Todos los personajes pertenecen a Sthephenie Meyer, y la historia a Kasie West.

Intenté encontrar un pretexto para irme a casa a la hora del almuerzo, pero eso solo habría corroborado la afirmación de Tyler. Aferré la bolsa con mi almuerzo y entré a la cafetería. El ruido me golpeó al principio, después los diferentes olores de la comida que competían; ese día era mayormente espagueti y ajo. Me mantuve concentrada y me acerqué a nuestra mesa.

Angela sonrió y se apartó para hacerme un hueco. Solo después de sentarme y de recorrer todos los rostros sonrientes que conversaban, noté que Tyler no estaba ahí. Eché un vistazo al comedor y tampoco lo encontré.

—¿Dónde está Tyler? —le pregunté a Angie.

—No estoy segura.

¿Así que él era el que escapaba ahora? Aclaré mi garganta.

—Siento haber sido la única que pudo ver a Mike anoche —dije a toda la mesa.

—No estoy molesta. —Jess dio una palmada a mi brazo—. Tú eres la que realmente puede marcar una diferencia. Os gustáis el uno al otro. Escuché que las emociones pueden tener un papel importante para la recuperación.

El resto del grupo intervino con varias versiones de que tampoco estaban molestos conmigo.

—Bella, la sanadora milagrosa —comentó Angela a mi lado con una sonrisa.

No estaba segura de si lo estaba diciendo por sanar a Mike o por arreglar las cosas con mis amigos. De cualquier manera.

—Aún tengo trabajo que hacer.

Angela tomó una de sus Oreos y me la dio, después, por qué estaba diciendo todo eso, agregó:

—Tyler es un idiota.

Sonreí y le di un bocado, feliz de saber que ella estaba de mi lado… si es que había lados. No, no había lados. Arreglaría las cosas.

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—¿Ha salido de cuidados intensivos? —Abracé a la señora Newton. No podía creer lo feliz que se sentía de estar en un piso diferente. Con sillas diferentes y un televisor diferente en la esquina.

—Sí. —Estaba radiante de emoción.

—¿Le ha escrito a Tyler? —Yo había recibido el mensaje después de instituto y esperé una hora antes de ir al hospital, porque quería darle tiempo a que él fuera el primero en verle.

—Sí, pero creo que tiene práctica de béisbol o algo.

—Ah. Correcto. —Maldición. ¿Ya habían empezado con eso? Parecía demasiado pronto. Debía ser la pretemporada—. Así que, ¿Mike ya está hablando?

—Está mucho más despierto, pero aun así duerme la mayor parte del tiempo. Los médicos le están suspendiendo poco a poco los medicamentos para el dolor. Creen que puede ser una de las razones por las que no está totalmente despierto. Ven. Él necesita verte.

Su nueva habitación era más pequeña y tenía menos máquinas. Y había una ventana que daba al aparcamiento. Me senté a su lado y cogí su mano.

«Oye, Mike. Te echamos de menos. Tienes que ponerte bien. Tal vez puedas hablar con Tyler y decirle que soy un ser humano decente. Él parece pensar otra cosa ahora. Es una buena razón para hablar, ¿no crees? Por mi bien».

Otra buena razón para hablar era que yo dejara de decir bromas tan malas.

Eso sería por su bien, por supuesto. Claro, si él había escuchado alguna de ellas.

Él emitió un pequeño gemido y mi corazón dio un brinco.

«¿Mike?».

Giró su cabeza poniéndola de su lado y sus ojos se abrieron. Su madre me había dicho que estaba más despierto, pero no había anticipado lo claros que se verían sus ojos. Como si realmente pudiera verme. La alegría me invadió.

«Hola», le dije en voz baja.

Una sonrisa se dibujó en sus labios.

«Tu madre estaría muy feliz si hablaras. Ver tus increíbles ojos es suficiente para la mayoría de nosotros, pero no para ella, al parecer».

Él apretó mi mano y volvió a cerrar esos ojos. Esperé, con la ilusión de que solo necesitara descansar por un minuto, pero no volvió a abrirlos.

Estaba sintiéndome muy bien por las noticias que podría darle a la señor Newton, hasta que llegué a la sala de espera y vi a Tyler esperando para hablar con ella. Estaba discutiendo con el médico.

—Tú tenías que ir primero —dijo Tyler entre dientes cuando me acerqué a él.

—Intenté esperar. No me di cuenta de que las prácticas de béisbol ya habían comenzado.

La señora Newton se acercó a nosotros.

—Parece que el médico cree que es importante que no tenga demasiada actividad en su habitación todavía. Quiero que todos podáis verlo, pero tendremos que reducir las visitas al mínimo. Un invitado extra por día.

—Tyler todavía puede verlo hoy, ¿verdad? —le pregunté, en pánico.

—Sí, por supuesto. Pero ¿podéis hablar con sus amigos para que no reciba demasiadas visitas?

—Sí —respondí y me mordí el labio—. Es decir, sí. Tyler puede organizar un cronograma.

—¿Lo harías, Tyler? —preguntó la señora Newton.

—Sí —respondió simplemente.

—Mejor me voy —dije. La señora Newton no necesitaba mis noticias. Nada nuevo había pasado—. Que tengas una buena visita.

Tyler solo asintió. Había querido arreglar la situación, pero de algún modo la había empeorado.