BECAUSE I'M A TOY

by: bxbohuist

dc: Corazón de Melón es propiedad de ChiNoMiko y Beemov


Era un día más, la misma rutina de siempre. Me despertaba y lo primero que pasaba por mi cabeza eras tú, tu cabello rubio y tus ojos miel que a veces parecían tan preocupados, como si hubiera algo que te acechara y no te dejara tranquilo y me hubiera gustado que hubieras tenido la confianza suficiente para contármelo, pero parece que no era así, que no éramos tan cercanos como yo pensaba.

Me alistaba, siempre esforzándome por lucir tan perfecta y digna de estar a tu lado, rezando porque te dieras cuenta de que había hecho algo nuevo en mi cabello, a pesar de que sabía muy bien que no era así, porque no era digna de tu atención, ni siquiera me veías como una potencial novia y a veces dudo de si me veías como todos lo hacían, como "la mascota del delegado".

Todo parecía ir como siempre, papeles revoloteando por el despacho, aunque hoy parecías más ocupado que de costumbre, al parecer habían llegado dos alumnos nuevos y tú tenías que hacer tu papel de delegado perfecto. El primero en aparecer fue un chico bajito, pecoso y de gafas, era bastante adorable, a pesar de que no era muy agraciado. Tú, como siempre, lo recibiste con una sonrisa cordial, indicándole todo lo que tenía que hacer. La mañana siguió su curso normal, hasta que apareció ella. Su cabello castaño largo, sus ojos verdes que parecían curiosos y su actitud malditamente positiva y energética. Aquella era la alumna que faltaba por hacer todo el papeleo y, aunque te comportaste como siempre, pude notar que tus ojos se llenaron de un brillo que nunca había visto antes. Poco después supe que la habías invitado a dar una vuelta después de clase, pero me quise pensar que solo querías ser simpático.

Los días pasaban y era cada vez más común ver a Lynn en el despacho, y aunque me estaba acostumbrando a veros cada vez más juntos, no sabes cómo me dolía cuando la mirabas como si fuera lo más precioso que existiera. Deseaba ser ella, ¡se supone que era a mí a la que deberías mirar así! Pero parecía que ni siquiera existía cuando ella aparecía. Sin embargo, no la culpaba, no a ella, pues se notaba que estaba completamente enamorada del chico de su antiguo instituto a pesar de que hubiera tenido que irse a la academia militar. Además, ¿cómo la iba a odiar? Entendía por qué te gustaba tanto, Lynn era luz e irradiaba felicidad allá por donde fuera, fue incluso capaz de ablandar el corazón de Castiel, ¡imagínate! Lynn era todo lo contrario a mí, y quizá esa era una de las razones por la que estabas tan coladito por ella. Al contrario que ella, yo era seria, estricta, aburrida. Lynn te brindaba todas las emociones que yo no era capaz. Gracias a ella, tu mirada tan estresada cambió a una más relajada, feliz, sin preocupaciones, consiguió que aquel monstruo desapareciera de tu vida, pues en ella confiabas lo suficiente como para que te ayudara a solucionar tus problemas, a pesar de que muchas veces la hubieras llamado "entrometida" y todos sabíamos que no iba a durarte mucho, pues Lynn te tenía completamente embelesado.

Parecía que todo estaba bien, Lynn se ganaba los corazones de la gente incluso sin intentarlo, tú seguías siendo el delegado perfecto que estaba enamorado de la chica perfecta y yo seguía siendo la molesta mascota del delegado —porque sí, tú eras lo suficientemente tonto como para pensar que no me daba cuenta de que a veces mi presencia te molestaba, y yo era lo suficientemente estúpida como para pasarlo por alto, porque para mí tú eras lo primero, siempre lo habías sido. Sin embargo, cuando parecía que Lynn y tú estabais a punto de convertiros en pareja, Kentin regresó y todo se volvió patas arriba una vez más, o a lo mejor todo por fin era como debía ser.

Lynn y Kentin, que siempre habían estado enamorados el uno del otro, finalmente eran pareja y tú, por otro lado, te habías quedado sin nada. Aquello que tanto anhelabas te lo habían arrebatado cuando estabas a punto de rozarlo con los dedos, pero ambos sabemos que Lynn, el corazón de Lynn, nunca te perteneció. Porque ella no te miraba de la misma forma que tú a ella y tú lo sabías, pero preferías hacerte el loco. ¡Qué irónico! Pero algo en ti cambió. A lo mejor estuve en el momento y lugar equivocados y cuando tú estabas recuperándote de que Lynn te rompiera el corazón, yo te parecí la mejor opción.

Era por la tarde, las clases habían acabado y yo, como siempre, había decidido quedarme contigo haciendo todo el papeleo. Cuando entré en el despacho me di cuenta de que había algo extraño en el ambiente, se sentía diferente de lo habitual. Tonta de mí, no sabía lo que me esperaba. Tú estabas distinto, te acercabas más a mí y me hablabas con un tono distinto… era el tono que empleabas con Lynn, pero preferí ignorarlo, convencerme de que eran ideas mías, porque tú no podías estar interesado en mí, era imposible.

Ya habíamos acabado todo el trabajo y yo estaba a punto de irme, pero tú me detuviste en la puerta.

—Quédate un poco más, Melody —dijiste, casi acorralándome en la puerta y acariciándome la mano.

—Pero es tarde… —contesté tímida, sintiendo como me hervían las mejillas al notarte tan cerca. Me apartaste un poco el cabello de la cara y fui ahí cuando me di cuenta de que nuestros labios estaban a punto de rozarse si uno de los dos daba el paso que faltaba.

Y lo hiciste. Te llevaste mi primer beso, ese que tanto había guardado para ti y que por fin estaba con su dueño. Por fin sentía que todos mis esfuerzos habían resultado, que habían valido la pena, pensé que por fin me habías notado. Pobre de mí, que no sabía la verdad. Para mí, ese día significó un cambio para nosotros y, en cierta forma, lo fue, pero no el que yo esperaba.

Al día siguiente, tú hiciste como que no pasó nada hasta que nos quedamos solos por la tarde, después de todo el papeleo. Parece que ese era nuestro momento, yo me convencía de que solo eras tímido y no te gustaban las muestras de afecto en público. El tiempo pasó y nosotros seguíamos en la misma rutina: por la mañana, a la vista de todos nuestros compañeros, éramos el delegado y su ayudante, pero cuando llegaba la tarde y estábamos solos en el despacho, éramos pareja, o al menos yo lo pensaba, porque nunca fui capaz de entenderte, eras como un puzle imposible de resolver. Allí, solos, dábamos la bienvenida al placer que nos inundaba en el momento en el que conectábamos nuestros cuerpos, porque sí, también te di mi primera vez en aquel despacho.

Llevábamos varios meses así, dándonos amor a escondidas de todos porque tú eras tímido. Hasta que alguien nos descubrió. Ese día la directora nos había pedido que buscásemos unos papeles que se habían perdido en una de las aulas o, más bien, te lo había pedido a ti, pero yo ya era como una extensión más de tu cuerpo, allí donde tú estuvieras estaba yo. Esa tarde nos aventuramos a hacerlo en una de las aulas sin asegurarnos de cerrarla antes, nos habíamos confiado bastante. Grande fue nuestra sorpresa al ver a Castiel de pie en la puerta, pero él parecía que se estaba divirtiendo con la escena que había encontrado, como si supiera lo que estaba pasando. Tardé en darme cuenta de que su mirada en ningún momento se detuvo en mí, sino en ti, porque él sabía algo que yo no.

A partir de ese día, las cosas volvieron a cambiar. Estaba harta de los cambios, lo único que se mantenía estable era la relación de Kentin y Lynn, algo que a ti ya parecía no importarte. En mi cabeza era porque ya me tenías a mí, me gustaba pensar así, que la razón por la que ya no te gustaba era porque tú ya te habías dado cuenta de que yo siempre había estado ahí, que por fin había ocupado un lugar en tu corazón. Uno de los cambios que más me sorprendió fue ver a Castiel a mi alrededor, ahora me lo encontraba más a menudo y disfrutaba molestándome con nuestra "relación". Tú, por otro lado, te habías vuelto más serio, pero no querías hablar conmigo, no me dabas la oportunidad de preguntarte algo, porque cuando veías que iba a sacar el tema, me interrumpías con un beso y me acostabas en el escritorio y enseguida todas mis dudas se disolvían. Total, todo seguía como antes, ¿no?

Sin embargo, todo fue cobrando sentido poco a poco, como si el que había estado jugando con nuestras vidas por fin se hubiera cansado y estuviera colocando todo en su lugar original. Lynn volvía a aparecerse por el despacho y tus ojos seguían derrochando miel cada vez que la veías, y ahí me di cuenta de que tú nunca me habías mirado así, o al menos no era a mí a quien estabas viendo, pero me gustaba pensar que para mí tenías otra mirada especial, una que solo me dedicabas a mí. ¡Qué tonta!

Pero esta vez Castiel tuvo que meterse en medio. En uno de los descansos me había quedado sola en una de las aulas pensando en ti, en mí y en nosotros. Estaba tan absorta que no me di cuenta de que alguien más había entrado hasta que el sonido de una silla frente a mí me despertó de mi ensoñación.

—Melody, ¿por qué estás con Nathaniel? —no supe identificar si solo tenía curiosidad o si, por otro lado, estaba preocupado por mí. Me decidí por lo primero ya que, además, él y yo no habíamos cruzado más palabras de las necesarias al ser compañeros de clase. Además, ya me parecía lo suficientemente raro que Castiel se interesara en algo más que no fuera él.

—Le quiero —contesté. Porque así era, te quería a pesar de que solo fuera un juguete para ti.

—Nathaniel quiere a Lynn —me dijo. ¿Pensaba que me estaba interponiendo entre tú y Lynn? Qué ridículo. "Lynn tiene a Kentin", quise contestar, pero no me dejó—. Solo te está usando para reemplazarla, él no te quiere.

—¿Por qué te importa tanto? ¡Métete en tus asuntos, Castiel! Porque Lynn tampoco te va a hacer caso a ti, está con Kentin, por si no lo sabías —solté, levantándome de la silla dispuesta a irme —. Y al menos Nathaniel…

No pude acabar la oración, porque cuando estaba por salir del aula te vi hablando con Lynn, mirándola de aquella manera que tanto me hubiera gustado que fuera para mí y que, gracias a la brutalidad de Castiel, me di cuenta de que nunca sería para mí. Que nunca vas a mirarme de esa manera y que mucho menos tienes una "mirada especial para mí", a no ser que sea lástima. "Al menos Nathaniel me tiene a mí", era lo que iba a decir. Porque me gustaba pensar que me necesitabas, que te hacía falta, pero parece ser que no era así. Porque estaba frente a ti y ni te dabas cuenta, Lynn era lo único que veías, como siempre, pero yo decidí engañarme a mí misma. Y dolía, ¡cómo dolía! No te haces a la idea, Nathaniel, porque al menos Lynn no jugó contigo cuando Kentin se fue.

No supe en qué momento Castiel se había puesto a mí lado, fue cuando lo escuché hablar a mi lado que lo noté.

—No sé ni por qué me molesto, se nota que te gusta ser el puto juguete del delegado —y se fue sin dejarme contestarle. Dejándome sola ante aquella escena que me estaba rompiendo el corazón.

Porque me hizo darme cuenta de que yo nunca ocuparía el lugar de Lynn en tu corazón, nunca sería ella y tu corazón nunca sería para mí. Porque cuando Lynn estaba al frente yo no existía, daba igual que ella te hubiera rechazado, tu seguirías a su alrededor. verlo. ¿Qué más me quedaba por hacer? Mis esfuerzos no eran suficientes y este juguete se estaba cansando. ¿Por qué no te podías fijar en mí? ¿Qué estaba mal en mí? ¿Había hecho algo mal?

Fue en la tarde que me decidí. Esto se tenía que acabar. No me hacías bien, te quería mucho, pero te quería más de lo que me quería a mí misma y me estaba haciendo daño. Me estabas haciendo daño y ya no lo podía soportar.

Tú estabas tan entretenido jugando con mi cuello que no te diste cuenta de que yo estaba llorando mientras que mi mano había parado el masaje que estaba haciendo en tu pelo. De hecho, ni siquiera yo me di cuenta hasta que lo señalaste, quizá porque había empezado a temblar en tus brazos. Paraste tu sesión de besos y me miraste.

—Melody, ¿qué pasa? —me preguntaste, aparentemente preocupado.

—¿Qué…? ¿Qué soy para ti? —te dije con la voz temblorosa y con las lágrimas empapando mi cara. Tu semblante cambió, te pusiste serio, supongo que porque te hice la pregunta que menos querías que te hiciera.

—Melody… yo… —balbuceaste, sin saber qué responder. Como si no te hubieras esperado esto, pensabas que estabas jugando a la perfección, que yo no me daría cuenta de que solo me estabas usando.

—¿Te sigue gustando… Lynn? —volví a preguntar e ignoré tu cara de sorpresa. ¿De verdad pensabas que nadie se había dado cuenta de que la morena te tenía comiendo de su mano? Poco a poco sentí como el enfado fue reemplazando a la tristeza.

—Mel…

—¿Por qué…? ¿Por qué hiciste todo esto conmigo si yo no te gusto? —insistí. La voz me seguía temblando y yo me sujeté más fuerte al borde de la mesa como si fuera de donde estuviera sacando toda la fuerza para enfrentarte.

Tú seguías callado y yo empecé a abrocharme la camisa con las manos temblorosas. No quería seguir ni un segundo más ahí, me estaba ahogando y me estaba empezando a dar asco. La sala que al principio veía como nuestro lugar secreto ahora estaba sucia, para mí era una cárcel que me mantenía atada a ti. Estaba cansada, cansada de ti, de mí, de todo.

Me levanté de la mesa, pasando por tu lado intentando no tocarte para no darme más asco del que ya me daba. Y la escena de nuestro primer día juntos se repitió. Antes de que lograra salir por la puerta, tú me cogiste del brazo, deteniéndome.

—Melody…

Me giré, mirándote fijamente a los ojos. Los míos seguían rojos y seguramente tendría un aspecto lamentable, pero eso me daba igual ahora.

—¿Fue divertido? —inquirí —¿Fue divertido ver cómo yo hacía todo lo que tú querías como un puto juguete?

Ante tu silencio, me solté de tu agarre y salí del despacho dando un portazo. Ya no quería volver ahí, porque a pesar de que estuviera enfadada contigo, era lo suficientemente débil y estúpida como para saber que caería otra vez en tus redes. Todos tus silencios me bastaron como respuesta. Nunca fui nada para ti, ¡qué tonta por querer convencerme de lo contrario! Tenías mi corazón y jugaste con él sin pensártelo dos veces, tú ya estabas roto por Lynn, ¿pero hacía falta que me rompieras a mí también? ¿Por qué lo hiciste, Nathaniel? Pero, a pesar de todo, sabía que la culpa era mía por dejar que todo eso pasara. Porque sabía que tú no me querías, pero quería convencerme de lo contrario.

Desde el inicio fue así. Con ese primer beso acepté ser el reemplazo de Lynn, porque sabía que cuando me veías a los ojos, no veías mis ojos azules, veías las esmeraldas de Lynn, porque cuando me besabas y me tocabas imaginabas que era ella, no yo. Todo aquello que había estado ignorando finalmente cobró sentido. Tú nunca me habías visto a mí, a Melody, sino a la sustituta de Lynn. Pero estaba bien con ello, porque mientras yo hiciera como que no sabía nada, estarías conmigo.

Y al final todo acabó con mi corazón roto y mi primer amor tirado a la basura.