CAPITULO XV
El magnate se encontraba en la mansión más que feliz, después de la noticia sobre el secuestro de la rubia. Había escuchado el mensaje de uno de los sujetos y no pudo evitar soltar una carcajada estruendosa.
El helicóptero no tardaría en llegar. El sótano de la casa de campo estaba más que listo para recibir a la chica.
El líder del grupo le había comentado que la joven iba encerrada en un enorme sarcófago. La habían golpeado hasta dejarla débil para evitar que se les escapara.
El rubio tenía listo los portafolios con la cantidad pactada a los secuestradores. Había gastado mucho dinero en toda esa operación, pero no le importaba. No escatimaría en gastos con tal de ver destruido a su más odiado rival, así tuviese que matar a su rubia obsesión.
- ¡Me hiciste llegar a esto! No era necesario. Éramos tan felices en Suiza – recordó todos los momentos vividos con la rubia.
Salió del lugar y se dirigió en su auto al lugar secreto.
En cuanto llegó, se introdujo de nuevo en el sótano, y verificó que todo estuviese en orden. El cuarto donde estaría la chica, estaba sellado por una pesada puerta de madera y tenía una cama sencilla, así como un muy pequeño baño privado.
El sonido de un helicóptero le hizo asomarse a una de las enormes ventanas.
El pesado aparato estaba aterrizando en el enorme claro mientras los árboles cercanos se agitaban furiosamente por el movimiento de las aspas.
Esperó un momento a que las figuras descendieran.
Divisó al líder.
Era Thomas, el líder, quien cargaba el sarcófago con la ayuda de sus compañeros.
Albert estaba más que gustoso por los resultados.
Entraron a la propiedad y llevaron a la joven inmediatamente al lugar indicado. Acomodaron la enorme caja mientras el rubio se aseguraba de atrancar demasiado bien la puerta.
Candy permanecía encadenada dentro del contenedor.
Salieron del cuarto y él se reunió con el grupo de maleantes, mientras escuchaba atentamente los pormenores de la operación.
Les entregó las maletas con el dinero y agradeciéndoles su enorme ayuda, los despidió. El helicóptero volvió a perderse en el cielo.
Había apostado una importante cantidad de hombres armados por los alrededores. Se hallaban concentrados tanto matones como francotiradores así como varios vampiros que se encontraban dispersos en un perímetro bastante inmenso cerca del lugar. Francamente, se veía imposible intentar penetrar el lugar hasta llegar a la casa, sin haber sorteado toda suerte de disparos provenientes de todas partes.
Albert regresó nuevamente al sótano y llevó una silla. Se quedó observando un rato la enorme caja y finalmente, se decidió a abrirla.
Candy se encontraba realmente muy mal.
Su bello rostro estaba sangrando copiosamente y el labio inferior estaba roto. Le miraba con un odio jamás antes visto. No profirió palabra alguna. Solo le observaba en silencio.
- Bienvenida... de nuevo a tu hogar... Candy – le dijo Albert, mientras le arrebataba con fuerza la peluca. La chica ya no tenía los pupilentes - Por más que intentaste esconderte, finalmente... te encontré. Ahora solo falta que ese maldito aparezca y les daré el recibimiento que se merecen – sonrió perversamente. Ya no dijo más.
Dirigió su mirada a su cuerpo. La blusa que llevaba la joven estaba sutilmente escotada, lo que dejaba ver un poco más allá de sus senos, revelando un sujetador negro. Albert acercó su mano y la acarició. Imaginó el suave contacto de su piel. No vio la expresión de horror de la rubia.
Mientras acariciaba a la chica, cerró los ojos y aspiró cerca de ella, con una furia que le puso sus ojos rojos, se dio cuenta que ahora pertenecía a Terry, lo que hizo separar bruscamente su mano como si hubiese tocado fuego. La observó con desprecio:
- ¡Ese maldito no merece vivir! – dijo en voz alta mientras veía con furia a la joven. Candy seguía callada, mientras trataba de contener las lágrimas de impotencia. - ¡Te odio Terrence Grandchester! – dio la espalda a la chica y cerró los ojos - ¡Veremos quién tiene las de ganar! – le echó una última mirada y salió de ahí.
Cerró la puerta con candado y regresó a la mansión. Había mandado a traer alimento a la joven. No debía matarla... al menos por ahora.
- Ahora la venganza es mía – se perdió en la oscuridad.
Habían transcurrido varios días desde que la habían secuestrado y permanecía encerrada en ese oscuro cuarto. A pesar de encontrarse completamente a oscuras, sus ojos estaban acostumbrados a la oscuridad.
Albert había mandado a desencadenarla, sin embargo, las paredes de la mazmorra eran de piedra y sería difícil salir de ahí. Se sentía débil, y sabía que era por el escaso alimento que el vampiro le daba.
Lloró en la oscuridad de su prisión durante largo rato.
Perdió la cuenta del tiempo. Pensaba constantemente en él.
Esperaba que no actuara tan impulsivamente como lo había hecho en su juventud. Se reprochaba el haber salido y expuesto a las otras personas. Recordó el cuerpo de su guardaespaldas y el de Aisha, deseando fervientemente que sólo estuvieran malheridos.
Se le hacía raro que todavía no tuviera contacto con el millonario, desde aquel primer encuentro. Le hacía llegar su alimento mediante un guardia. Dedujo que había varios elementos armados fuera del lugar, custodiándola.
Frunció el seño y comenzó a tratar de concentrarse en alguna manera de escapar de ahí. Algún punto débil había que encontrar. Se daría tiempo para investigarlo.
Desde que había llegado notó que había objetos básicos de cuidado personal, así como ropa sencilla, lo que le indicaba una permanencia durante un cierto tiempo.
Pensó largo rato en Terry y todo lo que había vivido junto a él. Imaginó que estaba entre sus brazos.
Una lágrima rodó por su mejilla.
Finalmente, el letargo le llamó.
Alyssa se encontraba nuevamente al frente del escritorio.
Terry, Melina, Aisha, Nikolas, Makish y Elisha estaban alrededor de la mesa circular.
No habían tenido noticias de la rubia, lo que aprovechaban para ir afinando el procedimiento del rescate. Kevin, el asesor de la empresaria, permanecía a su lado, explicando atentamente las acciones que se realizarían.
Ethan se había ausentado del país y no sabía cuántos días estaría fuera. Le había prometido que en cuanto se desocupara, si todavía existían problemas, no dudaría en reunirse con ellos en Chicago. Los días estaban pasando y eso tenía a todos al borde de la desesperación, principalmente a Terry.
- He estado recibiendo constantes actualizaciones de los movimientos en esa finca. Por el día utilizan humanos. Por las noches son vasallos, mucho más fuertes, pero moldeables – precisó sarcásticamente la empresaria.
- ¿No han sabido nada de Albert? – preguntó un Terry ansioso.
- No han percibido movimiento alguno fuera del lugar. Seguramente le han de llevar su alimento para evitar que salga – apuntó Kevin.
- ¿Qué podríamos hacer entonces? – esta vez Nikolas fue el que cuestionó.
- Usaremos unos cuantos grupos de asalto. Espero puedan usar el gas tóxico para dejarlos noqueados. Mis informantes han podido detectar a los cuadros principales que se encargan de vigilar la entrada. Los queremos sustituir por los nuestros – Alyssa se había quedado pensativa.
- No creo que sea una buena idea. Sería demasiado arriesgado y podríamos tener bajas significativas – expuso su asesor.
- De cualquier manera, debemos acabar con los sujetos lo más pronto posible. Al menos, reducirlos en algo – la mujer se sentó frente a todos mientras seguía pensando.
- Me tiene desesperado no tener noticias de ella – dijo Terry desesperado aunque de repente, recordó algo - al parecer, hay un antiguo acueducto cerca de ahí. Hace tiempo pasaba un río y parte del mismo abastecía de agua a la mansión. Seguramente tiene entradas al lugar – todos voltearon a verle.
- Necesito una investigación rápida de eso Kevin. ¡La quiero ya! – los ojos de la empresaria eran de furia.
- La tendrá lo más pronto posible – respondió cortésmente su asesor.
- Deberemos ir en grupos, dado que ese sujeto quiere que vayas solo Terry. Te daré armas propias. Melina, Makish y Nikolas irán por un lado, Aisha, Elisha y yo por otro. Los grupos de asalto rodearán la finca. Tendrán armas de alto calibre y trajes especiales. Ustedes solo llevaran sus armas y Makish, sabemos que no necesitas más – propuso Alyssa, mientras sostenía su mano en su barbilla.
- Querida, por supuesto que no necesito más armas. Haremos un gran equipo – le dijo Makish, mientras miraba a Melina.
La reunión finalizó y cada uno de los asistentes se retiró. Nikolas se acercó a Terry:
- La vamos a encontrar. No te preocupes – le dijo viéndolo fijamente a los ojos.
- Gracias por todo. Estoy desesperado. No hay noticias de ella – le dio una afectuosa palmada en el hombro y se retiraron.
Regresaron más tarde a su morada.
Los días incrementaban más la angustia y la desesperación.
Albert había decidido dejar pasar un par de semanas para esperar a que tuvieran noticias de la joven. Daba los últimos detalles a la antigua iglesia, donde tendría lugar la esperada cita con el actor a quien tanto detestaba.
Estuvo observando por un momento el enorme portal de las rosas. Sus manos estaban cerradas en señal de enojo.
¡Cuántos recuerdos y cuántas vivencias!
Y todo lo que había dejado por estar al lado de ella. Y aún así no le había importado. Nunca le había amado, porque ese maldito actor siempre siguió ahí. Dentro de ella.
El teléfono le interrumpió.
Era el detective que había contratado tiempo atrás. No tenía noticias de ella todavía. Canceló sus servicios. Ya poseía lo que necesitaba. Una sonrisa maquiavélica afloró en sus labios. Se dirigió hacia el lugar donde estaba Candy. No la había visto después de aquella noche en que había llegado.
Llegó al lugar y se cercioró de que los guardias hacían su trabajo. Había aproximadamente diez elementos fuera, resguardando el lugar. Otros tres estaban dispuestos fuera del cuarto de la chica. No consideró que necesitase más.
En cuanto entró, se dirigió al sótano. Le abrieron la puerta y la vio sentada. Se percató de que se sentía hambrienta. Enviaría por reservas de sangre al hospital. Las conseguía mediante cuantiosos sobornos. Procuraba que estuviese débil. Tomó la silla y se sentó a observarla. Había llevado una lámpara antigua de gas. Quería tener un poco más de luz para verla mucho mejor.
Ella le observaba serenamente:
- ¡Qué milagro, no sabes que gusto me da verte de nuevo! – comenzó a hablar Albert. Ella no respondió. Seguía observándolo - Todo estará casi listo para el magno evento. Solo espero que puedas vivir para contarlo. Será divertido ver a tu noviecito llegar en su papel de héroe salvando a su gran amor – enfatizó esta palabra, disfrutando el semblante triste de la joven. - Pero todavía queda una esperanza, aunque remota, de que sobrevivan ambos – ella no se inmutó ni hizo movimiento alguno.
Se sentó a su lado y tocó su rostro.
Pudo ver que la chica lloraba. Le encantaba ejercer esa presión sicológica sobre ella. Debía sufrir lo mismo que él. El contacto helado de sus manos regresó a la chica de donde estaba:
- ¡No me toques! – la joven se hizo hacia atrás, pero el rubio la detuvo. Candy supo que era imposible defenderse.
Albert la atrajo hacia sí y comenzó a besarla.
La chica no podía oponer resistencia. Se le ocurrió en el último minuto gritar el nombre de su rival. El millonario salió de su éxtasis. Estaba furioso:
- ¡Maldito Terrence Grandchester! Siempre tiene que estar presente, ¡lo odio! – su mirada refulgía con un inquietante destello rojo. Aventó a la chica nuevamente a la cama.
- ¡Nunca te perdonaré esto que me has hecho! ¡Creí que eras una gran persona, no pudiste con el hecho de que yo siempre amaría a Terry! – una fuerte bofetada cruzó su rostro. La joven se le quedó viendo con coraje. Tuvo unas inmensas ganas de írsele encima, pero sabía que no era conveniente. Se tranquilizó al instante.
- ¡Te prohíbo que me vuelvas a decir eso! – la observó mientras una creciente rabia asomaba a sus ojos. Sus colmillos salieron, dispuestos a vaciar el cuerpo de la chica. Pudo contenerse. No le convenía matarla. Salió inmediatamente de ahí.
En su furioso arrebato, no se dio cuenta que había dejado la lámpara encendida. Dio un portazo, mientras exigía a sus guardias que le bajaran la ración de comida.
Regresó a la mansión y redactó la nota.
Llegaría en un par de días más al destinatario. Ya echaría a andar la última fase de su plan. Las palabras de la joven le habían afectado en demasía.
Salió rumbo a la antigua iglesia y se dedicó a ultimar detalles para su último encuentro con Terry.
Iniciaba la tercera semana, después del secuestro de Candy.
Terry había cancelado todo tipo de citas de negocios y juntas que le obligaran a salir de Nueva York. Lo había delegado en manos de sus asesores. Necesitaba estar al pendiente de cualquier indicio de comunicación de Albert.
Se había dedicado a estudiar con detalle los planos que Alyssa había encontrado sobre la propiedad del rubio en Chicago. Ethan había decidido ir a investigarla por su cuenta. Había regresado con datos interesantes:
- Efectivamente hay un acueducto, pero Albert tiene hombres vigilando por todos lados. No fue difícil para mí poder pasar por ahí. Utilicé un conjuro bastante efectivo. Nadie me vio. Pude llegar hasta la propiedad, sin embargo, no pude ver a la chica ni a nadie. Sin embargo, me llamó la atención de que uno de los guardias hablaba de las obras en una iglesia antigua – describió el detective.
- Mandaré a investigar las iglesias que se encuentren cerca de la finca – Alyssa sacó una radio y se comunicó con Kevin. Le dio instrucciones para que efectuara esa investigación.
- ¡Tengo tantas ganas de matarlo! – expresó Terry, aunque al instante se volvió a calmar.
- Ya tendrás la oportunidad de hacerlo. Por ahora, debemos permanecer tranquilos. No la matará mientras no estés frente a él, y nosotros estaremos ahí para apoyarte – le dio un golpe leve en el hombro, mientras proseguían con el análisis de los documentos.
Un timbre de teléfono los volvió a interrumpir. Era Nikolas:
- Acaba de llegar un sobre sin remitente a tu nombre. Seguro es de Albert. Voy para allá – colgó mientras Terry sentía que una enorme ansiedad le invadía.
Se dirigió hacia Ethan y Alyssa y les contó lo que acababa de escuchar. La pareja volteó a mirarse:
- Probablemente ya tiene la dirección exacta – vaticinó el detective.
El tiempo que tardó en llegar Nikolas se les antojó eterno.
Finalmente, el timbre en la puerta anunciaba su llegada. Terry saltó como impulsado por un resorte a abrir la puerta. El hombre de ojos castaños entró rápidamente, mientras daba al inglés el documento.
Desesperadamente, Terry lo abrió y leyó en voz alta:
"Terry:
Por fin la he vuelto a tener a mi lado. Creyó que podría deshacerse de mí la muy estúpida. Sin embargo, el poder lo tengo yo. Su belleza es tan… perturbadora.
Como sea, te quiero en dos días aquí. No intentes pasarte de listo y traer a alguien más.
La chica vive, débil, pero está bien. Ha andado muy poco comunicativa, sin embargo, hemos podido entablar breves conversaciones. Obviamente, la he tenido que hacer cooperar por la fuerza.
Las coordenadas del lugar están en el mapa adjunto a esta nota.
Hasta la próxima Grandchester.
Y ve escogiendo la manera en la que te gustaría sacrificarte por ella.
Albert Andrey"
- ¡Maldito!, ¡ha logrado poner una mano en ella! ¡Me las va a pagar! ¡Lo mataré! - dio un fuerte golpe al mueble, rompiéndolo al instante - Lo siento. Mandaré a reemplazarlo – se disculpó el actor ante la empresaria quien sólo esbozó una leve sonrisa.
- No te preocupes. Debemos dar con la dirección. Mandaré a que la investiguen en este momento – Alyssa volvió a dar instrucciones a Kevin.
Siguieron afinando los detalles del plan.
Ethan coordinaba los pasos que se tomarían para poder darlos, mientras daba instrucciones a Terry de lo que él haría por su parte. Todo debía estar perfectamente sincronizado. En cuanto tuvieran todo armado, se lo explicarían a los demás.
Llegó el tiempo de despedirse y él les agradeció nuevamente. Se dirigió a su morada, no sin antes dedicar un último pensamiento a su rival:
- ¡Te arrepentirás, Albert Andrey! – sentenció con la mirada encendida.
Candy seguía tratando de ubicar algún indicio ya fuese en la pared o en el suelo de alguna fisura que le permitiera encontrar para poderlo romper o separar, en el caso de la madera.
No tuvo éxito.
Regresó a su cama y tomó la reserva de sangre que le había mandado Albert. La bebió con desesperación. Hacía unos días que había empezado a recuperar mucha más fuerzas.
Debía seguir actuando como siempre, aunque ya se sintiese mejor.
Se quedó pensando en cuál sería el posible movimiento, ya que sabía Terry iría a buscarla... y no iría solo. Se había cuidado de no dar más información de sus amistades al rubio.
No debía saber de los compañeros del inglés.
Su mirada se volvió a concentrar en esa puerta pesada.
El material era muy complicado de deshacer o romper y por más que lo había intentado, nunca lo logró.
Lágrimas de impotencia resbalaron por sus mejillas, y en silencio lloró desconsoladamente, mientras pensaba en Terry.
Sólo rogaba porque los dos salieran bien de aquella locura.
Alyssa y Kevin leían la nota con las coordenadas del lugar, el cual se encontraba muy cerca de la finca. Envió urgentemente a pedir una toma satelital del área. Le costaría demasiado dinero, pero Terry no le permitió pagarlo. Él correría con los gastos. Tenía que rescatarla.
La empresaria dio indicaciones: Ella, Aisha y Elisha viajarían por el día.
Los demás, por su condición, llegarían al atardecer. Había dispuesto su traslado mediante una avioneta privada. Melina la había puesto a su disposición.
Terry estaba demasiado impaciente y daba vueltas de un lado a otro. Nikolas le observaba de reojo, mientras Melina, Makish, Elisha, Ethan y Aisha – ésta última ya se encontraba bien después del tortuoso incidente -, escuchaban con atención.
- Haré llegar los primeros grupos de asalto, mañana al caer el anochecer. Trataremos de ocasionar bajas humanas – realmente Alyssa era mortal al hablar. Continuó.
- Melina, Makish y Nikolas se encargarán de llegar al lugar indicado por este sujeto desde otra entrada. Terry se irá de manera normal, puesto que le estarán esperando. Aisha, Elisha y yo tomaremos el camino del antiguo acueducto. Lo haremos desde la tarde. Para ganar tiempo – sintió las miradas de los demás.
- ¿Cómo se supone que se acercarán al lugar si está muy bien vigilado? – preguntó Terry inquieto. Ella sonrió.
- Querido, no debes preocuparte por nosotros. No correremos peligro alguno. Sé cuidarme bastante bien – su voz se volvió antinatural y todos se quedaron callados al observar el cambio en su tono. Ethan permaneció impasible.
- ¿Cuándo iniciaremos? – preguntó Makish. El elegante hombre oscuro permanecía sereno.
- Ustedes se presentarán la misma noche que dé inicio la reunión. Aisha, Elisha y yo trataremos de adelantarnos en la tarde. Mañana lo utilizaremos para viajar – puntualizó la mujer.
- De acuerdo. ¿Entonces nos recogerán en el aeropuerto mañana? – preguntó Terry.
- Así es. He dado órdenes de que se les traslade durante el día. Estén listos en sus respectivas cajas. Chicos – se dirigió a los magos - viajaremos de día. Un vuelo comercial – les dijo mientras ambos asentían.
La reunión había terminado y el grupo se dispersó. Los dos artesanos de la realidad se acercaron:
- Verás que todo saldrá bien – le comentaron mostrándole su apoyo.
- No descansaré hasta traerla salva – la situación ya le estaba desquiciando, sin embargo, tenía que calmarse
Nikolas le estaba esperando para retirarse.
Llegado el momento de actuar, Alyssa, Aisha y Elisha, se encontraban en el hotel en Chicago. Habían llegado una noche anterior, para descansar lo más que pudieran. Sabían que no era para menos, puesto que debían enfocar todas sus fuerzas para poder encontrar cuanto antes a la chica.
Kevin había llegado desde la tarde anterior.
Se hallaban apostados cerca de la propiedad, en grupos de cinco personas. Iban vestidos con trajes oscuros, resistentes a las balas, aunque finalmente, dudaba les fueran de mucha utilidad.
Lo principal era dejar el gas dentro esa misma tarde para reducir el número de guardias. Lo llevaban concentrado en pequeñas cápsulas de diez centímetros de largo por tres de ancho. Era lo bastante concentrado para poder aturdir a dos o tres personas que se encontrasen cerca.
Los principales personajes estarían comunicados mediante un sofisticado equipo de comunicación. Alyssa y los jóvenes magos tenían el micrófono pegado al oído, semejando un arete, al igual que los demás. Les había dejado sus equipos a Terry y sus amigos en el hotel que Melina les había podido mandar a acondicionar. Sus influencias eran inmensas.
La hermosa empresaria llevaba un delgado traje de microfibra de pies a cuello, el cual era resistente a balas de calibre medio. Su largo cabello se encontraba trenzado para permitirle mayor movimiento.
Esperaba que los chicos le fueran de mucha ayuda con su habilidad mental.
Iban vestidos de manera normal, aunque por dentro llevaban un traje del mismo material que la empresaria, por cualquier percance. Al salir del hotel, la mujer se había puesto un vestido sencillo y holgado que le llegaba a los tobillos, para ocultar el traje. En cuanto llegaran al antiguo acueducto se lo quitaría.
- Empezaremos a atacar en punto de las seis – le indicó Kevin al aparato. La voz era perfectamente audible.
- Perfecto. Nosotros estaremos desde antes en la entrada del acueducto. Espero no tengan muchos guardias ahí – respondió tranquilamente Alyssa. No tendría por qué preocuparse.
Llegaron en un taxi a la entrada de la propiedad, por la parte que la mujer tenía registrada en sus planos. Descendieron ante la mirada curiosa del hombre y se perdieron en el inhóspito paraje que se abría ante ellos.
Debían ser hectáreas de terreno. Comenzaron a caminar. Vio su reloj.
Las cinco en punto.
Una hora antes de la acción estaban ahí.
Cuando llegaron a orillas de lo que había sido un río, cuya agua putrefacta les llenaba las fosas nasales profundamente, caminaron en dirección hacia adentro. Tenía que estar cerca la entrada de ese acueducto.
El lugar estaba en profundo silencio.
Eso no tenía tranquila a Alyssa. Divisaron a lo lejos una entrada sellada por una enorme puerta de hierro.
Sus ojos se iluminaron.
Al acercarse, inmediatamente una bala pasó rozando su brazo y alcanzó a tirar al chico al suelo.
Aisha había desaparecido y Elisha había cerrado los ojos, mientras la realidad se tensaba. Escuchaban los intentos de los gatilleros por disparar sin éxito alguno. Curiosamente, se habían trabado las balas. Llegaron hasta donde estaba la pareja en el suelo y les gritaron:
- ¡Alto ahí! ¿Quiénes son? – gritó uno de ellos. Alyssa sonrió. Humanos. Los contó. Una docena aproximadamente. Todos llevaban armas y cuchillos
- Hola, caballeros. Buscamos la entrada del acueducto. Creo que hemos dado con ella. Sin embargo, no queremos que nos interrumpan. Han hecho mal y merecen un castigo por eso. Deben morir por su interrupción. ¿Entendido? Tomarán esos cuchillos y los pondrán en su cuello – su voz adquirió un matiz inquietante y retumbó por todo el lugar. Los hombres estaban hipnotizados. Hicieron lo que les pedía. Sacaron las largas navajas y las acercaron al cuello – muy bien, ahora, clávenlas profundamente – increíblemente, la sangre comenzó a correr a la par que agónicos gritos inundaban el lugar. Los hombres no podían contener sus movimientos. Los cuerpos cayeron al momento. La sangre corría por el césped.
- ¡Increíble, Alyssa!. ¿có...cómo lo hiciste? – el mago estaba anonadado por lo que había visto. Aisha había regresado y también estaba sorprendida.
- Secretos milenarios. ¡Vamos que no hay tiempo que perder! – les apuró a que entraran al acueducto, mientras le daba indicaciones – no me fío de que no existan criaturas anormales aquí, así que ten cuidado. Traten de ubicar alguna salida hacia esa iglesia. No debe estar lejos de aquí – la mujer iba detrás del joven.
El rescate había comenzado.
Kevin vio su reloj.
Faltaban cinco minutos.
Observó a los guardias que seguían apostados en su mismo lugar. Uno de ellos se acercó al enorme portón y se asomó al camino que se abría a lo largo.
El sol ya se había metido.
El hombre - versado en asuntos militares - y su grupo, se encontraban ocultos detrás de los inmensos árboles que estaban a un costado del camino. Afortunadamente, se hallaban un poco alejados de la avenida principal que les llevaba a la ciudad. Se percató de que varios hombres avanzaban poco a poco hacia la entrada, ocultándose siempre entre los árboles.
Divisaron a varios francotiradores con sus lentes de visión infrarroja. Estaban ocultos entre los árboles que rodeaban la mansión. Sus hombres tomaron su posición. Algunos sacaron sus armas potentes con silenciador.
El láser les señalaba a qué parte tirarles.
Comenzaron los disparos mientras los cuerpos caían desde las alturas.
Pudo ver que varios guardias se juntaban confundidos mientras sacaban sus armas. Eran humanos.
El calor brillaba en los lentes. Vio que otro de sus hombres aventaba las cápsulas con el gas tóxico. Una voluta de humo envolvió al primer grupo de guardias que rodeaban los cadáveres. Empezaron a gritar. Momentos después, los cuerpos comenzaban a caer.
Sus hombres seguían moviéndose a pasos agigantados mientras iban detectando más francotiradores y les seguían disparando. Kevin sabía que habría vampiros. No tardarían en aparecer.
- ¿Me escucha, Alyssa? – preguntó discretamente, antes de adentrarse más hacia el camino que les llevaba a la propiedad.
- Perfectamente, ¿han iniciado? – su voz se escuchaba con total claridad.
- La operación ha comenzado. Varios guardias han caído. No tardarán en llegar los vasallos. Nos estaremos comunicando – cortó la comunicación.
Se acercó al grupo y siguieron moviéndose sigilosamente hacia la enorme entrada. Los disparos seguían sonando.
Ethan, Terry, Melina, Nikolas y Makish habían llegado poco antes de medianoche al lugar. Al acercarse un poco antes a la entrada donde les esperarían los guardias, Melina, Nikolas y Makish descendieron del vehículo. Se perdieron en la inmensa vegetación frondosa.
- Yo me haré invisible. Despreocúpate, puesto que no podrán verme – Ethan miraba atentamente el lugar al que se dirigían.
- Espero que todo salga bien – su voz era demasiado seria y estaba molesto. Cuando volteó a verlo no lo encontró. Había desaparecido, pero no le sorprendió. Sabía que seguía ahí.
Entraron a una vereda y varios autos les esperaban.
Había algunos vampiros y humanos con enormes armas. Ethan y Terry habían decidido dejar las que Alyssa les había brindado. No querían exponer a Candy. Confiaban en sus habilidades físicas.
En cuanto se acercaron, un grupo de hombres rodeó el vehículo. Parecían no percatarse de la presencia del detective.
Cuando descendieron, le escoltaron hasta llegar a lo que era una antigua iglesia.
Terry se pudo dar cuenta rápidamente que habían al menos una treintena de hombres dispuestos por todas partes.
Le condujeron hasta el lugar.
Al entrar, vio que estaba desierto completamente. Sendas luces dispuestas en el techo se encendieron al poner un pie dentro. El lugar estaba acondicionado como si fuera un enorme salón. No tenía decoraciones ni nada. Solo muros raídos y desnudos.
Un improvisado altar se erguía al frente.
Había una mesa de madera, como si hubiese algún ritual a efectuar. Una enorme cortina negra tapaba lo que se veía era un enorme crucifijo. Terry no tuvo un buen presentimiento al ver eso. Pensó en Candy con mucho más fuerza, mientras se acercaba más hacia el centro del lugar.
Se dio cuenta que los hombres se habían retirado.
Solo estaba él. El silencio era sepulcral.
Voltearon a su alrededor y esperó a que Albert hiciera su aparición. Había una silla frente al altar, dispuesta para él.
Una fuerte y varonil voz se dejó escuchar por todo el espacio. No le había visto llegar, pero sabía que se encontraba detrás de él.
- ¡Vaya, siempre es un enorme placer ver a viejos conocidos! ¡Máxime si son aquéllos a los que más odias! – la voz se iba acercando mientras una torcida carcajada rebotaba en las paredes. El inglés no volteó - Bienvenido a tu última noche, Terry – el tenebroso sonido tomó forma.
Albert hizo su aparición triunfal. Iba enfundado en un elegante traje sastre negro, con una corbata roja como la sangre sobre el fondo de una camisa blanca. Una Dulce Candy colgaba en el ojal del saco. Su rostro era blanco como la tiza. Sus ojos azules les observaban con una infinita furia.
- En un rato más dará comienzo tu juicio Terry. Nuestra invitada llegará más tarde. Ahora será conveniente hablar un poco del pasado. Creo que hay mucho por contar – tomó una silla que había cerca de ahí y se sentó frente a él. Le observó con una expresión de ironía y burla en el rostro.
La ansiada reunión había comenzado.
Melina, Makish y Nikolas se habían logrado esconder bien cerca de la propiedad. Llevaban los micrófonos que Alyssa les había dado. Se comunicaron con Kevin. Ya sabían que el ataque iba comenzando y que estaban tratando de entrar a la casa. Nikolas le dio su ubicación.
Cuando cortó la conversación, vieron a un par de francotiradores que les apuntaban directamente. A velocidad anormal, los dos vampiros se abalanzaron sobre ellos, destrozándoles el cuello. Melina solo observó. Siguieron acercándose más, mientras rodeaban la entrada.
Volvieron a toparse con cuatro guardias más.
Esta vez, Makish hizo gala de su destreza como espadachín.
Con la gracia de una pantera, se movió rápidamente entre ellos mientras cercenaba manos y gargantas. Nikolas solo usó el arma con silenciador para atacar a un gatillero solitario. Melina se fundió con las sombras, logrando acabar con uno de ellos, rompiéndole el cuello. Se internaron en aquel inmenso paraje.
Cuando lograron divisar a lo lejos, el lugar donde estarían Ethan y Terry, se quedaron al acecho para comenzar el ataque contra los guardias. Había algunos vampiros y decidieron andarse con cuidado.
Se toparon con guardias, esta vez humanos, y fue fácil doblegarlos. Solo recurrieron a la fuerza física.
Les rompieron el cuello.
Decidieron acercarse sigilosamente y esperaron a que algún vigilante se dirigiera hacia el lugar donde se encontraban. Pronto llamarían la atención y esperaban para ese momento, contar con la ayuda de Kevin y sus secuaces.
Candy se encontraba inquieta.
Albert la había ido a ver hacía unos momentos, enfundado en un traje demasiado elegante. Le esperaba desde el día anterior. Esta vez no había intercambiado palabras con él, sin embargo, le tenía preocupada lo que le había dicho:
- Esta noche, habrá justicia por fin. La muerte hacía tiempo rondaba a ese maldito. Hoy le daré el gusto de que por fin, los gusanos puedan reclamar lo que ya les correspondía – su mirada alterada le había perturbado.
Se había vestido con la misma ropa que había llevado el día que la secuestraron. Un pantalón oscuro y la blusa del mismo color. Llevaba sus características botas negras. Su cabello lo tenía recogido en una enorme coleta.
Esperaba que de un momento a otro aparecieran los guardias. Se dejaría conducir con docilidad. Debían llevarle hacia Albert. Estaría Terry presente. Le ayudaría así tuviese que morir en el intento. El magnate estaba lunático y era un tipo de cuidado.
La puerta se abrió, y entraron cuatro tipos fuertemente armados. La chica aparentó estar débil y se dejó conducir por ellos. Trastabillaba un poco al caminar. Los sujetos la tomaban de manera bastante agresiva. No se quejó.
Llegó a la puerta de salida y tomaron el camino rumbo al lugar de la reunión. Candy no perdía detalle de lo que estaba sucediendo a su alrededor.
Caminaron por un largo sendero mientras divisaba que habían demasiados guardias por todos lados. Era un grupo numeroso, sin embargo, siguió su marcha.
A lo lejos, divisó la iglesia.
Los tipos la llevaron hasta la entrada y de repente, vio que había un enorme crucifijo cerca del altar.
Los sujetos la apresaron con fuerza mientras la conducían hacia el enorme objeto de modera. Como si fuera una burla sacrílega, la ataron con gruesas cadenas al crucifijo. Supo que era difícil oponerse. Sus oponentes también eran no muertos. La amordazaron para que no emitiera sonido alguno.
Lograron ponerla de pie, y pudo ver que Albert ya estaba ahí. Le observaba con desprecio y rencor. La rubia dejó salir una lágrima. Su otrora benefactor ya no existía:
- Por fin, podrás ser testigo de cómo tu amado Terry pasa aquí sus últimos minutos de vida, querida Candy – la sacó de sus cavilaciones.
La rubia no dijo nada. Dejaría todo a la suerte.
Kevin estaba teniendo problemas.
Los vigilantes se habían reunido en un enorme grupo mientras les daban caza entre los enormes jardines del lugar. Había acordado con su grupo en dividirse en otros más pequeños y atacar de todas partes a lo maleantes que se habían atrincherado. Ya había perdido varios hombres. No descansaría hasta estar seguro que había acabado con la guardia de la mansión. Necesitaban despejar esa parte. Después alcanzarían a Melina, Nikolas y Makish.
Una estampida de disparos se oyó de todas partes.
Oculto entre los árboles pudo divisar que los guardias disparaban sin control hacia la maleza. Vio caer varios cuerpos, pero seguían siendo un número importante. La balacera continuó por otro rato más. Las balas salían de la oscuridad a puntos dirigidos. Los lentes infrarrojos les daban un acceso privilegiado a la vista del grupo. Sólo los puntos rojos del láser indicaban que había alguien lejos apuntándoles.
Cuando pudieron acabar con el grupo, Kevin dio la orden de reunión. Los hombres que quedaban seguían siendo numerosos, pero había sufrido varias pérdidas. Se movieron hacia el interior de la mansión, y la balacera continuó. Ahora tenían que lidiar con vasallos. La masacre fue aparatosa, hasta que finalmente pudieron corroborar que ya no había nadie más en el lugar.
Dejó el lugar custodiado por la mitad de los hombres que restaban y se dirigió a buscar a los demás.
Intentó la última comunicación con Alyssa. No obtuvo respuesta, pero no se preocupó. Sabía que se encontraba bien.
Después de que se habían internado por el antiguo acueducto, Alyssa y los jóvenes magos no imaginaban lo largo que sería el camino. Afortunadamente no habían encontrado nada anormal.
El fétido olor de cuerpos en descomposición les lastimaba la nariz. Seguramente era el tiradero de los desechos humanos que alimentaban al dueño de la casa.
Siguieron caminando.
Los tres llevaban las lentes infrarrojas y no habían obtenido imágenes anómalas o presencias molestas. Alyssa no se confiaba de eso. Algo raro podría asomarse por esas tuberías viejas.
Llegaron por fin hacia una escalera que probablemente llevaba a alguna entrada a algo. Subieron y se dieron cuenta que estaban aún en el bosque. Alyssa enfocó las lentes y no encontró nada cerca. Aisha y Elisha comenzaron a tratar de ubicar la iglesia.
La mujer les cubrió las espaldas.
Un grupo de hombres armados les salió al paso. Les apuntaron con la seria intención de abrir fuego, pero al hacerlo, las armas no respondieron. Los sujetos estaban confundidos y Aisha aprovechó junto a Alyssa el momento, para deshacerse de los mismos.
Uno de ellos sacó una navaja e intentó saltar sobre la empresaria, enfrentándose a una difícil orden mental de cortarse las venas. Sus movimientos eran involuntarios e imposibles de detener. Otro de sus compañeros intentó llegarle de sorpresa por detrás, topándose con una certera patada en su rostro, mientras su cuello se rompía por el impacto.
Aisha por su parte, hacía gala de los largos entrenamientos que había tenido con su mentora japonesa. Con una armoniosa habilidad, y a través de un inmenso salto, logró desarmar a uno de los sujetos, rompiéndole el brazo por la fuerza del golpe, mientras a otro le propinaba una tremenda patada entre las piernas, haciéndolo caer aparatosamente al piso.
Terry estaba frente a Albert.
Escuchaba con el rostro impávido la sarta de locuras que el rubio decía:
- ¡No sabes cuánto deseé matarte con mis propias manos cuando la vi en Europa, llorando por culpa tuya de nuevo! – su voz estaba furiosa.
- Te he explicado lo qué pasó. No entiendo porque sigues aferrado a la mentira. ¡No fue mi culpa maldita sea! – le alzó la voz el antiguo actor.
- Disfruté tanto tu dolor al leer la noticia de nuestras muertes. Por fin ibas a dejarnos en paz. Siempre has traído desgracias donde quiera que apareces – seguía parado frente a él con actitud demasiado agresiva.
- ¿Nunca pudiste soportar que ella me prefiriera a mí verdad? Eso te duele más que nada – le replicó burlonamente.
- Esa malagradecida, a pesar de todo lo que hice por ella, de todo el cuidado que le tuve, de todo el amor que le brindé, jamás fue capaz de corresponderme. ¡Nunca se lo perdonaré! – sus palabras estaban cargadas de rencor. Terry no dijo nada.
- ¿Dónde quedó esa gran persona, Albert? – se acercó a él, tratando de tranquilizarlo. El rubio gritó.
- ¡o te me acerques! – Terry le interrumpió.
- ¡Aunque nos mates a ambos, ni siquiera la muerte podrá borrar de tu cabeza el hecho de que ella se haya entregado a mí!... ¡por amor! – le dijo desafiándolo abiertamente.
Albert sintió que su furia llegaba a límites descomunales al ver como aquel hombre se sentía completamente seguro de tenerla para sí.
¡No podía tolerarlo, no!
Candy nunca pudo llegarle a amar de la misma manera que él lo había hecho. Rompió a reír en una hilarante carcajada.
Terry permaneció de pie, mientras Albert caminaba hacia el altar, colocándose al lado de la enorme cortina negra. Una malsana sonrisa aparecía dibujada en su rostro:
- Bienvenida a tu última noche – acto seguido, jaló la enorme cortina dejando al descubierto el enorme crucifijo, con la rubia atada a él.
Abrió enormemente los ojos al ver a Candy completamente indefensa y a merced de Albert. Intentó correr hacia ella, pero dos fugaces sombras se interpusieron en su camino, sujetándolo con fuerza:
- ¡Eres un maldito hijo de puta, esto nunca te lo perdonaré! – gritó furioso el inglés.
- No te enojes. Finalmente... ambos morirán – la carcajada de Albert sonó por todo el lugar.
Se había dado cuenta que sería demasiado difícil salir de ahí. Esperaba que sus amigos llegasen a tiempo.
- ¿Por qué has hecho todo esto? – demandó tajantemente Terry.
- Porque nunca pude tener una vida tranquila sabiendo que tu maldito recuerdo seguía en ella – le miró con odio.
- ¿Por qué me odias?
Terry se lo preguntó mientras lograba tranquilizarse. Necesitaba ganar tiempo para que sus amigos llegaran en su apoyo. Sabía que Ethan andaba cerca de ahí, esperando el momento para atacar.
- Sabrás por ti mismo, muy pronto – le miraba con una torcida sonrisa en el rostro.
Dio orden de que quitaran la mordaza a la rubia para dejarla hablar:
- Albert, por favor, ¡te lo suplico! – La rubia intentó hablar con él pero la calló.
- ¡Yo te amaba! ¿Por qué me hiciste esto? ¡Yo te había dado todo lo que pedías! – le dijo en un momento de desolación. Ella se sintió completamente miserable. ¡Odiaba tanto a ese hombre, pero a la vez tenía tanto que agradecerle!
- Nunca imaginé que ya habías enloquecido – le gritó la chica sollozando.
El otrora bondadoso abuelo William se incorporó de nuevo y volvió a romper en risotadas.
Les observó en silencio.
Terry estaba demasiado inquieto. No tenía un buen presentimiento de lo que sucedería después. Miraba constantemente a Candy.
- No saldrán vivos de aquí – sentenció.
Después, tomó la palabra mientras varios sujetos les apuntaban con las armas. Unos estaban apostados cerca del altar. Terry dio un vistazo rápido, y pudo ver que había más hombres ocultos entre los pasillos laterales de la iglesia.
- Ahora bien, comencemos entonces... explícame, ¿cómo demonios es qué sigues existiendo?, recuerda que si no colaboras, tu adorada mujercita irá sufriendo algunas heridas – sus ojos se clavaron profundamente en su figura.
Terry se maldecía por no haber llevado las armas. Creía que Albert les interrogaría en privado.
Volteó a ver fugazmente a Candy.
Su rostro estaba lleno de lágrimas.
- ¡Eres un desgraciado lunático! – le respondió enojado.
- Te escucho – Albert se cruzó de brazos, mientras el rencor y la rabia aparecían en el semblante del inglés. Inició su historia con gran esfuerzo.
Kevin había podido llegar hasta donde se encontraban Melina, Nikolas y Makish. Estaban asombrados por la cantidad de gente que tenía apostada el dueño en los alrededores.
Habían decidido alejarse un poco más para no llamar la atención. Había bastantes vampiros mezclados entre los guardias humanos y se les haría difícil combatirlos ellos solos.
El hombre había demorado en llegar.
- Alyssa se encuentra bien. Están acercándose aún más a la iglesia. ¡Este lugar es inmenso! – les dijo en voz baja mientras se unía a ellos. Le acompañaba una decena de hombres.
- Han llegado más refuerzos. Será una ardua batalla contra ellos. Opino que esperemos un poco a que llegue ella – propuso Nikolas.
- Creo que tienes razón. Los vasallos son numerosos y no podríamos contra ellos. Dejé a la mitad de mis hombres en la mansión. Pero ¿y qué hay con Ethan y Terry? Ya están en la iglesia y no sabemos si ese maniático ya esté haciendo algo – respondió Kevin mientras observaba profundamente hacia donde estaba el lugar.
- Acaban de entrar varios hombres. Al parecer, la acción iniciará pronto – relató Makish tan sereno como siempre.
Se agruparon en un espacio alejado y esperaron a que los guardias se concentraran lo más posible. Iban acabando con aquellos vigilantes solitarios que se encontraban deambulando por ahí. No había manera de que les avisaran a los demás. Morían al instante. Alguien le llamó por su nombre al oído:
- ¿Kevin, me oyes? – era Alyssa.
- ¿Dónde estás? – preguntó el hombre.
- Estoy a punto de llegar a ustedes. Puedo sentirlos – dijo con tono misterioso.
- ¿Dónde están Aisha y Elisha? – cuestionó mientras se asomaba entre la oscuridad tratando de ubicar el lugar donde aparecía su jefa.
- Se han dirigido a la parte trasera de la iglesia. Ellos atacarán por ese lado – el tono de su voz era inquietante. Kevin sabía a qué se refería.
- Entiendo. Por favor, no pierdas contacto. Nos ubicamos en la parte este del lugar. Los lentes infrarrojos te irán indicando. Estamos en grupo – siguió escudriñando en la oscuridad.
La esbelta figura de la mujer se acercó sigilosamente a Kevin.
Tapó su boca antes que este dijera algo. Sonrió y le hizo ademán de que se callara. No le había sentido llegar.
¿Qué había pasado con sus lentes?
No aparecía su imagen en los mismos. Olvidó el asunto. Había cosas que requerían una extrema atención.
Alyssa le pidió que reuniera a todos.
El plan era acercarse sigilosamente al grupo y comenzar a rodearlos. Era arriesgado, puesto que se había dado cuenta de la supremacía numérica de sus adversarios. Sabía que eso no era impedimento para ella.
Kevin y la mujer iban al frente. Melina, Nikolas y Makish flanqueaban a cada uno a los costados y detrás iba el resto del grupo, camuflados por sus trajes negros.
Saltaron al claro, atrayendo así, la atención de todos.
La batalla comenzó.
Elisha y Aisha se habían acercado justo detrás del granero.
Habían acordado con Alyssa de que ellos tratarían de ayudar a la pareja mientras ella contenía a los guardias fuera, junto al grupo de sus amigos.
Había varios sujetos armados cerca y la chica aprovechó su habilidad desapareciendo y acabando con ellos al instante, aunque aún había muchos más. El judío contribuía alterando las leyes del azar.
Las armas no respondían.
Se fueron acercando a la iglesia, conforme iban acabando con los molestos guardias. Debían apresurarse más, antes de que llamaran a los demás.
Estaba demasiado oscuro pero sus ojos ya se habían acostumbrado. No vieron entradas cerca. Los muros eran demasiado grandes. Corrieron a una de las paredes traseras:
- Esta es la prueba de fuego. ¿Recuerdas esa vez que debíamos atravesar esa gruesa pared de madera en casa de Reuben?, debemos hacerlo ahora – dijo Aisha.
- Sí. Lo lograré, te lo prometo – le respondió, mientras seguía concentrándose junto a ella.
Unas palabras ininteligibles salieron de sus labios.
Sus cuerpos fueron adquiriendo un aspecto transparente. Antes de desaparecer, se lanzaron por completo hacia el interior del lugar. Cayeron rodando sobre un montón de paja.
Seguían conservando aún su apariencia y pudieron observar lo enorme que estaba el lugar así como las brillantes luces que apuntaban al centro. Vieron a Albert y Terry junto a un extraño altar y los guardias apuntándoles. Los vampiros no eran muchos, sin embargo, los guardias humanos eran numerosos. Debían conservarse así por cierto tiempo.
Se quedaron boquiabiertos al ver el enorme crucifijo con la chica encadenada al centro. Permanecieron en silencio para no llamar la atención.
De repente, un sujeto se plantó frente a ellos y la pareja se sobresaltó.
La conocida voz les tranquilizó.
Era Ethan.
Elisha y Aisha se quedaron pensando cuál era la verdadera identidad del detective pero lo dejaron para después:
- Esperen aquí hasta que yo les avise cuando iniciar – les dijo mientras les hacía seña de permanecer en un lugar estratégico.
Ambos asintieron, mientras el hombre volvía a alejarse. Se ubicaron en el punto indicado.
Terry estaba hablando mientras el rubio le escuchaba con una sonrisa malvada.
De repente, la voz de Ethan les llegó ordenando que iniciara el ataque.
Con increíble habilidad y velocidad, la joven saltó al frente y comenzó a pelear con los hombres más próximos. La realidad se alteró, y por azar, las armas no respondían, además, los hombres tenían dificultad para caminar, sin evitar tropezarse.
El rubio se fue encima del actor con saña, al ver que los estaban comenzando a atacar, mientras daba una orden a los hombres que estaban cerca de Candy de que la tuvieran agarrada.
Terry aprovechó su descuido y le tomó por los hombros. Entonces, la pelea comenzó. La madera crujía con el contacto de los cuerpos al caer, mientras se golpeaban. Albert era demasiado fuerte para su adversario.
El detective se escabulló ágilmente entre los enormes pilares de piedra, y aprovechando su apariencia invisible, comenzó a atacar a los no muertos específicamente. Los tipos volteaban sorprendidos al ver que les llegaban golpes de la nada. Sacaron las garras y los colmillos en señal de autodefensa. Tenía que distraerlos, esperando que Alyssa y su comando pudieran llegar a tiempo a ayudarles.
Elisha apoyaba lo más que podía a su amiga, puesto que no era hábil peleando. Las armas ya no funcionaban y solo observaba la dificultad que tenían para caminar o saltar. Algo se atravesaba en sus pies, ya fuese un cuerpo o algún objeto. La suerte les había abandonado.
Aisha repartía golpes a diestra y siniestra, logrando acabar con los humanos, sin embargo, los vampiros estaban ocasionándole algunos problemas. Mentalmente pidió a su amigo continuara con su tarea.
Albert no había sufrido estragos a causa de los golpes del inglés Este le observaba confundido. Aprovechó un momento en que había bajado la guardia y le envió de un golpe hacia uno de los enormes pilares que sostenía el lugar.
Terry quedó momentáneamente aturdido, mientras observaba como el millonario se dirigía hacia el crucifijo y daba órdenes de romper las gruesas cadenas para sujetar a Candy.
El inglés se dio cuenta de que su rival no estaba solo. A su lado, había un hombre de personalidad demasiado fuerte. Era un no muerto... y muy poderoso. El sujeto no estaba antes ahí. Se quedó confundido, sin embargo, no lo demostró.
Cuando bajaron a la rubia, Albert tomó un enorme cuchillo de uno de sus vigilantes, y se puso frente a Terry, indicando que la mataría. Varios hombres lo escoltaron, junto a ese enigmático personaje que había aparecido de repente.
- ¡Diles que paren o la mataré en este momento! – gritó furioso.
- ¡Maldita sea! ¡Debemos hacerle caso! – pidió Terry, desesperado.
Aisha volteó a verle incrédula. Quedaban cada vez menos humanos.
- ¡Traigan a esos malditos magos que han alterado nuestra suerte, sé que se encuentran aquí! – rugió con fuerza, mientras los jóvenes se hacían visibles. Al parecer, no se había percatado de la presencia de Ethan.
Les llevaron, al lado de Terry.
Candy gritaba que huyeran, pero sabía que no la escucharían.
- ¿Qué quieres? – preguntó Terry iracundo.
- Quiero que escojas entre tus amiguitos y Candy. Si decides quedarte con ella, mis hombres acabarán con tus acompañantes. Te dije que no vinieras con gente Terry. ¡Esto te costará caro! – disfrutó la cara de contradicción del inglés.
- ¡No hagas caso! ¡Huyan! – gritó Candy pero su voz fue ahogada por la fuerte mano del magnate.
- ¿Si me entrego yo en lugar de ella, la dejarías ir? – inquirió Terry, tratando de contenerse.
- ¡Escoge! ¡No hay alternativa! – replicó Albert. Le estaba fulminando con la mirada, mientras ordenaba a los pocos que quedaban que sujetaran a los jóvenes artesanos de la realidad.
- ¡Eres un desgraciado! – se estaba desesperando. No quería pasar por ese trago amargo.
"Dile que escoja a Candy" la voz de la artesana sonó en la cabeza de Terry.
Volteó a verla mientras negaba. "¡Hazlo!" el inglés le observó inquisidoramente. Aisha le veía fijamente y le hizo una breve señal de asentimiento.
- ¡Deja ir a Candy! – Albert explotó en una furiosa carcajada. Sus hombres se llevaron a la pareja de magos.
- ¡Tú lo has decidido! – hizo el ademán de soltarla, sin embargo, al sentir que se alejaba un poco de él, volvió a sujetarla – ¡no será tan fácil Grandchester! Hay mucho por hablar todavía – le gritó ya enloquecido.
Terry sintió que la sangre le hervía de coraje al ver que seguía sin liberarla. La chica comenzó a llorar de nuevo. El otro vampiro la tomó de los brazos y la inmovilizó. Varios sujetos, de los que aún quedaban, se acercaron al actor por orden de Albert y le sujetaron con fuerza.
- ¡Esto tendrá muy malas consecuencias!, ¡te exigí que vinieras solo! – rugió el rubio con furia.
El inglés no dijo nada, sin embargo, siguió observando detenidamente al rubio. Esperaba a que Ethan pudiera actuar... o que los demás pudieran intervenir a tiempo. Sabía que el rubio se encontraba sumamente alterado y cualquier cosa podría ocurrir.
Mientras, Aisha y Elisha eran conducidos por los hombros hacia un apartado de la iglesia. Vieron que unas escaleras aparecían ante su vista. Iban hacia la parte inferior de la misma.
Quizá eran catacumbas.
Esperaron a internarse aún más en el lugar y entonces, la chica desapareció al instante, convirtiéndose en una máquina mortal, mientras usaba su arma para acabar con los malditos sujetos que los iban escoltando.
Elisha le apoyaba haciéndoles caer o resbalar y alterando la realidad para que sus armas no funcionaran. No descansaron hasta acabar con los últimos miembros de la vigilancia que tenía Albert. La sangre tiñó sus vestimentas pero no les importó.
La pareja de jóvenes se escondió al sentir que más hombres iban a vigilarles. Grande fue su sorpresa al ver a sus demás compañeros muertos y al peculiar dueto esperándoles... y atacándoles.
La pelea continuaba.
Era un enorme grupo de hombres el que se encontraba rodeando la iglesia donde se encontraba el resto de sus compañeros. Alyssa había dado la orden de que asaltaran el lugar por sorpresa.
Melina y Makish decidieron atacar cada uno por un lado diferente. De repente, ambos quedaron rodeado por varios hombres y la coreografía mortal de saltos, golpes y espadas comenzó.
La chica tenía la habilidad de fundirse con la tierra, lo que le ayudó a poder acabar con éxito, con los tipos que le rodeaban. Aprovechaba para confundirlos, mientras aparecía detrás de algunos rompiéndoles el cuello o la columna. Melina era una experta en técnicas de pelea, lo que la convertía en una asesina letal.
Makish, por su parte, movía con destreza su espada, mientras su cuerpo se movía en una peligrosa danza marcial. Varios miembros de los hombres que intentaban atacarle, habían quedado esparcidos en el perímetro donde se encontraba. Era una sombra mortífera.
Kevin y sus elementos se habían ido acercando lo más que podían hacia la entrada principal de la iglesia. Alyssa iba junto a él, mientras trataba de apoyar peleando. El delgado traje de microfibra la protegía de recibir los fuertes embates de sus enemigos. Cuando podía, daba una pequeña orden mental a su contrincante, mismo que acababa terminando con su propia vida, presa de movimientos incontrolables.
En uno de los tantos enfrentamientos que tenía, logró separarse del grupo, sin que nadie lo percibiera. Trató de localizar a Ethan mentalmente. Se sorprendió por la información que éste le daba:
- Es increíble lo que estoy viendo en este momento frente a mis ojos. El hombre que ha apoyado a Albert detrás de todo esto es nada más y nada menos que... Marcus, el antiguo vampiro nórdico... ¿no crees que es demasiado sorprendente? – le dijo el detective mientras se replegaba en una de las esquinas de la iglesia, tratando de pasar desapercibido.
- ¡Vaya! Creo que tendremos un enfrentamiento con un enemigo... del pasado. Hay muchas cuentas por saldar. Su traición por haber ocasionado la muerte de un entrañable amigo le costará caro... justo hoy – respondió serenamente Alyssa. Volteó a su alrededor para ver si no había más enemigos. Ambos humanos habían tenido un enfrentamiento con el suizo, muchos siglos atrás, en el que había resultado destruido uno de sus más antiguos maestros. No se lo perdonarían nunca.
- Se han llevado a Aisha y Elisha a otra parte, al igual que a Terry y Candy. Tendremos que andar con sumo cuidado para poder actuar. Te estaré esperando. Marcus no se ha dado cuenta de mi presencia... todavía. Aunque no tardará en hacerlo. ¿Cómo van ustedes? – siguió con la comunicación telepática.
- Nos ha costado un poco replegar a los hombres que vigilan, sin embargo, Kevin y los demás se harán cargo de ellos. Me iré acercando más hacia la iglesia – al momento, fue separándose más del resto para seguir por un costado de la misma.
Encontró a varios hombres rodeando el lugar y la mujer les miró fijamente, mientras sus ojos brillaban anormalmente. Los sujetos se llevaron las manos al cuello hasta desplomarse sin vida sobre el suelo. Se habían asfixiado.
Alyssa sonrió al percatarse que tenía el camino libre para proseguir. Llegó hasta lo que parecía ser una entrada pequeña. Quizá a alguna parte del interior de la iglesia. Con el camino despejado, pudo introducirse sin ningún problema al lugar.
Había varias bancas viejas arrumbadas por todas partes. La joven se escabulló silenciosamente y pudo llegar hacia la puerta que daba acceso al pasillo principal. Cerró los ojos fuertemente y localizó a Ethan. Escuchaba los murmullos provenientes de la entrada principal del recinto religioso.
- Por aquí – le indicó escuetamente el detective.
La pareja se apresuró a seguir la pista de Albert y Marcus. Curiosamente, Alyssa también paso inadvertida a ojos de los demás vampiros.
Ninguno se percató que el par de mortales había logrado traspasar la valla de seguridad que los empresarios habían dejado.
Se encontraban en un enorme salón, iluminado solamente por grandes antorchas colgadas de la pared. Quizá el lugar había servido de santuario para una deidad en especial. Había rastros de cuadros y artefactos sagrados tirados por el suelo.
Los hombres seguían sujetando a Terry, mientras Albert y Marcus sostenían a Candy. La tenían completamente inmovilizada. Repentinamente el rubio, se dirigió hacia una de las esquinas y tomó una enorme estaca. El inglés le miraba confundido. Albert sonrió maliciosamente y la lanzó repentinamente, en dirección a Marcus.
Terry no podía dar crédito a lo que acababa de ver. Albert había atravesado el corazón de la chica, de un certero golpe con la estaca.
Candy quedó inmovilizada.
Marcus permanecía impasible a su lado, mientras Albert explotaba en una serie de hilarantes carcajadas, disfrutando enormemente de la furia del actor:
- ¿Creías que la dejaría contigo Terry? ¡Qué estúpido eres!
- ¡Eres un desgraciado! – Terry trató de írsele encima, pero los sujetos lo contuvieron.
- Te retaré a un duelo, Terrence. El que salga victorioso de la lucha decide el final, con eso me refiero a que podrías irte con Candy. La única peculiaridad es que... será un duelo a muerte – el millonario esbozó una reluciente sonrisa de sarcasmo.
- ¡No saldrás de ésta!, ¡te haré pagar todo lo que nos has hecho! – sentenció furibundo el inglés.
- Que empiece la pelea – dijo serenamente Marcus. Su voz retumbó por todo el lugar.
Terry lanzó un grito de furia y se abalanzó sobre él.
Ambos se enfrascaron en una temible lucha. Albert comenzó a propinar una serie de puñetazos y patadas al actor, mientras trataba de tomarlo por los hombros.
Los cuerpos de ambos contrincantes hacían crujir el piso de madera del lugar, debido a los constantes golpes y rebotes sobre la misma. Ninguno de los otros tipos podía intervenir en la lucha.
La regla había quedado demasiado clara.
Marcus vigilaba de cerca a Candy, quien solo acudía como una espectadora más al desagradable y trágico encuentro que les había deparado en ese lugar. Inmensas lágrimas negras rodaban por su mejilla, al reconocer lo malvado que se había vuelto su otrora benefactor. La estaca la tenía inmovilizada y solo un milagro podría salvarles de la desgracia que les esperaba.
En una de esas, el rubio logró hacerse del cuerpo de Terry, enviándolo de golpe hacia un enorme gancho que pendía de una de las paredes del salón. Éste se enterró en su espalda, ocasionándole una herida demasiado profunda. El inglés estaba perdiendo la contienda. Albert rió satisfecho:
- ¡La muerte te espera maldito, y después, será tu turno, Candy! – clavó su mirada azul sobre la ojiverde.
- ¡Te odio, aunque nos mates, siempre te pesará el saber que fui de Terry, y que solo a él lo habré amado más que a nada sobre la vida, y ni siquiera la muerte nos separará! – le respondió con voz entrecortada. Eso encendió al rubio.
Albert se dirigió hacia donde se encontraba el maltrecho cuerpo del actor y le propinó un fuerte puntapié en el costado izquierdo. Terry no podía incorporarse y le observaba desde el suelo, con odio.
- ¡La espada! – gritó Albert y uno de los hombres se apresuró a acercarse con el instrumento, hacia el rubio.
El magnate alzó el filoso objeto y justo cuando iba a asestar el mortal golpe, un estruendoso ruido comenzó a inundar el lugar.
Al principio, era un sonido sordo, como si de un leve viento se tratara, y fue transformándose súbitamente en un sonido mucho más fuerte, cual tormenta desatándose en el interior de la iglesia. Los mortales difícilmente pudieron guardar el equilibrio, rodando hasta la parte posterior del lugar, muy cerca del altar.
Sólo los demás vampiros permanecieron de pie, cuando súbitamente, al centro del recinto, una sombra emergía de la nada, con una filosa guadaña en la mano. La figura fue tomando forma hasta dejar al descubierto la identidad del nuevo personaje: Ethan.
El ambiente volvió a tensarse y a su lado apareció Alyssa, enfundada en su traje negro. Miraban fijamente a Albert y Marcus. Este último no pudo evitar una expresión de asombro en su rostro, al verlos:
- ¡Agárrenlos! – ordenó el empresario americano, sin embargo, al acercarse el grupo de no muertos para sujetarlos, salieron volando por los aires ante un simple movimiento de manos de Alyssa. El rubio se quedó sumamente confundido.
- ¡De nuevo, a ellos! – gritó nuevamente Albert, pero ahora, los intrépidos vampiros que se acercaron a la mortal pareja, fueron hábilmente decapitados por el movimiento siniestramente anormal de la guadaña del detective.
Mientras iban acabando con ellos, la pareja fue acercándose lentamente hacia Marcus y Albert, quienes se habían comenzado a atrincherar en el altar de la iglesia, junto a los demás sujetos que quedaban, así como a Candy y Terry.
- ¡Suéltenlos! – les exigió Ethan.
- ¡Eso jamás! – Albert intentó decapitar al actor, sin embargo, al levantar la espada, esta se había resbalado de sus manos, mientras el magnate tropezaba debido a un escalón. Elisha había reaparecido alterando el azar. Aisha se encontraba a su lado, alerta.
- ¡Te repetiré una vez más: suéltalos! – volvió a exigir el detective.
Albert soltó a Terry lanzándolo brutalmente hacia ellos. El inglés estaba demasiado malherido. Aisha corrió a auxiliarlo, llevándoselo con ella.
Marcus dio un paso al frente y sacó los colmillos dispuesto a atacar. Su habilidad al moverse era anormal, lo que lo haría imposible de atacar, sin embargo, Alyssa fue más rápida.
Aprovechando que el suizo se encontraba cerca de ellos, invisible, tomó ventaja de los preciados segundos que usaría para volver a aparecer. La mujer poseía uno de los más antiguos y escasos dones dentro del mundo vampírico: el arte de parar, por unos segundos, el tiempo.
Concentró todas sus energías en crear una enorme burbuja atemporal que envolviera el lugar en el que se encontraban, impidiendo a Marcus volver a desaparecer. Eso era justo lo que Ethan necesitaba: tomó su guadaña y asestó un mortal golpe en el cuello del empresario europeo, separando limpiamente la cabeza del cuerpo. Al instante, los restos se convertían en polvo.
Albert no podía creer lo que sus ojos veían: su amigo, su confidente, su apoyo, había sido destruido. Con rabia en los ojos, tomó una de las enormes antorchas que se encontraban cerca de él y se la echó a Candy, mientras las llamas empezaban a consumir rápidamente las ropas de la chica.
Gritos de agonía salieron de su garganta.
Ethan se desplazó de un salto hacia el altar, acercándose a Albert.
Con una letanía ininteligible, la estaca que tenía Candy, caía por sí sola, dando de lleno en el pecho del rubio. La rubia fue auxiliada por Elisha, quien trataba de contener el fuego que estaba envolviendo en su gran mayoría el femenino cuerpo. El inglés gritó con furia:
- ¡Maldito seas por siempre, Albert Andrey! – le dijo mientras se acercaba a él.
Había visto todo, sin embargo, debido a las heridas que tenía, le había costado demasiado llegar hasta donde se encontraba el millonario. Aisha le apoyaba para que diera la estocada final a Albert. Lo llevó junto a éste y Ethan habló:
- Tienes el honor de acabar por fin con esta pesadilla, Terry… – dijo seriamente el detective.
Éste se hizo de su cuello y sin poderse contener, le clavó los colmillos, drenándole toda la sangre. Dejó caer el cuerpo mientras veía como se iba desintegrando.
Enormes lágrimas corrían por sus mejillas al poder llegar después, junto al maltrecho cuerpo de su amada pecosa y sostenerla entre sus brazos.
Ambos lloraban.
Terry pudo darse cuenta que la rubia había sufrido heridas mortales que llevarían mucho tiempo en sanarse.
Le habló al oído:
- ¡Candy, te vas a poner bien mi amor, tomará algo de tiempo, pero volverás a ser la misma de siempre! – le susurró al oído, mientras acariciaba la cabeza de la chica – todo saldrá bien, te aseguro que volverás a ser la misma de antes… - estaba sufriendo - ¿Verdad que con la sangre suficiente ella…? – miró a Ethan y sus acompañantes, quienes lo miraron con tristeza. Sólo Alyssa tuvo el valor de negar con la cabeza, en respuesta al inglés.
La condición de Candy era sumamente grave; quizás con suficiente sangre podría restablecerse, pero necesitaría mucha. Las heridas eran considerables, sin embargo, era peor aquella que tenía en su pecho, debido a la estocada que le había dado Albert.
- Si, con la sangre suficiente… - seguía diciendo Terry, mientras le acariciaba el rostro cuidadosamente, como si fuera de cristal
- Terry... shhh… - levantó lentamente una mano y la puso en sus labios – no…
- Candy… - dijo lastimosamente
- Yo sé que… no es posible… - respondió con voz entrecortada – sé que quizás necesitaré mucha más sangre de lo normal… ¿de dónde la obtendré? – su sonrisa se hizo triste - deberé beber sangre para hacerlo... ¿y sabes? Me… rehúso a matar gente... prefiero morir a seguir viviendo... como una monstruosa asesina – una lágrima rodó por su mejilla. El inglés la miró contrariado.
- ¿Qué quieres decir? ¡Por favor, no me digas eso, yo quiero estar contigo siempre, no vuelvas a dejarme! – se aferró a su cuerpo como si la existencia se le fuere en ello.
- No te… preocupes por mí…
Los demás mientras presenciaban esa escena, no pudieron evitar sentirse mal. A pesar de su condición, aún podían comprender el enorme dolor que sentía aquella pareja, denotando aún rasgos imperceptibles de una humanidad casi olvidada. Alyssa pese a su rígida personalidad, entendía lo que estaban sintiendo, en ese momento, Terry y Candy.
- ¡No! ¡No, Candy, no permitiré que tu…!
- Terry… - su voz se fue apagando cada vez más mientras, sus ojos derramaban lágrimas negras – no sabes cuánto le agradezco a la vida… por haberte vuelto… a encontrar…por… haberte regresado a mí… volver a amarte… ¿Qué importa si solo fue un instante? – se le estaba dificultando cada vez más el hablar.
- ¡Candy, Candy, no, no hables, no te canses! – la abrazó – ¡Te pondrás bien!
- Terry… quiero… quiero pedirte que por favor me… lleves al portal de las Rosas… ahí donde mi vida… inició… -
- ¡Candy!
- Por favor... déjame recibir por primera vez el amanecer... después de tanto tiempo... – la chica dejó escapar un agónico sonido. El fuego había dejado graves secuelas en ella.
Terry se quedó callado por unos momentos.
Sabía lo que aquella decisión implicaba. Comenzó a llorar, mientras rememoraba todo lo que le había sucedido desde que se había vuelto un no muerto. Finalmente, comprendió que no valdría la pena seguir viviendo, si ella no estaba junto a él. Además, quizá necesitaba descansar definitivamente, después de haber andado sin rumbo fijo. Sería una maldita eternidad condenada a la soledad, puesto que Candy estaría muerta.
Volteó a ver a sus amigos, mientras depositaba el cuerpo suavemente sobre el suelo.
Justo en ese momento irrumpieron los demás.
Aisha les hizo una seña de que se callaran. Nikolas, Makish, Melina y Kevin se quedaron parados a una señal de Alyssa. Todos les observaron desde una discreta distancia.
El inglés habló:
- Yo… - comenzó a decir Terry – creo… - había un gran nudo en su garganta - que no me alcanzarán las palabras para agradecerles enormemente lo que acaban de hacer por nosotros, exponiendo sus vidas de esta manera – inició su diálogo.
- Terry, ella se pondrá bien. Solo necesitará la cantidad de sangre necesaria para regenerarse... - Nikolas fue interrumpido por su incondicional amigo.
- No amigo… - lo interrumpió con una sonrisa triste - ¿Sabes? Estoy cansado de seguir existiendo así. Has sido un gran amigo y sé que a pesar de vivir en este desolado mundo, siempre he contado con tu apoyo. Sin embargo, mi vida no tendría sentido sin ella a mi lado. Eso siempre lo has sabido. Te pido, en nombre de esa gran amistad, que la mitad de nuestra fortuna la repartas entre organismos de caridad y apoyo a jóvenes artistas, como hasta ahora lo hemos hecho. Hace tiempo que he dejado un testamento con las instrucciones al respeto. He tomado una decisión – se dirigió hacia Candy y la cargó entre sus brazos
- ¡Terry no! ¿Qué es lo que pretendes hacer? – lo tomó de un hombro
- No te preocupes… - contestó – todo estará bien…
- Creo que deberías meditar bien lo que estás a punto de hacer. Tienen mucho tiempo por delante. No todo es tan malo – Ethan trató de hacerlo recapacitar.
- Calla, Ethan… - Alyssa parecía comprender perfectamente el deseo del inglés.
- No hay marcha atrás – sentenció Terry.
Se despidió de todos ellos y con paso lento, salió del lugar, dejando a los demás, mientras se despedía escuetamente de todos.
Había sido una noche realmente difícil.
Alyssa había prometido hacerse cargo de la remodelación y las decenas de cuerpos que se habían encontrado a lo largo del lugar.
Nikolas tuvo que poner en orden muchas cosas.
Después de la trágica muerte de Albert y Marcus, tuvo que ponerse en contacto con los asesores para efectuar el traspaso de las empresas Andrey a través de sus apoderados. La empresaria le apoyó en todo lo que fuera necesario.
En Nueva York, la primavera dejaba sentir ya sus efectos.
La ciudad estaba esplendorosa.
Nikolas había permanecido afectado por lo que había sucedido con su otrora inseparable amigo. Había dado órdenes de enterrar sus restos en aquel país, que siempre había sido cuna de invaluables recuerdos de Terry.
Escocia.
Aisha se había quedado junto a él, para apoyarle emocionalmente, en esa irreparable pérdida que suponía para Nikolas su aliado incondicional. Habían iniciado una relación que les deparaba grandes expectativas a futuro.
Estaban casi siempre juntos.
A pesar de todo, su amigo seguramente se encontraría descansando feliz, junto a aquella mujer que siempre le había amado. Sonrió para sus adentros, contento finalmente por haberles visto juntos.
Sabía que era un amor para la eternidad.
Después de salir de la iglesia, Terry se dirigió hacia el lugar solicitado por el amor de su vida, para poder estar en completa privacidad junto a ella. La chica no sentía dolor, sin embargo, sabía que había sufrido heridas de gravedad.
Llegaron hacia el enorme jardín, cuya variedad de flores comenzaba a dar el característico colorido al mismo. Las Dulce Candy brillaban de entre todas ellas.
Había una enorme fuente de mármol blanco al centro. Terry se dio un breve tiempo para poder admirar el lugar. No cabía duda de que Albert había ordenado el esmerado cuidado de aquel lugar, tan especial para su pecosa.
Candy.
Volteó a verla, mientras ella iba con la vista fija al frente. Cerca de la fuente vio una banca y se dirigió hacia ella. Terry la depositó suavemente sobre la misma. La observó en silencio y después, habló:
- Hace muchos años, en una fría noche de invierno, mientras ese barco zarpaba rumbo a una mísera vida de sufrimientos, conocí a una hermosa chica, que me dejaría marcado de por vida. La vida se encargó de ponernos barreras y obstáculos para evitar que estuviera junto a ella – Terry acarició uno de los rizos de Candy. Ella le miraba con ternura.
- Esa chica siempre supo que ese rebelde joven sería alguien especial en su vida. En ese instante, supe que serías mi único amor – ella se aferró al pecho del inglés.
- A pesar de todo, finalmente pudimos estar juntos. No me importan los sufrimientos que pasé, ni los momentos deprimentes que viví. Tu solo recuerdo me hacía sentir vivo...y cerca de ti. En la vida... y en la muerte... siempre te amaré… – éste le dio un delicado beso en los labios, mientras ambos lloraban al recordar todo lo que habían vivido.
Candy volteó a su alrededor y vio que la claridad ya comenzaba a anunciarse. Un estremecimiento llenó su cuerpo, sin embargo, sabía que era lo mejor para ella.
Estaba segura de que no estaría sola en aquel mundo desconocido para ella y para sus demás seres queridos que le esperarían.
Lloró al pensar en Albert.
A pesar de todo, le había perdonado. Terry se dio cuenta que sollozaba, intuyendo la razón:
- Él siempre fue un buen hombre, mi amor. No le culpo por haberse obsesionado contigo. Eres una mujer única. Sé que ahora se encuentra mejor – le dijo Terry tratando de reconfortarla – además, siempre estuvo contigo cuando más le necesitaste. Nunca te dejó sola. No tienes que reprocharte internamente por el cambio que sufrió. Para mí seguirá siendo un gran amigo – la abrazó aún más. La claridad iba creciendo.
- Terry... te amo... siempre te amaré... – la voz de la rubia llenó sus ya muertos sentidos.
- Pecosa... yo también... siempre te amaré... – le respondió a su vez,y besándola, esta vez, de forma apasionada.
- Debes irte. El sol ya no tarda en aparecer... – un dedo la calló al instante. No comprendió lo que él hacía.
- ¿Acaso no lo entiendes? Quiero estar contigo. Nunca volveré a dejarte otra vez – vio que ella fruncía el ceño en señal de confusión.
- No… - su mirada era de desconcierto – no… - movió su cabeza – ¡No digas eso, no debes hacerlo! ¡Vete! – le tomó con ternura su rostro, mientras de sus ojos salió una lágrima - ¡Déjame sola! – su voz era más débil - ¡Vete, debes darte prisa, el sol te matará! pero... ¿qué es lo qué estás pensando? – le reprochó mientras intentaba alejarse de él. El firmamento era cada vez más claro.
- Déjame esta vez decidir a mí. Sé lo que quiero y no aceptaría por ningún motivo seguir existiendo... no sin ti… – la miró fijamente. Ella comenzó a llorar.
- ¿Por qué, Terry, por qué tuvo que suceder esto? – escondió su rostro en su regazo.
- Ahora estaremos juntos... por siempre – le respondió mientras la abrazaba con más fuerza.
Se quedaron así hasta que el destello amarillo fue emergiendo en la clara bóveda celeste.
El lugar se les reveló como un inmenso paraíso. Voltearon a verse al mismo tiempo y ambos hablaron al unísono:
- Te amo – dijeron, mientras se volvían a fundir en un beso.
El murmullo de las voces se fue dejando sentir por todo el lugar, mientras sus siluetas se iban aclarando con el paso del astro luminoso.
Los rayos del sol dejaban al descubierto a una pareja, cuyas cenizas iban esparciéndose por todo el lugar, dando la impresión de que finas lágrimas negras bañaban las flores del portal.
Un increíble sentimiento de paz y tranquilidad podía sentirse por todos lados.
Así terminaba la historia de una pareja, cuyo amor perduraría más allá de la vida... y la inmortalidad.
FIN
Agradezco inmensamente a todas aquellas lectoras tanto anónimas por su interés en este fic. Estoy consciente de que esta fue una historia muy diferente a las que muchas están acostumbradas, pero finalmente quise hacer un homenaje a mi galán de galanes, Terrence Grandchester, haciéndolo inmortal.
Muchas de las ideas y ambientación de este fic, fueron basados en las trilogía de uno de mis escritores favoritos, quien nunca leerá y mucho menos encontrará este fic, y que además, varios de sus personajes fueron adaptados para los dos fics: My Inmortal y Alma en Tinieblas: Robert Weinberg. Recomiendo ampliamente sus geniales libros basados en los juegos de rol de Mundo de Tinieblas de White Wolf: Vampiro, La Máscara de la Muerte Roja y Guerra en el Horizonte basado en el juego de rol Mago, La Ascensión.
Dejo en claro que solo tomé una idea ligera y algunas características de dichos juegos y trilogías, para poder ambientar las dos historias, por lo que no está apegada fielmente a los lineamientos de los mismos, sobre todo en la parte correspondiente a los magos. De antemano una disculpa a aquellas personas que lo conocen y saben a lo que me refiero.
Con cariño,
Anya
