LUNA DE PLATA
POR COQUI ANDREW
Capitulo Cuatro

De verdad, era muy bella, sus facciones muy delicadas, pero esos ojos, realmente cautivantes, verdes, su cabello rubio lacio y largo. Esa boca exquisita, ahora entiendo porque mi abuelo se enamoró, de ella.

-Hola, Candice, ya vine –

- ¡Oh! Albert, estoy contenta de que hayas venido, ¿Sabes que fui a buscarte y Rose me dijo que no estabas? Pero me alegro que hayas venido – me dijo con mucha alegría.

- ¿En qué te puedo ayudar, pequeña? - Pregunte

-¡Albert! Hacia tanto tiempo que no me decías así – me dio un suave golpe en mi brazo.

- ¿Decirte cómo?

-Eres un tonto, siempre me decías pequeña, pero cuando me casé ya no me llamaste así – vi en sus ojos tristeza

-Perdóname, pequeña, ¿Cómo te puedo ayudar?

-Ayúdame a encontrar a mi hija Kath – su rostro se transformó verla llorar de esa manera me angustio mucho – Ve al monte, hay una cabaña, es la única, ahí está, Kath, ¡Por favor ve por ella! – Un ruido me distrajo y gire mi cabeza para ver, no había nada.

-Claro, ¿quieres que vayamos? – Voltee hacia ella… -Desapareció

-Candice... Candice… Vamos no juegues conmigo – me dedico a buscarla, salgo de la habitación apresurado. Abro una puerta y luego otra, no hay nada, ni un sonido, el frío es más presente y empiezo a desesperarme al no encontrarla.

- ¡¿A quién buscas?! – gritaron

Me paralizo de inmediato, estoy de espaldas a la persona que me hablo, estoy temblando, no tenía idea de quien me había gritado, si era alguien de confianza o… ¡En que cosas estoy pensando! ¿Dónde está Stear en estos momentos?

- ¡Aaaaah! –Grito cuando siento que me tocan el hombro y me preparo para dar un golpe certero.

-Caray, no creí que te fueras asustar – dijo Stear a nada de empezar a reír, solo lo miro con molestia.

- ¡Eres un imbécil! Casi te golpeo

-Si como no, si estas todo pálido que ¿te encontraste con un fantasma? Jajajajaja

-Pues sí, estaba con Candice, pero no la encuentro –

-Vaya parece tú eres el loco, yo no he visto a nadie, te vi salir apresurado y preocupado de la habitación, te llamé, pero ni caso me hiciste, diría yo que parecías tú el fantasma que embruja este lugar.

-Bueno, no importa tenemos que recoger las cosas y nos vamos al monte –

-¡¿Al monte?! Y ¿qué vamos hacer allá?

-Parece que allá las llevo Neal, vamos a buscar a su hija –

-Está bien, vamos, pero si me atraso ni te quejes no tengo la condición para ir a explorar

-Pero tenemos que ir al pueblo a comprar algunas armas –

-Pues apurémonos, pues otra noche aquí no paso – se estremeció ante el simple recuerdo.

Levantamos todo, limpiamos y nos dirigimos al pueblo

-Buenas tardes, venimos a comprar unas armas, vamos al monte – le dije al tendero

-¡Uy! Yo no les recomiendo que vayan al monte, ahí está ella…

- ¿Ella? ¿quién? – preguntamos

-La bruja, dicen que ahí vive una, que hechiza a todos los hombres, un día llego un caballero, hacía tiempo que no venía, era originario de aquí, pues ella lo embrujo y lo arrastro al bosque, ya nadie lo volvió a ver, se dice que tuvieron hijos, pues se escuchaban las risas, pero yo creo que fueron devorados por la bruja y aquellas carcajadas son de sus espíritus que aun juegan entre la oscuridad– nos conto

Estábamos impresionados con la boca abierta, nos miramos y Stear pregunto

- ¿Usted ha visto a la bruja? –

-No, yo no, pero algunos del pueblo sí, dicen que se aparece muy bonita, tentadora y cuando a traviesan el camino, se convierte en una horrible criatura, de dientes tan afilados que tiene que tener la boca abierta, ojos tan oscuros que parecen agujeros, una piel escamosa, con muchas verrugas y verde parecida a la de un sapo, su cabello es solo musgo repleto de insectos, unas garras que con solo verlas sientes como te atraviesan la piel, hay algunos que escapan antes de atravesar el camino, pero cuando ven la transformación ya no se quedan ahí o mueren en el camino, porque la bruja los alcanzo y mato.

- ¿Les hace todo eso solo a los hombres? – pregunte

-Sí, a todos los hombres, menos a que ya no volvimos a ver, parece que la bruja se enamoró de él, que le saco el corazón para nunca se fuera, a las mujeres las arroja al río y a los niños se los come –

- ¡Ay abuelito! Cuando vas a dejar de contar esas cosas a los forasteros, solo los ahuyentas- dijo una señorita, bonita, Stear le puso mucha atención.

- ¡Nadie lo cree! Pero de qué ha pasado, ha pasado – dijo el anciano

Stear y yo nos miramos, no sabía si creer, pero teníamos que ir al monte.

-¿Ya los atendió mi abuelito? – nos pregunto

-No, aún no, nos empezó a contar la historia de la bruja.

-¿Van al monte? – pregunto

-Sí, vamos para allá – contesto Stear, guiñándole un ojo, lo que ocasiono que la muchacha se sonrojara, después de un bueno rato, salimos de ahí.

-Si quieres te puedes quedar, se nos hace tarde y conquistando a la muchacha – le dije a Stear muy molesto

-¿Cuál es la prisa? Tenemos tiempo, al menos si pasamos la noche allá, no voy a escuchar esos gritos tan aterradores de la mansión Mckenzie – dijo encogiéndose de hombros – además la chica esta guapa, como a mí me hacía caso y a ti no por eso estás enojado –

-¡Estás loco! Yo te he dicho que no me voy a enamorar prefiero mi soltería y la libertad, pero démonos prisa –

Asi que seguimos caminado hasta atravesar el bosque llegamos al río y de ahí podíamos subir al monte, pero como estaba obscureciendo, decimos acampar, acomodamos nuestras cosas y prendimos la fogata, preparamos café y algo de comida.

Estábamos disfrutando del café cuando escuchamos crujir hojas, nos alertamos y buscamos con nuestra mirada algún movimiento, vi movimiento cerca de unos arbustos

-¿Quién anda ahí? – Pregunté en voz alta – No escuchamos nada

Stear estaba temblando que se puso atrás de mi -¡Cobarde! – le dije entre dientes y en voz baja para que solo él me escuchará – solo se rio de los nervios.

Ante nuestros se apareció una bella mujer, era blanca, ojos color verde esmeralda, nariz respingada, boca delineada, ¡Era perfecta!

- ¡Candice! – dije yo

- ¡La bruja! – dijo Stear y en seguida se desmayó, porque detrás de esa bella mujer apareció una señora un poco mayor, pero con rasgos parecidos.

-Buenas noches – dijeron ambas damas - ¿Quiénes son ustedes y qué hacen en mi propiedad? - continuo la mujer mayor

Continuará …