Capítulo 6

—Ya que has decidido asistir, me gustaría que disfrutaras un poco de la ocasión —comentó Karin a su hermano sin ser demasiado crí se atrevía a preguntarle el motivo de su repentina decisión porque tenía la esperanza de que fuera para recuperar a Hinata. Karin era así de romántica y no quería llevarse un ía que todavía no había aceptado el hecho de que ya no estaban juntos. A pesar de estar en contra de la postura adoptada por su hermano, una parte de ella entendía su propósito y lo último que quería era causarle más daño a Hinata. Sin embargo, después anunció que asistiría a la fiesta y una nueva esperanza renació en dijo que lo mejor para todos sería que Naruto admitiera el gran error que había cometido y se dejara guiar por el corazó una esperanza, Karin estudió el extraño comportamiento de Naruto . Si quería volver a congraciarse con la muchacha, ¿por qué no se había separado de ellos más que en una ocasión? Debería estar buscando a su amada con ahínco, postrarse a sus pies —si su pierna se lo permitía— y rogar que lo perdonara.Sí, señor. Una declaración en toda regla delante de la multitud. Eso serviría para extinguir los cotilleos que circulaban entre sus amigos y conocidos y de los que ella había tratado de zafarse. No le correspondía anunciar nada, pero la cuestión era que ni Naruto ni Hinata habían hecho pública su separación y además, que la joven aceptara la compañía del duque de Dunham no ayudaba en alimentaba los cotilleos.

—Deja a tu hermano en paz —murmuró su esposo cerca de su oreja—. Que haya venido ya es un logro en sí. —Era mejor eso que quedarse encerrado en casa. Naruto , que permanecía con el ceño fruncido obviando cualquier diversión, no pudo oír lo que su cuñado le decía; aunque era culpaba a su hermana por querer que se lo pasara bien, pero se sentía incómodo, fuera de lugar y se estaba preguntando qué hacía ahí.Si era sincero consigo mismo, reconocería que era por Hinata: una parte de él sentía curiosidad por saber si iría acompañada por ese lord,pero entonces esta se transformaba en envidia insana y le entraban ganas de darle una paliza.¡Hinata le amaba a él!Estaba seguro de que con la pierna lesionada y todo podría ganar a ese duque salido de la nada, aunque entonces Hinata lo odiaría más, si eso todavía era posible y debería regresar a casa con el rabo entre las opciones eran escasas, ella ya se había marchado de su vida y aduras penas podría recuperarla. Si ahora le contaba lo de la pierna seguramente no serviría para arrepentía de todas y cada una de sus decisiones. Era una un lío, pensó qué debía hacer. ¿Dejarlo todo como estaba y esperar que Hinata llegara a alcanzar una vida plena? ¿Intervenir y quedar como un idiota? Era arriesgado, pero quizás tuviera una pequeña oportunidad.

Esa era otra razón por la que había decidido ir esa noche. Naruto había estado observándola un buen rato desde una distancia prudencial y en un principio el resultado no había sido nada satisfactorio: la vio hablar y reír con su acompañante y con los miembros de la familia Doyle. Lo cierto era que no parecía demasiado apenada por su abandono, por el contrario, diría que estaba disfrutando de aquel baile de máscaras. Y a Naruto lo que más le dolía era verla con ese hombre, porque al instante se dio cuenta de quién era por la forma de ó rabia. Una terrible rabia que no había experimentado ella se dio la vuelta y por alguna extraña razón lo miró directamente, como si supiera que era su objeto de ía podía sentir el cosquilleo en el cuerpo que experimentó en ese instante. Era la mujer más cautivadora que había conocido jamás y su aspecto, aquello noche, era espectacular.

Hinata lucía un vestido de seda a rayas, coral y negro, que le sentaba a la perfección. Naruto se sintió como si fuera la primera vez que la ó saliva, esperando que no lo reconociera, porque su moderado optimismo y la valentía se habían esfumado por arte de magia. En un abrir y cerrar de ojos se había convertido en un auténtico el momento de admitir su derrota, incluso antes de librar la batalla. Si pudiera cambiar las cosas lo haría sin dudarlo, pero ya era demasiado tarde para hubiera pensado que ella osaría perseguirle y encararse a é que vino a continuación conseguía marearlo solo de pensarlo. Naruto se había comportado con auténtica desfachatez. Los celos y el deseo habían tomado las riendas tanto de su cuerpo como de su mente y en consecuencia la inhibición había desaparecido. Por lo menos en parte, porque lo que deseaba en realidad era estar a solas con ella y tomar lo que antes había , idiota, idiota. Solo así podía llamarse. Su cabeza era un hervidero en el que Hinata pasaba a ser de la más deseable a la más

—Estoy cansado, creo que hoy me he excedido y me duele la cierto modo se trataba de una excusa. Era innegable que el dolor existía, si bien no era tan intenso como para hacerlo marchar si él no quería.

—Pues nos iremos todos —declaró su hermana con resolución.

—No tenéis porqué hacerlo. El cochero me llevará y más tarde puede regresar por vosotros.

—No, no, si tú te vas, nos vamos todos —afirmó cabezota.

—Pero si no hace ni una hora que hemos llegado —protestó Suigetsu, que no estaba nada conforme

—. ¿Para eso todo este embrollo? El vestido, los trajes, las máscaras...

—Está bien, lo entiendo. Pero Naruto ...

—Ya es mayorcito. Deja de hacer de madre. Si quiere hacerlo, pues que lo haga.

—Gracias, Suigetsu —murmuró palmeando la espalda de su cuñado. Karin, como hermana mayor, siempre había sido protectora con él, pero desde su lesión en la pierna su comportamiento era más se dio cuenta de que ambos hacían frente común y les sonrió aceptando su derrota. Las cosas no siempre podían hacerse a su embargo, la sonrisa se le quedó congelada en los labios cuando se dio cuenta de quién se acercaba y la pilló con la guardia ó a los dos hombres que la acompañaban y observó que los ojos de su hermano chispeaban. También se había dado cuenta.

—Karin —murmuró Hinata con el rostro descubierto. No había ningún titubeo por parte de la joven y era obvio que se alegraba de encontrárselos entre aquella multitud.

—Hinata—le respondió con aspereza, sin hacer gala de sus supuesto que había escuchado los rumores sobre ella y el duque de Dunham, pero no les había hecho demasiado caso. Por lo que a ella respectaba, la joven seguía perdidamente enamorada de su hermano y solo se estaba mostrando amable con el hombre que resultaba ser vecino de sus padres. Nada má no podría afirmar aquello de ningún fijó en la forma en la que aquel duque la escoltaba... bastante elocuente. Y a Karin no le gustó en absoluto. Era como si la traicionaran a ella misma. Kiba Inuzuka, duque de Dunham, estaba dejando claro su interés por ella sin gritarlo a plena voz y para todos era conocido que iba a la caza de esposa.Y la inocente Hinata parecía aceptarlo de buen grado. Con una tímida sonrisa, eso sí.¡La muy hipócrita! ¿Cuánto le había durado el amor por Naruto ? Karin perdió toda la cordialidad. Si la muchacha se dio cuenta, no dio muestras de ello.

—¿Has venido con Suigetsu? —dijo ajena a las mirandas cargadas de acritud. Hinata observó a los dos hombres que se mantenían a su lado y se dio cuenta de que uno de ellos llevaba bastón. Un bastón idéntico al de...El corazón se le paralizó. Había transcurrido por lo menos media hora desde que compartieran aquel encuentro que la mantenía aturdida.«¡Por Dios, que no sea Suigetsu!»Trató de disimular el temblor producido por el miedo. Sin embargo,su voz interior la calmó. Era imposible que aquella figura que se alzaba orgullosa ante ella fuera el esposo de Karin. No lo había sentido así.Entonces, ¿quién demonios era?

—Yo no esperaría otra cosa —sonrió el aludido mientras se quitaba la máscara. No había en él ni una pizca de aspereza en el tono de su voz

—. Me alegra verte, muchacha. Hinata suspiró de puro alivio al comprobar su identidad.

—Igualmente —musitó. Sin embargo, sentía que no podía relajarse con los ojos fijos todavía en ella.

—¿Quién es el caballero que te acompaña? —le preguntó Karin con el entrecejo fruncido y con cara de pocos amigos. Aunque todos sabían de quién se trataba. Hinata, alertada por su brusquedad y dejando de pensar en la identidad del desconocido por un momento, escrutó su rostro. Buscaba alguna señal que le ayudase a comprender la sorprendente transformación de la mujer, pues la última vez que coincidieron su comportamiento fue muy situación se tornó un poco violenta. En otra época había sido muy cercana a ellos, sin embargo ahora no sabía cómo tratarles: si como unas viejas amistades, como unos meros conocidos o ignorarles,haciéndoles el vacío, pero ella no era así, no podía culparlos por el comportamiento de Naruto .

—Su Gracia, el duque de Dunham —dijo el enmascarado con rotundidad y muy seguro de sí mismo

—. Al parecer está muy unido a la señorita Hyuga—explicó a los horror, Hinata supo al instante de quién se trataba; incluso antes de que se quitara la máscara. Le había reconocido la ás, estaba demasiado impresionada por encontrarse frente a él como para reaccionar ante sus palabras.A pesar del escalofrío que recorrió su cuerpo de arriba abajo, logró mirarle fijamente a los ojos castaños mientras se llamaba tonta por no haber hecho caso a sus instintos. Era él y seguía manteniendo la misma actitud retadora que el día del carruaje.«¿Por qué?», se preguntó entonces. Ella ya no significaba nada para Naruto . Él se lo había dejado muy claro, tanto con sus acciones como con sus corazón comenzó a latir desbocado, perdió la compostura habitual en ella y las presentaciones de rigor parecieron borrársele de la duque, hasta el momento había permanecido impertérrito porque le eran personas ajenas y no quería inmiscuirse, pero la hostilidad hacia la muchacha se era algo que no iba a permitir.

—En efecto... —fue lo único que pudo decir antes de que Naruto lo interrumpiera una total grosería y una evidente falta de respeto, pero Naruto pareció haber olvidado sus buenos modales.

—Esta noche ya he visto todo lo que tenía que ver, así que no me queda más que añadir un «buenas noches».

—Hizo una leve inclinación de cabeza, algo tosca y giró sobre sus talones. Hinata no pudo evitar fijarse en su cojera mientras se marchaba y se preguntó si sería una teatralización o realmente se había dañado la estaba demasiado impresionada como para abrir la boca.

—¿Cómo has podido? —murmuró rotunda Karin cuando su hermano estaba lo suficientemente lejos como para no oírla.

—¿Eh? —La cabeza le daba vueltas a causa de la conmoció que poner toda la atención de su parte. La hermana de Naruto le estaba hablando, pero la joven no entendió a qué se refería.

—Te he subestimado. Ahora reconozco lo hábil que eres. Seguro que cambiar a Naruto por un duque tiene sus beneficios. Hinata se quedó boquiabierta ante tal acusación. Jamás hubiera esperado que Karin le lanzara una inculpación de ese joven no se quedó de brazos cruzados, escuchando aquellas sandeces. Cuadró los hombros y levantó el rostro con ía ser fea, no tener ninguna gracia o atributo, pero era una mujer de carne y hueso y nadie tenía derecho a tratarla como habían hecho ellos.

—Me gustaría recordarte que fue tu hermano quien me dejó —le contentó abrumada por la situación y sin querer darle más ás había decidido mantener con Kiba una simple amistad. Y si era así,¿qué le importaba a ella?

—Y por lo que parece, no has tardado mucho en sustituirlo —le espetó.Aquel comentario la enfureció.

—Disculpe —intercedió el duque con disgusto antes de que Hinata pudiera formular una respuesta

—. Quién le da derecho a... —pero la joven no iba a quedarse callada esperando a que la rescataran. En consecuencia, el duque fue interrumpido por segunda vez.

—Eres una hipócrita —le soltó una Hinata con un tono subido

—.No sabía que medías con diferentes baremos. ¿Acaso no condenas cómo ha obrado tu hermano?

—¡Por supuesto que sí! Mil veces se lo he hecho saber —confesó con vigor—. Estaba de tu lado, pero ahora...

—¿Ahora qué? —quiso saber sin importarle que la gente a su alrededor estuviera mirándolos sin ningún tipo de disimulo

—. He procedido con suma elegancia y decoro ante el abandono de Naruto . Si ahora decido mirar al futuro y rehacer mi vida, tengo todo el derecho del mundo. Ni tú ni nadie puede escuchó algún que otro murmullo. Sin embargo, ni Hinata, ni Kiba ni Karin se dieron cuenta. Tenían la atención puesta en aquella disputa. Desafortunadamente, los demás también lo hací hermana de Naruto volvió a cargar contra ella.

—Entonces, reconoces que le has engañado.—Señoras...Suigetsu trató de apaciguar a las dos mujeres, pues estaban convirtiéndose en el centro de atención y cada vez la curiosidad de los invitados de la fiesta iba no era bueno para nadie salvo para los cotillas. La riña era como un imán para un gesto con la mano para que modularan el tono, pero no le hicieron el mínimo caso.

—¡Por supuesto que no! Siempre le he sido fiel, pero el compromiso está roto. ¿Qué más te da lo que haga al partir de ahora?

—¡Y yo que creía que le amabas! —exclamó—. Eres una maldita ambiente se estaba caldeando por momentos, pero nadie se esperaba lo que sucedió a continuación: Hinata ya no pudo contener la rabia y le dio un sonoro bofetón a Karin Anderson. Los murmullos se convirtieron en jadeos y los acompañantes de ambas tuvieron que apartarlas para que no se hicieran daño.

—Esto se termina aquí y ahora —les ordenó Suigetsu con autoridad—. Habéis rebasado los límites —y él ni siquiera era capaz de averiguar por qué dos civilizadas damas habían llegado a las manos

—.Y tú —dijo refiriéndose a su esposa—, deja de meterte en asuntos ajenos.

—¿Pero es que no lo ves? —se quejó esta con amargura—. Naruto sufriendo y ella... ella... balbuceó.

—Ella nada —Kiba Inuzuka trató de zanjar el asunto. Era obvio que las dos partes nunca llegarían a ponerse de acuerdo, pero no podía más que admitir la desfachatez de la mujer. Acusar a la pobre Hinata cuando no era más que una víctima...

—. Su hermano es un canalla que no admite defensa alguna.

—¿Usted por qué se mete? —le preguntó con parecer ni ella ni su hermano parecían impresionados por tratar con un duque. Todo lo contrario.

—Kiba , déjalo. No merece la pena. —Hinata se sentía avergonzada porque tuviera que presenciar esa ó en su interior. ¿Qué pensaría de ella y de su comportamiento?

—¡Por supuesto! —ironizó Karin—. No vale la pena discutir por alguien que te ha amado como nadie.

—Y me cambió por otra —apuntó—. Que no se te olvide. —Aquello rayaba lo absurdo. La mujer que pensó que algún día sería su cuñada había enloquecido por embargo, todavía tenía una sorpresa guardada bajo la manga.

—¡Eso no es cierto! —exclamó, negando de forma categórica.

—Karin... —le advirtió su le lanzó una mirada suplicante. Vivir con el peso de aquella mentira le estaba perjudicando. Esa noche ni siquiera era ella misma.

—Tiene que estar al corriente. Suigetsu se encogió de hombros en un claro signo de impotencia.—Tarde o temprano se iba a secretos no podían ocultarse eternamente; Naruto debería saberlo y comprenderlo. Quizás fuera el momento adecuado para que la verdad saliera a la luz y que cada uno se enfrentara a ella como mejor pudiera. Hinata miró a uno y a otro sin comprender.

—Exijo saber qué está pasando. Karin, que seguía retenida por su esposo, se deshizo de él y dio un paso al frente, esbozando una sonrisa cargada de amantes del drama que se encontraban en primera fila presenciando el espectáculo estaban en vilo.

—Nunca ha existido otra mujer en la vida de mi hermano. Hinata a punto estuvo de reír a causa de la tensión nerviosa.¡Naruto era tan cobarde que ni siquiera se lo había contado a su hermana!

—Tú no estarás al corriente, así que déjame explicártelo. Él me dijo...

—Mintió. —Aquella fue la única palabra que salió de los labios de Karin a modo de explicación, lo cual todavía desconcertó todavía más a Hinata. No se lo terminaba de creer.

—¿Por qué haría eso? —preguntó tratando de comprender. Karin tomó aire y empezó a gesticular con las manos.

—Hace unos meses hubo un terrible accidente en su barco del que todavía arrastra secuelas. Y es por eso que rompió vuestro compromiso.

—¡¿Cómo?!Poco a poco Hinata fue consciente de lo que implicaba aquella explicación y de repente, en su mente apareció la figura de Naruto antes de abandonar el baile. No sabía a ciencia cierta lo que había ocurrido, o de qué incidente hablaba, pero la cojera era un indicativo de que aquello no era un invento... por lo menos una voz se quebró y los ojos se le humedecieron.—¿Pero qué tiene que ver?

—Me he visto forzada a explicarte la terrible situación por la que ha pasado mi hermano. Los hechos y los porqués le corresponden a él. Hinata no quedó convencida del todo.

—Si me estás engañando... —le indicó.

—No lo hago.

—Porque voy a llegar hasta el fondo del asunto. —Fue una promesa más que una advertencia. De una vez por todas iba a saber toda la verdad. Se dio la vuelta y se mordió los labios. ¿Qué iba a decirle a su acompañante? Él se había portado maravillosamente bien y le estaba muy agradecida por que pensara en ella como una candidata adecuada para ocupar el puesto de duquesa. Rechazarlo la hacía sentir culpable—. Kiba , yo... —Ni siquiera sabía qué decir. Comenzó a temblar y se estremeció de frío. Estaba nerviosa y esa pesadumbre no desaparecería hasta que solucionara cierto asunto con su prometido. Y aunque al final terminara separándose definitivamente de Naruto tuvo claro, en aquel instante, que Kiba merecía a alguien que lo amase—.Tengo que marcharme. No puedo estar más aquí.

—Por supuesto. —El duque de Dunham fue de lo más comprensivo—. Te llevaré a casa.

—No, no puedo... —farfulló ella—. No quiero hacerte daño, pero...Kiba Inuzuka advirtió que aquello era una despedida. Ya había pasado por ello con anterioridad y debería estar curtido en el arte delas rupturas. A pesar de ello y a pesar de no amarla sintió una punzada de ía a dónde iba y sabía lo que pasaría a continuación. Él volvería a quedarse solo.

—Entiendo —murmuró, encajando el golpe como todo un dejó ir y deseó que por lo menos ella alcanzara la felicidad. Hinata se perdió entre la multitud tan rápido como pudo. Solo tenía un objetivo en mente: Naruto . Tal era su afán que ni siquiera oyó como Sakura la ía sido inevitable que tanto ella como su familia presenciaran su«diálogo» con Karin Anderson.¿Y los amantes de los cotilleos? ¿Qué sucedía con ellos? No podían estar más eufóricos. Aquella había sido su noche. No había nada más estimulante que un duque abandonado, intrigas amorosas... y una fuga.Y aquella fiesta lo reunía música había cesado y al día siguiente los chismes recorrerían toda la ciudad.

—Te has comportado como una auténtica arpía —le dijo Suigetsu a su esposa un poco después de la marcha de Hinata. Trataba de alejar a ambos de los invitados, que se habían acercado a ellos para preguntarles por lo sucedido. Incómodos con la situación, se quitaron a la multitud de encima como pudieron.

—Lo sé —admitió avergonzada. Una vez fue consciente de su atroz modo de actuar se puso lívida—. Creo que he tenido un ataque de nervios. Suigetsu levantó las cejas.

—¿Esa es tu excusa?—Supongo que sí. Tenía demasiada tensión acumulada con lo del accidente, la disolución del compromiso y demás. Lo he pagado con quien menos debía.

—Sabes que tendrás que disculparte.

—Lo sé, pero me temo que con eso no será suficiente.

—Hinata es una muchacha comprensiva. Te perdonará —aventuró.

—Ojalá fuera cierto, pero yo en su lugar no lo haría. Las cosas tan terribles que le he dicho —murmuró arrepentida—. ¿Por qué tengo que tener esta bocaza? —Suigetsu no contestó

—. ¿Crees que ha ido a verlo?

—Me temo que sí.

—Eso demuestra lo mucho que lo ama.

—Solo espero que tu hermano también lo vea así.

—¿Y ahora qué hacemos? No podemos volver a casa, todavía dos se merecen un poco de privacidad.

—Pues no nos queda más alternativa que dar una vuelta por la ciudad. ¿Crees que con una hora tendrán suficiente?

—Naruto se ha llevado el carruaje —le recordó.

—Alquilaremos uno —dijo de forma práctica. Aunque ese paseo les costase una fortuna, bien valdría la pena si con eso se conseguía algo bueno

—. Sabes, al final sería irónico que gracias a tu... salida de tono,por decirlo de forma sutil, se reconciliasen. Quizás incluso deban darte ellos las le echó una mirada fulminante.

—¿Estás de broma?

—Por supuesto que no. Si esta noche el zoquete de tu hermano da un paso al frente será gracias a ti.

—Solo tú podrías sacar algo positivo del tremendo embrollo.

—¿Qué quieres que te diga? Alguien debe añadir un poco de cordura a esta familia. Suigetsu sonrió burlón a pesar de las circunstancias y eso le valió una mirada reprobatoria por parte de su esposa.

—¿Te diviertes?—Hacía mucho que no disfrutaba de tan buen espectáculo —le dedicó un guiño.

—No me lo puedo creer...

—Pues hazlo, aunque espero que no se repita... por lo menos en diez años.