Capítulo 21:
Rutina en la colonia.
La semana transcurrió sin ningún tipo de inconveniente. Los soldados habían conseguido soportar el viaje repartiendo los suministros sin terminarlas por completo, y yendo a un paso rápido sin pausa haciendo que llegaran bastante rápido.
La nave se encontraba algo deteriorada, pero lo que daría la respuesta de si se podría elevar de nuevo, serían los sistemas internos más el núcleo.
-Muy bien chicos, ya queda menos para irnos a casa- Helena se había ocupado de dirigir al grupo por los seis últimos días. Se había ganado el puesto de líder de la expedición al ser la más optimista, eléctrica y demostrando una gran inteligencia al elegir ideas o acciones en momentos de crisis.
-Voy a ir junto madre, necesitaré que los demás reviséis las habitaciones con cuidado por si hay algún polizón; y que uno venga conmigo-, el interior se encontraba encharcado, los pasillos estaban cubiertos por una manta de agua de unos treinta centímetros de profundidad; al acabar con la puerta abierta al estrellarse, eraobvio que las lluvias se acumularían en el anterior.
Sus sentidos estaban atentos a cualquier sonido o movimiento que representara algún peligro, apenas se encontraran algo interesante; salvo por algún susto, ya que en muy pocas ocasiones en todo el recorrido hacia madre, les había saltado alguna especie de mamífero pequeño para huir por los pasillos. Algún que otro había sido alcanzado por las balas de sus armas pero de los pocos que conseguían escapar, Helena informaba a sus compañeros del ser y su dirección.
Al fin llegaron a las puertas de madre, pero estas se encontraban desgraciadamente cerradas, -Mierda, no había caído que hay que encender la corriente para poder entrar-, llevó la mirada al marine de atrás suyo para informar que serían los que se ocuparían de encender la nave.
En el nido, los marines habían conseguido adaptarse a la vida en él. Muchos fueron de gran ayuda para la caza. No se habían cortado en dar nuevas estrategias o enseñar a hacer trampas que les aseguraría el que no se escapara la presa.
Otros como Charlie, acoplaron a la colonia la recolección de frutas; gracias a sus conocimientos en alimentos comestibles, con la ayuda de algún marine se habían conseguido hacer cestas para llenarlas de frutas; un alimento que tomaban muy de vez en cuando los marines y algunos xenomorfos que aceptaban su jugo; aunque la carne les era mejor.
A la mayoría les costaba estar tranquilos al ver a un xenomorfo cerca suyo, pero otros pocos aceptaban su cercanía, incluso se crearon nuevas amistades y enlaces de comunicación entre unos pocos xenomorfos.
Alan era uno de ellos; en su tiempo libre, al ser el más abierto del grupo, muchos zánganos eran curiosos a su abierta interacción, siendo el desencadenante de ser el primer "profesor" para ellos; pues, se ocupaba de enseñar su idioma e incluso costumbres. En una de sus sesiones, Rócar se había sentido intrigado por el inusual grupo de los suyos alrededor de uno de los humanos. Había llegado a serle entretenida y divertida la idea que había conseguido hacer realidad aquel sujeto; no tardó más de dos minutos acabada la sesión, intentar comunicarse con Alan. Al poco rato aceptaron en ayudarse para aumentar las posibilidades de entendimiento entre humanos y xenomorfos algo que Rócar agradeció mucho.
Para las sesiones con humanos, Alan fue el portavoz de Rócar, tanto para reunir al grupo, como su traductor.
En cambio Sonia se había ocupado de entender los comportamientos paternos y maternos de esta raza, ayudaba en la cría y adopción; además, de hacer notas mentales de cómo funcionaba todo. Gracias a la hermana de su pareja, Lurna; pudo ver que como los humanos, existían parejas homosexuales; incluso pudo observar un caso de una relación poliamorosa. Lurna le había explicado que el lazo que existía entre las parejas, era algo muy especial que duraba de por vida.
-Ser tan fuerte lazo, hacer difícil que existir otro igual de poderoso- le informó Lurna mientras Sonia observaba desde la entrada de su cama o habitación del propio nido.
-Fascinante, una unión de por vida, igual que los lobos- se dijo para sí misma; pero no se dio cuenta que los xenomorfos mantenían sentidos muy desarrollados,-¿Lobos?-. Sonia llevó la mirada a ella para darse cuenta que la había oído.
-Ah, son seres de nuestro planeta. Cuando eligen pareja es para toda sus vidas, no eligen otra hasta que uno de ellos muere por enfermedad o ...eso-, Si Lurna mantuviera párpados, los hubiera entrecerrado en ese momento,-Nosotros igual, muy raro tener pareja después de muerte. Muchos ser "solteros" por peligros o...pasados humanos, igual que lobos-.
En ese momento, un escalofrío atravesó el cuerpo de Sonia; no sabía cómo aceptar aquel comentario sin negar que era una realidad.
-Sí, algunos los cazan, pero intentamos protegerlos. Hay humanos que desean curar lo que han hecho mal y les dan hogares; tierras libres de mal- el silencio invadió el momento dejando una situación algo incómoda, en el fondo no deseaba dar mala imagen a ninguno de estos seres, sobretodo a la hermana de Rócar, pero se hacía difícil sentirse tranquila ante aquellas miradas.
-El humano no tener que ayudar, si no haber aparecido- eso fue suficiente para dejarla con la boca seca, si antes estaba muda, ahora no podía ni sentir la lengua; todo pasaba a cámara lenta. La garganta le raspaba, la idea de ganarse un pequeño odio que no supo por donde había llegado la estaba preocupando. Estaba tan tensa que sentía que acabaría rompiendo una de las arterias del cuello como siguiera forzando así su cuerpo; pero todo cesó cuando la voz de Lurna invadio de nuevo su mente, -Pero, ser bueno ayudar-, se quedó mirando al frente sin entender del todo a que se refería con todo eso, pero para cuando giró la cabeza para preguntarle qué pensaba de todo esto, ella ya no estaba; se había alejado de ella seguramente volviendo al lado de su hermano.
Lurna aceptó a la humana desde que averiguó la felicidad que le aportaba a su hermano. Era notable que eran más que simples conocidos para un mutuo acuerdo. La científica se mostró nerviosa a la hora de conocerla mejor, irradiaba una gran preocupación a la hora de hablar; y al principio no sabía si era por miedo a su aspecto o a sus propios actos. Solo tuvieron que pasar unos días para comprender que solo quería ser lo más respetuosa posible. La confianza que expresaba su rostro con otros de sus hermanos era respuesta suficiente para saber que intentaba ganarse su apoyo.
En el fondo le era agradable, incluso consiguió hacerle reír internamente con algunas de sus anécdotas tanto en este mundo como en el suyo. Era una mujer comprensible y cariñosa; mostraba positivismo a la hora de ser de ayuda y intentar comprender mejor la vida en este antro. No llegó a serle una molestia como ella creía en un principio; además, el permitirle tocar lo que ella llamaba pelo, la dejaba atónita.
La dejaba boquiabierta ver un pelaje tan largo; y el color le era tan hermoso, ninguno de los demás humanos poseían tal aspecto.
Su nueva amiga poseía una melena semi-ondulada que le llegaba hasta los hombros; era de un pelirrojo cobrizo.
El pasar sus dedos entre aquella mata tan suave, había llevado a reorganizarlo algo, mostrando más brillo en el pelaje. Pero, no siempre podía llegar a volver a peinarlo; pues, no era la primera vez que Sonia se ponía roja de vergüenza. Le había informado que no le gustaba tener el pelo tan graso. No comprendía del todo el proceso del sudar, pero aquello no le impidió insistir de nuevo cuando tenía oportunidad.
También en uno de sus exámenes en el estudio de aquella humana; se dio cuenta que sus ojos también poseían color propio. Sus iris le recordaban al cielo nublado, cuando las lluvias se iban acercando. O como había dicho Sonia, "azul ceniza".
Fascinada, había acercado su cara a la de ella, mostraba unas manchas algo sutiles por encima del puente nasal y por sus pómulos; denominadas por ella, como "pecas".
Ahora Lurna se dirigía junto a sus padres. Aquella charla la dejó algo irritada, en el fondo no deseaba herir a nadia o comentar algo fuera del tema; pero, el que se llevara bien con Sonia, no tenía que vr con su odio aún algo profundo en los humanos. Ella admitía que su especie a arrasado en sus tiempos pasados con planetas y especies únicas, pero evolucionaron. Antes la producción de crías era muy elevada y el control a la hora de cazar no existía. Y si querían que la especie siguiera existiendo, era común que los hermanos se ofrecieran como carroña para la Reina, dejandola en un tipo de invernación para esperar que volviera de nuevo la vida sobre ese sistema; pero eso fueron hace siglos, no les beneficiaba en nada y solo era un bucle que acababa perjudicandolos.
Si ellos pudieron cambiar, ¿por qué no el humano?; aún sus ojos llevaban consigo el ha,bre de venganza y miedo, pero no todos tenían aquella mirada. En estos días progresar a estos humanos disfrutando incluso de la estancia con alguno de sus hermanos. Puede que si haya una solución a todo esto, pero no debía bajar la guardia.
Sonia mantuvo su mente perdida en alguna parte entre sus futuros planes y el presente. Habían llevado todo sin problemas, la Reina la había solicitado varias veces para hablar con ella con la ayuda de Rócar para ver que cada vez aceptaba más su presencia entre ellos, algo que contaba mucho para llegar a salir de allí con vida y que todo aquel plan se pudiera ejecutar perfectamente. La Reina le había comentado la comodidad que habían sentido sus hijos con algunos de sus humanos; aprendiendo un nuevo idioma, como formas de cazar, e incluso recolectar; ayudando en el proceso, a que toda su familia se pudiera satisfacer sin crear peleas o dejar a alguno menos saciado que otro.
Ayer fue su última visita con ella, lo último que le había informado fue que dentro de unos pocos días daría su respuesta ante el trato que le había comentado hacía una semana.
-¿Qué tal todo por ahí arriba?, ¿ves algo interesante?- su mente fue cortada al ver debajo de sus pies a unos dos metros de distancia a Robin con una sonrisa en su cara.
Le había sido raro todo esto desde que decidió acompañar a Sonia en su aventura. Se había encontrado con todo tipo de situaciones, pero estas se llevaban la palma. Se acostumbró a estar rodeado de estos seres; pero aun no negaba que todo aquello era tan surrealista.
En estos días se había ocupado de ayudar a sus compañeros para aceptar el acercamiento de los xenomorfos y animandolos a seguir creando un lazo de confianza entre todos. Muchos se acostumbraron a los acercamientos gracias a él, había visto tanto estas semanas que en ese momento, apenas le sorprendió ver una boca llena de dientes afilados cerca de su cara.
En este momento estaba parado mirando a su mejor amiga que se encontraba a unos dos metros de altura; que aunque demostrara ser algo especial con sus ideas, mantenía un gran corazón al punto de dar una oportunidad a algo reconocido como un depredador letal.
Sonia le devolvió una sonrisa bastante reconfortante al escuchar su comentario, sabía que esto estaba siendo duro para todos.
-No, hasta ahora. ¿Desde cuando sonríes de esa manera en un sitio como este?-, comentó Sonia; Robin, se llevó una mano al pecho mientras exageraba su rostro en un intento de hacerse el ofendido,-¿Acaso tengo que ser un insensible?, bueno, pues ya no te cuento mi futuro plan con el que estaba tan ilusionado-. Escuchó sonreír a su amiga, admitía que le encantaba poder romper tensiones siendo algo bromista, Sonia se ganó su atención al pararlo antes de irse mientras se hacía el orgulloso.
-¿Qué clase de plan futuro tienes, mister ofendidito?-, giró sobre sus pies para luego posicionar los dedos de sus manos en un marco centrando el rostro de su amiga.
-Voy a hacer una película, piensalo, aventureros atravesando un lugar desconocido lleno de monstruos, luego una hermosa y valiente mujer y mejor amiga del capitán de la expedición se enamora locamente de su principal enemigo, una bestia enorme y gruñona, pero que solo quiere sentir algo de amor.- de repente unas carcajadas salieron de la boca de la mujer; estas resonaron a varios metros desde donde estaban. -Eso es King Kong cacho burro-.
-Puede ser, pero no niegues que estamos viviendo casi lo mismo, salvo que en la mia pondré una escena que la original no tiene-; Sonia sonrió un poco más mientras le seguía el juego a Robin.
-¿Qué, acaso lo vas a llevar a la ciudad y hacer que cree un alboroto, o harás que entretenga a la gente con un show?- Robin subió su mirada para devolverle una sonrisa pícara, -Una escena pornográfica entre ellos. No me mires asi amiga, solo intento hacerlo lo más real posible a lo que está sucediendo-. Robin empezó a reírse cuando vio la cara roja de vergüenza de Sonia; pero el buen rato que estaba pasando se vio interrumpido al sentir algo húmedo impactar en su cara.
Ella mientras él estaba ocupado riéndose; se las había ingeniado entre sus carcajadas pillar en un puño algo del material que cubría las paredes y con lo que estaban hechos los pequeños habitáculos. Con un lanzamiento, acertó en su cara llevandose algún que otro resto a la boca.
-Oh, mierda...lo tengo en la boca...- empezó a escupir y a sacar la lengua como si intentara eliminar el sabor con todas sus fuerzas, como si el roce del aire lo ayudara en algo. Este fue el momento para que Sonia empezara a reír ante la situación, en unos minutos bajó a su lado para intentar limpiarlo con la bata. Si no fuera que Robin era más alto que ella y su notable edad, cualquiera pensaría que era su madre intentando limpiar el desastre que acabara de hacer su hijo.
-Estate quieto, hombre-, él intentaba mantener la mente seria, pero entre el mal sabor y el estar casi ciego por ese proyectil le hacia difícil tomarselo en serio, -Lo estaría, si no fuera que en vez de limpiarme la cara me la estas quemando con la bata; lo tengo pegado-. El material era reciente por ello pudo atraparlo entre sus manos y lanzarlo como si nada, pero se estaba empezando a secar y cada vez era más pegajoso y duro siendo difícil quitarlo sin dolor.
-¿Listo para una depilación?- Robin con los ojos ya limpiosobservó de golpe a su compañera, ni él supo cómo hizo para zafarse del agarre de ella para acabar huyendo al exterior con una especie de cera natural alrededor de la parte superior de su cara.
Habían llegado a la cabina central de mandos, Helana intentó encender los sistemas pero apenas respondieron a los varios intentos. Eso solo significaba dos cosas; -Oh está jodida, o hay que encender los generadores de corriente- Helena volvió la mirada a su compañero ante su respuesta, -Pues esperemos que sea lo segundo- dio una señal para avanzar a las tripas de la propia nave.
Hacía poco que su walkie-talkie transmitiera la voz de sus demás compañeros informandola que por ahora, nno existía ningún peligro, salvo algún que otro pequeño mamífero o ave; aunque, aún les faltaban mas de la mitad del lugar. Igualmente era una buena noticia que no hubiera pasado nada malo por ahora. Ella comunicó su posición por si necesitaban más adelante ayuda o si no tenían otra cosa que hacer.
No tardaron mucho en llegar a los generadores, necesitaban encender como unos cuatro y todos mantenían unos cincuenta metros de separación con los demás rodeando algunos puntos importantes de la nave. Esta misma no superaba los cien metros de largo y los cincuenta de ancho.
Los dos primeros fueron fácil de volver a hacerles rugir; pero en el penúltimo, se encontraron con un inconveniente. Uno de los tubos que llevaban la presión estaba reventado, sabían que si querían arreglar eso deberían mantenerlo apagado o no llevando energía a esa zona si no deseaban acabar con heridas serias. Helena accedió a su walkie.
-Chicos, tubería de presión, número 354, reventada; zona inferior, pasillo al lado del generador número 3. Voy a necesitar un soldador- con ello colgó para ir al siguiente generador sin tocar el anterior.
Para el último de ellos no hubo problemas, solo mantenían como importante aquella tubería de presión. No podrían arrancar nada hasta que todo estuviera al menos algo decente. Las luces de la zona se iluminaron presentando un pasillo lleno de tuberías, conductos de ventilación y cableado que solo ayudaba a crear una sensación de claustrofobia y pasillo infinito. -Los que hayan terminado que se reúnan en la salida- con eso se dirigió al lugar de reunión sin volver la vista atrás.
Varias parejas se habían unido a dar su información. -Osea, por ahora, solo hay una tuberia reventada, pasilloos húmedos, escrementos, y alguna que otra puerta atrancada con fragmentos del suelo o pasillo.- alzó una ceja mientras comentaba todo esto.
-Sí, la cocina ha mantenido algunos alimentos en buen estado sobretodo los enlatados, la carne cruda se estropeo ante la falta de frío. Luego, las cápsulas de sueño están en perfecto estado. El laboratorio no mantiene nada raro, ni tampoco ha sufrido daños de ningún material de la bahía médica, y el grupo que investigó el comedor fue a soldar la tubería dañada. Si necesitas que les comunique algo dimelo ya que tengo su canal en el walkey- ella asintió mientras le informaba que iba a necesitar que encendieran aquel generador una vez que acabaran.-Mientras tanto nos ocuparemos de dejar algo decente los pasillos. Cuando haya sido encendido el último generador intentaremos encender este cacharro y haber si conseguimos cerrar la puerta, necesitaré que vigileis el exterior-.
La broma le había salido algo cara, los tirones se llevaron consigo parte de una ceja y un poco de la patilla izquierda. Sabía que ella no quería reírse; pero lo veía en su cara, aguantaba la risa en lo más profundo de su garganta. No era la primera vez en todo ese rato que le salía algún gallo (desafinar vocalmente) en el intento de esconder sus carcajadas. -Algo me dice que no debí de haber abierto la boca. No sé quién me manda en decir tales cosas-, una risa leve salió de los labios de Sonia.
-Ni yo, eres todo un personaje. Aunque he de admitir que me alegraste el día-; Robin no pudo evitar mostrar una sonrisa, le era tierno poder ser de apoyo a su más fiel compañera...-¡AAAAAH!- ella retrocedió con lo único que quedaba de ese material entre sus manos.
-Perdona, solo quedaba un cacho y pensé que como estabas dis...- , ni le dio tiempo acabar la frase cuando vio a Robin lanzarse hacia ella; admitía que ya no era una niña, pero no pudo evitar reaccionar y disfrutar como una chiquilla de cinco años.
Rócar se dirigía a la habitación o cubículo de Alan, por hablar con alguien; durante estos días, él se había ocupado de vigilar de vez en cuando al capitán así que, no le era mala idea saber sus progresos. No pudo evitar mirar directamente al científico que se encontraba solo, apartado entre un hueco sin ninguna compañía alrededor. Había días que se ocupaba de observarlo por varias horas, su presencia no le era muy cómoda ni de confianza, sobretodo por lo sucedido anteriormente. Ya cuando solo le faltaba unos metros para llegar junto a Alan, desvió la mirada hacia su principal objetivo.
Su amigo humano estaba con la parte trasera arrodillada, al exterior mientras que su parte superior estaba enterrada en la habitación. Parecía ocupado con algo pero no sabía el qué. Acercándose un poco más, pudo ver una cola fina bajo sus hombros.
-Venga, sal, no tengas miedo. Junior intenta animarlo-, ¿Junior?, eso le creó algo más de dudas sobre lo que estaba pasando. Sin sobrepasar más, dejando solo un metro de distancia decidió comunicar con su enlace o mente sus dudas. -¿Sucede algo Alan?-, como se imaginó, Alan salió del hueco para llevar su mirada a él. Al principio de la entrada pudo ver a su hijo adoptivo de rodillas intentando hablar con alguien.
-Ah, nada Rócar. Una de las crías recién nacidas se escapó del recinto y se escondió en mi lugar de dormir. Es un poco...travieso...- Junior giró la cabeza algo brusco, -No es travieso, se meten con él, lo he visto. Son muy malos los niños mayores- Rócar había visto a Junior adaptarse de maravilla a la colonia, muchas veces se encontraba en el recinto de las crías para jugar con niños de su edad o estar con los más pequeños ayudándolos a estar cómodos o empezar a hacer amigos.
Las crías crecían con algo de lentitud, la seguridad que aportaba el propio nido y el ser ya un número elevado hacían que las criaturitas tardaran algunos días o inncluso semanas en llegar a la adultez, incluso la gestación a partir de animales se deja un poco de lado y utilizan sus órganos reproductivos para crear crías de una manera menos rápida y dejando que la Reina pueda tener varios descansos largos varias veces al año. Las parejas homosexuales decidían la adopción de corredores o crías abandonadas o huérfanas; algunos machos pueden activar su útero interno si ya lo tienen creado; si no, lo pueden crear a partir de un cambio hormonal que activan aposta, concentrando todos los nutrientes y proteinas en formar un útero o bolsa capaz de proteger y la futura cría. Sus células reproductivas se adaptan al entorno una vez que se transportan allí ante la información que transmite el cerebro a todo su organimo. Igualmente, existían pocos casos, ya que la mayoría de las parejas no pensaban en tener crías despues de un prologado tiempo de emparejamiento, y cuando eso sucedía, siempre había alguna que otra cría para adoptar.
Las hembras podrían sustituir a un macho sin problemas por los mismos cambios hormonales, pero al igual que el macho, hay pocos casos. La hembra ya llevaba consigo un miembro plegable que podría utilizar si informaba a su organismo que se deseaba fecundar. Con ello, las hormonas creaban unos conductos a sus ovarios; los ovarios hacían el proceso de transformación, haciendo que los ovarios pasaran a un tipo de célula móvil. Una vez acabado el proceso los tubos podrían ser estrenados, ya que estos se comunicaban con la entrada del miembro.
Volviendo a la realidad, Alan llevó una mirada de amor fraternal a Junior, ante su aprecio a los seres más jóvenes o más inocentes. -Verdad, verdad. Son niños muy malos, no saben jugar con los más pequeños-. Junior volvió la vista a la cría del interio.
-Este es muy tímido, le gusta estar algo solo; pero los mayores intentan meterlo en sus juegos...y acaban siempre riéndose de él...pero yo soy su...amigo- él había conseguido llegar al más pequeño para con cuidado, cogerlo en sus brazos.
Saliendo a rastras, Junior consigue elevarse a toda su altura, se acercó a Alan mientras agarraba al más pequeño de frente por los laterales. Al hombre le dio algo de gracia, entre el tamaño ya de un niño de cinco años que mantenía Junior, le era lo mismo que ver a un crío llevar a un cachorro bastante pesado. -Ven, pasamelo. Parece que te pesa...Aarriba-, Alan dejó al ser a la altura de su pecho, esta se había acurrucado sin poner resistencia entre su armadura. La propia cola se había enrollado alrededor de su brazo izquierdo.
-Le gustas, tío Alan-, se había acostumbrado a aquel apodo. Desde que conoció a Rócar, este mismo le presentó a Junior que sin miedo lo aceptó. Le era como un hermano pequeño, si tuviera que ponerle edad, diría que diez años, su tamaño era menor y su mente era tan inocente como la de un niño; pero, era tan voraz, astuto y capaz que cualquiera de los adultos que llamaban este lugar hogar.
Con el crío, había empezado a acomodarse más a la interacción entre otros de su especie o el hecho de ser visitado o visto por uno de ellos.
Compartió una sonrisa con Rócar ante aquel comentario.
-Puede ser, pero yo no soy su padre. Habrá que devolverlo al recin...-, -Adoptaló-, Junior lo cortó.
Alan quedó boquiabierto sin saber qué decir. Él era joven, veintidós años llevaba consigo y aceptó siempre en su cabeza el tener una familia; aunque esta idea había sido algo suprimida al haber sido rechazado por su expareja.
Antes el tener a una posible mujer para vivir una vida con ella era mucho más fácil; el ser un jóven con un trabajo simple y un tiempo aceptable lo había ayudado a conocer a más de una chica; acabando por convertirse en su pareja o en grandes amigas. Desgraciadamente, al aceptar ir al ejército no le daba las mismas ventajas de antes; apenas hay gente que se atreva a vivir una vida con un marine. Pero, no se arrepiente de su elección; cuando su pareja apareció delante de su puerta con las maletas demostrando que no quería nada más, lo dejó tan perplejo que no llegó a ser el mismo después de aquello. Sandra era una chica activa, divertida, y a veces un poco gruñona; era una mujer negra, procedía de Nueva Orleans. Él la conoció en su ciudad de nacimiento; Manhattan, Nueva York; Alan era un joven afroamericano amante de las motos y apreciaba los días de vicio con sus amigos tanto como las fiestas.
Era verano y se la había encontrado disfrutando en un concierto en el que se revivían las canciones de Queen. Justo se encontraba a su lado cuando la música empezó a sonar; ella empezó a vitorear y a moverse llevando a que otras personas se animaran a disfrutar igual que ella; entre esas peronas, Alan no estaba. La vergüenza de bailar ante una chica tan hermosa lo dejó petrificado; pues, Sandra mantenía una cara redonda con pómulos muy esbeltos, su melena era rizada y abultada dando un efecto de melena de león, esto hizo que tapara uno de sus ojos color avellana. Sandra se había dado cuenta de su comportamiento, y en vez de pasar de él o mostrarle indirectas de que le era incómodo todo aquello, lo invitó a bailar.
Él no pudo evitar reír al ver el ímpetu de Sandra entre la gente; no tardó mucho en volver a la realidad y atreverse a disfrutar como el adolescente que era bailando sin preocuparse de sus pasos mal hechos.
Después de disfrutar unas cervezas y charlar por horas; Alan se ofreció para llevarla al hotel donde ella se había instalado para pasar las vacaciones. Ella sin miedo, aceptó. No tardaron más de diez minutos en moto para llegar al hotel. Allí ella lo despidió con un beso en la mejilla.
Después de aquello, quedaron más, suprimiendo casi todos los días del verano en estar juntos. Aquella relación duró por dos años, todo iba bien; hasta que los meses se iban acumulando con discusiones o rechazos de contacto por parte de Sandra. Por lo que parecía, se le había vuelto muy rutinaria la relación a su pareja, mostrando cada día menos interés hacia él.
Alan la amaba con todo su corazón, por no decir que siempre que podía permitirselo, celebraba un mes nuevo de noviazgo con algún regalito para su pareja. Apreciaba verla sonreír y aún más, hacerla reír. Y en sus cambios de humor repentinos ante lo que parecía un quiebre cada vez más grande en la relación, él lo intentaba curar o arreglar, averigaundo que cada vez era más difícil de cerrar aquella grieta.
Pero, como todo, nada es para siempre; o así había dicho su ex antes de irse por la puerta.
Estaba en la puerta viendo como ella se iba; antes de que saliera totalmente de la puerta, la agarró suavemente de una muñeca para suplicarle el por qué; que mejoraría como pareja, que al menos otra oportunidad. Ella solo le dijo que ya no sentía nada, que hacía tiempo que no deseaba otra cosa salvo irse. Alan no pudo evitar que las lágrimas mancharan sus mejillas, Sandra le deseó suerte y salud antes de cerrar la puerta delante de él.
Después de aquello, su salud había bajado, no era el mismo. Aquella ruptura tan repentina, fue lo mismo que recibir un impacto por una bola de demolición en el pecho.
Era tal su dolor, que cuando su madre fue para visitarlo, en el momento que abrió la puerta, la mujer expresó una cara de espanto y preocupación.
Alan había bajado veinte kilos dejándolo con un aspecto algo esquelético; su pelo afro había crecido y se encontraba enmarañado mostrando el poco cuidado que le había dado, y su barba cubría casi toda la parte inferior de su rostro, escondiendo los labios que una vez mostraba una sonrisa día sí y día también. Además, su piel estaba bastante reseca por la falta de hidratación.
Su madre lo ayudó a avanzar, su padre había fallecido sirviendo al ejército, haciendo que ella fuera su única familia. Ella lo animó a probar algún deporte para perder aquellos pensamientos. Así como empezó en el boxeo; ya que este lo ayudó a desahogar todo aquel dolor interno, mostrando cada día más ganas de demostrarse de lo que era capaz de hacer o llegar.
Había pasado un año de la ruptura, cuando un día, volviendo a casa de su madre ya que se había mudado con ella; no la escucho saludar. Fue al salón para ver que la tele estaba encendida. En el sillón frente a este, estaba su madre aparentemente dormida; pero cuando intentó abrigarla con una de las mantas que había por allí, se dio cuenta que estaba fría. No existía pulso; muerte súbita. En ese momento, lo aterró como acabaría todo esto, no tenía ningún familiar. No tenía nada por lo que cuidar, o hacer. Pensándolo por semanas, aceptó la meta de entrar al ejercito con veinte años, para en un par de años ser solicitado para ser marine de la Weiland.
Volviendo la vista a la cría, decidió llevarla a su sitio algo que desanimó internamente a Junior, Rócar pudo notar su pequeña tristeza. Arrodillándose a su lado, llevó una mano a uno de sus hombros llevando algo de cariño consigo.
Estaba tan atento a consolar a su hijo que no notó los pasos apresurados de su mujer detrás suyo.
-¿Cuándo lo vas a aceptar?...Empezaste tú-, Sonia se cubrió por uno de sus lados de su pareja para protegerse de Robin. Ella entre la conversación animada y defensiva que tenía con su amigo, se colaban pequeñas carcajadas que casi la ahoga más de una vez intentando huír de él.
-Pídeme perdón-, Robin dijo en medio de la risa y el enfado. -¿Tú acaso te disculpaste de lo que soltaste antes?-, en ese momento el marine puso una cara de sorpresa más ofensa mostrando que habían aumentado más las ganas de atraparla, -¡Me has arrancado media ceja y media patilla.-.
- Te lo he dicho, no sabía que pasaría eso-, con ello Robin se lanzó a su amiga, pero una fuerza superior lo sujetó de su chaleco antibalas. Rócar se encontraba elevándolo por encima de su cabeza mientras pedía explicaciones a su mujer, -Tranquilo grandullón, yo...-, -Waa, ¿tío que te pasó en la cara?-, Junior lo había interrumpido, aquella pregunta hizo que la seriedad del momento se fuera, llevando a bajar la cabeza por cansancio y vergüenza. Sonia mientras tanto, le explicaba todo a su pareja, ganándose que bajara al hombre al suelo delicadamente. Ella se acercó para mostrar una mueca de disculpa entre una sonrisa, pero Robin al poco rato no pedía nada; se despidió de ellos con una pequeña mueca de incomodidad. Claro está, aquella posición no había quedado invisible para nadie, las miradas de muchos se habían posado en el joven marine saliendo al exterior después de aquella escena. Su compañera no pudo evitar sentir algo de vergüenza por dejarlo en aquel dilema entre todo el nido.
En el exterior se encontró a Robin sentado jugando con la hierba que invadía todo el territorio. Sabía que todo era puro juego, pero el ver a su compañero ser agarrado casi hostilmente entre la multitud, le dejó un mal sabor de boca. Aquí las diferencias eran notables aunque a veces intentara cubrirlas. Rócar había demostrado algo más de seriedad y concentración a la hora de hacer tareas; siendo incluso más protector con ella ante alguno de sus otros hermanos intentado acercarse para acicalarla. Quiera o no, esto era un mundo distinto.
Más diferencias, era cuando la carne que habían obtenido ayudando en las cacerías, porciones, fueron otorgadas al grupo para conseguir cocinarla con la madera obtenida en aquellas expediciones. La privacidad en algunos actos no existía para el xenomorfo, no fue la primera vez en encontrarse a alguna que otra joven pareja manteniendo relaciones sexuales en sus cubículos que apenas podían llegar a esconder algo de aquellos grandes cuerpos, o incluso en el exterior sin vergüenza alguna en ser vistos. Luego que la seriedad de sus actos dependía para que todo se ejecutara sin ganarse odio o enemigos de por medio.
Llegando a su lado, se sentó estirando las piernas. Robin llevó la mirada a la suya, mostraba una notable incomodidad en sus ojos; aunque lo vio normal, no eran ya unos críos, ni estaban en el lugar correcto para serlo.
-Lo siento...-, ella encogió las cejas demostrando que apreciaba el cariño que le dio aquella mirada. -Lo siento yo, fui la que más hizo y no afrontó su destino-, el joven volvió la mirada al frente para expresar una pequeña sonrisa; de repente, volvió la vista a su compañera para ver uno de sus brazos doblado a su lado, -Venga, vengaté-.
Robin la miró algo sorprendido, pero no tuvo que repetirselo de nuevo, ya que llevó su dedo índice y pulgar a uno de los pelos de aquel brazo. Un segundo, dos segundos, tres segundos, el tiempo pasaba y aún no sentía el picazón con el que le había permitido torturarla a su compañero, de golpe, él alzó su antebrazo. Como reacción, encogió la cabeza entre sus hombros con una expresión de dolor, pero este nunca llegó. Lentamente abrió los ojos para encontrarse con un Robin sonriente.
Notas:
Aquí termina este capítulo, el próximo, puede que esté en unos días. Antes de irme a escribir:
Un saludo a PyroSalamander; gracias por el gran apoyo, y por animarme a seguir con esta historia con una sonrisa. (Wattpad).
