La decisión de Rin.

Capítulo 3: La conversación entre Kohaku y Sesshomaru.


Decepcionada de regresar a la choza en la que todavía se encontraba durmiendo la anciana, Rin ingresaba sin decir una palabra. Sesshomaru prefería darle un poco de tiempo para procesar lo que habían conversado. Después de todo, hasta él necesitaba pensar en mucho tras haberla visto.

"Descansa", pensaba al verla entrar.

Marchándose hacia donde se encontraba Yaken a pie, Sesshomaru pudo localizar a Kohaku a lo lejos. Caminando lentamente hacia donde se encontraba el joven, el hermano mayor de Inuyasha sabía muy bien el tema a tratar.

-No quise presionar por Rin, señor Sesshomaru -, explicaba el joven al estar a escasos metros del demonio -. Por favor, quisiera que fuésemos al bosque. Me sentiré más cómodo hablando ahí.

-No deseas que ella escuche. Eso es bueno. Has madurado, Kohaku -, respondía. Utilizando sus habilidades para levitar de un lado para otro.

Persiguiendo al hermano mayor de Inuyasha al correr tras su presencia. Kohaku con facilidad pudo llegar hacia donde Sesshomaru se encontraba.

-Lamento la espera -, indicaba el joven. Observando cómo el demonio de cabellera larga le daba la espalda, esperando para que él comenzara a hablar; Kohaku comenzaba esa conversación -. Rin decidió que no deseaba vivir en esta aldea y menos unirse en matrimonio conmigo. Eso, ya lo esperaba. Pero, quiero saber si ella estará bien en sus manos.

-Protegeré a Rin, si es eso lo que deseas saber -, respondía tras voltearse -. Rin será quién tenga la última palabra en su vida. Si ella desea venir conmigo, respetaré su decisión.

-Sólo porque la perla de shikon no exista, no quiere decir que no haya demonios, monstruos ni amenazas. Rin es una mujer que sabe cuidarse, mas no posee alguna habilidad en la lucha contra esos monstruos. Si saben que usted posee una debilidad, ellos no dudarán en usarla para debilitarlo.

-No debes de explicarme lo que ya sé, Kohaku -, respondía molesto.

-Sé que preguntare algo que no debo, mas lo haré porque me preocupo por ella. ¿Qué será Rin para usted cuando decida irse con usted? -, preguntaba con un rostro serio -. Si ella se hubiese decidido por la aldea, ella sería mi esposa; la madre de nuestros hijos. Pero el tiempo, las costumbres humanas y todo lo que se relaciona con nosotros los humanos; es ajeno a ustedes los demonios. ¿Qué hará con ella, entonces? Rin es humana. Ella crece conforme pasan los años, como es mujer ahora es capaz de sangrar como lo hacen las humanas capaces de reproducirse; ¿ha pensado en eso? Porque aquí en la aldea, cuando una mujer está sangrando se le da cuidados especiales. Dudo que pueda hacer eso cuando viaje con usted. Esas son cosas que ni siquiera yo, que soy un hombre entiendo. ¿Qué hará usted que es un demonio? -, preguntaba más molesto que curioso por el asunto -. Antes, cuando era pequeño, no entendía muchas cosas. Ahora, todo es distinto. Lamento decirle que viajar con una mujer no es tan sencillo.

-Kohaku… -, expresaba con un rostro serio -. Eso no es de tu incumbencia. Sólo necesitas saber que ella estará viva, sana y si ella decide volver; la traeré de vuelta. Aún es joven.

-Tiene razón, Rin es joven. Se ha convertido en una mujer y en una muy bella, por cierto.

-Kohaku…

-Me dirá que no la ve de esa manera? -, insistía; acercándose al rostro de ese demonio de cabellera blanca -. Su padre se involucró con una humana, nada impide que usted lo haga.

- No me hagas perder mi paciencia -, respondía molesto al ver las intenciones del joven -. Mi padre y yo somos distintos…

- ¿Lo son, realmente? -, le cuestionaba -. Es un demonio varón. A pesar de la diferencia entre nuestras especies, hay algo que nos une.

-Basta.

-Usted puede reproducirse con humanas si así lo desea. ¡Puede amarlas como lo hace el señor Inuyasha! ¿¡Dígame qué le impide enamorarse de Rin!? -, exclama furioso al sentirse confundido entre los celos de saber que su amada podría caer en los brazos de su amo y entre la duda de saber si ese demonio realmente amaría a la joven o sólo la usaría para pasar un rato como otros demonios lo habían hecho.

-Cierra la boca. No oses siquiera compararme con esos demonios de clase baja que se dejan llevar por sus instintos carnales con tan solo ver a una humana. ¿Con quién crees que tratas? -, le preguntaba molesto al joven cazador -. No te debo explicaciones acerca de mis comportamientos, Kohaku. No me hagas olvidar que una vez salvaste a Rin y que, por ello, no te mato en este instante.

-No le temo -, expresaba; tomando una posición de defensa.

- ¿Deseas retarme? Vaya, no has perdido esa costumbre… -, respondía con una risa sarcástica.

Permaneciendo en el mismo lugar, Sesshomaru observaba como el joven, quien portaba el traje de cazador sacaba su arma predilecta.

-Rin es una joven bella, con piel de porcelana. Si no estuviese en esta aldea, sería confundida con una noble.

-Eso no me interesa. Tu pirámide social y económica, no es nada para mí -, respondía. Avanzando un par de pasos al observar cómo Kohaku no deseaba retroceder, Sesshomaru sacaba su mano derecha de su vestimenta -. Lo que tu ves, y lo que yo veo es distinto; Kohaku.

-Entonces dígame. ¿Qué hará Rin a su lado? ¿Sólo estará esperándolo cada noche cuando usted regrese después de la batalla?

-Si eso es lo que ella desea, eso pasará. Si se cansa, si se aburre; yo mismo le daré lo que ella quiere.

-¿Y si lo que ella busca es casarse con usted? -, preguntaba dolido al decir esas palabras -. Ella es joven, es una mujer y lo único que pasa en su cabeza es pasar el tiempo con usted. ¿¡Acaso no comprende la situación!?

-Quien no comprende eres tú, Kohaku. El tiempo, los deseos desenfrenados de los humanos como los que demuestras tener por Rin, no son vistos de la misma manera por nosotros los demonios.

Bajando su arma al sentirse frustrado, el hermano menor de Sango no tuvo más remedio que reírse para no llorar.

-Rayos… -, exclamaba -. ¡Rayos! -gritaba con mayor fuerza, tirando al suelo su arma -. Usted siempre me sorprende, señor Sesshomaru.

-Con que eso es lo que te mantenía frustrado, Kohaku.

-Quiero que Rin sea feliz, quiero que ella sea amada. Ella cree que esa admiración es la misma que sentía cuando era niña. No se percata de sus sentimientos y eso me frustra -, expresaba mirando al cielo para no soltar las lágrimas que deseaba sacar de su rostro y su corazón -. Tampoco comprendo su visión, señor Sesshomaru. Quizá se deba a mi naturaleza humana. Yo veo belleza, juventud e inocencia en Rin. Pero, ¿qué ve usted?

-Esencia -, aclaraba con rapidez -. No importa si Rin tiene cincuenta años humanos, ella seguirá siendo la misma para mí. Aunque su olor cambie un poco como lo hizo ahora.

-Esencia… -, repetía entre susurros para sí -. Supongo que su amor se demuestra de forma distinta a la nuestra.

"¿Amor?", pensaba por un instante Sesshomaru al escuchar esa palabra. "Ah, ese sentimiento que mi padre tuvo hacia la madre de Inuyasha. Aunque habla más de pasión", analizaba entre sus pensamientos al escuchar la palabra amor de la boca de ese joven. "Kohaku cree que veo de esa manera a Rin", continuaba conversando consigo mismo, observando cómo ese cazador limpiaba su rostro tras derramar un par de lágrimas.

-Va amanecer… -, exclamaba al ver cómo el cielo comenzaba a aclararse.

-No hemos terminado de hablar, amo.

-Kohaku. Una vez Rin venga conmigo, no te corresponde saber de su vida y sus decisiones.

-Ya veo. Quiere que no me involucre en lo que sea que ustedes tengan.

Mirando hacia su derecha al escuchar pisadas fuertes y los gritos de su sirviente, Sesshomaru sin decir una palabra; se disponía a regresar por el mismo camino que había venido.

"¿Qué hará Rin en mi reino? ¿Cuál será su papel en mi vida?", se preguntaba el hermano mayor de Inuyasha al analizar las preguntas hechas por Kohaku. Preguntas que no se había hecho desde que había dejado año atrás a la pequeña Rin en esa aldea. Para Sesshomaru, su felicidad era simple: estar junto a ella, verla sana y viva, le daba alegría y paz en su corazón. No se le había cruzado por la cabeza, el involucrarse de la misma manera en la que su padre lo había hecho con aquella mujer.

-Amor y pasión… -, susurraba al encontrarse con Yaken unos metros después -. Tonterías...

- ¿Dijo algo, amo Sesshomaru? -, preguntaba el sirviente al no comprender las palabras salidas de la boca de su amo.

-Yaken, vámonos. Debemos buscar pistas de aquel demonio que quiso desafiarnos.

- ¿Amo? -, preguntaba el demonio de color verde al observar las chozas a lo lejos de esa aldea que él ya conocía.

- ¿Qué quieres, Yaken?

-Esta es la aldea en la que usted dejó a la pequeña Rin. ¿Finalmente la traerá de regreso?

Avanzando sin decir una palabra, el sirviente se quedaba mirando fijamente a la aldea, deseoso de ver a la pequeña Rin y poder comer algo juntos como solían hacerlo en el pasado.

-Yaken…

Sintiendo cómo una piedra golpeaba su cabeza, el sirviente rascaba su cabeza para aliviar su dolor:

- ¿Sí, amo? -, preguntaba al voltearse.

-Camina.

Continuará…