Capítulo 17
Preocupaciones y historias.
Sonia vió la tensión que mantenían Fernando más John. Pero, a los cinco minutos observó que ahora el capitán era el que la estaba mirando.
Este se levantó para acercarse cogeando hacia ella. Charlie se quedó en su sitio, llevando a Sonia reaccionar por él. Pues; se acercó a su superior a paso ligero. Lo ayudó a apoyarse, y al momento, este pidió un lugar donde hablar. No tardaron mucho en desaparecer entre los árboles con Rócar.
Sonia: ¿Pasó algo capitán?. No le veo muy bien.-Dijo ella con tono de preocupación-.
John: Tengo un pie inutilizable. Bien del todo no estoy.-Soltó bruscamente, demostrando que la ira y preocupación lo seguían comiendo por dentro; además de provocar que Rócar empezara a sisear-.
John: ...Sonia, necesito que me digas la verdad.-Su rostro en ese momento se volvió apagado y empático-.
Sonia: ¿Señor, qué necesita saber?. Siento si este viaje le ha sido muy duro, y lo sea aún más por mi. Pero, creo que es lo correcto para la ciencia y la humanidad.
John: Ese es el problema. Por la ciencia...y la humanidad. Ja. Creo que Weiland tiene un logo igual. ¿No?. Dime la verdad. ¿Qué sabes de la anterior nave?.
Sonia: ¿Qué nave?.-Dijo preocupada por el comportamiento de su superior-.
John: La N.B.180 de Weiland Yutani. La que hace veinte años desapareció. Y no sustituimos su trabajo hasta hace poco.
Sonia lo miró perpleja. Pues; sentía que algo andaba mal con ese nombre, ya que nunca se había mencionado salvo unos pocos días después de su desaparición.
Sonia: No sé nada. Salvo lo único que saben los demás. Que está desaparecida.
John: Estudios, trabajos, planes, maniobras, secretos.-John se apoyó a Sonia porque cada palabra que soltaba con impaciencia lo iba agotando más, al punto de sentir que caería al suelo-.
Sonia: Capitán. No sé qué está pasando. Pero de ella es lo único que sé. Sí, hizo estudios. Investigaciones. Y creo que algo parecido a nosotros. Pero sus informes nunca los leí ni me informaron de ellos. Es normal leer la misión de una anterior investigación al destino que van unos. Pero incluso se dijo que apenas llegaron informes. Creo que fue la única investigación que fui sin saber nada de la anterior y oír que no habían datos sobre ello. Y difícil es que otros lo sepan si yo no sé ni lo que hicieron a ciencia cierta. Salvo algunos rumores sobre el científico que la llevaba.
John se quedó mudo ante la respuesta de Sonia.
John: Rumores sobre...¿el profesor Conor?.-Dijo intrigado-.
Sonia: Conor...sí. Nosotros recibimos más información que vosotros, y admito que eso puede llevar a peleas. Y yo recibo poca y en esa apenas escuché algo, salvo que se decía que Conor hacía sus propios experimentos sin informes, o buscaba sus propios destinos dejando a la tripulación sufrir de sus propias consecuencias. Creo que en otra misión se las arregló en buscar un destino para el estudio del neomorfo, pues hubo quejas de algunos a la vuelta quejandose de que casi los matan y que volvieron solo por la falta de suministros. Usaba cuerpos de su tripulación como incubadora...algo que, solo lo he visto salir de la boca de gente muy unida a los directores de la propia empresa.
John: ¿Sergio era amigo de alguno de los directores?.
Sonia: Creo que sí. Lo veía muy al lado de los superiores. Yo pensaba que era por tener algún pariente cercano. Nunca me molesté en preguntarle, y nunca escuché ese rumor salir de su propia boca. Supongo que no se lo creía.
John sentía que perdía las fuerzas. Rócar lo sujetó con firmeza al momento para luego de un rato de recuperar la compostura volviera a hablar.
John le informó a la científica de lo sucedido con Sergio. Todo lo que le soltó al verse atrapado en el laboratorio. De cómo descubrió al neomorfo que más tarde se fugó y creía que era el que los acompañaba; además de cómo llegó a tener confianza con el ser que lo llevó a lomos para no sobreesforzarse.
Sonia quedó impresionada a los días de supervivencia y muerte del soldado que mostró ser traidor al grupo.
John: Sonia...esto no me gusta. No sé si Welidand hace lo que dijo Sergio. Puede que estuviera mal de la cabeza o simplemente es el cúmulo de todo lo dicho por esos peces gordos. Pero, ¿qué dirán? y ¿cómo acabaremos?.
La mujer lo miró con pena al ver que no entendía qué era lo correcto en esta situación. Y normal, pues el comportamiento de uno de sus soldados y la locura de un científico muerto lo han dejado perdido en una realidad que era dura de entender.
Sonia: Te juro, capitán. Que no sé nada de las cosas esas que te soltó tu exsoldado al intentar acabar contigo. Puede que sea cierto. Pero, Conor apenas dió información de algo y me informaste que fue el asesino de su mujer. Puede que culpara a Weiland solo para, si sobrevivía, no tener pistas de su asesinato o no manchar su nombre y puede que Sergio dijera algo de verdad. Admito que me gusta la ciencia, pero, escuché quejas de personas contra la empresa, me daban igual pero ahora que hablamos de esto...yo no recuerdo hacer ninguna extracción a la fuerza con alguien del ejército. También puede que al tenerte acorralado pensara que iba a conseguir matarte sí o sí. Así que no le importó soltar algunas verdades. Puede que al final estuviera lo suficientemente mal como para ponerte enfermo con sus palabras y reírse antes de hacerte daño.
John no negaba esa segunda hipótesis. Pues; nunca le gustó ese hombre. Sentía que se lanzaría en cualquier momento contra alguien. Hace tiempo que leyó su expediente y en él se incluían unas cuantas infracciones producidas en la Tierra. No graves pero sí importantes. Ahora le tenía sentido en que su superior no aceptara sus quejas ante las infracciones. Al final acabó entrando de la forma más sucia y pensar en ello, le dió más paz a su mente. Ver que el científico estaba loco y culpó para no llamar la atención. Y Sergio puede que dijera alguna verdad pero no mantenía dudas demasiado enfermizas.
Sonia: Y no sé cómo lo aceptarán, nosotros queremos algo; pero, puede que para ellos sea traición. No lo sé. Creo que es lo correcto pero Weiland se sustenta de estas criaturas. Podríamos perder trabajo y Weiland podría hacernos algo para no decir nada. Al fin y al cabo, hacen un estudio sin importarle mucho las consecuencias que sufran aquellas personas. Pero es lo que pasa si decides trabajar en algo ilegal-Dijo lo último señalandolo entrecomillas-.
John: Verdad, pero no creo que quiera volver a trabajar con ellos. Quiero volver a casa con mi prefiero quitar este abuso y irme con la mente tranquila sabiendo que he hecho lo correcto, pues hablando estoy empezando a pensar que he trabajado en un trabajo que no solo miente a la gente sino que también viven en la ignorancia sus propios trabajadores. Será mejor acabar con esto.¿Conoces a alguien que tenga más información que tú en lo que se refiere en ser una mano diestra para los directores?.
Sonia: ...Yo...-Abrió los ojos al recordar a alguien muy cercano en su trabajo- ...Fernando. Estaba a veces con ellos pero nunca me molesté en saber nada de lo que hablaban, ni él me lo comentaba.
Ambos giraron las cabezas al campamento. Rócar empezó a sisear al temer que hubiera al final un traidor entre esa gente. Una vez que volvieron, se atrevieron a llamar al científico y a Robin. Se fueron más lejos para no llamar la atención. Charlie mientras tanto se quedó vigilando aún el campamento. Su mirada no paraba de tropezar con caras preocupadas y horrorizadas por no sentir seguridad al estar rodeados de seres superiores en fuerza y agilidad como compañeros del campamento.
Lurna se encontraba sentada, masticando con lentitud un cacho de carne. Toda la colonia estaba cenando, ella estaba acompañada de unos compañeros de su edad; todos hablaban de experiencias en la caza excepto algunas hembras. Pues, llevaban más la atención a los machos que se encontraban vigilando la entrada o alimentándose al lado de la Reina.
Lurna era la única en la que no participaba en ninguna de las charlas. Su mente era ocupada por miles de pensamientos que apenas podía organizar. Desde que se había reconciliado con su padre y su hermano decidió completar una misión impuesta por su fe en la paz; se había vuelto más relajada y callada a la hora de pensar y hablar. Algo que la llevó a ser un gran contraste con su anterior yo. Pero en el fondo de su ser admitía que echaba de menos el ser un poco más terca. Pensaba que era alguna etapa por el cambio, cambio por todo lo ocurrido. No fue hasta que una de sus compañeras la despertaron para acabar contestando.
"¿Qué tal estuvo hoy la caza. He oído que una manada de Sombras se os echó encima". Le preguntó su amiga. En ese momento recordó a Hilarem. Apenas se movió del rincón donde se había quedado desde que llegaron. Lurna mantuvo su mirada en ella, llevando a los demás girar la cabeza a lo que su vista se mantenía fijada.
"Hilarem...apenas ha dicho algo desde su llegada. Deberá de estar muy abatida por todo". Volvió a hablar la compañera. Todos se dieron miradas mudas para al final traer a Hilarem junto a ellos. Lurna se sentía culpable al ser la que llamó la atención mirándola hace un rato.
"Me han contado que fue super peligrosa la caza a la que asististe. Se dijo que os encontrasteis con Sombras. ¿Cómo fue?", comentó la hembra anterior. Hilarem observó al grupo entero para lentamente sentir como la decepción la consumía. Pero no llegó a mucho, pues una voz la volvió a mirar a la pandilla.
"Sombras...has tenido suerte niña. Esas bestias en manada pueden ser un caos para cualquier vida." La voz procedía de un zángano adornado por pequeñas cicatrices que se hacían cada vez más notables al llegar al brazo izquierdo. Al momento, la anterior zángano cuya pregunta fue la primera en recibir Hilarem, actuó con entusiasmo en sus gestos.
"Cuenta tu primera caza, Kascar". Dijo la hembra con diversión, animando a los demás a insistir. "Sí. Cuentasela", "Estoy de acuerdo. Es la mejor de todos nosotros". Soltaban todos para animarlo a narrarla.
Kascar miró seriamente a todos, hasta pararse en la mirada de Lurna, que lo estaba observando fijamente.
Kascar: ¿Qué te parece, Lurna?. ¿Se la cuento?.
Kascar recibió una afirmación después de ver el cuerpo y la cabeza de Lurna moverse con alegría. Pues apreciaba el sentirse incluida y sobretodo escuchar las historias de sus compañeros. Compañeros que respetaban su presencia.
Hilarem se quedó observando la escena para luego acabar en Kascar. Sentía en su interior, un suspense enorme. Quería saber los detalles de aquella historia que levantaba el entusiasmo a todos al momento de ser pronunciada.
El zángano asintió para empezar a narrar todo desde el principio detenidamente. Su voz era grave pero algo áspera como a muchos de sus hermanos. Mantenía unas pausas tan fuertes, que aunque fueran cortas , en todas nadie podía evitar acercar un poco el cuerpo al centro del círculo para volver a oír su voz y recuperar su anterior postura.
Kascar: Era mi primera caza. En ese momento, mi cuerpo creció al punto de tener el aspecto de un respetable adulto. Pero no mantenía disciplina suficiente como para desarrollar una simple estrategia en campo abierto.
Salimos unos jóvenes más un guerrero con unos cuantos adultos.
Desgraciadamente nos había tocado salir un día de nieve, y a muchos nos costaba seguir el paso a los cabezas del grupo, pues era tan profunda esta, que nos las teníamos que apañar para mover las patas y desplazarnos.
Estábamos buscando un rastro. El guerrero justo dirigió la mirada hacia mí y dijo. "Tú...Sí tú. Ven".-Kascar señaló a Hilarem con la mano derecha, imitando al guerrero que denominaba en su relato"- "¿Ves este rastro?". Me dijo señalando al suelo. Miré para ver una serie de puntos que hacían una línea bastante irregular por una pradera algo adornada por árboles muy cerca de la colonia.
Yo le asentí, no tenía ni idea de quién eran las marcas. Pero luego me pidió que yo dirigiera al grupo por el camino que creaba ese mismo rastro.
Empecé a sentirme nervioso, el guerrero se colocó atrás pero aún se encontraba delante de los demás. En ese momento me convertí en el cabecilla del grupo.
Seguimos el rastro durante un buen rato. Los ruidos del exterior me eran nuevos. Nunca había salido y si era así, sería un momento corto al lado de la entrada de la colonia. Eso me llevó a coger algo de miedo de lo que podría pasar, aunque mi instinto me mantuviera despierto. Y como no quería parecer penoso delante de los demás. Me mantuve en mi mundo hasta que me di cuenta que ya no había rastro. No sabía ni siquiera cuánto rato había estado caminando sin tener rumbo fijo. Intenté buscar las últimas pisadas del rastro mirando hacia atrás. Pero el camino había sido enmarcado por todos los demás con sus pisadas. Sabía que no valdría la pena volver y no quería demostrar que en el fondo la había cagado. Así que seguí un camino inventado por mi.
En ese momento, mi cuerpo estaba consumido por los nervios. Al punto de ni tener la más mínima atención a lo que me decía el guerrero. Después de un rato, noté chocar con algo duro contra mi cabeza.
Solo tuve que centrarme un poco para fijarme que se trataba de una pata gruesa cubierta por una piel dura grisácea. En es momento, elevé mi cabeza para acabar viendo un maldito Cabeza gruesa.
Hilarem le miró con duda; pues era la primera vez que escuchaba el nombre de esa criatura. Kascar se fijó en ello y aprovechó para definirlo con expresiones exageradas y serias del ser.
Kascar: Su cuerpo era tan largo como el nuestro de cabeza a cola, pero con una altura superior a dos de nosotros. Este mantenía un aspecto fornido e impenetrable a la vez de goloso. Su cola era corta pero mantenía en ella un pelaje largo y liso. Sus patas acababan en poderosos cascos negros. Toda su piel mantenía dos tonos; capa grisácea con rayas amarillas. Y lo que más llamaba la atención, era su cabeza. Sujetada por un cuello corto y ancho. Esta era corta pero en ella había cuatro ojos, todos a los lados y de gran tamaño. Su color era blanco como la propia nieve que estaba pisando en ese momento, pero había una pequeña línea horizontal negra que predominaba en ellos. Dos orificios nasales tan grandes que creaban sus propias ventiscas de niebla. Orejas puntiagudas, tan enanas como una de nuestras crías. Y lo más llamativo, el hueso que sobresalía y cubría todo el cráneo del ser de arriba a abajo. Como si se tratara de una montaña a la que le habían cortado el pico con una de nuestras colas.
No pasó ni medio segundo cuando me encontré siendo lanzado por la fuerza del impacto contra el cráneo de ese bicho. Desgraciadamente acabé encima del guerrero que rato más tarde consiguió distraerlo de mi mira.
El ser, aunque fuera fuerte en aspecto, no podía evitar ser torpe y lento. Sus patas sobresalían del suelo mostrando esos cascos negros como la piel de aquel guerrero que muchos conocemos. Fue ese momento cuando descubrí la planta de ese ser. Al final, huyó herido, pues al guerrero poco le importaba. Él se acercó a mí y me dice. "Perdiste el rastro hace rato lo suficientemente largo como para darme cuenta que estabas perdido. Y serás tú quién nos guies de nuevo. Unos cuantos árboles atrás y lo recuperarás, y molestate en quedarte con el olor desde el principio".
Eso fue lo último que me dijo para luego estar yo de nuevo de cabeza y acabar encontrando las pisadas que antes había perdido de vista. Al final eran Musgos. De cuerpo parecido a los Sombra. Pero más pequeños y de cuernos más cortos siempre mirando hacia atrás en semicírculo. El color de piel era verdoso y en su lomo se encontraba una mata de pelo más gruesa y larga de color verde oscuro pero adornada ahora con nueve. Nos llevamos unos cuantos para cuando volviéramos ni recibir más palabras del guerrero. Conocido también como Trecor.
A Hilarem se sorprendió al oír aquel nombre. Kascar la miró al momento y le habló.
Kascar: La caza de hoy en la que tú te encontrabas. He oído que Trecor dirigía a tu grupo. ¿Es verdad?.
Hilarem titubeo un poco, pero dio una respuesta de afirmación a la pregunta.
En ese momento las hembras empezaron a compartir risitas. Pero Lurna entre todas ellas se mantenía callada y recta, como si solo el hecho de oír ese nombre, tuviera que respetarlo con la compostura automáticamente.
Hilarem, ya más tranquila ante la compañía. Se atrevió a contar todo lo ocurrido esa mañana. Al acabar. Todos volvieron a valorar a Trecor.
Kascar: El mejor guerrero de todos. Pero invisible a la vista.
Lurna: Se mantiene tan callado, que apenas duran las hembras que lo siguen. Es tan...silencioso y recto, que se funde sin ningún problema con la estructura de nuestro hogar.
Todos la miraron un momento, encontrandola nerviosa ante tal comportamiento. Es cuando uno de los machos se atrevió a hablar. "Parece que lo estés elogiando". Muchos sacaron una pequeña risa. Lurna sacudió la cabeza, dando como respuesta que solo lo respetaba como era debido.
Lurna: Pocos guerreros son como él, por no decir ninguno. Mi padre es bueno, pero Trecor...Es respetado por su gran esfuerzo y eficacia a la hora de actuar. Solo lo estoy respetando.
Kascar: Es un gran guerrero, no lo niego. Pero aún no ha aceptado a nadie. Es un enigma para muchos, puede que por eso muchas de nuestras hermanas y hermanos se atraigan por él.
Hilarem se sintió de pronto incómoda ante las palabras de Kascar. Pues no se equivocaba en lo de ser casi un imán para muchas y muchos de su colonia. Incluyendola a ella. La había dejado asombrada ante su misteriosa forma de ser. Y puede que ella no fuera la única de ese grupito que le atrajera de esa forma.
La noche pasó entre historietas y anécdotas narradas por todos. Entre las risas y la confianza amplia que ya mantenían, pasaron las horas hasta que al final acabaron durmiendose todos allí.
Notas de autor:
Siento un montón la espera, pero me pasé tiempo sin inspiración y necesitaba alejarme de algunas cosas. He vuelto y no sé cuando tendré el próximo capítulo, pero intentaré que sea pronto pero me encontraré muy ocupada. Igualmente gracias por vuestra paciencia y voy a escribir el siguiente capítulo.
