Capítulo 5: Amor.
Tras mucho esfuerzo, finalmente el trío había llegado hasta el cuarto en el que se encontraba la madre del joven.
- ¡Hyung! ¿Dónde se supone que estabas? Saliste como un loco de la mansión, tomaste sin el permiso de nadie tres caballos y decidiste por ti mismo sin autorización salir en la madrugada sin decir nada cuando mi tía comenzó a sentirse mal.
-Discúlpame, Yuri -, respondía cansado por el haber estado corriendo desde la entrada de su casa hasta esa habitación como un loco. Realizando una reverencia hacia su primo de menor edad, Yohan no podía hacer nada más que pedir perdón por esa actitud considerada como mal educada por su familia -. Tuve que salir. Pude escuchar rumores acerca de esa aldea cuando estábamos de viaje hace unos años. ¿Recuerdas los rumores acerca del lugar dónde vive la mujer que destruyó la perla?
-Sigues obsesionado acerca de ese cuento. ¿Querías ver a ese demonio en estos momentos? -, preguntaba molesto, suspirando al ver las historias contadas por su superior comenzaban a nublarle el juicio según su opinión.
-No. Mi salvador no vive en ese lugar -, respondía, tratando de tomar aire -. Mi madre…
-Duerme -. Contestaba a secas -. Yohan shi… -, respondía mirándolo fijamente.
-Fui por la anciana. Es partera experta. Necesito que mi hermano nazca… -, insistía.
-No debes de creer todo lo que esa vidente mencionó. No hay garantía que…
-Voy a morir en esta guerra, Yuri… Eso está escrito. Cuando mi hermano nazca, estaré en paz. Esa mujer dijo que mi hermano sería quién cumpliría mi sueño por mantener la paz en estas tierras. Sólo me gustaría poder agradecer a ese demonio. ¿Puedes creer que le debo lo que queda de mis días a un ser divino? Parece sacado de esos libros que leemos del folklore.
Levantando una ceja al no comprender esa obsesión que mantenía su primo desde que Sesshomaru lo había devuelto a la vida después que apareciera de casualidad, cuando él se enfrentaba con el hijo mayor de la familia rival. Para sorpresa del heredero de la casa Seo, ese demonio de cabellera blanca decidió salvarlo por motivos desconocidos para él. Prometiéndole ofrendas, a pesar de la negativa del demonio.
-Ah, mira -, señalaba el primo de Yohan al ver ingresar a la anciana y a una joven -. Vaya, no pierdes el tiempo…
-No es lo que crees… Esa bella chica es la mano derecha de la anciana -, aclaraba, caminando rápidamente en dirección hacia donde ellas estaban -. Por favor, por este camino.
Guiando a ambas mujeres al cuarto en donde se encontraba su madre. Yohan no podía pensar en nada más que, en salvar la vida de su hermano y la de su madre.
-Por favor, dígame qué puedo hacer para ayudar.
-Sal -, expresaba en un tono de mando la anciana -. No es trabajo de hombres.
-Agua caliente y muchas mantas limpias… -, mencionaba Rin tras dejar el canasto sobre el piso de madera costosa y duradera -. Pídales a sus sirvientas que laven esto con agua caliente.
-Preferiría que usted lo hiciera. No confío en nadie en este castillo -, expresaba en voz alta; haciendo que las miradas de las sirvientas fuesen de sorpresa.
-Discúlpenlo… -, intervenía la madre al escuchar tan duras palabras salir de la boca de su primogénito -. Discúlpate, Yohan… Ellas no me han hecho ningún daño.
-Madre -, decía al arrodillarse como símbolo de ruego por el perdón de su progenitora -, lamento avergonzarla, mas no me disculparé hasta que ellas demuestren que son fieles a nuestro apellido. ¡Ruego disculpe mi comportamiento!
-Yohan… -, susurraba a mujer, derramando lágrimas al notar la presión por la que su hijo pasaba -. Levántate, serás el futuro amo de la casa Seo. Que eso no se te olvide, mi querido niño -, expresaba entre lágrimas al estirar su mano para estrecharla con la de su retoño.
-Madre… -, respondía agradecido por el corazón compasivo de la mujer. Besando la mano de su amada progenitora, el joven se ponía en seguida en pie -. Gracias por su servicio -, expresaba, realizando una leve reverencia hacia la servidumbre -, siempre estaré agradecido por su protección y cuando mi hermano nazca, espero olviden mis faltas. Mi hermano será quien dirija la casa Seo cuando tenga la edad, mientras tanto les pido cuiden de él como ustedes lo hicieron conmigo.
Observando cómo su primo ingresaba con unas mantas en sus manos, Yohan sonreía.
-Siempre sabes qué hacer, Yuri -, tomándolas para dárselas a Rin -. ¿Era esto lo que necesitabas?
-Sí -, confirmaba la joven, colocando las mantas en una esquina para no contaminarlas -. Yohan…
-Amo Yohan -, corregía Yuri al escuchar la manera tan descortés que Rin se le dirigía al jefe temporal de la casa -. Dile amo, es con alguien importante con quién hablas; mocosa.
-Déjala, Yuri -, sonreía -. No temas llamarme por mi nombre de pila, Rin. No es necesario que me llames señor, amo o algo parecido. Somos casi de la misma edad… Creo.
-Tengo dieciséis… -, confirmaba la joven.
-Ya veo… -, respondía aún más sonriente -. Yo tengo diecisiete. Somos casi de la misma edad. Eso me alegra.
-Eres mayor, no debe dirigirse a ti como si fueras su amigo -, reclamaba el primo acomodándose su cabellera.
-Yuri, no pasa nada…
Escuchándose un gemido por parte de la madre de Yohan, este se asustaba al verla quejarse.
-Es normal -, explicaba Rin, tomándole la mano al joven -. Parir es doloroso. Pero tu madre es fuerte. Así debió haber pasado cuando ella estaba en labor cuando usted nació.
-Ustedes las mujeres son algo que no comprendo. ¿De dónde es que sacan tanta fuerza? -, preguntaba angustiado ante su confusión -. No creo tener ese valor.
-Amor -, explicaba la madre al intervenir en esa conversación -. ¡Yohan, no te olvides que este mundo no se mueve por las guerras ni el egoísmo humano! El amor… Eso es lo que debe y mueve a nuestra familia...
-Amor… -, susurraba al escucharla -. Eso es lo que me mueve por proteger a mi clan. Es lo que deseo que haya en esta tierra después de años de batallar por proteger este lugar. ¡Amor!
Acercándose hacia donde su madre se encontraba, Yohan besaba la frente de su madre.
-Resiste madre. Mi hermano y yo estaremos siempre agradecidos por tu labor -, expresaba entre lágrimas -. Saranghae, eomoni -, decía en una lengua no comprendida por Rin.
- ¿Sa…? -, preguntaba en voz alta la joven al no saber de qué hablaban esos dos.
-Dijo que la amaba -, explicaba el joven de cabellera igualmente larga a Yohan, con la diferencia de que su color era un castaño claro y mucho más liso; acompañado de unos bellos ojos marrones que hacían juego con su pálida piel. A diferencia del primogénito de los Seo, este joven de menor edad tenía rasgos considerados como más rudos, con una cara un poco más cuadrada y una nariz más prominente a comparación de su querido primo; junto con una mirada nada agradable a pesar de sus ojos grandes y redondos.
Rin no sentía la misma paz al estar cerca del primo del amable Yohan
-Salgamos, esto no es trabajo de hombre como mencionó la anciana hace unos minutos. Además, te noto cansado. Debes dormir. No eres tú cuando no duermes -, sugería al tomar por la muñeca a su primo -. Les dije que prepararan té cuando llegaste. Por favor, hyung; vamos…
-Prefiero pensar en una manera para resguardar al castillo en caso de un ataque.
-Estás cansado, no quiero que nada malo te pase -, insistía.
-Dime la situación y me iré a descansar -, sugería en un tono de mando -. ¿Algún informe? -, preguntaba el joven, besando la frente de su madre antes de marcharse -. Debo irme, madre. Confío en que tendrás las fuerzas necesarias para traer a mi hermano a este mundo y vivir para cuidarlo.
Acercándose hacia donde estaba su primo una vez dijo lo que pensaba, Yohan pudo percatarse del pergamino en las manos de Yuri tras haberlo sacado dentro del traje.
-Entiendo -, mencionaba en voz baja.
Saliendo rápidamente de la habitación, Rin prosiguió a tomar la jarra llena de agua caliente que las sirvientas pudieron traer.
-Gracias.
-Con esto puede lavar las herramientas. Traeremos más para el parto.
-Sí, lo vamos a necesitar -, mencionaba la anciana la abrir las piernas de la mujer -. Aún no hay mucho que podamos hacer. No está lista. ¿Alguien estuvo en el primer parto? -, preguntaba en busca de una cara vieja.
-La comadrona murió cuando el joven amo tenía diez años -, respondía la empleada más vieja en esa habitación.
La anciana Kaede pudo notar la juventud de la madre de Yohan. Haciendo cálculos, la sacerdotisa pensaba que el primer parto había ocurrido cuando la mujer tenía la misma edad actual de la joven Rin.
"Es muy joven para tener tantas dificultades", pensaba para sí. Cerrando las piernas de la mujer, la sacerdotisa se acercaba a hacia donde estaban los paneles que separaban el pasillo de la habitación.
-Díganles a sus monjes que inicien los rezos -, demandaba.
- ¿Acaso pasa algo malo con nuestra señora? -, pregunta una de las sirvientas -. ¡Dígalo!
-Sólo obedece -, respondía con molestia la anciana al sacar su mala de madera -. Vas a hacer lo que te pida y lo harás sin vacilar. Si no lo haces, tomaré las palabras del joven Yohan como ciertas. ¿Acaso deseas traicionar a tu señora? -, preguntaba al mirarla a los ojos -. Trae papel y tinta. Necesito escribir una carta.
Corriendo si esperar a que la anciana finalizara su conversación, la empleada salía de esa habitación en donde la mujer comenzaba a sentir dolores; expresando su malestar por unos quejidos cada vez más fuertes.
-Señora Kaede… -, expresaba preocupada la joven Rin al no comprender lo que sucedía.
-Todas ustedes salgan también.
- ¡Pero…! -, reclamaban descontentas por las exigencias de la vieja.
- ¡Salgan ahora mismo! -, gritaba con fuerza la anciana al escuchar la desobediencia de esas mujeres.
Observando correr en dirección a la salida, Rin comprendía menos lo que sucedía.
-Señora Kaede, ¿hay algo de lo que está tan preocupada? -, preguntaba la joven al poner una manta caliente sobre la frente de la mujer.
-Escucha esto, Rin. Esta casa está contaminada. Un demonio la habita, y debido a su presencia maligna va a complicar este parto. Alguien hizo un trato con algún demonio para que este bebé no venga a este mundo o algo peor… Necesito a Miroku y Kagome aquí mismo. Tardarán un par de horas… Si es que mi carta llega, claro.
- ¡Déjemelo a mí! -, expresaba a todo pulmón la joven.
-No. Eres muy joven -, se rehusaba la anciana. Revisando el estado de la mujer, quien comenzaba a coronar; la vieja temía por lo peor. Temía que ese demonio se manifestara y peor aún, que destruyera esa mansión junto con ellos dentro. Sabía que podía eliminar enemigos pequeños, mas no algo tan feroz como lo que comenzó a sentir minutos atrás por unos segundos. La vieja sospechaba de alguien, mas no sabía con certeza aún si el demonio había poseído a esa persona o si era sólo la maldad de esa persona manifestándose.
-Déjeme ir, por favor. Le diré al joven Yohan que me acompañe si eso la hace sentir mejor.
-Si ese muchacho muere… -, analizaba en voz alta -. Y este bebé no nace, la rama principal de la familia Seo desaparece…
-Señora Kaede, déjeme ir por ayuda. Sé muy bien manejar un caballo y puedo correr con facilidad. Aunque no pude memorizarme el camino, puedo pedirle a Yohan que me ayude y así iremos por el monje Miroku y la señora Kagome con mayor facilidad.
Quedándose en silencio por unos segundos. La anciana finalmente ataba los cabos.
-No… -, susurraba, mirando el rostro de la mujer quien empezaba a quejarse del dolor -. Debemos marcharnos -, indicaba. Tomando la mano de la joven, tratando de sacarla lo más rápido posible de ahí.
- ¡Señora! -, gritaba Rin a todo pulmón al sentir cómo la vieja apretaba su mano -. ¡No podemos dejar a esta mujer sola, puede morir!
Acercando su rostro al de Rin, la anciana no pudo encontrar otra manera de decirle en ese momento lo qué estaba sucediendo que no fuese por medio de gritos.
- ¡Sólo obedece!
Incrementando sus quejidos al sentir mayor dolor. La madre de Yohan tomaba con fuerza la tela sobre la que se encontraba acostada al no saber cómo lidiar con el sufrimiento.
-Anciana… -, susurraba al tratar de llamarla -. Mi… bebé…
-Debemos ayudarla -, indicaba Rin soltándose de la sacerdotisa para asistir a la madre de Yohan -. No se preocupe, salvaremos a su hijo.
-No… -, respondía entre quejidos -. No hablo de este bebé…
- ¿Quieres que protejamos a Yohan? -, preguntaba la vieja al acercarse hacia donde la embarazada se encontraba -. No es mucho lo que una arrugada como yo y una mocosa pueden hacer. Tus sirvientas te han traicionado. El chico tenía razón.
-No… -, respondía intranquila al escuchar las palabas de la vieja -. Sin Yohan, no hay heredero… Él sólo…
-Lo siento mucho -, contestaba con un rostro serio la anciana -. Soy vieja…
- ¡No me decepcione anciana Kaede! -, gritaba Rin al verla de esa manera -. ¡Usted siempre me han demostrado ser una persona buena!
-Rin, no pidas imposibles.
-Tenemos manera de salvar esta casa -, respondía la joven. Corriendo hacia el pasillo que llevaba hacia uno de los patios de la mansión, Rin comenzaba a gritar -. ¡Amo Sesshomaru! ¡Amo! -, corriendo de un lado para otro -. ¡Amo Sesshomaru!
Tratando de ir de un lado a otro para poder ser escuchada, la joven pudo mirar cómo el primo de Yohan salía de una de las habitaciones.
- ¿Quieres dejar de gritar? Mi tía necesita paz para traer a nuestro heredero y Yohan duerme.
-Yohan es el heredero -, respondía de mala gana -. ¿¡Dónde se encuentra y qué le has hecho!? -, preguntaba al notar cómo una de sus mangas se encontraba llena de sangre.
-Eso no te incumbe -. Contestaba, bajando hacia ese patio -. Los intrusos no necesitan saber nada de esta casa.
- ¿Mataste a Yohan? -, preguntaba nuevamente. Sintiendo cómo un aura maligna comenzaba a manifestarse. Dando un par de pasos hacia atrás, Rin hablaba tratando de demostrar su valentía -. Mataste a tu propia sangre… Eres un demonio…No, ellos al menos son gentiles…
-No he matado a nadie, mocosa -, aclaraba -. La sangre no es de mi primo. Pero tengo curiosidad, ¿a quién llamabas? -, preguntaba al acercarse.
- ¡Señor Sesshomaru! -, gritaba con mayor intensidad al creer que era necesario en este momento -. ¡Amo Sesshomaru!
Sonriendo al escucharla gritar un nombre desconocido. Una tercera voz pudo escucharse a lo lejos.
- ¿Sesshomaru? -, preguntaba el joven Yohan al aparecer de repente.
- ¡Estás vivo! -, gritaba Rin al correr hacia donde el joven se encontraba.
-Aún no es mi tiempo, pequeña Rin -, respondía sonriente -. Debo morir hasta que mi hermano nazca. Haré todo lo posible para que mi familia no perezca…
Caminando un par de pasos, el joven abrazó de repente a la joven Rin.
-Rin, debo hacer todo lo que esté en mis manos antes de que muera…
-Yohan, no digas eso -, gruñía, sintiendo el abrazo por parte del joven -. Un chico de buen corazón como el tuyo no debería de morir, debería de acabar con las guerras.
-Es lo que más quisiera… -, susurraba, comenzando a apretarla con mayor fuerza -. Dijiste el nombre de… ¿Sesshomaru?
-Es mi amo. Él me salvará de este lugar contaminado.
-Con que contaminado… -, susurraba, abrazando a la chica aún con mayor fuerza -. ¿Eso es lo que crees?
Tratando de soltarse al sentir cómo el joven comenzaba a sujetarla con una fuerza tal que dejaba de ser cómodo para respirar.
-Suéltame, por favor… -, demandaba -. Duele…
-Ah, vaya… -, indicaba el primo. Subiendo hacia el piso donde Yohan se encontraba -. Hyung, trata de no matarla frente a mis ojos al menos, ¿quieres?
- ¿Matarme? -, preguntaba confundida la joven al sentirse mareada por la falta de aire.
- ¿Eres tan idiota para no ver más allá de lo evidente? -, preguntaba entre risas -. Esta es mi sangre, no la de mi primo. A lo que deberías de temerme no es a mi persona. Es a este bello joven, querida… ¿Acaso los rumores no han llegado a tu aldea? Todos estamos contaminados en esta casa…
-Rumores… -, repetía entre susurros Rin, sintiendo cómo el joven apretaba con mayor fuerza.
-Es fácil corromper un alma débil, pequeña. Bueno, eso a mí no me interesa. Mientras mi familia gane la batalla, no me importa si es sacrificando el alma de mi querido hyung o la mía -, explicaba sonriente, tocando su mano derecha la frente de Yohan -. Dijiste que traerías a estas dos para que naciera tu hermano. ¿Al menos puedes contenerte? Puedes matarla después. Duerme.
Soltando de golpe a Rin, Yohan caía sobre el suelo inconsciente.
- ¿Qué acabas de…?
-No te confundas, mocosa… Soy un exorcista. ¿Cómo es que lo llaman aquí? Una especie de monje purificador… No sé. He viajado tanto que no recuerdo el nombre. Aunque no escapo de la contaminación, lastimosamente. Por eso es que sientes esa negatividad al tenerme cerca.
-No comprendo. Eres tan joven y monje… -, expresaba la joven Rin. Tratando de tomar aire.
-No recuerdo haber dicho que estuve todos estos años en casa -. Explicaba, dándole la mano a Rin para ayudarle a levantarse -. Vine hace un par de días por casualidad y me contaminé.
- ¿Quieres purificar a Yohan? -, preguntaba curiosa al ver cómo realmente a pesar de su cara y vocabulario, aparentaba ser buena persona.
Caminando en dirección al cuarto de su tía, Yuri prefirió dejar esa conversación inconclusa. Deteniéndose frente a la entrada de la habitación de una tía que no podía evitar gritar a todo pulmón debido al dolor.
-Sesshomaru, ¿es ese el nombre de tu amo? -, preguntaba curioso.
Rin prefería no responder.
-Como quieras… Atiende a mi tía, después puedes hacer algo por Yohan si lo deseas. Pero su destino está sellado. Un alma corrompida no merece vivir. Quizá sea un gasto de energía para ustedes. Esta familia está maldita…
- No comprendo, él se ve como un buen chico.
-No recuerdo haber dicho que fuese malo. Mi primo sólo vendió su alma por su familia -, explicaba decepcionado -. Tienes que estar desesperado para hacerlo. Y él lo estaba. Hizo algo tonto por amor. Y cambio, arruinó la vida de todos.
Poniéndose en pie para ir a ayudar al parto, Rin comprendía cada vez menos a esa familia. Un joven poseído, una especie de monje capaz de eliminar demonios y un terrateniente quién luchaba por sus territorios. "¿Qué clase de familia eran ellos?"
-Señora Kaede, hay mucho de qué hablar… -, expresaba preocupada Rin, tomando una de las telas para mojarlas dentro del agua -. Está fría -, mencionaba al sentir la temperatura del líquido -. Debemos calentar el agua si queremos que este parto salga bien.
-Todos duermen. No hay sirvientas por el momento -, explicaba Yuri al ingresar a esa habitación.
-Con que todas estaban poseídas… -, intervenía la anciana -, abriendo las piernas de la mujer. Observando la cabeza del bebé, la vieja decidía proseguir con el parto a pesar del inconveniente del agua -. Ve a la aldea y busca a una joven de nombre Kagome y a un monje llamado Miroku.
- ¿Crees que te dejaré en esta mansión con mi tía y mi primo? -, preguntaba desconfiado -. Lo que sea que tiene a Yohan puede salir en cualquier momento.
-Si quieres salvar a la familia Seo, lo harás -, explicaba la anciana.
- ¡Confía, Yuri! -, rogaba Rin al ponerse en pie para acercarse hacia donde estaba el joven -. Yohan puede salvarse. Ese destino en donde moriría en la guerra puede evitarse.
-De eso no estoy seguro. Las brujas a las que llaman clarividentes son más poderosas de lo pensado.
- ¡Basta! -, gritaba la joven -. ¡Nadie tiene el destino escrito! Podemos salvar a Yohan, si salvamos a su madre, si logramos purificar su alma y si acabamos con esa guerra; todo mejorará.
Sintiéndose una ventisca ingresar por la las aberturas donde se colocaban las puertas y las ventanas, Rin pudo observar ingresar la presencia de Sesshomaru en esa mansión.
-Amo… -, susurraba sorprendida al verlo.
Abriendo ampliamente su vista. Yuri no podía creer lo que sus ojos estaban mirando.
-Un demonio…
-Rin, ¿qué está pasando? -, preguntaba al ver a una mujer gritando para tener un bebé y a la anciana ayudándole -. ¿Me llamas para ver el nacimiento de un humano?
-No… -, expresaba al acercarse a su presencia -. Por favor, lléveme a la aldea. Esta casa posee un joven poseído.
-Anciana… -, reclamaba al entender el peligro en el que se encontraba Rin -. Tu misión es cuidar de Rin, no exponerla a tales peligros.
-Yo también puedo morir, Sesshomaru -, explicaba al tratar de sacar al bebé -. Puja con fuerza cuando sientas que necesitas hacerlo -. Explicaba la vieja al creer más importante el prestarle atención a la madre de Yohan que a los reclamos del hermano mayor de Inuyasha.
Girando su mirada hacia donde se encontraba una Rin que había corrido por un pedazo de tela para envolverlo y dárselo a la mujer, Sesshomaru salía de esa habitación.
-Tome -, indicaba a la mujer.
Mordiendo la tela para no lastimarse ante el dolor, la mujer tomaba unos segundos para tomar fuerza y finalmente pujar.
- ¡Puja cuando sientas ganas de hacerlo! -, gritaba la anciana al abrir con mayor amplitud las piernas de la madre de Yohan.
Gritando con todas sus fuerzas, la cabeza del bebé comenzaba a salir poco a poco por la vagina de la mujer.
- ¡Está saliendo! -, gritaba de felicidad la joven Rin -. Yuri, ¡tu primo está naciendo!
-Hermano… -, dijo una voz masculina conocida al ingresar en esa habitación.
-Yohan… No debías de haber despertado tan pronto. Vaya, comienzo a perder mis habilidades. Quizá debería de raparme la cabeza…
Corriendo para tomar el cuerpo de un débil joven, quien no pudo aguantarse dar más que un par de pasos en dirección a su madre; Yuri se apresuraba para sentar a su primo.
-Debiste haber permanecido dormido por más tiempo, hyung.
-Lo siento… -, respondía cansado -. Mis fuerzas comienzan a desvanecerse.
-Esa chica dice que conoce la manera de salvar a nuestra familia. ¿Le crees? -, le preguntaba -. Hyung, no sé si pueda salvarte. ¿¡Le crees!? -, insistía.
-Apareció, Yuri... Mi salvador vino a esta casa. ¿Puedes creerlo? -, mencionaba; ignorando las palabras de su primo.
-Con que ese demonio fue quién te salvó en aquella ocasión y ahora gracia a ello, hasta lo consideras tu deidad… Es un demonio, Yohan. No te confundas.
-Salvó mi vida… ¿Qué esperas que creas? Te dije que era bello, ¿verdad?
Exhalando aire por su boca al sentir cómo nuevamente ese demonio en su interior comenzaba a afectarle, Yohan mordía su labio inferior con sus dientes para retener su malestar.
-Duele… -, susurraba al momento de abrir su boca al no aguantar el dolor.
-Duerme… -, demandaba su primo al ponerle su mano derecha sobre su frente. Haciendo que los ojos de Yohan se cerraran inmediatamente. Instantes después de dormir a su primo, Yuri pudo escuchar el llanto de un bebé -. Finalmente -, mencionaba al sonreír tímidamente.
- ¡Ya nació! -, gritaba Rin al tomar el bebé para lavarlo -. ¡Señora Kaede!
-Yohan, mira lo que está pasando. Ya eres un completo Hyung -, expresaba al mirar el rostro inconsciente de su primo.
Entregando el bebé a los brazos de la madre, Rin se apresuraba por ir al pasillo de esa mansión.
"Amo", pensaba al recordar que se había marchado si decir una palabra.
- ¿Buscas al demonio ese? -, preguntaba el joven de cabellera castaña al ir tras ella -. Se ha marchado. Ese ser se ha ido.
-El señor Sesshomaru volverá.
-Ese demonio salvó la vida de Yohan antes de que fuese poseído por esa entidad demoniaca. Lo trajo a la vida cuando fue asesinado por el hijo mayor de nuestro rival.
-Su espada es capaz de hacer eso y más…
- ¿Conoces esa espada extraña? -, preguntaba confundido el joven -. Un demonio capaz de revivir humanos, es extraño. Ellos no son compasivos y menos interesados en ayudarnos.
-No conoces al amo -, respondía con alegría al recordar esos momentos cuando él se comportaba amable con ella -. El amo Sesshomaru es la persona más amable que he conocido. Los demonios pueden ser mejores que los humanos, Yuri.
-No. No, lo creo -, expresaba al fruncir el ceño -. Los demonios no son entidades que deben de mezclarse con nosotros y tampoco son amables.
- ¿Por qué salvaría entonces a Yohan? -, preguntaba mirando fijamente a los ojos al joven -. La respuesta es simple. Mi amo es compasivo. Su corazón es compasivo. Él es el único capaz de revivir a un ejército completo. El señor Jaken me dijo que él sería capaz de eso y más.
- ¿El señor Yaken? -, preguntaba. Sin comprender las palabras de Rin -. ¿Quién es el señor Yaken? -, insistía.
-Otro buen demonio.
-Insistes con eso -, expresaba algo incrédulo de las palabras de Rin. Corriendo en dirección hacia su primo al escuchar sus quejidos, Yuri sostenía la cabeza de Yohan -. Hyung, abre los ojos. Oficialmente eres un hyung de verdad. Vamos, deja de dormir y despierta. Ya ha nacido tu hermano.
-Gracias a los cielos… -, expresaba sonriente el joven de cabellera negra y lisa -. Gracias Rin, gracias señora Kaede por darme esta felicidad. Mi familia ahora está en buenas manos. Puedo morir en paz, ahora que mi hermano vive. ¿Cómo se llama?
-Min Yeong -, respondía con dificultad su madre al escuchar la pregunta de su primogénito -. Tu hermano menor se llama Seo Min Yeong…
-Hermoso nombre, madre -, contestaba con dificultad -. Será un gran guerrero.
-Al igual que su hyung -, intervenía su primo -. Aunque espero sea mejor jugando go -, indicaba entre risas.
-Yo… también -, confirmaba.
Vomitando de forma inesperada, Yohan hizo que el cuarto de la habitación se moviese como si estuviese temblando.
-Maldición… -, susurraba el primo al sacar su mala -. Esto no es bueno -, escupiendo sangre por su boca -. Nada bueno…
Continuará…
Nota: Una Mala es esos rosarios utilizados por el monje Miroku, pues.
