Todos los personajes pertenecen a Sthephenie Meyer, y la historia a Kasie West.
Después de un tiempo, logré calmar mis emociones. Estaba regresando a la casa, con las piernas algo temblorosas, cuando vi a Edward de pie en el patio, mirando hacia el jardín.
Tenía que pasar junto a él, así que puse mi mejor sonrisa.
—Hola. No sabía que vendrías.
—Yo tampoco.
Miré alrededor y vi a varias personas del instituto fingir que no estaban escuchándonos. Eso debía molestarle, ya que al parecer no quería que las personas pensaran que tenía amigos. Le indiqué que me siguiera y lo hizo. Lo llevé a través de dos pasillos y abrí la segunda puerta a la derecha. El cuarto de lavado. Estaba vacío, justo como esperaba que estuviera. Era un poco pequeño, no era un buen lugar para escapar cuando necesitaba un espacio abierto, pero funcionaría en ese momento que solo necesitaba privacidad.
Cerré la puerta detrás de nosotros.
—Tus amigos no lo saben, ¿o sí? —preguntó él.
—¿Que estuviste en la biblioteca conmigo? No, nunca se los conté. —Sabía que él pensaba que se lo diría a todo el instituto, pero guardaría su secreto.
—No. Sobre tu ansiedad. No lo saben, ¿no es así?
—Ah. —Miré mis manos—. No.
—¿Por qué?
—No quiero que me traten diferente.
—¿Por qué? —insistió.
—Porque no. —Me apoyé contra la secadora.
—¿No? Sería mucho más fácil. —Señaló la puerta y supe que se refería a la escena de abajo, en la que apenas logré contenerme.
—No. Sé cómo controlarlo. —Al menos lo sabía en la mayoría de los casos. Últimamente no estaba segura. Él tampoco parecía convencido, lo que significaba que tenía que cambiar el tema—. Así que… —Estiré su camisa de franela—. ¿Qué haces aquí?
—Era la única forma de salir de la casa esta noche.
—Cierto. —Un rastro de decepción nubló mi sonrisa—. ¿Muchas reglas en el hogar?
—Tantas. Sería tu sueño hecho realidad. Reglas pegadas en cada superficie.
—Eso sí suena como un orden perfecto —sonreí.
Él rio, después miró la puerta cerrada detrás de él.
—¿Ella se va a enfadar porque la has dejado atrás?
—¿Quién? —preguntó él.
—Esa chica con la que viniste.
—¿Alice? No. Pero tendré que dejarle ver mi cara pronto. Estoy seguro de que hará un informe esta noche.
—¿Qué quieres decir? ¿Alice escribe informes?
—Vive en el hogar. El señor Cullen confía en ella. Ella quería venir aquí. Yo necesitaba cambiar de escenario.
—Bien.
—¿Qué hay de ti? Están dando una fiesta, tu novio debe estar mejorando.
—No. —suspiré—. No lo está. Y él no es mi novio. Tal vez nunca lo sea. Tal vez él se ponga mejor y las cosas nunca vuelvan a la normalidad. Tal vez se dé cuenta de que yo no le gusto. De que quiere vivir en Alaska o ser un artista de circo. Tal vez quiera ser libre. Como tú.
Edward no respondió a nada de lo que dije, solo asintió, pensativo. Su actitud relajada calmó mi tensión. Lo seguí, respiración por respiración hasta que mi mente volvió a estar en calma.
Mi teléfono vibró en mi bolsillo y me pregunté si Angela estaría buscándome.
Lo saqué y leí el mensaje. Era de la madre de Mike.
Mike ha abierto los ojos.
Mi pecho se expandió de alegría.
—¿Qué? —preguntó Edward.
Las personas comenzaron a gritar la noticia por el corredor del otro lado de la puerta. Tyler también debía haber recibido el mensaje.
—¿Mike? —volvió a preguntar Edward.
—Sí, él ha abierto los ojos.
—Eso es genial.
Aplaudí y los ojos de Edward se enfocaron en la pulsera rosa en mi muñeca.
Con su camisa de manga larga, no podía saber si él llevaba el suyo. Bajé mis manos.
—Sí, lo es. Supongo que regresaré al hospital esta semana para averiguar si quiere ser artista de circo o… —Casi termino la frase con mi novio, pero por alguna razón no pude. No con Edward mirándome de ese modo.
—Mejor me voy.
—Edward —dije justo cuando él tocó el picaporte. Me miró.
¿Puedo decirles a mis amigos que nos conocemos? ¿Que somos amigos? ¿Estás manteniéndome en secreto por alguna razón?
—Te veo el lunes. —Fueron las palabras que mi cerebro cobarde escogió.
Él salió y yo me volví a apoyar en la secadora y gruñí. La biblioteca había sido mucho menos complicada. Me enderecé, sacudí las manos y abrí la puerta. Casi choco con Tyler, que estaba caminando por el corredor.
—Oye —le dije.
Tyler entornó los ojos y no estaba segura de si eso significaba que había visto a Edward salir unos segundos antes que yo o solo que sentía curiosidad sobre por qué estaba saliendo de su cuarto de lavado. De cualquier manera, no hizo ningún comentario.
—Estuve buscándote. Pensé que te habías ido —dijo en cambio.
—Yo también. —Angela apareció detrás de él.
—Aquí estoy.
—¿Escuchaste las noticias sobre Mike? —preguntó él.
—Sí.
—Bien. Iremos al hospital mañana.
—¿Todos nosotros? —pregunté y dibujé un círculo en el aire con mi dedo, para señalar toda la casa.
—Bueno, no. Solo nosotros. Sus amigos cercanos. Tú, Jess, Lauren, Ben, Eric.
—Yo —agregó Angela.
—¿Ya ha salido de cuidados intensivos? —Si lo había hecho, yo no había recibido ese mensaje.
—Nop. Llenaremos la sala de espera con energía de amigos —respondió Angela.
—¿Contamos contigo? —preguntó Tyler.
—Sí. Allí estaré.
