Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to LyricalKris. We just translate with her permission.

Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de LyricalKris, solo nos adjudicamos la traducción.


Bad Timing

Autora: LyricalKris

Traductora: Flor Carrizo

Beta: Melina Aragón


Capítulo 9

—No es que no sea bueno tenerte aquí, Bells. Ha pasado la mitad de tu vida desde que viniste al noroeste del Pacífico.

Bella miró a su padre y presionó la fría lata de cerveza que le había dado en su mano. No iba a beberla, obviamente, pero la frialdad ayudaba. Ella arqueó una ceja.

—¿Fue ese el final de una pregunta?

Charlie gruñó.

—Tú sabes que no soy de los que se entrometen, pero han pasado unas semanas y la historia no ha surgido sola. No puedo imaginar cómo terminaste aquí en Port Angeles. —Él la observó con una mirada seria—. Esto no fue un ascenso, ¿verdad?

Su corazón palpitaba, Bella dejó salir el aire lentamente. Era una locura lo nerviosa que estaba. Tenía treinta y cinco años, pero el hecho de que estuviera a punto de confesarle a su padre que había quedado embarazada la hacía sentir como si tuviera dieciséis.

—Es una historia complicada.

—Bueno, desempacamos la última de tus cajas hoy. —Miró alrededor de su nuevo lugar—. Y no tengo ningún lugar al que ir.

Ella sonrió débilmente.

—¿Es por eso que enviaste a Sue y Seth a casa sin ti? ¿Para poder interrogarme en privado?

Charlie le arqueó una ceja de regreso, imitando la mirada que ella había hecho ni un minuto antes.

—¿Por qué? ¿Has cometido crímenes últimamente?

—Ja. Bueno. —Ella se aclaró la garganta—. Verás…

Fue interrumpida por un golpe en la puerta. El ruido la hizo saltar. Ella y su padre intercambiaron una mirada.

—¿Esperabas a alguien? —preguntó Charlie.

—No. —Frunció el ceño mientras se levantaba.

—Comprueba por la mirilla —dijo Charlie, llevando su mano hacia su cadera como si su arma estuviera allí.

Bella tuvo que contenerse para no rodar los ojos, pero sonrió con cariño. Su ocasionalmente padre sobreprotector. Le hizo caso mirando por la mirilla.

—Hijo de perra —murmuró, alejándose de la puerta como si se estuviera quemando.

—¿Estás bien? ¿Quién es? —Su padre se acercó para pararse a su lado, una mano en su hombro.

Bella rodó los ojos hacia el techo mientras la persona detrás de la puerta golpeaba otra vez.

—Estoy bien. Él está bien. Solo… toda su jodida familia tiene el peor sentido del tiempo. —Sacudió la cabeza. Era mejor terminar con esto. Abrió la puerta.

Un Edward muy mojado y desalineado irrumpió con una funda de guitarra sobre un brazo y un bolso sobre el otro. Bajó ambas cosas y comenzó a pasear al mismo tiempo que empezó a vomitar palabras.

—Lo siento. Lo siento mucho. No iba a venir aquí. Iba a conseguir un hotel, pero fui y descubrí que mis padres bloquearon mi tarjeta de crédito. Tengo una cuenta en el banco. Por supuesto que tengo una cuenta en el banco, pero no tengo la tarjeta en mi billetera. Puedo conseguir una tarjeta nueva mañana y algo de dinero, pero…

—Edward.

Se giró hacia ella, su expresión suplicante.

—Se volvieron locos. Otra vez. Sé que nada de esto es lo que ellos quieren. El plan era vivir con ellos mientras conseguía mi diploma en la universidad comunitaria. —Pasó su mano entre su cabello—. Lo sé. Me lo dijeron, cuando me aceptaron de regreso, me dijeron que debía ir por el buen camino. Después de todo lo que hice. Todas las cosas que me podrían haber pasado. Dijeron que me ayudarían si jugaba bajo sus reglas. Y eso estaba bien, ¿sabes? Estaba de acuerdo con eso. Estaba de acuerdo con todo.

»Pero siguen hablando como si tú y el bebé no existieran. Papá habla sobre hacer un viaje por Año Nuevo. Solíamos hacer eso. Les dije que quiero estar aquí. Ellos no entienden por qué quiero estar en Washington. Es como si ya se hubiesen olvidado. Les dije que el bebé nacerá cerca de Año Nuevo. Quiero estar aquí para eso, si puedo. Ayudar un poco. Solo un poco. Pero me perdería las vacaciones. Y probablemente me perdería el comienzo de la escuela, así que dije que tal vez debería tomar un par de clases online este semestre. Todavía tendría el semestre de otoño y…

—Oye —gritó Charlie. En voz muy alta.

Ambos, Edward y Bella, saltaron. Edward en realidad tropezó, obviamente sorprendido de encontrar a alguien más en la habitación. Bella podría haber sentido lástima por él, excepto que…

—¿De qué jodido bebé estás hablando? —preguntó Charlie, sacudiendo su dedo hacia Edward. Él miro a Bella, y ella tuvo que contenerse para no dar un paso atrás—. ¿Qué bebé? ¿Y quién diablos es este? ¿Cuántos años tiene, doce?

—Yo no… No tengo doce. —Edward, que se había puesto rojo brillante, agachó la cabeza, sonando como un adolescente malhumorado.

—Está en sus veinte. Ahora. —Bella le guiñó un ojo y trató de recordar que ella no era una adolescente—. Es una larga historia, papá. Pero estoy embarazada. Es de él, y es complicado.

El silencio descendió. Un silencio muy extraño, incómodo y horrible.

Entonces, Charlie gruñó. Agarró la cerveza que le había dado a Bella y la empujó hacia Edward. Bella le guiñó un ojo otra vez.

—Él… no es… legal.

Charlie miró entre ellos. Bella luchó por no retorcerse. Él miró fijamente a Edward que se estremeció. Charlie sacudió su cabeza y se sentó.

—Circunstancias especiales. Siéntate. Aparentemente, tenemos mucho de que hablar.

~0~

El sentido de la hospitalidad de Bella fue suficiente para que le ofreciera a Edward una bata mientras ella secaba su ropa. Entonces, se acomodaron para lo que prometía ser un cuento vergonzoso.

Los padres de Edward parecían no creer que Bella estuviera embarazada. Y si lo estaba, no creían que Edward fuera el padre. Ellos pensaban que ella estaba, por razones que se le escapaban completamente, manipulándolo para que cambiara su vida. Habían discutido y el pobre y tambaleante Edward, que no podía encontrar las palabras correctas, había balbuceado a medias su plan.

Bella podía ver lo confundido y conflictuado que estaba. Ella podía relevarlo de su deber todo lo que quisiera, pero él volvía al hecho de que no le parecía justo que tuviera que hacerlo todo sola, cambiar todos los pañales, levantarse todas las noches.

Él hablaba mucho sobre deber. Justicia.

—Ellos trataron de decirme que no te debía nada.

—Realmente no lo haces —dijo Bella.

Edward levantó la vista.

—Sé eso, pero no puedo dejar de pensar en eso. No lo sé. Solo no puedo alejar mi cabeza de esto. Hacer mi vida normal como si nada estuviese pasando aquí. —Él se encogió de hombros—. No lo sé. Se puso feo. Hubo un montón de gritos y ellos básicamente dijeron que eras tú o ellos.

—¿Me estás diciendo que tus padres te están castigando por pensar que quieres ser de los que se hacen cargo? —preguntó Charlie.

Edward lucía cansado, mucho más cansado de lo que cualquiera a su edad solía lucir.

—Ellos creen que me están castigando por ser un idiota. Amor duro.

—Uh, huh. Hay una pieza que falta aquí. —Charlie cruzó sus brazos y miró fijamente a Edward.

Edward hizo una mueca y miró a Bella.

—¿Tu papá tenía que ser policía?

—Lo siento —dijo ella con una sonrisa comprensiva.

A su favor, Edward se sinceró con Charlie acerca de sus problemas con la ley.

—Y además de mí, tienen a mi hermano. Creo que él utilizó las oportunidades de ambos para arruinarlo con ellos. Él siempre supo lo que estaba haciendo. Se los decía cada vez y cada vez le creían y terminaban lastimados. Tuvieron que verlo jod… —Miró a Charlie—. Uh, arruinando su vida una y otra vez. Están cansados de eso, supongo.

Bella bufó.

—Podría mostrarles las fotos de la ecografía, pero supongo que eso no probaría que no estaba tratando de manipularte. —Lo miró—. Así que, ¿no esperaste a que se calmaran, no intentaste otra vez a la mañana siguiente? ¿Solo te fuiste?

—No me dieron la oportunidad. Me echaron. —Suspiró—. No sabía a donde más ir. Todos los amigos que tenía eran parte de mi antigua vida.

—Jesús. —Bella se frotó el rostro con una mano.

—Es solo esta noche. Lo arreglaré. Yo… conseguiré un trabajo. Un lugar. Yo…

—Cálmate. Hay vapor saliendo de tus orejas —dijo Charlie.

—Esto es ridículo —murmuró Bella—. Estoy tratando de no atraparte y te envían corriendo directo hacia mí. No tiene sentido.

Charlie se rio.

—¿No has aprendido todavía, niña? —Le sonrió con cariño—. A la vida le importa un demonio tus planes.

—Ja. Estaba teniendo una cantidad decente de suerte con mis planes hasta este momento. —Bella cruzó sus brazos—. Parece que el destino lo guardó todo para los últimos tres meses.

—Así es como sucede a veces. —Charlie hizo una mueca y miró a Edward—. Me casé con la madre de Bella porque pensé que era lo correcto. Nos trajo una buena cantidad de miseria. Me empujó a un trabajo que realmente no me gustaba, ¿y Renée y yo? Nunca debimos seguir más allá de la escuela secundaria, pero obtuve una gran hija de eso.

—Gracias, papá —dijo Bella con una pequeña sonrisa.

—Y así es como conocí a Sue, también. Hay un montón de cosas que no habría tenido si mi vida hubiese ido como planeé. A veces tomas las decisiones que necesitas tomar, no las que quieres. Por eso dejé que tu madre te llevara cuando decidió mudarse a Phoenix.

Se giró hacia Edward.

—¿Qué se siente correcto para ti, muchacho? ¿Qué preferirías? ¿Quieres volver con mamá y papá? ¿O se sentirá mejor quedarte aquí, incluso si es más difícil?

—Papá… —comenzó Bella.

—Quiero estar aquí —dijo Edward en voz baja—. Quiero decir… No sé. Todo es… —Agitó sus manos, impotente—. No sé la respuesta correcta. Pero hay una cosa que dije que realmente los molestó. Siempre se supuso que debería transferirme a la universidad después de obtener mi diploma, pero me estaba preguntando si podía transferirme antes de eso. Solo estaba hablando en voz alta. Y supongo que ir a la escuela fuera del estado es incluso más caro, así que eso. —Tomó una respiración profunda, frunciendo el ceño—. No tengo toda la información que necesito. Antes era simple. Mantener mi nariz limpia. Trabajar. Terminar la escuela.

—Bueno, hay escuelas en Washington —dijo Charlie, reprendiéndolo suavemente—. Pero esa no es una conversación que hay que tener hoy. —Miró a Edward y después asintió con la cabeza como si hubiera decidido algo—. Estas son tus opciones hasta donde yo puedo ver. Puedes regresar a tu casa. Apuesto que tus padres te aceptarán de regreso, si estás dispuesto a seguir el camino que ellos elijan. Y no es un mal camino. Puedes decirme si me equivoco, pero suenas como si no tuvieras idea de qué demonios quieres hacer con tu vida ahora mismo.

—No —admitió Edward mirando al suelo.

—Entonces puede que no sea malo que te den un camino en el que no tengas que pensar demasiado. No hay nada malo con eso. Todavía estarás haciendo cosas, una vida sobre la que construir. —Charlie frotó sus manos sobre sus pantalones—. O piensas cómo quedarte aquí. Aún puedes descubrir cómo ir a la universidad. He ayudado a mis hijastros a través de todo eso. —Sonrió—. Bella lo descubrió por sí misma, pero eso es lo que ella hace. El punto es que tú puedes escribir tu propio camino también. Será más difícil. Pero no hay mucho en este mundo que no se pueda deshacer.

—¿Como los niños? —Bella tragó el nudo en su garganta.

—Ah, sí. Esos están entre lo que no se deshace. —Él rodó sus ojos y se puso de pie—. Pero nadie tiene que tomar ninguna decisión ahora. Consúltalo con la almohada al menos. Puedes venir a casa conmigo esta noche, si quieres, Edward.

Bella sacudió la cabeza.

—Está bien. Él puede quedarse aquí. Es mi lío, después de todo. —Le guiñó un ojo a Edward para que supiera que estaba bromeando—. Lo limpiaré. —Él le sonrió de regreso con una expresión desconcertada.

Después de que le dijeron adiós a Charlie, quien disimuladamente le entregó a Bella spray pimienta "solo por si acaso", se pararon en el vestíbulo, observándose el uno al otro por un incómodo minuto. El cabello de él tenía ese estilo desalineado otra vez, salvaje por cómo se secó.

—Bueno, como estás aquí, tengo algo que mostrarte.

Él levantó una ceja y la siguió cuando caminó hacia la cocina.

—Quería enviártelo, pero la vida estuvo un poco agitada. Me hicieron una exploración, una ecografía, antes de irme. —Tomó la ecografía de donde la había escondido, en un libro de cocina—. Aquí.

Con los ojos muy abiertos y más pálido que cuando se enfrentó a Charlie, Edward tomó la ecografía de las manos de ella. Había tres imágenes ahí, varios ángulos de su pequeño alien.

—Oh. Está… uh… quiero decir… Está tomando más forma de bebé.

Bella todavía pensaba que lucía como un alien.

—Humanoide, de todos modos —dijo—. Y me hice unas pruebas genéticas. Un análisis de sangre. Ya sabes, ya que tengo una edad avanzada.

—¿Tú qué? —Edward alejó la mirada de las imágenes brevemente.

—Tengo más de treinta y cinco años. Significa que la probabilidad de que el bebé pueda tener algún tipo de defecto aumenta. No es una posibilidad demasiado grande, pero es una posibilidad más grande de que si estuviera en mis veinte.

—¿Todo está bien?

—Hasta ahora muy bien. —Se aclaró la garganta—. Miraron sus cromosomas.

Edward levantó la mirada, obviamente confundido de lo que significaba.

—¿Quieres saber el sexo? —preguntó ella gentilmente.

Él dio un paso atrás, una mirada extraña en su rostro.

—Oh. Uh. ¿Sí? Quiero decir, ¿tú sabes?

Ella asintió lentamente, estudiándolo.

Él tragó con dificultad.

—Entonces sí. Sí, por supuesto.

—Tiene dos saludables cromosomas X.

Edward se sentó con fuerza en la silla, observando la imagen otra vez.

—XX. Oh. Una niña. Guau.

Ambos guardaron silencio durante varios segundos.

—Eso lo hace más real —dijo finalmente, su voz solo un decibelio por encima de un susurro.

—Sí. —Bella tragó con dificultad—. Sí. Eso es… sí.

Edward la miró.

—Tan raro —murmuró.

Ella tuvo que sonreír. Fue agradable, como de costumbre, que alguien lo reconociera en voz alta.

—Surrealista —agregó.

Se sonrieron uno al otro de nuevo, y Bella se dio cuenta de que él ya no se sentía como un extraño, sino como un amigo.


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