.

.

.

Los personajes no me pertenecen, ellos son de la autoría de la grandiosa Rumiko Takahashi.

.

.

.

.

Dicen que no hay amor ni pena que dure toda la eternidad.

Entonces ¿Qué era lo que sentía en ese momento? La mujer de cortos cabellos azulados sonrió para ella misma, recordando uno de los momentos más significativos de su corta vida. Quien diría que ella misma respondería a sus preguntas raras.

Un amor triste – dijo en un susurro, mientras que las lágrimas caían lentamente, como si ellas dibujasen la más triste de las penas – un amor triste, Ranma.

Un amor triste

Los últimos rayos solares entraban por la ventana, al darse cuenta lo tarde que era corrió con todas sus fuerzas hasta donde estaba él. Como pudo abrió la puerta y la imagen del hombre que le robaba el sueño no estaba. Lo buscó hasta el cansancio por toda la azotea, pero no había indicios de que él estuviese ahí ¿habría ella llegado tarde? O ¿él se arrepintió? Sacudió la cabeza y despejó esas ideas.

Él prometió siempre sostener mis manos, no es hora de dudar Akane – se sentó sobre el duro suelo de cemento mientras que el viento cada vez se volvía más fuerte y helado - ¿por qué tardas tanto Ranma?

Hace más de un mes que no lo había visto, según él debía arreglar unos asuntos con Dios, puesto que su adorado prometido no era más que un hombre castigado por los dioses, tal era el crimen que él había cometido en su vida anterior que debía pagarlo con la eternidad, viendo nacer y morir a todos los seres que él amaba. Un Dios malo, no, era solamente Dios.

Aunque tanto Ranma como Akane peleaban por todo, los dos se amaban con locura, él le dijo que ella había nacido para salvarlo, ella era la única que podía poner fin a su eternidad.

¿A qué se refería? – recordó la mujer - ¿acaso él moriría? – se espantó de sólo pensarlo. Si fuese el caso, él se lo hubiese dicho desde hace mucho. No había secretos entre los dos.

Vio su reloj y marcaban las seis y media de la tarde, los últimos rayos cada vez se veían menos, dejando una mancha anaranjada sobre el cielo – precioso – pensó.

Precioso es lo que ven mis ojos, boba – la voz cantarina del hombre la sacó de su ensoñación.

¡Ranma! Pensé que te habías olvidado de nuestra cita – guardó silencio mientras pensaba algo – bueno, si a esto le llamas cita – el hombre se encogió de hombros – y bueno dime, a donde vamos, porque no creo que nos quedemos aquí toda la noche ¿no?

No hay necesidad de ir a ningún lado, pequeña.

¿Pequeña? Ahora tienes un nuevo apodo para mí… - quiso seguir hablando, pero los ojos azules inyectados en dolor la callaron rotundamente. Dio un paso hacia atrás negando con la cabeza.

Es hoy, Akane – sentenció con esa voz tan varonil que tenía.

¿Hoy? ¿a qué te refieres? No me asustes.

No hay nada de que asustarse, es algo que – su vista se dirigió hacia el cielo soltando un suspiro – es algo que iba a pasar tarde o temprano.

¡No! – el hombre enfocó su mirada de golpe sobre la mujer de cabellos cortos – no pretendo escucharte, no quiero saber lo que me quieres decir porque presiento que será triste.

Akane, yo…

Te he dicho que no quiero escuchar.

Terca. De igual forma no hay vuelta atrás, lo único que quería en este momento era verte por última vez, ver tu sonrisa, ver tus hermosos ojos avellanas, escuchar tu voz, discutir contigo aunque sea lo último que escuche – la mujer se paralizó completamente mientras apretaba con fuerzas su falta – no queda mucho tiempo, es hora de que parta y pague mi condena – Ranma la miró con infinito amor, acercándose hasta estar a escasos centímetros de ella para poder secar sus lágrimas, que ya se estaban acumulando en sus ojos.

No me dejes Ranma, me prometiste quedarte a mi lado – habló bajito, intentando reprimir el dolor que le embargaba toda esta situación.

Ranma sonrió tristemente, negando con la cabeza, su característica trenza se batió con el viento - Akane, sabes que es imposible ahora, debes seguir adelante. Una vez que desaparezca de este mundo, también saldré de tus recuerdos.

¡No! Podrás salir de mis recuerdos, pero jamás de mi corazón, quédate conmigo, te lo suplico – por más que él quisiese quedarse no podría estar al lado de su prometida. La mujer en su desesperación lo rodeó entre sus brazos, mientras trataba de ralentizar la muerte de su amado, escuchando el acompasado sonido de su corazón – no te vayas, no me dejes.

Ese es mi destino, no puedo cambiarlo. No te preocupes, en nada no volverás a llorar como lo estás haciendo ahora, no habrá un cuerpo al que deberás velar, no existirá evidencia de que yo existí. Lo único que pude hacer por ti en esta vida es, hacerte sufrir.

No digas tonterías ¿recuerdas cuando me dijiste que no había amor ni pena que dure la eternidad? Si que la hay Ranma, me la pasé pensando por mucho tiempo y mi respuesta es un amor triste, yo te amo, no te vayas. No permitas de que sea triste.

Los ojos del pelinegro se llenaron de lágrimas por primera vez, sonrió como pudo, tragándose sus sentimientos y le susurró al viendo – yo también, volveré a ti, mi amor – para luego desaparecer y volverse uno solo con el. Dejando a Akane parada y con los brazos extendidos.

La joven de ojos avellana ahogó un grito de dolor mientras se mordía los labios hasta hacerlos sangrar. La mujer cayó de rodillas y se meció en posición fetal intentando aferrarse a los recuerdos que compartió con él – "yo soy el viento" – le dijo una vez y ella no lo dudaba, sentía su calor, pero era tan doloroso como verlo morir otra vez. Como pudo fue hasta su bolso y sacó su celular, necesitaba guardar todo sobre él, antes que desaparezcan sus recuerdos. Grande fue su sorpresa que hasta las pocas fotos que se tomaron, se estaban borrando, antes de que se borre todo pudo grabar una última nota de voz – "Él es el viento y volverá a mi como siempre lo prometió" – y con esas últimas palabras cayó rendida sobre el suelo.

.

.

.

Las hojas de otoño cayeron, las estaciones pasaron y la vida siguió su curso, la pequeña mujer de mirada tierna y vivaz hace mucho que había perdido su brillo, ni ella misma entendía el porqué no soportaba escuchar aquel audio con su propia voz, era tan insoportable el dolor en su corazón que ardía, sus ojos se llenaban de lágrimas y no paraba hasta que el cansancio la vencía. Sus amistades le aconsejaban llevar terapia, no era normal que esté sumida en una depresión tan fuerte. Lo intentó varias veces, pero ¿qué le diría al terapeuta? Lloro por escuchar un audio, me siento triste porque siento la brisa sobre mi rostro, lloro tratando de recordar algo que ni recordaba. Todo era un maldito lío dentro de su cabeza. La Akane Tendo de hace 5 años había desaparecido y lo peor es que sabía que algo había olvidado, pero nadie ¡absolutamente nadie! Sabía de qué se trataba, era como si ella sufriese sola.

Tomó la carta que estaba sobre su mesa de noche, su hermana se la había hecho llegar, según ella, aquel escrito estuvo refundido entre los muebles de la casa que antes compartía con sus padres. Con pesadez se paró de la cama para abrir el sobre y disponerse a colorarse las gafas.

Tenía un extraño cosquilleo dentro de su estómago y en su mente se repitió "ridícula" ¿qué esperaba? ¿encontrar la respuesta a su perdida de memoria? No lo sabía, pero de todas maneras desdobló las hojas y empezó a leer.

Para Tendo Akane, mi prometida.

Dios me dijo que conocería el amor más hermoso y no se equivocó, pero lo que él no me dijo es que el amor duele.

Te debes estar preguntando ¿quién es este que escribe tonterías? Pues no sabes lo que me está costando escribir todo esto porque posiblemente ni me recuerdes y eso me tranquiliza un poco, no estarás sufriendo.

Dios me dijo que, si yo me iba, tú vivirías una vida feliz y es por ello que estoy satisfecho con mi elección, por más que no entiendas todo esto, sólo deseo que sepas que siempre estaré para ti, como el viento. Todo fue equivalente, no permitiría que tú murieras por mi causa, no podría estar en vida toda la eternidad sabiendo que la única mujer a la que amé se sacrificó por mí.

Si encuentras borrones sobre esta hoja, puede ser que no aguanté las lágrimas y cayeron encima de esta.

Sabes, eres una mujer increíble e increíblemente celosa, intenté darte todo, pero nunca fui suficiente para ti desde mi perspectiva, siempre te vas a merecer lo mejor, Akane.

Nunca me arrepentiré de dar mi vida por ti – Akane estaba tan impactada con lo que leía que ni las lágrimas salía, sólo estaban amontonadas en sus ojos impidiendo que lea a la perfección – vive, vive bien, sonríe y sé feliz, disfruta todo lo que puedas. Te voy a querer siempre, estaré siempre contigo porque yo soy el viento. Dios es bueno y seguro que nos veremos en una próxima vida, porque este amor triste no puede seguir por toda la eternidad.

Dolorosamente los recuerdos fueron llegando uno a uno, cada uno más y más doloroso, pegó la carta sobre su pecho y una ligera brisa rosó su mejilla que ahora estaba empapada en lágrimas – Ranma – susurró mientras sentía como su corazón se quebraba aún más, ahora entendía el porqué de tanto dolor, ahora entendía las horas y horas de llanto incontrolable, ahora sabía porqué sentía esa pena tan grande – mi Ranma ¿por qué lo hiciste? Te extraño tanto. Pero tienes razón, Dios es bueno.

Dicen que no hay amor ni pena que dure toda la eternidad.

Un amor triste, un amor triste Ranma. Nos volveremos a ver, esperaré con ansias el día en que nos encontremos otra vez.

Fin.

Oneshot escrito únicamente con el fin de retomar los fanfics jejeje, no prometo nada wow porque ya saben, no soy buena haciéndolo.

Este pequeño trabajo está inspirado en una escena del dorama Goblin: el eterno Dios Inmortal. Es la tercera vez que me veo este drama y no saben el cariño que le tengo y más cuando sale la canción de Ailee "I Will go to you like the first snow" es preciosa y muy triste. Se los recomiendo y a la cantante más, su voz es preciosa y genial.

Pueden seguirme en mis redes sociales:

Instagram: Note Hana (ya estamos por llegar a los 500 muchas gracias por el apoyo)

Twitter: Hana Note.

Facebook: Hana Note Fanarts.

Estaré subiendo una página de un doujinshi por semana.

Espero que sea de su agrado, los leo. Hasta luego.

Hana Note.