Hola lectores de la sección de A Song of Ice and Fire, les saludo cordialmente. Como dice el dicho: Un Lannister siempre paga sus deudas. Lo que prometí en la publicación anterior que me tomaría un par de semanas para tener esta publicación bastante extensa e investigar sobre ciertas cosas para complementar la idea de esta nueva publicación.

Ahora bien este capítulo se sitúa paralelamente con los sucesos en al Sur del Cuello o al Sur de Poniente. Eso quiere decir que nos mantendremos en las montañas del Norte, solo por este capítulo que es bastante extenso, se darán cuenta de eso.

Además hice un pequeño cambio al capítulo donde incluyo el título de "Acto I", solo fue ese pequeño injertó de palabras y nada más, el resto sigue como ya esta publicado.

Este nuevo capítulo contiene de todo un poco y advierto desde "YA". Que veremos una breve escena casi al final de esta mencionada actualización de carácter Lime/Lemon, tampoco abusare de dicha categoría M, simplemente lo trato en un par de líneas y bastante puntual.

Por último espero que lo disfruten, e iniciamos con una pequeña introducción:


Los clanes de las montañas norteñas a la coronación del nuevo Rey en el Norte, se contaban alrededor de cuarenta clanes entre ellos, los más prominentes siendo los Flint, los Wull, los Norrey, los Burley, los Harclay, los Liddle y los Knott.

Tras la derrota definitiva de los Otros, la unificación de norteños y el Pueblo Libre. los montañeses se han mantenido en sus tierras ancestrales y fieles al nuevo Rey en el Norte.

Los clanes más fuertes resultaban ser los Wull y los Flint. Cada clan es reconocido por su resistencia, belicosidad, descendientes de los Primeros Hombres, adoran a los Antiguos Dioses y habitando las montañas norteñas hace miles de años.

A pesar de no considerarse de alta cuna, en Invernalia se les trata por cortesía con el título "Lord" por milenios simplemente se han identificado agregando la palabra "El" y agregando el apellido de jefe del respectivo clan.

Y dicha práctica se ha extendido hasta los Reyes en el Norte, siendo el actual monarca norteño llamado "El Jon".


Los Clanes de las Montañas Norteñas

Camino Real - Montañas norteñas. (Dalla)...

Habían partido de Invernalia en medio de una ligera nevada siendo un total de cien miembros de la comitiva que viajaban a la Brecha del Muro. En medio del viaje se sumaron Tormund Matagigantes y Soren Rompescudos junto a sus guerreros para elevar el numero de la comitiva hasta ciento cincuentas miembros.

Dalla Stark se mostraba emocionada por ser considerada lo suficientemente mayor para acompañar a sus progenitores en el viaje y dejando a su hermano mayor a cargo de Invernalia. Su padre le permitió montar por primera vez un caballo o en este caso una yegua de color castaña llamada Doncella, proveniente dicho nombre de su elegante forma de andar.

A pocos metros iba su primo Aemon Steelsong llevando una cota de malla, una coraza de cuero acorde a su edad y portaba una espada corta recién afilada, tras ellos se encontraba Emmett vigilando a los dos jóvenes en todo momento.

La niña le parecía descubrir un mundo nuevo, en el pasado solo había viajado por las inmediaciones de Invernalia y en cierta ocasión teniendo apenas dos años junto a su familia, visitaron Ciudadela de Torrhen, asentamiento de la casa Tallhart. La comitiva cumplía cerca de dos semanas en el Camino Real con cada tramo observaba algo nuevo ya fuera viejos robles, pinos o animales salvajes distintos a lo que solía ver en las cercanías de Invernalia.

Hace dos días junto a su primo y Emmett pescaron cerca de un riachuelo algunos peces que comieron en la cena, encontró unas flores silvestres que tomo y regalándoselas a sus progenitores.

Jon le esbozo una sonrisa agradeciendo el gesto y Val solo se río por verla toda sucia, conservando sus flores.

Dalla vestía pantalones de lanas gruesas de color gris, botas de montar, una prenda de cuero curtido, una capa gruesa con piel de lobo sujetado por un broche de plata y guantes forrados de piel. En el transcurso de la marcha trataba de adelantarse para quedar cerca de su padre luciendo su armadura negra como la noche con un lobo huargo blanco de ojos granates en la coraza, bajo esta llevaba una cota de malla gris, un gorjal con dos lobos huargos enfrentados y una capa gris con piel de lobo ondeando al viento.

Le parecía verlo más solemne portando su armadura y llevando a Garra aun lado de la silla de montar. Su madre iba vestida con prendas blanca, una gruesa piel de oso blanco, botas altas de montar y sujetado por un broche con la forma del lobo huargo, viajando a lomos de un palafrén moreno con solo pasar los hombres de la comitiva quedaban embelesados con la Reina en el Norte.

Luego venía el capitán Dryn hijo de Tormund, Dormund hijo de Tormund, Ryk Lanzalarga, Jomar hijo de Soren Rompescudos y Maris la Negra. El resto de la comitiva iban soldados, jinetes, guerreros del Pueblo Libre y al menos veinte sirvientes.

Dalla en ocasiones pensaba separarse del grupo para explorar por su cuenta pero con solo voltear la mirada se encontraba con Fantasma que la seguiría inmediatamente.

–¿Princesa?– pregunto Emmett.

–Ni lo pienses, Dalla– dijo Aemon a lomos de su caballo. –Sabes que Fantasma ira detrás de ti para vigilarte y te darán una reprimenda de aquellas...jajaja.

–Cállate– dijo Dalla viendo al huargo blanco observándola. –No he pensado nada, mi padre ya me lo advirtió– recordando las reprimendas pasadas-

Emmett se mantuvo aún más cerca de la niña y Aemon con ver a Fantasma, un escalofrío recorrió su espalda disipando ciertas ideas en explorar un poco por la región que cruzaban.

Esa noche se encendieron varias fogatas para entonar viejas canciones del Pueblo Libre y escuchar ciertos relatos. Tormund Matagigantes o entre sus incontables apodos ya fueran Rey del Aguamiel en el Salón Rojo, Gran Hablador, Soplador del Cuerno, Rompedor del Hielo, Puño de Trueno, Marido de Osas, Portavoz antes los Dioses y Padre de Ejércitos relataba viejas historias de Más Allá del Muro.

En los últimos años, Tormund apenas había sufrido algún cambio en su aspecto seguía siendo aquel hombre con su larga barba blanca, anchas mejillas sonrojadas, amplio pecho y un descomunal vientre. Ahora empuñaba un monstruoso mandoble obsequiado por Jon, una cota de malla negra, coraza de cuero, una capa de piel de oso negro y llevando en su mano un cuerno de cerveza negra.

Esa noche en la comitiva se pedía la oportunidad de escuchar uno de los cuentos de Tormund. Dalla estaba atenta a cada palabra del imponente hombre que relata, el día que conoció a Jon Stark o simplemente llamado Jon Nieve antes de ser el Rey en el Norte.

–Era un crío flacuchento sino mal recuerdo– bebiendo algo de cerveza. –Apenas se le había quitado lo verde, ya se creía un hombre y era un maldito cuervo pero yo le enseñe a ser un salvaje con el tiempo… llego al gran campamento, algunos deseaban despellejarlo, otros comerse su corazón y yo me pregunto…como un niño bonito termino con nosotros.

Dalla observo a los miembros del Pueblo Libre reír por recordar la llegada de Jon al campamento de Mance Rayder. Su padre compartía un cuerno de cerveza con Val, escuchando cada palabra de Tormund, la siguiente parte del relato los llevaba a la guerra contra los Otros y sus huestes.

–Era una batalla dura…en Último Hogar, logramos que los Umber evacuaran hacia Invernalia y nos dirigíamos hacia Fuerte Terror, esos demonios de hielos aparecieron de la nada con los muertos... trataron de matarnos– Tormund se coloco de pie y empuñando su cuerno de cerveza a modo de espada simulando el combate entre el Rey en el Norte y el caminante blanco que lideraba.

Ella venía la expresión de su padre que recordaba dicho suceso en su mente que resultaba tan claro como el agua.

–Solo fue un golpe con su espada de acero forjado por los dragones y matando al infeliz. Los No-Muertos que lo seguían simplemente cayeron al suelo quedando un montón de huesos y carne putrefactos…y por eso el Pueblo Libre, tiene una gran deuda con Jon– rugió Tormund. –Y sabíamos que podíamos ganar la guerra.

La noche seguía su curso solo quedaban unos pocos entorno a la fogatas siendo el propio Rey en el Norte junto a Tormund, Soren, Emmett, Aemon y el primer grupo de guardias.

La princesa Stark en el transcurso del viaje hacia el Muro compartía cada noche, una tienda con dos catres y pieles suficientes para arroparse en las frías noches a pesar de ser finales del invierno. En el exterior se escuchaban algunas risas y un par de maldiciones provenientes de Tormund por exigir más hidromiel.

Su madre se había quitado las botas, la piel de oso blanco, los pantalones y quedando con solo su túnica.

–¿Puedo dormir contigo?– pregunto Dalla emocionada.

–No veo problema pero solo por esta noche– contesto Val.

Dalla asintió de inmediato a las palabras de su madre y acomodándose junto a ella, deseaba ahora que le contara una historia antes de dormir.

–¿Quieres un cuento para dormir?– pregunto Val. –¿Cuál quieres oír?– esperando la respuesta.

La pequeña niña conocía cada uno de los cuentos relatados por su madre o padre.

–Me has contado todos los cuentos que sabes y padre igual…¿sabes uno nuevo?– pregunto.

–Uno nuevo– dijo Val pensando en algo. –Este es uno nuevo, es sobre un chico.

–¿Qué hace ese chico?– pregunto.

–El chico se le tenía prohibido soñar por ser un hijo bastardo, los dioses le dieron un rostro melancólico en su lugar. Los hermanos y hermanas del chico estaban destinados a ser grandes señores y damas, cada uno de ellos emprendieron diferentes rumbos– relató Val. –En cambio el chico en ocasiones "era un hombre, luego un lobo, un hombre otra vez"… su padre fue un gran señor y nunca conoció el nombre de su madre pero soñaba con ella….no tenía honor ni bravía, hasta de empatía le fue negado…los dioses le impusieron cada prueba, en ciertas ocasiones le enviaban regalos ya fuera un fiel compañero, una espada mágica, un amigo mago, un primer amor que le fue arrebatado…y el chico creció, creció…fue un "rey negro"…los dioses le quitaron algunos hermanos. Los hombres y mujeres lo llamaban "Lord Nieve".

–Lord Nieve– se dijo Dalla conteniendo un bostezo y escuchando las palabras de su madre.

–Un bastardo, un matón y traidor para aquellos que lo ven como tal, en cambio los que nacieron libres y conocían el verdadero enemigo, era un héroe que los uniría para sobrevivir el invierno… sin duda alguna era el hijo más parecido a su padre.

El relato continuaba relatando ciertos eventos que se mezclaban entre la realidad y la fantasía.

–Y los dioses finalmente decidieron darle una recompensa, una princesa salvaje que tomo por esposa y tuvieron un hijo e hija…ese chico de rostro melancólico se convirtió en el señor de las tierras de sus ancestros…y fin– dijo Val. –¿Te gusto?.

–Sí, pero la princesa salvaje…¿era bella?– replicó Dalla.

–Tan bella que los hombres caían embobados por verla– contesto Val. –Ya es tarde y debemos partir a primera hora– dando un beso en la frente de su hija.

Y esa noche, la pequeña Dalla solo soñó que podía volar como un cuervo que graznaba en medio de la noche.

Montañas norteñas, asentamiento del Clan Norrey. (Val)...

Brandon Norrey el Joven resultaba ser el actual líder del clan Norrey. El Maestre Samwell Tarly había un cuervo al asentamiento del mencionado clan para hospedar un par de días a la comitiva que se dirigía a la Brecha del Muro.

El Norrey con solo leer el mensaje comunicó al resto de los clanes de la montaña sobre la visita del Rey en el Norte, apenas se enteraron de la noticia enviaron pequeños grupos a modo de representación con regalos para sus monarcas.

–¡Abran paso a nuestro Rey Jon Stark!– rugió Morgan Liddle, el actual líder del clan Liddle.

Val se ubico junto a Jon luego de desmontar su palafrén moreno, escuchando los juramentos de los montañeses y recibiendo obsequios ya fueran pieles de animales como osos, martas, lobos y guijarros de la Costa Pedregosa.

A pesar que en los señores al Sur del Cuello consideraría dichos regalos casi un insulto, en el Norte resultaban ser un símbolo poderoso proveniente de los Primeros Hombres donde las comodidades sureñas se miraban con desprecio, un norteño sin importar su posición aprendía a valorar el techo sobre su cabeza, el fuego, la comida cazada o cosechada, mantenerse seco de la lluvia, sobrevivir a los duros inviernos y cooperar mutuamente.

Las peleas entre los norteños en el invierno debían dejarse de lado por el bien común, especialmente con un Stark a la cabeza.

Los montañeses con solo ver a Jon, le parecía ver a un difunto Lord Eddard Stark. El asentamiento del Clan Norrey resultaba ser un fortín robusto de piedra gris con un pendón en la puerta donde seis cardos de sinople y púrpura en campo de oro daba la bienvenida.

Un grupo de mujeres guió a la propia Val junto a Dalla hasta una de las habitaciones del fortín para ponerse algo más cómoda y descansar. En el exterior los montañeses comenzaban los preparativos para el gran banquete que se extendería por todo lo que restaba de la jornada, se escuchaban las gaitas de los Norrey, Flint y Knott.

En la habitación dos de las sirvientas que vinieron con la comitiva, ayudaban a la Reina en el Norte y la princesa Stark a estar algo más presentable en la celebración. Riley resultaba ser una jovencita en sus 14 años menuda, cabello castaño claro y con algunas pecas en el rostro.

–Majestad– dijo Riley. –¿Qué vestido desea ocupar para la fiesta?– pregunto.

En cambio la segunda sirvienta Ada de 16 años, gruesa, de cabello rizado y un poco más alta que Riley, cargaba con suma facilidad los baúles con las prendas de vestir de Val y Dalla

–No seas idiota, Riley– dijo Ada. –La reina debe decidir.

–Y no quiero que peleen entre ustedes– dijo Val quitándose la ropa de viaje. E incluso en su habitación había una jarra con agua y un cuenco para lavarse. –Esta noche comeremos, beberemos y celebraremos.

Tras lavarse el cuerpo, eligió de entre sus ropas un vestido de color azul oscuro con detalles en el cuello de color gris, un par de botas que le llegaban hasta la mitad de la canilla, tomo un pequeño frasco con extracto de rosas invernales aplicándola en su cabello y peinándose en una trenza que caía hasta la cintura.

–Dalla– dijo Val.

La princesa Stark llevaba un vestido cenizo oscuros, un par de botines que terminaba en punta, una capa con piel sujetado por un broche de plata con forma de huargo. Val aplicó algo de extracto de rosas invernales en el cabello de su hija y arreglando las dos habituales trenzas que llevaba.

Cuando madre e hija se presentaron nuevamente en el exterior del fortín, se ubicaron junto a Jon que llevaba un jubón con el lobo huargo grabado en el pecho, pantalones negros, botas recién lustradas y una capa negra con piel de lobo.

–Al menos te quitaste esa desagradable barba– señalo Val con una sonrisa casi imperceptible.

–Sabes que en el viaje por el camino real, es bastante difícil poder coger una navaja y afeitarme– contesto Jon en voz baja con el rostro perfectamente afeitado y notando esa pequeña sonrisa juguetona de su esposa que solo era para él.

Los montañeses habían comenzando por destazar a uro criado por su carne, fue puesta a las brazas y sus órganos internos llevados para alimentar a los perros de rastreos de los Norrey. El olor a carne asada hacia agua a la boca a cada uno de los asistentes, también se estaba asando un jabalí y sirviendo empanadas rellenas de mantequillas, lampreas, de pollo, carne de ternera con setas, zanahorias y champiñones.

Morgan Liddle empuñaba una mandoble con la hoja en parte oxidada y cortando la carne del uro para repartidla.

Val había escuchado por parte de Jon que los montañeses realizaban grandes festines con la visita de un Stark a las Montañas del Norte. Se instalaron grandes toldos para capear posibles lluvias o una nevada, mesas largas, bancas de maderas, los braseros ardían con tal ferocidad que resultaba casi imposible acercarse a ellos, algunos hombres tocaban sus gaitas, tambores y hacían sonar cuernos de uros para el festejo.

El Rey y la Reina en el Norte se instalaron en una plataforma de madera con cuatros grandes sillas de maderas y una mesa repleta de comida, Dalla se ubico junto a su madre y Aemon Steelsong a un lado de Jon.

Algunos montañeses esperaban que el heredero de la casa Stark y próximo rey estuviera presente pero debía quedarse en Invernalia.

–Realmente se esmeraron con el banquete– señalo Val con cierto sarcasmo. –Y la cerveza es algo fuerte.

–Mi padre me dijo en cierta ocasión que solo en las montañas norteñas había comido tan bien– dijo Jon bebiendo algo de cerveza.

Dos jóvenes trajeron a la mesa principal generosas porciones de la carne de uro con puré de nabos. Los montañeses cantaban canciones como "La noche que se acabo", "La expulsión de los piratas del Este" y entre otras, todas tenían en común sobre un rey llamado Jon Stark que gobernaba el Norte.

La mujer de cabellera rubia como la miel oscura escuchaba cada canción y lanzando una mirada furtiva a su señor esposo. Él se mostraba solemne en su asiento dando bocados a los platos que se le ponían por delante, bebiendo algo de cerveza negra o alzando su copa a los jefes de los clanes.

–¡Por el Rey en el Norte!– aclamó Donnel Flint el Negro, actual líder del clan Flint o los primeros Flint. A diferencia de sus parientes los Flint de la Atalaya de la Viuda, los Flint de Colina Piedrarrota o los Flint de Dedo de Pedernal.

–¡Por el Rey en el Norte!– aclamaron el resto de los invitados. –¡Jon Stark!– continuaban.

Los gaiteros tocaban distintas canciones pero junto a los percutores de los tambores, comenzaron a tocar una canción muy distinta y los asistentes buscaban alguna mujer para bailar.

–Ven– dijo Jon poniéndose de pie y extendiendo su mano.

La Reina en el Norte solo esbozo una sonrisa, tomando la mano de su esposo.

Entrada la noche. (Jon)...

Había bailado con su esposa, luego con una Flint, una Liddle, una Wull y finalmente con una Norrey. En cambio Val solo se reía por ver a los jefes de los clanes tratando de conseguir un pequeño baile pero Jon no podía apartar su mirada de su reina.

–Solo ven a la hermosa mujer que es, ningún de ello a vista a la amazona que reside en su interior y ni lo peligrosa que puede ser con su cuchillo de hueso, le resultaría tan fácil matar a un hombre– se dijo Jon.

El Rey en el Norte bebía un largo trago de cerveza observando la fiesta en su declive, algunos hombres ya dormían sobre las mesas, otros susurraban palabras al oído a las mujeres para conseguir una acompañante en sus lechos, unos pocos comían o bebían e incluso aquellos que vinieron con él, estaban retirándose.

Sus ojos vieron a Maris la Negra con Emmett dirigirse hacia un lugar algo más apartado y la posibilidad de tener otra hija en común. Las criadas Ada y Riley se harían cargo de su pequeña hija y su sobrino se había ido a dormir hace unos minutos.

Sorin, Jomar, Ryk y Tormund estaba tan ebrios que apenas podían ponerse de pie con ayuda de Dryn con unos cuantos soldados de Invernalia, los guiaron hasta sus camas.

Jon observo a Donnel Flint y Travis Wull, el nieto del difunto Hugo Wull caminando hacia su dirección.

–Majestad– dijo Donnel. –Una gloriosa noche.

–Y eso que fue algo imprevisto– señalo Travis.

–Bastante– contesto Jon y suponiendo los motivos de verlos sobrios. –¿Dónde hablaremos?– pregunto.

–En el Arciano– contesto Donnel. –Yo lo llevare y avisa al resto de los jefes– viendo a Travis Wull.

La cabeza le daba en parte vuelta por el consumo de cerveza en el transcurso de la celebración, había comido algunas empanadas de lampreas o mantequillas, probado la carne de uro y bailado. Ahora debía charlar con sus vasallos sobre ciertos asuntos inquietantes que acontecían al Sur de Poniente y su decisión de enviar a hombres para custodiar Foso Cailin.

Cuando los jefes de los clanes se fueron presentando en torno a un Arciano robusto con un rostro tallado algo confusa de interpretar dicha expresión,al verlo en cierto angulo parecía mostrar solemnidad o si era visto de frente daba la impresión de estar juzgando a quien se acercara.

–Los dioses deben amarme o odiarme de alguna forma, Lord Flint– rezongo Jon.

–Los dioses son los dioses…Los Antiguos Dioses conocen cuales han sido sus sacrificios, majestad– dijo Donnel. –Muchos piensan que es alguna clase de dios, el hombre que regreso de la muerte y nos guío a través de la Larga Noche.

–Yo no soy un dios– contesto Jon. –Créeme… yo solo recuerdo el frío y la oscuridad…luego estaba entre los brazos de Val.

–Siempre me he preguntado sobre ese "frío"– inquirió el Flint.

–Es peor que mil cuchillos clavándose en la piel– pensando en una mejor forma de explicarlo– O…nunca he podido explicarlo de la forma adecuada– notando a los jefes de los clanes o los enviados a presentarlos ante él.

Oraron frente al Arciano pidiendo a los Antiguos Dioses honrar dicha reunión en el asentamiento de los Norrey. A Jon le pareció ver que el rostro tallado en la corteza del Arciano lo observaba y viendo las ramas mecerse suavemente, al reincorporase miró a sus vasallos estudiándolo inquisitivamente.

El Rey en el Norte les hablo sobre sus preocupaciones en el Sur por la guerra entre los Tyrell y el hijo de Rhaegar por controlar el Trono de Hierro. Además de enviar a hombres a Foso Cailin para resguardar el acceso principal al Norte, los montañeses con solo oír sus palabras se mostraban ansiosos por combatir contra los sureños, sí se atrevían en invadir y masacrarlos sin compasión.

–No se preocupe, majestad– dijo el Knott. –Sí esos sureños quieren guerra, el valor norteño y el acero serán un buen recordatorio.

–Ellos pueden tener hasta sus magos rojos pero un hombre muere con el acero cortando la carne– dijo Morgan Liddle escupiendo al suelo.

Los montañeses estaban dispuesto a ir a la guerra y renovando sus juramentos a la casa Stark. Tras finalizar sus asuntos, camino tranquilamente hacia el interior del fortín viendo a hombres y mujeres comenzando a quitar los toldos, solo deseaba meterse en la cama, dormir y despedazar el vientre de una presa quizás un venado o un jabalí, saborear la sangre y percibir esa sensación de cazarla

–Fantasma– se dijo y recordando que su lobo huargo, simplemente había desaparecido en medio del festejo, tal vez encontró el rastro de algún animal que pudiera cazar y darse un pequeño festín. –Solo espero no soñar.

Solo dio menos de quince pasos antes de percibir aquel sabor metálico y deduciendo que su huargo encontró alguna presa, dándose el festín que deseaba. Le pareció que una cabra montañesa fue la presa rastreada por Fantasma.

Jon continuo su camino y las personas con quienes se cruzaba lo reverenciaba.

–Majestad.

Ascendió por las escaleras hasta lo más alto del fortín. Ingreso en el cuarto designado por el Norrey, su esposa con un peine de hueso, se acicalaba su larga melena color rubia tan oscura como la miel y llevando una túnica.

–Jon– dijo Val con esa sonrisa que solo le pertenecía a él.

Val lo ayudo a quitarle el jubón y la camisa que llevaba. Él se quito las botas con cierta torpeza y lanzando continuas miradas a su esposa, extendió su mano sujetando la suya.

–Te ves hermosa– dijo Jon. Le pareció que su comentario era algo estúpido y pensando que era un crió a punto de perder su virginidad.

Ella se inclino hacia él. Val gimió y percibiendo los suaves labios de su esposo con su dedo índice recorrió la cicatriz del ojo hasta la boca de Jon, él recorrió con sus manos los hombros, pasado por su espada y llegando hasta la cintura de su esposa.

–Suenas como un crío– dijo Val con una risita. –Ahora debes poner atención a tu reina, Jon–volviendo a besarlo.

Jon observo el suave movimiento de su esposa al quitarse la túnica y viendo su cuerpo desnudo por unos segundos, admiro esa curva entre la cintura y la cadera. Su cuerpo esbelto con un busto generoso, sus caderas eran ideales para dar a luz hijos e hijas, también estaban grabado en el vientre las marcas de los dos embarazados, no le importaba a él. Se tumbaron en la cama, el cabello de la mujer olía a rosas invernales, humo y tierra húmeda, ama esos olores, el sabor de su boca le parecía exquisito ya fuera a naranja, cerveza o vino.

Val gimió nuevamente y Jon recorría con las yemas de los dedos la suave piel de la mujer hasta llegar abajo.

–Yo soy tuya– le susurró Val, mordiendo suavemente el cuello a Jon. –Deseo darte otro hijo o hija…Ahhhh….Jon…Ahhh…yo te…– conteniendo un gemido aún más fuerte y clavando sus uñas en la espalda del Rey en el Norte.

Habían mantenido relaciones sexuales hasta muy entrada la noche, en el exterior solo se escuchaban a los guardias de turno charlando entre sí. Él iba recuperando el aliento de poco, su esposa dormía pero escuchaba sus murmullos a los dioses.

–Permítanme darle otro…hijo– dijo Val en su sueño.

Jon solo esbozo una sonrisa y acomodando las pieles que utilizaban para cubrirse esa fría noche. En las montañas norteñas era una vida aún más dura, los montañeses sabían arreglárselas cuando llegaba el invierno.

Se reincorporo tal como había llegado en el día de su nombre, tomando una jarra con agua fresca y bebiendo tranquilamente.

Observo la espalda desnuda de su esposa, recordando en sus tiempos de infancia donde los guardias de su difunto señor padre, en ocasiones hablaban sobre las mujeres y la voz del difunto Aemon Targaryen le vino a la mente:

"¿Qué es el honor en comparación con el amor de una mujer? ¿Cuál es el deber frente a la sensación de un hijo recién nacido en sus brazos... O el recuerdo de una sonrisa entre hermanos? El viento y las palabras. Sólo somos humanos, y los dioses nos han formado para el amor. Esa es nuestra gloria y nuestra gran tragedia."

Extrañaba al anciano Maestre, en ocasiones deseaba que estuviera vivo para guiarlo o aconsejarlo. Su amigo Samwell Tarly le dijo en cierta oportunidad que el anciano estaría orgulloso por todo lo que ha tenido que luchar y logrado en 10 años desde su coronación.

Bebió otro trago de agua directamente de la jarra y regreso junto a su esposa.

A lo largo de su vida trataba de imaginarse el rostro de la mujer que lo concibió. Su señor padre siempre evitaba hablar del tema, recordando las ocasiones que pregunto por la identidad de su madre, solo recibía una mirada de pesar y negación.

Sin importar los años, seguía pensando en la mujer que lo trajo al mundo, le gustaba imaginarla con una calidad sonrisa y lo orgulloso que estaría de su persona, un largo cabello oscuro, escuchar su voz, o por lo menos alguna canción de cuna en su niñez y contemplar sus ojos maternales.

–¿El sueño de tu madre?– pregunto Val acurrucada junto a él, con la cabeza apoyada en el pectoral.

–Sí, solo sigue durmiendo– contesto.

–Te voy a cantar una canción y escucharas mi corazón– replicó.

Se quedo dormido escuchando el canto de su esposa y los latidos de su corazón, esa noche volvió a soñar, ahora era un lobo blanco como la nieve corriendo libremente.


Y continuara en la próxima actualización. Espero que la situación "M" fuera o estuviera acorde lo que dijo arriba, es mi primera vez que escribo algo así, fue sin duda bastante trabajo que desarrolle en ese breve fragmento como lo sucedido a lo largo de la historia. Básicamente tampoco deseaba saturar por completo el capitulo con dicho suceso, solo fue una parte bastante puntual.

Algunos pasajes como lo relatado por Val fue tomado de un ensayo de una periodista llamada Juliana Vargas, pueden buscarlo en la página de los siete reinos en googgle. Es básicamente tomar algunos puntos en particular y agregar algo más pero quiero dejar en claro este punto.

Ahora vayamos con los reviews:

SugarQueen97: Si lo veremos, en un pequeño flashback que veremos un poco más adelante.

Serrae: Gracias, por tus palabras y aquí está el nuevo capítulo.

Bien lectores el próximo capítulo se titula "El Lobo Negro", espero tenerlo pronto, espero que disfrutaran de esta nueva actualización, nos vemos pronto.