Capítulo 10

Empieza la cacería

John se quedó helado ante el ruido que lo desconcentró de su tarea. Eran pasos lentos, pero chocaban contra el agua con gran fuerza, como si llevaran una gran carga. John, desesperado, se movió lo más rápido posible, pero el agua lo delataba fácilmente, al final, llegó a esconderse dentro de una taquilla, desgraciadamente, la torpeza que tenía por los nervios y el terror provocaba que le fuera un gran sufrimiento cerrar la puerta de esta. Cuando estuvo dentro, observó entre las rejillas como el causante del ruido de antes entraba a la habitación. Era la criatura que Weiland-Yutani quería recuperar. Ante tal imagen, soltó una gran bocanada de aire entrecortada, pero, desgraciadamente, eso hizo que el experimento le diera atención a su posición.

Este se acercó a la taquilla lentamente dando zancadas largas y pesadas. El sudor resbalaba por la frente del acorralado. De repente, su aire de oxígeno, casi respirable por el polvo y humedad, es sustituido por una brisa caliente acompañada por un olor putrefacto. Era el otro que respiraba por las rejillas, John dejó de respirar al momento.

Pero; a los segundos escucho el suave chirriar de la puerta siendo abierta; los dedos del ser aparecieron por el pequeño hueco que había hecho al separar la puerta de la taquilla. Sin más fe ni opciones; el capitán encendió una bengala para estamparse al experimento.

El humano sin previo aviso, se lanzó a por él. El calor del objeto que había dado vida luz a esa luz roja potente le atravesó el costado. Rápidamente lo agarró para estamparlo a la pared más cercana, acabando también con apagar la luz. Observo, como su objetivo calló encima de uno de los cadáveres abandonados de la estancia, para luego repudiarlo y librarse de él.

Su olor era tan familiar, se dio cuenta a los pocos segundos que fue la persona que interrumpió en su hogar. Ya sin más reparo, se lanzó a por él, pero este se había escurrido antes de que lo atrapara acabando con estamparse con la pared en la que se mantenía apoyado su objetivo antes de que escapara. El impacto fue a su cráneo provocando que acabara desorientado sin ni siquiera distinguir lo que tenía delante.

John mientras intentaba poder ponerse de pie. Cuando consiguió llegar al pasillo, cogió la escopeta corredera para mientras corria a la salida, cargarla.

Entre la salida, escuchó los pasos apresurados del otro, provocando que la adrenalina lo invadiera muchísimo más. Estaba llegando al exterior cuando de repente, una fuerza lo tumbo y lo arrastró hacia dentro. Él, con el miedo comiendolo, giró con el arma en ambas manos para acabar disparando.

El dolor le atravesó un lateral de la cara. Llevó una mano a la cara para evitar el dolor, aunque era imposible. Con esto, dejó que su presa huyera de la cueva acabando por desaparecer de su media vista.

La mañana había llegado bañando con su luz a todo ser, animal, planta y persona.

Además de a nuestros protagonistas, cuando acabaron de recoger todo se dirigieron a donde Rócar los dirigía.

Robian intentaba mantener un paso firme y constante; pero el cansancio acababa con él; no había cerrado los ojos en toda la guardia; provocando que ahora fuera muy atrá comparado con los demás.

Sonia: Robin, estás bien?

Robin:...Sí, solo...es que...no me atrae volver...por nuestros pasos.

Sonia: Lo sé, pero ayer ya lo hablamos. Venga.

Dijo para ir a su lado y cogerle del brazo ayudandolo a seguir andando.

Rócar lo vió; y algo en su interior se removía, no sabía lo que era; pero; diversión ninguna.

La tarde había llegado y aún seguían caminando. Sonia se mantenía tranquila aunque algo cansada;pero; su paso era constante. De repente escucha un ruido muy familiar y inofensivo;pero; aún así la preocupación la invadió. Era Junior. Pues se le movian las tripas.

Sonia: ¿Cariño, tienes hambre?.

Le acarició la cabecita con él acostado en su hombro. Este como respuesta a le miró para asentir.

Sonia: Chicos, será mejor parar, no hemos comido nada.

Robin: Lo sé, pero recuerda que no tenemos nada, a comida se pudrió la mañana anterior.

Sonia: Es verdad. ¿Y ahora que aremos?.

Rócar: Os puedo conseguir alimento; pero; tardaría un poco y no creo que os guste la carne fresca salvo a tu hijo.

Sonia: Es cierto.

Robin: ¿El qué?.

Sonia: El que tendremos que esperar de que traiga la caza; además; de que tendremos que calentarla para comerla y eso que no estamos en un lugar muy seguro para hacer una hoguera.

Robin: Pues con eso lo mejor será buscar un lugar para dormir. Cuando estemos preparando todo; él irá de caza.

Sonia: Está bien. Buena idea. Cariño aguante un poco más, ahora comemos.

Dijo lo último a Junior.

John tenía toda la zona ya estudiada y repleta de trampas caseras. La criatura había salido solo una vez para llevarse una presa al interior de la cueva. En todo lo demás de tiempo; se lo pasó adentro.

El capitán se apoyó cerca de una trampa anteriormente puesta; para; observar detenidamente que estaba todo correcto. La noche se estaba haciendo notar; y eso hizo que el adulto dejara ya la acabada revisión para dirigirse a su lugar de descanso.

Con unas cuerdas encontradas por el terreno cerca de su destino, las utulizó para subir a un árbol; donde mantenía su amaca hecha de hojas y las cuerdas restantes. Se apoyó suavemente; para; con un suave meneo, dormirse.

El peculiar grupo de viajeros llegaron a un lugar perfecto para descansar hacía un rato. El zángano ya se había ido por la cena; mientras que los demás se quedaron preparando todo.

El joven rebientapechos no había podido quedarse dormido en la mochila de su madre. El hambre y el cansancio acabaron con él.

Justo cuando acabaron los dos de construir la tienda; ambos adultos se fueron a preparar el fuego. Desgraciadamente, les llevaría tiempo; pues; no había recogido nada de madera.

Había pasado ya media hora cuando llegó Rócar; traía consigo dos aves carnívoras. Las dejó al lado de Sonia; para que esta le diera uno a su cría y e otro empezara a despellejarlo y destriparlo.

Déspues de una hora; el zángano adulto se quedó observando como los demás cenaban a su lado. Sonia le había preguntado si quería; pero lo rechazó. Ya que no tenía apetito; sobretodo al ser apuntado por ella con esa pregunta; o lo que fuera; pero que saliera de su boca.

Ya había terminado; y se iban todos a dormir. Rócar se acostó al lado de la campaña. Mientras que los demás dormían adentro.

Lurna estaba sentada en la entrada de la cueva. Hacía días que su "madre" le había levantado el castigo. Y hacía días también que le había contado su verdad con Brutush a Hilarem. Y desde hace días que siente aun más deseos de volver a los brazos de su antiguo padre. Lurna bajó la mirada al suelo humedo. Tenía muchísimo dolor con esos recuerdos. Sobretodo con que no los hiba a poder cambiar.

Silenciosamente, empezó a sollozar. No tenía ojos ni lagrimales como los humanos. Pero si ese fuera el caso. Su cara estaría llena de lágrimas y no cesarían hasta la mañana.

Brutush la observaba unos cuantos metros atrás. Los suficientes para que ella no se diera cuenta de que estaba siendo observada.

Él no había visto así nunca a Lurna. El verla así le hizo recordar los sentimientos paternales que tenía y aún sigue teniendo hacia ella. Nunca había dejado de ser su niña. La culpabilidad lo empezó a engullir. Siempre la había querido; pero siempre se negaba a volver a aceptarla. Pensaba que así le sería imposible olvidar a su pareja. Pero después de tanto tiempo. Se fija que hizo un error y el culpar a alguien y aún menos abandonarla, no es ni fué la solución.

Lentamente se acercó a ella para sentarse a su lado.

Notas de autor:

Gracias por aguantar la espera. Espero que este epísodio os guste, haré mejor el próximo capítulo.

Aviso: Voy a hacer una historia sobre Ganlink. Para los que les guste la pareja Ganondorf x Link, podeis esperar y leer dentro de poco mi historia: Paz entre Héroes.

Gracias por todo, y si estás ahí, muchos recuerdos GamenLuna.