Todos los personajes pertenecen a Sthephenie Meyer, y la historia a Kasie West.

¿Estás segura de que quieres ir a esta fiesta? No tenemos que hacerlo —dijo Edward.

Era la noche siguiente y Edward estaba en mi habitación pasando las fotografías en mi ordenador. Había conocido a mis padres antes. Fue bastante bien. Más vergonzoso que otra cosa. Ellos lo adoraron. Lo adularon, en realidad. Más que nada por todo el escenario del rescate de la biblioteca que tenían en sus mentes. Y yo no iba a corregirlos, porque él realmente me había ayudado en la biblioteca. No podía imaginar cómo habría empeorado mi ansiedad sin él.

Mi madre no dejaba de darle la mano y de decir: «Estoy muy contenta de conocerte. Muy contenta».

—¿También os conocéis del instituto? —preguntó mi padre.

—Sí —le respondí—. Vamos al mismo instituto. Pero no nos conocíamos realmente antes de lo de la biblioteca.

—¿Y ahora estás invitando a mi hija a salir? —dijo mi padre con una sonrisa—. La biblioteca os ha unido. —Después levantó la vista, como si estuviera leyendo algo escrito en el aire frente a él—. «Los libros unen a las personas», sería un buen eslogan para la biblioteca.

—No creo que seas el primero al que se le ocurre eso, papá.

—Creo que mi hija quiere decir que no soy tan genio como creo que soy —sonrió.

—No, definitivamente eres tan genio como crees que eres —afirmé y le di una palmadita en el brazo.

—¿Eso ha sido un insulto? —preguntó, con los ojos entornados.

—No lo creo.

Él rio.

—Iremos a mi habitación un momento, mientras termino de prepararme.

—¿Puedo llevarte algo? —le preguntó mi madre a Edward —. ¿Agua, un bocadillo…?

Pensé que completaría la frase con un abrazo, así que cogí a Edward de la mano y lo alejé. Había estado tan callado durante el intercambio que temí que cambiara de opinión sobre querer tener un compromiso con alguien, si ese compromiso incluía unos padres como los míos.

—Lo siento —le dije.

—No, yo lo siento. La verdad es que no soy bueno con los padres. No sabía qué decir. Ellos han sido muy agradables. Mejoraré.

—Eres tan mono. —Reí y lo abracé—. Y has estado bien. Creo que ya eres su favorito. Ya no tienes que hacer mucho esfuerzo.

—¿Mono?

—Sí —afirmé y lo besé—. ¿No es un adjetivo que te guste?

—Puedo vivir con ello.

—Siéntate. Necesito terminar de arreglarme. —Sonriente le señalé el puf de mi habitación.

En lugar de sentarse, Edward comenzó a caminar por mi habitación, mirando las fotografías de las paredes. Algunas las había hecho yo, otras eran de fotógrafos a los que admiraba. Se detuvo en mi armario, admirando algunas imágenes divertidas de mis amigos y yo. No había pensado en las últimas veinticuatro horas en revisar esas fotografías y quitar las que pudieran molestarle. Como la que había contemplado durante meses, de Mike y yo, su brazo colgando sobre mi hombro, yo mirándolo a él en lugar de a la cámara.

Lo olvidé. Ya era demasiado tarde.

Cogí mi máscara de pestañas y me acerqué a mi espejo de cuerpo entero.

—¿Tú has hecho alguna de estas? —Edward señaló las fotografías con su cabeza.

—No. Bueno, es decir, sí, probablemente algunas sí. Pero esas son solo de mi teléfono o me las enviaron mis amigos. Las mías están en la ordenador.

—¿Puedo verlas?

—¿Quieres verlas?

—Claro.

Cogí mi ordenador y lo encendí. Después abrí la galería de fotografías y se la entregué a él. Él se sentó en el puf y comenzó a recorrerlas.

Lo observé con nerviosismo durante un momento, con mi máscara aún abierta en la mano y entonces él levantó la vista y me hizo la pregunta.

—¿Estás segura de que quieres ir a esta fiesta? No tenemos que hacerlo.

—La verdad es que me siento bien hoy. Creo que estaré bien.

—En vez de eso, podemos ir a caminar. Hay un camino increíble, que es tranquilo y desde donde se puede ver el valle. Creo que te gustará.

—Sí. —Sí que sonaba increíble.

—¿Sí?

—Sí. Hagamos eso mañana.

Él asintió dudoso, después volvió a centrar su atención en el ordenador.

—Estas son muy buenas. De verdad, Bella. La de la telaraña congelada es sorprendente.

—¿No crees que vaya a estar bien en la fiesta?

—No, no es eso.

—¡Ah! —Entonces me di cuenta—. Tú no quieres ir a esa fiesta.

—Estoy seguro de que lo has notado. —Él soltó una risita—. No soy bueno con… bueno… las personas.

—Eres genial conmigo. —Sonreí, arrojé la máscara de vuelta al cajón y me puse de cuclillas a su lado. Hizo a un lado el ordenador y me subió al puf junto a él. Yo recorrí su pelo con mis dedos—. No tenemos que quedarnos mucho tiempo. Pero es la celebración de que Mike ha salido del hospital y, ya sabes, que esté vivo y esas cosas… Creo que es importante que vaya. Y quiero que vengas conmigo. Que conozcas a mis amigos oficialmente.

Rodeó mi cintura con sus brazos y me acercó a él. Tal vez no quería ir a la fiesta después de todo.

—Tengo algo para ti —dijo.

—¿Sí?

Se movió y extrajo un objeto de su bolsillo. Era una radiante pulsera rosa.

—¿Dónde la has conseguido? —Fruncí el ceño—. Yo me deshice de la mía.

—Lo supuse. Fui a la biblioteca. —Él cogió mi muñeca y me la ató alrededor, después levantó su propia muñeca. Su pulsera, que siempre había tenido en la mano derecha, ahora estaba en la izquierda, cubriendo su tatuaje.

Él no dijo nada. No tenía que hacerlo. Descansé mi cabeza sobre su hombro, con una sonrisa grabada en mi rostro.

Era ruidosa, escandalosa y estaba atestada, justo como la última fiesta que Tyler había ofrecido. Me recordé a mí misma que había un cuarto de lavado vacío disponible por si lo necesitaba. Eso pareció apaciguar mi corazón acelerado. Sin mencionar la mano de Edward en la mía. Lo guie entre la multitud, presentándolo a diferentes personas, incluidos Mike y Tyler, hasta que encontré a Angela.

—Hola, bebé. —Me dio un golpe de cadera—. Lo hiciste. Y trajiste a tu chico. —Le sonrió a Edward —. Hola, soy Angela.

—Hola —respondió Edward.

—Te he visto por ahí. Más recientemente en Iceberg, donde intentabas ganarte a mi mejor amiga.

—Creo que gané. —Edward levantó nuestras manos unidas.

—Ganaste el mejor corazón del mundo, así que cuídalo. —Miré a Angela sorprendida. Normalmente no era tan sentimental. Ella me miró a los ojos, después agregó—: ¿Puedo robarte para que bailes conmigo o prefieres quedarte aquí que hay menos gente?

—Me encantaría bailar contigo. —Presioné la mano de Edward —. ¿Vas a estar bien?

—Estoy bien.

—No tuve oportunidad de hablar contigo anoche. —Angela me arrastró al medio de la multitud.

—Lo sé. Estaba algo ocupada corriendo detrás de un chico y esas cosas.

—Me alegra que hayas venido esta noche. —Ella rio—. Me preocupaba que después de anoche te sintieras… no lo sé…

—¿Estúpida?

—No, no estúpida, sino avergonzada o algo. Me preocupaba que no quisieras estar con nosotros. Lamento todo el asunto del secuestro.

—No, está bien. —Negué con la cabeza—. Se suponía que todo era inocente y divertido, yo lo sabía, pero no pude convencer a mi cuerpo de eso.

Mi cuerpo y mi mente no trabajan bien juntos algunas veces.

—Lo lamento.

—Es la vida —afirmé y me encogí de hombros—. La mayoría de las veces es manejable. Aún quiero vivir, ¿sabes?

—Lo sé. Me alegra que vinieras.

—También a mí.

—¿Deberías rescatarlo? —preguntó acercándose a mí después de que la canción terminara.

Miré por encima de mi hombro y vi a Edward rodeado por Mike, Tyler, Ben y Eric.

—Le daré un minuto para ver cómo va.

—Él parece bueno para ti —afirmó Angela—. Más tranquilo o estable, no lo sé; simplemente encajáis.

—Lo hacemos.

—Y no hace daño que sea tan fácil de ver.

Reí y observé al grupo de chicos otra vez. Mike, Tyler y los demás estaban riendo y hablando de forma animada, golpeándose ocasionalmente o empujándose unos a otros. Y Edward estaba allí, con una pequeña sonrisa en su rostro, solo escuchando, su cuerpo rígido. Después su mirada se encontró con la mía, él dijo algo, los dejó y avanzó en dirección a mí.

—Voy a bailar con mi novio ahora —dije mientras presionaba el brazo de Angela.

—Yo iré a ligar —admitió ella con una sonrisa.

—Diviértete.

Edward llegó a mi lado, me cogió de la mano y me llevó por las escaleras y a través de dos corredores, sin decir una palabra. No supe si Mike o alguno de los otros había dicho algo o si algo más estaba molestándolo hasta que abrió la puerta del cuarto de lavado, me llevó dentro y cerró la puerta detrás de él.

—¿Estás bien? —le pregunté.

—Solo pensé que teníamos que visitar nuestra habitación preferida de la casa.

Me reí y él me rodeó en un abrazo.

—¿Quieres bailar? —le pregunté. La música estaba un poco apagada, pero aún era audible.

Él me meció a un lado y al otro, mucho más lento que el ritmo de la música.

—Así que, ahora que tienes un compromiso con una chica, tal vez puedas asistir más a clase o hasta tener un gato —le dije.

—Paso a paso, Bella, paso a paso. —me dijo con una sonrisa torcida, esa que tanto adoraba.

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FIN.

Acabamos oficialmente, espero hayan disfrutado esta dulce historia. :3 Si has llegado hasta aquí, muchísimas gracias!!

Recien empecé con otra adap, aunque muy diferente de esta, por si quieren saber de que va, pueden entran en mi perfil . Besos a todxs! :)