejó caer sobre ella y con sus labios la recorrió completamente. Su lengua recorría con pasión sus delicados y duros pezones, para seguir su trayectoria hasta su intimidad, mientras la mujer se perdía en una serie de gemidos y murmullos. Si algo les distinguía como amantes, eran las mil y una formas de disfrutar de su pasión. A través de tanto tiempo, aún seguían saboreando y deleitándose con la manera de hacer el amor.

Conocía a la perfección todos sus deseos y perversiones, mismos que compartía con enorme gusto. No había posturas que no dominaran ni lugares que hubiesen quedado a salvo de sus demostraciones amorosas. Podían pasar largas temporadas alejados uno de otro, pero cuando se juntaban, su pasión no conocía límites ni medidas.

Pasaron algunas horas retozando de diferentes maneras sobre la cama. Sincronizaban sus emociones y sensaciones de manera tal que cuando llegaban al éxtasis, las paredes cimbraban con los gritos y movimientos de sus cuerpos. Su deseo no tenía fin.

Después del ajetreo amoroso, la mujer yacía sobre el fuerte pecho de Ethan. Con sus dedos dibujaba graciosas figuras sobre la piel, aprovechando para pellizcarle un pezón, ante el estremecimiento del hombre:

- ¿No estás satisfecha verdad, cariño? – le preguntó divertidamente. Solo ante ella podía demostrar un semblante más humano.

- A pesar de tanto tiempo, creo que hemos hecho una relación bastante sólida. Por ahora, con estas apariencias, hemos podido compenetrarnos bien, ¿no crees? – le guiño coquetamente un ojo, mientras él la atraía nuevamente hacia sí y la besaba.

- Eres una manipuladora... muy bella – la chica se reía y se dejaba hacer.

- Cambiando de tema, ¿qué más sabes de lo que está sucediendo? – preguntó Ethan, adoptando un semblante más serio.

- Lo que te he dicho. No he podido recolectar más datos; las muertes violentas ponen en peligro lo que durante tanto tiempo se ha estado ocultando. Las explosiones han sido bastante evidentes – se incorporó de la cama, dejando al descubierto su cuerpo, sin mostrar pudor algunos. Ethan la siguió con la mirada, embelesado.

- Habrá que investigar bien. No me gusta nada el rumbo que están tomando los acontecimientos. Lo que sea que esté ocasionando eso debe ser detenido – le comentó sin perderla de vista. Alyssa ya estaba vestida con una elegante bata.

- A mí también me tiene intrigada; siento escalofríos de imaginar el tipo de monstruosidad que pueda alojarse entre nosotros. Curiosamente, por ahora he estado tratando de sobornar a una compañía que pudiera proveerme un sofisticado arsenal de experimentación, que ni el propio ejército norteamericano posee. Me han comentado de sus increíbles alcances, por lo tanto, sigo presionando. Cederán, porque todo mundo tiene un precio. Uno nunca sabe que tan útil podría sernos – su voz se ensombreció por un momento, desapareciendo al instante.

- Ya lo creo, este mundo es tan corrupto que ni siquiera los mortales se salvan de tener una conciencia limpia. Seguiré indagando entre mis múltiples contactos qué diablos está sucediendo – expresó de manera seria.

- Entonces, espero me puedas tener noticias de primera mano ya que tu personal te haya informado. Me sigo asombrando por la cantidad de gente que conoces, amor mío. Es muy curioso que debas tantos favores, y más aún, que ellos también te los deban a ti – le dijo sarcásticamente.

- Para que veas, mi estimada Alyssa, que sé hacer muy bien mi trabajo, y éste me recomienda – cambió el rumbo de la conversación.

Tomaron un baño los dos juntos, con la respectiva sesión amorosa que eso conllevaba y poco después, llevaban a cabo un plan de acción para comenzar a juntar lo más que pudieran de información.

No se esperaba nada bueno de esas desapariciones.

Ethan se despidió de la chica y regresó a su auto.

Se dirigió al centro de la ciudad para distraerse un poco, y antes del amanecer, ya estaba de vuelta en su casa.

Su celular sonó.

Era Terry.

La conversación fue escueta pero centrada en los detalles bastante importantes sobre la afrenta que había tenido estando con Aisha.

Ethan comprendió quién había sido el emisor de tan agresivo mensaje. Su mente comenzó a procesar la información de manera acelerada.

- Correcto. Nos vemos mañana. Si necesitan armas, no duden en pedírmelas – después se despidió de él.

Después de hablar con él, marcó inmediatamente a Nikolas:

- Acaba de llamar Terry. Me he enterado de lo que ha sucedido. Es necesario que esa mujer hable ya con él – asintió cuando Nikolas le había prometido que pronto se verían, para disipar dudas.

Las cosas estaban tornándose más complicadas.


Candy se encontraba con Nikolas en el apartamento que Alyssa les había otorgado.

Estaba triste porque había podido percatarse que el amor de su vida estaba interesado en otra mujer. Preguntó a su nuevo amigo si podría comentarle algo al respecto, pero Nikolas no afirmó ni negó nada. Lo que más le importaba era que Terry ya supiera de su existencia. Ya le había expresado su preocupación por Albert y lo acontecido días atrás, cuando visitaba el edificio Dakota:

- Debemos apresurar las cosas; no dudo que ese hombre ya esté encima de nosotros y corremos mucho peligro. Debes hablar con él – le instó a ponerle una fecha precisa para ese ansiado y a la vez temido encuentro.

- He pensado que el próximo sábado por la noche, podría hacerlo. Quizá aquí mismo en el apartamento. ¡Por favor, Nikolas, no me dejes sola! – su voz era de preocupación.

- Así será. Ustedes no debieron separarse, y créeme que estaré junto a ti. Te estimo mucho y no dejaría ni permitiría que él te pusiera una mano encima, si se pone furioso – la tomó sutilmente de los hombros y la miró fijamente. Candy sonrió confiada.

- Eres un gran amigo. Ahora comprendo por qué Terry ha podido sobrellevar esta difícil existencia. No sabes cuanto daría por tener una amistad como la tuya – le expresó con una emoción forzada. Siempre se había esforzado por seguir aparentando su humanidad, lo que le había granjeado la amistad de Loretta y ahora, de Nikolas.

- Ya soy tu amigo. No lo olvides. Siempre estaré ahí para ti – posó un dulce beso en su frente. La rubia dejó caer una discreta lágrima oscura.

Esa noche se encontraban esperando a Terry.

La rubia daba vueltas, mientras trataba de controlar su ansiedad. Sabía que no sería fácil para el guapo actor aceptar lo que escucharía de sus labios, sin embargo, confiaba en que aún sentía algo por ella.

El tiempo iba pasando y el inglés no llegaba.

La chica estaba al borde de un ataque de nerviosismo.

Nikolas la miraba serenamente. No quiso decirle lo del ataque que había sufrido. Esperaba que saliera en el momento oportuno, y sobre todo, de labios del propio Terrence. Recordó el encuentro que habían tenido esa noche, después del ataque que sufriera el actor, en compañía de Aisha:

Terry había llegado agitadamente a buscar a Nikolas.

Le había llamado camino a su apartamento y su amigo había accedido a verle, puesto que no le había gustado nada la noticia:

- Nos acaban de atacar. A Aisha y a mí. Iban tras de mí. No entiendo qué diablos está pasando, ¿quién querría atacarme? - el ojiazul estaba demasiado preocupado. No le contó lo que había hecho su compañera en ese momento.

- Entiendo. Tienes razón. No tendrían por qué hacerlo, ya que no hemos tenido problemas con nadie – puntualizó Nikolas, sabiendo quién era el responsable. La rabia llegó al instante pero la controló.

- Te veo en un rato más. No me gusta estar explicando las cosas por teléfono – se despidió brevemente y colgó.

Nikolas se había quedado demasiado pensativo.

"Es Albert" pensó mientras su mente se dirigía hacia la chica de ojos grises. No le había comentado a nadie que Aisha le había dejado sencillamente deslumbrado. "Es una chica muy hermosa", recordó la noche en que la había conocido.

Tenía pensado tratarla con más frecuencia.

No contaba con que atacarían a su compañero estando en compañía de la chica, lo que le hizo molestarse enormemente.

Terry llegó un rato después y estuvieron platicando largamente. Nikolas supo finalmente que Aisha era una chica demasiado especial.

Eso hizo que la admirara y se interesara aún más.

Regresó al evento que el actor le narraba y pensó que era prudente decirle ya, que debían hablar con Candy.

La cuestión era, ¿cómo hacerlo?

Sabía que no dejaría de atosigarlo. Lo que más le preocupaba era lo que vendría después, cuando supiera realmente lo que estaba pasando:

- Terry, esto es más serio de lo que pensamos. Creo que necesitamos hablar con Irina – le soltó al instante mientras el otro fruncía el ceño en señal de confusión.

- ¿Qué tiene que ver ella en esto? – inquirió intrigado.

- Ella te lo explicará todo. Ahora, si me permites... - el actor le interrumpió.

- Explícate. ¿Qué quieres decir con eso? ¿Qué es lo que tiene que decirme ella, qué esconde? – le tomó del saco y Nikolas se lo quitó de encima, sutilmente.

- No me corresponde a mí amigo, decírtelo, puesto que ella ha tenido muchos eventos infortunados que te explicará a su tiempo. El próximo sábado nos veremos en su apartamento. Irina sabe lo que tiene que hablar contigo – se despidió rápidamente y se fue, dejando a Terry completamente confundido.

Finalmente, el timbre sonó sacando a Nikolas de sus recuerdos y Candy sintió que un enorme abismo se abría a sus pies. Nikolas se dirigió hacia la puerta mientras daba una señal de tranquilidad a la rubia.

El ansiado encuentro entre la inmortal pareja daba inicio... decenas de años después.


Terry se había quedado demasiado intranquilo justo desde aquella noche en que habían intentado asesinarle.

No lograba entender por qué justamente a él. Por más que pensaba y reflexionaba, no recordaba haber tenido enemigos desde aquel fatídico día en que Nikolas le había "abrazado".

"¿Quién demonios me quiere muerto?, pensó mientras tomaba su elegante saco y se dirigió a Nueva York en su auto.

Encima, Nikolas le tenía intrigado con la reunión que tendría con aquella misteriosa mujer que había aparecido tan repentinamente de la nada.

Condujo mientras seguía pensando en lo que sucedía. Llegó por fin al edificio de Bennington Corp., y se introdujo en el vestíbulo. El guardia ya le conocía.

Entró con su característico andar, mientras caminaba hasta llegar al elevador y bajar al sótano, al área donde se encontraban los apartamentos ocultos.

Cuando llegó al apartamento de Irina, sintió un sensación rara en el pecho. Lo atribuyó a la preocupación que tenía en ese momento. Tocó el timbre y Nikolas le abrió:

- Hola, Terry, pasa por favor. Te estábamos esperando – le indicó su amigo.

El joven entró y después de saludar a la pareja, se sentó en el cómodo sofá de una pieza, dispuesto a desentramar la verdadera identidad de la chica, quien parecía estar algo nerviosa.

Candy le vio entrar y pudo darse cuenta que lucía mucho más apuesto que de costumbre. Supo que lo amaba más que a nada en ese mundo tan desolado que vivían. Sintió su azul mirada sobre ella y solo atinó a sonreír. Comenzaron a charlar de temas triviales, haciendo que el ojiazul se revolviera inquieto en su asiento:

- ¿Podrían explicarme qué es lo que está pasando? – exigió Terry.

- Antes que nada, creo que debes tranquilizarte. Gritando no lograrás nada más que desanimar a Irina a hablar contigo. Entiendes, ¿verdad? – de repente, la figura de Nikolas pareció amenazante y Terry se sobresaltó, obligándolo a guardar la compostura. Necesitaba saber quién era ella.

- Estuvieron a punto de matarme. Créeme que no es fácil tranquilizarse sabiendo que tu vida está en peligro – replicó con la voz serena.

- ¿Te atacaron ya? - preguntó ansiosamente Candy. No pudo evitar la preocupación.

- ¡Vaya!, ya lo sabías Irina, ¡qué sorpresa me tenías! ¡Exijo una explicación a lo que me está sucediendo! Aisha también sufrió el ataque y no es justo que andes con secretos. ¡Pudimos haber muerto! ¡Habla de una vez, por favor! – la sola mención del nombre de la chica hizo sentir a la ojiverde como si un frío cristal le atravesara el pecho, pero lo disimuló. Terry estaba furioso y Nikolas se paró a contenerlo.

- Está bien. Tiene todo el derecho a ponerse así. Puesto que su vida tampoco ha sido fácil – por primera vez, después de un tiempo, la chica habló sin modular el tono de su voz. Terry se quedó helado.

- ¿Quién eres? ¡Maldita sea! ¿Quién eres? – intentó soltarse de su amigo, pero este no lo dejó.

De repente, Candy sintió que una enorme fortaleza le invadía, infundándole valor en ese momento. Sabía que perdería por siempre a Terry, pero quería verlo feliz. Le había hecho prometerle eso mucho tiempo atrás. Erróneamente creyó entender lo que sentía por Aisha. Aunque le costara la vida a ella, no dudaría en ningún momento en entregarla, a cambio de su felicidad.

La chica se paró decidida frente a él y se retiró la peluca y los pupilentes. Tomó un pañuelo de su bolso y limpió su rostro. Tenía el cabello recogido de manera que la peluca pudiese entrar sin problemas.

Terry no daba crédito a lo que sus ojos veían.

Nikolas tuvo que ayudarle a sentarse. No quitaba los ojos de la chica. Sendas lágrimas corrían por su rostro.

- ¿Ca... Candy? – fue lo único que atinó a decir al ver la transformación de la supuesta Irina.

- Sí, Terry. Soy yo – su voz sonaba demasiado serena, quizá, resignada – y antes de que hables, te contaré brevemente la historia de mi vida – se puso de espaldas frente a él mientras comenzaba a hablar.

Sentimientos encontrados fluían en un ir y venir de emociones en el actor. No hubiese imaginado que ella seguía caminando aún... después de tanto tiempo. La veía con incredulidad. No daba crédito a sus ojos, Ahora entendía lo que le había estado pasando últimamente. Dejó que terminara su historia. Sintió unas inmensas ganas de gritar pero las contuvo.

Volteó a ver a Nikolas con estupefacción, mientras le lanzaba una mirada de incomprensión. Se preguntaba por qué su amigo no se lo había dicho antes. Siguió escuchando lo que la joven le decía.

Conforme Candy iba narrando todo lo que había sucedido, sintió que una descomunal furia se apoderaba de él. No pudo contenerse, cuando entre sollozos, la rubia le había contado esa noche en que Albert había abusado de ella. Sintió ganas de salir a matarlo en ese preciso momento:

- ¡Ese bastardo! – sus puños estaban fuertemente apretados, mientras Nikolas le tranquilizaba.

- ¡Calma, Terry! Debemos pensar bien el siguiente paso – le dijo el hombre de ojos castaños al acercarse a él.

- ¿Me pides que me calme, cuando después de todo, he estado a punto de morir?, ¿o que me dé cuenta de que mi mejor amigo me ha ocultado esta noticia? ¡Sabes muy bien lo que sufrí por ella y lo ocultaste! – le reclamó con voz queda.

- No era mi posición el decírtelo. Ella también ha sufrido mucho y no es para menos. No sabía que tú también existías. Albert es el único culpable. Por favor, no empecemos a desviarnos del tema, ¿quieres? – Nikolas no se inmutó por el comentario de su amigo. Sabía que estaba sufriendo mucho por ella.

La rubia por fin pudo hablar, después de ver que dos grandes amigos se estaban enfrentando, por su causa.

Se acercó lentamente hasta quedar frente a ellos:

- ¡Terry, no eres el único que ha sufrido! Yo... nunca te he olvidado – aquella afirmación hizo que el actor se parara frente a ella y la tomara de los hombros.

- Esto es demasiado para mí – la soltó abruptamente e intentó salir corriendo, pero una fuerte mano lo detuvo. Era Nikolas.

- Creo que deben hablar ahora. Albert ha localizado a Candy y no dudes en que ahora, los ataques sean más agresivos – sus palabras hicieron que el ojiazul volteara a verla.

La mujer se encontraba de espaldas a ellos sollozando. La sintió tan desprotegida. Se calmó y regresó hacia ella.

- Candy... yo... lo siento mucho... – rodeó su cintura con sus brazos, como en aquella fatídica escena del hospital, mucho tiempo atrás. La rubia cerró los ojos, mientras sentía en su hombro el mentón del actor. Sintió que lloraba.

- Debemos hablar, Terry – fue lo único que atinó a decirle antes de perderse en el dulce contacto de aquel ansiado abrazo, hacía mucho tiempo atrás.