Capítulo 9: El rescate (Parte IV).
Sentada sobre los lomos de Ah-Un, Kagome podía sentir el incremento de las energías negativas en la cima de esa montaña. Para sorpresa de la sacerdotisa, la presencia de las aberturas comenzaba a ser menos frecuentes, obteniendo, por el contrario; la aparición de una nube de veneno penetrante y extremadamente dañino tanto para humanos como para demonios. El aire contaminado provenía de la parte más alta del lugar, esparciéndose con facilidad gracias a la ventisca; afectando con rapidez a todo aquel ser vivo con el que tuviese contacto.
-Esto no es nada bueno… -, susurraba la sacerdotisa al percibir ese mal olor.
Tapándose el rostro para no respirar ese veneno, Kagome sabía que no podían permanecer mucho tiempo cerca de ese sitio; temiendo por el fracaso del plan de eliminar a ese enemigo aún desconocido ante la ausencia de Inuyasha y su poderosa espada.
"El colmillo de acero es muy poderoso. Si lo tuviésemos aquí, quizá podríamos romper con facilidad ese campo de fuerza formado y enviar a otra dimensión al enemigo", pensaba la mujer tras colocar una segunda mano sobre su rostro para no respirar ese olor a podredumbre. "Inuyasha, ¿por qué tardas tanto en venir?", insistía en sus pensamientos al sentir ardor en sus ojos ante la presencia de ese veneno.
Llegando en forma de una bola de energía, Sesshomaru aparecía repentinamente. Analizando con rapidez la situación, él sabía que el tiempo era limitado.
"No sólo se protege con ayuda de ese veneno, hace uso de esa energía para reforzar la protección y dificultarnos la entrada", pensaba detenidamente el demonio al ver a la humana luchando por no respirar ese veneno.
-Jaken -, gruñía al observar a su fiel sirviente mareado, temiendo por el bienestar del mismo a pesar de su aparente rostro inexpresivo.
-Amo… no… me… gusta… -, expresaba con dificultad al no soportar ese mal olor, permaneciendo arrecostado sobre la silla de montar de Ah-Un.
-Apresúrate -, demandaba -. Ve al castillo y saca a Rin de ese lugar, inmediatamente.
-Sí…amo… -, susurraba al tratar de sentarse para tomar las riendas del dragón de dos cabezas -. Ya… escuchaste…Vamos…por…Rin…
-Volaremos -, anunciaba el demonio. Estirando su estola para rodear el cuerpo delgado de Kagome, Sesshomaru la tomaba para volar juntos en dirección a ese enemigo.
Observando cómo se alejaban Jaken y su demonio-dragón Ah-Un, Sesshomaru avanzaba por los aires hacia la frontera de ese campo de energía, confiando en que su sirviente cumpliría las ordenes indicadas.
-Tenemos poco tiempo… -, expresaba la sacerdotisa al ajustar su arco y flecha para apuntar hacia ese campo de fuerza -. El olor es muy penetrante. Dudo poder soportarlo mucho tiempo sin ayuda de alguna máscara.
Escuchando la advertencia de Kagome, Sesshomaru desenfundaba su espada Bakusaiga manteniéndose en el aire para utilizarla en ese instante en que se creara la abertura.
- ¡Escucha demonio! -, advertía la mujer al jalar la cuerda de su arco -. ¡Sal de ahí! -, gritaba con mayor fuerza al lanzar esa flecha con poderes espirituales; rompiendo con facilidad ese campo de fuerza el cual expulsaba un veneno penetrante como mecanismo de defensa -. ¡Este es el momento, Sesshomaru! -, anunciaba.
Haciendo uso de su espada, el hermano mayor de Inuyasha observaba cómo su ataque únicamente eliminaba a los pequeños demonios salidos de esa montaña, dejando al enemigo principal intacto ante el desconocimiento de su paradero; quedándose para sorpresa de ambos ese pestilente olor por los alrededores.
-Su corazón… -, susurraba la mujer -. No debe de estar aquí… No veo nada, no siento nada.
-Ah, tan audaz como siempre -, intervenía una voz de ultratumba -, joven proveniente de una Era extraña… -, continuaba hablando ese demonio, haciendo que su voz resonara por el lugar como un eco -. Es cierto, mi corazón no se encuentra en este lugar. El demonio al que ustedes llamaban Naraku; nos ensenó mucho a todos aquellos que deseamos convertirnos en los más poderosos de estas tierras. Si lo desean, podemos continuar jugando.
- ¡No, gracias! -, respondía Kagome al alistar una segunda flecha -. No deseamos nada de un ser oscuro. Dime algo, ¿¡quién eres!? -, preguntaba al apuntar hacia el mismo lugar en donde había lanzado esa primera flecha con la esperanza de visualizar al dueño de esa voz -. Si eres tan valiente como crees, ¡entonces muestra tu rostro! -, demandaba.
-Ah, humanos… Tan graciosos como siempre… -, respondía entre risas esa voz gruesa - ¿No te parecen divertidos, Sesshomaru? Los humanos son tan frágiles, tan efímeros y tan ridículos. Sus sueños son… algo simples. Siempre preguntándose qué van a comer, quién los va a amar, cómo harán para vestirse mejor y una que otra preocupación absurda… ¡Tonterías! Sí, todo lo que desean son tonterías…
- ¡Calla y sal! -, insistía la sacerdotisa al girar sus ojos de un lado a otro en busca del lugar en dónde se podría encontrar el cuerpo al que le pertenecía esa voz -. Maldita sea… -, gruñía en voz baja al no poder sentir nada.
-Tranquila, mujer. No me vas a encontrar -, explicaba al percatarse de las intenciones de la esposa de Inuyasha -. Tengo formas para desaparecer mi esencia y mis poderes…
- ¿¡Por qué haces esto!? -, preguntaba Kagome, manteniendo su arco y flecha lista para atacar.
- ¿Por qué…hago… esto? -, respondía a manera de pregunta ese ser -. Bueno, no lo sé; humana. Quizá, porque siento náuseas de ver alianzas entre humanos y demonios. Ese idiota de Naraku, creó uniones asquerosas…
"¿Uniones asquerosas?", se preguntaba confundida Kagome ante la confesión de ese ser.
-Claro que sí. Mira lo que sucede ante mis ojos. Qué escena tan patética veo. ¿Cómo es posible que una humana y el hijo del gran Touga se encuentren trabajando juntos? -, reclamaba -. ¿¡Acaso ahora todos los seres poderosos desean unirse con humanos débiles!?
- ¿Tanto alboroto por algo tan infantil? -, intervenía Sesshomaru al escuchar esas palabras a las que consideraba patéticas -. Qué estúpido eres… -, continuaba diciendo.
Descendiendo para colocar a Kagome sobre el suelo, Sesshomaru enfundaba su espada.
-Estúpido, dices… -, susurraba esa voz entre risas al considerar palabras interesantes las dichas por ese demonio de cabellera plateada -. No, para nada. Estúpidas son tus acciones, Sesshomaru. ¿Qué haces defendiendo aldeas humanas? ¿Acaso deseas la aprobación de esos seres inferiores? O es quizás otro el motivo que te ha hecho defender estas tierras cada vez que un demonio desea acabar con ellos. Lo extraño, es que suele ser un área el que más te agrada defender…
-Vámonos… -, demandaba Sesshomaru al perder interés acerca de esa conversación.
-Sí, no me agrada quedarme un minuto más. Además, su corazón… -, respondía Kagome al guardar su flecha y colocar su arco de manera que fuese más fácil movilizarse.
- ¿Ya se van? -, preguntaba en un tono burlón esa voz -. Ah, debe ser que estás preocupado por esa chiquilla… Entiendo, nos vemos más tarde en el castillo; Sesshomaru… -, indicaba el dueño de la voz al cerrar nuevamente ese portal.
- ¡Lo sabía! -, gritaba Kagome al ser rodeada por la estola sin previo aviso -. ¡Ese demonio no está aquí sino en el castillo! ¡Será mejor apresurarnos!
Elevándose por los aires para dirigirse al lugar en el que se encontraban los demás, Sesshomaru sentía rabia consigo mismo por haber descuidado de esa manera la vida de Rin.
"Maldita sea".
...
Finalmente, las palabras de Akihiro llegaron a oídos del Damyo y líder del Clan Hoyo, así como a sus más cercanos asesores. Siendo recibido dentro del castillo, el anciano soldado observaba cómo el padre del joven Akihiro junto a esos ancianos, tomaban una decisión.
-Iré a informarle al amo Akihiro todo lo que usted me dejó escuchar, señor -, comunicaba el anciano al realizar una reverencia.
-No es necesario -, respondía con tranquilidad el varón con barba y una cabellera sujeta por una coleta al ponerse en pie -. Iré al campo de batalla, y yo mismo acabaré con este problema.
- ¡Señor! -, gritaban al unísono los asesores -. ¡No debería ir!
-Amo Hoyo, no debería hacerlo. Si algo le pasa, usted mejor que nadie sabe que no contamos con un heredero para suplantarlo -, le recordaba uno de los ancianos al ponerse en pie para hablarle viéndolo a los ojos -. Debemos mantener la cabeza fría en estos momentos, señor. Si perdemos esta batalla, perderíamos a nuestro líder, las tierras y todo lo que nos ha costado conquistar. Los clanes del Este vendrían con rapidez a atacarnos. Eso, sin contar que nuestros enemigos del Oeste, están esperando por nuestra caída.
- ¿¡Acaso desean que ese demonio venga a mi casa a matarme!? -, preguntaba fastidiado a todos esos ancianos a los que consideraba anticuados y fastidiosos. Caminando en dirección a la salida, el padre de Akihiro dejaba a esos ancianos, siendo perseguido por el viejo soldado informante; quién decidía por sí mismo acompañarlo para aprovechar el viaje y poder ver a su joven amo.
-No es necesario que vengas -, indicaba el damyo al percatarse de la presencia del anciano.
-Si el amo me da permiso, me gustaría estar con el joven Akihiro -, explicaba al hacer una reverencia al mismo tiempo que caminaba con su cabeza agachada -. Verá…
-No debes de explicarte, Katomaru. Has cuidado de mi hijo desde el día que nació. Entiendo tu preocupación -, confesaba sonriente al interrumpirlo -. Pero, no me haré responsable por tu vida. Es una guerra contra un demonio, y no sé qué podría pasar al llegar al campo de batalla.
-Señor, pude verlo en acción y no tenemos manera de ganarle -, explicaba nervioso el anciano al acercarse hacia donde su amo estaba al ampliar su zancada -. Me temo que, será mejor atacar el castillo cuando ese ser extraño se vaya. Hemos escuchado rumores, ¿recuerda? Al parecer, ese tal Sesshomaru está enfocado en proteger una zona específica. ¿No deberíamos de contratar a un demonio para atacarlo? -, preguntaba al erguir su cuerpo y deteniéndose.
- ¿Sugieres que hagamos alianzas con otro demonio para derrotar al primero? -, preguntaba asqueado -. No. Esos seres no deberían de existir. Y nunca deberíamos de mezclarnos con seres extraños. Mi deseo, es una tierra sin seres como ellos… Dan asco…
-Entiendo, señor… -, susurraba a pesar de estar en total desacuerdo con los pensamientos de su amo -. Sus deseos, son los nuestros -, respondía el soldado al volver a inclinarse.
- ¿Eso crees? Mis ideas al parecer han sido superadas por las maneras en las que maneja la guerra esos asquerosos Seo, mi viejo compañero… -, respondía en voz baja al pensar en todo lo sucedido recientemente.
Moviendo sus manos para que varios de sus sirvientes se acercaran, el líder pedía su caballo. Observando al hombre marcharse para traer el animal, una voz en un tono suave pudo ser escuchada.
-Padre… -, susurraba.
Caminando en dirección a su progenitor, la joven de trece años, quien vestía un kimono color rosa pastel, dueña de hermosos ojos redondos y de color negro como la noche, con una piel tan blanca como la leche, llevaba en sus brazos una katana.
-Tome, por favor -, indicaba con una enorme sonrisa al acercarse -. Le ruego, se cuide mucho. Estaré rezando por su pronto regreso, padre -, expresaba al inclinarse para hacer una reverencia con sus brazos extendidos sosteniendo el arma con sus delicadas manos.
-No molestes, Ryoko -, respondía de mala gana, dándole la espalda a la jovencita. Tomando las riendas del caballo, mirando con desprecio a esa joven, el líder del clan subía sobre el lomo del animal -. Si deseas ayudar, báñate, arréglate y dirígete al castillo de los Seo.
- ¿Disculpe? -, preguntaba confundida al erguirse -. Si mi prometido se da cuenta…
-Ah, es cierto… Ya te había vendido… -, respondía en voz baja con una sonrisa -. ¡Traigan otro caballo!
- ¿Señor? -, intervenía el soldado al ver la extraña petición de su amo -. La joven…
-Ryoko, ¿qué estarías dispuesta a hacer con tal de ver a tu padre cómo el dueño de todas las tierras del oeste? -, preguntaba al sujetar fuertemente esas riendas, interrumpiendo al viejo soldado.
-Yo… -, susurraba nerviosa al no saber qué responder acerca de asuntos políticos. Tragando saliva para aclarar su garganta, la joven sabía que no tenía más remedio que seguir los mandatos del líder del clan -. Padre, sus deseos son los míos… -, decía en voz baja -. Lo que usted me pida hacer, yo lo haré con gusto…
Observando a lo lejos venir el nuevo caballo, el damyo y líder del clan Hoyo le pedía mediante un movimiento de su mano a su hija acercarse.
-Sube. Ven conmigo, vamos a donde se encuentran los Seo. A partir de mañana, estarás casada con Yohan.
...
Mientras Kagome había sido llevada al campo de batalla por órdenes del mismo Sesshomaru al pedirle a Jaken transportarla con ayuda de su demonio dragón Ah-Un, a Miroku e Inuyasha se les había encargado la tarea de rescatar a la anciana Kaede y a Rin. La misma esposa de la mitad bestia había sido la creadora del simple plan de rescate, el cual consistía en hacer uso de las habilidades del monje para exorcizar la entidad extraña dentro de ese castillo, mientras su marido se encargaba de buscar a las mujeres con ayuda de su olfato.
-La familia Seo… -, susurraba el monje al llegar hasta una de las montañas que le permitía visualizar a lo lejos el castillo junto con su amigo. Sintiéndose incómodo al ser cargado de la misma manera en la que Inuyasha solía hacerlo con su ahora esposa, Miroku expresaba sus sentimientos al no desear mantener esa posición a la que consideraba extraña -. Inuyasha, bájame; por favor. No me agrada estar siendo cargado como una mujer. Ahora soy un hombre casado y padre de familia…
-Oye, Miroku; ¿esta es la razón del alboroto de Sesshomaru? -, preguntaba al ignorar las palabras de su amigo -. No hay nada especial en ese lugar. Sólo hay demonios sobre ese castillo, un olor asqueroso y ya ¿Percibes algo extraño? -, preguntaba confundido.
-Bájame, por favor… -, reclama en un tono bajo, sintiendo cómo sus piernas comenzaban a sentirse extrañas ante la falta de circulación.
Liberando a su amigo lentamente para evitar lastimarlo, ante su deseo de no tener que cargarlo, Inuyasha se mantenía enfocado en lo estático que permanecían esos demonios sobre ese castillo.
- ¿Sientes algo? -, preguntaba nuevamente al olfatear a la anciana y a la joven Rin dentro del lugar. Percibiendo olor a sangre desconocida, vómito y un olor al que no identificaba.
-Aunque mis habilidades son menores a los de la señorita… Señora Kagome -, corregía, al recalcar el estado civil actual de la sacerdotisa -. Por el momento, siento presencias débiles. Según palabras de Jaken, la joven Rin y la señora Kaede estaban junto a dos muchachos y una mujer en trabajo de parto -, recordaba -. Sin embargo, las presencias no pasan de ser entidades débiles -, confesaba -. No comprendo, cómo la señora Kaede no ha podido encargarse… -, susurraba preocupado -. Quizá…
-Esa rana dijo que Sesshomaru estaba incómodo por la situación -, interrumpía.
-Quizá se deba a la sobreprotección que tiene para con la joven Rin, Inuyasha -, sugería al escuchar las palabras del mitad bestia -. De todas maneras, dinero es dinero; mi querido amigo. Quizá no lo sepas, pero esta familia es muy poderosa en esta región. Quizá, únicamente superada por sus vecinos los Hoyo… -, explicaba al comenzar su caminar en dirección al castillo por medio de ese camino por el que horas atrás habían viajado con el joven Yohan la anciana y la antigua acompañante de Sesshomaru.
-Vaya, ese imbécil de Sesshoamru y sus preocupaciones absurdas… ¡Vayamos a rescatar a esas dos y luego iremos por Kagome! -, demandaba a gritos, poniéndose en cuclillas para subir nuevamente a su amigo -. Súbete, Miroku. No quiero tener que lidiar con Sesshomaru si algo le pasa a esa chiquilla.
-Preferiría correr -, explicaba al negarse -. Aunque… A juzgar por ese veneno que rodea a ese castillo, quizá sea mejor no arriesgarnos -, analizaba -. Después de todo, tampoco deseo ver enojado a tu hermano.
Acercándose hasta donde estaba Inuyasha, Miroku no veía otra salida que; montarse sobre la espalda de su amigo.
-No sabes cómo lamento que mi amada Sango le haya entregado a Kirara a su hermanito…
- ¡No digas tonterías, Miroku! -, exclamaba al acomodarse a su amigo -. Prepárate que correré más rápido. No me gusta dejar a Kagome con Sesshomaru.
-No te preocupes, Inuyasha. El interés de tu hermano no es tu querida esposa… -, aclaraba entre risas al terminar de acomodarse sobre la espalda de su amigo -. Puedes proceder a correr.
-Tch, ya era hora…
Corriendo a máxima velocidad, Inuyasha sentía cómo el olor a sangre repentinamente podía sentirse dentro de ese castillo.
- ¡Oye, Miroku!
- ¿¡Qué sucede mi querido amigo mitad bestia!? -, preguntaba al sostener su báculo con todas sus fuerzas para que este no cayera al suelo.
- ¡No me gusta nada de esto! Hace un momento no sentía nada más que un olor a vómito, saliva, y un olor extraño; mas ahora puedo sentir la sangre de la anciana desde ese castillo.
-Ya veo… -, respondía entre susurros, pensando en lo peor -. Apresurémonos, porque…
-Maldita sea -, interrumpía.
- ¿Pasa algo, Inuyasha? -, preguntaba al mismo tiempo que una de sus manos sujetaba con fuerza su báculo -. Temo que me tengas más malas noticias…
-Y unas muy malas -, respondía al incrementar su velocidad -. Sesshomaru se aproxima.
Gracias por leer.
