Capítulo 8

Que Hinata fuera llamada al despacho del conde de Millent a media mañana del día siguiente no fue nada nuevo. No se trataba de una invitación de cortesía para mantener una amena conversación, era más bien una tuvo que preguntar el motivo de la visita. Se lo imaginaba. La noche anterior Sakura se había colado en su habitación para advertirle del escándalo que se avecinaba: al parecer, su discusión con Karin se propagó más rápido y con más fuerza que un rayo por la ciudad y ya no había nadie que no estuviera al tanto de sus desventuras. Y eso era una contrariedad que le producía bochorno. Porque ella siempre se había movido con discreción, quizás debido a su falta de belleza. La única nota discordante fue la relación que había mantenido con Kiba Inuzuka después de su ruptura con Naruto, pues ir del brazo del Duque significaba ía lo que fuera por zanjar el asunto.«¿Qué iban a pensar de ella?», se preguntó con cierta desolación.«La pobre Hinata abandonada se consuela en brazos de otro». «A Hinata le ha salido bien la jugada, consiguiendo un duque por el camino». «Hinata la fea va a convertirse en duquesa...»¡Uff! Fuera lo que fuera lo que comentaran sobre ella no sería bueno. Si por lo menos Karin hubiera controlado su carácter hasta encontrarse en un ámbito menos público, todo sería distinto. Y ella no debería dar explicaciones a Jiraiya Doyle ni a nadie. Pero no, no se había conformado con ponerla al tanto del estado de su hermano, por el contrario la había increpado delante de todos. Hinata creía en Dios, pero no era una mujer llena de virtud y misericordia que perdonara todos los pecados. Si bien desde su perspectiva —la de despechada—, podía entender que se hubiera encolerizado por pensar que su amor por Naruto era tan difuso y que mientras él sufría ella se estaba divirtiendo con era el caso, o por lo menos se necesitaban ciertos matices para comprender la situación.A pesar de la furia en el baile de máscaras, Hinata conocía bastante bien a Karin y estaba convencida de que en aquel instante estaría tan arrepentida como , por su parte, no le guardaba rencor. Todo había sido fruto de los malentendidos. Sin embargo, su corazón sí que albergaba resentimiento hacia Naruto por mentirle con tanto descaro, por permitirle sufrir cuando era innecesario, por hacerla sentir culpable y por muchas más cosas. Hinata suspiró y se encaminó hacia el despacho del Jiraiya Doyle no era su padre se sentía obligada a escucharle, puesto que en los últimos años había actuado prácticamente como si lo fuera, velando por ella. La había alojado en su casa, le había procurado un digno vestuario —si era más escaso que el de Sakura era porque ella se había negado a tomar más—, la había acomodado en la mesa como una más de la familia y se había preocupado por su bienestar.¿No le daba derecho eso, por lo menos a hacerse oír?A pesar de los funestos presagios que rondaban por su mente,Hinata en todo momento creyó que saldría bien parada de aquella situación. Se escudaría con que Kiba era solo era un amigo y Naruto alguien del pasado. Si ella, que era la más perjudicada, no evidenciaba ningún tipo de contrariedad, su nombre quedaría sepultado en el olvido. El escándalo la había salpicado, cierto, aunque no era para tanto. Pronto llegaría otro a mismo le diría al conde. Hinata, que ya había preparado un sinfín de respuestas para convencer al conde, no esperaba que en el despacho hubiera más gente presente. No solo se encontraba el conde en él. Estaba acompañado por el mismísimo Naruto Uzumaki y su cuñado,Suigetsu .

—¿Se puede saber qué hacen ellos aquí? —preguntó con un tono parecido al desdén cuando los tres pares de ojos se posaron en rigidez de su cuerpo indicaba con claridad que estaba dispuesta a librar conde se revolvió incómodo en su asiento.

Naruto Uzumaki le había puesto al corriente sobre los sentimientos de Hinata, así como de la decisión que había tomado. Y ahora debía mediar entre las dos partes y explicar a la joven sus limitadas con fervor que ella fuera razonable.

—Hinata, por favor, siéntate —le pidió con obedeció a regañadientes y tomó la silla que quedaba más alejada de Naruto. Es más, hizo cuanto estuvo en su mano para no mirarlo. Le molestaba que hubiera actuado a sus espaldas,presentándose en aquella casa sin invitación. Suigetsu tomó la palabra.

—Ante todo, Hinata, deja que te pida perdón en nombre de mi esposa. Ella habría deseado venir en persona, pero le hice ver que antes había asuntos más urgentes que arreglar.

—Tiempo habrá —murmuró el conde, con las manos entrelazadas sobre el escritorio

—. ¿Hinata?Ella trató, en vano, de no preocuparse por las últimas palabras del esposo de Karin. No obstante, era difícil pensar que el único motivo de aquella reunión fuera una disculpa. No necesitaba de la compañía de Naruto para un ligero temor trató de escabullirse.

—Está perdonada —contestó con prontitud—. ¿Eso es todo?Se levantó dando un conde hizo un movimiento negativo con la cabeza y le pidió que volviera a sentarse.

—Tu nombre está en boca de todos.

—¿Y qué? —replicó ella con una sonrisa floja—. No es porque yo lo haya querido así.

—Estamos ante un terrible enredo. ¿Lo comprendes, Hinata?Ella alzó la ceja izquierda, dejando ver su escepticismo.

—No veo por qué. Hacía semanas que se especulaba sobre mi relación con Naruto.

—Debido a tu acercamiento al duque de Dunham —puntualizó su antiguo prometido con acritud. Hinata le lanzó una mirada desdeñosa.—La gente sabía que estabas en Londres y a pesar de eso no te dejaste ver conmigo. Es normal que se empezara a especular.

—Entonces crees que es por mi culpa.

—No lo creo, estoy segura —afirmó con contundencia.

—Uzumaki... Hinata... —intervino Jiraiya Doyle—. Os sugiero que dejemos a un lado la exaltación y no hablemos de culpas, sino de soluciones —dijo de modo conciliador—. El asunto es que vuestro compromiso nunca se dio por roto de forma oficiosa y con todo el revuelo de anoche la gente se está preguntando qué diantres está pasando. Unos creen que la dejaste por otra mujer y los demás que fue Hinata quien lo hizo primero ante una mejor oportunidad.

—¡Y qué importa! —exclamó la joven. ¿Querían pensar que era una oportunista? Pues que lo una lástima que el conde no lo viera igual.

—No me gusta verme mezclado en escándalos de ese tipo, Hinata .Y tu padre estaría de acuerdo. Lo de anoche parecía una riña de amantes. ¡Por Dios, desapareciste tras él! ¿Crees que nadie se dio cuenta? La gente va a comenzar a cuestionar tu moralidad, así que para atajarlo cuanto antes lo mejor sería anunciar...

—Podemos publicar una nota en The Times —lo interrumpió al darse cuenta de lo que quería decir—. Si las dos partes nos ponemos de acuerdo y aclaramos que el compromiso estaba roto desde hace unos meses, nadie tiene por qué poner en duda mi conde examinó su rostro durante un breve segundo.

—¿Has pensado bien en eso, muchacha? Lo que será de tu reputación y de tu futuro. Tienes una nueva oportunidad. ¿No deberías aprovecharla? —le preguntó, convencido de que aquella solución era la correcta—. Me consta que Uzumaki es un buen hombre, a pesar de haberte mentido. Pero todos estamos de acuerdo que lo hizo pensando en tu bien. Hinata hizo una mueca de disgusto. Por supuesto que ella no estaba de acuerdo, no obstante, permaneció callada. Nadie había hablado de matrimonio de forma explícita, si bien todo apuntaba hacia ahí. Y que Jiraiya hubiera hablado primero con Naruto antes de saber lo que opinaba ella del asunto era indignante. Además, le dolía que se hubiera posicionado con tanta rapidez en el bando contrario.—Eso es discutible —masculló entre conde lo dejó pasar.

—¿Tienes alguna otra objeción?

—Naruto me dejó —respondió consternada, como si aquella respuesta fuera suficiente para explicar su rotunda negativa.

—Cambié de opinión —declaró. Él también quiso dejar clara su postura, pero a Hinata no le sirvió.

—¡No puedes cambiar de opinión cuando te venga en gana!Naruto miró a los demás con una expresión tensa.

—¿Podrían dejarnos un momento a solas?

—¡No, no pueden! —se apuró a contestar ella. Lo último que necesitaba era que Naruto pusiera todo su empeño en hacerla cambiar de opinió eso sucedía su determinación sería puesta a prueba. Hinata había acertado sobre las intenciones de su antiguo prometido.

Naruto pensaba que si se quedaban a solas tendría muchas más oportunidades de convencerla. Tenía sus mé ía pensado largo y tendido sobre aquel asunto durante toda la noche en la que apenas pegó ojo. En que ella le amaba, en sus errores,en sus posibilidades y en el modo en el que Hinata pudiera perdonarlo.A primera hora de la mañana había tomado una resolución: a él le daba igual el escándalo, pero no iba a renunciar a Hinata ni aunque ella estuviera pidiéndoselo. Así que hizo levantar a su hermana y a su cuñado y les explicó lo que pretendía: tomar el control de su la primera vez que lo hacía desde el siguiente paso fue hablar con Jiraiya Doyle para lograr su bendición.

—Hinata, estás siendo muy tozuda —intervino precisamente el conde. —Ante el silencio de la joven se vio obligado a endurecer sus palabras—. No quiero ser injusto contigo. Sabes lo mucho que te aprecio, pero lo correcto es aceptar las disculpas de Uzumaki y proseguir con vuestro compromiso. De lo contrario...El conde dejó la frase a medias de forma intencionada. Y con ello quería hacer pensar a Hinata. Ella reprimió un gemido. Aquel golpe fue de lo más efectivo, pero la dignidad que sentía le impidió dar su brazo a torcer. Si Naruto se hubiera presentado ante ella mostrando su arrepentimiento y no dándolo todo por sentado, todo podría ser distinto.«No darás ni un paso atrás», se ó el rostro sin vacilación.

—Jiraiya, comprendo que te sientas incómodo con todo este asunto que no tiene ni un ápice de sencillo. Así que lo mejor será que parta hacia Surrey tan pronto como mi equipaje esté listo.Él titubeó y giró el rostro hacia la dirección donde se encontraba el antiguo prometido de la joven, que aguardaba con el rostro pétreo. Sus miradas se intención había sido empujarla con suavidad hacia los brazos de Naruto Uzumaki, no echarla de su casa. Aun así, ahora no podía echarse atrás.

—¿Estás segura de tomar la decisión acertada?Hinata cabeceó despacio. Tenía la garganta reseca, los ojos húmedos y la vista nublada.

—No hay más que hablar —sentenció antes de dejar a los tres hombres con la boca de ellos habría apostado por aquel final. Hinata trató de llegar a su habitación entera, de una sola pieza, pero la verdad era que pensaba que iba a quebrarse en cualquier supuesto que deseaba desposarse con Naruto; había sido su sueño desde que lo conoció. Entonces, ¿por qué tanta vehemencia y resistencia? ¿Acaso no era mucho más fácil aceptar el perdón que Naruto le ofrecía?¿Con honestidad? Su comportamiento solo se podía resumir en una sola palabra: el palabra que le empujaba a hacer lo contrario a lo que deseaba su corazón. Y maldito fuera su corazón por ser tan débil.¿Qué debía hacer? ¿Cuál era la elección acertada? Naruto le había hecho demasiado daño como para olvidarlo de un plumazo. Y sin embargo, castigarle haciéndolo sufrir era una perversa venganza para la cual no estaba preparada. El arrepentimiento fue casi instantáneo,porque rechazándolo ella misma se garantizaba un futuro lleno de miserable tristeza.¿Quién deseaba vivir así teniendo la felicidad al alcance de la mano?Una determinación brotó de su cuerpo con la misma fuerza que la embestida de un vendaval. Iba darse la media vuelta y correr hacia la planta inferior para detenerle cuando una de las doncellas fue en su bú rostro no indicaba nada bueno.

—¡Señorita Hyuga, debe bajar al salón de inmediato!Contrariada por las prisas, ella hizo todo lo contrario: sus pies se negaron a moverse hasta saber el motivo de la urgencia.

—¿Qué ocurre?La doncella se retorció las manos.

—¡El señor Uzumaki se ha vuelto loco!

—¿Naruto? —preguntó Hinata con asombro—. ¿Se puede saber qué ha ocurrido?

—Lord Millent había pedido a los lacayos que escoltaran al señor Uzumaki y a su acompañante a la salida, tras la charla que habían mantenido en el despacho del conde. No sé con exactitud qué ha ocurrido a continuación, pero ha terminado enzarzado en una pelea.

—¡En una pelea! —repitió Hinata, sorprendida por el bruto comportamiento de Naruto—. ¿En esta casa?

—Lord Millent me ha pedido que suba a buscarla. Hinata se recogió las faldas y echó a correr, todavía incré que su rechazo no tuviera nada que ver.

Quedó sobrecogida por la barroca escena que se desarrollaba ante sus ojos. Había un jarrón de porcelana hecho añicos en el suelo. Una butaca de nogal tumbada en el suelo. Jiraiya Doyle alzaba la voz acompañado con gestos de impotencia y tratando de hacerse oír. Suigetsu permanecía de pie con aire burlón, como si la escena le pareciera divertida. Por lo que parecía, no pensaba intervenir. Y Naruto... ¡Dios Santo! Estaba profiriendo amenazas al aire mientras repelía la embestida de dos lacayos, usando su bastón y tratando de proteger su pierna el momento los había mantenido a raya. Con el bastón a modo de escudo y atrincherándose en una esquina, se había aprovechado del miedo de los sirvientes por atacar a un hombre de su posición.

—¡No voy a marcharme hasta hablar con Hinata! —gritó a plena voz.

—Ya la has oído. Ella no quiere verte más. —El conde exhortó a los sirvientes para que lo atraparan de una cuanto uno hizo un intento por abalanzarse sobre Naruto, este le dio un ligero toque con el bastón en la pierna que lo echó para atrás de inmediato. Pero cuando ambos atacaron a la vez y consiguieron arrebatarle el preciado bastón, se vio desprotegido. No le quedó más remedio que revolverse con su posición, Hinata advirtió que con disimulo Jiraiya indicaba a su antiguo prometido que tomara un jarrón situado en una mesilla próxima que podía alcanzar con las manos. Era una maniobra cuanto menos cuestionable si el conde de verdad deseaba echarle de su casa. ¿Por qué iba a darle ventaja? Naruto dudó y apenas negó con la cabeza, como si temiera herir a los hizo pensar a Hinata, que ató cabos al instante. Debería hervirle la sangre de indignación por lo que ahí sucedía, pero para su propia sorpresa, se cubrió la boca con una mano tratando de disimular una pareció ridículo, terriblemente ridículo. Era como un ballet hecho con mal gusto y con pies gigantes. Un puño alzado, amenazas que sonaban vacías... La armonía brillaba por su a gritar que ya había tenido suficiente de esa pantomima, cuando un mal gesto consiguió lastimar de verdad a Naruto. Cayó al grito de dolor resonó por la estancia y los lacayos se apartaron al instante, mirándole con preocupación. Jiraiya, Suigetsu y la propia Hinata se acercaron corriendo.

—¿Estás bien? —le preguntó el conde, el primero en llegar.

—Apartaos, apartaos —ordenó Hinata haciéndose un hueco. Se arrodilló a su lado y depositó una mano en la mejilla mientras él se masajeaba la pierna

—. Naruto, ¿te han dado muy fuerte?A alguno de los dos lacayos se le había ido la mano con aquella pelea de mentira. Por supuesto, tampoco era culpa suya, a ellos les habrían ordenado participar. Pero no soportaba la idea de ver lastimado a su amado. Aquel hombre era todo para ella y en aquel instante sintió que todas sus riñas carecían de importancia.

—Creo que sobreviviré —masculló, todavía sintiendo dolor.

—Mi amor, no hagas esfuerzos —dijo ella. Le dio un sutil beso en los labios y comprobó que Naruto estuviera entero.Él alzó los ojos, tan esperanzado como un náufrago ante la visión de tierra firme.

—¿Eso significa que...?Hinata asintió.

—Que te perdono, a pesar de la deplorable representación en la que todos estáis involucrados.

—¿Cómo...?

—¿Me preguntas cómo me he dado cuenta de que se trataba de una farsa, de puro teatro? —Giró el rostro hacia Jiraiya Doyle—. He visto cómo te ayudaba. No os contratarían ni en el decadente Drury Lane. Naruto lanzó una profunda carcajada.

—Fue idea del conde. Le advertí que eras muy perspicaz y que no te lo tragarías, pero todos estábamos de acuerdo en que era necesario mostrarte lo mucho que te amo y que no estoy dispuesto a rendirme contigo. —En ese instante su semblante se tornó serio

—. Hinata,cometí un error. El más grande de mi vida. Pero estoy dispuesto a hacer cualquier cosa por resarcirte. A viajar al fin del mundo, gritar mi amor a los cuatro vientos o a secuestrarte si es necesario.

—No creo que sea necesario llegar a tales extremos —opinó ella.Él no estuvo de acuerdo.

—Tómate muy en serio esta amenaza. No descansaré hasta que me aceptes de nuevo. Hinata sonrió, llena de alegría. Ahora lo veía todo muy claro y sabía que su vida estaba junto a aquel hombre.

—Pues no tendrás que esperar mucho. Al parecer soy fácil de convencer. Naruto lanzó una serie de vítores que lograron arrancar la carcajada de Suigetsu y el conde.

—¡Esta mujer me acepta! —exclamó tomándola por la cintura y sentándola en su regazo—. ¡Me acepta!

—Alto ahí —lo detuvo ella, sofocando la euforia—. Antes tendrás que escuchar mis condiciones.

—¿Condiciones? ¡Maldita sea! ¡Lo que pidas!

—Lo primero y más importante —comenzó diciendo Hinata—: vas a ir a Surrey y pedirás perdón a mis padres por todo el daño que me has causado. Después, volverás a pedir mi mano. Solo me casaré contigo si ellos están de acuerdo. —Hinata advirtió que Naruto fruncía la frente con preocupación, por lo que se apresuró a tranquilizarle—. No te preocupes, son personas comprensivas.

—Eso espero —masculló entre dientes. Como bien decía su amada Hinata, en su intento por liberarla y empujarla hacia una vida mejor había conseguido dañarla en lo más profundo. No era una afrenta fácil de suerte, la joven era lo suficientemente generosa como para darle otra oportunidad. Faltaba saber qué opinarían sus padres y si sería posible volver a congraciarse con ellos.

—Segundo... —continuó Hinata, ajena a los temores de Naruto—.Quiero que todo Londres sepa por qué renunciaste a mí. Aunque te haga parecer un tonto. —Si iba a ser objeto de un sinfín de cotilleos,mejor que ellos les proporcionasen la información. Y a lo grande—. Lo relatarás como una historia de amor épica que ha vencido todos los obstáculos. —Ante el énfasis de Hinata, él alzó los ojos, pero no dijo nada—. Que a nadie le quepa duda de lo mucho que me amas

.—Es que es cierto —murmuró él. No obstante, Hinata no le hizo caso. Seguía inmersa en todas aquellas condiciones.

—Tercero... Una vez obtenido el perdón de mis padres fijaremos la boda para dentro de unos meses. No demasiados, dado que ya estuvimos prometidos. Y por último... Vas a demostrarme día a día y hasta el último aliento que soy la única mujer en tu corazón.

Finalmente Naruto sonrió, mostrando sus perfectos y alineados dientes. Aquella condición era la más fácil de todas y a decir verdad,estaba impaciente por ponerse a ello cuanto antes.

—Este salón está lleno de testigos, así que delante de todos ellos voy a prometerte cumplir todas y cada una de tus peticiones. Porque te amo. Te amo, Hinata. —La besó con dulzura—. Eres el amor de mi ladeó la cabeza y se lo quedó mirando fijamente.

—Aunque sea fea —apostilló.

—¿No lo sabes? Las feas me rieron, felices. Naruto pidió con un discreto ademán que los dejaran solos. Había demostraciones de afecto que era mejor mantener en privado.