CAPÍTULO IX

Robert Hathaway se encontraba esa tarde en su despacho, verificando los contratos de los posibles actores para su próxima puesta en escena. Como siempre había distinguido a su compañía, volverían a actuar una obra de Shakespeare, aunque seguía en pláticas con el guionista para decidir cuál ejecutarían.

Esperaba tener noticias de Eleanor y Terry, ya que tenía casi una semana de haber visto a la estrella teatral. Confió en que las cosas se habían mejorado en Chicago.

Mientras leía, unos leves toques se oyeron a su puerta. Era Karen Klaise, la actriz principal de sus obras. Su semblante expresaba cierta preocupación:

- Hola, Robert, disculpa que te interrumpa, pero creo que debes saber esto: Susana se encuentra aquí – éste la interrumpió.

- No quiero verla Karen, dile que se marche. No es bien recibida aquí – le dijo en tono molesto. Karen volvió a hablar.

- Se ve desesperada. Está llorando. Dice que su madre ha desaparecido – el hombre volteó a verla con la preocupación en su rostro.

Salió detrás de Karen y la vio ahí, en el pasillo, consternada y triste. De repente, vio que la figura de la ex actriz era demasiado frágil y pequeña. La soberbia chica no existía en ese momento. Le habló cuidadosamente:

- Qué tal, Susana ¿En qué te puedo ayudar? – preguntó caballerosamente.

La chica, volteó a verlo, mientras continuaba hipando, y secaba con un pañuelo sus hinchados ojos;

- ¡No supe a quién recurrir!, mi madre no ha regresado en todo el día ¡He estado buscándola por todas partes!, es como si se hubiera desvanecido – rompió en llanto de nuevo.

- ¿Cuándo fue la última vez que la viste? – le cuestionó Robert. Susana dejó de llorar. "No quiero involucrar a Shazia", pensó mientras armaba rápidamente su propia historia.

- Anoche me retiré temprano a mi recámara. Estaba muy deprimida. Ella se había quedado en la biblioteca. No me di cuenta a qué hora subió a dormir, ni mucho menos que había salido temprano – le explicó con tal certeza y seguridad, que Robert no se dio cuenta.

- Tenemos que ir a la policía – el director teatral se dirigió hacia su despacho, mientras tomaba su chaqueta. Le pidió a Karen que lo tuviera al tanto de cualquier novedad que tuviera, y sobre todo, que no dijera nada. La policía ya investigaría por su cuenta.

Mientras iban en camino, Susana llevaba la mirada perdida, recordando lo que había sucedido la noche anterior:

Se sentía demasiado débil, y una nube negra envolvió su mente, haciéndola caer en la inconsciencia. No pudo soportar el momento en que Alexei tomaba ese cuchillo y lo dirigía hacia el pequeño. Se sintió mal, miserable, por haber expuesto la vida de un inocente para sus perversos propósitos. Un enorme remordimiento de conciencia se había apoderado de ella desde entonces.

Despertó un rato después, mientras Shazia y los demás miembros le observaban sin expresión alguna, ella preguntaba sobre lo qué había sucedido instantes atrás.

La mujer le había dicho que todo había salido bien. Sin embargo, la veía con cierta dureza:

- La ceremonia ha sido un éxito. Puedes quedarte tranquila. Lo que has solicitado, se cumplirá pronto – no entró en detalles la mujer. Los demás solo asintieron levemente.

- ¿Qué hora es? – preguntó la rubia, confundida.

- Ya serán las cinco de la mañana.

- ¡Debo irme!, ¡mi madre se dará cuenta que no he llegado a dormir! – expresó con preocupación la ojiazul.

- Quizá debas descansar un poco. Puedes decirle que fuimos a una fiesta y que … - Shazia fue interrumpida.

- Debe hacerlo en su casa. Efectivamente, su madre puede estar preocupada y quizá podría avisar a la policía sobre su ausencia. No nos conviene – contestó uno de ellos. La mujer le observó. Supo que algo escondía.

- Tienes razón. Susana, alguien del grupo te llevará a tu casa, pero por favor, ni una palabra de esto a alguien más – Shazia dejó entrever que habría represalias. La joven solo asintió. Quería estar sola en su cuarto. Notó que Alexei la miraba con un brillo especial en los ojos. No supo por qué, pero quiso estar lejos de él, en ese preciso instante.

Al llegar a su casa, notó que las luces estaban apagadas. Suspiró aliviada, sabiendo que no la esperaría su progenitora con reproches.

Se escurrió hacia su habitación. Se enfundó en su pijama y se metió en las cobijas. Se quedó dormida rápidamente.

Al despertar, vio que la servidumbre se encontraba ya efectuando sus labores y al llegar a la recámara de su madre, se asustó al cerciorarse de que la cama permanecía intacta, indicio de que no había pasado la noche ahí. Buscó por todos los rincones y finalmente, por los alrededores de su casa.

Nunca la encontró.

"¿Y si me siguió?," pensó con temor. Pero su madre parecía creer todo lo que le decía de sus salidas. Nunca había mostrado desconfianza. No le quedó de otra más que recurrir a Robert. Le dio más coraje saber que ni siquiera contaba con Terry. Le odió aún más. "¡Ya aparecerás maldito estúpido!, ¡te haré pagar tus insultos y tu abandono!", sentenció con rabia, mientras se dirigía al teatro.

Ahora, las cosas se iban complicando, porque la policía se inmiscuiría en la búsqueda de su madre, y no quería dar a conocer por ningún motivo, su pertenencia a esa secta. Pensó en Alexei, y de repente salió de su distracción. Habían llegado a la estación de policía. Durante el camino, no había intercambiado palabra alguna con Robert. Iba muy serio.

- Hemos llegado, Susana – acto seguido, le ayudó a descender.

La actriz tuvo un ligero presentimiento desagradable. No supo por qué.


Por su parte, Shazia estaba demasiado molesta y daba vueltas en su propiedad como fiera enjaulada:

- ¿Entonces, su maldita madre nos descubrió? – gritó mientras Alexei y el otro sujeto le veían seriamente.

- Nos hemos deshecho del molesto cuerpo. Afortunadamente, pudimos tirarla lejos de aquí. Menos mal que Susana nunca se dio cuenta, pero, ahora que sepa que su madre ha desaparecido, esperamos que no nos mencione frente a la policía – comentó tranquilamente Alexei. Lucía demasiado seguro.

- ¿Cómo nos garantizas eso? – preguntó incrédula la mujer.

- Porque Susana es muy fácil de convencer – puntualizó enigmáticamente el líder. Shazia sintió una punzada de celos pero la aplacó al instante. No era momento de pensar en esas tonterías, pensó.

- ¿Cómo sucedió todo, Fisher? - le preguntó al sujeto que la había matado.

- No sé cómo diablos me localizó, pero siempre me estuvo reclamando lo que había oído. Deduzco que logró colarse en el edificio. Habrá que pedir más seguridad. No debemos temer. Finalmente, los muertos no hablan. Y tardarán mucho en encontrarla – sonrió maquiavélicamente.

- No quiero tener a la molesta policía husmeando por aquí. Nunca habíamos tenido una situación como ésta. ¡Maldita sea!, confiaba en que Susana sería más discreta. Menos mal que esa estúpida vieja ya no existe – Shazia mostró toda su crueldad y coraje. Alexei percibió sus celos.

- Querida, no te exaltes. Sabemos que si esto comienza a tomar otro rumbo, tal vez las medidas se tornarían drásticas. Tampoco garantizaremos que Susana siga viviendo – el par de miradas extrañadas le hizo soltar una risa.

- ¿A qué te refieres? – Fisher enarcó una ceja.

- Me encargaré de que nadie sepa nunca más de ella. No se preocupen – reiteró de nuevo. No comentó más y los otros no volvieron a preguntar.

Sin embargo, Shazia no se sintió a gusto con la respuesta.

No supo por qué, pero había comenzado a sentir cierta aversión por Susana. Desde aquél día en que la chica había sido seducida por el líder, no volvió a compartir su intimidad con él. Alejó de su mente esos pensamientos.

Alexei les dejó solos mientras se dirigía hacia el cuarto donde celebraban sus oscuras ceremonias. Pasó toda la tarde encerrado ahí. Los demás no intentaron molestarlo. Seguramente se encontraba entregado a una de sus "plegarias especiales".

Shazia sonrió, imaginando lo que pasaría en ese momento con Susana.


Eleanor se encontraba sentada a la mesa junto a los demás miembros de la familia Andrey: Candy, Heather, Albert, la Tía Abuela, además de su amado hijo. Todos departían alegremente, aunque la actriz había notado cierto aire de complicidad entre Terry y Candy. Ambos ocultaban algo y comprendió al instante que la pareja había hablado, con resultados más que aceptables.

Al terminar de desayunar, anunció su partida:

- Quisiera agradecer a la familia Andrey por su gran hospitalidad. Espero poder retribuírselos cuando vayan a Nueva York. Nada me agradaría más que pasar unos días adicionales aquí pero ciertos compromisos demandan mi presencia inmediata allá. Parto en un par de días más – sintió que su hijo la miraba confundido.

- Pero, señora Baker, puede usted aplazarlos, y acompañarnos un tiempo más. Es un placer tenerla aquí – dijo Albert con una sonrisa.

- Gracias de nuevo, aunque me es imposible aceptar. Lo importante es que Candy se encuentra ya mucho mejor y espero que pronto nos den una agradable noticia, ¿no es así, chicos? – dirigió una mirada traviesa a ambos, mientras cerraba un ojo y Candy sentía sus mejillas encendidas por el repentino comentario picaresco.

- ¡Madre! – exclamó Terry apenado, recobrando inmediatamente después su compostura. Todos rieron tomando como ocurrencia el comentario de la artista.

Siguieron con su conversación mientras Heather no quitaba la vista de su amiga y Terry miraba discretamente a Candy, reprimiendo unas enormes ganas de besarla.

Albert se había quedado pensativo. Quizá hablaría con ambos después, pero eso lo postergó. Su preocupación era la completa recuperación de Candy.

Continuaron disfrutando de ese día, en familia. Salieron a caminar por los alrededores del jardín y después fueron a Chicago a pasear y de compras. En una de esas, Heather se acercó discretamente a Terry y con una discreta señal, lo apartó de los demás:

- Terry, nos gustaría hablar contigo…a solas – le dijo Heather seria. El actor frunció el ceño.

- ¿A quiénes te refieres? – no entendía lo que quería tratar ella, probablemente junto a otras personas.

- Son Annie y Paty. Me he unido igualmente a su petición. Hay cosas que deben quedarte claras, antes de que llegues más lejos – le señaló a Candy con la vista.

- Cuando quieran. Estoy a su disposición – les respondió Terry con un ligero tono desafiante. Esta sería su oportunidad de comenzar a luchar por ella y sabía que no tendría un camino fácil.

Cuando la reunión hubo tenido lugar, Terry había desconocido a Annie al dirigirse de manera tan directa a él:

- No dejaré que te acerques a ella más de lo debido si no arreglas ese compromiso con Susana Marlowe. He cambiado mucho Terrence y daré la cara por mi hermana – sentenció amenazante la chica Britter.

- Nosotras igual. Apoyamos a Annie – dijeron al unísono Heather y Paty.

- Les demostraré de lo que soy capaz por no volver a alejarme nunca más de ella – respondió con voz grave el inglés.


Susana tenía las manos completamente mojadas debido al enorme nerviosismo que sentía al verse frente al oficial de policía, relatando lo que había sucedido desde la última vez que había visto a su madre.

El agente se acercó a la chica, pero al momento de hablar, fue interrumpido por otra persona. Disculpándose, la dejó sola por un momento. Susana respiró aliviada.

Súbitamente, un ligero cosquilleo en su cabeza se hizo presente. La sensación fue subiendo en intensidad, como si algunos dedos estuviesen hurgando en su cabeza. La chica se llevó las manos a las sienes, "¿qué me pasa?", pensó, mientras sufría de repentinas náuseas, al sentir un fuerte olor a quemado. Volteó a ver a su alrededor, y no notó nada raro.

Siguió como si nada.

El malestar fue subiendo de intensidad, hasta hacerse insoportable. La chica se paró como pudo y fue en busca de un baño. Al llegar al lugar, se encerró en uno de los privados y se sentó. Los imaginarios dedos habían dejado de sentirse, sin embargo, Susana intuía que algo no estaba bien. No sabía cómo explicarlo, pero era como si algo estuviera dentro de ella. Sentía como si compartiese internamente su cuerpo con alguien más.

Al levantarse, de nuevo la sensación de aquellos dedos invisibles hurgando en su cabeza creció.

La rubia se sentía demasiado extraña.

Repentinamente, una visión horrible se presentó ante sus ojos: ríos de sangre inundaban todo lo que parecía ser un inmenso océano carmín, mientras gritos agonizantes y cuerpos moribundos emergían a la superficie con los rostros llenos de terror. Un cielo rojizo asomaba en el firmamento, teñido de matices oscuros y nubes amenazantes. Los lamentos eran escalofriantes, mientras ella se encontraba al pie del extraño río. Sintió que alguien le observaba y volteó, quedando petrificada al percatarse qué era: un extraño ser humano, anormalmente alto, con expresiones propias de una bestia y unas espeluznantes alas negras la miraba burlón. Sostenía una extraña lanza con su esquelética mano, donde sólo había rastros de jirones de piel y sangre seca. Era Alexei.

La chica gritó, al momento en que cerraba los ojos.

Fuertes golpes le hicieron abrirlos de nuevo y se dio cuenta que estaba en el baño. Era Karen:

- Susana, ¿qué pasa?, ¿estás bien? – la actriz la tomó por los hombros y pudo sentir el temblor de su cuerpo.

- Yo…yo…la sangre…ese monstruo… - lloró amargamente en el hombro de su compañera y se desahogó.

- Susie – le habló con cariño Karen – tuviste una pesadilla. No has descansado como mereces, pero tienes que declarar. Tu madre no aparece aún y el agente te está esperando. Vamos, yo estaré contigo en lo que declaras – le dijo la chica, mientras le ayudaba a arreglarse un poco y la llevaba de nuevo a la sala.

Al llegar al lugar donde le esperaba el agente, la sensación llegó de nuevo, pero esta vez, se inquietó. Cuando el policía le pidió que narrara su parte, una extraña voz habló por ella:

- Salí a dar mi habitual caminata y regresé a la hora en que mi madre ya se había acostado. No quise importunar su descanso por lo que me dirigí directamente a mi habitación y al levantarme, ya muy entrada la mañana, ella no se encontraba en su pieza. Creí inocentemente que estaba en otra de las habitaciones, y la busqué por todas partes. No sé qué pasó. Di aviso a la servidumbre del lugar, y todos coincidieron en que no la habían visto desde el día anterior. Ninguno recuerda haberla visto salir – explicó a grandes rasgos la chica, mientras, inexplicablemente, lagrimas salían de sus ojos. El hombre le pasó un pañuelo. Susana estaba intrigada. Alguien actuaba por ella.

- Tendremos que hacer una visita en su casa, señorita. Debemos hablar con los sirvientes así como revisar el cuarto de su madre ¿Está segura de que me ha dicho todo? – preguntó seriamente el hombre.

- Es todo lo que tengo que decirle ¡Por favor, ayúdeme a encontrar a mi madre! – suplicó con una antinatural voz, mientras en lo más profundo de su ser, sentía que algo se había adueñado de ella. Sintió pánico, pero inexplicablemente no lo demostró, puesto que el policía siguió actuando como si nada hubiese pasado.

El hombre siguió dando explicaciones de lo que haría a continuación y Susana siguió comportándose de manera relajada. Tanto Robert como Karen parecieron no haberse percatado de lo que sentía la actriz. Después del interrogatorio, los malestares cesaron. Con una tremenda inquietud, salió del lugar.

Se dirigieron de regreso a la casa de Susana. El empresario había tomado una decisión que no comunicó a ninguna de las chicas en ese momento. La razón: no creía el cuento de la joven. Era como una especie de sexto sentido. Algo no encajaba en su comportamiento.

Karen se despidió amablemente de ella, dejándole saber que podía recurrir a su apoyo, en caso de necesitar algo. El señor Hathaway hizo lo mismo:

- Susana, no dudes en llamarme, en caso de requerir cualquier cosa, o tener avances sobre las investigaciones. De todas maneras, estaré al tanto de cómo estás – dijo con semblante serio, Robert.

- Muchas gracias por su apoyo, yo, no sé que hubiera hecho sola – volvió a sentir odio por Terrence. Como siempre, no estaba con ella.

- Seguiremos en contacto – se despidieron sus dos acompañantes, dejándola sola en su residencia.

La chica se dirigió de nuevo a buscar a su madre si éxito. Se dio cuenta que la casa estaba sola. No escuchaba ningún ruido proveniente del interior. Salió en busca de los sirvientes, pero inexplicablemente, nadie salió a su paso. Se le hizo raro.

Nuevamente, el malestar volvió a su cabeza y la visión regresó. Esta vez, Alexei, convertido en ese ser espectral se acercó a ella, tomándola del cuello y ahorcándola, mientras clavaba sus ojos en ella. Susana gritó presa del pánico, mientras trataba de quitar sus manos de ella. Cuando sintió que desfallecía a causa del esfuerzo, se dio cuenta que yacía tirada sobre el suelo de su casa.

Al ponerse de pie, se sintió observada. Giró la cabeza hacia atrás y casi se desmaya de la impresión.

Frente a ella, con una expresión demoníaca pintada en el rostro, permanecía observándola en silencio, el propio Alexei. Éste se fue acercando con paso felino mientras terribles ruidos se dejaban escuchar por todo el lugar.

La actriz veía, con el temor y la incredulidad reflejados en el rostro, los objetos que volaban en derredor suyo. Un insoportable hedor empezó a sentirse en el ambiente, mientras un agonizante chillido recorrió toda la residencia, a la par que un escalofrío recorría la espalda de la joven. La imponente figura del líder se fue deformando hasta dejar al descubierto al mismo ser diabólico que hubiera visto en esas visiones. Susana vio con horror que innumerables insectos de tamaño increíble surgían del suelo y comenzaban a subírsele al cuerpo. Nadie escuchó sus gritos de terror.

La casa se encontraba en un absoluto silencio, cuando uno a uno, los sirvientes regresaron. Conforme transcurrió el día, nadie vio entrar o salir a la chica.

No lo haría en días posteriores.

Susana había desaparecido, sin dejar rastro alguno.


Annie se encontraba tratando de arreglar su material para las clases que impartiría en el orfanato. Planeaba varias dinámicas de juegos para entretener a sus inquietos alumnos, durante los tiempos de receso. Paty se encontraba con ella. Gustaban de pasar tiempo juntas, mientras preparaban sus clases en el edificio.

- Me gustaría saber si todo marcha bien contigo, Paty. Hace días que te veo rara – el comentario repentino de la morena, hizo voltear a la muchacha.

- ¿A qué te refieres? – replicó con otra pregunta, tratando de contener un poco la risa.

- Te he visto más pálida y lo que más me preocupa es que has perdido peso. Ayer supe que habías tenido un ligero mareo. Creo saber la causa – la mirada inquisitiva de Annie se acentuó aún más sobre ella.

Paty sonrió nerviosamente y terminó por soltar una ligera risa. La felicidad salía por esos ojos marrones. Annie no pudo más que abrazarla y expresarle su alegría:

- ¿Cuánto tiempo tienes? ¿Cuándo lo supiste? ¡Dios mío!, ¿cuándo esperabas decírnoslo? – fue suave en su reproche.

- Era una sorpresa que quería compartirles dentro de muy poco, esperando que Candy estuviera bien. Tengo un mes y medio de embarazo. ¡Estamos felices! – Paty seguía sonriendo pícaramente.

- ¡Felicidades! – Annie abrazó como nunca a su amiga – esto tenemos que festejarlo amiga, y que mejor al lado de todos los que te queremos. Será una genial noticia. Candy no se lo espera – la chica ya estaba planeando donde sería la fiesta para dar la buena nueva, pero paró al ver que su amiga permanecía en silencio.

- Me gustaría esperar un poco a que las cosas entre ella y Terry se definan. Creo que por ahora es prioridad aclarar sus sentimientos. Sé que en el fondo, añora tener un hogar y con esto que ha sucedido, no me sentiría a gusto diciéndole hasta que se aclarara su situación con él. Sé que lo sigue amando – las palabras de Paty hicieron reflexionar a la ojiazul.

- Tienes razón, quizá deberíamos esperar a que se solucionen las cosas. No diré nada por el momento, cuentas con mi discreción – su voz se había tornado un poco seria al recordar ese momento en que había hablado con Terry.

La voz de la señorita Pony las distrajo de su conversación:

- ¿Pasa algo? – inquirió la mujer, mientras observaba a ambas chicas.

- Pensábamos en Candy – respondió Annie al instante, recobrando la postura.

- ¿Hay algún problema con ella? – la dirigente del orfanato se había preocupado al instante.

- No, comentábamos lo rápido que se había repuesto y lo felices que estábamos todos por tenerla cerca – Paty salió al quite en ese instante.

- Dios ha escuchado nuestras súplicas y nosotras también estamos felices de verla entre nosotros – la mujer llevó sus manos al pecho, mientras levantaba la vista al cielo, en señal de agradecimiento.

El ruido de los alumnos comenzando a llenar los pasillos y salones de clase las distrajo de su plática. El nuevo día comenzaba y las profesoras debían iniciar sus actividades.

Annie no cesaba de pensar en su hermana y Terry.