Arconte o no, dios Barbatos o no, su sonrisa y encanto era algo que cierto chico pelirrojo no podía ignorar. ¿Quién no querría protegerlo a simple vista? Diluc ya llevaba buen tiempo vigilándolo de cualquier enemigo al acecho. La excusa: sin su gnosis no podía dejarlo a su suerte. Diluc x Venti. Soft Yaoi.
Atención: Ningún personaje me pertenece, todo es propiedad de Mihoyo.
Ya advertí que es Yaoi, o sea relaciones amorosas o cariñosas entre dos chicos. Si no les gusta, solo ahórrense el mal trago.
El reto de la trenza y el guerrero
¿No planeaba moverse?
Le observaba de lejos, desde uno de los pequeños árboles que rodeaban el Levantamiento, era muy evidente de mi parte. ¿Acechándolo? No lo creo, no tenía el mínimo interés. ¿Pasatiempo? Quizá. Dedicarle una hora, talvez dos a vigilarlo mientras seguía de pie entre las raíces del gran roble que protegía una de las Estatuas de los Siete. Esto se había vuelto casi rutinario. Había días que particularmente no me apetecía perder mí tiempo en el papel de lobo que acecha su presa. ¿Me contradigo un poco? Es probable. Solo era agradable ver algo de inocencia en alguien que aún no era corrompido por odio. Río para mí, aunque en mi rostro solo se refleja seriedad y desinterés. No es imposible que se corrompa, pero las probabilidades son bajas. Debo aclarar que no es mi prioridad pero de estar en mis posibilidades, evitaría que el odio apagara ese brillo que muchos han de notar en él, pero ha de pasar desapercibido. ¿Curioso no? Todos tan consumidos por las peleas y el mal, que muchos no se percatan de aquellos que aún irradian pureza y libertad. Yo soy parte de todo este tumulto corrompido… Aun así, no quisiera que estas pequeñas luces se apagaran. Incluyendo si se trata de un dios longevo.
—Las estrellas son hermosas.
Vuelvo en sí casi de golpe. No me había percatado de que esos enormes ojos verdes ya no contemplaban aquel árbol. Puestos en mi ahora solo le respondo con la mirada sin gesto alguno.
— ¿No lo crees?
Suelta una pequeña risa suave mientras me ladea la cabeza a un lado en espera de palabras mías. ¿Sabía que lo observaba? Que idiota soy, no debo subestimar al arconte Anemo por pasear vestido de inocencia y fragilidad.
Suspira con una mueca de decepción ante mis microsegundos de demora y continúa con su monólogo. Admito que me sentí un poco culpable por incitarle a ello.
—Te estaba esperando.
— ¿Me esperabas? —pregunté sin dejar rastro de curiosidad en mis palabras, manteniendo mi famosa imagen de apático pese a sus incontables gestos al decir cada palabra.
Venti sonrió y asintió con la cabeza.
—Rondas por aquí casi todas las noches—. Dijo mientras me volvía a observar con cierto brillo y esperanza en la mirada—. Sabía que eras tú y esperaba que te acercaras ¿No crees es mejor así? ¿Por qué estar solo cuando nos podemos hacer compañía?
Suspiro y solo alejo mi mirada de la suya.
— ¿Quieres compañía?
Venti sonríe una vez más y aguanta la risa. No es molesto, es casi como lidiar con un niño que curiosamente sabe más que muchos eruditos.
—Me la estás dando ya—. Me limito a decir. De inmediato escucho otro suspiro de frustración y solo me vuelvo a cruzar de brazos—. Aun así, supongo que no está mal.
Él solo sonríe cambiando rápidamente de gesto y se coloca a mi lado. Me sorprende un poco tenerlo ahí y no al frente, pero no me molesta. Es incómodo mi manera de pensar y mi forma de actuar. A él no le gusta, aun así lo intenta. Vaya persistencia, he de admitir que es admirable hasta cierto punto.
— ¿Te gusta espiarme? —preguntó como si fuera lo más normal del mundo. No dejo que se percate de mi asombro, pero su risa luego de la pregunta solo me hace enarcar una ceja ¿Se burlaba o algo así?
—Suelo pasar por aquí—digo como si nada mientras le observo por debajo de mi hombro izquierdo—. Si algo te llegara a suceder, me atrevo a decir que sería la última persona en haberte visto ¿Eso me traería problemas? Prefiero evitarme todo ese proceso.
Venti solo se ríe y levanta la mirada hacia las estrellas.
—Es una manera bastante ruda de admitir tu gusto por las estrellas que nos guían por las noches—dice tranquilamente para enseguida guiñarme un ojo. Me sonrojé, lo sé pero solo me hice a un lado sin ser muy evidente. Curiosa manera la del bardo de sentar las palabras. En definitiva lo subestimé.
—Si a esas vamos, confesaré que no me gustaría que el brillo de las estrellas se apagara— digo mirando hacia el cielo. La inmensa cantidad de brillos era espectacular, pero uno en especial llamó mi atención. Sobre el mar de estrellas, resaltaba una. Venti levantó la mirada conmigo y al parecer también fijo su mirada en esa que opacaba al resto con total descaro.
—Esa es muy hermosa.
—Estoy de acuerdo contigo.
— ¿Es tu favorita?
Le miro de reojo y talvez por primera vez le estoy otorgando un fragmento de sonrisa mía. No subestimo su inteligencia ni un segundo. Entiendo sus expresiones, sus preguntas y el contexto. Sé que cualquier cosa que diga, la entenderá a la perfección en el camino que tenga que haber llegado.
—Creo que la respuesta a esa pregunta es muy evidente, bardo. La estrella que más brilla es la que se ganará la atención del espectador.
Venti solo ríe mientras me deja apreciar cada movimiento suyo. Tiene mucha gracia, más que muchas personas en todo Mondstadt y Liyue. No voy a negarlo.
Suspira mientras se acomoda una de sus trenzas. Esta vez, sin mirarme a los ojos vuelve a soltar un suspiro. Me dejó un poco extrañado ¿Acaso dije algo malo?
—En un mar de estrellas brillantes, la que más logre su objetivo será la preferida del espectador. Aun así, si una estrella no brilla lo suficiente… ¿No te llamaría la atención? Es decir, no por su logro, sino porque no pudo lograrlo… Y entre el resto que si obtuvieron su grandeza, aquella y pequeña estrella que no… ¿No llamaría la atención del público por ser la única en carecer de brillo?
Sus palabras me dejaron en silencio.
—Talvez esa estrella que no pudo brillar siente admiración por aquella que lo consiguió.
Esta vez le mire con mucha atención. Me dejo desconcertado. Más aún por saber que seguíamos en el mismo sendero de la conversación.
Mi mente era un caos, mas trataba de siempre mostrarme sereno con la mejor respuesta. Muchos detalles solía omitirlos a simple vista, hasta cierto punto los negaba para continuar con mi vida de la mejor manera sin tormentos. Prefiero que nadie sospeche lo que pienso, lo que quiero y lo que anhelo y solo pasar desapercibido. Como una estrella sin brillo…
Curioso, Venti ya lo sabía.
— ¿Diluc? —me llama sin darme tregua a responder sus palabras, pero agradezco que el mismo se interrumpiera. Era incómodo de todas maneras— ¿Te apetece un buen vino? —. El giro de la conversación me sorprende pero entiendo la razón de sus actos. Solo me cruzo más de brazos ignorando su amplia sonrisa.
—No iré por ningún vino o bebida alcohólica con un menor de edad— dije mientras le enarcaba una ceja. Era muy obvio que él no era ningún menor edad. Ambos lo sabíamos y solo río para mis adentros al ver como suspira frustrado mientras agita los brazos como si buscara una chance en mi decisión.
—Pero…
— ¿Pero?
—Ambos somos hombres adultos—refunfuñó mientras caminaba ahora de un lado a otro delante de mí. Pero en seguida cambia ese gesto infantil por esa sonrisa que no dejaba de regalar a quien se le cruzara—. Entonces… ¡Sígueme! —me llamó con un gesto mientras saltaba delante de mí para comenzar a caminar.
— ¿No es muy tarde para estar andando por estos lugares, bardo? —le pregunté con sarcasmo mientras le seguía. Él solo se echa a reír avanzando a un metro delante de mí.
— ¿Qué tiene de malo? —preguntó casi como si cantara sin detener su paso. Alegre, girándose de a ratos para verme.
—No tienes tu gnosis—respondí como si fuera obvio, a lo que él reacciona con más risas. Solo le observo. Su ligereza me hace sentir un tanto preocupado, pero de cierta manera también es agradable. Su pequeña figura delante de mí con ese aspecto que denotaba fragilidad me instaba una necesidad de protegerlo. No lo quiero admitir, prefiero pensar que me es irrelevante. Que no me importa.
— ¿Te preocupa que ande solo? —Sigue caminando como si fuera un paseo nocturno libre de peligros—. No estoy solo, el gran Héroe Oscuro está conmigo ¿No tengo que preocuparme?
Agradecí que no se hubiera volteado porque eso si me había hecho sonrojar. Solo guardé silencio y le seguí en la dirección que me señalaba. Vaya bardo… ¿Qué traía planeado? No tarde en darme cuenta de adónde iríamos a parar.
—Diluc —murmuró quedándose en seco haciendo que yo también me detuviera en el acto. Por un momento pensé que había enemigos por la sorpresa tan repentina, pero solo se giró y me miró directo a los ojos con un poco de seriedad—. ¿De verdad piensas que todas las noches que vengo al roble de Vanessa estoy solo?
Le observo sin decir ninguna palabra y él solo vuelve a sonreír esta vez con un leve sonrojo en esas pálidas mejillas. La luz de la luna ayudaba a que todo se contemplara a la perfección. No podía negarme que aquella imagen posiblemente la guardaría por mucho tiempo.
—Gracias por cuidarme.
Le miré sorprendido pero antes de yo también enrojecer, Venti ya se había girado para seguir caminando… Hacia mi viñedo… Pequeño bardo persistente.
— ¡Me encanta! ¡Es hermoso! ¡Como las estrellas! —corrió hacia los campos de uvas una vez que llegamos. Sus actitudes infantiles eran bastante tiernas, sobre todo viviendo de él. Dios Barbatos.
Le seguí a mi ritmo mientras él pasaba de un lado a otro como si se tratara del mayor descubrimiento. De hecho no recordaba que algún visitante se emocionara tanto por ver esto, ya que solo querían llevarse los vinos. Quizá uno que otro hijo de alguna dama que viniera a ver por cuenta propia los cultivos para dar su veredicto en cuanto a calidad. No obstante, salí de mis pensamientos al escuchar un fuerte golpe y ver al mismo Venti sentado en el suelo con medio cuerpo entre los cultivos de uva. Corrí para ayudarlo pero una de sus trenzas se había enredado entre las plantas.
—Lo siento, lo repondré, lo prometo—comentó aun tratando de desenganchar su cabello, refiriéndose a uno de los sostenedores de madera—. Fue un accidente.
Solo suspiré con fastidio.
—Da igual, déjame ayudarte, bardo.
Aparté sus manos de su ya no tan impecable trenza y empecé a sacar las hileras de plantas para que siquiera pudiera ponerse de pie. No obstante, no quería hacerle daño. Aunque fuera cabello y el golpe que acababa de recibir no tendría comparación a tirar un poco de él para librarlo. No quería hacerlo. De hecho, ahora que lo pensaba era la primera vez que tenía este tipo de contacto con el bardo. Él se había quedado inmóvil entiendo que yo lo sacaría cuando le aparté un poco tosco. Solo bufé un poco amargo para mí mismo y deshice la trenza para que pudiera sacar la cabeza de las plantas. Noté que su cabello era un poco más largo sin ella y bastante brillante pese a estar alumbrado únicamente por la luz de la luna.
—Eso dolió—masculló aun sentado en la tierra mientras se sobaba una de sus rodillas. Estaba considerablemente sucio teniendo en cuenta que lo que cubría sus piernas, era color blanco. Recalco, era—. Perdón, no quería causar desorden.
Sus ojos reflejaban algo de culpa y podía ver como se esforzaba por seguir manteniendo su sonrisa. Pero en esta oportunidad la culpa no se lo permitía del todo.
Enarqué una ceja aún hincado con una rodilla sobre la tierra y la otra levantada.
— ¿Te hiciste daño?
Él solo negó con la cabeza y esta vez me dedicó otra sonrisa pero mucho más honesta. Debía admitir que se veía tierno con algo de tierra en la cara y el cabello con algunas plantas.
Suspiré y pase mis manos por su larga cabellera. Me preguntaba ¿Cuántas personas lo habrían visto así? Siempre andaba con esas dos trenzas de muñeca, arregladas y presentables.
—Es lo que importa.
Sin siquiera avisarle comencé a retirar las hojas de las plantas que se habían quedado entre sus cabellos. A Venti no pareció importarle, de hecho se acomodó mejor para facilitarme las cosas.
— ¿Alguna vez has hecho una trenza?
— ¿Es una solicitud de ayuda?
El bardo volvió a reír como hacía unos minutos atrás en el Levantamiento.
—Si gustas, puedes practicar con mi cabello—comentó como si nada sin mirarme a los ojos, pero podía percibir que sonreía mientras le terminaba de retirar la maleza—. Aunque debo admitir que no es un trabajo fácil, solo aquellos valientes guerreros con mucha destreza y determinación han logrado forjar una trenza sagrada—añadió casi como si recitara con su lira.
Sonreí un poco aprovechando que no tenía su mirada puesta en mí.
—Supongo que debo aceptar el reto—suspiré como si no quisiera hacerlo.
Venti rio con ganas— ¡Así se habla guerrero!
Limpié el cabello una vez más y lo tomé con cuidado, revisando que no me quedara suelta ninguna hebra. El bardo parecía disfrutarlo, hasta había comenzado a tararear suavemente una pequeña melodía. Sonreí en silencio y continué con el propósito, pasé un grupo de cabello de un lado al otro y así a viceversa formando el primer amarre. De la misma manera a la inversa formé el segundo amarre notando como ese cabello sedoso y oscuro volvía a carecer de longitud. Yo también lo estaba disfrutando, pero estaba lejos de admitirlo…
—Diluc.
— ¿Eh?
— ¿Hay algo de lo que quisieras hablar?
Su pregunta hizo que me detuviera. Me incomodé un poco al no entender directamente su propósito, pero por alguna extraña razón sentí como un pequeño vuelco en el estómago. Quizá si lo había entendido pero internamente traté de negarlo. Como todos los hechos que prefiera pasar de largo.
— ¿Algo? ¿Tú quisieras hablar de algo? ¿Bardo?
Venti rio y esta vez sí se giró sobre sí para verme directo a los ojos con una sonrisa sutil.
— El reto de la trenza—comenzó diciendo—. ¿Qué te parece si le añadimos un detalle más? —Ladeó la cabeza de manera ingenua e infantil y prosiguió ante mi silencio, sin siquiera dignarme a soltar su cabello con la trenza ya comenzaba—. ¡Va, va! La trenza sagrada que solo puede ser forjada por los mejores guerreros tiene una virtud, antes de ser acabada te puede conceder cualquier deseo. No obstante, al cerrar la trenza el momento del deseo habrá terminado.
Menuda manera de hacerme hablar por medio de recitales de bardo. Venti no era ningún tonto, recalco. Aunque despedía inocencia de su entero cuerpo, muy en el fondo yo sabía, ambos sabíamos, que no todo era así. Aun así no dejaba de agradarme en cualquier aspecto. No puedo juzgar al dios Barbatos.
—Supongo que no puedo negarme—dije sonando lo más neutro posible. Pero por dentro me sentía un poco nervioso. Estábamos los dos, en el viñedo, alumbrados por la luz de la luna… Y yo hincado ante él con parte de su cabello en las manos. ¿Qué debería hacer? —Al terminar la trenza—comencé—. ¿Habrá culminado cualquier cosa que diga o haga? ¿Correcto? —estaba implícito. No sé porque lo repetí.
— ¡Así es! —cantó. Acto seguido solo cerró los ojos y se apoyó con cuidado sobre los cultivos de uvas asegurándose de colocar su espalda sobre una de las vallas de madera—. Soy todo oídos, guerrero.
A la hora de actuar nunca he dudado. El bardo parece saber lo que quiero por más que yo mismo lo niegue, puedo apostar que lo sabía desde hace mucho teniendo en cuenta que iba al Levantamiento siendo peligroso solo por saber que estaría ahí para vigilarlo. Creo que nunca dejará de sorprenderme.
—Bardo—comienzo acercándome a él tratando de verme lo más tranquilo posible. Él se ve sereno con una sonrisa dulce sin abrir los ojos—. ¿Estás seguro de lo que estás proponiendo?
Volvió a reír sin mirarme y asintió con la cabeza.
No entendía muy bien lo que estaba a punto de hacer pero no iba a dejarlo pasar, más aún al saber que él lo buscaba bajo los versos de sus palabras.
No solté su cabello, pero si deshice lo que había armado para entrelazar mis dedos entre las hebras hasta llegar a su nuca. Me incliné al mismo tiempo más sobre él y no tardé en juntar mis labios a los suyos, jalándolo un poco fuerte de la parte trasera de su cabeza, por la impaciencia que me estaba generando hacer esto. En mi cabeza solo rebotaba el latido de mi pecho, estaba seguro que el bardo lo podía oír. Sentía mi cara arder pero nada de eso me iba a detener y hacerme quedar como un novato. Solo eran emociones fuertes y quizá algo de descontrol físico. Casi instantáneo sentí como Venti separaba sus labios aceptando el beso que le estaba proporcionando. No puedo negar que es muy dulce, sus labios son suaves, su respiración está ligeramente agitada… Todo junto da un espectáculo exquisito. De inmediato sentí una de las manos del arconte sobre mi hombro y como la desliza suave hasta mi cuello… Sus manos son demasiado suaves, como si nunca hubiera tomado un arma o hecho algo rudo con ellas. Me separo un poco para observarlo, pero él sigue con los ojos cerrados, los labios ligeramente entreabiertos que se van curvando en una sonrisa.
—Sabías que iba a besarte—dije aun a corta distancia. Las mejillas del arconte se tiñeron de rojo.
—Un reto hace las cosas más divertidas ¿No lo crees? —dijo ya por fin con ambos ojos verdosos sobre mí.
—Quizá lo haga más fácil.
—Para un guerrero determinado, no lo dudo—respondió soltando una pequeña risa.
Me había ayudado de manera muy creativa e indirecta. Sabía que no iría por él como un lobo que acecha a su presa. Me conoce más de lo que yo me permito mostrar, pero no me molesta. Sigo viéndolo como la estrella que desborda más brillo aunque los tiempos sean lo más tristes o aterradores.
La mano que tenía libre, ya que aún sostenía la nuca del bardo, la pasé por su mejilla sin previo aviso. Solo quería quitarle esas partículas de tierra que aún yacían ahí, pero mis ganas de volver a sentir sus labios terminaron ganándome. Aún no terminaba la trenza, podía continuar ¿Correcto? No acerqué mis labios, de hecho deslicé los dedos que no habían tenido contacto con la tierra hacia ellos. Pese tener mis guantes, podía sentir esa suavidad… mas no su textura. Venti se quedó inmóvil dejándome sentirlo una vez más aunque de otra manera. Sus hermosos ojos verdes, permitiéndome a tanto en estos momentos. ¿En qué momento se había vuelto esto una tortura? No obstante, sumido en mis pensamientos mientras frotaba sus labios con suavidad, me desconcertó el que los juntara sin aviso depositando un suave beso en mis dedos. No pude evitar el rojo de mi rostro, y esta vez el arconte lo apreciaría. Se dio cuenta de mi desconcierto y los separó para comenzar a reír como si no hubiera pasado nada.
—Bardo, aún no termino la trenza—comente un poco más serio tratando de que el sonrojo hubiera pasado desapercibido y solo se esfumara. El arconte sonrió y negó con la cabeza dándome la certeza de lo obvio.
Me volví a inclinar sobre él, un poco más rudo, más fuerte y apreté sus labios contra los míos. Necesitaba sentirlos otra vez, pero en esta ocasión no oculté parte de mi desesperación. Sentí un poco el sobresalto del arconte, pero de inmediato se relajó dejándose rodear por mi brazo izquierdo por la cintura mientras que con el beso hacia presión sobre él contra la valla de madera. ¿Era esto un sueño? De verdad era una delicia. Separó sus labios dejándome entrar y trato de no dejarme llevar. Deja que yo le busque con la lengua y apenas choco la mía con la suya; corresponde. Maldita sea, está disfrutando mi desesperación… Lo sé, no se queja de ya casi todo mi peso sobre él empujándolo contra la valla. Unas cuantas uvas caen al suelo, pero no es de mi interés. Escucho pequeños gemido desde su garganta pero sé que es por la presión que estoy ejerciendo, no me estoy controlando, le estoy haciendo doler. Me controlo y me levanto un poco, pero es su propia mano en mi cuello la que no me deja retroceder.
¿El arconte anemo no quiere que rompa el beso?
Me controlo y separo mis labios de los suyos unos cuantos centímetros.
Era demasiada tentación.
—No quiero corromperte—dije en mi tono más determinante. Por supuesto que quería, pero no lo haría.
El bardo ladeó la cabeza con una pizca de confusión y no tardó en soltar una pequeña risa. Aproveché en acomodarlo y continuar con la trenza. No quería hacerlo, Venti estaba de acuerdo con ello, pero no iba a abusar del momento ni iba a perder lo más valioso que había logrado. O mejor dicho, que él me había otorgado. Dios Barbatos.
— ¡Increíble! —gritó palpándose la trenza que le había armado una vez terminada. Estaba seguro que no era para tanto, pero no podía negar que su sonrisa generaba cierta debilidad en mí como para sentir gratificante el simple hecho de contemplarla.
Me puse de pie y le sacudí la tierra de la ropa. Enseguida le extendí una de mis manos para ayudarlo a levantarse y no dudó en aceptarla. Se irguió con ligereza cual peso pluma en estrado y sonrió mientras se retiraba la tierra de la ropa.
—El reto concluyó—dije mientras volvía a cruzarme de brazos desviando la mirada. Me sorprendía el hecho de que estuviéramos como antes de llegar el viñedo, con la única excepción de un poco de tierra adicional.
El arconte levantó la mirada y asintió.
—Así es, una vez terminado el reto del guerrero todo vuelve a la normalidad—respiró hondo de manera infantil y prosiguió—, aunque queda implícito el recuerdo de una pasión bajo el velo de la noche y la luz de la luna—dijo sonrojándose un poco pero no tardó en soltar otra de sus características risas—. ¡Ya es tarde!
Le sonreí un poco casi por primera vez sin ocultársela y sin hacerlo a sus espaldas.
—Bardo.
Se sobresaltó un poco ante mi seriedad repentina pero me miró con atención.
—Primero, no está en mis planes dejar de vigilarte—aclaré con total neutralidad. Noté una sonrisa tímida de su parte y un leve sonrojo, pero luego lo ocultó sonriendo con más naturalidad agitando los brazos suavemente. Me acerqué a él y coloqué una de mis manos sobre su cabeza. La tela de su pequeño sombrero era suave, pero tosca a comparación de su piel—. No me importa que seas el dios Barbatos, arconte anemo. Sin tu gnosis, nada es seguro.
La expresión del arconte cambió por un instante a una un poco preocupada.
—Diluc…
Bufé y me incliné un poco sobre él. Bajé mi mano de su cabeza hasta su mentón y lo levanté para que me viera a los ojos.
—Segundo—comencé—, la próxima vez yo propondré el reto.
El bardo hizo un ruidillo de exaltación y enseguida comenzó a reír. No hizo más que asentir con la cabeza y luego levantó la mirada hacia el cielo estrellado. Se quedó así unos segundos hasta que señaló una estrella particularmente alejada que apenas brillaba, pero que luchaba por no apagarse.
—Esa estrella está comenzando a brillar, le cuesta mantenerse pero es porque apenas lo ha conseguido—comentó sin siquiera mirarme, pero sus mejillas no se desprendían de ese color rojizo que ya tanto le había apreciado en esta noche—. Esa es mi favorita.
No le respondí nada a ello. Entendí a la perfección lo acababa de decir.
Deslice mi mano una vez más hasta su cabeza y le acaricié.
—La mía es muy obvia.
Venti solo rio y yo disfruté de ello una vez más.
Fin
Me quedó demasiado largo cuando solo quería algo corto, pero bueno. Mi primer fanfic de este juego con esta parejita algo inusual. Espero que les haya gustado.
Sus reviews o comentarios siempre serán bienvenidos :)
