Capítulo 3

Naruto Uzumaki estaba sentado frente el escritorio en el despacho de su cuñado revisando unos contratos de los que Frederick le había pedido que se ocupara. Ahora poco más podía hacer salvo ayudar en lo que estuviera en su mano, y al menos eso le distraía. Cualquier cosa para mantener su mente despejada de cualquier sentimiento auto destructivo. Su situación actual distaba mucho de ser ideal, pero por el momento permanecería una temporada en la casa de Chester Square y luego ya vería. No quería convertirse en una carga para la familia. Una cosa era quedarse durante sus visitas al país y la otra afincarse allí para siempre. Aunque Karin le había asegurado una y otra vez que su presencia siempre era bienvenida, él se sentía incómodo por la situación, pero reconocía que todo estaba dentro de su cabeza. Se notaba que su hermana, los niños e incluso su cuñado se sentían contentos por tener lo ahí. Si no fuera por ese condenado incidente, su vida sería muy diferente y tendría unas metas por las que luchar. Sin embargo ahora...

De repente, sus pensamientos se vieron interrumpidos por unas voces procedentes de la parte delantera de la casa. Naruto arrugó el entrecejo. ¿Karin tendría visita? Porque si se trataba de algún amigo o conocido de la familia prefería no salir y encontrárselo. Es más, en aquellos pocos días que llevaba en Inglaterra había tratado de evitar el contacto con cualquier persona que no fuera su familia o los sirvientes de la mansión.

Quería apartarse de los cotilleos pero, sobre todo, no quería tener que dar explicaciones. Su estado de ánimo seguía siendo bajo, por no decir pésimo y lo último que necesitaba para su recuperación era estar en boca de todos. Oyendo las voces cada vez más cerca,Naruto se levantó apoyándose en respaldo de la silla. No había tenido tiempo de enderezarse del todo cuando la puerta del despacho se abrió de golpe. A punto estuvo de perder el equilibrio. Tuvo que agarrarse con fuerza a la silla y al escritorio de madera. Alzó el rostro con expresión irritada por aquella brusca interrupción y se enfrentó a la persona que lo había apartado de sus tareas. Fue entonces cuando el corazón se le detuvo .Hinata. Su adorada Hinata. La única mujer que le robaba el sueño; la única en la que no deseaba pensar. A pesar de la ira que reflejaba su rostro, Naruto se dio cuenta de que su aspecto seguía exactamente igual de como él lo recordaba. Era como si su separación no hubiera hecho mella en ella. Él, por el contrario, lucía más demacrado y con evidentes muestras de fatiga. Se quedaron, durante unos instantes, observándose el uno al era una mujer imperfecta: menuda, sencilla en su manera de vestir y nada bella. Hasta un ciego podía darse cuenta. No poseía unos pómulos altos dignos de admirar ni unos labios seductores. Todo lo contrario. Su aspecto era vulgar, por lo que muchos caballeros habían decido no prestarle atención. Pero a Naruto nunca llegó a importarle aquella fachada, ya que le impresionó más su decidido carácter y su noble alma desde el primer momento en que la conoció. No hubiera podido amarla más ni aunque ella fuera la mujer más hermosa de todos los embargo, ahora las cosas eran distintas. Al igual que él, Hinata pareció haberse petrificado bajo el marco dela puerta. No obstante, fue la primera en recuperarse de la impresión y hablar.

—Es cierto... —murmuró para sí misma con una voz cargada de reproches

—. Estás en Londres. Naruto no supo qué contestar a aquello, ya que no se había preparado para volver a verla. Creía que su carta había sido lo suficiente explícita y dañina como para mantenerla alejada de él para siempre. Era lo que esperaba en su fuero interno, ¿no? Tragó saliva. Su peor pesadilla acababa de cobrar vida. Si se empeñaba en que le diera explicaciones por su pésimo comportamiento estaría en dificultades. Detrás de la joven apareció su hermana con el rostro desencajado, dispuesta a intervenir si fuera necesario, pero se lo pensó mejor y optó por una retirada estratégica.

—Será mejor que os deje solos —hizo un gesto para intentar cerrarla puerta, pero Hinata no se había movido ni una pulgada del marco, por lo que desapareció sin más, echando a los sirvientes que se habían congregado en el corredor.

—No creí que tuvieras la vergüenza de volver —logró decir Hinata irguiéndose con toda la dignidad que pudo y mirándolo a los ojos sin ni siquiera parpadear.

—. Por lo menos no por un tiempo. —Esperó su respuesta durante unos segundos, pero esta nunca llegó

—. ¿Es que novas a decir nada? —preguntó

—. ¿De repente te ha entrado timidez? No creí que alguien tan miserable como tú pudiera sentirla.

— ¿Qué haces aquí? —le espetó Naruto con dureza a sabiendas. Ella abrió los ojos de par en par, desconcertada.

— ¿Que qué...? ¡Dios, eres abominable! ¿Por qué crees?

—Te lo dejé muy claro en la carta que te envié, no quería... —prosiguió él, tratando de no dejarse dominar por los sentimientos. Era muy bajo, rastrero, tener que tratarla de ese modo; la culpabilidad le acompañaría hasta el fin de sus días. No obstante, sabía que era el único modo de deshacerse de ella.

— ¡Me importa un rábano lo que tú quieras! —lo interrumpió furiosa y con las mejillas encendidas

—. ¿De verdad crees que me conformaría con un «lo siento» después de romper nuestro compromiso de un modo tan mezquino?

—Comportémonos de forma civilizada. —Naruto trató de apaciguarla, aunque sabía que eso no serviría de mucho. Había hecho lo que creía que era mejor para ambos de la forma menos traumática, si bien era normal que ella estuviera despechada. ¿Quién no lo estaría en su lugar? Naruto le había prometido una vida llena de amor y se había desdicho sin que Hinata lo esperara. Tenía suerte que fuera ella y no su padre con un arma en la mano.

—Por supuesto, sobre todo no perdamos los modales —le respondió de forma irónica. Luego su rostro se endureció

—. ¿No crees que por lo menos merezco una explicación? ¿O acaso todo eso ha sido alguna especie de espeluznante experimento? ¿Es que te gusta jugar con las mujeres y luego desecharlas? Él se horrorizó.

— ¡Cielo Santo, eso no es así para nada! Deberías conocerme mejor.

— ¡Ah, sí! —Hinata se le soltó una risita sarcástica

—. Esperas demasiado de mí. ¿Es que me crees una santa para hacer como si nada?—No, de verdad entiendo que estés molesta...

—Eso es quedarse muy corto —le avisó. En ese momento sus emociones estaban entremezcladas y aunque una parte de ella quería abofetearlo, otra se debatía por lanzarse a sus brazos. A pesar de lo que le había hecho, de la frustración y de la rabia, sus sentimientos por él apenas habían cambiado. Lo amaba y daría lo que fuera por que todo volviera a ser como antes.

—Mira,Hinata , yo no planeé que las cosas sucedieran así —le aclaró Naruto con total sinceridad.

— ¿No crees que por lo menos merecía que me hubieras dejado de frente, como lo haría cualquier hombre decente?

—Supongo que sí —le concedió. Estaba convencido de ello, pero entonces Hinata se hubiera dado cuenta de muchas cosas y romper el compromiso sería del todo imposible. Así que había preferido usar una carta a sabiendas de que le odiaría por ello y le resultaría más fácil retomar su vida. Sin embargo, no le dijo nada de aquello.

—. Hice lo que hice porque no deseaba alargar la situación de forma innecesaria. No llevo en Londres ni diez días. ¿No crees que hubiese sido más cruel hacerte esperar hasta mi regreso?

—Pues al final lo que has conseguido es que me sienta humillada —declaró con total sinceridad. Para ella aquella carta significaba que le importaba bien poco.

—Lo siento. Siento lo que te he hecho. Siento que sufras por mí. —Era lo último que quería, pensó con una emoción que no dejó traslucir. Prefería que pensara que era frío a dejarle descubrir la verdad.

— ¿Me has querido alguna vez? —le preguntó, arrepintiéndose al momento de mostrar su vulnerabilidad. Si decía que no, se moriría .Naruto apretó la mandíbula. Vaya, Hinata sabía ser directa.

—Eso ahora carece de importancia. —No era el motivo por el que se alejaba de ella. Hinata se dio cuenta de que su antiguo prometido no quiso decirle ni que sí ni que no y se descompuso. Sintió unas repentinas náuseas y sus piernas se aflojaron. Ni siquiera la ira era suficiente como para mantenerla fría y serena. Fue desgarrador evidenciar lo poco que significaba para el hombre que era todo para ella, así que sus ojos se humedecieron, cargados de dolor. Viéndola en aquel estado, Naruto se compadeció. Comprobó cuánto la había herido era peor de lo que había imaginado. Verla de esa forma le producía un dolor casi físico, porque el sufrimiento de Hinata también era de él. A punto estuvo de echarse atrás en su resolución, pues sus fuerzas flaqueaban.

—Sí, te quería —murmuró con un hilo de voz, rezando por que se conformara con lo poco que tenía y se marchara. Cuanto más pronto se diera cuenta de que lo suyo estaba muerto, antes lo superaría—. Me enamoré de ti la noche en que nos conocimos. Ella ahogó una exclamación ante la noticia y su corazón empezó a latir de un modo descontrolado. Era la primera vez que se lo decía.

— ¿Entonces? —logró pronunciar con voz las timera. Naruto desvió la mirada hacia el suelo. No quiso hacer hincapié en ello, ya que su intención consistía en dejarlo en el pasado, por el bien de ella.

—De verdad quería empezar una vida contigo. —Levantó la vista y la miró fijamente a los ojos sin rehuir su mirada. Ella por lo menos merecía aquello—. Sin embargo, las cosas ahora son diferentes.

— ¿En qué sentido? —quiso saber, todavía afectada por sus palabras. Sin poder tomar el control sobre sus propios sentimientos, una pequeña esperanza comenzó a nacer dentro de ella

—. Porque podemos recuperar lo que teníamos. —Si de verdad la había amado como le decía, todavía estaban a tiempo de solucionarlo. Su rabia inicial había disminuido y ahora estaba segura de que su compromiso no había sido una farsa

—. Comprendo que lo que sentías por mí haya ido decayendo a causa del tiempo y la distancia, pero ahora que ya estás aquí...Naruto se dio cuenta de que Hinata no le había comprendido bien. Lo último que le faltaba era ilusionarla de nuevo. ¿Cómo podría entonces olvidarle? Soltó una maldición por lo bajo. Su plan inicial —romper el compromiso por carta y no volver a verla jamás— se desmoronaba por momentos y él era un maldito tonto por pensar que se saldría con la suya con tanta facilidad. ¿Cómo podía decirle a aquellos ojos suplicantes que su vida sería mejor si no estaba a su lado?

—No creo que eso sea posible —aseguró tajante, aunque le estaba costando bastante combinar la fantasía con la realidad, dibujar la línea divisoria. Temía acabar confesándole que nunca había dejado de amarla.

—. No es algo que se arregle con un par de paseos. —El amor no desaparece con tanta facilidad —aseguró Hinata con cabezonería. Naruto estaba de acuerdo, pero no iba a discutirlo con ella

—. Confía en mí, lo sé. Él negó con la cabeza para no darle alas.

—Hinata, mis sentimientos por ti murieron hace tiempo y no hay nada que pueda hacerse para remediarlo. No quiero darle más vueltas al asunto. Ella, que había permanecido quieta en el mismo sitio desde el primer instante que entró en el despacho, se fue acercando hasta que solo el escritorio los separó y puso las palmas de las manos sobre la pulida , por su parte, se aferró a aquella barrera a modo de escudo.

— ¿Por qué? No lo entiendo. Me dices que me querías, ahora parece que ya no y yo solo intento que tengamos una segunda oportunidad. Te amo, Naruto —confesó.

— Nunca he dejarlo de hacerlo y estoy dispuesta a intentarlo de nuevo. ¿Por qué te empeñas en negarnos la oportunidad de ser felices? Naruto no se dejó conmover. Su voz sonó fría a propósito.

—Porque sé con seguridad que nunca volveremos a recuperar lo que tuvimos.

—Por favor, Naruto. Por favor —le pidió suplicante. Estaba en dificultades, cualquier maldito idiota, tarado y testarudo podía darse cuenta. Hinata lo tenía contra las cuerdas y no sabía cómo salir del embrollo en el que él mismo se había metido. Deseaba que la joven fuera feliz. Era lo que más deseaba, dadas las circunstancias. Y sabía con seguridad que la felicidad de ella le causaría aflicción a él, pero Hinata lo merecía todo. Y Naruto no era el hombre adecuado para proporcionárselo. No estaba en condiciones de hacerlo. Así que pensó un modo rápido de solucionarlo. Lo malo era que no había tenido tiempo de meditarlo.

—Yo... —por un momento las palabras se le atragantaron

—. He conocido a otra —soltó de improvisto. Tan pronto terminó de decirlo se arrepintió al contemplar el cambio en el semblante de la joven. Estaba lívida. Hinata sintió un intenso dolor en la boca del estómago y en su mente se agolparon mil preguntas que era incapaz de pronunciar en voz alta. Durante las últimas semanas había imaginado mil y un motivos a los que achacar el abandono de Naruto. Y sí, debía reconocer que la idea se le había pasado por la cabeza, pero que aquello se convirtiera en una realidad era demoledor. Imaginar a su amado en brazos de otra mujer, que pudiera reír con ella, incluso besarla, era más de lo que podía soportar.

—Nunca debí haber venido —logró decir sin apenas inflexión en su voz. ¿Cómo sería ella? Se preguntó al instante. Lo más seguro es que se tratara de una mujer mucho más hermosa, más educada, más rica. Quizás alguien a quien admirar. Una mujer con la que Naruto se sintiera orgulloso de estar y contemplar. No como ella, que era fea. ¿Quién querría estar con alguien como ella pudiendo elegir a alguien mejor? En aquel momento se sintió como un despojo. Ya no le quedaban fuerzas para saber, ya todo le daba igual. Contuvo un sollozo y se dijo a sí misma que aquello era el final. Ya no importaba quién era la mujer que lo había conquistado, dónde la había conocido o lo que fuera. Allí ya no había nada para ella. Lo miró con lágrimas en los ojos y ni siquiera se despidió, dio media vuelta y se marchó aprisa por donde había venido .Naruto, sujeto a la emoción que lo embargaba, estuvo a punto de gritar su nombre y detenerla. Era atroz lo que acababa de hacer con ella y la palabra «canalla» se le quedaba muy corta. Sin embargo, su voz interior y al parecer la más cruel, le advirtió que no lo hiciera. Así que dejó que se alejara, se sentó y se masajeó la pierna para aliviar el dolor que había estado sintiendo. Estuvo sumido en sus propios sentimientos durante unos minutos.

— ¿Tenías que ser tan cruel? —la voz de Karin flotó en la biblioteca, haciendo una aparición lenta y pausada. Su hermana, con los brazos en jarras y usando un tono acusatorio, frunció los labios a modo de disgusto. Había tratado de correr tras Hinata para tranquilizarla, pero la joven se había marchado hecha un mar de lágrimas y rechazando cualquier consuelo. Lo que le había hecho Naruto era abominable.

—Es evidente que has estado escuchando la conversación —le dijo molesto. Últimamente no hacía más que meterse en sus asuntos.

—No se merece ese trato —continuó sin hacerle el menor caso

—.¡Por Dios, Naruto, ni siquiera has sabido manejar la situación! Lo has enredado todo más y mira que dudaba que eso fuera posible.

—Hago lo que creo que es mejor para ella.

—Eso has dicho miles de veces, pero sigo sin encontrarle sentido alguno al asunto.

—Será porque no quieres —masculló frustrado. Estaba harto. ¿Por qué no podía aceptar su decisión?

— ¿Qué sentido tiene que los dos sufráis tanto? ¿Acaso es una especie de martirio? —Se situó frente a él

—. Es ridículo.

—Es mi vida y soy lo suficientemente maduro para saber manejarla—le espetó—

. Y un poco de apoyo por tu parte no me iría mal. Karin volvió a fruncir los labios. No iba a compadecerse de su hermano así como así. Había pasado muchas semanas a su lado tras el accidente, cuidándolo y animándolo. Y ahora estaba viendo un Naruto cambiado: mucho más huraño y negativo. Era cierto que sobre él había recaído la desgracia, pero era un hombre joven y capaz. Podía recuperarse. En el aspecto físico lo estaba haciendo. Y aunque no estaría ligado a la Kyubi Navy nunca más —en ese sentido sus sueños habían muerto—,por lo menos todavía tenía ante él un futuro prometedor. Eso no sería posible si seguía empeñado en continuar sin Hinata.

— ¿Y cómo he de hacerlo cuando creo que estás cometiendo el mayor error de tu vida? ¿Otra mujer? —Sacudió la cabeza en un gesto de incomprensión y se sentó en una de las sillas vacías

—. ¿En serio? ¿De verdad era necesario llegar a tal extremo? Naruto no quiso confesarle sus dudas.

—Lo era —se limitó a contestar.

— ¿De verdad? —Ella no estaba tan segura. Desde que supo de su decisión, se mostró contraria y trató de hacerle desistir porque sabía cuánto amaba a la muchacha. También sabía que su felicidad estaba junto a ella, pues lo que tenían era especial. Karin conocía bien a su hermano y era consciente de la pasión que sentía por el mar. Su sueño era tener un barco propio, pero renunciaría sin pensárselo si Hinata se lo pedía, cosa que la joven nunca hizo. Siempre se amoldó a la vida de Naruto. Era por eso que no podía aceptar que la apartara de él.

—Déjame recordarte mi situación: tengo una lesión en la pierna queme impedirá andar con normalidad. Para siempre —sentenció con una mueca de dolor. —Eso no lo sabes. Los doctores han dicho...

— ¡Al diablo con los médicos! —le gritó rabioso y tirando los libros que había sobre el escritorio de un manotazo. Su hermana dejó que se desahogara

—. Soy un maldito lisiado y hasta la Kyubi Navy lo ha reconocido. Nunca más podré volver a subirme a un barco. Estoy incapacitado para ello. ¿De verdad crees que no me gustaría casarme con Hinata y tener una familia con ella? Pero no puedo hacerle eso. Si miramos la parte económica, estoy sin un centavo. —Su hermana fue a protestar, abrió la boca, pero la cerró sin llegar a decir nada

—. Sí, losé, me queda la paga de invalidez, pero apenas alcanzaría para mantener a Hinata como ella se merece.

—No es una muchacha avariciosa, lo sabes —intervino finalmente

—. Además, Suigetsu y yo os ayudaríamos. Sabes que quería regalaros una casa para vuestra boda.

—Y se lo agradezco, pero es mi responsabilidad. No puedo permitir que mis parientes vengan al rescate cada vez que lo necesite.

— ¿Por qué no? Deja de ser tan orgulloso —soltó enfadada

—. Eres un terco; demasiado obstinado, a mi parecer. Además, los negocios con Suigetsu van bien y en poco tiempo empezarás a recoger dividendos. Así que no me digas que es por el dinero —lo amonestó. Naruto sacudió la cabeza.

— ¿Y qué te parece mi lesión? Muchas veces no puedo dormir a causa del dolor en la pierna y mi andar se ha vuelto torpe. Necesito de la ayuda de un bastón. Me he vuelto un inútil.

—No creo que eso le importe a Hinata. Ella te ama, idiota. Por lo menos deberías dejarla decidir.

— ¡No! —fue tajante

—. No voy a ponerla en semejante tesitura. No quiero que se quede a mi lado por lástima. Karin resopló sin contenerse. Habían tenido aquella discusión docenas de veces.

—Me desesperas hasta el punto de desear abofetearte. —Se levantó con resolución y lo miró, advirtiéndole con el dedo índice

—. Aquí lo único importante es que la amas y si la dejas escapar te convertirás en un ser... —por un momento dudó

— hermano necesitaba una fuerza como la del amor que le ayudara a recuperarse.

—Pues que así sea —sentenció él, tozudo. Cogió el bastón que descansaba a su lado y en el que por suerte Hinata no había reparado y se enderezó con cuidado, dando por finalizada la conversación. Sin embargo, su hermana podía ser mucho más terca que él y no se lo permitió.

— ¿Has pensado en su futuro? Naruto arrugó la frente.

— ¿Qué quieres decir?

—Me refiero a que con el tiempo puede conocer a otro. Se lo comentó para hacerlo reaccionar .Karin no creía que eso llegara a suceder; no porque minusvalorara a Hinata, sino porque como su hermano, era una persona fiel. Estaba segura de que el paso de los años no haría que su corazón lo olvidara, ni siquiera con la presunta traición. Pero podía ocurrir que se lanzara en brazos de otro por despecho. Conocía muchos casos así.

—No me importa —dijo Naruto avanzando un poco y dándole la espalda.

—Mientes —lo provocó

—. ¿Por qué no me lo dices mirándome a los ojos? —Naruto se giró y se enfrentó a ella. Su rostro no mostraba ninguna emoción, era como el granito.

—No me importa —repitió, aunque los dos sabían que la engañaba. Ella le sostuvo la mirada y al final se dio por vencido

—. ¿Qué quieres de mí? —pareció suplicar

—. Es un riesgo que estoy dispuesto a correr. Todo lo que he hecho ha sido pensando en ella. Quizás el método no sea el más adecuado, lo reconozco, pero debía hacerla desvincularse de mí porque quiero que sea feliz y si lo consigue con otro hombre...

—Cerró los ojos sin querer imaginárselo y no pudo terminar la frase.

—Está bien —aceptó ella finalmente

—. Veo que no hay forma de hacerte cambiar de opinión. Solo espero que todo esto no termine en tragedia. Naruto tragó saliva y se batió en retirada. Las emociones se acumulaban y no era capaz de procesarlas. Había sido muy duro reencontrarse con Hinata , enfrentarse a ella, negarle su amor. Lo que ahora necesitaba era pasar un poco de tiempo solo.