Capítulo 16
Una tarea en colonia, y una reunión de noche.
La luz de la mañana cubría la entrada de la cueva mostrando los rostros de sus ocupantes que se estaban desvelando del sueño profundo.
Lurna entre los demás, bosteza con fuerza mostrando toda su boca dentada y su mini boca retráctil. La reina, entre los bostezos de sus hijos, los despierta poniéndolos al día de lo que se debía de hacer esa mañana.
Después de unos minutos, ella se encontraba con uno de los grupos que habían formado para la caza de esta madrugada. Su padre, Brutush, se encontraba en otro grupo, eran dos agrupaciones en total, cada uno se formaba por diez xenomorfos. Eran mixtos y las edades se mezclaban para que los más verdes en el arte de la caza aprendieran de los experimentados y así seguidamente.
Lurna recibió una visita de uno de su piña unos minutos antes de salir. Era un jovencito de la misma edad de Lurna, sus patas estaban hechas para caminar a cuatro todo el tiempo, pues era un corredor o runner, un xenomorfo salido de un animal salvaje de su zona. Mostraba tener algunas carazterísticas de un herbívoro de por allí, un tipo de ciervo, y lo mostraba en sus patas al ser más delgadas y largas, y en las traseras mantenía las garras de los pies, de una forma que creaban la sensación de ser pezuñas.
Los corredores o nacidos de animales formaban un diez por ciento de la colonia. Pues los xenomorfos podían reproducirse entre ellos, pero preferiblemente capturaban a humanos cuando podían, y los animales eran incubadoras en pocas ocasiones, cuando era un accidente el que un abrazacaras capturara la comida aún viva para la colonia, o cuando era necesario reproducirse y nadie quería dar a luz por sí mismo por las pocas ganas de una hembra o pocos deseos de formar familia. Pero la mayoría de las veces se reproducían, pues era su método para sobrevivir y no desaparecer de la existencia su especie. Eso llevaba a que las parejas recientemente después de emparejarse con el respeto de la reina, se reprodujeran al momento.
El corredor era Racán, hacía poco se había puesto a hablar con Lurna, pues se había fijado en ella hace tiempo e intentaba el poder ser su amigo.
Racán: Lurna, ¿vamos juntos a cazar?, será divertido, además, no quiero ir solo, pues no hablo con los demás.
Lurna: Me da igual. Pero no siempre tendrás que hablar con los demás para poder cazar, en un futuro puedes acabar solo y tendrás que cazar de todos modos.
Racán: ...Ya, pero, me gusta también ir contigo, es que sino estoy nervioso.
Lurna: Pues vayamos juntos, pero para la próxima manejate tú solo.
En el fondo ella sabía porque quería estar a su lado, no paraba de fijarse en ella siempre que pasaba a su lado, lo disimulaba, pero se notaba algunas veces. Hembras de su edad a veces estaban con él y este ni se inmutaba, su comunicación era tranquila y paciente, casi no pronunciaba nada, pero con ella era todo lo contrario.
Tanto era así que su padre lo notó una tarde que fue a hablar con ella.
Hace unos días.
Brutush: Veo que alguien se ha fijado en ti. Un corredor, ¿Salár?.
Lurna: Racár. Y me da igual que se haya fijado en mí, no tengo que hacerle caso.
Brutush: No. Pero respeta de todos modos, y conocelo si no te parece mala compañía.
Lurna: Podría, pero no veo interés.
Brutush: Pues cuídate cielo.
Brutush volvió a su ocio para dejar pensativa a Lurna.
Presente.
La salida de los grupos había comenzado y Lurna estaba siendo acompañada por Racár.
Ella vió que en la parte del inició de su grupo se encontraban tres xenomorfos que conocía desde el día que llegaron a su hogar; Fortis, Hilarem y Ductor. Se encontraban siendo guiados por un guerrero adulto. Habían empezado hace poco a cazar con ellos, pues se hicieron adultos rápido, como un xenomorfo normal, pero ya cuando estaban creciendo apenas vieron lo que es matar por supervivencia, así que le dieron tiempo para acomodarse a la colonia y a trabajar sus cuerpos para llevar una rutina. Ahora se encontraban aprendiendo a cazar.
Ductor y Fortis atendían al adulto con entusiasmo a la espera de una orden o situación de supervivencia, al revés que Hilarem. Ella se encontraba andando tímidamente detrás de su hermana más espabilada; Fortis.
Hilarem tenía miedo del exterior pues apenas había salido y ese mundo le creaba pavor desde el día que se encontraba apresada en unos artilugios fuertes y duros. Su hermano mayor Ductor, vió su incomodidad y se atrevió a hablarle.
Ductor: Eh Hilarem. ¿No estás entusiasmada por aprender a caza...?...
Ductor fue callado por el guerrero que notaba falta de concentración por él. Hilarem agachó un momento la cabeza, pero fueron pocos segundos pues, luego le contó a su hermano que estaba asustada. Él la relajó poniéndose a su lado y hablándole. Al final se les hizo entretenido el viaje; ya que gracias a las palabras de Ductor, Hilarem vió con mejores "ojos" el paisaje, el entorno, todo.
Lurna estaba atenta a todo su alrededor, mientras tanto, Racár se lo pasaba hablando y describiendo todo lo que veía con sus palabras. Había a veces que Lurna se encariñaba con alguno de esos vocablos. Pero su atención al paisaje volvió de golpe al sentir un cambio fuerte en el agrupamiento. Todos estaban en posición de alerta. Uno se había alejado unos metros para observar si había peligro. No pasó ni un minuto hasta que el suelo empezó a temblar levemente. En ese momento apareció lo que sería un ciervo de altura al lomo dos metros. Su pelaje era negro como la noche. Era perfecto para confundirse por las sombras del bosque, sus cascos eran parecidos a los de un caballo. Su cráneo era alargado y un poco curvo hacia abajo, como si se tratara de la cabeza de un bull terrier. Sus ojos eran enormes y estaban a los lados, pero no se sabía si tenían pupila o no, pues era todo el óculo de color negro como el carbón.
Los orificios de la nariz estaban cerca de los ojos, y sus orejas eran cuatro, unas apuntando hacia arriba siempre firmes las más pequeñas, y otras largas hacia abajo. El macho líder de la manada tenía la más esbelta corona por cuernos. Altos y sus puntas acababan mirando hacia atrás.
Las demás eran hembras con alguna cría o macho joven. Estas tenían los cuernos hacia adelante, para escarbar algunos alimentos o raíces bajo el suelo para sus crías, además de marcar el territorio de la manada entera.
Lurna: ¡Son Sombras!.
Lurna gritó al grupo el nombre de aquellas criaturas, pues sabían que en manada eran un peligro. El macho guía de la estampida se ocuparía aunque fuera a golpes, eliminar los obstáculos que impidieron su paso.
El adulto guerrero se llevó a los tres hermanos y antes de separarse gritó su táctica de ataque.
"¡Alejar a algunas hembras, que no os pille el rebaño y aún menos el macho"!.
Lurna comenzó a correr casi al lado de la manada. Una de las hembras se dispuso a atacarla pero la zángano la atrapó al momento por el cuello y con su boca retráctil atravesó su tráquea.
Ella con Racár llevaron la pieza de carne lejos de esa zona. El otro grupo sufrió la misma noticia y se encontraban con Lurna y Racán en el mismo lugar. Brutush se acercó a su hija para ver que no había sufrido ningún daño. Después de su revisión, él más su retoño y su amigo se dispusieron a seguir con la caza.
Hilarem se encontraba siguiendo a su hermano, Fortis; se había atrevido a atacar a una Sombra del Bosque y fue ayudada por el guerrero que los supervisaba. Ella era muy diferente a su otra hermana, ella era valiente y decidida, Hilarem temía a todo lo que estaba pasando, pues ni a las criaturas que deberían de ser su presa se atrevía a mirarlas. Y eso la llevó a encontrarse en peligro, pues un Sombra decidió a abalanzarse sobre ella pero el guerrero cogió a la joven antes de que le hicieran algo. Ahora algunas Sombras del grupo se dieron cuenta de la abertura que tenían en su concentración llevando a que una pequeña parte fuera a por Hilarem y su salvador.
"¡Corre!".
Le gritó el macho. Ella huyó de la furia de esos animales. Su cuerpo estaba dolorido por la fuerza que dedicaba a sus extremidades que nunca habían sido puestas a prueba de esta forma. Y su mente angustiada por no querer mirar atrás ni parar.
Ella visualizó a unos de los suyos y corrió a su lado, antes de que pudiera completar el nombre de alguno de ellos, su garra derecha delantera se enganchó en una de las raíces de un árbol que estaba a su lado. La velocidad que llevaba corriendo creo que se dislocara la muñeca y acabara tirada en el suelo suplicando ayuda. Ella giró la cabeza para ver lo que sería su muerte. Una Sombra se dirigía hacia ella. Mostraba la misma imagen de la Parca, que se dirigía hacia su cuerpo en busca de su alma. Esta criatura se levantó sobre sus patas traseras y dirigía sus cuernos hacia ella, preparándose para atravesarla desde un lado de su caja torácica. Pero antes de que pasara algo, su supervisor la embistió por un lado ganándose un grito de dolor de la bestia. Las demás fueron a salvarla; pero no pudieron hacer mucho, pues este se ocupó de todas con apenas esfuerzo. Eran duras igualmente, una consiguió atravesarlo en un costado ganándose un gruñido, pero duró poco, ya que sus cuernos fueron fundidos con algo de su piel gracias a la sangre ácida del guerrero. Este esquivaba como un relámpago cada ataque, y aunque estuviera a punto de acabar mal en cualquier momento, se las ingenio para sobrevivir a cada ataque sin sufrir daños gracias a sus reflejos.
Hilarem se quedó observándolo con asombro durante pocos segundos para luego volver a intentar a liberar su muñeca de aquella raíz. Ductor volvió a su lado acabando ayudándola destruyendo esa rama. Lurna también fue a su lado. Y con ella y su hermano, la sacaron de allí.
Brutush observó cómo se las solucionaba el guía del grupo de su hija; pero no dudó en ayudarlo.
Pasó media hora para que todo se relajara y decidieran volver a casa. Algunos llevaban las presas encima suya dos como máximo, pues las fuerzas eran algo que en un xenomorfo nunca faltaba.
Lurna ayudó en todo el camino a Hilarem, de vez en cuando pasaba el guerrero por su lado para ver su estado. En esas veces la joven tímida no podía evitar parar de observar a su superior.
Apuntó su aspecto. Era un guerrero de una edad algo avanzada pero sin superar a la de Brutush. Su cuerpo mantenía alguna que otra cicatriz mediana contando la herida que tenía gracias a los cuernos de la Sombra.
Era reconocido por ser un excelente cazador, pero poco salía, se ocupaba más de los novatos que de la propia caza. Había mejores guerreros en toda su colonia, pero Trecor era quisieras o no, el ídolo inaudible de muchos jóvenes. Y no era de extrañar, su velocidad, fuerza y falta de miedo creaba una seguridad y la creencia de estar viendo a un Dios, que Hilarem no se había dado cuenta que lo estaba observando más de la cuenta. Pero la despertó Lurna de su atontamiento.
Lurna: Muchas gracias por salvarla, sus padres se lo agradecen Trecor.
Hilarem se quedó perpleja al descubrir el nombre del que hacía un momento no paraba de observar.
Trecor se quedó mirándolas para luego asentir como si lo que hiciera no necesitara que agradecerselo.
Por fin todos habían llegado a su hogar. Volcún explotó en preocupación al ver a su hija malherida. Ella contó todo lo que había ocurrido y en el momento en que acabó de explicarle la aventura vivida. La silueta de su salvador apareció detrás suya.
Trecor: Le falta práctica. Cuando se recupere le ayudaré a coger confianza en sus movimientos.
Su padre asintió y antes de que se fuera Trecor, Volcún le agradeció todo lo que había hecho para mantenerla a salvo.
Hilarem aún no paraba de observar a la figura, pues acabó por atraerla a un punto que no entendía.
Robin estaba perdiendo la comunicación con la realidad, pues llevaba encima el cansancio de horas y horas sin dormir. La luz de la mañana le hacía cerrar los ojos por la sensibilidad que tenían ambos. Se encontraba en la entrada, justo en la puerta que lo llevaría a un mundo de imaginación que su cerebro utilizaba para sus descansos. Pero esa entrada se alejó al detectar el ruido de algo romperse. Una rama por lo que parece, ya que una sombra borrosa que solo se encontraba a unos cuantos metros de él, se movió para acabar haciendo el mismo ruido.
Él empezó a sentirse perturbado a no saber que estaba viendo. No pasó mucho rato hasta que ese ser se lanzó hacia donde se encontraba. En ese momento el instinto de supervivencia lo despertó dejándole contemplar a lo que corría hacia su cuerpo.
El tronco del ser parecía el de un puma pero de color gris pardo; sus patas largas, en vez de acabar con cinco falanges, había una sola que mantenía una gran garra como gancho. Sus dientes eran los de un caballo, salvo que su hocico era parecido al de un felino que carecían de labios que los protegiera.
Y su cola era el doble de larga que su cuerpo, que debería de medir cuatro metros esta de largo.
La altura de la criatura no superaba el metro y medio. Pero eso cambio al tenerlo encima. Antes de que sus garras lo atravesaran para engancharse en su piel. Alato se lo llevó por encima empujando a la criatura fuera del camino de Robin. Todos despertaron al momento.
Ético estaba en posición de ataque por si empeoraba la cosa, pero solo se limitó a observar.
La cola del acosador se agarró fuertemente al brazo derecho de Alato, lo tiró a un lado, pero el guerrero se posicionó firme gracias a sus piernas y su otro brazo que empujaron hacia el suelo evitando ser más arrastrado y acabar cambiando el turno de arrastre.
Robin miraba aterrado sin saber si disparar, pues el felino se movía tan rápido que temía que le diera al que lo había sacado del apuro. Pronto se encontró con la presencia de Rócar a su lado, que le contó que aquello era un Garraparda. El joven al escuchar su nombre no tardó en darse cuenta que ninguno más actuaba salvo el guerrero. Le pareció asqueroso dejar a uno luchando solo, al menos; él tenía excusa. Que no podía asegurar si era bueno disparar ni si el disparo sería certero sin causar la muerte del "compañero". Pero los demás miraban sin hacer nada. La hembra neomorfo temblaba como Robin.
Pero antes de que pudiera protestar todo acabó. La criatura subió a la copa de uno de los árboles y escaló sin problemas ya que sus garras le daban ese beneficio de gran escalador. Una vez que llegó arriba, enganchó su cola al tronco y se quedó allí observando con gruñidos de advertencia a los de abajo.
Rócar: No te preocupes, pueden ser fuertes, pero son herbívoros se dedican a comer las hojas de los árboles. Habremos invadido su territorio sin darnos cuenta, y ellos tienen sus nidos siempre custodiados. Pero no atacan sin motivo, por eso no te preocupes.
Sonia se acercó al soldado para evaluar cómo se encontraba, pero duró poco la revisión, ya que Rócar ya informaba de la partida para la caza.
Antes de hacer algo, Robin comentó a Rócar de cómo Alato lo sacó del apuro antes de acabar mal. Sus palabras lo llevaron en acercarse al nombrado para preguntarselo y recibir la misma respuesta. No se tardó mucho en que al final ambos seres fueran aceptados. Los dos dieron las gracias.
Rócar, Ético y Alato volvieron con aves de nuevo para la comida, esta vez dos para cada uno para todos .
Como la anterior noche, Sonia y Robin se ocuparon de despellejarlas y limpiarlas. Después de una hora preparando todo, al final las aves ya estaban hechas a su punto. Todos disfrutaron encantados por el sabor, sobretodo Junior, que devoraba su comida con ansias. Eso le encogió el corazón a su madre, ya que apreciaba que se alimentara y ante todo que disfrutara.
El mediodía había llegado y todos descansaban a la sombra de las copas de los árboles. Salvo Rócar y Sonia que estaban hablando dentro de la tienda de campaña. Pues para organizar todo lo que harían allí en la colonia cuando llegaran. Un destino que les daba la sensación que cada vez les quedaba más lejos.
Sonia: ¿Tú crees que la Reina acabará con nosotros si no la convencemos?. -Comentó la mujer con una expresión de preocupación-.
Rócar: ...No dejaré que haga eso, por lo menos que os deje iros. Pues hicisteis el mismo viaje que yo; y no me habéis creado ninguna carga, me estáis ayudando a llegar.
-Le respondió tranquilizando más a su compañera-.
Sonia: Gracias. Haré lo posible por que todo vaya bien.
Rocar: ...¿Dónde desearías vi-...vivir cuando seamos aceptados por...la Reina?.
Sonia: Eso. ¿Qué pasará si...no nos quiere, no podríamos ser aceptados...sobretodo como...pareja.
-El miedo dominaba su voz-.
Rócar: ...Ya he dicho que haré lo posible porque no pase. Y...si pasa...estaré contigo igualmente, ni siquiera tengo que tener su permiso para unirme a ti, si es que ella no nos fuera a aceptar. No dejaré, que os pase nada, a los dos.
Sonia abrazó casi en lágrimas al zángano pues la idea de separarse de él le dolía muchísimo. Rócar notó su nostalgia y la consoló respondiendo a su abrazo.
No duró mucho tiempo hasta que la tensión entre ellos creció. Sonia se sentía en ese momento tan atraída por el olor de Rócar, que parecía que su aroma tenía algún tipo de imán que la llevaba a arder por dentro y no poder separarse de su cuerpo.
Rócar notó su cambio y su cuerpo respondió a ello. Pues su corazón aceleró sus pulsaciones y la respiración era más difícil de llevar, llegando al punto que sin darse cuenta, se encontraba hiperventilado. Las patillas largas de Sonia eran meneadas por el aire que expulsaba la boca del zángano al respirar.
Ambos se encontraban dominados por una fuerza mayor que ellos. La atracción de sus instintos más primitivos ahora mismo estaban superando a la lógica de ambos. Pues; cómo no dejarte ser dominado por las vista a un lugar "privado" y en frente a la "persona" que te lleva a perder el juicio. Cómo no dejarse llevar por esos deseos que superar a toda voluntad inocente o fuerte.
Pero, eso duró poco. Robin abrió la entrada nervioso con el deseo de soltar algo importante para él. La pareja no se movió, sus cuerpos quedaron estancados en ese momento solo esperando que el intruso no se fijara en la situación en la que se encontraban ellos, sus mentes y cuerpos.
Robin: Sonia...¿Neomorfo?. Tenemos a un Neomorfo en el grupo.
Sonia: ¿Pero qué...?.
La voz de Sonia se apagó al ver una imagen en su mente que había vuelto a la realidad. La imagen de los nuevos, pero ahora tenía mejor calidad todo, pues lo veía más claro al darse cuenta de lo que decía su amigo.
Rócar: ¿Qué pasó?.
Robin: Los nuevos. La hembra es un Neomorfo. Nuestra especie, osea; los humanos. Consideramos a los Neomorfos casi extintos. Son como un antepasado vuestro que es difícil de ver y de conseguir, tanto en caza como en incubación.-Comentó enérgico-.
Sonia: ¿No me digas que quieres quedartelo?.-Su voz se había vuelto dura y oscura mostrando odio y miedo a que todo fuera marcha atrás-.
Robin: ...¿Qué?, ¡no!. Yo no. Pero; ¿y los demás?. Apuesto que habrá alguno que lo quiera. Yo confío en el Capitán. Pero puede que alguien le coma la hoya o la misión se estanque al querer a ese bicho en sus garras. Puede que Fernando lo quiera. Sabes que él estaba... y está loco por esas mierdas.
Sonia le reprochó una cara de furia al mostrar que odiaba aquellas palabras para definir a esas criaturas. Aceptaba que Robin no le gustaran esas criaturas ni experimentos, pero odiaba a la falta de respeto a alguien que estaba mostrando ser otra cosa.
Sonia: Tienes razón ante tu preocupación. Pero no podemos echarlos sin motivos después de lo que hicieron por ti o hizo por ti el otro.
Rócar: Es verdad. Podría sacarlos de aquí, pero; creo que les sería muy duro, sobretodo porque llegaron a nuestro lado porque el exterior pudieron con ellos.
Sonia: No podemos expulsarlos sin más como si nada.
Robin se quedó mirando al suelo de tela de la que estaba hecha la campaña. Sus dedos empezaron a tocarlo, notando la suavidad de la textura, los bultos que dominaban en ella al estar encima de un suelo lleno de hojas caídas, ramas rotas, piedras y algún resto fecal acompañado por la tierra.
Robin: Tierra.-Susurró para sí mismo, aquella palabra le estaba dando una idea.-
De repente se lanzó a los hombros de Sonia con sus dos manos y mientras la meneaba le soltó todo lo que se le había ocurrido tan rápido, que parecía que temiera a que en cualquier momento se le olvidara.
Robin: ¡Lo tengo, tierra. Usemos tierra!.
Sonia: ¿Cómo que tierra?.
Robin: Sí. La envadurnamos de tierra y queda casi tan oscura como los demás.
Sonia: Pero la forma va a ser la misma. Eso no cambiará nada. Puede que eso incluso lo empeore. Imagínate, un Neomorfo de otro color. Si con uno normal flipan, con tierra les explota la cabeza.
El entusiasmo de colaboración de Robin desaparecieron tan rápido como llegaron.
Sonia: Lo mejor que podríamos hacer si queremos que se queden es comentarselo a John antes de que sus hombres o quién venga con él como si va solo. Decírselo antes de que lo vean, así él se ocuparía de su grupo o persona.
Robin: Ya...pero; ¿tú crees que irá todo bien?.
Sonia: No...no lo sé. Pero, imagina que se van. Si los encontramos por el camino, puede que los demás lo vean más como una amenaza y no duden en disparar antes de tiempo.
Robin: Sí, y puede que los vean en la colonia ya que ellos van hacia allí. Creo que será mejor comentárselo y que decidan.
Sonia asintió lentamente ante lo último dicho por Robin.
Los tres salieron de allí y Rócar fue su traductor para informarles de todo lo hablado entre ellos. Ambos seres apostaron quedarse y evitarían ser carga o problema al grupo.
Después de aquello, Robin y Rócar se pusieron a proteger la zona, mientras que Sonia estaba con Junior y Vittiliv intentado poder entablar conversación con ella.
John se encontraba a horcajadas sobre Charlie, que se había dispuesto a llevarlo encima desde que el sol salió al cielo despertando a todos.
Fernando visualizaba a su montura, pues; no sacó ojo de encima de Charlie desde que empezaron la caminata. La señal la llevaba John mientras que los otros hacían un círculo casi oprimido a él, para defenderlo de algún ataque.
Aún entre los demás, el científico seguía mirando al ser con ojos de observador, como si se tratara de un halcón estudiando a su presa. Miraba atónito la piel de este, parecida al de un humano, salvo que era un poco más gruesa y fuerte. Y sus cicatrices, distinguió al momento algunas recientes. El haber experimentado con animales, lo hizo más bueno en lo de la evaluación del crecimiento de las células, como actúa el organismo ante un cambio y poder distinguir las horas en las que se ha producido una herida o cicatriz.
Se fijó que unas de ellas en su rostro que eran más grandes que las demás. Se habían cerrado por lo menos unos cuatro días, por ahí. Eso lo llevó hacer una teoría, en la que el Capitán era el causante de esas marcas ya que mostraba signos de supervivencia el hombre, pues; nadie pasa de estar bien a magullado por todas partes sin motivo alguno.
Con el aspecto de la criatura, se fue fijando que había algo raro en él. Pero no llegaba a recordar.
Fue entonces cuando se fijó en la mirada del capitán, pues lo estaba observando con cara de sospecha ante su comportamiento.
Después de eso, Fernando no volvió a mirar tan fijamente a la criatura y aún menos a su jinete.
Las horas pasaron en calma y acompañadas por la luz del sol. Salvo para Charlie; ya que una extraña atracción lo llevaba a atender más a los humanos. Antes notaba esa presencia, como si de un aroma se tratara, pero tan suave que ni llegara a notarse. Ahora no era así, pero no le importaba lo suficiente como para desatender su misión principal.
Jonh dedicaba descansos a sus escoltas para que recuperaran las fuerzas que iban perdiendo poco a poco por la tensión constante al esperar a un peligro que por ahora no había llegado a ser divisado.
En uno de los descansos uno de los soldados no pudo evitar disparar al bosque ya que estaban al lado de la entrada hacia él. El crujido de una de las ramas de un árbol lo asustó esperando algo peor. Pero solo consiguió ahuyentar unas cuantas aves ante el ruido; además de ganarse las miradas de sus compañeros y el rostro rojo de furia del Capitán.
La sombra que creaba el propio bosque en sí, cubría a los escoltas. No sufrieron ningún ataque. Tuvieron la suerte de que un Garraparda que se encontraba encima de sus cabezas, estaba en ese momento descansando en su nido, tranquilo e ignorante a todo lo que ocurría.
El tiempo pasó hasta que la noche cubrió el cielo acompañado por las estrellas. Iban a parar para dormir cuando vieron de pronto una luz a unos cuantos metros.
En ese momento John cogió el walkie y buscó el canal de Sonia y preguntar si habían encendido alguna hoguera. No tardó mucho en recibir una respuesta de afirmación, se decidieron por acercarse lentamente.
Ya a unos metros antes de estar con los demás. Sonia y Robin se encontraban de pie a varios metros de la luz del fuego que habían encendido hace no mucho.
Robin llamó la atención al Capitán para acabar hablando de lo que llevaban consigo.
Apartados de los demás, empezaron la charla.
Robin: Señor. Tenemos algo importante que contarle, tenemos...
Sonia: Tenemos un grupo compuesto por varios...xenomorfos. Todos han ayudado pero no queremos problemas y aún menos que se retrase la misión; pues llevamos con nosotros un neomorfo.
John arqueó una ceja por un leve momento para volver con la misma mirada de firmeza. Ante el cambio de expresión, los dos humanos del grupo peculiar bajaron la mirada para encontrarse a una criatura bastante diferente pero familiar.
John: Sé que os importa cada compañero de vuestro grupo. He aprendido a ver con otros ojos.-Dijo mientras empezó a acariciar la cabeza de su escolta y guardaespaldas.
Después de aquello. El capitán informó a su grupo pequeño de lo que había hablado y todos aceptaron sus normas. Sobretodo porque no sabían que pasaría si las incumplían contra el equipo mextizo. Y el destino nuevo que ahora debían mantener.
Esa noche ambos agrupamientos descansaron juntos; salvo el capitán y Charlie. John no paraba de pensar en la madre difunta de su escolta. Pero eso lo llevó a preguntarse algo. ¿Por qué Conor acusó a Weiland si él llevó acabó el experimento?. Puede que en el fondo se hiciera el inocente para no manchar su nombre, o buscara culpar a la Weiland sin haber mandado ningún informe desde que empezó su investigación. Hace años, les dieron algunas peticiones de búsqueda, pero puede que en el fondo no les importara mucho a su empresa, pues dirigían varias naves y en todas podrían haber sufrido la misma desgracia de experimentación con seres y sus pasajeros. Y puede que el encuentro del neomorfo no hubiera sido mencionado explicando que Sergio le sorprendiera verlo. Mismo neomorfo que ahora acompañaba al grupo que se dirigía a la colonia.
Además, si consiguieran paz, ¿qué pensaría Weiland, y qué ocurriría?. Le daba igual saberlo por ahora. Pues; apenas le importaba los deseos codiciosos de aquella empresa que único beneficio que daba esta, era oxígeno y atmósfera a planetas nuevos para hacerlos habitables.
No pasó mucho rato; hasta que John se fijó que de nuevo, Fernando se encontraba observandolos, demostrando ser malísimo en ello; pues, apartó la mirada bruscamente al encontrarse con la mirada del capitán.
Notas de Autor:
Ya he vuelto, muchísimas gracias por los ánimos y aquí tenéis el capítulo que esperabais desde que acabé el otro.
Muy bien, ahora necesito informaros de algo.
Hace unas semanas, empecé a pensar a pensar y a pensar. Y esto me llevó a imaginarme una nueva historia. Intento ponerle título y crear el primer capítulo, tengo muchas ideas y casi el desarrollo completo. Y diréis ¿de qué va?. Y yo, será de fantasía, época entre antigua y media. Mundo imaginario. Y espero que la leaís para judgarlo, cada uno con sus gustos. Igualmente, está para disfrutar. Bueno, ahora disfrutar de este capítulo. Y a ver si creo la próxima historia a tiempo.
