Capítulo 4
«Naruto,
Permite que empiece esta carta disculpándome por mi última escena. Es ahora cuando comprendo que debí haberme ahorrado el bochorno y que eso era precisamente lo que pretendías cuando me escribiste desde Malta para poner fin a nuestro compromiso.
Actué con precipitación.
He de admitir con culpabilidad que me dejé llevar por el rencor;no recapacité. Sin embargo, algo en mí ha ido cambiando con el paso de los días y ahora soy capaz de confesar que sin lugar a dudas no me comporté de forma civilizada, tal como señalaste. No debí habér melotomado tan a pecho. Debí haber visto que me estabas haciendo un gran favor, pero no fue fácil para mí dominarme en esos suerte, y como he dicho antes, todos esos sentimientos han ido cambiando y puedo mirar al futuro con optimismo.
He conocido a un hombre maravillo: Kiba Inuzuka, duque de Dunham. Él es todo lo que podría desear, comprensivo, atento,delicado... Doy gracias a Dios por ponerlo en mi camino en estos momentos de mi vida y, aunque no quiero adelantarme a los acontecimientos, tengo un buen presentimiento.
Y esta vez no esperaré tanto.
Por otro lado, no sería propio de una dama dar por hecho algo que todavía está por confirmar. Es por eso que te pido que disculpes mi indiscreción y no comentes con nadie el asunto.
Atentamente,
Hinata Hyuga»
Naruto se removió nervioso sobre el asiento tapizado del ó la carta en el bolsillo interior de la chaqueta e hizo un intento por contener las arcadas que lo amenazaban. Después cerró los ojos,buscando que el dolor una lástima que eso no llegara a tenía merecido aquellas desgarradoras líneas. Eso sucedía por haberla tratado así. Esa había sido su venganza: en sus palabras podía reconocer la ironía e incluso había copiado algunas frases suyas con tal de herirle, de burlarse, de hacerle ver que lo había problema residía en que no sabía a ciencia cierta si era verdad o una invención de Hinata para mantener su orgullo intacto. Y, aunque no la tenía por mentirosa, tenía sus dudas. Fuera como fuera, le hacía daño. Naruto se preguntó entonces si Hinata podía dejar de amarle en tan poco tiempo y con tanta facilidad. ¿Sería posible? Apenas había pasado un mes desde la escena ocurrida en la biblioteca de su cuñ aquel momento había asegurado amarlo, incluso le rogó que volvieran juntos. ¿Entonces? No podía entender que la mujer fuera tan voluble; no su Hinata. Le escribió tan solo unos días atrás y no se lo había contado a nadie,tal como ella le pedía, pero había conseguido echar por tierra el poco ánimo que le quedaba desde el accidente. Esas noticias le carcomían ya veces incluso se negaba a levantarse de la cama aduciendo sentía hundido. Karin no comprendía la profundidad de su dolor, sus ganas de estar solo, de compadecerse. La había dejado marchar, libre, y ella había conocido a otro. Maldito duque y su título.«Tengo un buen presentimiento y esta vez no esperaré tanto». Esas palabras se le clavaron como un puñal y por un momento necesitó ó con los ojos cerrados y centró toda su atención en su respiración hasta que esta se normalizó.Maldita fuera Hinata por no querer arrancarse de su corazón y maldita Karin por obligarlo a salir de casa con tal de que le diera el aire. Había insistido e insistido para que lo acompañara a comprar y por fin accedió. Sin embargo, una vez en la calle se negó a salir del vehí esperando a su hermana más de una hora y ya desde el comienzo se había arrepentido de su salida. No deseaba exponerse a los demás. Sus fuerzas flaqueaban y no había nada que pudiera hacer para carruaje se movió ligeramente hacia los lados, signo inequívoco de que el cochero había dejado su posición para apearse. Así que supuso que aquella salida tocaba a su fin. ¡Menos mal! Pero cuando la puerta se abrió no se encontró con el rostro de su hermana, sino de Hinata. De repente la sonrisa se le congeló en los labios. Naruto todavía podía sentir el efecto que le causaban las afiladas palabras que Hinata había escrito. La carta descansaba cerca de su corazón y ya casi se la sabía de memoria. La amargura había hecho acto de presencia y el rencor iba a la zaga. Por lo tanto, no podía decirse que fuera el mejor momento para aquel que ella fuera feliz. Por supuesto. ¿Pero significaba que tenía permiso para restregárselo en la cara? Y además, ¿tan pronto?Después de mirarse unos segundos con estupor, Hinata se dio la vuelta para enfrentarse a Karin que la empujaba desde atrás para que se metiera en el carruaje.
—Rápido, que ya ha empezado a llover —murmuró esta,apremiándola y no dando otra opción a la muchacha que ir a sentarse frente a Naruto . Trató de maniobrar con cierta elegancia, pero la falda del vestido se le enredó por las prisas y a punto estuvo de caer. Por suerte, él reaccionó ante la emergencia y terminó agarrándola de la que levantarse al vuelo, sin ningún apoyo y su pierna se resintió al instante. Naruto a punto estuvo de emitir un aullido de dolor. Por suerte logró disimularlo apretando los dientes para no echar por tierra todo el plan que había tanto, Hinata recuperó la compostura y apenas pudo mascullar un escueto «gracias».
—¡Dios, cómo llueve! —exclamó su hermana quitándose el sombrero y acomodándose. —Les lanzó una sonrisita algo forzada—.Un poco más y terminamos empapadas.
—Ehh... cierto —Hinata todavía no se había recuperado de la impresión—. No me habías dicho que te acompañaba tu hermano —murmuró con una naturalidad fingida, pues sabía que había sido una emboscada en toda regla. Además, de pronto recordó la carta que le había enviado y al instante enrojeció de vergüenza. Naruto miró a su hermana con el ceño fruncido haciéndole saber que estaba al tanto de su jugarreta. En esos momentos se arrepentía de no haberle contado cómo estaban las cosas. Solo así lo dejaría en obvio, dadas las circunstancias, que no esperaba volver a estar tan cerca de Hinata. No después de lo sucedido en el despacho y mucho menos después de su carta. Naruto convino que el destino se burlaba de él, porque todo parecía estar en su contra. Y aunque no era demasiado creyente, parecía como si Dios quisiera castigarle por su pecado. Y ahora la tenía allí, por unos instantes entre sus brazos. Esa era su penitencia: desearla y no aspirar su embriagador perfume de rosas, siempre tan característico en ella, que le llenó los sentidos y lo excitó al mismo tiempo. Hacía tanto que no estaba con una mujer... pero solo la deseaba a ella. Aunque habían estado prometidos bastante tiempo,nunca consideró la posibilidad de tomar su virginidad. Quería hacerlo bien, quería esperarse al matrimonio y, aunque en su interior sabía que tomó la mejor decisión, se arrepentía de no haber compartido esa intimidad con añoraba.«¿Se puede extrañar lo que no has tenido?», se preguntó con pregunta quedó sin respuesta.
—¿Ah, no? —respondió Karin haciéndose la inocente. Para ella no parecía tener importancia saber que ambos ya no estaban comprometidos—. He arrastrado al pobre Naruto de compras, pero al parecer es mucho más interesante quedarse aquí encerrado que acompañ ó a ambos. Sin embargo, parecieron ajenos a su broma. Karin había aprovechado el tiempo para a ir al joyero en Konoha Street, ya que quería encargar un reloj de bolsillo grabado para el cumpleaños de su esposo, que estaba cerca. El tiempo estaba empeorando y ya regresaba cuando vio a lo lejos a Hinata Hyuga. Como parecía ir sola decidió aprovechar la oportunidad. No quería hacer de casamentera ni nada por el estilo, pero había estado convencida de que su hermano se alegraría. No obstante, y fijándose bien, ahora no estaba tan al lado de Karin, Hinata se sentía tan incómoda que no sabía dónde mirar, pero no era tanto debido a su compañía como a la situación. Si le hubiera advertido de la presencia de su hermano, nunca hubiese aceptado. Lo de vengarse de Naruto no fue algo premeditado,le salió de ese modo. Y, aunque ya la había cambiado por otra, supo que heriría su orgullo. Los hombres eran así. El problema residía en que tan pronto envió la carta, se arrepintió de ello al instante, haciéndolo imposible para que esta no llegara a su esfuerzo fue del todo inútil. Desde luego, no fue la mejor decisión que había tomado y solo podía justificarlo de una forma: la locura le había contárselo a Sakura la cosa empeoró y vio cómo su rostro se desencajaba.
—¿Estás loca? —le preguntó.Justo lo que ella pensaba.
—Bueno —se justificó—, no todo lo que he escrito es mentira.—No, pero lo has modificado a tu conveniencia —la sermoneó. Hinata le había relatado palabra por palabra.—Pero es cierto que Kiba y yo hemos hablado de matrimonio —protestó.
—Solo porque ambos estáis despechados. ¿Acaso has considerado la posibilidad?
—Lo he pensado, sí.
—¿Por qué no me has comentado nada? —Hinata notó que su amiga estaba molesta
—. Creía que lo considerabas un amigo.
—Y lo hago. Aunque nos conocemos desde hace mucho, en este último mes hemos intimado un poco más
—eso era muy cierto y ambas lo sabí Kiba Inuzuka, duque de Dunham, poseía una extensa finca familiar en Surrey, a no más de diez millas de la casa de sus padres y,aunque lo conocía desde pequeña, nunca habían mantenido una estrecha amistad... hasta hacía bien poco. Se saludaban y hablaban brevemente cuando coincidían en Londres e incluso había asistido a alguna cena en su casa, pero nada más. Como había dicho su amiga,les había unido el despecho.
—A eso se le llama compartir penas.
—Lo sé, lo sé. Oh, Sakura —se quejó—, quiero casarme y formar una familia.
—¿Y no quieres estar enamorada para hacerlo? Porque si yo algún día me caso, lo haré enamorada de la cabeza a los pies.
—Pues no nos llueven oportunidades precisamente —se quejó con amargura—. ¿Entiendes por qué estoy considerándolo?
—Sí —admitió—, y no quiero que pienses que te juzgo; no es eso,pero no quiero que cometas un error.
—Otro error —la corrigió.Después de eso intentó olvidarse de aquel bochornoso asunto, pero los remordimientos podían con ella. Ya no sabía si llorar de rabia,maldecir a Naruto o intentar mirar a Kiba de otra forma. Y para colmo, ahora debía enfrentarse a él... de silencio incómodo de instaló entre ellos. Naruto carraspeó para aliviar la tensión y fue cuando sus ojos se posaron en ella. Hinata se dio cuenta y se mordió los labios, alterada. Esperaba no enrojecer bajo su escrutinio, pero es que él la ponía un alivio que Karin la rescatara.
—Me he ofrecido a llevar a Hinata hasta su casa —se explicó—.Por el tiempo. Aunque no imaginaba que empezara a llover tan pronto.
—Por supuesto —murmuró su hermano tragándose la irritación—.Aunque no comprendo qué hacía usted sola por estas calles. Podría haber sufrido cualquier percance. Hinata sintió que la estaba riñendo y se encogió en el asiento. Le había pedido al cochero que no la esperara y el comentario de Naruto la hacía parecer estú cierto que había salido sin ningún tipo de compañía o protección, pero ella no era una damisela en ás de todo aquello, y para empeorarlo más, se dio cuenta deque ya no la irritó el comportamiento de su antiguo prometido. ¡Ella no era ninguna desconocida! ¿Acaso creía que mostrándose tan distante evitaría que se le lanzara a sus brazos?¡Por favor, no estaba tan desesperada! Por lo menos ya orgullo pudo con ella. Se dijo que no iba a tolerar que la hiciera sentir peor de lo que ya se sentía.—Konoha Street es una buena calle —hizo notar mientras le lanzaba una mirada furibunda a Naruto
—. Su hermana también parece habérselas arreglado sola.Y no por ello había cometido un crimen.
—Por supuesto que sí —corroboró Karin. Naruto no tardó en darle réplica.
—Pero al contrario que usted, ella es una mujer casada y eso le otorga cierto grado de autonomía. A usted, en cambio, la pone en riesgo. Hinata torció el gesto, disconforme.
—¿Está diciendo, señor Uzumaki, que un ladrón discriminará a su víctima según si es casada o soltera? ¡Vaya estupidez! El valor de una joya sigue siendo el mismo.
—No me refería a ese tipo de peligros. Y usted lo sabe. Hinata ya no sabía nada. Estaba manteniendo una riña dialéctica sinsentido, solo con el fin de llevarle la contraria a Naruto . Y aquello no parecía querer terminar, porque estaba empeñada en decir la última palabra.
—¿De verdad? Porque de sus palabras se desprende que no tengo dos dedos de frente...Él abrió la boca y la volvió a cerrar. Pareció pensarse la respuesta.—Me gustaría saber cómo ha llegado a semejante conclusión. Solo he expresado que una mujer de su condición debería tomar precauciones para evitar , por supuesto. Es que en la calle había docenas de hombres que se arremolinaban por comprometer su virtud, pensó con ironía. Karin, que ya había escuchado demasiado, pensó en intervenir.
—Debes disculpar a mi hermano, Hinata. A veces peca de sobre protector.
—Seguro —murmuró por lo bajo, pues su intención no era que la escucharan.¿Sobre protector? ¡Y un cuerno! Naruto no era más que un cerdo narcisista que disfrutaba haciéndola sentir miserable. ¿Cómo podía haber vivido tan engañada?Después, la mujer decidió cambiar de tema para relajar el obstante, siguió sin acertar.—Y bien, Hinata, ¿cómo te encuentras?Era una pregunta sencilla. Solo debía decir que bien, pero él la miraba con los labios apretados, juzgándola y al final no respondió.
—Sí, Hinata, ¿cómo? —le preguntó con tono burlón, haciendo referencia a la carta que ella le había mandado y en donde le relataba sus progresos en el tema joven sabía que aquel asunto, si no inventado, era una exageración de los hechos. Llegados a ese punto, qué más daba. Seguía con ganas de pelea. No tenía por qué disculparse por haber conocido a otro hombre y pensar en la posibilidad de rehacer su vida a su lado. Naruto se iba a enterar, pensó con resolución.
—No puede ir mejor —declaró eufórica, acomodándose en el asiento con la misma elegancia y seguridad que lo haría una reina en su trono. Karin pestañeó, confundida. No es que esperase que la muchacha les contase lo apenada que se sentía, pero tampoco que se estaba perdiendo algo.
—Magnífico —contraatacó él con una euforia que en realidad no sentía
—. Que sea un día triste, por el tiempo —aclaró—, no significa que nuestros ánimos deban decaer. ¿Verdad, hermana?Hinata no le dejó contestar.
—Estoy de acuerdo. ¡Dejaría el tiempo inmutable si eso significara que mi felicidad se mantuviera intacta!
—Vaya, las cosas deben irle francamente bien para eso —exclamó al tiempo que trataba de esbozar una final resultó no ser más que una mueca.
—Creo que no me había sentido tan bien en mi vez entrada en la exageración, no hubo quién la ía su supuesta felicidad a capa y espada.
—¿De verdad? Ya que le inunda tanta felicidad, no le importará compartir el motivo con nosotros, ¿cierto?Ahí la pilló bien, porque no deseaba que Karin supiera nada de aquello. Por lo cordial que la había tratado suponía que no estaba al tanto de su carta, así que no quiso hablar del tema de una forma tan abierta. Pero tampoco iba a dejar que le ganara la partida.
—¿Qué quiere que le diga? —suspiró con toda la teatralidad de la que fue capaz, usando un talento que no creía poseer—. Así es la vida,una veces te quita, unas veces te da —dijo lo más digna que pudo.
—¿Y le ha dado mucho?
—¡Ah! —exclamó—. Más de lo que me ha quitado —esbozó una sonrisa de lo más encantadora cuando lo que en realidad quería hacer era estrangularlo. Naruto tragó saliva, rabioso. No iba a dejar que le restregara por la cara su felicidad, pero él había comenzado el juego.
—Comprendo.—Sabe —bajó el tono de voz, como si fuera a contarle un secreto—,recién he descubierto que la ciudad está plagada de asquerosas ratas.—Lo miró sin ambages a los ojos, sin pestañear—, y a veces invaden mi jardín, pero he aprendido que se pueden aplastar y seguir disfrutando del paisaje. Karin ahogó una exclamación. Aquello estaba tomando un cariz muy peligroso.—Pero hay veces que las flores y las plantas están infestadas y uno no puede darse cuenta. Resulta que uno cree que su jardín es perfecto para luego darse cuenta de la plaga de alimañas.—Créame, eso ya me ha sucedido —y prosiguió con la analogía—.He sufrido las ratas, alimañas y todo tipo de bichos. Incluso hubo un momento que pensé en no volver a pisar mi jardín. Sin embargo, la primavera llegó y todo volvió a cobrar vida. Así que ya ve, diría que es buen día para sonreír.
Sus palabras provocaron la frustración en Naruto , que optó por la prudencia y calló, lo que hizo que ella se sintiera victoriosa. Era lo único bueno que sacaría de todo aquello. Karin aprovechó el momento para relajar la tensión y distraerlos un poco, porque aquello no estaba saliendo nada bien y cualquiera del os dos podía estallar.
—Hinata, querida, seguro que habrás recibido la invitación del señor Tobirama Senju para el sábado. ¿Irás? —se apresuró a del baile nadie podía salir herido.
—Sí, ya está todo preparado para ello, aunque debo admitir que la invitación causó controversia en la familia Doyle. —Centró toda su atención en ella, evitando a su antiguo prometido a propósito.
—Como en todas —exclamó—. Yo estuve dudando una semana entera y hasta tres veces, tres veces —repitió—, se lo pregunté a Suigetsu.
—¿Por qué? —preguntó entonces Naruto . Su hermana meneó la cabeza.
—Querido, pareces ajeno a todo, ¿no recuerdas que hablamos de eso?
—Pues no —se cruzó de brazos.
—Ay, tú siempre pensando en tus cosas. En fin... Resulta que viene de los Estados Unidos y el caballero, por llamarlo de algún modo, pues eso todavía está pendiente de comprobar, ha organizado un baile de máscaras. Aunque eso no sería nada excepcional, pero sí poco frecuente, digamos que con su reputación de... oscuro, no ayuda mucho a las familias respetables a decidirse.
—¿Caballero que todavía está pendiente de comprobar? —repitió sus mismas palabras
—. ¿Oscuro? —se burló—. ¿Acaso es un hechicero o algo así? No creí que creyeras en cuentos a tu edad.
—No seas zoquete —le recriminó—. Todo el mundo sabe que su abuelo era marqués y que posee una gran fortuna, pero si tenemos dudas sobre su persona tiene que ver con su estrafalario comportamiento y las noticias que circulan sobre él —Hinata asintió con la cabeza, pero no quiso intervenir—. Porque parece que hizo fortuna con maneras no muy... aceptables. Según la información que nos ha llegado, importaba y exportaba bienes sin pagar los aranceles.
—Lo veo poco probable —argumentó—, de otra forma las autoridades no le hubiesen dejado establecerse en Inglaterra.
—Un poco de dinero obra milagros —aseguró.
—Que pudiera sobornar a algún agente, no te diré que no, pero a todo un estamento gubernamental...
—Eres un iluso y un idealista —dijo con aire de suficiencia.
—A lo mejor. —Aunque él no estaba tan seguro. Él mismo y sus compañeros habían luchado en Malta contra el contrabando, sabía que existía, pero las autoridades inglesas luchaban con ahínco para combatirla. Prefirió no hacer hincapié en ello—. ¿Y a pesar de eso queréis ir?La respuesta nunca llegó a expresarse porque en ese momento el carruaje se detuvo frente a la casa de ladrillos de la familia Doyle y los sirvientes aparecieron cargados de paraguas.
—Me tengo que ir —murmuró Hinata agradecida por poder marcharse—. Muchas gracias por haberme traído hasta casa... y por salvarme de la lluvia —concluyó.
—Ha sido un placer, ¿verdad Naruto ? —Lo miró con aire inocente.
—Por supuesto —fue lo único que pudo decir sin maldecir a Karin. Hinata no perdió el tiempo para escapar de los hermanos y descendió los escalones del carruaje a una velocidad nada propia de una señorita. Por suerte, podía echarle la culpa a la lluvia.
—Podías haber sido un poco más amable con ella —le recriminó tan pronto la portezuela se cerró. Naruto solo contestó con un gruñido, cerró los ojos e intentó dormir durante el trayecto de regreso a casa mientras su hermana seguía regañándole por su comportamiento.
