Capítulo 27
Una noche diferente
Gracias por los comentarios en el anterior capítulo, al final de este tendreis vuestros merecidos saludos; además de algo de información sobre ilustraciones de esta historia. Igualmente siento la espera y ya tengo en preparación el proximo capitulo, espero que os sea agradable este, y ahora, a disfrtar ;)
Los minutos pasaron y ambos ya se encontraban separados, recostados al lado uno del otro mientras que sus miradas estaban unidas.
Sonia acariciaba lentamente una mano de su pareja mientras una leve risa era escondida detrás de sus labios.
-Te ríes mucho, que sucede por esa mente-; comentó Rócar mientras emitía un suave ronroneo.
-Simplemente, lo he pasado de maravilla-; comentó Sonia mientras observaba como la cabeza de su pareja se acercaba lentamente a su pecho. Sin poder evitarlo, Sonia abrazó la cúpula de Rócar mientras se colocaba en posición fetal, uniendo sus rodillas al pecho del xenomorfo.
-Te quiero demasiado, te…-; las palabras de la científica fueron cortadas de golpe, en un principio, su voz había llegado a ser relajante y amorosa, hasta la última palabra que sin darse cuenta, una nube llena de malestar había llegado a invadir la mente del zángano.
Rócar, con la mayor gentileza del mundo, agarró uno de los brazos de su pareja para bajarlo a su pecho mientras elevaba su cabeza a la propia mirada de Sonia.
A primera vista, todo parecía normal, hasta que pudo notar el leve temblor en la garganta de ella; demostrando que su respiración no estaba siendo la adecuada. Con su mano derecha, atrapó lentamente el mentón de Sonia para bajar su vista a la de él. Al momento, observó el rostro de su ya oficial pareja. Sus mejillas eran adornadas por pequeños rastros de lágrimas más un color rojo en estas más nariz demostrando que estaba llorando.
Su mente había sido invadida de un momento a otro de dolor; el solo hecho de poder observar, el poder recordar todo lo vivido con Rócar y Junior; lo eran todo para ella, había encontrado una familia para seguramente luego serle arrebatada. No sabía lo que le podría pasar a Rócar una vez que se lo dejaran a la compañía, y Junior...su niño, su criatura seguramente sería examinada y utilizada para experimentos como en otros casos de anteriores incubaciones. Para eso se hacían, para poder comprender aquel organismo tan complejo más las ventajas de sus maravillosos materiales, pieles, armadura...órganos.
Rócar no pudo evitar reprimir un escalofrío, sabía de antemano al peligro que se exponían; pero esas imágenes,ese miedo que Sonia había compartido con él sin darse cuenta, lo hicieron estremecerse. Y no por él, sino por su familia. Una vez que fuera entregado a Weyland, no tendría casi ninguna oportunidad de proteger a Junior, y aún menos a Sonia, no sabría lo que sucedería con ella después de eso. Ella estaba haciendo su trabajo después de todo, pero, "¿y si es la última vez que…?, no, prometió manejarlo o intentar salvarnos una vez hecho todo, estaremos bien. Todo estará bien, no viajaré tan lejos para al final no obtener nada"; su mente divagaba sola mientras inconscientemente, acariciaba a Sonia animandola a relajarse. Ella era su mundo, su vida, y Junior era su hijo, al que inconscientemente había prometido proteger; su familia no estaría completa sin ninguno de los dos. Debía cuidarlos hasta el fin de sus días.
-Irá todo bien, John sabe lo que hace, y tú eres muy inteligente. Sé que podréis ayudarnos.-; Sonia elevó la mirada, ganándose su atención. Su expresión era imposible de leer, salvo por sus ojos, que demostraban en aquellos iris azul grisáceo el gran dolor que estaba acumulando cada segundo en lo más profundo de su ser.
-Además, John no va a abandonar a Charlie, te va a ayudar a que todos salgamos ilesos y con razón de aquel lugar-; Sonia bajó un poco la vista.
-Espero que sí, sé que Charlie es importante para todos; pero, John es el capitán y sé que está tan perdido como yo o más. Yo...espero que estés en lo cierto-; ella no pudo evitar empezar a llorar de nuevo, no deseaba ser tan negativa ante la mirada de su pareja que confiaba en sus pasos ciegos. Y aún después de haber disfrutado de un momento íntimo con Rócar. Pero, no podía evitarlo, estaba demasiado asustada como para que su positivismo permaneciera escondido.
Rócar llevó una de sus manos a la cara de Sonia, para que con uno de sus dedos, eliminara una de las lágrimas de sus ojos. -Hazme caso, John no abandonará a nadie-; la vista de Sonia volvió a su rostro, con toda la calma del mundo le besó los labios para con un suave ronroneo, calmar la mente de su pareja. Podía sentir como sus pulsaciones se iban ralentizando hasta mostrar un pulso normal.
En el fondo, su mente estaba invadida por pequeñas dudas o un miedo imposible de ignorar; aunque comprendía dónde se había metido desde el primer momento, este no era su mundo, no se encontraba jugando con sus reglas. Pero, apoyaba aún la idea en que sus palabras eran ciertas.
John, era serio, dedicado a su trabajo y a su grupo o tropa; sus pasos eran tan firmes como su paciencia, además de tener sangre fría a la hora de actuar. Y Charlie...era un buen compañero, que John valoraba con mucha confianza; pero, no nos vamos a engañar. El aroma del capitán había sido perturbado desde hacía unos días. La presencia de esos dos era un simple dúo de amigos en frente de los demás, figuras que escondían tras sus miradas, dudas o actos aún no aceptados o correspondidos; demostrando y acertando que ambos sabían menos de ellos mismos al igual que los demás.
Pero, llamativo o no, John no abandonaría a nadie. Sus palabras eran tan firmes y valoradas como su liderazgo; si por Charlie aceptó cambios, con los demás igual. La gente confía en él.
Sus pensamientos se iban ordenando hasta que se dio cuenta que el silencio gobernaba entre las cuatro paredes. Sonia había conseguido relajarse lo suficiente como para empezar a jugar con uno de sus dedos en su huesudo tórax. La yema resbalaba, acariciaba entre los huecos con toda la calma del mundo, llegando a ser incluso hipnótico. Rócar, satisfecho de que su pareja se encontrara mucho mejor; pasó una de sus manos entre el cabello de esta, para sentir como sus dedos terminaban entrelazándose entre los nudos de aquella melena pelirroja.
Los segundos pasaban intentando poder desenredar todo ese enrredamiento de pelos entre sus falanges; pero fue en vano. A los minutos pudo observar como una bola de enredadera de cabellos habían podido apoderarse de su mano. Algo que para su sorpresa, creó una risa en Sonia mientras estiraba algo los labios al sentir los pequeños tirones.
-Debo admitir...que es un mecanismo de defensa bastante raro-; su respuesta había ayudado a que la risa de su amada aumentara.
-Espera, te ayudo-; sus manos vagaron a atrás de su cabeza, para con suaves movimientos, ir separando los pelos de aquellos grandes dedos.
Mientras Sonia se ocupaba de desenredar todo esos nudos de la mano de Rócar; este comenzó a observar más atento a la habitación, Robin le había enseñado algunas palabras nuevas más su significado o a lo que se referían; por ello pudo entender que en la propia estancia había un escritorio, una encimera, un armario, un estante y...cómics?; la última vez que había visto algo parecido fue con Robin en su habitación, pero estos eran mucho más gruesos y menos coloridos. Ya les echaría un vistazo después. Una vez salido de ese pequeño trance ante la duda de aquellos objetos, su mirada fue a la propia cama. Las mantas se encontraban notoriamente húmedas y manchadas, además del suelo y la propia parte inferior de Sonia. Y el olor estaba totalmente impregnado por el anterior acto, el no mantener conductos de ventilación ahora trabajando en las habitaciones u otras zonas hacía más difícil despejar o airear la propia estancia.
-Creo que tendrás que volver a darte una ducha…-; Sonia intentó no llevar la cara a su pareja, pues se encontraba con mucha vergüenza al recordar todo lo que había hecho o dicho hacía poco. Y aunque le pudiera la vergüenza del momento, sabía que tenía razón; debía cambiar las mantas antes de que Junior viniera, además de limpiarse, pues quedaron restos de Rócar entre sus muslos internos, ante la caída de los fluidos acumulados por la actividad.
-Puede ser…-; dijo ella mientras intentaba que no llegara a notarse el temblor en la voz.
La sala había bajado sus revoluciones después de varios minutos de cantos y bailes exuberantes. Charlie se encontraba concentrado en el televisor mirando los videoclips que ponían sus compañeros. Hacía casi diez minutos que John había decidido irse dejando a cargo de darle una habitación al híbrido a los soldados. Dejándolos solos observando y disfrutando de la música más videos que mostraba la propia pantalla.
Los minutos pasaron hasta ser interrumpidos por un bostezo; -Se te ve cansado ami… go-; comentó Alan terminando con un bostezo también.
-Creo que estoy reventado, no estaría nada mal volver a nuestras camas-; Fred dijo mientras conseguía levantarse del sofá. Su mirada fue a la de Alan para terminar en Charlie. -Es verdad, hay que darte una habitación-. Comentó apoyando las manos en sus caderas.
-¿Qué te parece la número… la número…? -;Alan en ese momento llevó los ojos a su amigo marine. Había varias habitación libres por no decir perfectas para el experimento. Pero eso era por la falta de sus dueños, habitaciones de soldados caídos en esta misión. Alan comprendía que había que darle un lugar donde descansar al gran amigo del capitán, pero admitía que le era duro nombrar una estancia sin pensar en su anterior dueño.
Muertes innecesarias, sufrimiento en vano, "¿que habrá sido de ellos? " Su mente divagó en esa pregunta en el cómo habrán desaparecido de la propia vida. En realidad, la mayoría de los marines no conocían a fondo sus compañeros. Un ejemplo fue Alan con Robin, ambos habían pasado desapercibidos. Pues eran jóvenes y lo importante en una misión era saber trabajar juntos, no saber la vida o la actitud de nadie,creando esa pared invisible tan vista en la sociedad. Muy pocas tropas llegan a entablar amistad sobretodo si van rotando soldados por rango o actividades o formación.
Su mente volvió a la sola idea de sentir sus sentimientos, la propia sensación de soledad de dolor o incompetencia ante un impacto bastante duro o un espacio desconocido para sus ojos. "Si no fue la cápsula tuvo que ser el propio lugar, estar solos, sin ayuda, sin…"
-Fácil, la número dos. Está en frente de la del capitán y es una de las más cómodas además de que su anterior dueño apenas se la merecía-; Fred comentó, sacando de aquel incómodo trance a Alan.
-Sí… está bien, estará cómodo-; dijo mientras daba una pequeña sonrisa.
La habitación pertenecía al traidor de Sergio, no habría ningún tipo de culpa el que su nuevo amigo pisara aquella estancia tan bien amueblada. Sabían que él se la merecía más que su anterior dueño, al que nunca fue visto con buenos ojos incluso antes de que empezara la misión.
Y así fue, después de una pequeña caminata de menos de tres minutos, Charlie ya se encontraba enfrente de su nuevo cuarto. Fred mostró cómo abrir la puerta sin darse cuenta que ya había recibido "clases" su nuevo compañero.
Una vez dentro, pudo observar todo, una cama amplia además de la habitación. Mesita de noche, un gran armario con estante. Escritorio. Estaba todo amueblado además de limpio.
-No hay nada, pensé que habría dejado algo-; Alan se dirigió al marine, buscando una respuesta.
-Lo tiramos todo, no valía la pena guardar nada que fuera suyo. Además, no había llegado a traer nada interesante. Desde revistas obscenas hasta ropa vieja y mal doblada. Ahora la habitación está más decente y libre de pecado-; dijo al final sacando una pequeña risa. -¿Te gusta Charlie? -; observó como el nombrado se giraba para mostrar una pequeña sonrisa en su rostro cicatrizado.
-Pues entonces, buenas noches-; se despidió el marine para luego también Alan se despidiera mientras acompañaba al anterior soldado.
La habitación era toda suya en ese momento, la puerta se cerró después de varios minutos sin haber sido pulsado ningún botón.
Al rato, sus manos fueron al acolchado de la propia cama. Sus palmas se hundieron en la suave tela, desprendiendo un aroma a sábanas limpias con algo de humedad. Cuantos años sin volver a sentir esta sensación, cuantos años sin notar tal comodidad acariciando su gruesa piel.
Poco a poco, decidió sentarse en el colchón para al final, terminar con la mirada en la pared de enfrente. El silencio cubría el lugar, los latidos de su corazón hacían presencia en su mente, los olores entraban para ser analizados por su propio cerebro que trabajaba más lento de lo normal. Relajado, disfrutando de esta sensación de tranquilidad, ¿paz?; no, le faltaba algo, sentía como su vista se iba a todas partes hasta terminar en la puerta.
Su primera noche solo, había pasado todos los días al lado de su amigo para terminar en un colchón vacío salvo por él.
Esto hizo crecer algo de miedo y preocupación en su mente poco a poco, incomodidad, incertidumbre. Tantos días a su lado y ahora de golpe sin nadie, en una habitación cerrada con muebles. "Ojalá que estuviera aquí".
Eso lo llevó a pensar, a pensar en una excusa, excusa que rechazaba siempre que sentía como sus pies se dirigían a la salida. Sabía que estaba mal, sabía que estaba siendo egoísta, pero igualmente su mente suplicaba en seguir de frente.
-Es ridículo, estará durmiendo, no deseo molestarlo-; se decía en voz baja. -Algo me dice que no voy a poder dormir-; es cuando una pequeña presión hace presencia en su bajo abdomen. Recordando que llevaba horas sin ir a orinar. Su cuerpo expulsaba materia orgánica como sus amigos humanos, claro está, era un proceso mucho más lento o tardío, a la hora de necesitar evacuar. Pues su cuerpo trabajaba mucho mejor o almacenaba más cantidad o simplemente absorbía más materia evitando la creación de sustancias a cantidades constantes. Igualmente lento o no, aun no sabía dónde se encontraba el baño o lugar para ocuparse de esta situación. Por sus anteriores años con su madre, comprendía lo que era un retrete y su función, pero en su anterior nave después de aquella matanza de la que supuestamente había olvidado, no había llegado a volver a tocar ese lugar. La porquería de los cadáveres se había acumulado por montones en todas las esquinas, la humedad hacía que todo fuera un criadero de hongos y era imposible que el agua tragara ante la falta de funcionamiento del sistema.
"Pues no me queda otra", podría pedirle ayuda a Alan, pero sabía que no lo iba a hacer además de no saber cuál era su habitación, su mente solo estaba en un objetivo o más bien persona. Últimamente así había sido en su cabeza, solo ocupada en atender o disfrutar de la presencia de John. Lo asimilada como un sentimiento de respeto, amabilidad, agradecimiento, diversión. Pero, no hacía mucho que lo había visto llorar. Que lo había visto hundirse en la miseria, para luego intentar acercarse a él de una forma algo… extraña. Desde hacía días su olor también era extraño pero en aquel momento, justo en ese momento, hubo un cambio diferente, raro, nuevo.
Charlie procesaba estos pensamientos intentando entenderlos mientras se dirigía a la puerta de John.
La ropa por fin fuera, llevaba semanas deseando este momento, poder desnudarse dejando solo su ropa interior y sumergirse en sus frescas y suaves sábanas para conciliar el sueño de una vez por todas. Todo era perfecto en ese momento, solo tenía que acercarse al colchón para recortarse en él. Pero, su mirada aún seguía fija en el armario. No deseaba admitirlo, pero podía sentir la diferencia de no estar al lado de su amigo. Después de un par de semanas juntos, ahora deberían dormir separados. No, empezó a negar con la cabeza mientras llevaba la mano buena a sus sienes. "John por favor, vas para los cuarenta. Ya estás acostumbrado a dormir solo, no pienses así".
Cerca de los cuarenta y simplemente su mente divagaba en estar al lado de su compañero. Podría ser una imagen normal incluso aceptable si no fuera que su mente insistía que eso estaba mal por razones que él no quería llegar a aceptar o intentar no entender. -Es el cansancio, no puedo llegar a estar tan… ¿desesperado? -; de repente, su mente fue interrumpida al escuchar la puerta abrirse. No le parecía incómodo que uno de sus cadetes lo viera así, pero se esperaba alguna señal a la hora de entrar. Como estaba de espaldas no pudo darse cuenta que Charlie era el que se encontraba en la propia entrada observando su cuerpo.
-¿Acaso no hay modales en esta nave? -; preguntó tranquilamente mientras se giraba, pudiendo ver al amigo. Al momento inconscientemente se tapó con sus manos su entrepierna cubierta más su pecho; pero intentó retroceder el movimiento para pillar la manta de su cama lo antes posible. -Por Dios, Charlie. ¿Acaso no sabes que está mal observar a alguien mientras se cambia?-. Dijo mientras se enroscaba la manta a su cuerpo.
Charlie mostró una ligera mueca mientras apartaba la mirada, pudiéndose traducir como vergüenza. -Lo siento, John. Necesitaba saber dónde están los… baños y no sabía cuál era el número de las habitaciones de Alan o Fred para preguntar-; terminó diciendo mientras llevaba de nuevo la mirada al capitán poco a poco.
-Está bien, pero para la próxima toca a la puerta. Déjame vestirme de nuevo y te acompaño-; y así decidió recoger de nuevo su ropa, pero, su manta no llegó a desenredarse de su cuerpo.
-Charlie… si no es molestia, deseo desnudarme en privado-; la mirada del ser fue directamente a una pared ante aquellas palabras. Pues había estado observando todo el rato como si de algo hipnótico se tratara.
Al rato Charlie salió por la puerta, dejando a un John confuso y avergonzado en la habitación. -No entiendo nada-; era normal para él haber sido visto por alguno de sus soldados sin ropa en las duchas o por error. Pero, el comportamiento de Charlie, y el suyo estaban provocando un sinfín de preguntas en su mente.
Habían llegado al servicio, un espacio tan grande como la propia habitación del capitán. Se encontraba en un lateral del vestíbulo de hombres.
Charlie llegó a entrar incitado por el movimiento de ojos de John, que insistía en que entrara.
El interior era amplio, cubierto por una fila de puertas y paredes de metal blando a la izquierda; al fondo la fila era de retretes masculinos expuestos al aire principalmente hechos para orinar. Y a la derecha, lavamanos con sus respectivos espejos.
Nervioso y tímido a la vez, decidió entrar en una de las pequeñas estructuras creadas para la propia privacidad de la persona. Ahí estaba, un retrete totalmente limpio, y seco. Los recordaba muy bien de los de su nave pero los suyos se encontraban llenos de una capa espesa de hongos y mugre. Estos eran totalmente nuevos y limpios.
Dudando por un momento, levantó la tapa para ver su interior. Agua sin suciedad, "fascinante".
Mientras su mente divagaba en los pequeños movimientos del propio líquido, se desabrochaba el pantalón para terminar bajándolo hasta las rodillas.
No pudo evitar soltar un escalofrío cuando notó como el calor de la orina resbala bajo entre sus labios protectores.
Una vez terminado, tiró de la cisterna además de limpiar un poco la zona con papel higiénico. Llevaría años sin tocar ningún baño, pero aún recordaba las enseñanzas de su madre. En las noches libres en las que su madre podía sacarlo de aquella "cárcel" dedicada solo para experimentos y mantenerlo encerrado; se dedicaba a enseñarle cosas nuevas tanto como ofrecerle el cariño que tanto deseaba. Hacía tiempo que su esposo no se acostaba a su lado, dejando una habitación para ella sola y no levantando sospechas en las noches de "juergas".
Como si se tratara de hipnotización, observó como el pequeño remolino dejaba de nuevo el agua totalmente limpia.
El brillo en sus pequeñas ondulaciones, su propio reflejo, el blanco del interior de porcelana. Recordaba todo como si hubiera sido ayer.
De nuevo en el baño decidió dirigirse a uno de los lavabos para poder limpiar sus manos.
Era difícil el lavar las manos en un lavabo tan pequeño para él, pero no impidió que pudiera encontrar alguna forma de limpiarlas por completo.
Mientras se enjabonaba las manos, su vista fue al espejo, al momento su cerebro creó un pensamiento de repudio automático. -No me recordaba tan...feo-, llevó una de sus manos a la cara, rozando con una de sus yemas una de sus muchas cicatrices, -cómo podías ver...algo así…- separó por un momento uno de los parpados mostrando todo el auel ojo negro, -como tu hijo…-. Consciente de su pasado, de su aspecto que tantas veces había evitado ver en cada espejo y reflejo de arroyo, charco...las lágrimas estaban presentes en su decaída mental, en su pecado que no había llegado a ver su madre. Cuánta sangre derramada por odio y venganza, cuantos hombres y mujeres deseando volver a sus casas o simplemente vivir. Cuantas fotos destrozadas ante la humedad, llevando consigo recuerdos que nunca podrían volver a vivir sus portadores.
-Cómo sería todo si estuvieras aquí-, limpiando aquellas lágrimas con sus largos dedos, se dirigió de nuevo a la salida, una vez que abrió la puerta, se llevó una gran sorpresa, John había llegado a esperar todo ese rato al lado de esta sin emitir el menor ruido posible. A esas alturas se llegó a imaginar que ya se había ido dejándolo solo con sus faenas, pero el hombre a su lado mostraba lo contrario.
-¿Todo bien?, ¿pudiste manejarte?-; preguntó el capitán, para recibir un asentimiento por parte de Charlie.
Ya con el paseo terminado, decidieron volver a sus habitaciones juntos.
Charlie observaba indiferente el interior de aquellos pasillos, las zonas de descanso o ocio estaban situadas en lugares distintos comparado a su anterior nave.
Las luces se habían atenuado dando paso a una pequeña oscuridad en cada rincón, pues había sido activado el modo nocturno.
Una vez que las puertas empezaron a visualizarse, pudieron detectar cuáles eran las suyas.
John paró en frente de la suya dando la espalda a Charlie; el capitán no ejecutó ningún movimiento hasta que pudo escuchar como la puerta de su amigo era abierta.
-Charlie…-; John pronunció al momento, pero su mente no sabía qué más añadir. Su inconsciencia había pedido automáticamente que aquel ser no lo dejara solo tan rápido. Como si notara el cambio de comodidad estando a su lado. Haciendo que dijera su nombre sin preocupación de que tendría que decir, hasta ahora.
Charlie volvió la mirada al capitán, sus labios llegaron a abrirse levemente, pero no pronunciaron ni una sola palabra. Podía sentir la leve incomodidad e incertidumbre del hombre. De nuevo aquel olor, pero no solo eso. Su propia mente se encontraba algo dormida ante el cambio de aura y comportamiento en su amigo. Aún estaba esperando una respuesta o algo de John, no tenía prisa por entrar, ya que admitía que le era acogedor estar un poco más a su lado. Aunque no se pudiera entender del todo la situación, apreciaba esa sensación de seguridad o amistad en aquel hombre. Aunque lo estaría más si pudiera comprender qué era lo que perturbaba o lo que no llegaban a entender ambas mentes.
-Mañana te levantaré temprano...así que será mejor que descanses cuanto antes-; las miradas estaban en contacto, dejando a la vista pequeños sentimientos nuevos en la mente del experimento. Una sensación tan suave pero a la vez persistente, haciéndose escuchar o ver. Increíblemente, le llegaba a ser tan curiosa como las presuntas feromonas que había mencionado el androide hacía horas; pero este rastro, esta sensación era diferente a simple curiosidad o una simple sensación suave.
John entró a su habitación después de sentir que eso se estaba volviendo raro o incómodo, aunque no impedía que su cabeza suplicara por mantener aún contacto con aquel ser.
El silencio de la habitación daba permiso a que sus pensamientos retumbaran contra las paredes, sus neuronas intentaban encajar todas sus dudas en una respuesta, todas sus preocupaciones en algo coherente, todos sus cambios en un comportamiento con razones.
Su vista divagaba en todo aquel espacio que no proporcionaba solo más que miedo a su propia conciencia.
Entre la búsqueda de algo, terminó mirando su propio escritorio; sin llegar a pensar mucho, decidió acercarse al mueble, para sentarse lentamente en su asiento.
Sus manos acariciaron las grabadoras, cintas que mantenían informes o memorias de cada misión o pensamientos que llegaban a invadir su mente mientras no podía dormir. Sus dedos acariciaban los propios botones de una de estas, para terminar llevando la vista a su izquierda.
Su mano se acercó lentamente al cajón al que había echado ojo en ese momento. Era el principal cajón de su escritorio y sabía perfectamente lo que guardaba.
Sus dedos se aferraron a la manija, para tirar lentamente observando como aparecía ante sus ojos una grabadora diferente a las demás.
Esta mantenía garabatos de diferentes colores, las propias líneas de estos, eran coloridos con brillante purpurina haciendo imposible no fijarse en el objeto.
Su dedo índice se dirigió al botón de play para acariciarlo, dudando cada segundo si debía escuchar aquella cinta. Hizo presión con gran lentitud, solo debía presionar un poco más para poder escuchar aquella voz…
-No puedo-; John se llevó ambas manos a su rostro, podía sentir como la vergüenza, la decepción, el miedo y la duda invadían su mente desde lo más profundo de su subconsciente para visualizarse en sus ojos en forma de lágrimas.
-Soy un padre horrible...no merezco ni escucharte-; años perdidos siendo el verdugo de sus jóvenes soldados, "todo para encontrarme en una misión de rescate imposible,y desesperado por un ser que ni es natural"; "Charlie", su respiración se pauso ante aquel pensamiento, no podía abandonarlo, "¿cómo haré para ayudarte?", "¿Cómo haré para salvar a todos?".
Sus ojos fueron liberados de las palmas para recibir la luz de la propia estancia, simplemente para fijarse únicamente en la pared de enfrente. -¿Por qué es tan difícil...hacer bien las cosas?...¿Estábamos condenados desde un principio?-.
John, dejó caer unas pocas lágrimas antes de volver a mirar el cajón abierto. Con una de sus manos, apartó la grabadora para recoger un marco bajo esta. Ahora, enfrente suyo, podía visualizar aquella foto que tantas semanas había anhelado en poder volver a ver.
En la foto se representaba uno de los días más felices de su hija, había sido tomada en DisneyLand, era un verano libre en el que el trabajo no había podido entrometerse. Su niña siempre había suplicado por un día en aquel parque fantasioso, y así fue.
En la foto se encontraba John sonriendo, pegado al rostro de su hija que se encontraba a su lado, su niña al igual que su padre, mostraba una radiante sonrisa llegando a ser exagera, mientras mostraba sus dientes en el que ambas filas sufrían de algunos huecos vacíos ante la caída de los dientes de leche, además de aquel gesto tan lleno de inocencia, entre sus brazos se encontraba un peluche de Pluto, en el que su cabeza era parcialmente cubierta por los cabellos rubios de aquella niña, al que abrazaba con todas sus fuerzas.
Él recordaba que había tenido a su niña sentada en uno de sus brazos para poder hacer la foto, dejando ambas cabezas casi a la misma altura.
Sus dedos acariciaron el cristal rayado para sentir como nuevas lágrimas invadían de nuevo sus lagrimales mientras una pequeña sonrisa se formaba entre sus labios temblorosos.
-Haré todo lo posible...por volver a vernos...todo saldrá bien...para todos-; su frente acarició el cristal de aquella foto para desplomar sus pulmones con los últimos llantos de esa noche.
Charlie se encontraba sentado a un lado de la cama; sabía que mañana sería un largo día, pero el sueño no llegaba a ser su necesidad más importante en aquel momento. Había podido escucharlo, lo podía sentir. El dolor de aquel hombre había sido su principal motivo de falta de sueño hacía minutos.
Desde su nacimiento fue sensible a las sensaciones, pensamientos o feromonas que desprendía cada ser, pero John era un mundo aparte, normalmente sus sentidos eran más sensibles a las necesidades de sus seres más cercanos. En este día pudo tragar todo el dolor y la incertidumbre de toda la tripulación, además de placer en unos pocos antes de irse al baño. Pero John había invadido todos sus sentidos al momento; los separaban dos puertas más el pasillo, pero aún así pudo sentir como sus pulmones se hacía agua ante sus preocupaciones.
Un llanto inexistente para los demás, y una desgarradora súplica para él.
Su cabeza bajó lentamente hasta terminar cerca de sus rodillas; sus párpados se cerraron con fuerza intentando hacer una barrera invisible contra aquel dolor que le hacía desear entrar allí para ayudarlo, pero comprendía la privacidad del capitán, ya no estaban en el nido, ya no existía seguridad a la hora de entrar en otro cubículo o habitación sin ser mal visto; aquellas estancias eran simples refugios que escondían las más simples de sus necesidades, frustraciones, errores.
-Lo siento-. Dijo, antes de volver a forzar a su mente a quedarse dormida, dejando de lado y solo al hombre con sus miedos y recuerdos.
Saludos y Notas de autor:
Jessi, un gran beso, muchísimas gracias por el comentario, me alegraste ese día mucho y me alegra además saber que fue un lemon muy bueno para la vista de una agradable lectora. Tendré que escribir otro, pero si eso para un futuro ;) cuídate mucho.
Aslen, me es agradable saber que ha hecho efecto el lemon xd. Como siempre una lectora leal y agradable, y me es una gran felicidad aportar un agradable rato en tu vida como en los demás, sobretodo en esta situación y año. Muchos besos y cuídate. :D
Leo, gracias por tus palabras, me es precioso que te haya enganchado mi historia y la recuerdes después de varios años. La estoy intentando pulir desde el principio, pero me agrada que te siga enganchando. Un gran y fuerte abrazo y cuidate mucho. Como siempre me es una felicidad enorme aportar un gran rato a buena gente con ganas de leer y salír por un momento de la dura realidad. :)
Ahora notas, esta vez haré más rápido el siguiente capítulo, este mes estuve de relax, necesitaba quitar algo de estrés y recuperar inspiración además de dedicarle más tiempo a hacer algunos cuadros. Así que siento mucho la espera, pero desde ahora intentaré dar los capítulos en un tiempo más corto si es posible.
Hablando de arte, he empezado a hacer ilustraciones sobre la historia en
Tumblr: "Ilustraciones de En el XENO18" /buscar, enelxeno18
blog/view/enelxeno18 en google
Música utilizada para hacer este capítulo:
"Horizon Zero Dawn- What the seeker had sought"
"Horizon Zero Dawn-Identification"
