Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to LyricalKris. We just translate with her permission.

Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de LyricalKris, solo nos adjudicamos la traducción.


Bad Timing

Autora: LyricalKris

Traductora: Yanina Barboza

Beta: Melina Aragón


Capítulo 4

Bella se cubrió la cara con las manos, tratando de ignorar lo nerviosa que estaba. Agarró su teléfono para distraerse.

Bella: Hay cafeína POR TODAS PARTES. Lo quiero todo.

Golpeó distraídamente los dedos sobre la mesa, mirando los tres puntos rebotar en el fondo de la ventana de chat.

Alice: Estás mirando esto de la manera incorrecta. Esta es la excusa perfecta para obtener el croissant de chocolate que siempre te niegas.

Bella:... Sabía que me gustabas.

Unos minutos después, Bella estaba haciendo todo lo posible para no hacer ruidos pornográficos mientras devoraba su postre favorito de cafetería. Estaba tan absorta que no procesó la silueta familiar que pasó a su lado. Sin embargo, sí notó cuando la silueta se detuvo abruptamente. Ella contuvo el aliento mientras él caminaba lentamente hacia atrás hasta que estaba frente a ella.

—Uh, hola. —Edward, el barista-guitarrista, ladeó la cabeza y su sonrisa lenta y sexi se curvó en la comisura—. Bella. Hola.

Bella se llevó una mano a la boca, masticó dos veces más y tragó saliva. Tenía la garganta apretada. Su corazón latía a una milla por minuto, y el delicioso croissant de chocolate amenazó con reaparecer.

—Hola —logró decir.

—He pensado en ti. —Sus mejillas se tiñeron de rosa y se frotó la parte posterior de su cuello, su expresión tímida lo hacía parecer tan joven—. Lo siento. Me sorprendiste. Solo digo que es genial encontrarte.

—Bien. —Bella respiró hondo, dirigiéndole una sonrisa tensa. Ella se enderezó, inclinando la barbilla hacia arriba—. Sin embargo, no es una coincidencia.

—¿No? —La sonrisa volvió con toda su fuerza: una hermosa sonrisa que hizo que un escalofrío le recorriera la columna—. ¿Me estás acosando? —Su tono estaba lleno de intención en lugar de horror.

Ahora, era su turno de sonreír.

—Cálmate, semental. —Ella suspiró, su sonrisa desapareciendo—. En realidad, hay algo de lo que necesito hablar contigo. No estoy tratando de ser una acosadora. Quería hablar contigo en persona, así que le pedí a Jasper, él era el novio en la boda, que hablara con tu compañero de banda, Peter. Él fue quien me dijo tu horario. ¿Tienes unos minutos antes de tu turno?

Tomó la silla frente a ella y la hizo girar, sentándose en ella al revés. Apoyó los brazos sobre el respaldo y se inclinó hacia delante.

—Claro. Tengo unos minutos para ti.

Aquí vamos.

—Entonces. Supongo que no hay una manera fácil de decir esto, pero... —Por el amor de Dios, Swan—. Estoy embarazada. Es tuyo. Estoy segura.

Al principio, él solo parpadeó hacia ella con la boca abierta. Las palabras salieron a toda prisa, así que no lo culpaba. Ella apretó los labios. No quería tener que repetirse —decirlo una vez había sido lo suficientemente difícil— y no quería comenzar a balbucear el medio millón de cosas que le pasaban por la cabeza. Sus defensas estaban levantadas; había muchas posibilidades de que él se convirtiera en un imbécil en los próximos dos segundos, pero ella no quería meter la pata.

—Yo... tú... —Se pasó la mano por el cabello, mirando a un lado. Su piel se había vuelto blanca como el hueso—. Oh, hombre. Oh, hombre. ¿Pero cómo? Quiero decir, usamos... —Hizo un gesto en vano.

—No funcionan si no lo pones bien. —Esta era su teoría, pero no quería sonar demasiado acusadora—. Tal vez se filtró y no nos dimos cuenta.

—Oh. Oh, cielos. Oh, hombre.

Bella contó hasta diez antes de hablar.

—Mira, no estoy aquí para exigirte nada. No se suponía que esto sucediera. He decidido seguir con el embarazo y puedo cuidar a un bebé. —Los latidos de su corazón se agitaron. No estaba completamente segura de esa última parte, pero al menos podía mantener a un bebé—. Solo te estoy avisando. Si no lo quieres…

—No. —La palabra salió demasiado alto, y Edward miró alrededor de la tienda, sus mejillas se pusieron rojas. Él inclinó la cabeza, tirando de su cabello—. Eso no es lo que... quiero decir... —resopló—. Mierda. Mis padres me van a matar.

Ahora era el turno de Bella de parpadear a la parte superior de su cabeza. Su primer pensamiento fue que el comentario era el epítome de lo inmaduro. Luego, detuvo su juicio y volvió a evaluar. Ella sabía de primera mano la terrible sorpresa que era su noticia, y la gente solía hacer y decir cosas extrañas cuando se sorprendían. Además, solo porque ella no había crecido demasiado apegada a sus padres no significaba que otras personas no tuvieran una experiencia diferente. Muchas personas de su misma edad todavía se angustiaban cuando no obtenían la aprobación de sus padres. Fue una reacción honesta; eso era todo.

—Cullen —gritó una voz irritada. La cabeza de Edward se alzó bruscamente, su cuerpo ágil se sacudió mientras miraba hacia el mostrador a un hombre de aspecto preocupado—. Tienes dos minutos para fichar.

—Sí. —La voz de Edward se quebró. Se aclaró la garganta y habló más fuerte—. Estaré ahí en un minuto.

Bella hizo una mueca.

—Probablemente podría haberlo cronometrado mejor. Lo siento. Simplemente sentí que te debía el hablar contigo cara a cara. —Y para ser completamente sincera, ella quería encontrarse con él en un lugar público en caso de que su reacción fuera violenta. Nunca sabías. Pero, ella podría haber venido después de su turno.

—No. No. Sí. —Edward se pasó una mano por la cara. Él se rio, el sonido un poco maníaco—. Mierda. He perdido mi capacidad de palabra.

Ella tuvo que sonreír.

—No pienses en eso ahora. Piensa en eso después del trabajo.

Él se burló.

—Seguro. —Se puso de pie, todavía mirando a cualquier lugar menos a ella—. Um. ¿Puedo... supongo, puedo tener tu número de teléfono? —Sacudió la cabeza, la más pequeña de las sonrisas tirando de sus labios—. Te lo iba a pedir, ya sabes.

—¿Pedirme qué?

—Tu número de teléfono. Antes. —Él la miró rápidamente y luego hacia otro lado—. Pero te habías ido cuando desperté.

Ahora fue Bella quien se sonrojó.

—Ah. Sí. Lo siento. —Incómodo. Ella rebuscó en su bolso. Afortunadamente, una periodista siempre tenía a mano un bloc de notas y un bolígrafo—. Aquí.

Edward tomó el papel que ella le ofreció e hizo un pequeño, extraño y nervioso movimiento de cabeza antes de alejarse, para comenzar su turno, sin duda. Bella dejó escapar un suspiro. Ella cerró los ojos, deseando que su corazón dejara de latir con fuerza. Luego, recogió los restos de su croissant.

Había dado solo unos pocos pasos en el estacionamiento antes de que su voz la detuviera.

—¡Bella! —Edward vino corriendo hacia ella, ahora vestido con un delantal y un gorro a juego—. Debería haber preguntado. ¿Cómo estás? ¿Está todo...? ¿Estás bien?

Eso la derritió un poco. Ella abrió la boca para simplemente decir que estaba bien, pero en cambio, la verdad salió a la luz.

—Estoy agotada. Todo el tiempo. Los olores extraños me marean y vomito mucho. Estoy abrumada. Esto es lo último que necesitaba en mi vida en este momento. —Se sentía mejor, de alguna manera, decirlo en voz alta. Especialmente a él—. Pero... estoy bien.

Él asintió demasiado enérgicamente.

—Sí. Eso es... Sí.

Ella soltó una pequeña risa y él sonrió tímidamente. Luego, suspiró.

—Lo siento. No sé si eso es lo correcto para decir, pero lo siento mucho.

—Sí. Yo también.

La puerta de la cafetería se abrió y el ceñudo jefe de Edward estaba allí de nuevo. Bella le ofreció lo que esperaba que fuera una sonrisa amistosa y de disculpa, y miró a Edward.

—Será mejor que regreses antes de que te quedes sin trabajo.

—Sí. —Edward miró entre ella y su jefe—. Te llamaré.

Al verlo desaparecer en la cafetería, Bella se preguntó si realmente lo haría. Ella le había dado la salida, después de todo. Parte de ella todavía esperaba que él la tomara. Había tantas variables en su vida en este momento. Ella podría soportar que una de ellas desapareciera mágicamente.

Por otro lado, estaba esa parte traidora de ella que se preguntaba cómo se vería él sosteniendo un bebé. No era una mala imagen.

~0~

—Espera, espera, espera —dijo Jessica, sentándose en la mesa de Alice y Jasper cuando Bella comenzó a contar la historia de cómo fue la reunión—. Primero, tomé mucho alcohol en la boda.

Alice se burló.

—Aparentemente, hay mucho de eso circulando.

—El punto es que mi memoria está un poco borrosa. —Jessica extendió la mano sobre la mesa y tomó la de Bella—. Por favor, dime que es tan caliente como lo recuerdo.

Bella sacudió la cabeza, sonriendo.

—Chica, eres descarada.

—¿Qué? Estoy viviendo indirectamente a través de ti para no tener que tener un bebé. Vamos. Mírate. Tu hijo siempre iba a ser increíble, ¿pero mezclarte con un músico sexi? —Ella silbó—. Vamos. Este niño va a ser increíble. Inteligente y musical y... —Se inclinó, esperando que Bella llenara los espacios en blanco.

Bella se rindió.

—¿Y Jesús, Dios, a quién tengo que sobornar para asegurarme de que tenga sus ojos? —Ella suspiró—. Verde. Y me gusta la forma de su boca.

—Sí, eso es lo que te metió en problemas. —Alice sonrió perversamente.

—Pensaba que fueron sus dedos los que la metieron en problemas. —Jasper sorbió su cerveza, su rostro era la imagen de la inocencia.

Alice y Jessica se rieron a carcajadas. Bella le arrojó una uva, que él tuvo la audacia de atrapar con la boca. Él le guiñó un ojo.

Bella se frotó las sienes.

—Sin embargo, él es realmente joven. Esperaba haber sido generosa, pero realmente se ve a mediados de los veinte. Incluso menos de los veinte.

Alice le frotó la espalda.

—Pero empleado. Y talentoso. Tú tenías la cabeza en su sitio incluso a esa edad.

—Fue agradable. Quiero decir, fue reducido a ruidos de neandertal en lugar de hablar, pero creo que eso era de esperarse. —Bella dejó que el alivio la invadiera—. No fue un imbécil. Eso cuenta mucho.

Bella había decidido algunos días antes que iba a tomar esto por etapas, lidiando con una cosa a la vez. Decirle al extraño papi de su bebé estaba fuera del camino, y no había sido horrible. En cuanto a Edward, ella había terminado. Ahora era su movimiento. Con suerte, al menos podrían tener otra conversación. Con suerte, tenía un poco de tiempo antes de tener que hacer preguntas sobre su historial de genética familiar. Esa iba a ser una conversación divertida.

Pero ella no tenía que pensar en eso todavía.

~0~

Bella fue sacada del sueño por el sonido demasiado fuerte de su teléfono. Por lo general, bajaba el volumen del timbre antes de irse a dormir, pero esta no sería la primera vez que colapsaba antes de completar su ritual nocturno. Alcanzó su teléfono solo para encontrarse con un territorio desconocido. Se sentó, parpadeando en la oscuridad nunca tan completa de la noche del sur de California.

Esta no era su habitación.

Agarró su teléfono, gimiendo mientras lo hacía. Debió haberse quedado profundamente dormida en la mesa de Alice y Jasper. Jasper probablemente la había llevado arriba. Por supuesto, ella extrañaría eso.

—¿Hola? —dijo en el teléfono, atontada.

Hubo una pausa en el otro extremo.

—Mierda. Lo siento. Estabas dormida.

Le tomó a su mente confundida otros dos segundos descubrir que la voz en el otro extremo, suave y tenue y lo suficientemente profunda, era Edward.

—Siempre estoy dormida. ¿Qué hora es siquiera?

—Las diez.

—Mierda. —Bella suspiró—. Eso es triste.

—No. Es... quiero decir, es tarde.

Bella tuvo que sonreír.

—Claro. Solo estoy acostumbrada a ser un ave nocturna.

Él tarareó, y un silencio cayó entre ellos, tenso y cargado. ¿Se suponía que debía hablar? ¿Pero qué diría ella? Realmente era una extraña yuxtaposición. Su decisión de tener este bebé era una cosa de todo o nada. Era suyo, su cuerpo. Cada movimiento, cada elección, cada cosa que ponía en su cuerpo afectada por la presencia de esta cosa que no podía ver ni sentir.

¿Edward? Estaba libre de la cosa. Separado de eso. Con razón era tan fácil para los hombres alejarse. El concepto del bebé era ajeno para Bella, quien solo creía lo que las pruebas de embarazo le dijeron porque sabía que su cuerpo había cambiado. Para un hombre, debía sentirse más como un cuento de hadas, un producto de su imaginación.

Al otro lado de la línea, él suspiró.

—Lo siento. Todavía no he descubierto qué decir. —Otro suspiro—. No sé qué pensar.

—Lo entiendo —dijo Bella suavemente.

—Pero quería decir que lamento haber sido tan raro antes. Solo quería que supieras que no soy un holgazán. No soy... —Tragó audiblemente—. No voy a alejarme. No soy ese tipo.

Bella dejó escapar un suspiro tembloroso. Su corazón latía con fuerza contra su pecho.

Ahí estaba. Ella estaba atrapada con él.

Qué demonios significaba a largo plazo, ella no tenía idea.

—¿Ya tienes una foto? ¿La extraña y borrosa? —preguntó.

Sus ojos ardían con lágrimas que no entendía del todo. Realmente no había pensado en el bebé en términos de lo que era. Lo que parecía. Jodidamente raro en esa etapa, pero creciendo. Era espeluznante y asombroso y...

Era mucho.

—La primera cita con el médico es la próxima semana —dijo—. Creo que es cuando obtienes la primera imagen borrosa.

—Eso es genial. —Otro trago—. ¿Me la mostrarás?

—Sí. Sí, puedo hacer eso.

—Bueno. —Hubo un frufrú. ¿Estaba acostado en su cama?—. Debería dejarte volver a dormir.

Ella bostezó justo en ese momento.

—Sí. Está bien.

—Buenas noches, Bella.

Ella sonrió.

—Buenas noches, Edward.


¡Hola!

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¡Hasta el próximo capítulo!