CAPÍTULO XIII
Varias semanas después…
La sala estaba repleta de murmullos femeninos. Las mujeres que ahí se encontraban, daban rienda suelta a sus conversaciones. Había leves llantos en algunos rostros.
La Tía Abuela, quien ya se encontraba en un estado de senectud bastante avanzado, no podía contener las lágrimas al saber que sus nietos se iban de su lado. A su edad, seguía siendo una persona muy fuerte. Era una mujer realmente admirable. A pesar de sus férreas expresiones, rara vez permitía que le ayudaran en sus actividades personales. Su comentario atrajo la atención de las demás féminas:
- Partirán dentro de muy poco, Candy. Los echaré mucho de menos. Espero poder vivir para verlos de nuevo – limpió con el fino pañuelo sus mejillas marcadas por el implacable paso del tiempo.
- Tía Elroy… ¿cómo se atreve a pensar semejante cosa?, ¡claro que volveremos a vernos!... ¡no me haga esta partida más difícil!... ¡por favor! – la rubia se dejó caer a sus rodillas, mientras recargaba su cabeza sobre sus piernas. Las lágrimas fluían libremente, mientras acariciaba con sus manos las de aquella mujer.
- Te echaremos mucho de menos. Se me hace tan difícil aceptar que no les veremos más por aquí. Mis hijos están muy tristes al saber que no podrán jugar con los tuyos en mucho tiempo. Yo también amiga… ¡te extrañaré! – Heather tenía los ojos enrojecidos. Se sentó al lado de la ojiverde.
- Anisha está muy contenta de poder estar junto a ustedes, no así mi pequeño Archie. Creo que tu partida nos dejará un enorme vacío. ¡Por favor, te encargo mucho a mi hija y no dejes de escribirnos! – Annie se había unido al círculo que se había formado en torno a la Tía Abuela Elroy. Paty ya se encontraba ahí.
- Harás mucha falta en la escuela y el sanatorio, sin embargo, sé que les irá muy bien por aquellas tierras. Terry tiene un talento inigualable y no dudo que esa puesta en escena sea todo un éxito. Creo que has hecho bien en apoyarlo en esta nueva aventura. Además, es comprensible que quiera pasar más tiempo con su padre – aquello sumió en un silencio profundo a todos los presentes.
El ruido de la puerta del lugar abriéndose las distrajo del triste momento.
Era Albert, quien iba entrando seguido de los demás: Terry, Archie, Tom y George. Se habían reunido en Lakewood para celebrar una pequeña fiesta de despedida a la familia Grandchester. Ya lo habían hecho anteriormente, en una sencilla reunión en el Hogar de Pony:
- Veo que ya están tristes de nuevo, pero si se van por un tiempo. Además, vendrán a visitarnos el próximo verano – dijo Albert con una sonrisa en el rostro. De todos ellos, era el que más ánimos trataba de dar al resto de los que se quedaban.
- Lo sabemos, sin embargo, es difícil saber que no los veremos tan seguido, como antes – la voz de su esposa se escuchó al fondo.
- ¿Podríamos tratar de darle a Candy y Terry una despedida alegre, en vez de ponernos todos a llorar? – la sugerencia de Tom hizo reír a la concurrencia.
- ¡Tienes razón, Tom! ¡No es justo que nuestros amigos se vayan sabiéndonos tristes! ¡Vamos, pongan caras más alegres! – como si las palabras del magnate hubiesen dado un efecto renovador, los demás presentes comenzaron a conversar vívidamente.
Candy les observaba mientras Terry se colocaba a su lado. No habían esperado esa reacción por parte de todos ellos. Valoraron como nunca el haberlos conocido y estado con ellos a lo largo de todos esos años. Varios sirvientes pasaron con plateadas charolas conteniendo copas de un fino vino. Albert tomó una y la alzó para ofrecer un brindis en honor a ellos:
- ¡Por la felicidad y fortuna de nuestros grandes amigos quienes emprenden un nuevo camino! ¡Les deseo lo mejor del mundo, Candy y Terry! – la voz del rubio acalló a los demás, mientras todos hacían lo mismo en dirección a la pareja. Heather les reiteró sus mejores deseos.
- ¡Por la gran amistad que nos une a ustedes! – añadió Archie mientras su bella esposa sonreía complaciente.
- ¡Sepan que siempre estaremos aquí aguardando su pronta visita! ¡Nunca desistan por mas difícil que se tornen las cosas! – Paty y Tom siguieron con su turno.
Terry no supo por qué esa frase cimbró algo profundo dentro de su espíritu pero lo disimuló.
Su esposa no pudo evitar que una lágrima volviera a caer sobre su mejilla y la enjugó discretamente. Se sentía completamente emocionada. Intentó decir algo pero su voz se quebró traicionándola al instante, delatando su tristeza. Terry salió por ella:
- No nos alcanzan las palabras para agradecerle todo su infinito apoyo y su amistad durante todo este tiempo. Siempre estarán en el corazón de esta familia y no duden en acudir a nosotros por cualquier cosa o problema que se presentase. Nada nos daría más gusto que poder recibir la hermosa sorpresa de su visita en Londres. Prometo que estaremos en frecuente contacto – la varonil voz de su marido hizo que Candy pudiera calmarse un poco y poder hablar.
- Realmente tengo una grandiosa familia que nunca me ha dejado sola ¡Son realmente maravillosos y siempre los tendré en mi mente y en mi corazón! Y como bien ha dicho Terry, no duden en consultarnos cualquier inquietud que tengan. Annie, te prometo que cuidaré de Anisha como si fuera mi propia hija – nuevamente la voz se quebró y Terry la abrazó para consolarla. Albert rió ligeramente para ayudarle a suavizar un poco la situación.
- ¡Qué siga la velada! – y la noche se fue pasando lentamente, mientras los concurrentes conversaban animadamente, dejando sentimientos tristes de lado.
Partirían en dos días a Nueva York y de ahí a Londres.
Aprovechando un momento en el que se encontraba solo, Terry se dirigió hacia uno de los enormes ventanales que daba al jardín. Al ver la oscuridad, no pudo evitar recordar la espantosa alucinación que había atestiguado en Nueva York.
"No podrás hacerme daño Susana. Sé que no podrás", pensó internamente para sí. Al voltear para reunirse de nuevo con sus amigos, se sintió algo intranquilo. Un repentino frío en su nuca le indicó que se encontraba en peligro.
Desechó la idea de su mente.
Anisha se encontraba junto a su hermano Archie, los gemelos Grandchester, Kelly y Pauna Andrey, así como Alistear y Tommy Cartwright. Habían estado jugando largo rato mientras sus padres departían alegremente en su mundo adulto. Los más pequeños comenzaban a cansarse y ya querían dormir.
La chica Cornwell se los había llevado a una enorme habitación y acomodado sobre confortables cojines por el alfombrado piso mientras les narraba un alegre cuento infantil.
Para su sorpresa, todos le estaban poniendo atención, mientras los más pequeñines iban cerrando los ojos de a poco. Solo quedaban despiertos los gemelos, Anisha y Tommy, quienes escuchaban el final de la historia:
- Anisha, ¿es cierto que los malos siempre tendrán su merecido? – la voz de Nicholas fue la primera en escucharse al terminar la narración.
- Siempre, Nick. El bien vence sobre el mal. Es la regla, aunque aparentemente se vea lo contrario – la chica acarició suavemente los cabellos del pequeño y lo atrajo hacia sí.
- Tienes una habilidad fantástica para contar cuentos. Te echaré mucho de menos – le dijo Tommy, mientras se acomodaba en su cojín para permanecer sentado.
- Muchas gracias. ¿Estás aburrida, Nicky? – Anisha dirigió su mirada hacia la ventana. En el borde se encontraba sentada la hermosa niña. Su mirada se encontraba clavada sobre un punto perdido en el exterior.
- No. Es solo que ya no me interesa escuchar historias de ese tipo. Creo que podremos investigar nuevas opciones. Algo de aventuras o acción tal vez – respondió sin voltear a verlos.
- ¿Qué estás viendo? – Tommy se fue acercando a ella para después regresar al lado de Anisha, después de asomarse por la ventana.
- Nada. Hay mucho viento y los árboles se mueven demasiado. Estaba imaginando lo que sería salir en este momento para sentirlo – explicó sin demasiado interés Nicole.
- No me darían ganas de salir a experimentarlo. ¡Qué miedo! – dijo su hermano mientras se aferraba a Anisha.
- Ya sabemos que siempre has sido miedoso. No es nada nuevo. Solo tú crees en monstruos y seres espantosos. Eres un debilucho – las palabras hicieron enojar a Nicholas.
- ¡Eres una tonta! ¡Apuesto a que si en este momento te dejamos ir sola hacia el jardín ni siquiera podrías salir de la pieza! – estaba furioso.
Para sorpresa de todos, Nicole se incorporó con la mirada desafiante y se dirigió a la enorme ventana que daba hacia un estrecho balcón, la abrió mientras divisaba un árbol cercano al mismo.
Antes de que alguien pudiera reaccionar, la pequeña brincó ágilmente hacia la rama más próxima dejando un coro de voces sorprendidas detrás de ella.
Anisha sintió que las piernas le temblaban al haberla visto saltar de esa manera. Corrió rápidamente hacia ella:
- ¡Nicole, te exijo que regreses! ¡Te puedes lastimar! – le gritó, mientras trataba de acercarse lo más a ella.
- ¡No pasa nada! ¡Le demostraré a ese miedoso que yo sí soy valiente y no me dejo dominar por tonterías! – Nicole comenzó a dirigirse hacia el tronco para comenzar un descenso.
Nicholas le pidió a gritos que desistiera de su intento, al ver que los árboles se movían ferozmente con el extraño viento que se había desatado. Quizás se aproximaba una tormenta y Anisha supo que Nicole se encontraba en peligro. Completamente molesta volvió a gritar:
- ¡Regresa, Nicky! ¡Repruebo tu conducta en este momento! – le hizo seña de que saltara de nueva cuenta hacia el balcón. El silbido del aire recorrió como un agudo lamento todo el lugar.
- ¡No me va a pasar nada, An! ¡Estoy harta de sus niñerías! ¡No tengo miedo y me sé cuidar! ¡He trepado árboles antes!
La niña se separó momentáneamente de la rama que la sostenía, en un intento por demostrar que dominaba su equilibrio. No contaba con que varias hojas se encontraban bajo sus pies, haciéndole resbalar y perder el control de la situación.
Anisha gritó mientras veía como el cuerpo de Nicole se tambaleaba hacia el vacío y que ahora, de manera milagrosa, se encontraba sostenida por una frágil rama que había alcanzado a tomar para no caer.
Tommy se acercó hacia la hija de Annie para ayudarla, olvidando por completo que los demás niños se habían despertado y presenciaban el infortunado evento.
Comenzaron a llorar y rápidamente, sin que los chicos se diesen cuenta, el cuarto ya estaba lleno de gente. Se habían percatado de la situación. Candy gritó al ver a su hija en peligro mientras Terry corría hasta el árbol y trataba de balancearse para alcanzar la rama más próxima.
Albert se había quedado en el borde del balcón para asistirle.
En todo ese tiempo, que se les hizo eterno, el actor pudo sortear la distancia hacia la rama y comenzó a arrastrarse mientras le pedía a Nicole que se tranquilizara. La pequeña ya estaba llorando del miedo. El árbol estaba demasiado alto y la caída tendría consecuencias fatales. Cerró los ojos tratando de no soltarse a su frágil salvación. Repentinamente, otra ráfaga arreció meciendo el cuerpo de la pequeña, ocasionando que la rama se resquebrajara, haciendo parecer que se había soltado. Todo mundo gritó del susto.
Candy fue la más afectada. Tuvo un desmayo, presintiendo lo peor. Sus amigas la auxiliaron al instante.
Terry siguió avanzando lentamente sobre la gruesa rama y cuando estuvo cerca de su hija tomó cuidadosamente uno de sus brazos. Por fin la tenía asida y con sumo esfuerzo logró subirla hasta la rama donde se encontraba él.
Cuando Nicole se encontró en la misma posición le hizo señal de que se tomara a su cuello y no lo soltara. Regresaron hasta el balcón, mientras Terry, ahora ya sentado sobre la rama, ayudaba a su hija a saltar de nueva cuenta hasta el balcón, donde Albert ya la esperaba para tomarla.
Ya de regreso en la habitación, todos rodearon a la niña.
Cuando Candy recobró el conocimiento se acercó de inmediato a ella. La abrazó con todas sus fuerzas y al verle a la cara, le soltó una tremenda bofetada.
Nicole llevó su mano a la enrojecida mejilla:
- ¿Por qué lo hiciste?, ¡mira cómo nos has tenido preocupados por tu estupidez! – todos se quedaron callados.
Era la primera vez que Candy reaccionaba así. Lloraba del miedo de sólo pensar en el hecho de haber perdido a su hija. Se encontraba alterada y furiosa.
- ¡Candy, mi amor, por favor, cálmate! – su esposo llegó tras ella para alejarla de su hija. Nicole la veía con coraje.
- Nicky, ¿qué sucedió?, ¡fue muy peligroso lo que estabas haciendo! ¿por qué actuaste de esa manera? – esta vez Terry se lo preguntó de manera severa mientras se colocaba frente a ella y la miraba fríamente. Candy no dejaba de llorar.
- Creo que necesitamos calmarnos todos. Por favor, Terry. Mañana puedes hablar con ella. No hagamos el momento más difícil. Anisha me ha contado todo. Fue una travesura y sé que Nicky está consciente de lo que acaba de hacer, ¿verdad? – Albert intercedió a favor de la pequeña.
- ¡Yo… lo siento… mucho! – Nicole no dijo más mientras agachaba la cara, sobando su mejilla. Le ardía todavía. Estaba llorando. No volteó a ver a su madre pero pudo sentir su aguda mirada sobre ella.
- ¡Estás castigada! ¡No saldrás de tu habitación hasta que yo lo indique! ¡Quiero que medites sobre lo que acabas de hacer! ¡Por el momento permanecerás aquí junto a tu hermano, pero hablaremos de regreso en casa! ¿Entiendes? – Terry estaba demasiado molesto por lo que acababa de suceder. Nicole no objetó nada de lo que le dijo su padre.
Candy siguió observando a su hija y sintió que su corazón se apretujaba de dolor al percibir la mirada de odio hacia ella. No entendía porque Nicole tenía esa actitud tan a la defensiva con ella. De hecho, no recordaba que su hija se hubiese comportado de esa manera antes.
¿Por qué ahora?
Pensó que quizás la mudanza no la tenía contenta y era una manera de llamar la atención. Muchas ideas pasaron por su cabeza pero decidió descansar por el momento. Habían sido demasiadas emociones.
Después de que los gemelos se hubieron encontrado solos, Nicholas se volteó para no hablar con ella. Se quedó rápidamente dormido. Nicky seguía observando en dirección a la ventana, por donde se colaba una débil luz de luna.
El viento seguía silbando de manera escabrosa.
Comenzó a llorar en silencio, desahogando todo el dolor que había contenido frente a sus padres y demás parientes. Se sentía incomprendida. Lo que más le dolía había sido la actitud y el golpe de su madre. Jamás la había visto así. Llevó su mano a su mejilla. "No tenía que haberme golpeado. Me exhibió ante todos. No se lo perdonaré", pensó con coraje mientras se acomodaba en su cama y llevaba sus cobijas hasta su rostro. Justo antes de perderse en un sueño profundo, creyó percibir una voz en su mente, pero lo atribuyó a lo recientemente acontecido:
La voz repetía incesantemente:
"Ella no te quiere.
Candy daba vueltas en su cama, inquieta.
No podía conciliar el sueño debido a lo sucedido con su hija. Su mente divagaba tratando de encontrar el origen de su comportamiento. Le dolía que Nicole fuera tan agresiva con ella. A ratos volteaba a ver a su marido quien también luchaba por tratar de dormir.
- ¿Terry? – le susurró dulcemente al oído mientras se pegaba a su espalda y lo abrazaba.
- ¿No puedes dormir, pecosa? – el actor se volvió hacia su esposa y la observó fijamente.
- No puedo, mi amor. No dejo de pensar en la acción de Nicky. No sé si decirte esto… - se calló de inmediato.
- ¿Qué sucede, Candy? ¿acaso ha pasado algo de lo que no esté yo enterado? – tomó su rostro con su mano y levantó una ceja, confundido.
- No estoy segura siquiera de lo que pienso, desde hace unos días. Me he hecho a la idea de que son figuraciones mías. Pero lo de hoy, fue demasiado. Lo pude ver en sus ojos. Me veía con… odio – una lágrima volvió a rodar por su rostro. Terry la enjugó.
- Por favor, cariño. Entre nosotros no hay secretos. Cuéntame qué sucedió – le habló con tono comprensivo para animarla a abrirse.
- Desde hace varios días, he sentido que Nicky tiene una actitud defensiva conmigo. Sorpresivamente se ha vuelto más rebelde, más desafiante, más agresiva con cualquier comentario que le hago. Es como si… súbitamente hubiera comenzado a alejarse de mí. Eso me duele en el alma Terry. No sabes cuánto – su voz se quebró en un sollozo. Su esposo la acunó entre sus brazos para tranquilizarla, mientras besaba su frente.
- No creo que sea para tanto. No pienses eso. Nuestra hija te quiere pero siempre ha sido muy seria, indiferente. La he observado mientras hablas y demuestra que te quiere mucho, es solo que… siento que mi Nicky está madurando de manera mucho más rápida que su hermano. No quiero que creas esas cosas mi amor. No es justo que te martirices con esas ideas – Candy no estaba convencida. Su intuición le gritaba que algo no andaba bien.
- Todo esto es muy raro, Terry. Sé que mi hija no era así antes. Es curioso que todo esto haya comenzado desde que empezaste a ir a Nueva York a arreglar todos los asuntos para nuestra mudanza. Tal vez no soporta la idea de que estés lejos de nosotros.
Las palabras fueron escuchándose en un lejano eco en la mente de Terry, mientras éste abría los ojos sorpresivamente al recordar lo que había presenciado antes de salir de Nueva York, la última vez. "¡No es posible! ¡Sería estúpido creerlo! ¡Los fantasmas no existen y además, Susana no está muerta, nadie lo ha corroborado! ¡Imaginé todo esa tarde!", se controló al sentir que Candy volteaba a verlo confundida.
- ¿Qué te pasa, mi amor? Estás pálido y te quedaste callado de repente – se incorporó un poco para verlo mejor.
- Nada. Pensaba en Nicky y el árbol. Me asusté de nuevo. Estaba muy alto y pudo haberse matado. Tengo que hablar seriamente con ella. Tal vez no quiere irse de aquí, pero… es raro, ya que fue muy entusiasta al saber que iría a vivir a Londres y conocer el lugar donde vive mi padre. Seguramente está llamando la atención, para que sepamos que ya no es una niña… más – su voz no sonó muy convencida, pero su esposa no volvió a hacer comentario alguno.
Se quedaron abrazados en silencio, cada uno sumido en sus pensamientos y temores. De a poco se fueron quedando dormidos.
La puerta de la habitación donde se encontraba el matrimonio, fue cerrándose de forma imperceptible, sin que ellos se percataran de que les habían estado observando.
La infantil figura regresó a su cuarto. Nicole había estado contemplando, en absoluto silencio, la escena. Su mirada era completamente diferente, vacía y sombría. Se movía de forma autómata. Se acostó mientras se sumía en la inconsciencia.
Sus sueños fueron poblados por la imagen de una mujer desconocida que lloraba con demasiado dolor y sufrimiento, al borde de una escalera y a la cual nunca pudo verle el rostro. Su cabeza se encontraba cubierta por una oscura chalina.
El llanto era desgarrador.
El camino de regreso a casa fue eterno.
La familia iba sumida en el más profundo de los silencios. A pesar de haber tenido un desayuno ameno donde todo mundo trató de olvidar el incómodo evento acontecido la noche anterior, emanaba una densa atmósfera de los Grandchester.
Terry había tomado su habitual carácter esforzándose por no voltear a ver a su hija de manera insistente. Lo que tenían que platicar lo harían en la intimidad de su hogar. Candy se distrajo ayudando a las demás mujeres a poner la mesa y platos. Evitó el voltear a ver a Nicole. Sendas ojeras aparecían enmarcando los dos pares de zafiro y esmeralda, respectivamente. Nadie de los presentes hizo comentario alguno al respecto.
Albert había pasado tiempo con los gemelos jugando y hablando con ellos. Nicole hablaba poco aunque sonreía al ver a su tío querido junto a ella. Anisha había platicado por igual con ella y sentía en el fondo el haber ocasionado tantos problemas, pero sabía que lo peor estaba por venir.
Sus demás tíos habían aparentado que no pasaba nada y trataban de incluirla en la conversación, a la que solo respondía con monosílabos y frases aisladas. No se sentía bien. Ya quería estar en su recámara. Ese sueño la tenía de malas. La mujer le había dicho tantas cosas feas de su madre mientras lloraba, que se había terminado por hartar y le gritó que la dejara en paz. Había despertado sobresaltada pero no hizo ruido. Lo atribuyó a un remordimiento de consciencia. Aún seguía molesta con su mamá.
He aquí que la familia iba en el lujoso auto de regreso a su residencia y nadie hablaba, a excepción de Nicholas, quien venía cantando y tarareando como si no ocurriese nada. A ratos señalaba hacia el exterior metido en su mundo. Los demás iban en el suyo propio.
Instantes después de llegar a la entrada del lugar, Nicholas abrió la puerta rápidamente seguido por una silenciosa Nicole, mientras Candy hacía lo propio. Terry iría a aparcar el auto.
Al entrar en su hogar, Nicole se dirigió a su habitación. Mientras subía las escaleras, oyó la voz de su madre tras ella:
- Espérame en tu habitación – Candy estaba muy seria.
La niña no contestó, limitándose a detenerse, dándole la espalda. Cuando creyó que no hablaría más, siguió con su camino. Llegó a su recámara y se tiró en la cama. Oyó la puerta que se cerraba tras ella. Era Candy:
- Ahora sí. Vamos a hablar. Necesito una explicación a lo que hiciste anoche – Candy tomó una de las sillas que tenía cerca y se sentó, dispuesta a escucharla.
La pequeña la observó con cierto temor, pero se sobrepuso y dio la explicación a su madre. Su hermano la había desafiado y se le hizo fácil demostrárselo. Cuando hubo terminado, se quedó callada de nuevo. Vio que su padre entraba a la habitación y esperó a que su madre terminara de repetir lo que había dicho. Ambas miradas se posaron sobre ella:
- ¿Estás en contra de ir a Inglaterra? ¿Acaso haces esto para decirnos que no quieres salir de aquí?, ¡por favor hija!, ¡explícanos lo que sientes! ¿Qué sucede contigo? – la voz de su padre quebrantó su silencio. Comenzó a llorar. Ni ella entendía el por qué de su comportamiento.
- No sé qué me ocurre. Quiero ir a Londres. No es lo que ustedes creen – las palabras murieron en ese instante. Su mente se había quedado en blanco.
- Nicole, creo que habíamos hablado muy bien de lo que implicaba el que nos fuéramos todos y no objetaste nada. ¿Por qué tienes esa actitud tan… agresiva?, ¿es que acaso te hizo algo tu madre? – la pregunta de Terry hizo llorar a Candy, demostrando el fuerte dolor que su madre sentía por su culpa. La chiquilla se mordió los labios para no llorar.
- Yo no tengo nada contra mamá. Pero… siento que no me comprende. No me gusta que me dé órdenes cuando intento proponer algo nuevo o escuchar al tonto de Nicholas con sus fantasías. No…me entiende – su mirada estaba fija en su madre. Candy era el vivo reflejo del sufrimiento por su rechazo. Nicole se sentía mal por eso pero sentía que no debía pedir perdón. Finalmente, ella la había abofeteado. No había intentado comprenderla.
- Hija, yo he tratado de no ser grosera. Te pido una disculpa por lo de anoche. Lo admito, perdí los estribos y me siento mal de haberte golpeado. Es muy pronto para que puedas entender lo mal que me sentí, después de haberte visto a punto de morir en ese árbol. Estaba muy asustada y fue una tonta reacción de mi parte ¡Lo que menos haría sería hacerte daño mi amor! ¡Perdóname!
Aquello fue demasiado para la chiquilla. Sus muros internos se fueron derrumbando. Tenía tantas ganas de abrazarla y decirle que lo sentía mucho, pero… no pudo. Solo la observaba. Cuando se vino a dar cuenta las lágrimas corrían por sus mejillas.
Terry se acercó a ella y la tomó entre sus brazos. Candy fue con cuidado detrás de él y se sentó al lado de ellos. Su hija seguía viéndola con sentimientos encontrados. Finalmente, la rubia no pudo contenerse y se la arrancó a su esposo, mientras acariciaba sus rizos castaños. Ambas dieron rienda suelta al llanto.
- ¡No quise preocuparlos, mami! ¡Fui una tonta! ¡No lo volveré a hacer! ¡Perdónenme! – las frases infantiles fueron un bálsamo que alivió el atormentado espíritu de la ojiverde. La abrazó con todas sus fuerzas. Por fin su hija había regresado. Su niña de siempre.
- ¡Te amo tanto, Nicole! ¡No quiero que pienses que te odio! ¡Jamás lo haría, mi amor! – tomó su rostro con sus manos y lo besó dulcemente. Terry asistía el emotivo evento mientras se acercaba a ellas, abrazándolas.
- ¿Aún quieres ir a Londres, cariño? – el olor de su padre hizo recapacitar a Nicole. Creían que no quería viajar.
- ¡Pero claro que quiero ir! ¡Quiero conocer esa ciudad! ¡Quiero ir a la misma escuela donde estudiará Anisha! – ambos padres se voltearon a ver brevemente mientras llenaban de mimos a su hija. Fueron interrumpidos por Nicholas.
- ¿Y yo qué? – el chico corrió a abrazarlos y los cuatro se dejaron caer sobre la ahora pequeña cama mientras reían, después de haber superado el incómodo momento.
Por la noche, después de haber empacada lo último que quedaba, Candy se encontraba con sus gemelos, mientras Terry les leía un cuento. Adoraban ver a su padre actuando cada uno de los personajes. Eran sus más fervientes admiradores y Nicole se sentía orgullosa de tener un padre único. Era su héroe. Y su madre era un ángel. A pesar de todo.
A pesar de lo que decía esa misteriosa y desconocida mujer en su mente.
El ansiado y a la vez esperado día de partir a Nueva York había llegado.
Los Andrey, así como los demás amigos de la pareja y habitantes del Hogar de Pony, habían ido a despedir a la familia Grandchester a la estación de tren. Era una cálida tarde y el equipaje ya estaba registrado por lo que todos se encontraban esperando a abordar. A pesar de que habían prometido no llorar, Annie y Paty rompieron su promesa, mientras abrazaban continuamente a la rubia y a sus hijos. La morena sentía que un pedazo de su alma se iba con ellos, al ver que Anisha lucía lista para el viaje.
Por su parte, Albert y Archie se encontraban un poco serios, disimulando el trago amargo de saber que pasaría mucho tiempo para volverlos a ver. Terry trataba de sobrellevar el triste ambiente que se había formado, aunque supo que sería muy difícil de evitarlo al momento de despedirse. Costaba mucho dejar buenos amigos.
El sonido de la locomotora los sacó a todos del difícil trance. Los abrazos y besos no se hicieron esperar.
- Por favor, ¡cuídense mucho! No dejen de escribir noticias suyas – Paty se despidió de cada uno de los Grandchester.
- Tal vez estaremos visitándolos pronto. De todas maneras seguiremos en estrecho contacto. Podría ser interesante ir a Londres en diciembre – Heather se aventuró a hablar ante un asombrado Albert, quien solo movía la cabeza divertido. Su mujer solía ser demasiado sincera.
- Quizá, Heather. No es una mala idea pero creo que debemos pensar primero en nuestros hijos. ¿No crees? – la rodeó con su abrazos mientras le daba un beso en la frente.
- Cuida bien de tu familia y de mi hija, Grandchester – Archie le dio un fuerte apretón de manos. Hacía años que habían superado sus rencores, sin embargo, seguían llevándose igual.
- Hija mía, siempre estarás presente en mis oraciones. No dudes en acercarte a Dios para que ilumine tu camino – la hermana María abrazó fuertemente a Candy, mientras el director de la clínica ubicada en el orfanato, el doctor James Mills, hacía lo mismo.
- Muchas gracias por todo. Por haber venido a despedirnos. Cualquier cosa que necesiten de allá, hágannoslo saber – Candy se despidió de todos mientras Terry hacía lo propio. La locomotora estaba a punto de partir.
La familia se acercó a abordar al tren mientras se despedían por última vez. Desde el mismo, los Grandchester y Anisha se acercaron al enorme ventanal mientras los demás agitaban sus manos para dar el adiós definitivo.
Cuando el andén se volvió un punto lejano, la familia se dirigió a su camarote. Los gemelos se quedaron con Anisha en uno, y la pareja en otro. Llegarían a Nueva York al día siguiente.
Archie y Annie se habían quedado muy tristes por la partida de su hija. Albert los animó. Su hijo más pequeño lloraba inconsolablemente. Su hermana le haría falta como nunca. Sus padres lo tomaron en brazos y se dirigieron a casa, al igual que el resto de los demás.
El humo del tren ya había desaparecido.
Habían llegado a Nueva York, cuando ya estaba muy entrada la mañana.
Se dedicaron a descansar durante todo ese día para poder partir a la mañana siguiente.
Terry había pedido un auto a uno de sus ex representantes en esa ciudad y llevó de paseo a toda su familia. Visitaron la zona de teatros y algunos museos de Nueva York. Caminaron por un rato mientras Candy, Nicole y Anisha aprovechaban de parar en tiendas y escaparates para comprar ropa y accesorios para ellas. Terry y su hijo las veían con expresión divertida. El actor realmente no podía entender hasta donde había llegado la influencia de Annie sobre su pecosa. Parecía que las ganas de consumismo de sus mujercitas no tenían fin.
- Finalmente, podremos descansar – dijo burlón el inglés cuando llegaron al pasillo del hotel.
- ¡Terry!, ¿acaso insinúas que hemos tomado mucho tiempo comprando?, ¡realmente no me conoces!, ¡deberías ver a Annie! ¡ha pasado toda una tarde revisando una tienda! – el tono molesto de su esposa le provocó una sonora carcajada. Anisha fingió estar indignada. Después se disculpó para retirarse a descansar, dejando sola a la familia.
- ¡Espero que al menos hayan podido comprar suficiente ropa para todo el año! – volvió a decir su galante marido. Su hija les interrumpió.
- ¿Nos has criticado, papá?, ¡sabes bien que nosotras las mujeres, tenemos siempre el gusto por comprar! – la niña habló con el semblante propio de una jovencita y Terry tuvo que esforzarse por no reír frente a ella para no provocar su enojo. La observó muy propio.
- Está bien. Me doy, distinguidas damas. Creo que no podré criticarles nada y mucho menos hacerles ver que nos tuvieron a su hermano y a mí haciendo ejercicio como nunca – Nicholas se les unió en el juego. Aunque estaba cansado por la intensa caminata, quiso pasar un rato con sus padres.
El sol ya se había puesto y los Grandchester pasaban sus últimas horas en Nueva York, en completa armonía y felicidad.
Dejaron listas las maletas y se dispusieron a dormir. Candy y Terry permanecieron con sus hijos hasta que estos se quedaron profundamente dormidos.
La pareja se dirigió a su recámara y dieron rienda suelta a su pasión, siendo las paredes, mudas testigos de aquella ardiente entrega amorosa. Después de la larga sesión, la pareja yacía desnuda haciendo planes para el futuro.
- ¿Has visto fotos de la casa, mi amor?, ¡ya quiero conocerla! – la voz de la mujer era de entusiasmo. Terry la abrazó aún más.
- No, Candy, sin embargo, el abogado me garantizó que era una verdadera belleza. Con jardines amplios y muchos cuartos, incluyendo uno acondicionado especialmente para los niños. Creo que Nicholas estará más que encantado – respondió Terry.
- ¿Tu padre ya lo sabe? – la pregunta sorprendió a su marido.
- Sí. Ha comprendido mi negativa a permanecer en su villa. La casa se encuentra en un sector residencial de Londres y me ha prometido pasar algunas semanas con nosotros. He dispuesto una enfermera que lo vigilará todo el tiempo, cada vez que permanezca con nosotros. Su familia no toleraría vernos ahí mi amor, y yo no voy a permitir que les falten al respeto a ustedes. Creo que es lo mejor – la estrechó más entre sus brazos.
Se quedaron en silencio, hasta perderse en sueños.
El barco ya estaba listo para zarpar. La gente se encontraba en el muelle despidiendo a sus seres queridos. Los pasajeros observaban a bordo el movimiento en tierra.
La familia Grandchester se encontraba entre los curiosos que observaban a la gente que se quedaba. Anisha sostenía a Nicholas y Candy a Nicole.
Finalmente, el barco zarpó iniciando su viaje hacia Inglaterra, aquella soleada mañana de principios de agosto. Tardarían varias semanas en llegar. La familia aprovechó para conocer el barco.
Cierta noche, se festejaba el cumpleaños de un banquero inglés demasiado importante y los Grandchester fueron invitados. Terry no tenía muchas ganas de ir pero su esposa lo animó. Candy se había puesto un elegante vestido negro de raso, luciendo un escote discreto. Un pequeño brillante refulgía en el centro de su pecho, haciendo juego con unos aretes del mismo estilo. Debido al cálido clima, una delgada chalina de la misma tela cubría sus brazos. Su esposo lucía muy atractivo en ese frac negro. La pareja había encargado a Anisha a los gemelos, a lo que la chica había accedido sin ningún problema.
El salón lucía lleno de gente ostentosamente vestida. El buffet fue de lo más sofisticado y el capitán del barco presidió la gala. La orquesta tocaba una música tranquila con ciertas melodías alegres, en las cuales se invitaba a las parejas a bailar.
La pareja se encontraba apostada en una lejana mesa, rodeada de desconocidos y mujeres que aprovechaban de coquetear con su marido. A la rubia eso ya no le ocasionaba problemas. La confianza con el inglés era tan fuerte que hasta le daba risa el ver los intentos de otras por engatusarlo, sin éxito alguno. Habían reconocido a la estrella y todo mundo quería platicar con él. Candy permaneció como simple espectadora, aunque sin dejar de llamar la atención igualmente. Varias miradas masculinas se posaban sobre su figura, cada vez que se levantaba a bailar.
Mientras tanto, Anisha y los niños se encontraban ya acostados en el amplio camarote. Habían estado jugando y platicando durante largo rato. Después de haberse metido a la cama, Nicole daba vueltas, inquieta, en su cama. No podía dormir.
El aire estaba demasiado caliente y el sudor corría por su frente. Sintió que se ahogaba por lo que se incorporó. Se puso su delgada bata y se dirigió a la puerta. Volteó a ver a los demás y se percató de que estaban profundamente dormidos.
Fuera, el clima era demasiado húmedo. Caminó por el largo pasillo hasta llegar a la puerta de salida a cubierta. No topó a nadie en su camino. Llegó hasta el exterior y se quedó un momento ahí, en la puerta, tomando aire. La noche era estrellada y le envolvió un profundo silencio enmarcado por el suave vaivén de las olas de un mar tranquilo.
Un leve murmullo llegó hasta sus oídos desde alguna parte, ahí fuera. De entrada, una sensación inquietante hizo temblar su cuerpo pero se controló. Era como si de un llanto se tratase. Su curiosidad fue en aumento, por lo que decidió asomarse, para descubrir el origen del sonido.
Caminó con sumo cuidado y llegó a uno de los costados del barco.
El largo pasillo se perdía en infinidad de puertas por una parte y mar por otro. Siguió su marcha, hasta que divisó a lo lejos, la figura de una mujer. El largo de su vestido flotaba suavemente en el aire, dándole cierto aire místico. El cabello rubio y lacio caía hasta su cintura, mientras una diadema negra lo sostenía. Era una mujer muy bella. Sus ojos profundamente azules se posaron sobre la niña, al verla acercarse. Estaba llorando.
- ¿Qué tiene? – la vocecita rompió el silencio.
La dama limpió sus lágrimas y sonrió. Era la sonrisa más tierna que la pequeña había podido ver. Su semblante emitía una inmensa ternura. Se volteó hacia ella y con dulce voz habló:
- Hola, pequeña, ¿cómo te llamas? – caminó hasta situarse frente a ella y se agachó para quedar a su altura.
- Nicole, ¿y usted? – a pesar de la imponente personalidad cautivadora de su interlocutora, el sexto sentido de Nicole se activó. Percibió cierto aire de malignidad, en alguna recóndita parte del tono de voz de la desconocida.
- Llámame Sue. Me da pena que me hayas visto llorar. Me siento mal ¿Sabes?, perdí un ser querido y no he podido superarlo – la misteriosa mujer tomó una de las manos de Nicole. El cálido y suave contacto le hizo estremecerse sin entender la causa.
- ¿Se murió? – la curiosidad seguía latente.
- No. Se alejó de mí. Decidió irse con otra mujer. Yo lo amaba demasiado pero él… no lo vio así. Me abandonó sin decir nada. La persona que lo alejó de mi lado no supo respetar la promesa de seguir con su vida. Él había decidido quedarse conmigo en un principio, pero después, se fue al lado de ella. ¡Qué injusto!, ¿no crees? – el mordaz comentario fue suavizado mientras Nicole fruncía las cejas en señal de confusión.
- Entonces ella no es una buena persona ¿Era su amiga?, porque los amigos no hacen eso. Su novio debió haber notado lo dulce y bella que es. Estoy de acuerdo con usted. ¡Es injusto! – la carita se arrugó en una mueca de enojo.
- No era mi amiga, sin embargo siempre supo lo grande de mi amor hacia él. Pero cambiemos de tema ¿quieres?, ¿qué haces por aquí tan sola? – la rubia se levantó y le dio una mano para llevarla caminando de regreso hacia los camarotes.
- No podía dormir. Hace mucho calor y quise tomar un poco de aire – se quedaron calladas al oír un grito lejano.
- ¡Nicole! ¿dónde te has metido? – era Anisha.
La pequeña se soltó para correr en dirección a la puerta por la que había salido para decirle que estaba bien. No bien se había alejado unos cuantos pasos, cuando volteó y vio que la mujer ya no estaba. Quizá se había escondido para no causarle más problemas. Sus papás siempre le recomendaban evitar el hablar con desconocidos. Confundida, tomó su marcha de nuevo. Anisha estaba muy molesta:
- ¿Otra vez andas en problemas, mujercita? – la reprendió severamente.
- No podía dormir y salí a caminar. Vi una mujer llorando ahí a lo lejos y estuve platicando con ella. Se llama Sue y me contó que su novio la había abandonado – le narró todo en un par de minutos, tratando de excusarse. Anisha se molestó aún más.
- Pues tu "nueva amiga" desapareció. No la veo por ningún lado y sabes bien que no debes acercarte a desconocidos. ¡Es la última vez que lo haces!, no se lo diré a tus padres pero si se repite, me obligarás a tomar medidas más fuertes. No tenías por qué haber salido del camarote – la chica la tomó de la mano y la guió de nuevo a la habitación que compartían. Nicole sintió que una enorme rabia la invadía por completo.
"No me creyó. Piensa que me gusta dar problemas. Ahora ella se ha puesto de su lado", la imagen de su madre abofeteándola apareció en su mente. El coraje contra ella, apareció nuevamente. Sabía muy en el fondo de su ser que ya todo había quedado superado y no se supo explicar por qué había surgido ese rencor otra vez. Se soltó bruscamente de Anisha y echó a correr por su cuenta a su habitación:
- ¡Hey Nicky, espera!, ¡no corras! – fue tarde.
Cuando entró al cuarto, Nicole ya se encontraba completamente tapada con sus cobijas y no respondió. Anisha decidió no comentar más. Se volvió a dormir.
Fuera de la habitación, la misteriosa mujer a quien Nicole había conocido, había estado observando la situación.
Sonreía con perversidad.
