Todos los personajes pertenecen a Sthephenie Meyer, y la historia a Kasie West.

Había besado a Edward. ¿Qué significaba eso? ¿Él querría que estuviéramos juntos? ¿Y yo? Mi cabeza dio vueltas toda la noche con esa y otras ideas. Tantas cosas que mi cabeza parecía a punto de estallar. La culpa revolvió mi estómago hasta que sentí que iba a vomitar. Intenté decirme a mí misma que Mike y yo no estábamos juntos, que nunca estuvimos juntos, para que no hubiera necesidad de sentir culpa. Pero me gustaba Mike. Había planeado durante meses estar con él, casi un año. Lo que fuera que estuviera pasando entre Edward y yo no podía ser. Sin mencionar que si me alejaba de Mike en ese momento, todos me odiarían. Todos mis amigos pensarían que era una mala persona. Tyler solo demostraría que tenía razón. ¿Y si Edward quería que me alejara de Mike? ¿Besarse significaría algo para él o solo sería otra distracción? Me alegró de que fuera fin de semana, porque apenas había podido dormir.

A la mañana siguiente, bajé un tazón de la alacena sintiéndome como una zombi. Mi madre tenía una olla con avena lista en la cocina y me serví dos cucharadas. Ella llegó tarareando justo mientras me servía la quinta cucharada de azúcar moreno.

—¿Quieres algo de avena con tu azúcar? —preguntó.

—Muy graciosa, mamá —le dije al servirme una cucharada más, después revolví hasta que mi avena se volvió oscura.

—Pareces cansada.

—Lo estoy. —Mi pecho estaba tenso por la sensación familiar de ansiedad.

—¿Todo está bien?

—Solo tengo un problema sin solución. —Quería gritar que no. Pero ¿después qué?

—¿Algo en lo que pueda ayudar?

—Eso desearía.

—Pruébame. Tu madre es buena para encontrar soluciones.

—¿Mi madre? —Miré alrededor, bromeando—. Entonces mejor la busco.

—No hay nada de malo en hablar en tercera persona.

—Estoy bien, mamá. En serio. —Era algo que solo el tiempo podría resolver.

—Ha sido genial verte esta semana, hermana. —Mi hermano Emmett pasó junto a mí en mi camino al baño.

Sabía que estaba siendo sarcástico. Apenas había estado en casa y ya era sábado y él estaba enfadado.

—Lo siento. —Sentí que siempre estaba disculpándome con alguien—.Hagamos algo ahora.

—No puedo. Tengo planes, de hecho.

Mi teléfono sonó con el nombre de Angela brillando en la pantalla.

—Hola —contesté.

—¡Hola! Hoy es mi día en el hospital y quiero que vengas conmigo.

Cerré los ojos. Era el momento de decir que no, cuando sabía que debía quedarme en casa. Pero después pensé en la hora y media de camino hasta el hospital y de regreso y en cuánto necesitaba hablar con alguien, así que me descubrí diciendo: «De acuerdo».

Una ligera nevada cubría el parabrisas mientras Angela y yo conducíamos en la autopista hacia el hospital. La calefacción del coche de Angela había dejado de funcionar, así que el radiador estaba soltando aire frío y las dos estábamos temblando. Le di tres vueltas a la bufanda alrededor de mi cuello y después dije: «Besé a Edward». Probablemente no fueran las mejores condiciones para decirle algo sorprendente a alguien. Aunque el coche solo viró un poco con su reacción y ella lo corrigió de inmediato.

—¿Qué? ¿Cuándo?

—Anoche. Nos besamos.

—Así que… ¿ya no es una distracción?

—No lo sé.

—¿Por Mike?

—No lo sé. No sé lo que siento por nadie en este momento.

—Creí que estabas enamorada de Mike antes del accidente.

—Enamorada no… me gustaba mucho.

—Pienso que Edward te ha jodido. Si él no estuviera en escena sabrías exactamente lo que sientes.

—¿Eso crees? —Probablemente tuviera razón sobre eso.

—Conoces a Edward desde hace unas semanas, Bella. Semanas. Conoces a Mike desde hace años. Edward es solo un nuevo y reluciente juguete. Mike es alguien que encaja contigo. Con todos nosotros.

—Siento que debo contarle a Mike lo de anoche, de todas formas. Lo que pasó con Edward. No quiero ser deshonesta.

—Creo que deberías pensarlo un poco más. Decide lo que realmente quieres. Antes de hablar con él.

—¿Me odias? —le pregunté.

—¡No! ¿Por qué te iba a odiar?

—No lo sé. Mike es tan agradable y todos lo quieren y yo he hecho una estupidez.

—Bella —ella se extendió y presionó mi mano—, tú eres mi mejor amiga. Nunca te odiaría. Soy del equipo Bella sin dudarlo. Sin importar lo que decidas, estaré de tu lado.

La madre de Mike, como siempre, nos recibió con un abrazo cuando llegamos.

—Él tiene una sorpresa para vosotras —dijo.

—¿Una sorpresa?

—Vamos. —Nos guio hasta la puerta de la habitación del hospital—.Esperad aquí.

Nos quedamos en el pasillo y ella desapareció en la habitación.

—¿Cuál crees que será la sorpresa? —preguntó Angela.

—No tengo ni idea.

Unos minutos más tarde, la puerta se abrió y Mike apareció sentado en una silla de ruedas.

—Mirad quién puede salir ahora.

Él parecía mucho más despierto y alerta. Las drogas que le habían estado metiendo después del accidente debían haberse diluido casi por completo.

—Es increíble —afirmé.

—Id hasta el final del corredor.

—¿Qué?

—Id hasta el final del corredor y esperad ahí. —Nos ahuyentó sacudiendo su mano.

Angela y yo seguimos sus indicaciones, caminamos hasta que estuvimos a unos quince metros de distancia, después nos volvimos para enfrentarnos a él.

Su madre fue detrás de su silla de ruedas y la volvió en nuestra dirección. Él se inclinó, levantó los reposapiés, después se levantó.

—No vas a hablarle de Edward ahora, ¿o sí? —preguntó Angela por lo bajo.

—Nunca en la vida.

Angela me ofreció una sonrisa compasiva y después volvió a mirar a Mike.

—Es increíble.

—Esperad y veréis. —Después caminó varios pasos inestables en nuestra dirección. Pasos que me hicieron desear correr hacia él y coger su brazo para que no se cayera. Pero vi que su madre se apresuró a colocarse a su izquierda, para asistirlo si era necesario, así que me quedé donde estaba. Él recorrió todo el camino hasta nosotras, después me envolvió en un abrazo y se apoyó un poco en mí para tener equilibrio.

—Estoy tan orgullosa de ti. —Palmeé su espalda. Y lo estaba. Tan orgullosa. Tenía que estar ahí para él mientras terminaba su recuperación.

Decirle que no estaba segura de en qué punto estábamos o de cómo me sentía no sería de ayuda en ese momento. Eso podría esperar. O tal vez pudiera descifrar mis sentimientos y darme cuenta de que Mike y yo debíamos estar juntos.

En el tiempo que duró el abrazo, su madre ya había posicionado la silla de ruedas detrás de él y yo lo ayudé a sentarse. Él estaba radiante.

—¿Las chicas pueden llevarme a dar un paseo alrededor del hospital, mamá? —preguntó.

—Por supuesto. Compórtate. —Lo apuntó con un dedo como si supiera la clase de problemas en los que Mike podría meterse.

—Como siempre, mamá. —Él solo sonrió y la miró con expresión inocente.

Hola otra vez! Al paso que vamos, esta historia se termina hoy o mañana. De verdad les agradezco el que sigan con la trama, y OnlyRobPatti y a todos que tuvieron que esperar tanto, una sincera disculpa, no hay excusas ... pero me dije que debía terminarla, aunque haya pasado ya, largo tiempo y aquí estamos :(

Nos seguimos leyendo¡¡!