CAPÍTULO XIV
El puerto de Southampton se divisaba cada vez más cerca. El barco arribaría por la tarde.
Las semanas habían pasado con cierta lentitud para la familia Grandchester, quien se había dedicado prácticamente a permanecer en los camarotes asignados, tratando de pasar la pesada espera, envueltos en dinámicas y conversaciones familiares.
El más entusiasmado de todos era, por supuesto, Nicholas.
Sus expresiones de sorpresa y sus preguntas acerca de todo lo que iba a ver en Londres arrancaban risas a sus padres, quienes ya no hallaban como calmar la curiosidad de su hijo. Anisha escuchaba con demasiado interés. También ella imaginaba como sería su nuevo hogar, la escuela y sus compañeros de colegio, a pesar de que todavía faltaba un año para eso. Estaba recostada y recargada sobre sus codos.
La única seria y callada era Nicole.
Desde aquella noche en que Anisha le había reprendido por salir a caminar, ya no había vuelto a ver a esa extraña mujer con la que había platicado brevemente. Había intentado buscarla entre las demás pasajeras que se topaba, sin obtener resultados. No había dicho a nadie sobre lo ocurrido y Anisha no le volvió a preguntar, confirmándole su postura de no haberle creído:
- ¿Sucede algo, cariño? – la voz de su madre la sacó de sus pensamientos.
- No. Ya quiero llegar y dormir en una cama de verdad – fue la seca respuesta que obtuvo Candy. No volvió a insistir, mientras Terry le hacía señas de que él lo arreglaría.
- Nicky, ¿quieres acompañarme a caminar un poco por la cubierta? – el rostro de la pequeña cambió de semblante, mientras respondía afirmativamente. La rubia se sintió mal al ver ese cambio, pero lo disimuló.
Tomó la mano de su padre y no volteó a ver a los demás. El actor guiñó un ojo a su esposa y salió con su hija. Mientras iban caminando por el pasillo, Nicole retomó su habitual actitud:
- ¿Iré a un colegio de puras niñas?, ¿usaré uniforme diferente? – preguntó sin parar mientras su padre reía y la conducía hacia un lugar donde pudiesen sentarse y hablar a solas. Notó que su hija volteaba insistentemente a todas partes, como si buscase algo, pero no le preguntó al respecto.
Cuando por fin se encontraban sentados, Terry miró fijamente a Nicole. La niña se había quedado seria:
- ¿He dicho algo malo? – la infantil voz denotaba cierta ansiedad.
- Nicky, antes de contestar yo a todas tus preguntas, quisiera hacerte una primeramente: ¿por qué tratas así a tu mamá?, ¿acaso ella ha hecho algo que te tenga disgustada? Puedes decírmelo con toda confianza, hija. Prometo solucionar la situación en la medida en que pueda hacerlo, pero por favor, cuéntame qué es lo que te sucede.
La presencia de su padre alteraba por completo su estado emocional. Lo quería demasiado. Bajó la mirada y buscó distraídamente entre la gente a alguien, que sabría, no volvería a ver. Terry preguntó de nuevo qué sucedía, ignorando lo que buscaba.
- Me molesta que piensen que invento cosas o que hago todo esto para llamar la atención. Esa noche, yo quise salir a tomar aire. Me estaba sofocando. Anisha salió a buscarme y no me creyó. Me había prometido no decírselo a mamá pero no lo cumplió. Siento que me llama seguido la atención y debe de ser por lo que An dijo. Ya no puedo confiar en nadie – mientras hablaba, su mirada estaba enfocada en un punto perdido detrás de Terry.
- Mi amor, yo no tenía conocimiento de eso… hasta ahora que lo acabas de decir. Anisha nunca comentó nada. Me correspondería en este momento llamarte la atención por haberlo hecho, pero lo pasaré. Ahora dime, a pesar de que tu madre no lo sabe, ¿qué es lo que te molesta de ella?, me da la impresión de que rehúyes su compañía. Sé sincera cariño. Nos tienes preocupados y tu madre sufre por tu actitud hacia ella – Terry se acercó a abrazarla.
"¿Cómo explicarte papá?, ¿cómo decirte que no entiendo por qué la trato así?", la pequeña cerró los ojos mientras trataba de buscar mentalmente, una respuesta lógica a las actitudes y gestos groseros para con su madre. A pesar de actuar impulsivamente, muy en el fondo sabía que algo no estaba bien y que su comportamiento distaba de ser el correcto. Últimamente su humor había tenido un cambio radical que distaba mucho de aquel que siempre solía tener. Ahora, se debatía en una lucha interna tratando de comprender qué era lo que le sucedía. "No te odio mamá, no lo haría, pero, ¿por qué no me siento a gusto cuando estoy contigo?", se aferró al regazo de su padre.
De repente, recordó la voz de sus sueños, la misma que le repetía lo mala que era Candy y le recalcaba siempre su preferencia por Nicholas. "Papá no me va a creer", se topó con la mirada de su padre y habló:
- Me he sentido mal últimamente y no sé por qué. Creo que he estado muy sensible – aquello hizo sonreír al actor. Quizá su amada hija ya estaba volviéndose una linda damita.
- Es normal que te sientas así, mi amor. Las mujeres tienen cambios constantes de humor debido a cuestiones biológicas perfectamente comprensibles. Me ha tocado verlo con tu mamá y creo que es ella la más indicada para explicártelo – mientras le escuchaba, Nicole reprimió la sensación de repulsión al pensar en estar junto a Candy.
- Tienes razón, papá. Creo que iré a disculparme. No merece que la trate así. Reconozco que he estado muy distanciada de mamá. Sé lo mucho que me ama – las palabras salieron demasiado forzadas. Algo o alguien trataba de influir negativamente en ellas. Eso no quería a su madre.
- Me da gusto oírte hablar así, Nicky. Tu mamá se pondría feliz de saber que puedes volver a confiar en ella. Ahora, sigamos caminando un poco más – se incorporaron y continuaron con su caminata por cubierta. La chiquilla siguió todo ese rato con su padre.
De regreso en el camarote, la pequeña tuvo que hacer un verdadero esfuerzo sobrehumano para estar con Candy, pero tenía que seguir haciendo creer que realmente era la misma Nicky de siempre. Aquella amorosa hija que había pasado agradables momentos junto a su madre.
Se sentía muy mal por estar fingiendo, o ¿acaso no lo hacía y la quería realmente?, ¿por qué sentía esa gran desconfianza y la veía con recelo al acercarse a su padre? La voz regresó a su mente. ¿De quién era?, justo en ese momento que lo analizaba, no supo distinguir el tono. Le hablaba en un susurro.
- Mi amor, ¿quieres decorar tú sola tu recámara? – la dulce actitud de su madre la arrancó de su silencio. La tenía abrazada y apoyada sobre su regazo.
- ¿Me dejarás, mami? ¡Qué felicidad! – Nicole respondió con una ligera alegría, tratando de hacer caso omiso a la molesta presencia "invasora". La idea de decorar su propio ambiente le atrajo. Por fin podría acomodar sus objetos personales de la manera en que ella los quería.
- Hija, ¿hay algo que quisieras compartir conmigo?, me gustaría conocer lo que piensa esa bella cabecita – Candy besó su frente.
- No ha sido mi intención causarte dolor, mamá. A veces me enojo por tonterías. Es algo que no puedo cambiar. Aparece de repente y después se va – explicó parcialmente, mientras seguía abrazada a ella. Trató con todas sus ansias de corresponder al mismo sentimiento amoroso. No pudo.
El sonido del barco les indicó que ya estaban a punto de llegar al muelle. Todos se pusieron a acomodar el resto de sus pertenencias en sus valijas rápidamente.
Ya sobre el lugar, después de un descenso de horas, la familia Grandchester y Anisha se encontraban rumbo a su nuevo hogar. Les esperaba un lujoso auto, propiedad del socio de Terry. El chofer les hizo una reverencia y les ayudó a colocar las numerosas maletas. El resto del equipaje les llegaría después.
Nicholas y su hermana iban contemplando extasiados la ciudad londinense. Las ruidosas y atestadas calles hicieron delicia de los ojos de Anisha. Candy y Terry rememoraban viejos recuerdos, mientras intercambiaban miradas cómplices.
Una nueva vida comenzaba para todos.
El vehículo se alejó un poco del centro y se internó por unas calles empedradas que daban hacia un sector residencial.
Lujosas residencias medianamente aisladas entre sí, ofrecían una espectacular vista a la familia. Los diseños eran peculiares y vanguardistas. Sus jardines de flores multicolores otorgaban vida a cada mansión.
Después de pasar varios metros, el auto se adentró en un corto sendero rodeado de árboles que daba a lo que sería el nuevo hogar. Los gritos de los niños se dejaron sentir, al momento de abrir la puerta y salir corriendo hacia la parte lateral de la casa, seguidos por Anisha. Una hilera de cinco empleados les esperaban.
Frente a la entrada principal, había un pequeño jardín circular, y en los alrededores se podían divisar vastas hileras de coloridas plantas. Un lugar sobrio, elegante y espacioso. Lo que Candy jamás se hubiese imaginado. Volteó a ver la inmensa fachada recién pintada. Terry la tomó del brazo mientras le conminaba a entrar. Los sirvientes hicieron una ligera reverencia:
- Buenas tardes, señor y señora Grandchester. Soy el ama de llaves de la propiedad. Mi nombre es Theresa Straub. Estoy a sus amables órdenes. Les presento a Jerome, el jardinero, Diana y Lydia, encargadas de la cocina y Michael, quien se encarga de verificar constantemente los imperfectos del lugar – la mujer de aspecto maduro, quizá unos cuarenta y cinco años, inclinó respetuosamente la cabeza. La pareja respondió alegremente al saludo.
- Tanto gusto, señora Straub, señores. Este lugar es realmente impresionante y hermoso – Candy habló mientras seguía observando su alrededor.
- Pasen por favor. Les estábamos esperando. Ordenaré que suban su equipaje – la mujer hizo una señal a Michael para que comenzara a subir las maletas, acompañado de Jerome.
- ¿Tienen tiempo trabajando aquí? – Terry se adelantó a entrar al recibidor.
- Hace apenas unas semanas, señor Grandchester. Tuvimos tiempo suficiente para poner un poco de orden a este lugar. Nos han asignado un cuarto en la parte inferior de la residencia. La casa es bastante amplia como podrán ver – la mujer cortó el tema drásticamente y el inglés, confundido por su rara actitud, no volvió a tocarlo.
- Querido, ¿ya viste la sala? ¡Está increíblemente bella! – la rubia se sentó rápidamente en uno de los sillones, sintiendo la suavidad de la tela y lo confortable de los cojines en su cuerpo.
Se recargó un poco en el respaldo. Observó los exquisitos candelabros que pendían del techo, así como los cuadros y la decoración cuidadosamente seleccionada. Estaba fascinada.
- ¿Desean que les mande a preparar algo de cenar? – Theresa los regresó a la realidad. Terry asintió y la mujer se retiró, seguida por las otras dos sirvientas.
- ¡Pareces una niña, Candy!, ¡eso no es propio de una dama! – el actor se sentó a su lado y colocó sus labios sobre el femenino cuello. La chica emitió un leve gemido, recordando que se encontraban en un lugar poco propicio.
- ¡Terry! ¡Tranquilízate! – su esposa lo alejó de ella, mientras seguía recorriendo con la mirada todo el lugar.
- ¿Podemos ver las recámaras? – tiró del brazo a Terry y se dirigieron a la enorme escalera, cuyo barandal de madera dejaba asomar un hermoso labrado, con rosas en cada extremo.
Al llegar a la parte superior, se dedicaron a recorrer, con el asombro en sus rostros, cada una de las habitaciones. Candy contó un total de siete, recordando las restantes en el piso inferior. La habitación al final del pasillo le ocasionó un ligero escalofrío pero lo olvidó instantáneamente.
Llegaron a lo que parecía ser la recámara principal y la ojiverde dejó salir un gritito de asombro al ver la enorme cama con doseles y gasas transparentes. Lucía un hermoso cobertor de color rojo con cojines y almohadas doradas.
El sonido de la puerta cerrándose a sus espaldas le hizo voltear. La mirada de deseo de su marido le vaticinó que probablemente no saldrían por un buen rato de la cama. Un ligero cosquilleo en su vientre recorrió su ser, mientras un delicioso calor la hacía sonrojarse.
Terry se acercó a ella y comenzó a besarla apasionadamente, a la par que comenzaban a deshacerse de la molesta ropa. Al quedar completamente desnudos, tomó a la rubia de las caderas y la dirigió a la cama. Su boca besó cada parte de aquel blanco cuerpo. Su lengua recorrió cada milímetro de su piel, mientras su esposa se dejaba amar. La entrega fue ardiente y explosiva.
La señora Straub iba a llamar a la puerta para indicarles que la cena ya estaba servida, pero ciertos sonidos le indicaron que debía esperar. Sus patrones estaban demasiado concentrados en sus deberes maritales.
Regresó a la cocina con una sonrisa de picardía.
Anisha y los gemelos habían corrido por el jardín hasta desfallecer.
Había una fuente en forma de trébol con un curioso duende al centro. Vertía una olla de agua. La chica Cornwell sintió un ligero estremecimiento al observar cuidadosamente las facciones de la escultura.
- ¡Miren!, se puede ver el patio de la casa más cercana – Nicholas señaló hacia la cerca cubierta de enredaderas. La fachada trasera de una casa grisácea y en mal estado apareció a la vista.
- ¿Vivirá alguien ahí? – preguntó con cierto temor Anisha.
- Podremos comprobarlo ahora – Nicky emprendió el camino hacia el árbol más cercano y comenzó a treparse, haciendo caso omiso de los gritos de Anisha.
- ¡Condenada chiquilla!, ¿por qué no entiendes? – el grito de Anisha se apagó, al ver que Nicole se encontraba ya en lo alto, viendo hacia el interior.
- No se ve nadie. Parece que está abandonada. Las cortinas se ven agujereadas. Quizá deberíamos tratar de entrar otro día – dijo desde lo alto. Nicholas gritó feliz imaginándose una de sus tantas aventuras infantiles.
- ¡Baja de inmediato! – Anisha estaba demasiado seria y molesta y Nicole no tuvo más remedio que hacer caso.
Mientras iba bajando, volteó a ver hacia la parte superior de la vieja casona y se detuvo por unos segundos. Estaba segura de que había visto cierta figura cerca de una de las pequeñas ventanas. Enfocó bien la vista y ya no vio nada.
Sin dar importancia, llegó hasta abajo y no le quedó de otra más que escuchar el sermón de Anisha:
- ¿Por qué eres tan rebelde, Nicky?, ya estuviste en peligro una vez. ¡Debes de ser más consciente! – la tomó de la mano y los tres regresaron al lugar.
Mientras caminaban, Nicole volteó por una vez y ahora sí la vio:
Era la difusa figura de una mujer.
Fue incapaz de percibir su rostro. Su cabello era en apariencia largo, llegando un poco abajo de los hombros. Parecía estar sentada, observándole fijamente. Nicole iba a decir algo pero la figura se fue desvaneciendo gradualmente.
La pequeña decidió callar. Ni su prima ni su hermano se habían percatado de la situación.
Sólo ella.
Decidió regresar a casa con ellos, en total silencio.
Al entrar, se dirigieron en busca de sus padres.
El ama de llaves les guió a sus recámaras, mientras les indicaba que la cena estaría servida en cuanto tomaran una ducha.
Cuando estuvieron ya todos reunidos a la mesa, Terry tomó la palabra mientras su esposa le observaba emocionada:
- Quiero darles la más cordial bienvenida a este maravilloso lugar y quiero que lo disfruten enormemente. Les anuncio que la próxima semana, tendremos una pequeña reunión de recibimiento por parte de la compañía que se ha asociado conmigo. Vendrán unos cuantos amigos que quiero presentarles – Candy lo miró demasiado confundida.
- ¿Vamos a estar presentes, papá? – su hijo le interrumpió.
- ¡Claro que sí, mi amor! Quiero que conozcan a mi familia, de la que tanto les he hablado – miró los rostros de cada uno.
- ¡Eso es una buena noticia!, ¡comenzaré a conocer gente pronto! – Anisha aplaudió brevemente.
- Pues tendré suficiente tiempo para poder preparar algo sofisticado. Tendré que pedirle a la señora Straub su ayuda. Creo que lo debías haber comentado hace tiempo amor – el ligero reproche de su esposa hizo sonreír al actor.
- Sinceramente, estoy igual de asombrado que ustedes. Me han dejado una carta con nuestra ama de llaves. Charles realmente gusta de dar sorpresas – se excusó el inglés.
- Cuente con nuestro apoyo, señora Grandchester – la intempestiva llegada de Theresa sorprendió a todos. No la habían oído acercarse. Candy le agradeció con una enorme sonrisa. La familia pasó un divertido rato mientras terminaban de cenar.
Al momento de retirarse a descansar, Terry y Candy acomodaron a ambos gemelos en una de las recámaras para leerles su acostumbrado cuento. Su madre narraba y su padre actuaba los diálogos. Anisha ya se había ido a dormir.
Nicole estaba un poco intranquila pero no lo demostró. Oía a su padre pero sin prestar atención. Pensaba en esa misteriosa persona que había visto en la casa de al lado. "No entiendo, yo vi que las cortinas estaban sucias y viejas, además, la primera vez que me asomé no estaba ella, justo antes de retirarme apareció. ¡Qué raro!", siguió la actuación de su padre, sin demasiado interés.
Después de un rato, Nicholas estaba completamente dormido y su padre lo llevó cuidadosamente a su nueva recámara. Candy se quedó con su hija. Estuvieron platicando un rato, mientras la amorosa madre cubría a su hija con las suaves cobijas:
- Te quiero mucho, Nicky. No lo olvides – le dio un suave beso en su frente.
- Yo también te quiero, mami. Trataré de portarme mejor. No ha sido mi intención herirte – sonrió mientras sus ojos se iban entrecerrando del cansancio.
En cuanto Candy cerró la puerta, Nicole cayó en un sueño profundo:
Iba descendiendo por una estrecha escalera de caracol que llevaba hasta la parte baja del lugar donde se encontraba. Un ligero cántico conformado por agudas voces humanas flotaba en el aire, junto al intenso olor de algo parecido a incienso o mirra.
Nicole no lo pudo distinguir.
Conforme fue bajando, el sonido se fue haciendo cada vez más y más fuerte.
Ahora todo eran gemidos y lamentos. Podía percibir la voz masculina que presidía el extraño evento. A llegar al final de la escalera, lanzó una mirada de temor a los siniestros personajes. Ninguno pareció percatarse de su presencia. Siguió caminando hasta llegar a la puerta y la abrió, saliendo hacia un oscuro pasillo. Percibió el lejano llanto de una mujer, y se dirigió hacia el lugar de donde provenía el ruido.
Era un cuarto pequeño y escasamente iluminado por la luz de una vela a medio terminar, colocada sobre una arruinada mesita de noche. Había un sucio camastro y ropas tiradas por todos lados. Notó que las paredes eran de piedra y lucían oscuras. Observó una figura sentada de espaldas hacia ella. Vestía una sucia bata blanca y sus cabellos lucían enmarañados y sucios. Cuando se acercó a ella, la misteriosa mujer volteó y Nicole gritó, mientras salía del lugar, al ver su rostro.
Estaba lleno de heridas y sus ojos emitían un brillo amarillento, haciéndole parecer una monstruosa criatura.
Nicole despertó sobresaltada y se percató de la penetrante oscuridad que le rodeaba El miedo comenzó a hacer mella en su cuerpo y salió de la cama para dirigirse al cuarto de Anisha.
Al llegar a la puerta recapacitó:
"Eres una tonta miedosa, Nicky. Fue un mal sueño", se recriminó su comportamiento tan infantil y regresó a su cama. Esperó en vano para poder dormir hasta que pudo concebirlo.
Al día siguiente, había olvidado lo que había soñado.
El momento de la fiesta había llegado.
La señora Straub y Candy estaban al pendiente de que todo estuviese listo y en orden para recibir a los invitados. Sus ayudantes Diana y Lydia habían hecho una presentación impecable del buffet y estarían a cargo de servir la cena y las bebidas.
La familia se encontraba un poco más acoplada con su nueva casa. Candy había terminado de acomodar todo el equipaje y solo restaba esperar a que llegara lo demás por barco.
Anisha también pudo terminar de establecerse por completo. Tenía muchas ganas de ir de compras por la ciudad. Se sentía tan feliz de estar en Londres. Ayudaba a Candy en lo que podía y pasaba largas tardes con los gemelos. Había decidido ir a conocer la que sería su nueva escuela pronto y la rubia la acompañaría.
Nicholas y Nicole se la pasaban horas jugando, cada uno en sus respectivas habitaciones. El niño era el más feliz ya que prácticamente el cuarto de juegos era para él.
Por su parte, la niña pasaba más tiempo a solas que con An y en varias ocasiones llegaba a pasear cerca de la casa abandonada. No había vuelto a ver a la misteriosa inquilina.
- ¡Bien, chicos! ¿Se encuentran listos? ¡Los invitados ya están reunidos con su padre en la sala! – Candy llegó rápidamente a revisar que sus hijos ya estuviesen listos.
Lucía bellísima esa noche, envuelta en un elegante vestido azul marino. Una discreta gargantilla bañada en diamantes refulgía en su blanco cuello.
Nicole la observaba con cierta fascinación. Muy en el fondo, admiraba la belleza de su madre y esperaba ser como ella, algún día:
- Mami, este traje es muy incómodo. ¿Es necesario que lo lleve puesto? – su hermano comenzó a quejarse. La ojiverde sonrió comprensiva.
- Mi amor, no dijiste eso cuando te lo probaste. Presiento que solo piensas en estar jugando y no quieres bajar. Te pido por favor que le demos este ratito a tu papá – su madre se agachó para quedar a su altura y abrazarlo con mucha ternura. El jovencito había quedado convencido.
- Mami, ¿cómo me veo? – Nicole dio una vuelta sobre sí, mientras la crinolina del hermoso vestido rosa que había tenido como regalo en su cumpleaños ondulaba con cada movimiento, haciendo resaltar el vistoso encaje blanco. Sus rizos estaban recogidos en un moño del mismo color. Parecía una princesa.
Candy se sintió orgullosa de su hija.
- Te ves increíblemente hermosa, Nicky. Serás una mujer muy bella ¿sabes? – se acercó igualmente a ella y la abrazó con fervor. Su hija aspiró el dulce aroma de su perfume. "Mami, te quiero mucho", pensó mientras respondía al abrazo. Justo en ese instante, no la rechazaba.
- Yo espero no quedarme atrás, tía. Traté de escoger el vestido de gala que mi madre me hizo comprar hacía tiempo y que nunca había usado – Anisha llevaba un vestido verde olivo muy elegante pero a la vez muy sexy.
A pesar de estar cubierto del pecho, tenía un atrevido escote en la espalda. Candy asintió, siempre y cuando la chica tuviera puesta la chalina del mismo todo el tiempo. Ella frunció el ceño, pero obedeció. "Igual que su madre", pensó la mujer mientras sonreía rememorando a su hermana.
- Bueno, creo que todos estamos preparados, así que bajemos ya que los invitados nos están esperando – todos se dirigieron en grupo hacia las escaleras.
El silencio se expandió por todo el lugar a medida que Candy y sus hijos iban bajando. Anisha iba tímidamente detrás de todos ellos. Terry no pudo ocultar su admiración por lo bella que lucía su esposa. Rápidamente volteó a ver a sus acompañantes, quienes no quitaban la vista de encima de ella. Las hembras que les acompañaban dejaron entrever cierta envidia.
El actor sintió un ligero malestar a causa de los celos pero los reprimió.
Finalmente, era su mujer y nadie más osaría pasar más allá de un simple intercambio de palabras con ella. Rápidamente tomó el brazo de Candy y comenzó a presentar a su familia.
Se encontraban con él, su socio empresarial Charles Burlington junto a su esposa Mariah; Steven y Klara Anderson, dueños del teatro donde se montaría la obra; Igor Petrovich, el director general de la compañía teatral quien iba acompañado de una bella francesa de nombre Cécile; Peter y Vanessa Hellingman, accionistas mayoritarios de la recién creada Hathaway & Berlington Productions y el reverendo Patrick Folsom. Los presentes saludaron con un breve asentimiento de cabeza mientras la rubia era presentada con cada uno de ellos, ocultando su sorpresa por ver a un religioso presente.
Las mujeres sonrieron sin dejar de observarla de pies a cabeza, coincidiendo cada uno por su lado, en la fineza y clase de la señora Grandchester, mientras la separaban de su esposo para poder conversar a gusto con ella.
Los gemelos trataron de guardar la compostura y Anisha intentó ocultar su desencanto, puesto que todos eran hombres maduros y mujeres algo grandes para ella. Esperaba conocer a algún joven guapo pero tuvo que contentarse con seguir las conversaciones a su gusto, aburridas, de las demás féminas.
Nicole se había sobresaltado al sentir la mano del padre sobre la suya, sin comprender bien el por qué. No podía quitar la vista de la tira blanca debajo del oscuro traje. Sus padres les habían criado dentro de la religión católica, sin embargo, se sentía demasiado incómoda estando cerca de él. No se explicaba su presencia en la velada y como si hubiese leído su mente, el padre se dirigió a ella:
- Imagino lo que estarás pensando, bella Nicole – el reverendo se inclinó amistosamente mientras la observaba fijamente.
- ¿Cómo te has sentido en tu nueva casa? – le hizo una seña para que se sentaran en uno de los enormes sillones. La niña le siguió con cierta precaución.
- Me gusta. Es cómoda y tiene un jardín grande – respondió secamente Nicole. El padre sonrió comprensivo.
- Ya pronto irás a la escuela y comenzarás a hacer amistades. ¿Has tenido tiempo de recorrer toda la mansión? – el religioso tomó una postura más amigable para que Nicole entrara en confianza.
- En su mayoría. Pero me gusta estar más en el jardín, cerca de la casa vecina. Padre, ¿de casualidad sabe si hay gente viviendo ahí? – al escuchar tan sorpresiva pregunta, el reverendo Folsom no pudo menos que palidecer. Ciertos recuerdos desagradables llegaron a su mente y como pudo, se tranquilizó.
- No, Nicky. No está habitada y no sería conveniente que trates de acercarte. Es un lugar demasiado peligroso. No sabemos qué maleantes o animales puedan alojarse ahí. Nadie ha pisado esa casa en años, Prométeme que te mantendrás alejada de ese lugar – la ansiedad asomó a su voz. No había esperado esa pregunta tan peculiar. Fueron interrumpidos por Candy en ese momento, quien había podido separarse de las demás mujeres.
- ¡Vaya!, creo que mi pequeña princesa pasa un momento agradable. ¿Puedo saber de qué hablan? – la rubia percibió cierto nerviosismo del padre y se sentó inmediatamente al lado de su hija. Su instinto materno hizo que la abrazara.
- Tiene una hija encantadora, señora Grandchester, y muy inteligente. Me comentaba que le gusta mucho este lugar y que pronto irá a la escuela, ¿no es así, Nicky? – volteó a verla y la niña entendió el mensaje. El hombre no quería preocupar a su madre. Confiaba en el consejo sensato que había dado a su hija.
- Así es, mami. El padre dice que este lugar es realmente maravilloso y yo le creo. Me encanta el jardín y creo que seré muy feliz aquí. Ya quiero ir a la escuela y conocer más niñas – Nicole se aferró al brazo de su madre. Su mente trabajaba a mil por hora. La imagen de la misteriosa figura llegó a su mente.
- Señora Grandchester, le dejaré mi tarjeta por cualquier cosa que solicite o necesite. Me dará mucho gusto ayudarla u orientarla al respecto. Si ustedes son creyentes, las espero con mucho gusto en la iglesia donde predico – el gentil hombre extendió una tarjeta a Candy.
Ésta sonrió, mientras la guardaba. No supo por qué, pero tuvo un ligero presentimiento de que se seguirían viendo. Tal vez por querer seguir inculcando principios religiosos en sus hijos, tal como lo habían hecho sus madres con ella.
Terry estaba más que contento por la manera en que se iban dando las cosas. Sus invitados le habían dado una extrema confianza al haberle explicado detalladamente el proceso. Estaba feliz porque iba a poder aportar ideas para la dirección de la obra, sin embargo, escuchó algo que no tenía considerado antes de llegar:
- Dada la excelente reputación que ostenta como uno de los mejores actores de su tiempo, ¿estaría dispuesto a personificar a Romeo, cuando sus actividades así lo permitiesen? – el director ruso fue directo al grano. Observó divertido la expresión del actor.
- ¿Es en serio lo que me acaba de preguntar?, ¡Dios mío!, ¡hace tanto tiempo que no interpreto a ese personaje!, y viniendo la invitación de tan destacado director, no podría menos que decirle que sí, ¡encantado de poder participar en la obra!, quizá quiera valorarme un poco antes de iniciar – Terry estaba asombrado. No se lo esperaba definitivamente.
- No será necesario. Su fama lo respalda. Nada me daría más gusto que poder trabajar con usted – el ruso tomó su copa y brindó por él. Todos le imitaron, mientras proseguían con su conversación. Terry volteaba a ver de reojo a Candy y su hija. Al ver al reverendo, no evitó la pregunta a Charles sobre él.
- Es un gran amigo de hace tiempo. Aficionado al buen teatro y las buenas obras. A pesar de sus creencias religiosas es un hombre extremadamente inteligente y perceptivo. Hemos tenido acaloradas discusiones teológicas y escépticas. Cuando supo que vendrías a trabajar con nosotros, me pidió que te presentara con él. Es gran admirador tuyo Terry – su socio se volteó para seguir platicando con los demás, mientras el inglés se disculpaba para reunirse con su familia y el padre.
- Creo que están bastante divertidos ¿eh? – Terry se quedó parado frente a ellos, mientras el reverendo Folsom se incorporaba para saludarlo y expresarle su admiración.
- Es usted un gran actor, Terrence. Tuve la oportunidad de verlo en Broadway en sus inicios. Desde ahí no dejé de seguirle la pista. ¡No puedo menos que felicitarlo por el increíble talento que posee! - el padre le dio un sorbo a su bebida. Candy sonreía mientras Nicole seguía pensativa, ajena a la plática.
- ¿Vivía antes en América padre? – la pregunta de Terry fue un poco inquisitiva.
- Allá estuve un tiempo trabajando en obras benéficas en lugares pobres, señor. Tuve la suerte de conocer un poco la ciudad y al ver el cártel de Romeo y Julieta en aquella época, no dudé en entrar a ver la obra. ¡Magnífica actuación! – los ojos del padre se tornaron melancólicos.
- Mi esposo es muy talentoso – Candy no pudo evitar la emoción, mientras Terry la rodeaba por la cintura. La voz de Nicole les recordó que estaban con un menor.
- Tengo sueño, mamá. Iré a descansar – le hizo una seña a Anisha quien estaba completamente aburrida y frustrada de no haber conocido a un joven. Nicholas estaba con ella dormido. Se acercaron al trío. Anisha fue presentada brevemente, mientras Terry cargaba a l gemelo en sus brazos. Antes de irse, el reverendo se despidió de Nicole, susurrando las palabras.
- Confío en que harás caso a lo que te dije, Nicky. Evita ir a ese lugar. No es bueno para ti – le dio una leve caricia en la cabeza y dejó que se retiraran.
Candy se quedó con él, mientras daba un beso a sus hijos.
Terry acomodó a su vástago en la habitación, mientras le ponía el pijama un poco a fuerzas. Después, se reunió con Nicky quien ya estaba metida en la cama y Anisha se despedía de ella. Intercambió unas breves palabras con su hija y le dio un beso en la frente, dejándola sola después.
La fiesta abajo siguió hasta altas horas de la madrugada. Cuando despidieron al último invitado, Terry y Candy se dirigieron a su habitación. Se amaron lo que restaba de la noche.
Nicole estuvo despierta todo el tiempo. Se aferraba a uno de sus muñecos mientras pensaba en lo qué estaba sucediendo:
Acababa de ver nuevamente por la ventana hacia la casa abandonada. La luz del cuarto donde había visto esa figura estaba encendida.
Se sentía realmente confundida. El consejo del padre daba vueltas en su cabeza:
¿Qué había pasado en esa casa?
Con este último pensamiento, por fin se durmió.
Las semanas se fueron sucediendo de manera casi rutinaria para los miembros de la familia, al comenzar su adaptación a esa nueva ciudad.
Después de haberse instalado por completo, cada uno de ellos se había acoplado a sus nuevas actividades.
Terry permanecía fuera de casa durante el día, para laborar en su nueva oficina mientras se familiarizaba con las costumbres inglesas y el personal perteneciente a Hathaway & Burlington.
No era una compañía muy grande pero la gente que ahí trabajaba era muy amigable y gentil con él. Aunque muchas veces se cruzaba con miradas de admiración por su presencia, había hecho un gran esfuerzo por separar a la celebridad del compañero de oficina. Ya había ganado la simpatía de Lina Kletz, una simpática mujer de treinta y cinco años quien sería su asistente y secretaria personal.
Charles y el actor se encerraban por horas para discutir los diferentes temas concernientes a la obra teatral que estrenarían pronto, mientras Igor daba sus avances y reportes sobre el talento actoral que participaba en la obra. Rara vez se reunían con el accionista.
Varias veces, Terry hizo gala en su interpretación como Romeo, dejando al director ruso, estupefacto al ver la calidad artística en su trabajo. Charles solo reía imaginando la copiosa concurrencia al estreno artístico. Había puestos sus esperanzas en la sociedad con él.
En lo que concernía a su padre, había podido llevarlo por fin a su casa para que la conociera y estuviera con su familia:
- Me haces tan feliz de poder darme esta oportunidad al estar con tu familia, hijo. Trataré de estar frecuentemente presente aquí – le había dicho el Duque al encontrarse rodeado de sus nietos, el último fin de semana que acababa de pasar. Los gemelos habían caído rendidos ante la magnética personalidad de su abuelo. De su otra familia jamás habló. Terry lo creyó prudente.
Mientras su esposo trabajaba, Candy se dedicaba por completo a su hogar.
Sus hijos ya habían comenzado a ir a la escuela y había estado al pendiente de todo lo que necesitasen para debutar en un prestigioso colegio de la ciudad.
Anisha le acompañaría a dejar y traer a Nicholas y Nicole para irse familiarizando con su futura ciudad y de paso conocer la escuela donde iniciaría estudios en los próximos días.
El ama de llaves era su mano derecha en cuanto al funcionamiento de la casa y dedicaba sus tardes libres a la lectura o a jugar con sus pequeños. Había decorado con vistosos diseños infantiles el cuarto de juegos para lograr atraer la atención de Nicole, quien parecía seguir empecinada en seguir jugando en el jardín, cerca de la fuente.
- No entiendo qué es lo que busca en ese lugar. No hay nada interesante ahí y siempre está tratando de subir a los árboles. Creo que te pediré me acompañes a vigilarla cuando esté fuera. O quizá sea mejor que permanezcas con ella tía. Podría lastimarse, y realmente, ya no me hace mucho caso – le comentó esa tarde Anisha con cierto desencanto, mientras Candy trataba de dar el último toque a los uniformes escolares.
- ¿Acaso sucede algo, An? – Candy dejó lo que estaba haciendo y se dirigió a ella, preocupada.
- La verdad, tía, hace tiempo que noto a Nicole muy cambiada. Tal parece que no quisiera estar cerca de nosotros. Antes jugaba mucho con Nicholas y ahora ya casi no lo toma en cuenta. Igual, platicaba mucho conmigo y de hecho me dijo en Chicago, que estaba feliz de saber que yo vendría a Londres con ella, pero… después todo cambió. Se ha encerrado en un muro infranqueable y solo cuenta el momento de poder salir a jugar a esa parte del jardín – aquello hizo extrañar a Candy.
- ¡Qué raro!, conmigo Nicole se ha portado sumamente cariñosa y he visto que acaricia mucho a su hermano cuando estamos juntos. ¿No será tu imaginación?, si quieres hablo con mi hija. Tal vez esté molesta contigo y no quiere decírtelo – la rubia se calló ante la negativa de Anisha.
- Dejémoslo así, tía. Tal vez no quiera que me meta mucho en su vida como antes. Nicky está creciendo y sus intereses lógicamente están cambiando – la chica no pudo ocultar su tristeza y eso no pasó desapercibido por Candy. Intentaría hablar con su hija.
Theresa había llegado a interrumpirles. La comida estaba lista y ya comenzarían a servir. Anisha se dirigió al cuarto de juegos por Nicholas y Candy fue por Nicole. La pequeña no estaba en su cuarto. Extrañada preguntó al ama de llaves si la había visto y ante la negativa de ésta, se dirigió apresuradamente al jardín.
No la vio por ninguna parte. Su preocupación aumentó, mientras se dirigía hacia la parte que le había descrito Anisha, encontrándola finalmente, sentada al pie del árbol con la mirada posada sobre la casa vecina:
- ¡Nicky! ¡Nicky!, ¿estás bien?, ¡la comida está lista, mi amor! – llegó hasta donde estaba su hija y se quedó callada.
Nicole no volteaba.
Seguía mirando hacia la casa. Un extraño sonido salía de sus labios, como si entonase una canción.
- ¿Qué sucede, mi amor?, ¿estás bien? – la rubia se acercó a ella y la obligó a mirarla. La pequeña reaccionó al instante.
- ¿Tienes rato aquí, mamá? – su voz de repente se volvió demasiado impersonal, indiferente…fría. Candy se sobresaltó, inquieta.
- Te estuve buscando, Nicky. Me tenías preocupada ya que no te localizaba por ninguna parte. ¿Qué tienes cariño?, ¿sucede algo? – la abrazó, mientras se percataba del temblor en su cuerpo. La rubia se alarmó. Tocó su frente pero no percibió rastro alguno de fiebre.
- ¿Podemos ir a comer, mami?, ¡tengo mucha hambre! – súbitamente, su hija habló tan normal como siempre. Como si no hubiese sucedido nada en todo ese rato. Tomó a su madre de la mano y la guió de regreso a la casa. Ya no había ese temblor en su cuerpo.
Mientras comían, Candy no cesaba de observar a su hija.
Estaba intrigada por lo que acababa de suceder. No podía dejar de pensar en el extraño sonido que salía de sus labios.
Durante ese largo rato comprobó que actuaba como si nada hubiese pasado. Inclusive, la encontraba más sociable, más participativa que lo habitual. Hasta había prometido ir a jugar con su hermano, tan pronto como terminaran de comer. Anisha estaba igual. Intercambiaban miradas esporádicamente:
- Mami, ya acabamos de comer. ¿Podemos ir a la sala de juegos? – Nicholas estaba ajeno a lo que sucedía. Su hermana lo secundó.
- Déjanos ir a jugar. Ya terminé con mi comida – tomó la mano de su hermano y se acercaron a Candy para darle un beso.
La ojiverde aceptó, demasiado extrañada. En cuanto se vio sola habló con Anisha, sin comentarle lo del extraño sonido.
- Tienes razón, An. La encontré en el lugar que me dijiste. Estaré al pendiente de su comportamiento. Por favor, no dudes en acudir a mí si ves algo extraño en ella. Por el momento no le comentaré nada a Terry para no preocuparlo. Quizá esté tratando de llamar la atención – Candy se levantó de la mesa, mientras Anisha terminaba de ayudar y se dirigía a su habitación, realmente confundida.
Ninguna de las mujeres se percató de la extraña sonrisa de Nicole, al acompañar a su hermano a jugar, justo cuando su madre justificaba su comportamiento.
Una extraña frase se dejó sentir en su mente:
"Eso es lo que deben de creer"
Nicholas no se dio cuenta del cambio en su semblante.
