Todos los personajes pertenecen a Sthephenie Meyer, y la historia a Kasie West.
A las seis de la mañana del día siguiente, mis ojos se abrieron de golpe por enésima vez desde que los había cerrado la noche anterior. Mi mente estaba llenando mis sueños de preocupación. Preocupación por Mike, por Edward, por mis padres. Mi cama era demasiado suave, demasiado cálida. La casa en general parecía demasiado cálida. ¿Acaso mis padres habían subido la calefacción más alto de lo normal?
Salí de la cama, mi cabeza retumbó cuando me levanté. Necesitaba una aspirina.
Me sorprendió encontrar a mi madre sentada en la mecedora en el comedor diario, con su portatil abierta en el reposabrazos de una silla y un cuaderno de anotaciones tamaño folio sobre su falda.
—¿Qué estás haciendo? ¿Has dormido aquí? —le pregunté.
—No. No he podido dormir. Estoy buscando el protocolo de procedimientos nocturnos para edificios públicos.
—Mamá.
—No debiste quedarte atrapada allí. Cada habitación debió ser registrada después de que saliera la última persona.
—Mamá, ¿puedes dejar de hacer eso?
—Sigo pensando que el día de ayer fue un sueño —suspiró—. Que despertaré y tú estarás…
—No lo soñaste. Estoy aquí. Estoy bien. —Volví a sentirme culpable por no haber activado la alarma de incendios antes. Así me descubrieron, me dijo mi madre; la alarma de incendios. Edward debió haberla activado.
Besé a mi madre en la cabeza y seguí camino hacia la cocina.
—¿Emmett llegó bien a la universidad?
—Sí, me envió un mensaje como a la una de la mañana.
Otra cosa para sentirme culpable. Que mi hermano condujera seis horas para ayudar en mi búsqueda.
—¿Qué haces despierta? —preguntó mi madre.
—Tampoco podía dormir. Además de que es hora de prepararme para el instituto.
—No vas a ir al instituto. —No fue una pregunta.
—Iré. Me encuentro bien y necesito distraerme. Además, no quiero atrasarme. —Había estado buscando las aspirinas mientras hablaba y me detuve en seco. Si mi madre me veía tomando una aspirina, definitivamente no me dejaría ir. Así que, en su lugar, cogí mi medicación para la ansiedad y un vaso justo cuando ella llegó a la cocina.
—De acuerdo, pero vuelve a casa si comienzas a encontrarte mal o ansiosa.
—Prácticamente podía verla teniendo una batalla interna.
—Lo haré, mamá. —Mi cabeza retumbaba al ritmo de mi corazón mientras llenaba el vaso con agua de la nevera.
No había anticipado la reacción de la gente cuando entrase al instituto. Fue lo último que pasó por mi mente. Pero debí haberlo sabido. Mi cara había estado en todas las noticias y en las redes sociales. Me habían dado por muerta. Por supuesto que los chicos del instituto lo sabrían. Abrí la puerta y entré y, antes siquiera de que la puerta se hubiera cerrado detrás de mí, un grupo de personas aplaudió y me saludó.
—Hola —respondí.
Un chico de la clase de Biología se puso frente a mí.
—Bienvenida de vuelta.
—¿Gracias?
—¡Bella! —gritó Eric Yorkie, un defensor del equipo de fútbol —. ¡Has sobrevivido!
—¿Sobrevivir? —El tema sería agotador muy pronto.
Mis amigas también se sentían mal. Angela, Lauren y Jessica actuaron como si no me hubieran visto el día anterior en el hospital y no me hubieran apretujado en un abrazo grupal.
—¡Has venido al instituto! Pensé que no vendrías —comentó Angela.
Bueno, eso explicaba la reacción. Después Tyler, el amigo de Mike, se lanzó hacia mí. Me levantó sobre su hombro y me llevó por el corredor gritando.
—¡Está viva! ¡Está viva! —Su reacción fue la que más me confundió.
Pensé que lo encontraría hecho un desastre, ya que Mike seguía en estado crítico, pero parecía estar en su estado normal.
Durante mi paseo no solicitado, vi a Edward caminando por el corredor. Mi corazón me hizo un nudo en la garganta cuando supe que él era la verdadera razón por la que había ido al instituto; para asegurarme de que él estuviera bien. En el preciso momento en que levanté la mano para saludarlo, él miró para otro lado, fingiendo no conocerme de nada. Cuando Tyler llegó hasta el final del corredor, mi cabeza estaba retumbando incluso más que esa mañana.
Golpeé su espalda.
—Déjame bajar, Tyler. Por favor.
Lo hizo y estuve a punto de caer de espaldas con el esfuerzo. Después me cogió por el hombro.
—Deberíamos tener una fiesta de Regreso de la Muerte este fin de semana para ti. Con temática de zombis o algo.
—¿Cómo estás? —pregunté sinceramente cogiéndolo de las muñecas.
—Increíble —sonrió y dejó caer las manos de vuelta a sus costados—. Listo para celebrarlo.
—Nada de fiestas para mí este fin de semana. —Entorné los ojos mientras me preguntaba si él estaría más preocupado por Mike de lo que dejaba ver—.Solo necesito un descanso.
—Eso ya lo veremos —dijo y levantó las cejas. Después se alejó corriendo, probablemente para comenzar a preparar las invitaciones para una fiesta que yo no deseaba.
—¿Dónde has estado durante el almuerzo? —Angela se sentó a mi lado en la sexta hora, en la clase de Biología.
—Evitando a las personas. —Y buscando a Edward. Desde la primera vez que lo vi por la mañana, no había podido volver a encontrarlo. ¿Así era cómo él manejaría esta situación? ¿Se suponía que volveríamos a la normalidad, como si no nos conociéramos?
—Pareces cansada.
—Lo estoy. Debí haberme quedado en casa.
—Deberías llevar un letrero durante las próximas semanas que diga «Tócame y pondré una horrible fotografía tuya en el anuario».
—¿Crees que eso funcionaría? —pregunté con una sonrisa.
—Es la mejor amenaza, Bella. Usa tu poder.
—Quiero ir al hospital hoy después del instituto para hablar con los padres de Mike. Llevarle flores o algo. —Saqué mi cuaderno y un estuche de mi mochila, porque el Señor Banner ya había comenzado a escribir en la pizarra.
—¿Conoces a sus padres?
—Los conocí en su fiesta en la piscina el verano pasado. Siento que tengo que hacer algo.
—Yo también. Iré contigo.
—Gracias. —Esperaba esa respuesta por su parte. Pero aún no estaba segura de qué les diría a sus padres. ¿Es posible que no me recuerden, pero debía estar en ese coche con su hijo? ¿Siento no haber estado ahí cuando su hijo se desplomó veinte metros dentro del río? Esas serían buenas formas de romper el hielo.
—Probablemente se alegren de ver a algunos de sus amigos.
—Nos dirán cómo está, ¿verdad? —le pregunté.
—Eso espero.
El Señor Banner aplaudió dos veces.
—De acuerdo, chicos. Poneos a trabajar en estas preguntas, después las discutiremos.
No se que problema hay que no aparecen los capítulo si los buscas por web, al menos que se descargue la aplicación de FanFiction, me gustaría saber si pueden leerlos? Sin más que decir, a seguir editando! Besos
