Capítulo 22:
Mantenimiento y planes
Helena intentaba acertar a la clave que solo sabía su capitán. _La señal no llega al walkie de John-; había comentado su compañero llegando por el pasillo. Se intentó establecer conexión con el capitán a partir de las comunicaciones de la cabina de mandos; pero la señal de llamada no había conseguido llegar al capitán por la gran distancia.
Acaso que consiguiera la llave que le daría pase gratuito a la cabina de madre, no sabían si sería seguro arrancar la nave. Volviendo la vista al marine desesperada, divisó en la cintura de este, algo que no había echado de menos; hasta ahora.
-Damelo-; dijo mientras señalaba a la cintura de su colega. Él miró a donde apuntaba su dedo para darse cuenta que se refería al soldador que había encontrado hacía poco. Sin titubear más de dos segundos, se lo prestó. Ella lo agarró con firmeza para al rato, encender la mecha mientras mostraba una cara de satisfacción absoluta.
El fuego calentaba el metal creando una abertura poco a poco; daba gracias que el cacharro llevaba consigo una mini pantalla protectora, para proteger la vista de aquel destello. Pero todo se volvió irritante al resonar de golpe las alarmas. -Mierda...Apagalo-; el marine fue al trote en dirección opuesta a la de Helena. Había llegado a la cabina de mandos para presionar un botón que apagaría las alarmas de violación de objetos esenciales de la propia nave.
Solo necesitó otro minuto para poder ver como la tapa reventaba contra el suelo. Helena con una sonrisa en su rostro, sacó la llave de su hueco para luego meterla en la ranura de entrada.
Al fin las puertas se abrieron acompañadas por un notable siseo; cuando pudo acercarse para observar el interior, la voz de madre alimentó sus tímpanos.-Muy buenas, John Cranel-. La cabina de madre estaba totalmente iluminada; el suelo no había sufrido daños, ni mantenía ningún tipo de humedad nada que fuera electronico. Con prisa, se sentó enfrente del ordenador para encontrar la información que deseaba.
Su primera intención fue saber la información sobre el mantenimiento de los propulsores y el reactor de fusión. Los propulsores mantenían pequeños problemas; por lo que parecía, se habían insertado partículas en sus zonas más sensibles; aunque eso tenía solución. Luego, el reactor de fusión o su fuente de alimentación se encontraba intacto, eso ánimo bastante a Helena, que había mantenido diferentes expectativas ante el estado de la nave. Sin duda, necesitarían hacer una limpieza profunda. Por último, fueron los motores; no mostraban nada anormal o fuera de lo común, pero eso ya lo podría confirmar con total claridad en persona.
Mirando un poco más, también averiguó que el campo antigravitatorio tampoco sufría de daños aparentes. Una sonrisa de alivio cubrió el rostro de la mujer, sabía que podrían llegar a arrancar como muy poco, en unos cuatro días; aunque una duda la atravesó de golpe.
-¿Se miró la planta de carga y descarga?-; ella confiaba plenamente en su equipo, pero no se podían permitir el lujo de despistes; en esta situación si querían que todo se ejecutara correctamente. Así que para apaciguar sus dudas, presionó el botón para aportar su voz al panel de comunicación que tenía en uno de los lados.-Chicos, necesito saber si se ha investigado en la zona de carga y descarga; si no ha sido así ir varios y con cuidado-. Separó el dedo del botón. Con todo ya asegurado, el primer día de limpieza comenzaba; ahora el tiempo dependerá de cómo se hicieran las cosas. Igualmente, la presión o agobio no habían llegado aún a hundirla, se negaba a perder valiosos segundos lamentándose de encontrarse en tal situación. Sabía que todo saldría bien, todos se salvarían del pecado que llevaban consigo al no terminar ninguna de las misiones requeridas por su empresa.
Pero, sus familias estaban esperando por ellos. -Cada vez queda menos-.
La noche sin duda pegaba fuerte, pero aquel cubículo la protegía del frío, más el calor de su pareja que se encontraba enroscado a ella desde atrás; Junior se encontraba en posición fetal con la cara en su cuello. Nunca se imaginó sentirse tan relajada entre criaturas capaces de destriparla sin despeinarse ni un poco. Amaba con todo su ser a Rócar y a su hijo.
De la noche a la mañana había encontrado una familia; claro que veía que era de locos aceptar en su vida como si nada a seres de tal calibre; pero, no entendía cómo, recibía el amor y el cariño que nunca se le había otorgado.
Su pasado o su familia, no fue muy lo que se denominaría; amorosa. Sus padres siempre fueron muy estrictos, intentando meterla en todo tipo de actividades para que se relacionara como una niña normal; ella amaba el mundo de la ficción y la cienia; el crear teorías o ideas dignas de una película de ciencia-ficción; no tardó mucho en darse cuenta, que no era un tema que muchos niños de su edad vieran con ojos curiosos o al menos entretenido. Le llevó años afrontar su miedo a relacionarse, el ser diferente la había llevado a experimentar bullying de todo tipo, principalmente verbal.
No tuvo a su primer amigo hasta los trece años, que era alguien igual de curioso que ella, pero al revés de amar teorías o películas de ficción, aceptaba más filmes de Marvel. Todo aquello lo fue puliendo con los años, hasta encontrar a su primer novio a los dieciséis.
La universidad le había otorgado muchos amigos como algún que otro enemigo. Pero; lo que hizo que le costara muchas veces el volver a casa con la cabeza recta, eran sus padres.
Siempre lo mejor en notas, o en todo a lo que estuviera dedicandole tiempo;-?Qué has hecho para pasar de un nueve, a un ocho y medio?; Un diez, no te sorprendas, es tu obligación sacar esas notas; No me vengas con cuentos, sabes perfectamente que si has bajado la nota es por salir con ese chico y tus...amigas; No me hagas perder el tiempo repitiendote lo que tú ya sabes que debes hacer-. Aquellas frases, palabras, comentarios tan usados que la habían llevado más de una tarde, a hundirse en su almohada mientras sus eran horas eran ocupadas llorando; sabía que muy en el fondo era por su bien, pero, la de semanas que había perdido confinada por ellos incluso, sin apenas sentir ni privacidad en su propio móvil.
Había aceptado su vida, pero lo que más la dejó marcada, fue su primer matrimonio. Y no por maltrato ni nada de ese tipo.
Su primera alianza, fue colocada en su dedo a los veintidós años; entre sus años de universidad, había llegado a conocer a su primer marido. Su esposo era una persona seria, pero mostraba cariño a todo lo que se le hiciera con amor, hasta a los más pequeños gestos.
Para su desgracia; sus padres apenas aceptaron a su pareja, al punto de ni siquiera ir a su boda. Ella como ilusa, intentaba no romper aquel lazo que aguantaba a duras penas; en las visitas era muy común recibir alguna que otra indirecta de sus padres hacia su matrimonio, sobretodo al marido. Todos aquellos años intentando no romper eso, la llevó a perder lo único que llegó a amar tanto como su amor por las ciencias. Un día su marido le pidió el divorcio ante su terquedad y el malestar que le producían sus padres. Ella había intentado arreglarlo, pero lo hecho, hecho estaba. Igualmente fue común después de aquello quedar para tomar alguna taza juntos y compartir sus vidas; Sonia le comentaba sus avances en la marina, cosas que no fueran de alta seguridad, como podían ser anécdotas o proyectos en su hogar. Sus padres dejaron de ser comentados al romper de golpe todo lo que quedaba de aquel lazo. No volvió a saber nada de ellos desde hace más de tres años.
Los años pasaron y Weyland al descubrir su historial, la metieron de lleno en el oficio del estudio de los xenomorfos y ayudas para hacer habitables otros planetas. Incluyendo con esto, la incomunicación con su exmarido.
Ahora se encontraba acurrucada con veintiséis años entre sus dos más preciados tesoros. Sin duda, amaba con todo su corazón a su nueva familia.
De repente, sintió el pulgar de Rócar rozar cerca de uno de sus párpados; estaba secando una lágrima de su piel, estaba tan sumida en sus recuerdos, que no llegó a notar que había empezado a llorar en silencio.
A John le costaba conciliar el sueño, si en ese momento estuviera en su cubierta, ya se habría tomado dos pastillas para el sueño. Todo esto le estaba dejando con noches llenas de tensión ante las grandes dudas que lo estaban carcomiendo. Aceptaba que era el mando superior y que no debía crear ningún tipo de duda en el grupo; pero estaba agotado, la pierna le dolía por las curas que le daba cada mañana, y apenas podía ser de ayuda; todo eso lo estaba acumulando de un estrés que aún no había sido detectado por sus soldados, gracias a sus años de entrenamiento, sabía cómo esconder sus emociones ante los demás; en el campo de batalla o en las misiones, no existía el descanso de turno para comerse la cabeza y aún menos al grupo con problemas personales.
John, por aburrimiento, llevó la mirada a Charlie; este tenía su cara apoyada en uno de sus hombros. El peso era notable, aquel cuerpo llegaba a los dos metros, dejando al cuerpo de John como un simple ser inferior no más de uno setenta.
Fijándose un poco más en sus facciones, observó que aquellos ojos se encontraban cerrados; mirando un poco más abajo pudo ver un movimiento leve en sus labios; no se había dado cuenta que Charlie había Estado soltando susurros incoherentes desde hacía un buen rato. Aquello le llevó a hacer una pequeña mueca en forma de sonrisa al capitán. Nunca pensara que aquel rostro podría emitir gestos tan suaves.
Apreciaba a su nuevo amigo, se habían vuelto bastante unidos; sobretodo por el hecho de que John no podía andar sin ayuda, y no quería la de nadie más, solo la de aquel híbrido. Ya le era acto reflejo acercarse a él cojeando siempre que podía; le era cómoda la seguridad que le aportaba.
Volviendo la mirada, ahora un poco más curioso en su actual estudio hacia Charlie. Bajó un poco más los ojos, llegando a las caderas de este; por lo que parecía, su zona genital estaba cubierta o protegida en su interior; pues, una ranura algo arrugada era lo único que tenía a la vista.
En un momento, de aquel examen poco educado hacia Charlie, este mismo movió un poco la cabeza; posiblemente para poder colocarse en una posición más cómoda. Pero, a John se le había subido la sangre a la cabeza, dejando algo roja sus mejillas cubiertas por la barba; apenas tardó un segundo en desviar la mirada, pensando en lo que había estado observando por más de dos minutos.
No había nada que mostrar, pero seguía siendo la zona íntima de su amigo; ¿dos minutos?...negó con fuerza en su mente, solo estaba observando, era un cuerpo distinto. No habría hecho lo mismo si fuera un humano…¿verdad?...llevó la cabeza hacia atrás; -Necesito dormir. Me esta afectando el insomnio-, se justificó a sí mismo.
-¿Cuánto falta para volver?-; a Junior ya le estaba aburriendo la recolecta.
Sonia había aceptado ayudar a Charlie esta mañana mientras los demás iban de caza.
Mientras que Junior fue acoplado a la tarea por ella; su madre lo había observado disfrutar de la estancia en todo aquel tiempo, pero sus salidas al exterior fueron mínimas; normalmente se encontraba con las crías para jugar a típicos juegos para fortalecer sus hsbilidades; no era la primera vez que su pequeño le pedía permiso para ver como era la caza. Claro está, ella se lo negaba más su padre, y no por ser totalmente protectores. Como Rócar comentó, los de su especie no visualizaban una caza hasta la edad requerida; era una norma de la colonia y el ser especial no significaba que tuviera tratos especiales.
Aquel último intento de convencerla, le demostró su disgusto con un puchero casi humano; se cruzó de brazos mientras llevaba la mandíbula inferior hacia afuera. Sonia había reprimido una risa ante aquel gesto, pero poco tuvo que aguantar. Su pequeño volvió a su postura firme al comprender que estaban en un lugar, en el que dependían más sus capacidades de trabajo en equipo, no de cuando uno quería algo.
Se encontraban a unos cien metros de distancia de la cueva; pues, aquí la vegetación alvergaba frutos accesibles. Habían aprovechado la altura de Charlie antes, para pillar alguna fruta de la copa de algunos árboles de aquella área; pero, no era muy eficiente pasar el rato a los hombres del compañero de John; por ello, decidieron ir a lo que estuviera al alcance de sus manos.
Junior llevaba consigo una cesta de enredada con corteza de madera, de tamaño medio. Esta estaba casi llena y demostraba que ya le estaba pesando. -Ya estamos terminando, un par más y listo-, no parecería una buena idea llenar más de dos cestas al tope con fruta, cuando el número de humanos era cinco veces inferior a lo que habían conseguido recoger. Pero muchos xenomorfos se habían unido a meter algo más a su dieta; el otro número de ellos o las rechazaban o les hacían de vientre creando incomodidades en el recinto.
Como había comentado Sonia, solo tardaron en terminar en unos pocos minutos; dándose la vuelta, se dirigían sin prisas al nido. Junior en un momento apuró algo el paso; su madre se preocupó por aquella prisa, pero más adelante pudo ver que unas crías de casi la misma edad de su hijo estaban jugando al exterior. Igualmente Junior recibió con una voz preocupada de su madre que no corriera con aquella carga, él como su buen hijo, obedecío; pero no impidió que mostrara un puchero llevando su mandíbula inferior al frente; se estaba convirtiendo muy común aquel gesto; algo que llevó a crear una sonrisa en el rostro de Sonia.
Los brazos le ardían, las horas pasaron muy lentamente mientras intentaba limpiar los propulsores; eliminando madera y metal del interior, su flequillo pegado a su frontón al sudar. Apenas había superado las tres horas de trabajo, y ya mostraba cortes y magulladuras en las manos.
Se acordó que mientras ella se ocupaba de este sitio, otros eliminarían el agua de los pasillos.
Cuatro horas y el primer propulsor se encontraba sin más intrusos salvo ella. El sol ya estaba por ponerse, saliendo de aquel escondite , pudo observar con sus propios ojos algo que la dejó perpleja.
Aquel cielo, tenía como vigilantes a dos lunas. Una llegaba a tener el mismo tamaño o distancia que la de la Tierra; pero su acompañante le superaba tres veces en tamaño. Inalando lentamente el aire fresco que rozaba sus fosas nasales; no se despegó de aquellas vistas, semanas en aquel mundo y no se había dado cuenta de las hermosas vistas que se estuvo perdiendo. Su cuerpo de repente mostró tensión, auquellos músculos que por horas estuvo moviendo y forzando, volvieron a crear presión entre los huesos; listos para moverse , para evadir al peligro en pocas milésimas de segundo.
Sabía que era algo normal; después de años de entrenamiento, no iba a dejar esponerse sin más solo por ver un par de lunas, pero así fue. La imagen más agradable que había contemplado de este planeta en todo lo ocurrido; la dejó perpleja, llevando a su mente a disfrutar de sensaciones que ni sabía que existían.
-Helena, se ha completado la mitad del trabajo de eliminar todo resto de agua. Creo que sería bueno descansar desde ahora-; ella ni se molestó en llevar la mirada al compañero, simplemente afirmo con una respuesta corta, aceptando la idea.
-Avisa que habrá que vigilar la zona. Madre me permite cerrar la puerta de expedición con la energía que nos proporcionan los generadores; pero habrá que asegurarse que no haya depredadores cerca-, no pudo saber si el marine llegó a aceptar lo mandado, pues escuchó sus pasos alejarse de la zona, sin haber dicho ni una sola palabra.
Así fueron los dos días siguientes; ella en los propulsores, ganándose más cortes en las manos y agujetas en todo el cuerpo; todo mientras los demás organizaban las habitaciones, cocina, y limpiaban los pasillos. Sin imaginarselo, se pudo limpiar casi todo en menos de cuatro días.
Helena se dirigía a la cabina de mandos, todo propulsor y elemento importante se encontraba limpio y en decentes condiciones, como para poder oir a la máquina despertar. Necesitarían volar para llegar a los demás; en el almacén llevaban consigo vehículos de tierra capaces de soportar todo tipo de torturas; pero les sería imposible atravesar los bosques sin dañar la zona y atraer alguna que otra alimaña hacia ellos; luego el combustible, no duraba más de cinco horas y eran vehículos algo lentos. Les sería imposible llegar al nido con aquello.
-Fred, a tu puesto. Que los demás vayan al almacén, abriré las compuertas en breve-; Si ocurría algún que otro imprevisto, deseaba al menos que sus compañeros sobrevivieran. Sí conseguían alzar el vuelo, luego les permitiría entrar abriendo las compuertas de nuevo. Ya que les complicaría menos la vida entrando en la nave.
Aún no sabía como tuvieron la suerte de encontrarse la puerta del piso superior abierta; Estaba principalmente para la entrada a trabajadores en medio de alguna expedición en el espacio; como podía ser una reparación del vehículo, la primera vez tuvieran que escalar para llegar a poder ver el interior.
Una vez que su compañero avisara a los demás, se sentó en el asiento del copiloto. Helena se había ofrecido a ser la nueva piloto hasta que llegaran al espacio; mantenía experiencia por manejo en anteriores años llevando cargas o suministros a planetas menores. Antes ya trabajaba para Weiland dicho en ese término, pero sus estudios para ser marine fueron unos años más tarde cuando la misma empresa le otorgó la posibilidad de aumentar el sueldo y ayudarlos de otra forma; y se decidió por este camino, pues también se le había propuesto el ser ingeniera; pero sabía muy bien que no habría sido muy feliz.
Ingenieros, una escala tan simple pero importante a la vez. La mayoría de ellos eran enviados a estaciones espaciales, dependiendo de su rango, eran llevados a unas de mayor importancia o menos. Su vida diaria era eso, reparar y vivir del sueldo que les aportaba aquel lugar, para posiblemente no volver a sus casas durante unos años o de por vida. Los contratos más normales eran temporales, principalmente el de mano de obra; normalmente todos comenzaban con aquel papelito hasta que las necesidades de la estación fueran satisfechas. Luego, si es que el lugar le gustaba como trabajabas, te daban la opción de firmar un contrato indefinido, osea, para toda la vida. Y eso llevaba a que si querías ver a los tuyos, tendrían que mudarse contigo; algo que la estación tenía muy en cuenta, pues te regalaban un lugar para la mudanza de los tuyos.
Pero, ¿quién estaría cómodo viviendo entre paredes toda su vida, acaso que no le quedará otra opción?.Por ello muchos de esos contratos eran más bien tocados por gente sin mucho por lo que vivir o hacer. La estación tenía a sus personas y comodidades de todas formas para ellos.
En cambio,la historia de Fred era distinta; era normal que todo marine tuviera un mínimo de estudios ante el manejo o saber cómo funciona una nave simple. Pero él había tenido la oportunidad de utilizar algo más que solo el simulador. Algunos soldados en las pruebas con el simulador, podrían llegar a batir un récord impuesto por la empresa. Aquel que lo superara o lo igualara, tendría el privilegio de practicar con naves reales siendo por un tiempo piloto; trabajos simples, carga, descarga, vigilancia, maniobras.
El interior empezó a rugir, por el momento, todo estaba en su sitio y nada había explotado en la cara de sus nuevos pilotos. -¿Listo?-; Helena preguntó a su compañero, él asintió para después, encender juntos los propulsores.
-Dos metros...cinco metros...diez metros...con calma, subamos un poco más-; Helena tanto como Fred, se encontraban sudando, los músculos le temblaban ante el futuro incierto.
Los minutos pasaban y con ella la altura aumentaba. -No hay problemas en la presión, ni en la alimentación. No existe obstrucción por ningún lado, y no hay sobrecarga en los motores. Estamos listos-; así, al rato bajaron para recoger a los demás de la tripulación.
El espacio se le había hecho claustrofóbico, apenas cabían en aquel cubículo todas sus ideas y posibles planes. Su nerviosismo no había bajado desde que la Reina le concedió pase para dirigir aquella paz.
Ayer no estaba haciendo algo de vital importancia. Las crías fueron atendidas sus horas y en aquel momento pasaba el rato jugando con Junior a las palmas; el tiempo en la colonia le había otorgado un lazo mucho fuerte con su hijo; muchas veces lo dejaba entretenido con las crías o con su propio padre, pero ese día deseaba darle toda la atención posible.
Era su niño después de toda, y el amor maternal que tenía hacia él, era enorme, no podía permitirse perder el tiempo sin apreciar a su cría en estos grandes momentos de paz.
No más, después de que el sol se escondiera tras el horizonte trayendo consigo la noche, la Reina solicitó un momento con ella más Rocar como su traductor.
-La Reina comenta que tienes todo el derecho de llevar contigo nuestro nombre para llevar a cabo el plan que tenías pensado hacer-; Sonia había quedado perpleja ante la noticia, sin pensarlo empezó a dar las gracias una y otra vez, mientras que las lágrimas salían de sus ojos adornando su cara. La Reina sintió algo de confusión ante aquel comportamiento, a lo que su hijo le informó que solo era emoción, alegría. Al rato, entre los sollozos de Sonia, la Reina pide un momento de calma levantando una de sus zarpas, mostrando que tenía que decir algo más; los sollozos habían desaparecido, pero las lágrimas no fueron eliminadas, dejadas a resbalar por toda su piel, llegando incluso al cuello y desapareciendo entre la ropa.
-Pero, no tienes derecho a llevarte a nadie más salvo yo y tus compañeros. Solo puedes llevar tu palabra por un solo portavoz-; le fue comprensible, la vida ya era muy difícil para ellos como para tener que meter más problemas. Y con razón, no tenía ningún derecho a llevarse a nadie sin confirmar una posible victoria al cien por cien. Igualmente, le dio poco igual aquella norma, había sido aceptada como una más y tenía el apoyo de la Reina, la Reina Alien de aquella zona y posiblemente de aquel planeta; para poder crear una utopía sin la presencia de Weiland matando y traficando con más seres inocentes. La mente le estaba dando vueltas ante la gran cantidad de posibilidades que tenía consigo aquellas palabras.
Ahora, volviendo a la realidad; necesitaban el vehículo para volver, pero no estaba confirmado del todo que se haría a la vuelta. Por ello, después de recibir la noticia, se dedicó a planear con John posibles ideas y planes; además de quedar más tarde para hablarlo.
Hace un día:
-Entiendo, sabes que cuando volvamos no podemos ponernos a dar de ostias sin más. Weiland mantiene un gran personal de guardia y aún así, la duda es; ¿cómo empezamos a difundir nuestra realidad?-, John mantenía una cara seria, veía normal el entusiasmo de la científica; pero, no podía dejar que se hiciera cuentos en la cabeza. Weiland era una empresa mundial y si eso, universal. Ayudaron a erradicar el problema de la sobrepoblación, llevan consigo alimentos a todos los sistemas habitados por colonos y mantienen consigo el mejor ejército y ingenieros tanto como científicos, reconocidos por el mundo.
No iba ser fácil llegar y negarse ante sus experimentos, esta aventura le hizo preguntarse más de una vez en sus momentos de paz; qué tipo de cosas hacían a otros sectores o a otros clientes. Sin duda, era gente con poder, pasta y tiempo.
-Podríamos intentar actuar normal, decir que salió mal la misión y llevar poco a poco la realidad-, muy mala idea.
-Sonia, es gente sin escrúpulos, gente que se dedican solo a su trabajo. Después de lo visto, apuesto que nos tendrán en el ojo de mira si sospechan algo, y puede que tengan más información de la que nosotros sabemos. He estado pensando, y si esa empresa nunca ha sido denunciada por daños de este calibre; habrá sido porque saben esconder muy bien sus secretos, o han eliminado a sus presuntos problemas, y puede que sin despeinarse-; pudo ver como la cara de la mujer se ponía blanca como la nieve; no quería asustarla, pero tampoco mentirle.
Se estaban enfrentando a un gran enemigo que sería capaz de hacerles desaparecer con solo un chasquido. Robin, que se encontraba al lado de ella; mostraba su malestar, apreciaba a su amiga, pero no vio ejecutar ningún movimiento por parte del marine. Se veía que no podía mentir o camuflar aquella realidad.
-Además, seguro que vendrá alguien más con nosotros-, Sonio elevó la mirada de golpe. Su expresión mostraba vergüenza al ser leída sin tener que decir nada. -No soy tonto Sonia; has arriesgado tu vida y la de tus compañeros por estos seres, y aún así nos has salvado de nuestra futura muerte. Pero, se ve que no vas a dejarlo aquí sin más-; -¿Entonces, qué hacemos?-. Robin se acopló a la conversación formulando aquella pregunta.
-Podriamos…-; John fue interrumpido por la mujer, -Espera, ¿no te vas a llevar a Charlie?-; lo estuvo pensando por mucho tiempo, y sabía que lo quería como a un gran amigo; estos días más la semana de confinamiento en la colonia, lo utilizó para aprender de ambos mundos. Apreciaba pasar el rato con él al sentirse cómodo contándole su vida o historias como si de un joven adolescente se tratara.
Había podido observar, como Charlie se acomodaba a la vida entre los xenomorfos; mostraba un gran interés entre algunos zánganos y no vio que le disgustara la idea de estar rodeado por ellos o siendo acicalado.
Sabía perfectamente que él era de ese mundo.
-No creo que la Tierra sea su lugar, aquí creo que va a estar mejor-; las últimas palabras habían sido algo difícil de oír, sin darse cuenta había bajado la voz, mostrando que le fue algo duro pronunciarlas.
-Lo mejor que podemos hacer es volver, y darles lo que quieren. Podríamos prestarles a Rócar y si eso al pequeño, luego se intentaría recuperarlos o ayudar en el proceso llamando lo menos posible la atención; mu…-; aquella vista lo petrificó. Sonia estaba derramando lágrimas, tenía los labios apretados demostrando que no quería mostrar ningún sonido de debilidad.
Comprendía que le costara verlo con buenos ojos, pero tenían que salir de allí ilesos. -Sonia, muchos van a querer volver a sus casas. No nos dejarán ir si no lo hacemos por las buenas; sabes que existen chequeos. No podemos empezar una rebelión de golpe. Eso o que no vengan con nosotros. Eso depende de ti-.
El silencio era ensordecedor, la tensión en el ambiente había crecido de golpe después de finalizar aquella conversación. Sabía que Sonia no se iba a quedar ni aunque se lo suplicaran. Quería completar aquella misión con todos o sola.
-Sabes que no teneís a donde ir, ¿verdad?-, aquello le eló la sangre, no comprendió del todo porque aquel comentario de la científica; pero aquella duda fue respondida al rato.
-Sois marines. Habéis firmado un papel que os hace empleados de Weiland hasta que osea llegue el límite de años de servicio o os den la oportunidad de iros. Luego que no podreís elegir cualquier sector como si nada, y aún encima esperar que no ocurra nada malo. Y si es así, que alguno decide querer irse, sospecharán; porque puede que sea más de uno después de todo lo visto. Estáis tan jodidos como yo, que no puedo dejar mi oficio ni tampoco he recibido la información que mi compañero de laboratorio llevaba consigo. Voy a...morir...les importo una mierda-; Robin le paró el discurso intentando negar que aquello sucedería, pero tenía razón; estaban jodidos por todos los lados.
Volviendo al presente, Sonia había conseguido reunir todas sus fuerzas para comunicar todo lo hablado con John y su posible plan a su pareja. Rócar se ofreció de todas formas a ir, en unos momentos antes, intentó insistir en que se quedara, pero recibió negación por parte de ella; respondiendole que después de haber trabajado tanto, dejar el plan a secas guiado por gente que nunca quiso entrar en ello; y aún más siendo ella la que empezó todo. No podía dejar nada a medias, pues podrían volver a causar problemas en un futuro. Y era una realidad, si Weyland le importase poco perder a soldados para sus experimentos, eso demostraba que les sobraba personal.
Rócar sabía que no iba a poder vivir sin ella, era su pareja; existencia dependía de su felicidad. Por ello aceptó los términos con todas sus consecuencias. Ahora solo quedaba Junior, no podrían dejarlo solo aunque estuviera con la Reina, era su hijo. A saber cuándo podrían volver, si es que sobrevivían. No querían perderlo, pero el "abandonarlo" sería un final mucho peor. El amor paternal apenas podía llegar a ser sustituido, muchas crías sufrían de trastornos por daños emocionales ante la pérdida de padres o abandono. No era un gran número, pero existía, y llegaban a producir problemas en su adultez tanto como a la colonia. Sin duda, Rócar tanto como Sonia, no deseaban aquel futuro para su hijo.
Junior recibió la verdad a partir de la boca de sus padres, y no hubo negación a la ida con ellos. Se ofrecía a vivir aquella aventura al lado suyo; había recibido la opción de cambiar de idea, además de ser advertido de sus posibles peligros. Pero negó aquella opción. Si tenía que irse de aquella vida, que fuera al lado de sus padres.
Notas de autor
Espero que lo hayáis disfrutado tanto leyendolo como yo escribiendolo. Bueno, hasta la próxima, puede ser en unos cuantos días. Muchos abrazos, y cuidaros
