CAPÍTULO VIII
Susana Marlowe se encontraba esa noche bajo la copiosa lluvia, con el bulto largamente buscado, entre sus brazos. La chica había puesto un biberón en la boca del pequeño para evitar que hiciera demasiado ruido. Se dirigía rumbo al apartamento de Shazia, puesto que la joven ya tenía preparado todo para que el ritual se llevase a cabo ese día.
El cochero la había dejado a un par de calles del lugar a petición suya y para no levantar sospechas, por lo que ella tuvo que caminar un largo trecho hasta que se encontró en la puerta del sombrío edificio. El bebé se revolvía inquieto entre sus brazos.
La muchacha llegó al apartamento, y fue recibida inmediatamente por la misteriosa mujer. La gente se encontraba ya reunida y Shazia ayudó a Susana a cambiarse las ropas y a cuidar a la criatura, mientras Alexei afinaba los detalles para el ritual.
La actriz se encontraba en el baño secándose y sin poder reprimirlo, soltó un breve llanto, sin embargo, al pensar de nuevo en Terry, sintió de nueva cuenta las suficientes fuerzas que le permitían seguir manteniendo ese infame coraje que le invadía y nublaba la mente por completo.
Regresó a la sala de estar y estuvo charlando con alguno de los presentes, alejando los funestos pensamientos de su mente. Alexei se acercó a ella y disimuladamente se la llevó. Se introdujeron en uno de los cuartos próximos a la sala. El contacto de sus manos sobre sus partes íntimas le hizo olvidarse del bebé.
Susana se había vuelto su amante tiempo atrás y no desaprovechaba la situación para poder tener encuentros furtivos.
El hombre la volteó contra la pared, mientras subía su falda con urgencia. Con las manos acarició su trasero en tanto iba despojándola de su ropa interior. Al pasar sus dedos por su húmeda entrepierna, percibió un ligero temblor en el caliente cuerpo de la rubia, por lo que se preparó para el siguiente paso. Ni tardo ni perezoso se bajó los pantalones y rápidamente entró ella al mismo tiempo que se asía a sus senos.
La joven gimió de placer al sentirlo en su interior.
Ella logró agarrarse de una mesa que estaba cerca mientras éste le tomaba de las caderas y embestía con mayor intensidad. Su respiración fue en aumento, preludio del clímax que se avecinaba. Hasta ese instante, había disfrutado enormemente de las relaciones íntimas que sostenía con su amante. En su mente, prefería creer que era Terry quien la poseía de esa manera tan salvaje y brutal. Se había obsesionado con su imagen.
Una placentera sensación emergió desde su vientre extendiéndose a todo su cuerpo. El sudor cubrió su frente mientras creyó perder el conocimiento momentáneamente a la par que la sensación orgásmica recorría cada parte de sí.
Alexei siguió moviéndose en su interior hasta que se vació por completo. Los femeninos gritos inundaron el cuarto excitándolo aún más. La prefería sobre Shazia para sus encuentros sexuales, al verla tan joven y llena de vida. Después se dirigieron hacia la cama cercana donde permanecieron inmóviles por varios minutos, esperando a que se normalizaran sus respiraciones.
Había sido un explosivo encuentro.
Al verle partir, Susana se incorporó de la cama, percibiendo cierto líquido pegajoso en su entrepierna. Una repentina preocupación le llegó a la mente: ¡podría quedar embarazada! "¡Maldita sea! Terry no me aceptará en ese estado. Debo buscar una solución".
Lo dejó para después y se apresuró a regresar con el grupo de nuevo.
Sus mejillas lucían coloradas debido a la enorme excitación y eso no pasó desapercibido por los demás quienes emitieron risas discretas. Shazia sonrió maliciosamente al saber lo que había sucedido.
- Debemos irnos al cuarto de sesiones. La criatura ya se encuentra ahí – indicó la mujer.
Las personas se dirigieron hacia el lugar indicado. El bebé se encontraba sobre la mesa trapezoidal, completamente desnudo. Una de las ancianas mujeres lo vigilaba.
Alexei llegó después, y se acomodó frente al altar.
Sus dos ayudantes hicieron lo mismo a su costado.
La ceremonia comenzó, mientras los chillidos del niño aumentaban, al igual que los cánticos. El horror de lo que se estaba viviendo en ese momento, llegó a su punto culminante justo en el instante en que el líder tomaba un delgado cuchillo largo de plata de la mesa, haciendo una herida profunda en uno de los brazos del pequeño, a la par que un líquido rojizo salpicaba su cara. Los llantos seguían escuchándose. El hombre estaba convencido de que su sangre invocaría poderosas fuerzas malignas. Su intención no era matar al bebé.
Eso nunca lo supo la actriz.
Susana comenzó a sentir una enorme necesidad de vomitar, mientras su frente se encontraba perlada de sudor, lo que le hizo arquear su cuerpo, al momento que una oscuridad envolvía su visión. Ya no supo nada más de sí. La chica se había desmayado, al parecer de la impresión. Los demás siguieron inmersos en la celebración sacrílega. Shazia se había dado cuenta de reojo, pero esperó a que todo terminara para auxiliarla. Intuía la misma preocupación de la actriz.
Fuera, el clima cambiaba radicalmente.
La lluvia había arreciado desde entonces y la figura solitaria de una mujer se erguía en la parte posterior del edificio. Estaba buscando una manera de poder entrar al mismo, al saber que su hija se encontraba ahí. La había seguido hasta el lugar donde se encontraba el hospital y la vio salir con el bulto en brazos. Quiso gritar del horror pero se contuvo. Llegaría hasta el fondo con tal de esclarecer lo que su hija hacía dentro del lugar.
Logró divisar a un costado del edificio, la pequeña ventana de lo que parecía ser un sótano. Con sumo cuidado, y vigilando a su alrededor, cerciorándose de que no había alguien cerca, intentó entrar por el estrecho espacio, lo que le costó un buen golpe en una de sus piernas. Finalmente, pudo hacerlo.
Se escurrió entre el oscuro lugar mientras un intenso escalofrío recorría su espina dorsal. El ambiente era demasiado lúgubre y sentía a ratos que le faltaba el aire. Anduvo a tientas tratando de buscar un interruptor, pero nunca lo consiguió. Siguió con su camino, tratando de no caer y dio con lo que parecían ser unas escaleras. Comenzó a subir lentamente, mientras trataba de abrirse paso, con el enorme faldón de su vestido. Estaba demasiado exhausta. Finalmente logró tocar lo que se adivinaba era una puerta. Tomó el picaporte y lo giró.
El aire fresco le dio de lleno en la cara, mientras su mirada recorría el lugar donde se encontraba. Al parecer, era un estrecho pasillo que seguramente conduciría hacia los apartamentos. Comenzó a caminar, mientras observaba con ligereza los extraños detalles de los acabados en madera. Realmente el lugar era sobrecogedor.
Continuó con su marcha, a lo largo del interior de la construcción, sin encontrarse, para su sorpresa, con alguien. Las luces eran tenues, lo que daba un aspecto demasiado inquietante al lugar.
La señora Marlowe llegó al primer nivel del edificio, mientras oía algunas voces del lado contrario que se acercaban a donde se encontraba ella. Como pudo, logró divisar en la pared, un estrecho recoveco en algo que parecía ser como un clóset o compartimiento para guardar objetos. Logró acomodarse ahí, mientras esperaba a que las personas se alejaran de ella. Sin embargo, lo que escuchó la dejó helada: eran los sollozos de un bebé.
- Debes cerciorarte de dejar el cuerpo lejos de aquí. Sería demasiado exponernos al irlo a dejar a un hospital. Tal vez no sobreviva. Recuerda bien: lo más lejos que puedas – ordenó el hombre. El otro asintió.
- No te preocupes, haré muy bien mi trabajo. Estuvo muy buena la ceremonia ¿no crees?, por cierto, ¿cómo va tu relación con esa actriz?, nos hemos dado cuenta que se la pasan muy bien juntos. Solo espero que no la vayas a dejar embarazada – le dijo en tono sarcástico el otro.
- Eso es asunto mío. Créeme que no habría más satisfacción para mí que el procrear un hijo varón. Me relevaría en el grupo más adelante. Lo iniciaría en el ritual tan pronto como estuviera grande. Ya lo había analizado antes. Shazia no puede tener hijos pero Susana, me hará el enorme favor de tenerlo. Por supuesto que no permitiré que se quede con ese hombre ¡Ella es solo mía! – le dijo mientras se iban alejando más del lugar.
Edna ahogó un sollozo.
No podía creer lo que acababa de escuchar.
Su Susie, estaba involucrada con un maleante, y lo peor era que, podría estar embarazada de él.
Los vellos de su piel se erizaron al hablar de ese cuerpo, quizá el bebé que seguramente Susana había logrado encontrar. Una enorme nausea le corrió del estómago a la garganta, pero se controló. Tenía que hacerse de la criatura y llevarla de emergencia al hospital. No quería tener sobre su existencia el peso de no haber hecho nada por ese bebé. Controló sus impulsos de llorar.
Esperó un largo tiempo, que se le hizo eterno, mientras uno de los hombres regresaba a su lugar. No quería topárselo en el camino de regreso. Necesitaba salir de ahí. Lo que fuera que hubiera sucedido antes de su llegada, ya no estaba tan segura de querer averiguarlo. Ya después acudiría a la policía, aunque tuviera que delatar a su hija.
No podía permitir que siguieran matando más criaturas inocentes.
Lo peor de todo era, que, ¡su hija estaba inmiscuida en esos horribles asesinatos! "¿Qué pasará si Susie está embarazada de ese tipo?, ¡Dios mío ayúdame!, ¡es horrible lo que acabo de escuchar!", pensó mientras apretaba fuertemente sus manos para no soltar un sollozo. Los pasos que se acercaban le hicieron sumirse en un profundo silencio.
Logró atisbar a la figura que venía de regreso y esperó a que se perdiera de vista. Le dolían las piernas por la posición en la que se encontraba, pero aguantó. Finalmente, pudo asomar la cabeza y al ver que no venía nadie, se dirigió de nuevo hacia ese horrible sótano. Comenzó su descenso de nuevo.
La oscuridad la aterró aún más y nuevamente, a tientas, fue caminando hasta llegar a la ventana por donde había entrado. Logró aferrarse con las pocas fuerzas que le quedaban y la abrió. De a poco fue sacando su cuerpo y se alejó del edificio. Por encontrarse demasiado alejado, casi no había construcciones en los alrededores, así que empezó a correr lo más que pudo, mientras la lluvia empapaba su figura y confundían las lágrimas que salían de su rostro. Seguramente el tipo no se encontraría lejos de ahí.
Divisó al hombre a lo lejos y se dirigió en dirección hacia donde se encontraba. El sujeto le gritó:
- ¡Alto ahí!, ¿quién es? – su voz estaba temerosa. Se percató de que lo habían descubierto.
- ¡Sé lo que acaban de hacer!, ¡son unos malditos!, ¡cómo es posible que se valgan de inocentes para cometer sus fechorías!, ¡esto no se quedará así!, ¡iré con la policía!, ¡dame al pequeño! – gritó histérica la madre de Susana.
- ¡Ya lo veremos!, ¡no lo permitiré! – el hombre se abalanzó contra ella y una feroz lucha comenzó. El tipo le dio una bofetada mientras Edna gritaba con todas sus fuerzas. El llanto de la criatura le advirtió que no estaba lejos.
Siguieron forcejeando, pero la supremacía física del hombre pudo más y finalmente logró asirse de su cuello por lo que comenzó a ahorcarla. Los ojos de la mujer parecían salirse de sus órbitas. Una expresión de odio y rencor se podía percibir en su mirada. Una serie de últimos estertores salieron de su garganta, indicando que su fin estaba cercano:
- ¡Muere! – fue lo último que alcanzó a escuchar antes de sumirse en una oscuridad sin fin.
Edna Marlowe acababa de morir, llevándose el secreto de su hija a la tumba.
Momentos después, llegaba a la entrada del hospital, una mujer en condiciones deplorables y con la mirada perdida, cargando a una ensangrentada criatura que apenas se movía, mientras se debatía entre la vida y la muerte. Su andar era demasiado pausado, como si las piernas le pesaran en demasía. Su vestido estaba muy sucio y lleno de lodo. Su rostro era el vivo retrato del sufrimiento y dolor. Tenía algunas heridas cerca del párpado y el labio, producto de fuertes golpes.
Afortunadamente, una enfermera que se encontraba cerca de ahí salió a su encuentro y al ver el estado de la señora, así como la sangre que cubría al pequeño, se sobresaltó e inmediatamente le ayudó a cargarlo mientras se dirigía hacia el lugar en busca de ayuda.
Durante su trayecto no volteó hacia atrás, creyendo que la misteriosa mujer le iría siguiendo. Cuando sus compañeras la rodearon mientras atendían inmediatamente al pequeño, la chica no pudo dar crédito a lo que sus ojos veían:
La mujer había desaparecido sin dejar rastro alguno.
Personal del hospital se turnó para localizarla en los alrededores, durante largo rato, pero nunca dieron con ella.
No hubo explicación racional al evento acontecido.
Terry se había sentado en uno de los sillones sin dejar de observar a la hermosa chica rubia que tenía frente a él. Desde que la había visto salir de ese vehículo, no había dejado de admirar su imponente belleza. Supo que su amor por ella no solo seguía intacto, sino que había aumentado desmedidamente. Tenía unas locas ganas de abrazarla, pero el sólo hecho de recordar su indiferencia al verlo junto a ella, se las había reprimido.
Por su parte, Candy se acercó un poco más hacia donde el inglés se encontraba y le envió una de sus mejores sonrisas. No quería hacerle sentir mal, más ahora que pensaba hablar con él, como antaño solía hacerlo cuando eran… amigos. Quería hacerle sentir en confianza.
- Sigo agradeciéndote el que me hayas cuidado durante mi convalecencia – inició Candy su conversación.
- No tienes que hacerlo. Siempre has sido una persona muy especial en mi vida – al instante el actor se calló. Había dejado que sus sentimientos hablaran por él. Se reprochó por dentro.
- Gracias por tus palabras. Tú también has sido un gran amigo para mí – respondió sonriente la ojiverde.
"Un amigo, sólo eso, un amigo. ¿Acaso me habrás olvidado ya, Candy?", pensó para sí. Su mirada se tornó triste y la joven enfermera se dio cuenta de ello, sin embargo, siguió con la charla.
- ¿Cómo has estado?, imagino que sigues actuando ¡Seguramente has de ser un actor reconocido! – le comentó mientras observaba sus reacciones. Sabía que era una mentira. Ella era su fan número uno, y siempre seguía con interés todo lo que acontecía sobre su vida, y era su secreto más profundo. Ni siquiera Annie lo sabía. Sin embargo, no seguía la historia de escándalos amorosos que rodeaba a la estrella. No lo soportaba.
"¿Será posible que no sepas de mi vida?, ¿acaso no sigues más las noticias sobre mí? ¿Por qué tu mirada me dice otra cosa?, tal vez, debería decirte al menos lo que siento por ti y no seguirlo callando más tiempo. Necesito que me escuches…después de todo este infierno que he vivido", el zafiro de sus ojos oscureció a la vez que un pensativo Terry tomaba una decisión, mientras se acomodaba en el borde del sillón. No sería más un cobarde, no ahora que tenía la oportunidad de estar frente a ella. "¡Escúchame… mi amor!", imploró por dentro.
- Así es, Candy. Sigo actuando y no quisiera presumir que soy el mejor actor, pero me han dado reconocimientos por ello. Créeme que es lo que menos me importa. Me siento satisfecho de estar en lo que realmente amo. Creí que lo sabrías – su tono sonó con un ligero reproche.
- No es necesario estar al tanto de eso. Siempre supe que llegarías muy lejos. Eres un hombre muy talentoso. Siempre he confiado en ti, y nunca perdí la esperanza de verte actuar de nuevo, solo que mis ocupaciones ahora me dejan menos tiempo libre para mí. Mis prioridades son la vida de mis pequeños – se defendió la chica, mientras su voz sonaba demasiado maternal, lo que hizo imaginar situaciones inverosímiles, al actor. Cuántas noches había anhelado estar a su lado, llevando una vida de pareja y por qué no, con hijos. Acentuó su vista sobre ella.
- Albert me puso al tanto de lo que has hecho y no puedo menos que expresarte mi admiración por dedicarte a tan loable y hermosa labor. ¡Eres una mujer maravillosa! – la expresión de Terry fue demasiado evidente. Ella sonrió con ternura y terminó por atrapar al inglés.
- Yo… no sé qué decirte ¡Nunca me habían dicho esas palabras! – fue lo único que atinó a responder la chica. Terry aprovechó para dejar salir todo lo que sentía. Era ahora… o nunca.
- Candy…yo, quisiera decirte algo, y te confieso que tengo miedo de lo que vendrá después, pero ya no me importa. Sé que antes fui demasiado cobarde y débil para aceptarlo y luchar por ello. No quisiera seguirlo guardando por más tiempo, y espero que no me interrumpas, por favor, ¡escúchame! – el aristócrata se levantó de su asiento y caminó brevemente hacia ella. Se sentó a sus pies, como si fuera un niño. Aunque en realidad, quería verla más de cerca - creí que había podido superar lo sucedido aquella fría noche en la que nos separamos, pero a pesar de que ya pasaron tantos años, no hay día en que no siga reprochándome lo tibio que fui al aceptar tu decisión. Creí ilusamente que podía manejar mis sentimientos pero…no fue así. Siempre estuviste en mi mente. No hay triunfo profesional que no haya dedicado a ti. Fuiste mi refugio, mi conciencia, mi guía a lo largo de todos estos años y aunque en un principio intenté reprimirlo para poder amarla a ella, nunca lo logré. Me refugié entre tantas mujeres, buscando cariño como un perro faldero, logrando aumentar ese enorme vacío en mi alma. Nunca me percaté, que en mi pesar, arrastré hacia ese abismo de amargura a Susana – el nombre ocasionó un vuelco en el corazón de la chica, pero lo disimuló – y desde entonces, mi vida se ha vuelto un verdadero infierno. Solo el gusto por el teatro me mantiene vivo. Sin embargo, no veo otra ilusión más por la cual vivir. No es fácil para mí decirte todo esto, pero al menos quisiera que antes de que parta, lo sepas. Candy….yo ¡te sigo amando! – aquella declaración inesperada hizo que la rubia abriera los ojos como platos, mientras las lágrimas se asomaban a sus ojos.
- ¡Terry!, pero ¿qué dices?, ¿acaso no te has casado aún? – intuía internamente la respuesta.
- Jamás lo haría sin amar a esa persona. Susana ha estado reclamándome todos estos años mi deber y sinceramente, no creo hacerlo. No la soporto, pero debo seguir atado a ella por esa estúpida promesa. La muy arpía ha dejado entrever que ansía mi dinero y el título nobiliario de mi padre, pero obviamente, se lo ha negado. Candy, dime, ¿tú si pudiste cumplir tu promesa?, ¿eres feliz? – Terry siguió observándola.
Candy desvió la mirada, mientras sollozaba en silencio. Se encontraba llena de un mar de emociones. El amor de su vida llevaba una miserable existencia. "¿Qué te pasó aquélla noche?, ¡parecías amarlo tanto!, lo habías dicho antes de… ¿por qué?", se preguntó internamente mientras las lágrimas seguían resbalando por sus mejillas. Además, no esperaba que Terry fuera a declararle pronto su amor, sin embargo, muy en el fondo, sentía que una esperanza renacía en su vida. Se quedó callada por un momento, y después, ya estando más tranquila, volvió a hablar. Durante todo ese tiempo, el inglés había permanecido en silencio, esperando a que le diera una respuesta. Su voz estaba quebrada por la emoción:
- He sido muy feliz. He podido enfocar mi felicidad ayudando a otros. No sabes cómo me llena el ver una carita sonriente, mientras me abraza cubriendo de besos mis mejillas. O saber que si un niño cae enfermo, contará con atención médica pronto – el semblante del inglés fue de decepción, misma que disimuló, la rubia prosiguió – sin embargo, nunca volví a interesarme en tener una relación con alguien más – Terry la interrumpió.
- ¿Por qué?, ¿qué te hizo tomar esa decisión? – inquirió curioso.
La chica se mordió el labio inferior en señal de indecisión. Finalmente, dejó fluir aquel sentimiento largamente oculto. Tampoco quería seguirlo reprimiendo:
- Porque tampoco he podido olvidarte, Terry – no dijo más. Eso le había sorprendido hasta a ella misma. Al mismo tiempo, daba por concluido lo que su interlocutor quería escuchar.
- ¿Me sigues amando? – la ansiedad asomó a su varonil voz.
- Sí – y la joven comenzó a sollozar.
Un tétrico rayo iluminó la estancia, dejando sentir su potente sonido, mientras la lluvia seguía cayendo a cántaros sobre el lugar.
Terry se acercó a ella y dulcemente se fundieron en un abrazo.
No supieron cómo, pero sus bocas se acercaron demasiado. Ambas miradas, azul y verde, se enfrentaron y se fueron entrecerrando conforme ambos iban uniendo sus labios. Un dulce beso dio inicio, volviéndose apasionado y desesperado al mismo tiempo. Los años de espera hacían acto de presencia en ese momento, mientras las respiraciones iban en aumento, al igual que la temperatura corporal de sus cuerpos.
El inglés estrechó más a la joven entre sus brazos y en un impulso, hundió su boca en la comisura de su cuello, arrancando un débil gemido a la chica. Una sensación extraña se apoderó de Candy a la par de que una enorme necesidad de tenerlo cerca emergió en su interior. Como si tuviera que ocupar un espacio vital dentro de su ser. Se entregó a la deliciosa sensación mientras el inglés besaba su cuello y su inmaculado pecho.
Otro rayo cayó, lo que sacó del momento tan emotivo a ambos jóvenes. Candy lucía sonrojada y eso enloqueció más a Terry. Entendió lo que estaba sintiendo en ese instante la chica. Le dio un beso en la frente. Una enorme liberación se había producido en su alma.
- Debes descansar. Mañana hablaremos con calma – el actor no se disculpó por lo que acababa de suceder.
Candy no respondió y se dejó conducir por el chico hacia su habitación.
Ambos se despidieron con un suave beso y se encerraron en sus recámaras.
Mientras eso ocurría, Heather sonreía enigmáticamente en su habitación. Lo había visto todo, desde que habían comenzado a besarse. Había ido a la cocina a tomar un poco de agua y unos murmullos atrajeron su atención. Se asomó por el quicio de la puerta y vio de reojo el amoroso encuentro. Sin hacer ruido se retiró. Le daba gusto que su amiga por fin pudiera darse la oportunidad de amar y mejor aún, con aquel quien fuera en su momento, su primer y único amor.
Pero, recordó también la plática que había tenido con Annie, hacía unas cuantas horas, mientras todos celebraban que Candy estuviera de regreso:
- No podrá estar con ella hasta que haya roto ese compromiso en Nueva York – había dicho nuevamente la morena.
Heather la había secundado.
Debían hablar con Terry y la cita sería muy pronto.
