Capítulo 19.

Primera impresión.

Pasaron las horas hasta que el sueño terminó con un sobresalto llevando a Sonia a levantar su espalda alertando a Rócar.

Ella mantuvo la respiración hasta entender que todo estaba bien. El sudor le corría por toda la cara, era normal, pues era algo elevada la temperatura en el nido en el que se encontraban, no sólo por la forma de vivir de los xenomorfos , sino también todas las respiraciones que estaban ocupando el entorno.

Sonia con un pequeño brillo de entusiasmo, salió de la "habitación" en la que se encontraba para ver el corazón de la colonia. Fue salir para ver todo un espectáculo.

Por lo que parecía, los hijos de la reina ya habían ido de caza y amontonado todos sus logros en esta al lado de la reina. Entre el montón, Sonia juraría haber visto algo moverse.

Había grupos por separado, en los que ella pudiera distinguir a jóvenes, adultos, ancianos, y entre ellos podría hermano hembras o machos o simplemente un género por cada grupo. Era la misma representación de la vida diaria de la humanidad, descansar al lado de otros y comunicar su día, esperar ansiosos a algo o aprender nuevas cosas de otros. Sonia no pudo evitar sacar una pequeña mueca en el labio que se acercaba a sonrisa; pero duró poco, una voz grave la llevó a desconectar de sus pensamientos.

Entre una pequeña reunión de zánganos, se encontraba Robin llamando la atención a la científica. Robin era acicalado y estudiado por estos. Rozaban sus colas entre sus piernas mientras lo peinaban; acicalaban mechones de pelo; alguno había sido arrancado por el gran interés de algún jóven que aún no había metido en su educación temer a su principal exterminador.

Sonia llegó a su lado para ser atendida por otro grupo de zánganos, incluyendo algunos del de Robin, algo que por lo que parece le molesto algo al perder a sus principales acicaladores.

Entre una de ellas estaba Lurna; esta se encontraba impresionada a la vez que asustada por tener para ella un gran depredador y destructor. Sus garras llevaron una suave sensación a su cerebro. Era el pelo de Sonia, un pelo color anaranjado tirando a castaño, largo y ondulado como olas, pero se encontraba despeinado por toda la actividad que ha vivido y la falta de lavado, solo una especie de artilugio elástico sujetaba de él uniendolo en un punto, pero ya iba perdiendo agarre.

Lurna, por el gran interés que la comía por dentro, tiro suave de aquel accesorio y lo que liberó aquello para ella fue impactante. Era un pelo largo, y encrespado por todo lo sufrido, un bochorno para Sonia, pero Lurna nunca había visto algo así en su vida.

En ese momento, todos los zánganos abalanzaron sus zarpas a sus rizos. Se encontraban acariciandola, tirando de enredos o peinando mechones; Sonia se dejó hacer, pero a veces sacaba alguna que otra mueca por los tirones, aunque ya tenía de costumbre que de pequeña, su madre fuera una maniática en cuidarle el pelo, llevándola a no cortarse en tirar de su pelo con el peine para desenredarle todos sus rizos, o estar horas pasándole secador y planchas solo por ver aquel resultado tan liso como se podía, y tan brillante, algo que Sonia se iba cansando con los años y aprendió por tanto mirar a cuidarlo por ella misma, pero admitía que odiaba plancharlo tanto; esto llevó a que lo tuviera tan rizo al solo pasarle secador.

Robin reía por lo bajo ante tal situación, pero entre esta, se fijó en alguien más que estaba siendo inspeccionado; John se encontraba apoyado en Charlie, estos estaban rodeados de jóvenes y guerreros interesados en aquel espécimen tan peculiar. John no había dejado que ninguno lo tocará dando movimientos de mano firme, pero no recibió quejas, les dieron espacio en algunas ocasiones para volver a acosarlos lentamente. Por lo que parecía, su pelo también era todo un panorama para los demás, no era para sus camaradas más que otro vello negro cubierto con algunas canas, pero aquella mezcla les era algo hipnotizador a los huéspedes de la colonia.

Robin había pasado de estar rodeado a no tener a nadie, salvo alguna cría chillona. Robin acicalaba su corto pelo negro, era obligación para los hombres raparlo y no tenerlo más largo de dos centímetros.

Lurna estaba tan ensimismada en acariciar el pelo de Sonia, que no se había dado cuenta que tenía a alguien detrás esperando que se fijara en él. Lurna noto un pequeño aroma familiar, dio un pequeño giro de cabeza para detectar el olor y saber de quién era.

Lurna: ¿Rócar?...

Lurna quedó muda al ver de quién se trataba, ella se lanzó a los brazos de su hermano para dar pequeños gimoteos de alegría.

Rócar sintió el amor y aprecio de su hermana, abrazándola le transmitió todo su afecto. La había echado de menos.

Lurna: No me lo creo… ¡has vuelto!, no me acordaba de que estabas, pensaba…no sé… lo siento. -Lurna empezó a dar unos pequeños sollozos pero fue frenada por su hermano-.

Rócar: ¿Pero que dices tonta?, no pasa nada, yo también te eche de menos, si estaba esperando un abrazo tuyo.

Con eso, Rócar obtuvo otro abrazo de Lurna.

Sonia vio la escena y no pudo evitar sonreír de verdad.

Ético se encontraba caminando muy torpe entre el nido, intentando esquivar más de algún curioso joven o guerrero; daba giros rápidos esquivando por completo a su próximo incordio; uno de estos giros lo llevó a chocar contra la coraza de uno de los guerreros. Todo su aroma llegó a su olfato, el cerebro empezó a dispararse como en estado de alarma por un olor que le parecía importante recordar pero apenas su memoria servía para trabajar en estos últimos días. No fue que hasta la voz del que había recibido el golpe lo despertó de su amnesia.

Brutush: Anda con cuídado nova...to…¿te, conozco?.-Brutush quedó mudo ante el olor que procedía del que se había chocado con él; tenía un parecido a…-.

Ético: …¿Brutush?.-Esa voz le era difícil de olvidar, admitía no haber pensado mucho en él desde que se libró de su criogenización; pero, aquello despertó sus deseos del pasado, imágenes, seres queridos-.

Brutush: ¿...Ético?.

Ambos actuaron rápido, sin pensarselo dos veces atacaron en un abrazo lleno de amor y esperanza. Por fin había desaparecido aquella sensación de que le faltara algo, estaba de vuelta con él; pero no duró mucho el momento del abrazo, ya que otra duda lo asaltó de golpe.

Ético se apartó de su compañero para pasarle la duda.

Ético: ¿Dónde está nuestra niña?

La pregunta iluminó a Brutush por un segundo; por fin volverían a ser una familia una vez que encontraran a Lurna.