Capítulo 7
El tormento era un mal compañero de viaje, pensó Naruto con desánimo. Le seguía allá donde fuera sin apartarse de él ni un solo instante y además le recordaba constantemente sus pecados, que habían sido ía perdido a Hinata definitivamente. Esa era su condena y sus acciones lo perseguirían hasta el fin de los dí le quedaba reprocharse su conducta, pues había sido de lo más injusto con la única mujer a la que había esperaba ser capaz de llevarlo con valentía sin tener que montar una escena cada vez que se los encontrara por mucho se temía que el día que contrajeran matrimonio tendría que beberse todas las botellas de licor que encontrara para evitar lanzarse en pos de la iglesia y quedar en ridí las noches como aquella en las que más añoraba el llegar a casa Naruto no subió a su habitación. De repente, la idea de ahogar sus penas en alcohol le parecía un buen remedio para dormirse. Por lo menos dejaría de sentirse tan miserable durante unas horas y obtendría el descanso que tanto ansiaba. Sin embargo, el primer trago solo sirvió para evocar el recuerdo que lo atormentaba: Hinata con su hermoso vestido, Hinata riendo, Hinata tan deseable...Era imposible despojarse de sus recuerdos y le dolía el corazón al pensar que otro hombre obtendría lo que él había rechazado.
—¡Maldita sea!En un arranque de ira, Naruto estrelló contra la chimenea la copa vacía, que se hizo añicos. Los diminutos fragmentos de cristal se esparcieron por el hogar llameante a causa del carbó decisiones las había tomado por el bien de Hinata y ahora odiaba no estar conforme con ello. Naruto abrió y cerró la mano. Estaba perdiendo la cordura.¿Qué debía hacer? ¿Qué? Dar un paso atrás y pedir perdón era una de sus opciones, y si bien había compartido un momento íntimo con Hinata, no sabía si sería suficiente para conseguir su redenció tardó mucho en descubrirlo: el mayordomo anunció que la señorita Hinata Hyuga deseaba ándose de la sorpresa que suponía que Hinata hubiera dejado el baile para ir a buscarlo, tomó una copa intacta y volvió a llenarla de mayordomo permaneció de pie, a la espera.
—¿Señor?Naruto vaciló. No se sentía preparado para justificar sus obstante, no podía disimular la alegría que suponía tenerla en la ó una determinación. Lo que menos le preocupaba en aquel instante era lo inadecuado de la hora y la reputación de Hinata. Era el momento de dejar las mentiras y hablar solo con el corazón.
—Hágala en su bastón y pendiente de lo que podía ocurrir a continuación, Naruto se masajeó la pierna con eficiencia, logrando un relativo alivio. El día había sido largo y la noche se presentaba más larga aú tener que recurrir al láudano. A pesar de habérselo recetado el doctor y aunque el medicamento le ayudaba en sus crisis más agudas, le hacía sentir un hombre débil. Así que terminaba soportando más dolor del que debiera. Naruto aguantó con entereza la espera mientras el corazón latía desbocado en su pecho. Y Hinata no se hizo de rogar. Entró con paso enérgico y se lo quedó mirando, mostrándole lo enojada que estaba.
—Quiero que me cuentes toda la verdad —le soltó a bocajarro—. Y cuando digo toda me refiero a toda. ¿Comprendes?
—Naruto cabeceó
—. Empieza por lo del accidente.
Él pareció sorprendido y Hinata se vio en la obligación de ponerle al corriente
—. Tu hermana me ha adelantado algunos detalles.
—Comprendo —fue la escueta respuesta de Naruto antes de comenzar por el principio—. Era una noche cálida y tediosa, en el puerto de Grand Harbour, en La Valletta. Estábamos de guardia. Yo era el oficial al mando, pero llevaba más de treinta horas sin que debido a eso mi tolerancia escaseaba. Cuando aparecieron un par de borrachos con una carreta llena de bidones y empezaron a hacer ruido y a alborotar, mandé a un par de mis subordinados a que bajaran del barco y los instaran a abandonar el lugar. Ellos se negaron a obedecer y buscaron pelea. Incluso lanzaron algún que otro puñetazo al aire. Si no acertaron fue debido a su he dicho, estaba cansado y aquello era lo último que necesitaba. Naruto recordaba estar ansioso por zanjar rápido el asunto. Si seguían perturbando el orden con sus gritos los guardias no tardarían en llegar. Para entonces debería dar demasiadas explicaciones y redactar un informe. Así que pasó a encargarse personalmente del asunto. Bajó al muelle seguido de cuatro de sus hombres e hicieron lo posible por con ellos fue tan ineficaz como darse golpes contra la final le quedaron dos opciones: retirar ellos mismos el carro o alertar a las autoridades portuarias para que lo ó por lo dos borrachos que apenas se mantenían en pie opusieron resistencia, impidiéndoles que tocaran su cargamento. Se agarraron con fuerza de los tablones y entre empujones y la fuerza de sus hombres la rueda del carro se quedó clavada entre los maltrechos adoquines, partiéndose en el acto. Su memoria era tibia a partir de ahí.Después del accidente le contaron lo que sucedió: ese carro era tan viejo que no soportó el peso de la carga y le cayó encima.
Hinata sostuvo el aliento durante unos segundos antes de pode rreaccionar.—¡Dios!Solo de pensar en el dolor que debió sentir se mareaba.
—Cuando desperté medio inconsciente, me encontraba en un hospital militar inglés en Malta. Sentía un dolor atroz en las piernas,sobre todo en la primeros doctores que lo visitaron se limitaron a fruncir el ceño y movían la cabeza con pesar. Le convencieron de que no las salvarí el tiempo transcurrió y contra todo pronóstico mejoró. Después lo enviaron a otro hospital militar en Roma, donde pasó una larga vez sin ocultar su cojera, Naruto caminó hasta el Roma recibió la visita de su hermana y su cuñado. Karin estaba segura de que sanaría completamente y se quedó con él por un largo periodo, regresando a Inglaterra solo un par de veces. Naruto vio pesar y compasión en el rostro de su familia y ás, su futuro era incierto. Así que muy pronto tomó una decisión que le repercutiría hasta ese instante: romper el compromiso con Hinata.
—Creí que la libertad era el mejor regalo que podía darte, porque yo ya no era aquel hombre sano y con expectativas del que tú te habías enamorado. —Se encogió de hombros
—. Sabía que lo superarías y que encontrarías la felicidad sin mí. —Le dolió tener que admitir aquello—. Al parecer no me he equivocado.
Ella había hecho su elección.—Puedo entender la impotencia y la ofuscación que sentiste en el hospital. Me enferma todo lo que has debido pasar... Pero quiero que entiendas que de haberlo sabido toda tu recuperación hubiera sido más llevadera. ¡Por Dios, me tendrías a tu lado!Naruto ya lo sabía. Había estado torturándose con su decisión desde hacía meses.
—Eso ahora carece de importancia.
Para Hinata sí la tenía. Era sumamente importante. Se sentía muy dolida porque el hombre que amaba no hubiera confiado lo suficiente en ella.—Me cuesta ser indulgente con tu comportamiento y no lo voy a ser—farfulló sofocando un gemido de desesperanza—. No puedo perdonar tus mentiras ni que hayas provocado mi sufrimiento sido grosero, hiriente y te las has apañado a la perfección para apartarme de tu lado. ¿Es así como actúas con la gente que amas?Él bajó la cabeza, avergonzado.
—Lo siento. —Ahora, la enormidad de su error resultaba apabullante—. Solo puedo decir que lo hice por tu abstuvo de confirmarle lo mucho la había amado y que todavía lo hacía. Solo serviría para humillarse más.
—¡Dios me salve de los hombres que hacen las cosas por el bien de las mujeres, porque sois capaces de cometer barbaridades por ello! —gritó con rabia. ¿Qué derecho tenía a decir por ella?Naruto se la quedó mirando unos instantes mientras evaluaba su humor.
—¿Por qué estás tan enfadada? —preguntó—. Me dijiste que habías pasado página y ahora debes estar feliz porque vas a casarte con el duque.¿Qué más necesitaba de él? Se preguntó con angustia. Ahora sabía la verdad e iniciaría una vida próspera junto a otro hombre. Él lo odiaba,pero le había hecho un favor.
—No voy a casarme —le interrumpió ella, furiosa.
—¿Q...qué?No sabía si había entendido bien y no quería hacerse ilusiones,aunque su corazón latiera desbocado.
—Lo que has oído. Por tu forma de comportarte conmigo no te mereces esta explicación, pero de todas formas te la voy a dar. Estaba dolida y enfadada contigo, así que modifiqué la verdad para hacerte daño. Hinata se sentó, porque de repente sus piernas no la sostenían;estaba contó todo entre el duque y ella sin omitir la petición de mano y el rechazo por su parte. También le reveló la discusión que había mantenido con Karin en el baile. No estaba tan segura de querer airear sus sentimientos por él.
—Guau —susurró. Naruto trató de asimilar sus palabras. Despacio y cojeando avanzó hasta donde ella estaba y se sentó a su lado, para terminar sonriendo como un tonto. Hinata, su Hinata, no quería al duque de Dunham. Sintió una ligera esperanza.
—Es bueno saber que todo esto te resulta divertido —comentó sarcástica.
—No se trata de eso. Todo es debido al alivio.
—¿Alivio? ¿Qué quieres...?
—Te amo. —Lo soltó de forma brusca, pero no podía esconderlo más. —Ella se lo quedó mirándolo sorprendida. No dijo nada
—.Pensaba que sería capaz de llevarlo con dignidad, pero me equivoqué.Los celos aparecieron de repente y me asfixiaron. Te quería para mí y lamenté profundamente mi modo de proceder. Lo siento tanto...Ahora sé que debí preguntar.
—Debiste —le confirmó Hinata, aunque su humor no había mejorado.
—Lo sé. ¿Qué hubieras contestado si al regresar te hubiera pedido que te casaras conmigo, con un lisiado? —se atrevió a más quería verse roído por la duda.
—No eres un lisiado; solo cojeas —protestó ella en su defensa.
—Responde —la urgió.
—Hubiera respondido lo mismo que si estuvieras cojo, paralítico,ciego, sordo o manco —le miró con el corazón en la mano—. Sí.Esa simple palabra le hinchó el corazón.
—Me amas —no era una pregunta.
—Con todo mi corazón. —Hinata nunca había sido tan sincera. Naruto la rodeó fuertemente con sus brazos y la besó con pasió labios estaban ansiosos y ya no deseaba poner más había juzgado mal y estaba arrepentido de que ella lo comprendiera así. Hinata se dejó llevar ante el despliegue de encantos que presentó Naruto . Durante un instante se olvidó de pensar con claridad y su resistencia se tornó inocua. Estaba demasiado pendiente de esos labios exigentes y de esa lengua devastadora que arrasaba el interior de su boca. Saboreó con deleite cada una de las sensaciones que estaba experimentando.
—Mi amor... —lo oyó suspirar en una breve retirada, antes devolver a capturar su boca y jugar con ella hasta ó que Naruto parecía decidido a mostrarle cuán compatibles eran sus bocas y sus cuerpos; a seducirla. Sus manos descendían,audaces, hasta detenerse en sus caderas y la joven comenzó a advertir un cosquilleo pudo evitar ruborizarse. Hinata sabía que él estaba hambriento... hambriento de ella. Lo notaba en el calor que desprendía su cuerpo, en su respiración acelerada, en la fogosidad de sus movimientos. Atrás habían quedado los galantes coqueteos que había experimentado durante su compromiso. Ahora, su comportamiento le recordaba el ardiente intervalo que habían compartido en el baile de má el beso se volvió más profundo, y en un atisbo de conciencia, Hinata se dio cuenta de que ambos estaban a punto de traspasar el umbral de la decencia. Tuvo que recordarse que seguía herida y que no iba perdonarle sus fallos. Le apartó con tanta rudeza como determinación y tomó una bocanada de aire, mientras la realidad se imponía con la misma fuerza que un brusco despertar.
—Detente —murmuró haciendo esfuerzos por recuperar su tono habitual—. ¿Te crees que con pedir perdón y chasquear los dedos vasa conseguir que me olvide de todo? ¿Crees que mi memoria es tan frágil como para perdonarte con facilidad? —A pesar de sus intentos,sonó molesta. La indignación fue ganando terreno.
—Tranquila —Naruto habló con voz ronca, recuperando poco apoco la normalidad en la respiración—. Todo va a estar bien.
—No, no lo va a estar. Si de verdad me quieres, vas a aprender una lección dolorosa, al igual que he hecho yo.
Naruto sintió un temblor. En un abrir y cerrar de ojos la situación se había tornado desfavorable para él y eso que ni siquiera quería pensaren la posibilidad de que Hinata hablara de verdad.—¿Qué quieres decir?
—No mereces mi perdón. Y no lo tendrás. Por lo menos ni hoy ni mañana.
—¡Pero me amas! —protestó con vigor—. Después del infierno que ambos hemos pasado, ¿vas a dejarme?Era inverosímil.
—Sí —contestó ella. La decisión estaba tomada—. El amor verdadero es un riesgo y tú no eres más que un cobarde. He tenido que enfrentarme a ti para saber la verdad. No quiero unirme a un hombre que no lucha por su felicidad. —Hinata sabía que estaba en una posición delicada y que tan solo podrían estar de nuevo juntos si él daba un paso más. Todavía le quedaba una lección que comprender—.Recuerda: esto no te lo he hecho yo, nos lo has hecho tú.Salió enjugándose las lágrimas. Hubiera sido muy fácil ceder a sus instintos y consolarse en sus brazos, se dijo. Pero no lo harí una decisión en firme. Hinata parecía destinada a cometer los mismos errores que Naruto . En aquella situación, la soberbia estaba reñida con el amor y si ambos no daban un paso adelante todo lo que habían construido juntos iba á no fuera demasiado tarde para la pareja.
