CAPÍTULO V

- ¿Te has vuelto loco?, ese maldito actor que solo ha ocasionado puras desgracias en la vida de Candy, ¿de regreso? – gritó Archie alterado por la noticia.

- Sé lo que hago, Archie. Te pido de favor que no ocasiones problema alguno con él. Candy necesita estar rodeada de la gente que más la ha querido. Ojala puedas superar tus diferencias con Terry... por el bien de ella – le respondió el magnate con su característica calma. Archie se tranquilizó al instante.

- No te entiendo. Simplemente no te entiendo. Sabes bien del dolor que le causó aquella vez que llegó casi muriendo en ese tren, de Nueva York. Ese desgraciado nunca hizo el intento de buscarla de nuevo... – el rubio le interrumpió.

- Te equivocas. Terry regresó a buscarla... pero yo le impedí verla de nuevo – la revelación dejo boquiabierto al joven.

- ¿Qué dices?, pero... ¿por qué lo hiciste Albert? – le preguntó asombrado Archie.

- Porque tenía que afrontar sus problemas sin necesidad de caer en vicios. Lo encontré en un estado bastante deplorable y créeme que Candy no lo hubiera tolerado. Pude llevarle de lejos a verla, cuando trabajaba en esa clínica austera junto al Dr. Martin, para mostrarle, que a pesar de vivir en períodos adversos, la vida debe enfrentarse con coraje y valentía. Terry entendió el mensaje y regresó a su vida, sin embargo, no le fue bien. Ha vivido un infierno personal que no se lo deseo a nadie – le contó a grandes rasgos mientras recordaba a esa nefasta mujer que había entrado a buscarlo en su camerino.

- Yo... no tenía idea de lo que me estás diciendo, Albert. Lo siento mucho por él – Archie no atinó a decir algo más. Permaneció en silencio junto a su tío, en la biblioteca de la mansión.

Debían seguirse turnando los cuidados, aunque la mayor parte de los mismos correrían por cuenta del inglés. El joven de ojos marrón sabía que no podrían alejar a Terry de ella:

- Estaremos al pendiente al igual que antes. Él puede quedarse aquí para descansar, Tío. Le acondicionaremos el cuarto de huéspedes – sugirió Archie mientras Albert meditaba la respuesta.

- Se lo propondré pronto, Archie. Ahora, sigamos viendo los pendientes que se me han acumulado por mi ausencia, después distribuiremos los días en el hospital para todos. Creo que deben saber que ha sucedido – expresó Albert, meditabundo. La imagen de su hija adoptiva inconsciente le producía una enorme tristeza

¡Extrañaba tanto su alegría!

Esa misma noche, reunieron a toda la familia y le comunicaron la noticia.

Paty y Annie se vieron discretamente. Al parecer, ya habían hablado. La Tía Abuela no puso objeción alguna al asunto, puesto que la prioridad era la pronta recuperación de Candy.

En cuanto se hubieron quedado solos, Archie, Annie y Paty comentaron lo sucedido:

- Creo que ambos merecen una nueva oportunidad – reflexionó Paty.

- Nunca imaginé ver al gran actor Terrence Grandchester arrodillarse de esa manera ante mi hermana ¡Hubieran visto el dolor con el que le hablaba! – la voz de Annie se quebró al recordar la escena. Archie tomó su mano.

- Candy merece la felicidad de nuevo. Solo espero que ahora sí, Terry tenga el carácter suficiente para luchar por dársela – masculló aún con cierto resentimiento el joven, aunque recordó enseguida lo que le había confesado Albert. Había decidido no decirlo a nadie más, ni siquiera a su esposa.

- Démosle tiempo al tiempo, amigos. Confío en que se recuperará pronto – les dijo Paty.

Heather escuchaba de lejos todas las conversaciones que habían sostenido acerca de Candy y su situación actual. Había contribuido al cuidado de su confidente y amiga, sin embargo, había sentido curiosidad de saber qué había sucedido con la aparición de ese actor. Le había dejado sorprendida que la gran estrella del momento hubiera sido demasiado importante en su vida

Albert le había hecho un comentario general tiempo atrás sobre lo que había sucedido y ella no insistió debido a que la propia Candy había sido reservada con su vida personal, al menos, en ese aspecto. Heather creía que la chica nunca había conocido el amor, pero ahora podía comprobar que Candy había sufrido mucho por un hombre.

Por suerte, le había correspondido la guardia, al día siguiente en que Terry se iría a descansar. No supo por qué, pero tuvo la necesidad de conocerlo.

Aprovecharía ese momento para hacerlo.


El día de la ansiada ceremonia había llegado.

En el lugar había una docena de individuos departiendo amablemente. La dueña del elegante apartamento se movía de un lado a otro, con la gracia digna de un miembro de la realeza, procurando que todos se encontraran cómodos. Había enviado a preparar bocadillos y servir finos vinos para agasajarlos.

Alexei se encontraba con un matrimonio de edad madura. Cuarenta años quizás, tendrían el hombre y la mujer, que respondían a los nombres de Charles y Alicia Handgrooves. Él se dedicaba a los bienes raíces y ella era una buena ama de casa. No tenían hijos. Tenían varios años perteneciendo al grupo esotérico. Se sentían contentos, puesto que habían conseguido lo que siempre habían deseado:

- Ya queremos conocer a esa chica especial que se nos ha de unir, Alexei – le dijo sugerente el hombre, mientras bebía de una fina copa de cristal cortado.

- Yo también ansío hacerlo. Shazia solo me ha hablado de ella. Al igual que ustedes, hoy tendré el gusto de conocerla – respondió mientras buscaba a la propietaria del apartamento con la mirada. Sonrió al verla departiendo con otros invitados, al otro extremo del lugar.

Susana se encontraba en la habitación "especial" de Shazia vestida con una sugerente túnica de gasa oscura transparente, mostrando parcialmente su esbelto cuerpo, completamente desnudo. Llevaba el cabello recogido con una horquilla plateada y su maquillaje era demasiado sugestivo. Sus labios eran de un rojo grana. No llevaba joyas ostentosas, más que un raro medallón plateado, conteniendo un símbolo extraño, del que supo más adelante, era el símbolo del baphomet.

Su amiga ya le había comentado lo que sería su iniciación, a grandes rasgos. Casi no le había puesto atención, pensando en el momento en que Terry regresaría a ella. La espera se le estaba haciendo larga, y seguía sin tener noticias de su paradero. "Seguramente se fue con su padre a Londres, dudo mucho que haya ido a buscarla. Quizá ya se casó y hasta tiene una familia", pensó con rabia, mientras su intuición le indicaba lo contrario.

Había podido conocer fugazmente a algunos de los invitados, pero Shazia le había recomendado dirigirse al cuarto para prepararse. No había visto al líder.

Echó un vistazo a lo que era el cuarto.

Observó los detalles de la decoración. Se acercó al enorme busto para conocer de cerca al extraño personaje, objeto del culto del grupo. Se podía notar un rostro demasiado apuesto. Imaginó por un instante el hecho de que la escultura fuese real. Por su mente se sucedieron muchas imágenes rememorando al actor, de quien había caído enamorada, esa tarde en que lo había conocido por primera vez, al ir a buscar trabajo a la compañía de Robert.

Un toque en la puerta la sacó de sus pensamientos. Era la doméstica que le llevaba algo de tomar. Dena la veía con cierta mezcla de curiosidad y recelo. No conocía la vida oculta de su jefa, sin embargo sabía que no eran cosas buenas las que se originaban en ese lugar. Afortunadamente, solo estaría hasta medianoche y se marcharía a su casa.

La voz de Shazia sonó a sus espaldas:

- ¿Está todo dispuesto ya, Dena? – preguntó con amabilidad y firmeza a la vez.

- Así es, señora. En este momento daba la bebida a la señorita Marlowe – respondió la muchacha mirando al suelo. Le daba miedo verla directamente a los ojos.

- Llevo mucho rato encerrada aquí, Shazia ¿Cuándo dará inicio la celebración? – no preguntó más, sabiendo que la doméstica no debía enterarse de lo que acontecería después.

- Muy pronto, pequeña. En unos minutos más estaremos reunidos contigo aquí en el salón. Si me permites, nos retiramos. Espero que la bebida te relaje un poco – sonrió levemente y se retiró con Dena.

Susana vio el vaso con el contenido oscuro y lo olió. Era un vino con mezcla de canela y otras sustancias aromáticas. Le dio un trago y sintió que su garganta se iba calentando conforme bajaba el líquido por su pecho.

Al cabo de unos minutos, comenzaba a sentirse demasiado desinhibida... y excitada, sin saber bien por qué. Lúdicas escenas junto a Terry se vinieron a su mente y decidió recostarse un poco sobre la base trapezoidal colocada frente al busto.

Se sentía un poco mareada.

Cerró sus ojos mientras se entregaba al placer que dichas escenas le daban, sin percatarse que la gente había comenzado a entrar al lugar. Nadie emitió sonido alguno, mientras observaban absortos, la imagen de Susana recostada sobre el altar, emitiendo ciertos gemidos de placer a causa del recorrido que sus manos hacían sobre su cuerpo y entre sus piernas.

Shazia y Alexei sonrieron extasiados. Al parecer, las cosas serían demasiado fáciles, y no supondrían mayor esfuerzo alguno. Era justo lo que necesitaban.

Los asistentes se enfundaron en sus largas túnicas negras y se acomodaron frente al altar, mientras el líder se colocaba junto a Susana, y comenzaba a hablar. Dos sujetos se colocaron a cada costado del altar, en señal de fungir como ayudantes del líder.

Los cirios fueron encendidos por Shazia en tanto que Alexei preparaba los instrumentos que necesitaría para la ceremonia. Comenzaron las letanías, asemejando una misa católica común y corriente. Sin embargo, las oraciones estaban invertidas, mientras se invocaba a una poderosa fuerza oscura.

Shazia se unió al grupo de adoradores, y siguió las oraciones con el resto de ellos. La atmósfera se sobrecargó de misterio y lujuria. Los cánticos comenzaron a hacerse más intensos. Alexei seguía recitando en un idioma ininteligible, frases que podían sentirse cargadas de odio.

El hombre había dibujado unos extraños signos sobre el vientre de Susana, mientras los demás volvían a retomar las oraciones. Recorría lujuriosamente sus manos por todo el cuerpo de la chica, mientras iba depositando sendos besos a lo largo del mismo.

Lo mejor estaba por venir.


El tiempo pasaba demasiado lento para la actriz.

La rubia se había entregado a un torbellino de emociones a la par en que Terry se encontraba sobre ella, cubriendo su cuerpo de besos. Se encontraba demasiado feliz, después de mucho tiempo. El actor la acariciaba vorazmente, mientras escuchaba unos lejanos sonidos que no supo distinguir. Gritó de placer al sentir que Terry le arrebataba con brutal fuerza la delicada prenda, dejando su desnudez al descubierto y vertiendo un frío líquido sobre su piel, pero no le importó.

Las manos del actor se movían salvajemente sobre sus pechos y bajaban frenéticamente hasta llegar al objetivo ansiado entre sus piernas, arrancándole sendos suspiros de placer. Podía sentir sus muslos demasiado húmedos, pero no quiso abrir los ojos, abandonándose a la extraordinaria experiencia de sentir que por fin, en mucho tiempo, él la haría suya.

De repente, sintió que la boca del actor, se posaba en su intimidad lo que le hizo arquear su cuerpo.

Nunca antes había imaginado tener sensaciones de ese tipo.

A la par que las caricias aumentaban, una sensación se iba acumulando en su vientre, explotando inmediatamente después, mientras intensas oleadas de placer recorrían cada milímetro de su piel. Sus gemidos se habían hecho más fuertes y cuando se estaba reponiendo del profundo orgasmo que acababa de sentir, una fuerte presión en su intimidad le anunció que su amado estaba por entrar en ella.

Se aferró a su fuerte espalda mientras la iba penetrando.

Guardó las lágrimas por el dolor que había sentido y que lentamente fueron cediendo para dar paso a un indescriptible placer que nunca antes había experimentado. Sentía las ásperas manos recorrer todo su cuerpo, propinándole a ratos una serie de rasguños, indicándole que estaba mucho más que gustoso, haciéndole el amor. Las fuertes embestidas de su amante, la volvieron a sumir en un éxtasis que la perdió hasta sentir nuevamente una inmensa oleada de placer.

La chica cayó rendida en brazos del hombre, mientras los cánticos habían cesado. Nunca se percató que los demás asistentes se encontraban completamente desnudos, arrodillados frente al altar. Sólo la imagen de Terry desnudo al lado de ella predominó en su mente.

Alexei había hecho una pequeña herida en uno de los brazos de la actriz, vertiendo un poco de sangre en un cáliz plateado, conteniendo un extraño líquido, que posteriormente dio a cada uno de los asistentes, con una hostia remojada en el mismo.

Acto seguido, depositó un poco de ese líquido sobre una bandejita del mismo material, frente a la escultura mientras todos mencionaban nombres demasiado extraños y mordían la hostia profanada que se les daba.

El líder había depositado frente a la imagen, un pedazo de tela, conteniendo los restos de sangre, resultado de la pérdida de la virginidad de Susana. El ritual no había podido salir mejor de lo que esperaban. Habían ofrendado una virgen a su dios, Arioch. Los cirios emitieron una fuerte llamarada al mismo tiempo, como en señal de agradecimiento por el regalo.

- Ya es parte de nosotros. Creo que he disfrutado demasiado esta iniciación – le comentó con lujuria Alexei a Shazia.

- Verás que es el inicio de muchas veladas placenteras – respondió ella, con una sonrisa de satisfacción.

- Se portó bastante bien. Diría que se ha deleitado enormemente con su ceremonia. Veo que ha hecho esto por causa de ese hombre. No cesaba de gritar su nombre – Alexei observó el cuerpo relajado de la chica, quien al parecer ya estaba comenzando a despertarse.

La pareja se dirigió a ella y la ayudaron a cubrir su cuerpo. Susana se encontraba demasiado aturdida y no podía caminar por sí sola. Alexei la cargó entre sus brazos, y la llevó a la recámara de huéspedes donde pasaría la noche.

En cuanto se hubieron retirado todos, Shazia se quedó junto a ella, esperando a que recuperase las fuerzas.

Después de un rato, Susana se incorporó e inundó de preguntas a su amiga:

- ¿Ya se fueron todos?, pero, si apenas y conocí a algunos. No recuerdo muchas cosas ¡Mi cabeza! – la chica se llevó las manos a las sienes, mientras Shazia hablaba.

- Tu iniciación ha sido un enorme éxito. Alexei está muy contento de haberte conocido ¿Segura de que no recuerdas nada? – inquirió la extraña mujer, mientras la observaba fijamente.

Las imágenes eróticas del actor llegaron a su mente, haciendo que se ruborizara un poco.

Sentía un poco de dolor entre sus piernas y comprendió inmediatamente lo que había sucedido. Quiso gritar, sin embargo, al saber que ahora sí podría lograr su tan anhelado deseo, no le dio importancia. Había conocido el mayor de los placeres y no se arrepentía en lo absoluto.

Volteó a ver a Shazia:

- ¿Todo fue cierto, verdad?, todo sucedió tal y como lo sentí, ¿no es así?, dime, ¿quién fue el que... me hizo sentir todo esto? – preguntó seriamente la ojiazul.

- Nuestro líder. Te había explicado que la iniciación abarcaba ese momento. Espero que no lo hayas olvidado – le recordó la mujer.

- ¿Y cuándo es que debo comenzar a hacer mis peticiones?, me urge saber qué sucede con mi prometido. ¡Debo tenerlo ya! – urgió mientras sollozaba quedamente.

Shazia la rodeó tiernamente con sus brazos, y comenzó a acariciar su cabello. La reconfortó con palabras dulces, mientras sus ojos brillaban con un destello malsano. Se encargaría de ayudarle a conseguir su cometido. Sonrió con firmeza. Mientras tomaba el mentón de la chica entre sus suaves manos habló:

- Pronto, Susie... pronto lo tendrás de vuelta a tus pies – le prometió, mientras la miraba directamente a los ojos.


Terry se encontraba, como ya era costumbre, frente a la cama de Candy.

Había pasado un poco más de una semana, desde que había puesto un pie por primera vez en Chicago, y Albert le había permitido cuidarla por las noches, con la condición de que descansaría cada tercer día, para evitar que también él se enfermara.

Los relevos eran tomados ya fuesen por sus madres, por Annie, Paty o Heather.

Había conocido a esta última, poco después de haber llegado a la ciudad. Le había llamado la atención la forma de ser de la muchacha, y no pudo evitar rememorar a su pecosa, puesto que ambas poseían actitudes muy similares.

Heather había sido demasiado sutil al preguntarle por su presencia, y aunque sabía quién era él, no había hecho comentario alguno más allá de preguntas generales y escuetas sobre la amistad que le unía a su futura hija adoptiva. Sabía que Albert había escogido a una excelente mujer y no podía menos que sentirse feliz por él, puesto que su mejor amigo sí tenía derecho a ser feliz al lado de ella.

"Y pensar que ni siquiera sé cuál será mi destino Candy. Tengo miedo... de sentir tu rechazo al verme de nuevo aquí, junto a ti", pensó mientras se sentaba junto a ella y tomaba sus manos.

Había llevado varios ejemplares de obras de Shakespeare, mismos que leía en voz alta, haciendo gala de su magistral talento, sabiendo que a Candy siempre le había gustado escuchar de sus propios labios, las historias del escritor inglés.

Muchas veces era interrumpido por los breves aplausos de una que otra enfermera que llegaba a verificar a la rubia, sacándolo de su concentración. Ya se les estaba haciendo habitual ver al famoso actor en aquella habitación.

Terry había solicitado discreción absoluta al director del lugar para evitar ser molestado, y sobre todo, para no meterse con periodistas incómodos, que podrían ocasionarle problema alguno con Susana. Las enfermeras le habían jurado su total discreción por igual.

Esa tarde, después de estar leyendo fragmentos de piezas teatrales sueltas, Terry se había quedado observando a Candy fijamente, mientras su mente se perdía en muchos memorables recuerdos.

Se acercó a ella, y se sentó al borde de la cama. Sonrió con toda la ternura que tenía dentro de sí, mientras acariciaba una de sus mejillas. Recordó de repente, aquel único beso que le había robado, ese día en Escocia. En un impulsivo acto, se acercó a ella, entrecerrando los ojos, y posó delicadamente sus labios sobre su boca. Permaneció así por un breve rato, mientras sentía su pecho moverse acompasadamente al ritmo de su respiración calmada.

Cuando se incorporó, no pudo evitar sentirse culpable por lo que había hecho. Se reprochó internamente su conducta, al haberse aprovechado de la condición en la que se encontraba Candy, para besarla.

- No vuelvas a hacer eso, Grandchester – sonó la voz de su consciencia en su interior.

Terry se dirigió hacia la ventana, y se quedó mirando por un rato hacia el paisaje que se presentaba ante sus ojos. Observó los enormes árboles que se encontraban en el enorme jardín del hospital, e imaginó a la rubia trepando traviesamente por los mismos.

- Mona Pecas – recordó cariñosamente el actor, mientras volteaba a verla, y de repente, su expresión se congeló.

Candy se encontraba con los ojos demasiado abiertos y la mirada perdida en el techo.

Terry se acercó a ella y le habló desesperadamente, mientras la llamaba, tomándola de los hombros:

- ¡Candy, Candy!, ¿me escuchas?, ¡Candy!, ¡mi amor!

Se asomó a la puerta y gritó eufóricamente para que alguien llegara a la habitación.

Por suerte, un doctor iba pasando con una enfermera por ahí y pudieron ver al actor nervioso.

- ¿Qué sucede? – preguntó el galeno, mientras se dirigía rápidamente hacia la cama de la rubia. Vio que tenía los ojos abiertos y Terry la tomaba de los hombros nuevamente.

- ¡Ha despertado, doctor!, ¡Candy ha despertado! – respondió ansioso, en tanto que la enfermera se acercaba a separarlo.

Ante el escándalo, llegaron más enfermeras, y como pudieron, lograron sacar al actor del cuarto. Este estaba demasiado exaltado. No quería separarse de ella por ningún motivo.

- ¡No quiero salir de aquí!, por favor, ¡dígame que está bien!, ¡que ha reaccionado!, ¡no me separen de ella! – gritó Terry, mientras el doctor seguía inmerso en su revisión.

Después de un momento, que a Terry se le hizo eterno, el doctor se volteó hacia el actor y negó con la cabeza:

- Lamento decirle que estas son reacciones normales joven. Candy está igual que cuando ingresó. El coma es un estado aún desconocido por nosotros y muchas veces, el cuerpo realiza movimientos que nos hacen creer por un momento, que los pacientes ya se encuentran bien – explicó a grandes rasgos, mientras colocaba una mano sobre los párpados de Candy y volvía a cerrar sus ojos.

- Pero... ella estaba despierta... pudo haberme escuchado... – la voz del inglés se apagó poco a poco. Las enfermeras trataron de animarlo, tomando sus hombros.

- Se pondrá bien, joven. No perdemos las esperanzas de que su recuperación sea pronto – dijo una de ellas, mientras sonreía.

Él no les prestó atención. Seguía perdido viendo a la chica dormida. Ni cuenta se dio que se había quedado solo.

Las lágrimas llegaron a sus ojos y nuevamente, descargó todo su dolor, de rodillas en su cama, mientras hundía el rostro en las tibias manos de la joven enfermera.

Permaneció así por un buen rato.


- No sufras, Terry – murmuró Candy desde algún punto superior en el cuarto. Le había entrado una enorme ansiedad por acercarse a Terry y abrazarlo.

- ¡Estaré bien... mi amor!, tus solas palabras me hacen sentir tan bien, cada que las escucho. Recuerdo cuando me leías obras junto al lago en Escocia – la rubia le observó fijamente.

Seguía sin poder moverse.

Se le hacía tan extraño lo que estaba sucediendo a causa del accidente.

Ella, quien siempre había sido temerosa de lo desconocido antaño, ahora se había volteado del bando completamente escéptico gracias a su acercamiento a la ciencia. Pero, ¿qué era todo lo que había visto, después de caer en esa inconsciencia?, ¿cómo podía explicar racionalmente, el contacto que había tenido con sus primos muertos hacía mucho tiempo?, ¿por qué seguía viendo todo lo que acontecía a su alrededor, a pesar de estar en una cama?, ¿por qué estaba consciente de cuánto le platicaban y sucedía?, ¿por qué no podía moverse?

Eran tantas las interrogantes que inundaban su cabeza, que terminaba desistiendo de seguir pensando en ellas.

No podía dejar de observar con amoroso fervor a su antiguo compañero de colegio.

- ¡Cuántas ansias tengo de abrazarte y perderme en tus brazos, Terry! – pensó la rubia, mientras seguía observándolo.

- ¿Qué ha sido de ella? Dudo mucho que se haya quedado de brazos cruzados – al instante, las últimas frases de Anthony, al despedirla de aquel lugar, le llegaron de repente: "nunca olvides que te protegeremos, por más que sean difíciles las cosas Candy. Debes ser fuerte y pensar que tienes dos ángeles que te cuidarán por siempre".

Se quedó pensativa. Nunca comprendió por qué había recordado, precisamente esas palabras, al pensar en Susana.

- ¡Dios mío!, ¡por favor!, ¡protégenos a todos! – pidió instintivamente Candy, mientras cerraba los ojos, y elevaba una oración.

Tuvo el presentimiento de que momentos difíciles llegarían mucho más adelante.

Dentro de su corazón, una enorme angustia se iba acumulando.

- Seré fuerte... por más que las condiciones sean adversas – pensó, mientras comenzaba a orar:

...Aunque pase por el más oscuro de los valles,

no temeré peligro alguno,

porque tú, Señor, estás conmigo;

tu vara y tu cayado me infundirán aliento.

Cuando abrió los ojos, vio que Terry se había quedado dormido, sentado en la silla, mientras recargaba su cabeza sobre su regazo.

Supo que ya no se separarían.


Annie se encontraba esa tarde en el Hogar, recogiendo los restos del material que había utilizado esa tarde, en la última clase con sus alumnos. Estaba limpiando los restos de tiza que había sobre su escritorio, y colocando los lápices de colores y papeles de diverso tipo en el enorme armario que tenía para tal efecto.

Una vocecita la sacó de su concentración:

- ¡Mami, mami!, ¡te extrañé mucho hoy! – la pequeña Anisha se fue encima de su madre, cubriéndola de besos, mientras la chica la estrechaba entre sus brazos.

- ¿Cómo te has portado hoy, mi amor? – le preguntó, mientras se colocaba a su altura, para poder conversar con ella.

- Bien, mami, hoy hice todos mis trabajos y acabé pronto. La profesora me puso una estrellita en la frente... pero se cayó – respondió con un puchero.

- Más bien, cierta nena inquieta y muy saltarina, anduvo por todos lados moviéndose sin poder permanecer tranquila – la voz de Paty sonó en la entrada del salón

Annie le guiñó un ojo mientras veía seriamente a su hija:

- A ver damita... ¿me puede explicar eso más detalladamente? – su voz sonó grave.

- Mami... eso no es verdad... yo solo estuve buscando algo más que hacer... no quise molestar a la maestra – se defendió Anisha, mientras apretaba el borde de su faldita.

- Te he dicho que cuando acabes tus deberes tienes que permanecer en tu lugar, cariño. No es correcto que distraigas a tus demás compañeros – le dijo su madre de manera tranquila.

- Lo haré la próxima vez, pero ahora, quisiera preguntarte algo: ¿dónde está mi tía Candy?, hace mucho que no la veo. Me dijiste que saldría pronto del hospital y no puedo verla. Ni siquiera me has llevado a dónde está – Anisha no notó que su madre luchaba por no llorar.

- Ella sigue un poco enferma. Ahora le es imposible salir, y en el lugar donde se encuentra, no permiten el acceso a niños. Tendrás que esperar – le dijo mientras la abrazaba y veía a Paty, quien también se había quedado seria.

- La extraño mucho, mami. Tengo muchas ganas de verla. ¡No quiero que se muera! – la pequeña se refugió en el regazo de su madre y comenzó a llorar.

- Pero, Anisha, ¿de dónde sacas que Candy morirá?, no, mi amor, ella se pondrá bien. Vas a ver que pronto podrán sentarse a jugar como antes – Annie sacó fuerzas para contestar de manera serena – ahora, ve por tus cosas, y te espero aquí – la niña salió corriendo.

Paty se acercó a ella, y dejó escapar un suspiro largamente contenido. Las semanas seguían pasando, y su mejor amiga no mostraba mejoría. Ni siquiera la presencia de Terry había podido contribuir a su recuperación:

- Es demasiado difícil esta situación, Annie. Sé que debemos permanecer tranquilos, pero... el tiempo pasa y ella no despierta... Albert está igual de intranquilo. Todos los que la rodeamos y cuidamos seguimos al tanto de su estado, sin embargo, no hay nada – Paty se dejó caer sobre la silla del enorme escritorio. Se veía abatida.

- Tenemos que seguir con fe. No podemos doblegarnos ahora. Presiento que estará bien pronto – tomó sus hombros por detrás de ella, mientras cerraba los ojos con fuerza.

- ¿Has hablado con Terry?, sólo he podido verlo fugazmente en el cambio de turno. Admiro mucho el que haya decidido cuidarla casi todo el tiempo. Me parece que... nunca ha dejado de amarla – Paty volteó a ver a su amiga.

- He podido conversar con él. También tengo esa impresión, sin embargo, si me gustaría ponerle en claro que primero debe definir bien su situación antes de ahondar cualquier tipo de relación con Candy – Annie se volvió seria.

- ¿Qué quieres decir?, no entiendo – la chica de ojos marrón la miro confundida.

Annie se separó de ella y se dirigió hacia la ventana. Se puso las manos por detrás, mientras su mirada se volvía severa:

- Me refiero a que no dejaré que se acerque a mi hermana hasta que no haya deshecho ese compromiso con Susana Marlowe – su voz se escuchó por todo el salón.

Súbitamente, un fuerte viento se dejó sentir fuera, emitiendo cierto silbido, lo que provocó un escalofrío en ambas mujeres. Anisha llegó corriendo asustada por el ruido, abrazando a su madre, mientras Paty se acercaba a su amiga, observando el feroz movimiento en las hojas de los árboles.

Una tormenta se desató en el lugar y las jóvenes corrieron rápidamente a cerrar todas las ventanas. Anisha no se separó de su madre.

La niña nunca comentó que, mientras ellas hacían su labor, una tenue sombra había recorrido todo el pasillo deteniéndose justo frente al salón en el cual Candy solía dar clases. Cubrió su carita con la falda de su mamá, para no verla.

Cuando volteó de nuevo, la figura ya no estaba.