"LUNA DE PLATA"

POR COQUI ANDREW

Capitulo Tres

-¿Qué paso? ¿Por qué dices que murió? – Había tantas preguntas en mi cabeza

-No te desesperes, William, ahora continuo con los verdaderos hechos de su muerte, no los rumores que seguro les contaron antes de llegar– me dijo con tranquilidad.

-Los vecinos ayudaron a apagar el incendio, los bomberos entraron al lugar y descubrieron los cadáveres de los señores e hijos en la sala, el de Neal lo encontraron cerca de la salida, cuando fueron al ala sur, vieron a Candice en muy mal estado aún con vida, a pesar de los esfuerzos de los paramédicos fue demasiado tarde, ella en su último respiro susurro Kath y murió. – Comento con una tristeza profunda.

-¿Kath? – pregunte, ¿Quién era?

Kath era el nombre de su hija, de ella no se sabe nada, Neal la oculto muy bien, no sé cómo Candice logro salir de su encierro, dejando a su hija, fue una sorpresa para todos –

-Y después qué paso –

-Ahí entran los rumores, se dice que las almas de la familia Mckenzie se quedaron ahí, nunca se fueron, han comprado la propiedad, dicen que cuando han querido reconstruir, o demoler la propiedad, hmm, - Soltó una pequeña risa - te burlaras de mí, pero la propiedad no lo permite, por eso el último dueño, la dejo tal como está -dijo George

-Mi abuelo, ¿qué dijo, cuando se enteró?

-Tu abuelo se puso muy triste, se molestó con tu abuela por no ayudarla, ella le expreso sus sentimientos y dudas con referencia a lo que sentía él por Candice – suspiro – Tu abuelo le dijo que la amaba, que Candice era solo su mejor amiga, que tu abuela Rose era la única mujer que amaba. Tu abuelo solo se dedicó a investigar un poco más sobre el paradero de Kath, pero solo fueron datos falsos.

- ¿Qué hay de cierto sobre que la familia aparece en la mansión? –pregunte

-Solo eso, William, rumores, la gente dice que los vagabundos que han querido pasar la noche ahí, al día siguiente salen despavoridos y locos – dijo

-Entonces iré a pasar una noche ahí, tu Stear, me acompañarás – dije mi amigo escupió su bebida y me miro con los ojos muy abiertos

- ¡¿Estás loco?! ¡yo no voy a ir contigo, después de escuchar esto! – Me dijo molesto

- ¿Qué tienes miedo? – le dije ahogando una carcajada

-¡Obvio que sí! – estaba enojado

-¿Quién lo diría? Tú, un hombre que hace locuras en su vida y tiene miedo a una historia que solo es un rumor, ¡no lo puedo creer!

George solo nos miraba con una sonrisa, pero no se contuvo más y también soltó la carcajada.

-Bien vayan a descansar un rato, los espero en el comedor a las 8 en punto – Nos dijo, nosotros nos retiramos, el mayordomo nos esperaba al pie de las escaleras para mostrarnos nuestras habitaciones.

Al entrar a la mía, me dirigí al baño, tomé una ducha, salí vistiéndome cómodo, me acosté en la cama, quedándome dormido.

Sentí que alguien se acercaba

-Albert… Albert… te espero en nuestro lugar secreto, no tardes – Escuche que me decían.

Me desperté al escuchar que tocaban mi puerta, di el pase-

-Despierta, dormilón, es hora de bajar con George – me dijo Stear

-Voy – le dije, me levante y cambie rápidamente – listo – bajamos al comedor.

George ya nos estaba esperando – Buenas noches – dijimos, él nos indicó nuestros asientos

-Bien, ¿Qué piensan hacer siempre? – Nos preguntó mientras degustábamos tan deliciosa cena

-Yo pienso ir esta noche a la mansión Mckenzie e investigar si pasa algo, porque ya no te dije cuál era motivo o interés en saber sobre la familia –

-Cierto, no lo mencionaste –

-Pues en mis sueños la señorita Candice, me pidió encontrar a su hija – ellos me miraron con sorpresa

-Si ya sé que piensan que estoy loco, pero no, ella me pidió ayuda confundiéndome con mi abuelo y voy a dársela. Asi que me retiro voy a empacar algunas cosas, en el pueblo comprare algunos víveres, entonces Stear, ¿me acompañas? –

-Está bien, lo haré – dijo con fastidio

-George te agradezco, mucho tu hospitalidad, regresaré para contarte lo que descubra- me dirigí al amigo de mi abuelo.

-Claro que sí, me dio mucho tener a los hijos de mis mejores amigos, los estaré esperando – Nos despedimos con un gran abrazo.

George, le pidió a su chofer que nos llevara a la mansión Mckenzie.

La mansión se encontraba en una colina, el chofer nos dejó en el sendero, de ahí teníamos que caminar, ya no tuvimos que ir al pueblo, George le pidió a su ama de llaves que nos surtieran de las cosas que necesitábamos, como comida, cobijas velas, cerillos, agua etc.

Al fin nos encontramos frente a las ruinas de la casa, nos adentramos para dirigirnos al área sur, que era la estaba en su totalidad.

-Siento mucho frío ¿Crees que podamos hacer una fogata? – pregunto Stear

-Sí, vamos acomodar nuestras cosas y hagamos la fogata – le dije

Buscamos un lugar donde pudiéramos estar cómodos lo más posible. Lo encontramos era lo que parecía ser una sala de espera de alguna habitación pues en ese piso había como cinco habitaciones, escogimos la más cálida.

Terminamos de hacer la fogata y nos dispusimos para dormir.

Stear quedo inmediatamente dormido, yo tarde un poco más.

Estoy en el salón principal de esta casa, me encuentro llorando y abrazando el cuerpo de mi mejor amiga, Candice.

-Señor William, por favor, permítanos que retiremos el cuerpo de la señorita – me dice un paramédico, me niego, pero unas manos me separan de ella, volteo veo a mi amigo George -¿Cómo paso? ¿Por qué ese maldito de Neal, le hizo esto? ¿No qué la amaba? ¿dónde está su hija? – suelto nuevamente el llanto, no lo puedo creer, estoy devastado amigo – mi amigo me consuela.

-Solo sé que Candice hace como tres semanas fue a tu casa a pedirte ayuda, tu esposa se negó, puesto que no estabas, entonces ella vino con sus padres, la trabaron muy mal, solo sus hermanos Tom y Jimmy la apoyaron, pero no podían hacer mucho por ella, ¡estas malditas reglas! - Dijo con mucho coraje.

-¿Fue a mi casa? – Lo miro con indignación - ¿Por qué Rose no quiso ayudarla? Era su amiga, debió ayudarla – dije con molestia

-Pues no lo sé, amigo cuáles hayan sido sus motivos para no ayudarla – me dijo

Me dirijo a mi casa, tengo que preguntarle a Rose por qué se negó.

-¡Rose! ¡Rose! – grite al ingresar a la casa

-Aquí estoy, ¿Por qué gritas? – me dijo con molestia

-¿Es cierto que Candice vino a buscarme?

Ella me miro con sorpresa, pues no me dijo nada, yo sabía que Candice estaba aquí en el pueblo, porque la llegue a ver de lejos, seguía tan hermosa como siempre.

-Pues sí, vino cuando estabas de viaje –

-¿Por qué no me lo dijiste cuando llegue? –

-Porque no quería que te involucrarás con ella y me dejaras, ¿Crees que no sé qué estás enamorado de ella?

-Eso no es cierto, la ame, si, recuerdo que eran amigas y por ella que te conocí y me enamore de ti, ella es mi pasado, tú eres mi presente y futuro – Le dije

Ella lloraba por mis palabras.

Desperté, fue un sueño, pero parecía tan real…

Stear estaba despierto y tenía unas ojeras que me dio la impresión que no durmió durante la noche, a pesar de eso su cara estaba roja, debió de tener frio y se quedó muy cerca de la fogata un buen rato.

-¿qué te pasa? – pregunte

-No sé cómo pudiste dormir tan tranquilo, me desperté a la media noche por todo el ruido que había, ¿Acaso no escuchaste los gritos y golpes? – Estaba muy molesto.

-No escuche nada, pero si tuve un sueño muy raro –

-Raro… ¡¿Raro?! ¡No me interesa tus malditos sueños, rubio idiota! ¡Tú estuviste durmiendo como un bebé mientras que yo era atormentado por esos gritos que te desgarran el alma! Ahora entiendo porque los vagabundos al escuchar esas voces quedan maravillados que salen contentos del lugar… ¡Es aterrador! - Me dijo a punto de perder la cabeza

Le prepare café y unas tostadas, para que se le bajara un poco el enojo y lo deje dormir otro rato más.

Empecé, a buscar en las otras habitaciones, entre a una que en especial me llamo la atención, creo que perteneció a ella, pues se notaba en la decoración, era muy femenina, revise el vestidor, el baño, ¡nada! ¡No encontré nada! Sentí que abrieron la puerta – Stear qué pronto despertaste, ¿sabes no he encontrado nada, una pista que me ayude a encontrar a la niña – dije sin voltear a la puerta.

Una mano pequeña y suave me toco, me gire y ella estaba ahí.

-¡Albert, viniste! – Me sonrió

Continuará…