Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, y la historia a Kasie West .
La sala principal de la biblioteca era luminosa durante el día; una gran cantidad de ventanas dejaban que se filtraran los rayos sesgados del sol.
Llevé las dos tazas por sus asas y le ofrecí una para que él la tomara.
—¿Has encontrado café?
—¿Cola se acerca?
Me quitó una de las tazas y después le di la manzana envuelta en la servilleta.
—¿Qué es esto? —preguntó sin cogerla.
—Es media manzana.
—¿Encontraste media manzana?
—Encontré una manzana entera. Me comí la mitad. Puedo comerla toda si…
Él la cogió de mi mano extendida.
—... vale —levantó su taza hacia mí y bebió un trago. Sin siquiera un gracias—. Uno de los bibliotecarios debe ser un ladrón de manzanas. La bolsa en donde la encontré pertenecía a alguien acostumbrado a que le roben la comida. Acabamos de aumentar esa desconfianza.
—Estoy seguro de que la reemplazarás más tarde.
—Tal vez lo haga —regresé a la silla en la que había dormido. Su saco de dormir seguía en el suelo. Lo miré durante un rato sin desear tener que usarlo, pero mi piel se estaba erizando cada vez más, así que me tragué mi orgullo y lo cogí. Envolví mis hombros con el saco y me senté, con la taza sujeta entre mis dos manos y el deseo de que tuviera una bebida caliente en su interior.
Cuando el refresco se acabara podríamos compartir un yogurt, después un poco de tarta y tal vez una comida misteriosa. Prácticamente podía sentir mi estómago contrayéndose. A menos que…
Miré a la mochila que se encontraba a sus pies.
Cuando levanté la vista, él estaba mirándome.
—¿Qué tienes ahí? —le pregunté.
Él debía haber sabido exactamente qué estaba mirando, porque respondió:
«No mucho».
—¿Comida? Si planeabas quedarte todo el fin de semana, debes haber traído algo de comer.
—No planeaba quedarme aquí todo el fin de semana.
—¿Dónde planeabas quedarte? ¿Por qué has acabado aquí?
—Planeaba quedarme en otro sitio.
Esperé a que se explicara, pero esa fue toda su respuesta.
—No eres un gran conversador.
—Hablo cuando tengo cosas que decir.
—¿Se supone que eso explica algo?
—No se supone que fuera más que una respuesta.
Este iba a ser un fin de semana muy largo.
Él cerró el libro y lo dejó en la mesa a su lado, después se inclinó hacia el frente, con los codos sobre sus rodillas.
—¿Por qué estás aquí?
Quería darle una respuesta perspicaz que compitiera con las suyas. Algo como: «Quería comer manzanas robadas y leer libros todo el fin de semana».
Pero me mordí la lengua. Tal vez si él sabía más sobre mí se daría cuenta de que solo quería salir de aquí. No estaba aquí para arruinar el plan que fuera que él tuviera.
—Tenía que hacer pis.
Volvió a apoyarse en su silla y a coger el libro, como si en verdad le hubiera dado una respuesta falsa.
—Estábamos aquí, trabajando en el proyecto de Historia que nos asignó el señor Smith. ¿Ya lo has hecho?
Debe haber notado que realmente estaba respondiendo su pregunta, porque en lugar de abrir su libro lo dejó sobre sus piernas y negó con la cabeza.
—Como sea, estábamos aquí, con un grupo, y nos quedamos pasada la hora de cierre para terminar los trabajos. Todos se estaban yendo, organizándose en sus coches, y yo tenía que hacer pis.
—¿Tus amigos te abandonaron? —Entonces su expresión cambió. Estaba sorprendido.
—Había cuatro coches. Angela creyó que iba con Mike.
—¿Tu novio?
—Él no es mi novio… aún. Pero sea como sea, el coche de Mike estaba lleno, así que él debe haber pensado que me fui con Angela o con Tyler o alguien. Pero no estaba con nadie… obviamente.
—Obviamente.
—¿Te estás burlando de mí?
—No. Estoy confundido.
—¿Con qué parte? —Dejé la taza vacía en la mesa a mi lado.
—Con la parte en la que no regresaron.
—Bueno, también es la parte con la que yo estoy confundida. —O algo así.
—¿Alguna clase de broma de novatos?
—¿Crees que mis amigos estaban haciéndome una novatada?
—Entonces, ¿fue un accidente? —Se encogió de hombros—. Todos se olvidaron de ti por accidente.
—No harían eso. Deben haber pensado que me fui a casa, o quizá no se dieron cuenta de que este es el sitio en el que me perdieron el rastro y ahora están buscándome en otro lugar. —Ya había repasado un millón de teorías de por qué no habían regresado a por mí, cada una peor que la anterior. Tuve que detenerme antes de volverme loca de preocupación.
—¿Te perdieron el rastro? —Descruzó sus piernas y volvió a inclinarse hacia mí.
—No sé dónde están. No sé por qué no regresaron. Seguro que hay una razón, una buena, y todos nos reiremos de esto cuando salga de aquí. Nos reiremos y todo tendrá sentido y será una historia que cuente siempre. La vez que quedé encerrada en la biblioteca con el…
Me detuve abruptamente. Mis mejillas se acaloraron y bajé la vista a mis zapatos. No estaba segura de cómo pensaba terminar esa oración, pero ninguna opción era buena. ¿El criminal? ¿El drogadicto? ¿El hijo del drogadicto? Había escuchando de todo sobre Edward.
—Termina —dijo y levantó las cejas—. Estabas haciéndolo muy bien.
—Lo siento.
—¿Por qué?
—No importa. Esa es mi historia. ¿Cuál es la tuya?
—¿La mía?
—¿Por qué estás aquí?
—Quería leer. —Levantó su libro.
—¿Y comer manzanas robadas?
—¿Qué?
—Nada. Es solo que, ¿te conté por qué estaba aquí y eso es todo lo que recibo a cambio?
—No hay libros en mi casa. Bueno, a menos que cuentes el Buen Libro. Pero ese no es utilizado más que para condenarme. —Pasó una mano por su pelo y no continuó. Como si ya hubiera dicho demasiado. Pero no había dicho nada.
—Bueno. No tienes que contármelo. Cuando salgamos de aquí seguiremos cada uno con nuestro camino.
—Hablando de eso —suspiró—. No sé cómo contarás esta historia cuando nos descubran tarde o temprano, pero ¿podríamos contar nuestras propias historias? Tú di lo de que querías hacer pis y yo saldré en cuanto las puertas se abran y seguiré mi camino.
—¿No puedo decirle a nadie que has estado aquí?
—Puedes hacer lo que quieras. Diles a tus amigos que estuviste atrapada aquí con el… lo que sea… pero a los bibliotecarios, los policías…
—¿Qué pasa con los policías? —pregunté mientras ajustaba el saco de dormir alrededor de mis hombros—. ¿Por qué estarían involucrados?
—Si alguien ha avisado sobre tu desaparición, estarán involucrados.
—¿Y qué ocurre si alguien ha avisado sobre tu desaparición?
—Nadie lo ha hecho.
—¿Por qué no? ¿No crees que tus padres estarán preocupados por ti?
—No.
—¿Estás en alguna clase de lío?
—No. No lo estoy. Pero no quiero problemas.
—No los tendrás por mi parte. —Al menos eso afirmaba en ese momento, mientras intentaba ganarme su confianza. Y su teléfono.
Con suerte, su teléfono sería más fácil de conseguir que su confianza.
Porque estaba segura que su confianza no era algo que brindara regularmente.
