Todos los personajes pertenecen a Sthephenie Meyer, y la historia a Kasie West.

-No es necesario que nos vistamos como muertos vivientes para la fiesta, ¿o sí? —preguntó Lauren, con varias camisetas en sus manos mientras se miraba al espejo. Era sábado. Lauren, Angela y yo habíamos llegado a casa de Jessica hacía una hora y estábamos arreglándonos.

—Espero que no —respondí.

—No me sorprendería que Tyler, Ben y los chicos lo hicieran —afirmó Angela.

—Tienes razón. Ellos lo harían.

Me senté en el suelo, frente al espejo de cuerpo entero, para aplicarme máscara de pestañas. Era extraño pensar que el sábado anterior estaba en la biblioteca. Parecía que había pasado casi una vida. Casi deseaba estar ahí en lugar de camino a una fiesta. Mi cabeza aún estaba zumbando por el partido de baloncesto y el hospital de la noche anterior.

—Yo me pido a Eric y a Alec esta noche —dijo Lauren.

—No puedes reservarte a dos personas —respondió Jess.

—Ya lo he hecho.

—Por mí vale. —Angela rio—. Habrá muchos otros para nosotras.

Lauren me miró con tristeza.

—¿Qué? —le pregunté.

—Siento que Mike no esté ahí para ti.

Mike. ¿Por qué estábamos teniendo una fiesta, otra vez? Me sentía muy mal.

—Él estará mejor en cualquier momento. Y entonces Tyler dará otra fiesta. Estoy segura.

—Entonces, ¿él te gusta? —preguntó Jessica.

Necesité un segundo recordar que ellas no sabían eso. Solo se lo había dicho a Angela. Esa era una conversación que había planeado tener en la cabaña; «pedirme» a Mike.

—Yo… sí. Me gusta.

—Eso creí. ¿Crees que a él les gustas? —Pensé en su madre diciendo que era su novia, dejándome entrar en su habitación del hospital y no a Angela.

—Eso creo —agregué mientras deslizaba la máscara de pestañas en su estuche.

—Me alegro por ti. Y por él. —Ella sonrió.

Presionó mi hombro y tuve la esperanza de que eso significara que estábamos bien, que ella estaría bien con que estuviera con Mike en el futuro.

—¿Estáis todas listas? —preguntó Lauren mientras deslizaba la camiseta elegida sobre su cabeza.

—Tanto como podría estarlo —murmuré.

Había logrado mantener la calma hasta cierto punto. Incluso en la casa llena de Tyler. Más que llena. Había tantas personas que supuse que muchas de ellas ni siquiera eran de nuestro instituto. Me disculpé mil veces con los padres de Tyler, que después se encerraron en su habitación para escapar del ruido. Deseaba que hubiera una habitación para que yo me encerrara también.

En cambio, estaba de pie en una esquina del sótano, con un Dr Pepper en la mano, observando a Angela y a Lauren hablar con Ben y Alec junto a la mesa de billar. Esa era mi clase de diversión; observar la fiesta desde la periferia. Deseaba haber llevado mi cámara.

—Pareces aburrida. —Jessica se acercó furtivamente a mi lado.

—No, estoy bien. Solo estoy tomándome un respiro.

—Deberías salir y bailar o algo.

—Creo que estoy bien aquí —dije con una mueca.

—Yo también estoy aburrida —admitió ella—. ¿Sabes quién hacía siempre que las fiestas fueran divertidas?

—Sí.

—Mike —respondió de todas formas.

—Es cierto. —Reí.

—¿Sabes lo que hizo en la hoguera de camino a la cabaña?

—¿Qué? —La hoguera que me perdí porque estaba encerrada en la biblioteca.

—Trepó a un árbol en la oscuridad, y nos asustó a todos.

—Pensé que estabas en su coche. ¿No lo viste trepar?

—No, estábamos intentando encontrar madera seca para encender el fuego. Y después, cuando todos nos reunimos, Mike comenzó a hacer ruidos extraños. Pensamos que era un oso o algo. Creo que hasta Tyler se asustó al principio.

—Pensé que había comenzado a nevar en cuanto llegasteis —dije tras beber un trago de mi Dr Pepper. Ella movió sus labios a un lado, pensativa.

—Comenzó unos veinte minutos después de que llegáramos.

—Ah. —No dejaría que eso hiriera mis sentimientos. Con Mike asustando personas y la nieve, era comprensible que no hubieran notado que yo no estaba allí—. No he escuchado el resto de la historia. ¿Qué pasó después de eso? ¿Después de que se fueran?

—Bueno, Angela dijo que probablemente habías bajado con Mike, así que deberíamos seguir sin ti. No estaba segura de por qué lo harías, pero lo supuse, ¿sabes?

Asentí.

—Y después condujimos hasta la cabaña. Como a las dos de la mañana, tus padres llamaron a Angela para preguntar si estabas allí. Supongo que eso fue justo después de que la policía encontrase tus cosas en el coche de Mike. Estaban destruidas.

Miré a mis pies. Realmente no necesitaba imaginar esa parte.

—Los caminos tenían demasiado hielo como para conducir esa noche, pero regresamos en cuanto pudimos a la mañana siguiente y pasamos los dos días siguientes buscándote en el río. —Ella cogió mi mano—. Fue horrible, Bella.

—Lo siento mucho.

—Sé que no querías esta fiesta, pero la verdad es que fue algo duro para todos nosotros. Tyler, Ben, Angela, Lauren, Eric, y probablemente muchas de estas personas que ni siquiera conoces, estuvieron allí afuera buscándote.—Mis sentimientos heridos se transformaron en pena. Ella tenía razón, estaba deprimida en una esquina, sintiendo pena por mí misma porque mis increíbles amigos quisieron hacerme una fiesta, y la mitad de estas personas habían estado buscándome en el río. Necesitaba encontrar a Tyler y darle las gracias.

—Dos días seguidos. —Angela apareció frente a nosotras antes de que pudiera moverme.

—¿Qué? —le pregunté.

—Es como un récord o algo.

—¿De qué estás hablando? —preguntó Jessica.

—Edward Masen.

—¿Él está aquí? —insistió Jessica.

Se me cayó el alma a los pies.

Angela se apartó y de inmediato lo vi al otro lado de la habitación. Necesité varias respiraciones profundas para darme cuenta de que no estaba solo. Una chica que no reconocía, de cabello corto y negro, estaba junto a él. Ella le contaba algo y él permanecía cerca, asintiendo. Su expresión no parecía rígida, como la última vez que había hablado conmigo.

Angela bajó la voz, como si él pudiera escucharla de alguna manera desde el otro lado de la habitación, con la música a todo volumen.

—No creo haber visto nunca a Edward en una fiesta. Me pregunto qué está haciendo aquí.

—Probablemente alguien lo ha invitado. —Pero ¿quién?

—¿Debería decirle a Tyler que guarde las cosas de valor? —preguntó Jessica.

Me ahogué y la miré seria.

—¿Qué? —dijo —. Estuvo en un centro de menores. Quién sabe por qué.

Casi había olvidado cómo hablaban de Edward. Solo eran palabras antes de conocerlo, pero ahora las sentía como un ataque.

—No creo que él haya robado nada nunca. Creo que estuvo en el centro de menores por golpear a alguien que lo merecía totalmente.

—Escuché que golpeó a un chico de primer año por mirarlo mal —dijo Angela.

—No lo hizo.

—¿Cómo lo sabes? —Angela me golpeó con su hombro—. ¿Te convertiste en una experta en Edward en la biblioteca? ¿Había una sección de Edward?—Se rio un poco, pero como no la seguí, se detuvo de pronto—. Espera… ¿lo hiciste?

—Algo así. Yo… —La música se detuvo justo en medio de una canción y el silencio invadió la habitación.

Tyler bajó las escaleras corriendo y gritando.

—¡Bella! ¡Bella! ¿Alguien ha visto a Bella?

—Ella está aquí. —Angela tomó mi brazo y lo elevó en el aire.

El temor estaba descendiendo lentamente por mi cuerpo, desde la punta de mi cabeza, llenando cada lugar, hasta mis pies.

—¿Qué es lo que quiere? —pregunté.

—Quién sabe. Es Tyler.

Eso era lo que me preocupaba.

—¡Es hora de tu discurso! —dijo él.

—Tyler, eres increíble y te agradezco la fiesta, en serio. Pero no me hagas dar un discurso —le dije en cuanto estuvo frente a mí.

—Fue un buen intento —sonrió—, pero todos en la habitación necesitan escucharlo. —Ben estaba junto a él y los dos me levantaron sobre sus hombros, sin dejar de gritar—: ¡Discurso! ¡Discurso! ¡Discurso!

Me aferré a sus hombros, con miedo de caer hacia atrás si giraban demasiado rápido. Lo que Jess acababa de decirme daba vueltas en mi mente.

Sé agradecida, me dije a mí misma. No seas una niñita. Puedes controlar esto. No lo pienses demasiado. El hecho de que mi mente lo dijera, no implicaba que mi cuerpo lo escuchara. Mi corazón de inmediato empezó a latir a toda velocidad. Tenía que decir algo, cualquier cosa, para que me bajaran. Tragué el fuego que estaba formándose en mi garganta y hablé:

—Es genial no estar muerta. —Todos aplaudieron—. ¡Sois los mejores! ¡Ahora, que empiece la fiesta! —Tyler y Ben me hicieron saltar arriba y abajo y alguien volvió a encender la música. Cerré los ojos. Finalmente sentí el suelo bajo mis pies. Abrí los ojos y trate de hacerme hueco entre cuerpos y manos, hasta que logré subir las escaleras y salir.

Hacía un frío polar, lo que significaba que muy pocas personas estarían fuera. Caminé hasta alejarme de todos, hasta la parte trasera de la casa de Tyler, detrás de un cobertizo. Me incliné hacia el suelo, porque pensé que vomitaría, pero nada ocurrió. Mi frente estaba resbaladiza por el sudor y la sequé, después me apoyé contra el cobertizo. Lo que me estaba sucediendo no era normal; tantos episodios juntos. Normalmente la medicina me mantenía bastante estable. Sabía que era el mayor nivel de estrés que había sufrido en mucho tiempo. Tenía que liberar algo. Necesitaba una válvula de escape.