BECAUSE I'M A TOY
by: bxbohuist
dc: Corazón de Melón es propiedad de ChiNoMiko y Beemoov.
Cuando el primer día de curso les advirtieron de que iba a ser intenso, Melody se esperaba de todo menos esto. Y si alguien le hubiera dicho que el delegado de Sweet Amoris, el alumno perfecto, el yerno que toda suegra querría para su hija y el chico que le robaba todos sus suspiros iba a romperle el corazón… bueno, no se hubiera sorprendido tanto, porque llevaba enamorada de él desde segundo y, hasta ahora, sus esfuerzos no habían resultado; sin embargo, si le hubieran contado la manera en la que iba a hacerlo, aquella persona recibiría un buen repertorio de insultos por haberle faltado el respeto a Nathaniel. Es decir, ¡se trataba de Nathaniel, cielo santo! El mismo chico que está terriblemente obsesionado con su gata y se gastaba todos sus ahorros en juguetes para ella. Él no sería capaz de hacer algo así. Bueno, ¡pues error!
Sí, Melody tampoco se lo esperaba, pero efectivamente y contra todo pronóstico, Nathaniel la había estado usando durante varios meses como reemplazo de Lynn, la chica nueva que llegó a principios de curso y que logró encandilar a muchos chicos y chicas del instituto. Y, gracias a eso, así se encontraba ahora, sonándose los mocos encima de su cama después de recibir un choque de realidad al darse cuenta de que, en efecto, Nathaniel no estaba enamorada de ella y que tampoco llegaría a estarlo.
¿Y ahora qué iba a hacer? No lo tenía para nada claro, su mente estaba muy ocupada reviviendo cada segundo de su último encuentro con el rubio, una y otra vez. Algo que tenía claro era que no iba a poder actuar como si no hubiera pasado nada, además, tampoco tenía muchas ganas de ver a Nathaniel ni ahora ni en los próximos días. Increíble, ¿verdad? Melody sin ganas de ver a Nathaniel, ¡digno de un titular!
La castaña flexionó sus rodillas contra su pecho, la mirada clavada en sus calcetines blancos. Sentía los ojos más pequeños, los labios hinchados y la nariz roja, estaba segura de que tenía un aspecto lamentable, pero ¿acaso alguien podría culparla? Necesitaba desahogarse, soltar todo lo que se había estado guardando en este tiempo, porque ahora era cuando todo empezaba a encajar en su cabeza y todo empezaba a ser más claro. Aunque ella hubiera deseado darse cuenta de todo más tarde porque, aunque le hubiera dolido mucho, eso hubiera significado estar más tiempo con Nathaniel y, quien sabe, finalmente se hubiera fijado en ella. Aquello habría sido bonito, Nathaniel dándose cuenta de que Melody siempre había estado a su lado y, finalmente, cayendo por ella. Dicen que de ilusiones se vive, ¿no? Aunque la de ella la habían tirado a la basura.
Suspiró con cansancio, a pesar de que seguía teniendo ganas de llorar, parecía que había agotado todas las que le quedaban. Se recogió el cabello en un moño despeinado y se frotó los ojos, sintiéndolos hinchados, así que decidió ir al baño para echarse un poco de agua en la cara e intentar refrescarse un poco. La imagen que vio en el espejo por poco hizo que volviera a derrumbarse, nunca se había visto tan… vulnerable, rota. Después de secarse suavemente con una toalla, regresó a su habitación, sentándose en el borde de la cama y alcanzó su teléfono. Apenas lo desbloqueó se encontró con varias notificaciones de Nathaniel y unas pocas del grupo que tenía con sus amigas, eran tres en total: Iris, Violeta y ella. Estuvo tentada de abrir los del rubio, pero decidió no hacerlo y, en vez de eso, abrir el chat grupal.
Mi pelirroja ❤
Chicas! Os apetece quedar para ver una película?
Vio ✿
Vale! A qué hora quieres que vayamos?
Bajó un poco más en el chat, Iris y Violeta habían hecho planes y le habían preguntado si se apuntaba. De eso hacía por lo menos casi hora y media, y tendría por lo menos quince minutos para ir a la casa de Iris, pero no podía ir así. Ahora no se encontraba en su mejor momento como para encontrarse con alguien, además, conociéndolas, habrían decidido poner alguna película pastelosa y ella habría acabado otra vez llorando, lo que la llevaría a un interrogatorio por parte de la pelirroja. Y no estaba de ánimos para eso.
Se sintió mal después de mandar un mensaje al grupo diciendo que no podía ya que tenía que prepararse sus clases de piano de la semana que viene, que no era del todo mentira pero que ya había hecho con antelación, algo muy propio de ella. Empezó a sentirse un poco culpable, como quien le esconde a su madre que ha suspendido en el colegio, al fin y al cabo, eran sus mejores amigas y se suponía que no había secretos entre ellas, a pesar de que esos meses que estuvo con Nathaniel se alejó un poco de ellas, se suponía que las amigas se lo contaban todo. «Otro día se lo contaré» pensó. Después de todo, tampoco tenía con quién más desahogarse ya que después de ellas dos, su amigo más cercano era Nathaniel y tampoco era como si pudiera decirle «Mira, me has roto el corazón y lo estoy pasando fatal así que dime cómo puedo superarte de una vez, estúpido», que podría -las ganas no le faltaban-, pero no lo creía apropiado. En general, no es que no se llevase bien con los de su clase o, en general, con el resto de alumnos del instituto -al final llevaba siendo delegada muchos años y si la elegían era por algo, ¿no?-, pero sí que era verdad que su círculo de amigos era muy limitado.
Una vez que sus amigas le contestaron, ella bloqueó el teléfono y se quedó pensativa, con la mirada perdida en la pared, analizando la situación en la que se encontraba. ¿Qué sería lo más sensato? «¡Chica, un clavo saca a otro clavo!» habría sido lo que le hubiera dicho Rosalya si siguieran siendo tan cercanas como a principio de curso, y ella de inmediato se habría negado primero porque no era propio de ella y, segundo, porque se negaba rotundamente a hacerle a alguien más lo que Nathaniel hizo con ella. Le parecía demasiado cruel meterse con alguien más cuando todavía seguías enganchado a otra persona.
Finalmente, tras tantas vueltas al tema, se decidió que lo más fácil era evitarlo y que lo primero que tendría que hacer sería dejar de ir a la delegación ya que, por suerte, no era parte del consejo estudiantil -ya el ballet y el piano se llevaban gran parte de su tiempo- y si iba al despacho era para ayudar a Nathaniel e intentar acercarse a él. Arrugó la nariz ante este pensamiento y se paró hacia su escritorio, cogiendo de sus post-it para listas y apuntó: Dejar de ir a la sala de delegados. Pensándolo fríamente, le iba a venir de perlas porque de por sí el trabajo allí solía ser bastante y se tiraba gran parte del día ahí, tiempo que podría aprovechar para centrarse más en sus estudios; era el último año antes de la universidad y no quería desperdiciarlo. Quién sabe, lo mismo eso también la ayudaba a no pensar tanto en Nathaniel.
Sin embargo, Melody sabía que no iba a ser fácil, llevaba cerca de cuatro años coladita por Nathaniel y no era como si por escribirlo en una nota fuera a desenamorarse por arte de magia. Ojalá, pero no. Le iba a costar lo suyo y, si tenía que ser sincera, no estaba completamente segura de poder conseguirlo, sobre todo teniendo en cuenta que iban a la misma clase y como si eso no fuera poco, también se sentaban juntos.
«Diablos…»
Antes de que se diera cuenta, el lunes llegó y, con eso, la vuelta a la rutina: su despertador sonando a las siete en punto de la mañana, ni un minuto más ni un minuto menos; su mano tanteando la mesita de noche hasta alcanzar su teléfono y parar aquel sonido tan estridente. Con un bostezo, se levantó y se fue directa al baño, aprovechando que estaba vacío porque al parecer sus padres todavía no se habían despertado. Después de ducharse, y ponerse un poco de maquillaje -base, máscara de pestañas y un poco de brillo labial-, abrió el armario, decidiéndose por un vestido corto un poco ajustado de cuadros y un jersey blanco un poco corto por encima, completó el look con sus zapatillas Nike blancas, unas cuantas pulseras y su característico listón rosa en el cuello. Por último, se recogió un par de mechones por detrás y los aseguró con un clip de perlitas.
Dándose un último vistazo en el espejo asegurándose de que todo estuviera en su sitio, salió de su habitación después de haber cogido su mochila azul cielo y bajó las escaleras en dirección a la cocina, encontrándose allí a su padre, ya que al parecer su madre hoy entraba un poco más tarde y había aprovechado para seguir durmiendo.
—Buenos días, papá —le saludó sonriente mientras se acercaba a darle un beso en la mejilla.
—Buenos días, cariño, toma —contestó su padre, pasándole un plato con un desayuno ligero como a los que estaba acostumbrada Melody.
Después de un desayuno bastante ameno, Melody se despidió de su padre y salió de su casa, directa al instituto. Eran las ocho y diez y empezaban a las ocho y media así que, aprovechando que había unos diez minutos de distancia, fue con total tranquilidad… O al menos eso quería aparentar.
Por dentro, Melody estaba nerviosa, quizá demasiado, pero es que no estaba preparada para ver a Nathaniel, no tan pronto. A pesar de que el fin de semana le había cundido a la perfección como para ponerse al día con todas las asignaturas y terminarse Orgullo y prejuicio por décima vez, su mente no paraba de proyectar situaciones hipotéticas de lo que podría pasar si se llegase a encontrar con Nathaniel y este quisiera hablar con ella del tema, poniéndola más inquieta todavía. Intentando serenarse un poco, conectó sus auriculares al teléfono y seleccionó la reproducción aleatoria. Clairo la acompañó en lo que quedaba de camino.
Cuando llegó al instituto todo seguía igual, como si nada hubiese pasado. En el fondo, se sintió un poco egocéntrica al pensar que su suceso con Nathaniel fue lo suficientemente importante como para haber hecho mella en algo más que no fuera ella misma. Pero es que, para empezar, ni siquiera ella se sentía la protagonista de su propia historia, siempre fue Nathaniel. Además, los únicos que sabían todo lo que pasó eran Nathaniel y…
—Castiel… —susurró, deteniendo su mirada en la cabellera roja de su compañero de clase y que era imposible de perder de vista hasta para alguien que tuviera una miopía importante. Con todo esto ni siquiera se había acordado de Castiel ni de lo mal que se había portado con él cuando, aparentemente, le estaba intentando ayudar -todavía tenía sus dudas al respecto. Se sintió tan mal de pronto, es que encima él no tenía la culpa de nada, ¡es que hasta le tendría que dar las gracias por abrirle los ojos! De una manera muy bruta, sí, pero funcionó. Le debía una disculpa, no era muy Melody ser maleducada con nadie, y eso incluía a Castiel.
Sin embargo, cuando iba a ir a hablarle, se dio cuenta de que a su lado estaba su mejor amigo, Lysandro y, a pesar de que sabía que el albino no iba a meterse en su conversación -era más probable que ni siquiera le interesase-, no se sentía del todo cómoda hablando de algo tan… personal en frente de alguien ajeno al tema. Así, se adentró en el edificio directa a su aula respondiendo a algunos de sus compañeros que la saludaban en el camino, completamente ajena a la mirada que le dedicó el pelirrojo.
—Veamos… —habló para sí una vez dentro de la clase. Sus compañeros todavía no entraban a la clase ya que el profesor no había llegado, de hecho, había visto a Armin, Alexy, Lynn, Kentin y Rosalya pululando por el patio, pero la mayoría ya habían dejado sus mochilas encima de sus pupitres, reservándolos y marcando territorio.
Por eso no sabía dónde sentarse, había como una ley no escrita entre ellos en la que ya se sabían qué sitios estaban ocupados y por quien, por eso no podía tomarse la libertad de sentarse donde quisiera y robarle el asiento a alguien; ni siquiera cuando Lynn y Kentin empezaron a salir juntos Rosalya cedió su asiento al lado de la morena, dejando al castaño al lado de Melody en la segunda fila, detrás de Nathaniel. Para su desgracia, ni Iris ni Violeta iban a su clase.
Resignada pero un poco aliviada al ver que Nathaniel no había llegado todavía, se sentó donde siempre y empezó a colocar sus materiales. Estaba terminando de dejar su botella de té helado cuando notó por el rabillo del ojo como alguien había entrado al aula y, como no, ella tenía mala suerte de nacimiento y ese alguien se trataba de la última persona a la que quería ver en ese momento.
Se contuvo de chasquear la lengua y siguió a lo suyo, ignorando completamente la presencia del rubio que de vez en cuando le dirigía alguna mirada. «Por favor, que el profesor Farrés llegue ya», suplicó mentalmente. Y es que, aunque por fuera lograba mantener la compostura, por dentro no podía más con lo incómodo de la situación, aunque, si tenía que decir la verdad, prefería esto a que que el rubio le dirigiera la palabra.
Y como si Nathaniel tuviera poderes y supiera leerle la mente, un banner se asomó en la parte superior de la pantalla, notificando un nuevo mensaje. «¿En serio? ¿Ni siquiera se digna a hablarme?».
Nathaniel
Melody, creo que tenemos que hablar.
Lo leyó sin abrir el chat y espetó sin mirarlo siquiera:
—Tú y yo no tenemos nada de qué hablar —ni siquiera alzó la cabeza para apreciar la reacción del rubio -a pesar de que le resultaba algo muy tentador. Escuchó el chillido de la silla al moverse y, después, a Nathaniel sentándose de una manera un poco brusca a su parecer.
Después de eso, como si hubieran esperado a que su encuentro con el delegado principal acabase, sus compañeros empezaron a entrar, ocupando poco a poco sus sitios. El profesor no tardó en llegar y así se dio por finalizada su conversación. Sin embargo, el día solo acababa de comenzar.
—¿Ha pasado algo entre Nathaniel y tú? — la pregunta de Alexy la pilló por sorpresa, especialmente teniendo en cuenta que ellos dos no eran especialmente amigos sino compañeros de clase que se llevaban bien, así que Melody tampoco se esperaba que el peliazul se interesase por su vida personal.
Melody paró de escribir en seco y lo miró, sin saber muy bien qué responder. Por suerte, esa clase no se sentaba con Nathaniel, sino con Alexy y, otra vez, con Kentin. La verdad, empezaba a creer que lo habían hecho adrede, por un lado, para mantener a raya a Alexy y, por otro, para guiar un poco a Kentin. A veces a los profesores se les olvidaba que ellos eran todavía alumnos y que no tenían por qué hacer de niñeros de nadie; pero Melody siendo como era no puso ninguna pega. Pero también es verdad que justo ahora, en ese exacto momento, hubiera preferido sentarse junto a Lysandro. «Al menos él no hubiera preguntado». Alexy, que había dejado de prestar atención a la clase hace un rato, la miró con su mejilla apoyada en su mano, paciente.
—¿Por qué lo preguntas? —como si el peliazul no la hubiera perturbado ni un poco, volvió su atención al folio que tenía delante… o al menos lo intentó, porque Alexy había conseguido que se perdiera una parte de la explicación.
—No te ofendas, pero es raro no verte pegada a él —Melody, ante esto, guardó silencio—. Si no me lo quieres contar no pasa nada, eh, que lo entiendo, es solo que… parece como si estuvieras huyendo de él.
Esta vez sí que no pudo esconder su reacción. Soltó el bolígrafo y lo miró, otra vez sin palabras. Parece ser que hoy se había levantado un poco atontada, porque no era posible que ni siquiera pudiera decir sus respuestas por defecto, aunque eso no era lo que más le preocupada, sino que si Alexy se había dado cuenta eso significaba que o Melody era muy obvia o él muy observador, y tampoco sabía cuál de las dos le parecía peor.
—Podría decirse que sí que ha pasado… algo —contestó un poco dudosa, ya que tampoco sabía qué decirle. Se esperaba que Alexy mencionara algo más, pero parecía que su respuesta le sirvió, ya que volvió su atención a sus apuntes y se puso a garabatear algo en el folio.
Melody, en el fondo, le agradeció que no insistiera más con el tema y regresó a sus hojas. Éstas estaban llenas de bolígrafo azul y negro, notitas adhesivas, flechas y subrayador, normal que luego la mano le doliese un poco como ahora. Miró la hora en su reloj, las tres y cuarto, quince minutos más y el día de hoy se acabaría. Si tenía suerte, podría irse sin tener que dirigirle ni una palabra más a Nathaniel.
Lo poco que quedaba de clase se la pasó observando a sus compañeros, aprovechando que en esa clase se sentaba un poco al fondo. Su mirada fue a parar a Lynn, que estaba más entretenida mandándose mensajes con alguien a escondidas de la profesora; casi por instinto giró un poco la cabeza para mirar a su lado izquierdo donde se encontraba Kentin imitando a su novia, por lo que supuso que sería él con quien la morena estaba hablando. De manera disimulada se cubrió los labios antes de que alguien más se diera cuenta de que estaba sonriendo, pero es que se alegraba mucho de que al menos alguien tuviera su final feliz, y Lynn se lo merecía muchísimo.
De manera inconsciente miró a Nathaniel, quien seguía tomando notas diligentemente a pesar de que quedara poco antes de irnos a nuestras casas, pero, al fin y al cabo, él era el delegado principal y tenía que dar ejemplo. Frunció el ceño, ¿por qué Nathaniel seguía tan tranquilo a pesar de lo que pasó el viernes mientras que ella tenía que hacer un gran esfuerzo para que no se notara lo mal que lo estaba pasando? Aunque, ahora que se daba cuenta, el rubio parecía tener un gran talento para disimular porque también fingió de maravilla que no había nada entre ellos mientras que en el despacho se dedicaba a comerle la boca y el cuello.
—Cerdo —masculló. Escuchó una risa baja que provino de Alexy y que intentó disimular malamente con una tos, pero Melody seguía muy ocupada fulminando a Nathaniel con la mirada como para prestarle atención. Estaba segura de que, si abría la boca, todos dejarían de pensar que el rubio era la encarnación del chico perfecto.
Y como si estuviera invocándolo, Nathaniel se giró en su dirección, clavando sus ojos mieles en los azules de Melody quien, frustrada, desvió la mirada como si no le hubiera estado acuchillando con sus ojos hace un par de segundos. Pero estaba claro que Nathaniel la había pillado, y también estaba claro que él seguía teniendo un efecto en ella, porque sus mejillas le estaban ardiendo y dudaba mucho de que hubiera pillado una fiebre. Hizo una mueca y se apartó un mechón de pelo. ¿Cuándo lograría superarle? No lo tenía claro y empezaba a pensar que nunca lo conseguiría, que estaba condenada a ello. Pero, ¿cómo no estarlo? Además de atento, responsable, inteligente y amable (y un montón de adjetivos más), Nathaniel era uno de los chicos más apuestos que había visto, sino el que más. Aquel cabello rubio que parecía tan suave al tacto, su voz tan suave pero que lograba ser seductora… Pero no había duda de que lo que más le gustaba de Nathaniel eran sus ojos, eran tan expresivos y tan dulces que… «Ya estoy otra vez…». Se dio cuenta de por dónde iban sus pensamientos, pero es que siempre era igual cuando pensaba en Nathaniel, siempre pensaba en sus mejores cualidades, incluso ahora que era el responsable de que el viernes haya acabado con los ojos tan hinchados que tuvo que mentirles a sus padres y contarles que se había visto Titanic por quinta vez.
La campana del instituto resonó por toda el aula, despertando a Melody de su ensoñación y dando por finalizado el día de hoy. Todos los alumnos empezaron a levantarse y a recoger sus cosas, algunos más rápidos que otros, y Melody hoy se encontraba en ese grupo, quería evitar a toda costa a Nathaniel, todavía no estaba lista para enfrentarlo. Pero al parecer hoy no era su día porque cuando estaba guardando su estuche, Nathaniel apareció frente a ella.
—¿Pasa algo? —cuestionó después de unos segundos en los que ella se dedicó a terminar de guardar sus materiales mientras que el rubio se quedó de pie en total silencio mientras la miraba. Su voz sonó un poco cortante, pero por dentro se sentía cohibida por la mirada tan insistente de Nathaniel.
—Mel, verás… —ella cerró por fin su mochila y se la colgó al hombro mientras que Nathaniel parecía buscar las palabras adecuadas— hay mucho papeleo en el despacho y me preguntaba si me podías ayudar.
Melody cogió su teléfono y lo miró por fin. ¿En serio? Era la excusa más patética que había escuchado en su vida, hasta ella había usado mejores para tener algún pretexto de estar con él en la sala de delegados.
—Lo siento, no puedo —sin añadir nada más, la castaña se dirigió a la puerta del aula, dando por terminada su charla. Pero Nathaniel tenía otros planes al parecer.
—No será mucho tiempo, de verdad, en cuanto terminemos te puedes ir —parecía desesperado, y si estuviesen en otra situación Melody hubiera aceptado enseguida, pero no era el caso. Ella se giró con los brazos cruzados y lo miró. Lo siguiente que dijo Nathaniel la dejó sin palabras— O si quieres te puedo invitar a tomar algo después…
«¿Es en serio?», se contuvo de rodar los ojos y contó mentalmente hasta diez intentando que así sus ganas de insultarlo se disipasen -lo había leído en un libro, pero ahora dudaba de que aquello funcionase. Si hace unas semanas (o incluso hace un par de días) le hubiera hecho la misma propuesta, habría aceptado encantada, era lo que siempre había estado esperando y cuando se habían metido en esa especie de "relación" siempre se preguntaba por qué Nathaniel no la invitaba a ningún lado si se suponía que estaban juntos, y ahora que ya sabía la respuesta entendía por qué su relación terminaba en el momento en el que los dos se acomodaban sus ropas y salían del instituto. Ese recuerdo hizo que las ganas de decirle que sí encantada desaparecieran.
—No puedo —repitió firme—, tengo otras cosas más importantes que hacer, Nathaniel.
Y justo cuando Nathaniel iba a volver a hablar, alguien entró en escena como si se tratase de un ángel cuya misión era rescatarla. Un brazo le rodeó los hombros y ella se estremeció un poco por el contacto tan inesperado. Giró un poco la cabeza, dándose cuenta de que su salvador se trataba de Alexy y le agradeció mentalmente, porque si Nathaniel hubiera insistido más tenía claro que iba a acabar aceptando. El peliazul le guiñó el ojo de manera disimulada.
—Nathaniel, te voy a tener que robar a Melody por hoy, lo siento —Nathaniel los dejó ir con una expresión un poco contrariada, como si le costase digerir que Melody lo hubiera rechazado, o al menos eso es lo que quiso pensar ella. Era la primera vez en cuatro años que se negaba a una petición del rubio, y aunque por dentro se sentía un poco culpable, la satisfacción que le produjo ver la cara de Nathaniel cuando vio a Alexy se llevaba la mayor parte— ¡Me debes una muy gorda!
—Gracias, pero… ¿cómo sabías que necesitaba ayuda? —los dos salieron por la puerta principal del instituto y avanzaron un poco hasta llegar a uno de los cruces. El brazo de Alexy seguía encima de los hombros de Melody, pero a ella no le molestaba mucho, necesitaba un poco de estabilidad porque, aunque por fuera se mostraba muy digna -como si no hubiera hecho su mayor esfuerzo para no ir corriendo con Nathaniel-, la verdad era que si Alexy la soltaba iba a caerse porque las pie
—A parte de que estabais casi en medio del pasillo —contestó Alexy, resaltando lo obvio—, algo en tu cara gritaba "¡quitadme a este de encima!" y bueno uno tenía que hacer su buena acción del día —bromeó y Melody le propinó un pellizco en el costado— ¡Oye! Bueno, también estaba que era muy raro que no lo hubieras seguido a la sala de delegados a la primera como un perrito… —Melody dejó de reír en cuanto lo escuchó, o sea que así era como el resto de sus compañeros la veían, como el perrito faldero del delegado— ¡Lo siento si te ha molestado! No iba a malas, ¡te lo juro!
Y si no hubiera sido por su carita de pena, no lo hubiera perdonado, pero se veía que realmente lo había dicho sin pensar. Melody negó con las manos y una pequeña sonrisa en sus labios, sin embargo, esta no llegaba a sus ojos.
—Está bien, supongo que tienes razón…
Después de eso, los dos se quedaron en silencio, cada uno pensando en sus propios problemas. Luego de unos minutos, llegaron a otro cruce que separaba sus caminos y Alexy finalmente liberó los hombros de Melody. La ojiazul se iba a despedir y darse la vuelta para irse a su casa, pero Alexy la detuvo, rodeándola en un abrazo que casi la ahoga.
—Mel, no sé que haya pasado entre vosotros dos —el peliazul comenzó, acariciando su espalda— y sé que tú y yo no somos realmente amigos, pero quiero que sepas que puedes contar conmigo para lo que quieras —Melody asintió, apoyando la cara en el pecho de Alexy y relajando su cuerpo por primera vez en todo el día. Los ojos le empezaban a picar, no sabía cuánto necesitaba escuchar esas palabras hasta que Alexy se las dijo. Una de las manos del peliazul empezó a acariciarle el pelo mientras se separaban lentamente y Melody echó de menos la calidez que le regalaba el cuerpo del ojirrosa.
—Muchas gracias, Alexy, de verdad —Alexy asintió, mirándola un poco preocupado como si temiese que se rompiera en cuanto se fuese.
Los dos se despidieron y cada uno siguió su camino. Melody iba distraída, todavía pensando en las palabras de Alexy, que no se dio cuenta de que ya había llegado a su casa. Estaba sacando las llaves de su mochila cuando reparó en una figura familiar que se encontraba de pie en la acera de enfrente.
