Seguimos con las historia, estamos pronto a la entrada de otros personajes y algunos momentos difíciles para nuestra protagonista!

A quienes estén allí, gracias y disfruten la lectura.

En algún momento luego del último recuerdo que su nebulosa mente evocó, lo siguiente que Alice sintió fue frio, un frio helado que la envolvía desde todas partes, trayendo sus sentidos a la vida así también como el dolor en la parte posterior de su cabeza. De pronto se conciencia se activó y antes de incluso pensar en abrir los ojos, el dolor y el frio la envolvieron abrumadoramente. Sus extremidades estaban entumecidas, estaba temblando por completo, sus dientes castañeaban en su boca fuertemente cerrada y a lo lejos escuchaba algunas personas hablando en voz baja. Bien, ¿Qué demonios había pasado? Hurgando en su mente, repasó los últimos acontecimientos que recordaba, luego de salir del cementerio sentía que alguien la seguía, así que se perdió en el campo, encontró luces, a personas del pueblo con esas luces, reconoció sus caras al acercarse y de repente la oscuridad la envolvió. Entonces, con esto fresco en su memoria y dado el dolor punzante en su cabeza y el frio que estaba haciendo, era muy obvio que algo malo estaba sucediendo. Dudó seriamente en abrir los ojos, recordando las palabras que muchas veces su mejor amiga Bella le había dicho: "Papá me dice que siempre que paso algo y esté en algún lugar desconocido, no debo entrar en pánico sino que debo descubrir en qué situación estoy. No entiendo por qué Charlie siempre cree que me meteré en problemas cada vez que salgo a otra ciudad…"

Bien, ya había analizado un poco la situación, ahora debía abrir los ojos y ver dónde estaba y en qué condiciones con exactitud. Muy lentamente, abrió los ojos con cuidado de no mover ninguna otra parte de su cuerpo, para que las personas que había allí y, si alguna de ellas la estaba viendo, no notaran de inmediato que había despertado. Al abrir los ojos todo lo que encontró frente a ella fue una pared de piedra de aspecto bastante viejo, ahora tenía aun más sentido el frio que estaba calando en su cuerpo. Aun no iba a girarse, decidió, en su lugar se concentró en sentir si sus extremidades todavía le respondían, moviendo los dedos de las manos y los pies muy sutilmente. Por lo menos parecía que no iba a perder ninguna de esas partes de su cuerpo del frio en la habitación. Había un leve resplandor sobre las piedras de color amarillento y si escuchaba con atención se sentía un leve chisporroteo, así que dedujo que era un fuego crepitando en algún lugar lo suficientemente cerca para que su luz se refleje. Las voces que había sentido anteriormente se volvieron más fuertes, y los pasos las acompañaron, definitivamente estas personas estaban acercándose a donde sea que estuviera. Alice cerró los ojos y calmó su respiración, tal y como si estuviera durmiendo aun; y escuchó atentamente a las voces.

— ¿Están seguros que es la correcta? —decía una mujer, su voz se notaba un poco difícil, Alice dedujo que debía ser bastante mayor de edad.

— Estaba en el cementerio, llegó hace algunos días a Lirylwak. Estamos casi seguros.

— Bueno, ya tenemos a las tres que necesitamos. Espero que no se hayan equivocado, no me gusta perder el tiempo.

— Descuide Señora, estamos seguro que todas son las correctas.

— Muy bien, prepárenlas a todas, los demás miembros vendrán al espectáculo de inicio esta media noche. Y Blask, nada de actos egoístas, no queremos que pase lo del última vez, mantente dentro de tu ropa.

El hombre, aparentemente llamado Blask, hizo un ruido en asentimiento y Alice sintió un par de pasos alejarse. Bien, esto estaba terriblemente mal. ¿Había dos personas más en su misma situación? ¿Qué tenía que ver lo que estaba sucediendo con su visita al cementerio y la historia de su abuela? ¿Qué iba a pasar con ella ahora, acaso moriría?

Cuando sintió un chirrido muy, muy cerca de ella, alguna especie de traba y la puerta de su celda ser abierta, todo su cuerpo se congeló y se sintió rígida. De repente unas manos la sacudieron con fuerza, sin nada de delicadeza y su frente golpeó la pared contra la que estaba en un momento. Reaccionó abriendo los ojos y dándose la vuelta con todo el terror que sentía comiendo su mente, para ver a un hombre frente a ella mirándola de manera extraña. El hombre era más bien bajo de estatura, de extremidades anchas y claramente entrado en sus cincuenta, se dio cuenta al mirar su rostro y cabello. Esa interacción duró solo unos segundos pero cuando el frunció el ceño, Alice sintió el miedo subir por su columna como si de manos heladas se tratara.

— Te pareces a ella, maldita sea. Debí saberlo —murmuró y agarró de su brazo con fuerza para sacarla de la celda, donde apenas si cabía parada.

La llevó hasta una silla frente al fuego al otro lado de la pequeña habitación, aunque ahora Alice notó que era más similar a una cueva o ruina de una cabaña sin ventanas y muy oscura. Blask la sentó sin mucho cuidado y ató sus pies a las patas de la silla de hierro y llevo sus muñecas, que estaban atadas hacia el frente con correas de cuero desde que despertó, hacia atrás de su espalda. Se aseguró de que no pudiera moverse de allí y la miró fijo una última vez antes de suspirar cortamente y salir de allí, dejándola sola. Ante esta situación, Alice intentó no entrar totalmente en pánico, más fácil fue pensarlo que ponerlo en práctica pero le ayudó el no haber comenzado a gritar por ayuda o alguna reacción así, ya se había dado cuenta que eso iba a ser inservible. Miró alrededor de donde estaba, el recinto no era muy grande, había humedad filtrada en las piedras, lo que sumó a su teoría de que estaba en alguna especie de cueva o algo bajo tierra, el fuego provenía de una modesta fogata cerca del centro de la habitación, la celda donde había estado estaba a su derecha y hacia la izquierda estaba la puerta por donde el hombre había desaparecido. Sacudió un poco su cuerpo en la silla pero estaba muy fuertemente atada a ella y apenas si pudo mover sus tobillos. Respiró hondo para no llorar y en cambio, cerró los ojos y elevó una oración a su abuela y a su madre, para que la ayudaran a ser fuerte y pudiera salir con vida de lo que sea que estaba pasando en este lugar.

Alice estuvo sola unos pocos minutos, no había contado pero no debían ser más de treinta o cuarenta minutos desde que Blask se fue, hasta que la puerta se abrió y tres mujeres entraron a la pequeña sala. La rodearon, la miraron y se asintieron mutuamente.

— Mira, escucha con atención, te vamos a desatar, no dirás una sola palabra y vas a ir con nosotras —le habló la mujer más alta, su piel estaba llena de pequeñas pecas, su cabello era castaño y su mirada seria y firme —No intentes algo porque ella va a matarte si lo haces —dijo y señaló a otra de las mujeres que la acompañaban.

Alice asintió con fuerza, y miró absolutamente quieta cómo dos de ellas le soltaban las ataduras. La levantaron y la sostuvieron una de cada brazo, la mujer que tenía una larga daga saliendo de su bolsillo tomó lugar tras ellas mientras la sacaban de la sala y salían por la puerta hacia un salón mucho más grande e iluminado con antorchas en las paredes.

Allí, las mujeres le ataron las muñecas en unas esposas metálicas viejas y pesadas que colgaban del techo de piedra y tomaron diversos instrumentos antes de acercarse a ella. Una de ellas, con unas tijeras afiladas se dedico a cortar su ropa y sacársela. Alice se sintió terriblemente humillada cuando una de ellas acercó con un recipiente de agua y otra comenzó a lavarla con un trapo y aun sin decir una sola palabra sintió como las lágrimas empezaban a asomar y caer de sus ojos. Luego de que le cortaron toda su ropa, incluyendo la ropa interior y la limpiaron, le pusieron una especie de camisón sin mangas, que abotonaron en su espalda. La tela era oscura, de un color quizá azul oscuro o quizá negro, no podía estar segura con tan poca iluminación buena en el lugar. Tenía muchos signos extraños dibujados en ella, no eran para nada similares a los que su abuela le había mostrado en sus viejos libros y tampoco como los que había visto en el antiguo cementerio.

Luego de esto, la descolgaron y la movieron por la habitación, hasta que la volvieron a encadenar a la pared, esta vez al lado de otras dos mujeres, bastante menores de edad que ella, que Alice no había notado que estaban cuando la trajeron dentro de esta sala. No estaban amordazadas pero ninguna de ellas habló en ningún momento, solo miraron a Alice y al poco tiempo comenzaron a llorar en silencio.