Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to LyricalKris. We just translate with her permission.

Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de LyricalKris, solo nos adjudicamos la traducción.


Bad Timing

Autora: LyricalKris

Traductora: Flor Carrizo

Beta: Melina Aragón


Capítulo 3

Era imposible investigar con los ojos irritados. Bella se reacomodó en la silla, tratando de sentarse más erguida. Releyó la información en la página por décima vez, sin retener nada. Otra vez. Intentó hacer que las palabras tuviesen sentido, pero en lugar de aclararse, sus pensamientos se volvían más confusos. Sus párpados cayeron.

—¡Swan!

Bella se despertó con un sobresalto, moviendo un brazo para estabilizarse porque su cuerpo había olvidado que estaba sentada. Su mano golpeó su botella de metal para el agua que se cayó, golpeando ruidosamente su escritorio. La agarró, volcando la taza que usaba para poner sus elementos de oficina. Lapiceras y clips se esparcieron por todo el escritorio. Apoyó su mano sobre todo eso, con sus mejillas sonrojadas.

—Mmm. ¿Sí, señor Albescu? —dijo, levantándose.

Stefan Albescu se asomó por su puerta luciendo poco impresionado por ella. Por otro lado, poco impresionado era su estado natural. Él dejó escapar un suspiro, como si ella fuera una prueba enviada específicamente para molestarlo.

—Ven aquí —ladró y regresó dentro de su oficina sin otra palabra.

Bella se aclaró la garganta y sacudió su cabeza, tratando de despejar la niebla en su mente. Cuidadosamente, ignoró los ojos de los demás en la oficina, especialmente los del idiota de Paul Lahote. Él amaba verla metida en problemas.

Sin embargo, mientras caminada la distancia anormalmente larga hacia la oficina del señor Albescu, Bella se dio cuenta de que no tenía razones para creer que había hecho algo mal. No costaba demasiado molestar al hombre, pero su trabajo había sido correcto.

A menos que la hubiese atrapado dormitando en su escritorio.

Pasando su mano por su cabello, Bella se armó de valor y llamó a la puerta. Enderezó sus hombros y trató de resistir la urgencia de rodar los ojos cuando el señor Albescu ladró "ven aquí" otra vez.

Bella caminó dentro su la oficina y se sentó con calma en la silla frente a su escritorio. El señor Albescu no estaba sentado en el escritorio. Estaba sobre un armario, revolviendo el contenido y murmurando bajo su aliento. Bella sabía bien que no tenía que hablar. No había razón. Sabía por experiencia que él le gritaría o simplemente la ignoraría hasta que se sentara. Así que se cruzó de manos y esperó.

Después de tres minutos completos de murmurar, pasear y maldecir, el señor Albescu se arrojó sobre su silla. Se alborotó el cabello, gruñó, suspiró y, finamente, la miró.

—Bueno. —Cruzó sus manos sobre el escritorio y sacudió su cabeza—. No hay forma de darle más vueltas, Swan. Eres la mejor reportera de campo que tengo y sabes lo que eso significa.

Bella parpadeó. Repitió las palabras en su cabeza. Su tono dijo que ella era la idiota más grande del mundo y que estaba despedida.

—¿Señor? —dijo finalmente, decidiendo que necesitaba más información.

Él suspiró otra vez, como un hombre siendo duramente probado.

—Tienes un pie en un lugar como presentadora en este punto y hay vacantes. Esto va a pasar rápido.

El corazón de ella se aceleró y Bella tuvo que luchar para mantener la sonrisa fuera de su rostro. El tono de él todavía indicaba que era la peor noticia que había escuchado nunca.

—Yo… ¿lo siento?

Ante eso, él finalmente esbozó una sonrisa. Una pequeña.

—No, no lo hagas, no deberías hacerlo. —La sonrisa se desvaneció, reemplazada por irritación mientras pasaba su mano por su cabello—. Eso me dejará a mí solo con Paul en el campo. Sabes cómo ese hombre me molesta. Es bueno en lo que hace —gruñó y miró a Bella otra vez—. Pero no tan bueno como tú. Así que, aquí estamos.

El señor Albescu se levantó y empezó a pasearse detrás de su escritorio.

—Los peces gordos estarán aquí en pocas semanas. Todavía necesitarás hacer tu mejor esfuerzo para impresionarlos. Hay algunas opciones para presentadora que se abrirán. Chicago. Phoenix. Esas son las que quieres. San Diego no estaría tan mal. —Se acarició la barbilla—. Pero hay algunas en las que no tendrías muchas posibilidades de brillar. Shreveport. Port Angeles.

»Tendrás que estar alerta, Swan. Pasarán muchas cosas en un período corto de tiempo. Se avecinan grandes cambios. ¿Estás lista para eso?

Bella asintió, la imagen de la confianza.

—Por supuesto, señor.

~0~

—Mierda. Mierda, mierda, mierda, mierda. —Bella puso sus codos sobre la mesa de su cocina y cubrió sus ojos con sus manos.

—¿Sabes?, demasiados eventos que te cambian la vida a la vez suelen ser un buen momento para el alcohol —dijo Jessica, su voz brillante.

—Realmente útil, Jess —la regañó Alice, frotando la espalda de Bella.

—¿Qué? Nos beberemos la parte de Bella.

Bella rodó sus ojos hasta el techo, sacudiendo su cabeza.

—Esto es por lo que he trabajado durante toda mi carrera. El penúltimo paso. ¿Ahora? Cuando tengo que estar lista para saltar cuando digan salta y dejar mi vida entera. —Hizo un ruido de exasperación—. Y eso asumiendo que ellos me elijan.

—¿Por qué no te elegirían? —preguntó Jessica.

—¿En serio crees que me dejarán comenzar en un puesto de presentadora cuando no entro detrás del escritorio?

—Es ilegal que te discriminen por algo como un embarazo —dijo Jasper sobre su hombro desde su posición en la sala.

—Cierto, pero es un tema de tiempo. Si necesitan a una nueva presentadora, no van a elegir a alguien que tendrá que irse por su permiso de maternidad tres semanas después. No satisface sus necesidades. —Bella se frotó la sien—. Y no es solo eso. Yo…

—¿Tú? —Alice se sentó junto a ella en la mesa.

Bella bufó.

—No pensé en eso antes de decir que estaba lista para todo. Dije que sí. Por supuesto que dije sí. Esto es todo lo que quiero, pero… —Cerró los ojos, sintiendo la abrumadora sensación de enormidad que se había apoderado de ella la última semana y media—. Mi vida ha sido solo mía desde, bueno, siempre.

—Una posición de presentadora no es peligrosa —dijo Jessica—. ¿Qué es lo que te preocupa?

¿No era esa la pregunta del siglo?

—Ni siquiera sé de qué se supone que tendría que estar preocupada. ¿No se supone que debería tener solo un doctor? ¿Un plan? —Otra pausa y ella suspiró—. Y después está el hecho de que solo soy yo. No lo sé. Hice un reportaje una vez. La idea general era que los niños de madres solteras corrían más riesgos de convertirse en malas semillas. No es que sean hijos de madres solteras. Es que las madres solteras suelen no tener un sistema de apoyo. —Señaló a su alrededor—. ¿No debería al menos haberlo pensado dos veces antes de decir que no es la gran cosa dejar mi sistema de apoyo?

Alice le dirigió una sonrisa comprensiva y le alborotó el cabello.

—Bella, has planeado cada gran cosa y la mayoría de las pequeñas en tu vida. Esto es un cambio de juego. Y vamos. Esta última semana, si no has estado trabajando, has estado durmiendo.

—A veces durmiendo en el trabajo —refunfuñó Bella.

Jasper se levantó y caminó hacia ellas. Se puso en cuclillas al lado de Bella, tomó su mano y la miró a los ojos.

—Sabes que no tienes que hacer esto, ¿no?

—Jazz —dijo Alice suavemente.

—No. Creo que necesitamos decirlo. Todos sabemos que lo que necesitas es un plan de juego. Esta es la primera pregunta. —Jasper apretó su mano—. Esta es tu vida, B. Has trabajado duro para llegar a donde estás y nadie aquí te juzgaría si decides que un bebé no es lo que quieres ahora.

—No hay juicios aquí —dijo Jessica con una sonrisa suave y comprensiva.

Bella tomó una respiración profunda. Una profunda sensación de alivio la invadió. No sabía hasta ese momento cuánto necesitaba que alguien dijera en voz alta uno de los millones de pensamientos que rondaban en su cabeza. Su problema era que tenía mucho en que pensar y ninguna de las opciones frente a ella se establecía lo suficiente para ella como para realmente tomar una decisión.

Y Alice tenía razón también. Había sido prácticamente imposible pensar en estas decisiones enormes y que le cambiarían la vida cuando estaba tan exhausta. Cada gramo de energía que tenía había ido al trabajo.

Al escuchar la pregunta en voz alta, Bella se dio cuenta de que tenía una respuesta. Tomó otra respiración profunda y dejó salir el aire lentamente, considerándolo.

Cuando era joven y sus sueños eran ideas vagas, siempre había asumido que tendría hijos. No lo deseaba como algunas personas lo hacían, pero no era un pensamiento repulsivo tampoco.

—Cuando toda esa debacle infernal con James pasó, estaba tan cansada de todo el asunto de las citas, e incluso no lo hacía tan a menudo. —Se rio de sí misma—. Pero es un concepto extraño cuando realmente piensas en eso. Lo que te atrae de esa persona es tan jodidamente arbitrario. ¿Cierto? ¿James me miró con una sonrisa torcida en algún maldito concierto, y esa era la base por la que solía aceptar una cita? ¿Una cita que, en realidad, es una prueba para la persona con la que se supone que pasarás el resto de tu vida? Mira cómo terminó esa. La única cosa que obtuve de esa relación fue un ojo negro y la satisfacción de darle un rodillazo en las bolas.

—¿Pero eso fue hace cinco años? Los treinta es cuando realmente comienzas a entender que hay algunas cosas que en serio tienen un límite de tiempo.

Jessica resopló.

—El reloj biológico es real.

Bella asintió.

—Pensé que, si iba a tener un hijo, ese era mi momento. Investigué todas mis opciones. Hablé con los doctores correctos. Aprendí sobre ciclos de ovulación e incluso busqué un banco de esperma. —Sonrió—. Entonces Alice decidió que iríamos a unas grandes vacaciones una vez al año, ver el mundo. Nunca pude encontrar el momento adecuado para hacer ambas cosas: un embarazo y ese tipo de viaje. Cuanto más tiempo pasaba, me sentía más en paz con la idea de que probablemente no tendría hijos. Tengo una vida plena, feliz, ocupada sin ellos.

—¿Pero? —la incentivó Alice.

Bella levantó sus ojos hacia su amiga.

—Puedo ser una mamá, ¿no? —Miró a Jasper—. Puedo ser una buena periodista y una mamá también. —Odiaba la nota de incertidumbre en su voz.

—Serás una mamá maravillosa —dijo Alice, envolviendo sus brazos alrededor de ella.

—Yo creo que puedes hacer cualquier cosa —agregó Jasper, apretando sus manos. Se paró y puso sus brazos alrededor de sus hombros.

Jessica también se levantó y se paró detrás de ella, poniendo sus brazos alrededor del cuello de Bella.

—Nunca le has tenido miedo a nada que la vida te ha arrojado. Puedes con esto, nena.

Las lágrimas llenaron los ojos de Bella. Levantó sus manos agarrando los brazos de alguien mientras la mecían. Ella sollozó con fuerza.

—Gracias, chicos.

—Bueno, entonces ya hemos decidido eso. Nos quedaremos con el bebé. —Alice y el resto se sentaron alrededor de la mesa—. Tienes esa cita con el médico la semana que viene. Dónde vas a vivir no es algo que puedas predecir en este momento, ¿cierto? Quiero decir, no hay nada que podamos hacer respecto a eso. ¿Qué sigue?

Bella soltó un suspiro.

—Oh, ya sabes. Esa parte en la que le tengo que decir a un casi completo extraño que va a ser papá.

Todos hicieron muecas.

—Ves, ese es el problema que tengo con la idea de tener un bebé —dijo Jessica—. Tienes que compartirlo con el papá del bebé y eso pueden ser dieciocho años llenos de drama.

Otra vez, su amiga estaba poniendo en palabras las preocupaciones que habían llenado a Bella desde que se dio cuenta de que estaba embarazada. Edward era un signo de interrogación gigantesco. Era fácil pensar que alguien era un buen tipo cuando había pasado un total de ocho horas o algo así en su presencia. Todo lo que en realidad quería decir era que él era capaz de no ser un psicópata el tiempo suficiente para tener sexo. Y esa era solo una opción. Bella no era lo suficientemente inocente para creer que todo sería color de rosas.

—No tienes que decirle —dijo Alice vacilante, solo una sugerencia—. Quiero decir, no creo que necesites ir detrás de manutención para el niño.

—No. Financieramente estoy bien. Lo suficientemente cómoda como para no morirnos de hambre. —Y él era joven. Ella había estado medio en banca rota a la mitad de sus veintes. No tenía idea en qué situación estaba Edward, pero había muchas posibilidades de que él estuviese en camino a convertirse en un artista desempleado.

Alice se encogió de hombros.

—¿Habría sido muy diferente si hubieses ido con un donante de esperma? Cuando el niño pregunte sobre quién ayudó a crearlo, tendrás todas las respuestas que necesitas. Cabello, ojos, peso. Era músico. Eso es todo. Todo lo que tu hijo necesitará saber es que tú lo querías.

Bella no habló al principio. Era una idea tentadora. Ella sabía bien cómo funcionaba el tema de la custodia. Decirle al hombre que era el padre de su bebé le daría derechos, derechos que ella no tendría la capacidad de quitarle. Había muchas posibilidades de que él tuviera el poder de causar estragos en su vida durante dieciocho años por un gran número de cosas.

Lentamente, sacudió su cabeza.

—Vi esta película demasiadas veces. Miento sobre esto. De alguna forma, el bebé se entera de la verdad cuando tiene dieciocho y no lo veo por diez años porque está enojado por eso. Además, hacer eso es una mierda, por donde lo mires. Los donadores de esperma van ahí sabiendo que no serán una parte de la vida del bebé.

—Es verdad. Y no quiero que creas que estaba tratando de ser inmoral. Es solo que nunca sabes. Si este tipo termina siendo abusivo de alguna forma, no puedes alejar a tu hijo de él tan fácilmente. —Alice suspiró—. Mira, esto es por lo que necesito convertirme en una psíquica. Si solo supiéramos cómo reaccionará.

Jessica bufó.

—Sí, si solo supiéramos cómo terminaría cada decisión que tomáramos en nuestras vidas, las cosas serían mucho más fáciles.

Bella miró a Jasper.

—Así que, ¿conoces a este tipo? ¿Edward? —La banda en su boda eran unos amigos de unos amigos. Jasper había estado en una banda, tocando en bodas por algo de dinero extra, cuando todos se conocieron.

—No personalmente, pero no será difícil averiguar cómo contactarlo si eso es lo que estás preguntando.

—Bueno, estaría bien tener la opinión de alguien más, además de la mía.

—Es nuevo en la banda, sé eso porque su ex-guitarrista tuvo que retirarse recientemente por problemas de salud. No he salido con estos tipos en mucho tiempo. Debo decir que lo conoces mejor que yo.

—Sí. Pregúntame sobre sus tatuajes. Puedo decirte todo sobre eso. —Bella tamborileó sus dedos sobre la mesa. Rodó sus ojos y empezó a murmurar para sí misma—: Apuesto que si le dijeras que estoy tratando de obtener su número creería que estoy siendo pegajosa. Mejor si lo veo cara a cara, creo.

—Preguntaré por ahí —dijo Jasper.

—Lo resolveremos. —Alice le dio un abrazo.

—Gracias por todo, a los tres. —Bella puso su cabeza sobre el hombro de su amiga.

—Ya te lo dijimos. Estamos aquí.


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¡Hasta el próximo capítulo!