En el XENO18
Capítulo 7
Antigua misión, traidor de paso
La tarde estaba cayendo sobre ellos dando noticia de la llegada de la noche. El grupo caminaba por el gran y extenso bosque. El capitán dirigía a la fila mientras seguía la señal de la nave a la que tendrían que encontrarse con sus compañeros.
Sergio: Llevamos horas andando y ya se está haciendo tarde. Lo mejor será hacer campaña y guardia.
: Tiene razón el sargento Sergio. Lo mejor será descansar y vigilar.
Teresa: ¿Y quién haría la guardia?.
Después de que se creara la pregunta, todos empezaron a mirarse con mirada confusa como si estuvieran preguntando a los demás, "¿tú, verdad?".
Sergio: ¿Quién…?.
Las miradas de los demás se dirigieron hacia él provocando su muded. Para cuando pasaron unos segundos, se dió cuenta de lo que querían.
Sergio: No… No, no. A saber qué cosas hay ahí afuera.
Fernando: Tu idea, tu responsabilidad.
Sergio: No, no puedo. Las cosas que mataron antes a nuestros compañeros podrían volver. No…
: Da igual chico. Lo haré yo. Por lo que parece, a nuestro amigo le ha entrado el cage, y ahora el capitán se tiene que quedar despierto. Preparar todo, vigilaré la zona.
Teresa: No se separe mucho capitán.
: Tranquila niña. Ya soy un niño grande.
Con esto, John agarró más cerca de su cuerpo el arma para irse.
La caminata se hacía cada vez más intensa. A cada paso que daba, más el pensamiento de ser observado crecía. Los graznidos de las supuestas aves eran cada vez más intensos.
: Joder, estos van a acabar comiendome el culo. Por ahora ninguna señal de xenomorfo, mejor.
De golpe, el grito de una criatura ya conocida atravesó sus oídos. Él se dió la vuelta para encontrarse con el ave alienigena preparado con las garras abiertas para rasgarle la cara. Antes de que este pudiera clavarselas, él disparó su arma ya en el punto de mira. Después del disparo, la sangre del ave le salpicó en la cara mientras que su cuerpo se estampaba de paso. En el suelo, ya por el peso multiplicado por la velocidad del cuerpo muerto, este empezó a quitárselo bruscamente.
: ¡OH, JODER!.
Él, ya separado del cadáver, comenzó a recuperar la respiración. Pero de golpe, el pitido del detector de señal provocó que se sobresaltara. Apurado lo cogío para ver la pantalla verde sin ningún punto. Confuso, intento entender lo que pasaba. Giró la mirada al otro dispositivo, para cuando lo miró, vio otra señal más potente que la de su destino.
: ...¿Otra nave?.
Siguiendo la nueva señal desconocida, se topó con la boca de una cueva. John dirigió su mirada a su espalda para volver al frente. Aún confundido entró en la cueva. La oscuridad combinado con la humedad le estaba siendo todo un desafío. Solo a la primera pisada resbaló haciendo que cayera al suelo.
: ¡MIERDA!.
Su grito provocó un eco casi infinito el la cueva. Levantandose, siguió la señal.
Ya pasado un rato, el pitido se había hecho más fuerte. A cada paso que daba, más rápido iva. Después de unos segundos, decidió iluminar el entorno con el detector.
: Esto no me gusta.
De repente el pitido se hizo más veloz, fuerte y continuo, provocando que la tensión lo consumiera. Sin previo aviso, una pared apareció de la oscuridad gracias a la iluminación de la pantalla del detector.
: ¿Qué cojones?.
Dando la vuelta alrededor del inesperado transporte espacial encontrado en el interior de la cueva. En uno de los laterales vio las iniciales WY.
: Joder… Es la… No, es… ¿Posible?.
Acercándose al morro se encontró con la respuesta a su pregunta.
: La N.B.180 DE Weiland Yutani. La que desapareció hace veinte años. Nunca descubrimos su paradero, y aquí estaba, después de tanto tiempo.
Buscando la entrada, se encontró con un botón de emergencia para la abertura de la puerta de carga. Presionándolo, ve como esta se separa de la superficie a la que estaba fijada haciéndola invisible a la vista. Ya abierta, muestra un interior oscuro.
Al poner el primer pie en la boca de la nave, el pasillo se ilumina parpadeantemente con las luces automáticas. Los pasillos estaban decorados por profundos arañazos. Él, con interés pasó sus dedos por la pared.
De repente, una de las puertas que daban entradas a diferentes salas de la nave se abre. Apoyando la cabeza, observa el interior de la sala recién iluminada. La estancia estaba decorada con un color blanco apagado por el tiempo acompañado por desgarros. Había tarros y columnas transparentes llenas de mugre impidiendo ver al ser en su interior. Mesas y cápsulas de médico.
: …¿Un laboratorio?.
Entró lentamente en la habitación mugrienta. Los pasos eran adornados por el sonido del chapoteo al pasar por los charcos creados por la humedad acumulada durante tantos años. Se fijó en los rasguños que decoraban todo el entorno, suavemente apoyó su dedos en las grietas. Lentamente pasó sus yemas por la pared, notando el polvo que le acumulava en su piel, no se dió cuenta que con sus suaves dedos activara un botón invisible gracias a la suciedad. Al momento se fijó que en el fondo de la habitación había un escritorio. Ya a solo unos metros de la mesa, de repente, un holograma apareció en la superficie del mueble dando un rebote a John del susto. Este holograma era un hombre de edad alta, cubierto por una bata de laboratorio, en la que uno de sus bolsillos tenía bordado las iniciales de Weiland Yutani. A los pocos segundos de observación, el científico empezó a hablar.
: No sé cuanto tiempo me queda y a mis ayudantes. Afuera de estas paredes se oyen los gritos de los soldados de la N.B.180. Están… Siendo destripados por esos monstruos. Si alguien ve este mensaje…
Al hombre se le notaba que le faltaba el aire, los gritos provocaban que su voz casi pasara inadvertida. Al final del holograma se podían ver los cuerpos de los pocos que estaban encerrados en el laboratorio.
: !No toquéis nada, iros de aquí cuanto antes¡. ¡Nos fuimos a este planeta para eliminar a los xenomorfos, ¿verdad?!. ¡Pues no!, ¡Weiland nos mandó la misión de crear un híbrido de xenomorfo para ser controlado por nosotros como arma biológica para el ejército!. ¡Pero, el experimento no salió como planeamos, creimos que añadiendo ADN de humano lo haría más obediente. Pero no fué así, al revés, se volvió mucho más agresivo y más inteligente. No sé cómo, tentó a uno de los guardias de su trampa ha abrírsela. Este al escapar empezó a matar todo lo que veía con vida. Mó-Mónica…
: ¿Profesor Conor?.
: Mi esposa está muerta por mi culpa, ¡No pude hacer nada!... Ahora Weiland sabe la existencia de este ser, y lo desea. Mandará a quién sea para volver a traerlo, pero vosotros, los traídos por Yutani, han sido mentidos. Os pedirán que atrapeís a un xenomorfo, que lo estudieís. Pero seguro que os han puesto ese cebo dentro de vuestro cuerpo para atraerlo. Tendréis traidores a vuestro lado que saben lo que pasa, y aprovecharan vuestra confianza para atrapar a ese bicho y usaros como cebo.
De repente, en la puerta suena un gran golpe, como si un coche se hubiera estampado contra ella.
: ¡CORRER, HUÍR. NO VOLVÁIS MÁS POR AQUÍ, OS VA HA MATAR. CORRER, CORRER!.
Al momento de pronunciar la última palabra, este desapareció dejando una habitación vacía, sin ahura, sin vida.
desgraciadamente, la conversación larga del profesor, provocó que no se fijara en lo que había hecho al tocar aquel botón. Al darse la vuelta se fijó que dos columnas de las cuatro estaban abiertas con las puertas mirando hacia el techo. El vapor de la congelación prohibía ver el suelo. Con el corazón acelerando, rodeo la cápsula médica del medio de la habitación para acercarse a la salida. Pero, ya en el pasillo, el sonido de unos pasos hizo que se quedara paralizado. Lentamente giró la cabeza hacía atrás, pero no llego ni a ver su hombro cuando escucho un gran golpe en medio del pasillo. La luz desgraciadamente mostró el cuerpo del nuevo polizón. El color carne cubría su cuerpo de aspecto xenomorfo, salvo por los ojos pequeños de color negro que decoraban su rostro. Pero algo raro que le hizo llamar aún más la atención, era que le faltaba la mitad de la cola . John, con el corazón a punto de perforarle la caja torácica, empezó a correr. Su adrenalina aumento al oír los pasos bruscos de su perseguidor. El capitán daba zancadas torpes por la culpa de la humedad y el miedo.
: ¡JODER!.
La salida estaba mucho más empinada que todo el camino. Cayendo al suelo, comienza a escalar a cuatro patas. A cada paso que daba, un grito más salía de su boca.
Sergio observaba el entorno a la espera de John. Había estado como una hora vigilando el exterior.
Sergio: …¿Teresa, no crees que ya te toca a ti?.
Teresa: ¡No me vengas con tonterías, yo he hecho la tienda, merezco descansar!.
Sergio: Llevas descansado desde ¡hacía una hora!. ¡Además, yo te ayude!. ¡Y ahora estoy aquí parado en medio de la noche, en un bosque de un planeta que tiene criaturas que viven ¡DE COMERSE LOS HUEVOS DE LOS DEMÁS!. ¡Fernando, di algo!.
El científico, al saber que era masacrado por la mirada de Sergio para ayudarlo contra la invencible tozudez de la mujer. Se decidió por apartar la mirada del joven soldado.
Sergio al ver su reacción, dió una mirada confusa a la mujer.
Teresa: Asunto zanjado.
Sergio se quedó paralizado mirando a la joven volver al sueño. De golpe, se escuchó un grito, este hizo que rebotara de la sorpresa. Apuntando con la linterna al origen de la voz, vió a un John corriendo exhausto lleno de pánico.
: ¡LA SEÑAL, CORRER, LA NAVE, LA NAVE!.
Sergio se fijó en la extraña criatura que tenía detrás persiguiendolo a cuatro patas.
Sergio empezó a correr sin separarse del chisme que ubicaba la señal de su destino. Los demás al verlo, lo siguieron dejando a Teresa atrás.
Ella se levantó al oír los gritos, salió del pequeño refugio, pero al notar la primera brisa del aire de afuera, una fuerza arrolladora la empujó tumbandola inconsciente a la suave y fresca hierba de la noche.
John estaba corriendo como un descosido detrás de Sergio, ya que él no se atrevía a mirar su señal. La oscuridad estaba haciendo imposible ver más allá de cinco, tres metros, gracias a que las estrellas eran tantas que iluminaban el camino de forma tenue, no llegaba a perder de vista al joven.
Ya perdiendo las energías, pero sin decidirse a morir, agarró una de sus granadas para con torpeza lanzarla a su acosador o acosadora. Pero para cuando la lanzó se fijó que no le había quitado la anilla. Igualmente este pasó de largo de ella.
: ¡MIERDA!. ¡SERGIO, AYUDAAAA!.
Sergio no se detuvo ni escuchando los gritos desesperados de su capitán.
John, en pánico, se armó con el arma para girarse y ponerse a disparar. La presión además del miedo con la falta de atención para correr hizo que le fuera imposible apuntar a su objetivo. Tropezó para caer al suelo dispuesto a volver al fuego abierto. Con suerte una de sus balas llegó a atravesar el hombro a cinco centímetros del ser. Creando un chorro de sangre amarillento salpicó al atacante en la cara como en el pecho.
John, con el terror de fundirse por el ácido, algo que nunca sucedió, empezó ha gritar de desesperación, el experimento escapa, dejando a un capitán confuso, aterrado y paralizado.
Después de diez minutos de recuperación, se fijó que la sangre no estaba haciendo su efecto por la que era conocida. Era una mancha amarilla ahora adornando su rostro tanto como su uniforme. Levantandose con las piernas tiritando, comenzó ha llamar a Sergio, pero no hubo respuesta hasta después de unos minutos que apareció la silueta del joven soldado entre la oscuridad.
: Te-tenemos…Que irnos. Esa co-cosa, fue creada...Por los anteriores investigadores.
Sergio: ¿Pero, que me estás contando?.
: La Weiland, ese bicho era un híbrido como arma biológica, y nos trajeron aquí con traidores, para atraerlo y capturarlo de paso.
Sergio: ¿De dónde has sacado eso?.
: La nave...la nave anterior a la nuestra. Estaba escondida o desaparecida en una cueva cerca de donde estamos. Está todo destruido y abandonado. Tenemos que avisar a los demás e irnos de aquí cuanto antes.
Sergio: Está bien, pero antes debemos que hacer algo.
: ¿Qué…?
Fue interrumpido ante el acto del joven, pues éste le señaló con el arma en el frontón.
Sergio: Vamos ha decir, que lo que debemos hacer o hacer tú, es mantener el puto pico cerrado y actuar igual de ignorante a este hecho como has hecho hasta ahora. Este es un lugar muy grande, las probabilidades de que los demás me crean al decir que has muerto por cualquier otra causa son altísimas.
Con esto, el joven soldado dio una sombría sonrisa.
Teresa poco a poco fue recuperando la consciencia. Mientras abría los ojos, hiba levantándose poco a poco, para cuando recuperó totalmente la vista. Cada segundo que pasaba, hiva recuperando más sus sentidos, hasta notar las gotas caidas del cielo producidas por la lluvia caer en su piel. Teresa se dispuso a levantar su cuerpo casi recuperado. Pero ni llegó a ponerse de rodillas, ya que algo la paralizó. Una gran sensación de humedad pasó por su cabeza, la frente hasta acabar en el suelo. Elevó la mirada para observar una gran mandíbula abierta preparada para cerrarse. Ni milésima de segundo pasó para acabar sintiendo los poderosos y afilados dientes atravesarle el cráneo. Un agudo dolor la atravesó acompañandola de un ardor en los ojos por la culpa de la sangre que entró en ellos. Su único grito hizo eco en todo el bosque.
Notas de autor:
Siento un montón la gran y larga espera por este capítulo. Pero no tube mucho tiempo para escribir, o estaba estudiando o me faltaban ideas o inspiración.
Ahora voy ha tener algo más de tiempo, y espero haceros tardar menos.
Muchas gracias por vuestra paciencia y a los nuevos lectores de esta historia. Felices fiestas, y feliz año nuevo lleno de salud y suerte.
