BECAUSE I'M A TOY
by: bxbohuist
dc: Corazón de Melón es propiedad de ChiNoMiko y Beemoov.
¿Qué era lo que hacía Castiel frente a su casa? Melody se quedó quieta como una estatua al lado de su puerta, sin poder dejar de mirar al pelirrojo que no se había dado cuenta de que estaba allí al estar de espaldas apoyado en un coche. Su curiosidad aumentó al recordar que, supuestamente, Castiel no sabía dónde vivía, y siendo sincera también dudaba de que tuviera algo que ver con ella.
Lo que no se esperaba era que Castiel se girara en su dirección, mirándola casi tan sorprendido como ella, como si de verdad no supiera que vivía ahí, además, el chico podría ser muchas cosas, pero stalker no era una de ellas. De pronto recordó su "discusión" del viernes, con todo el lío que era evitar a Nathaniel se le había olvidado por completo, lo que la llevó a recordar lo mal que le habló. Le debía una disculpa, y Melody no era alguien a quien le gustara deber cosas. Iba a cruzar la calle para ir con el pelirrojo, decirle "lo siento por lo del otro día" y volver a su casa, dando por finalizada su "relación" con él.
—¿Qué…?
Sin embargo, cuando iba a cruzar la calle, Castiel se había dado la vuelta y se había marchado. Como si fuera un imán, su mirada se quedó pegada a su espalda que se iba haciendo más pequeña a medida que se iba alejando.
—¿Melody? ¿Qué haces, cariño? —la voz de su madre la sacó de su ensoñación. La mujer se encontraba en la puerta, mirando a su hija un poco preocupada, y es que se había dado cuenta de que algo le había pasado, aunque no sabría decir con exactitud que era. Pero Melody estaba distinta y eso era un hecho.
—A-Ah… Nada solo… Pensaba que había visto a alguien.
—Anda, entra, cielo.
Las dos entraron en casa dejando las llaves en el adorno de cristal que había en el recibidor. Josefa se fue al salón y Melody dejó su mochila en el salón. Después de una rápida comida que consistió en una ensalada y zumo, su madre entró en su despachito y ella corrió a su habitación. Si fuera por ella, se pondría algo más cómodo, pero en un par de horas tenía que ir a sus clases de piano y no tenía ganas de cambiarse otra vez. Así pues, solo se quitó el jersey blanco, quedándose con el vestido a cuadros.
—Veamos… —se sentó en su pupitre y sacó su agenda, revisando que era todo lo que le tocaba hacer hoy: pasar un par de apuntes e ir a piano. Al ser de segundo, ya no les dejaban tantos deberes, pero sí que tenían que llevar todo al día. Melody se estiró un poco y se puso manos a la obra.
A pesar de que le costó un poco concentrarse, ya que tenía muchas cosas en la cabeza -relacionadas Nathaniel y Castiel en general- pudo acabar sin problemas en un par de horas. Su escritorio estaba lleno de bolígrafos, subrayadores de varios colores y notas adhesivas.
—¿Qué hora es? —preguntó al aire en lo que cogía su teléfono y lo encendía. Las seis menos cuarto. Amplió los ojos y se levantó como un resorte de la silla, sus clases empezaban en veinte minutos e ir al conservatorio ya le llevaba quince minutos. Cogió su carpeta de partituras y otras cosas que iba a necesitar y salió de su habitación no sin antes coger un bolso de tela un poco más ligero.
—¡Melody! ¿Puedes venir, por favor? —escuchó que su madre la llamaba y empezó a ponerse nerviosa, no podía permitirse llegar con retraso.
—¡Dime! ¡Voy un poco tarde! —contestó cogiendo sus llaves apurada. La cabeza de su madre se asomó por el pasillo y se acercó a ella, tendiéndole un cuadernito y su monedero.
—¿Puedes pasar por el supermercado cuando regreses, por favor?
—¡Sí, sí! ¡Me voy ya, mamá, adiós! —se despidió de su madre dándole un beso rápido en la mejilla y salió escopetada de su casa. Miró la hora en el reloj. Seis en punto. «No, no… Venga, Melody, tú puedes».
Y caminando lo más deprisa que podía -el vestido que llevaba no le permitía correr-, llegó justo a tiempo cuando el profesor empezaba a cerrar la puerta del aula. Con una breve disculpa por su retraso, ocupó su sitio de siempre. La tarde pasó sin ningún incidente más y terminó con ella siendo elogiada por el profesor, como siempre. A pesar de que no le gustase mucho ser el centro de atención -eso se lo dejaba a otras personas como Lynn, Rosa o Alexy-, de vez en cuando sí que le gustaba escuchar lo bien que lo hacía. Pero no negaba que a veces le invadían las ganas de cometer algún error, ya sea faltando a una clase o equivocándose en alguna tecla para poder salirse de aquella perfección en la que vivía constantemente.
—¡Adiós, Melody!
—¡Adiós!
—Melody, ¿me puedes ayudar con esta parte?
—¡Por supuesto! Mira…
Siempre se repetía lo mismo, ya sea en el conservatorio o en el instituto. Era como si las personas solo la quisieran por eso, y a veces llegaba a sentirse un poco… hastiada, aunque lo escondía con una sonrisa de las suyas y hacía como si nada. Le gustaba sentirse útil, pero a veces le fastidiaba que fingieran ser sus amigos para que le ayudaran con alguna asignatura o les diese alguna clase de refuerzo.
Después de despedirse de varios compañeros que se iba encontrando por el camino, por fin salió del enorme edificio. Vio que ya estaba un poco oscuro, la luna ya estaba en su sitio y las estrellas iban apareciendo una a una.
—Deben ser las nueve o así…
Aprovechó el bonito paisaje que le regalaba la noche y se encaminó a un supermercado veinticuatro horas que había por ahí cerca. Cuando estaba a punto de entrar, por ir revisando la lista de la compra de su madre no vio que había alguien más que iba a entrar a la vez que ella y
acabaron chocándose.
—Ay… —se quejó, sobándose el brazo y le dirigía una mirada de reproche al culpable de que casi se le cayera el cuadernito, pero al darse cuenta de quién se trataba, suavizó un poco la mirada —¡Lynn! Ay, lo siento mucho, en serio.
—No pasa nada, no te preocupes —la morena más bajita negó con la cabeza, aunque no podía disimular su expresión adolorida mientras se acariciaba el hombro, y es que no era para menos, Melody estaba segura de que mañana le iba a salir un morado en el brazo—. Es culpa mía por ir sin mirar, lo siento, Mel.
—Ay, que no, era yo la que no estaba prestando atención…
—Bueno, ¡la culpa fue de las dos! —resolvió la morena. Las dos entraron a la tienda y cogieron cada una un carrito— Si quieres, para compensarnos mutuamente podemos ser compañeras de compras hoy, ¿te parece?
—De acuerdo —Melody rio ante su ocurrencia.
Las dos empezaron a recorrer los pasillos del supermercado, hablando de cualquier tema que se les viniera a la cabeza y descubrieron que tenían más cosas en común de las que pensaban: a las dos les gustaba el arte y tenían un no sé qué por los objetos que tenían una historia detrás.
—¡Pero no sabía que vivías por aquí, Mel! ¡Qué coincidencia! —exclamó Lynn mientras metía un champú violeta al carrito.
—Oh, eso… es que no lo hago —Melody se rascó la mejilla con un dedo y esbozó una sonrisa nerviosa antes de seguir— Pero tengo clases de piano por aquí.
—¿Tocas el piano? —Lynn parecía un poco sorprendida por la información, Melody asintió sonriente— ¡Qué guay! No me lo esperaba… Bueno, en realidad te pega mucho.
—¿Tú crees? —Melody no sabía a qué se refería con eso, ¿le pegaba mucho tocar el piano? Bueno, es verdad que llevaba muchos años ya…
—¡Sí! Quiero decir, tú eres como muy… —la morena parecía no encontrar las palabras adecuadas y Melody se temía que fuera algo malo —¿pulcra? No sé, pero te pegan mucho ese tipo de instrumentos. Si tocaras el arpa serías como un ángel, ¿sabes?
La ojiazul se sonrojó un poco ante ello, Lynn tenía un poco de razón, no lo iba a negar, ya le habían dicho antes que era como muy impecable y perfecta, algo que no le molestaba mucho ya que no había trabajado tan duro por tantos años para que le dijeran que era un desastre; pero era verdad que nunca la habían comparado con un ángel.
«Lynn sí que es un ángel», pensó Melody fijándose en su compañera de clase. Si bien Mel no se consideraba a sí misma alguien "fea", al lado de Lynn se sentía como un calamar. Su largo y brilloso cabello moreno (estaba segura de que además era sedoso), su pequeña carita con una naricita respingona, las mejillas sonrosadas y unos labios rosaditos. Por si fuera poco, sus ojos, ¡esos ojos! Eran de un color esmeralda precioso y que siempre estaban brillando alegres y curiosos. En conjunto, Lynn era demasiado preciosa. «No hay dudas de por qué les gusta tanto a los chicos», y es que, si fuera lesbiana o bisexual, Melody también habría estado en la cola para intentar algo con ella. «Qué envidia, Kentin…».
—No digas tonterías… —Lynn frunció el ceño ante esto y se paró de golpe a su lado, asustando un poco a Melody en el proceso.
—¡Melody, lo digo en serio! —replicó la ojiverde enfurruñada, pero lejos de verse enfadada o amenazante parecía un cachorrito haciendo un berrinche— Hay algo en ti que es… no sé… ya sabes.
Lynn claramente no sabía explicarse, así que Melody decidió darle la razón para cortar la conversación, tampoco sabía qué más decir, su ¿piropo? la había dejado un poco sin palabras y se sentía un poco tímida. Ni siquiera Nathaniel cuando se acostaban juntos le decía cosas tan bonitas.
«Eso es porque Nathaniel es un cerdo y Lynn, no».
Dejando eso de lado, Melody no se esperaba sentirse tan cómoda con Lynn, es decir, sí, la había invitado a su cumpleaños, había dormido en su casa y técnicamente eran "amigas", pero se había distanciado un poco de la morena apenas se dio cuenta de que Nathaniel tenía sentimientos por ella y, supuestamente, eran recíprocos (fue más adelante que se dio cuenta de que no). No era como si la odiase, para nada, pero no se sentía muy bien cuando estaba con ella, era como recordarse constantemente que Nathaniel no la iba a querer.
Ambas ultimaron sus compras unos veinte minutos antes de que cerrasen la tienda, así que se apresuraron a ir a las cajas, la morena primera porque ella llevaba menos cosas. A lo tonto, entre charla y charla, se les había ido bastante el tiempo, pero Melody le agradecía bastante, le venía bien un poco de la energía de la morena después de haber pasado por unos días tan intensos. Se sentía más relajada, un poco menos estresada que antes.
Lynn ya estaba pagando sus compras mientras ella empezaba a dejar las suyas en la cinta. La voz de la más baja hizo que se girase en su dirección, dejando las últimas compras y sacando el monedero de su bolso beige.
—Mel… —titubeó Lynn— no sé cómo preguntarte esto sin sonar entrometida.
«Por favor, dime que no va a decirme lo que creo que va a decirme». Si no hubiera hablado con Alexy hoy, ella ni siquiera sabría qué era lo que Lynn quería preguntarle, pero no era así, y si Alexy se había dado cuenta… Todavía tenía la sospecha de que el gemelo peliazul era muy observador e intuitivo, pero si sus sospechas resultaban ser ciertas eso significaría que el problema lo tenía ella que era demasiado obvia.
—¿Qué pasa, Lynn? —prefirió hacerse la loca y la incitó a seguir hablando, como si no tuviera idea de lo que le hablaba la otra. Lynn se mordisqueaba el labio inferior sin saber muy bien qué decir, Melody ya podía ver las chispas saltar en su cabeza.
—¿Ha…? ¿Está todo bien últimamente?
—¿Sí…? ¿Por qué?
—Son veinte con cincuenta y cinco, por favor —sacó el dinero y esperó las vueltas, un poco impaciente por lo que sea que vaya a preguntar Lynn. Todavía guardaba la esperanza de que se tratase de otra cosa, que hubiera un rumor o algo.
—Es que… hoy en clase estabas un poco… ya sabes… diferente —Melody asintió en silencio, escuchándola atentamente, esperando a que continuase.
La cajera le dio el vuelto y ambas salieron del supermercado con un par de bolsas en cada mano. Lynn se apoyó en el escaparate de cristal y Melody se quedó de pie a su lado, dando la espalda a la entrada y a las personas que iban saliendo.
—Han pasado algunas… cosas… —al ver que la morena no añadía nada más, ella finalmente le contestó cautelosamente— Pero estoy bien, gracias por preocuparte.
—¿Esas cosas han tenido que ver con Nathaniel? —Melody no pudo evitar otra cosa que ampliar los ojos, casi se le salían de las cuencas y por poco dejaba escapar un sonido de estupefacción.
«Para no querer parecer entrometida, la verdad es que eres muy directa, Lynn». Intentando disimular un poco su sorpresa, se aclaró la voz.
—¿P-Por qué lo dices? —pero su tartamudeo la dejó en evidencia.
—Hoy no has estado con él —por primera vez desde que habían dejado el establecimiento, Lynn la miró.
—Bueno, Lynn, yo también tengo mi vida aparte de Nathaniel —se excusó, apartándose un mechón que se había desacomodado de su recogido.
«Qué mentirosa eres, Mel», y es que no era secreto de nadie que ella técnicamente vivía por y para el rubio, así que de alguna manera lograba entender que a Lynn le haya extrañado que hoy haya sido distinto. Lo que no comprendía del todo, por otra parte, era la razón de su curiosidad.
—Sí, pero… —la más baja soltó un quejido, revolviéndose un poco el pelo— ya sabes… parecía que lo estabas evitando, ¿es que os habéis peleado?
Esta vez fue el turno de Melody de frustrarse, sin saber muy bien qué decir. Sabía que Lynn era directa, pero no se esperaba que lo fuera tanto, ahora entendía un poco por qué a veces Nathaniel la llamaba entrometida. Pero es que, además, ¿qué le iba a decir? «¿Verás, Lynn, tu amigo es un cerdo que se acostó varias veces conmigo como si fuera tu reemplazo porque no soportaba que te hubieras echado otro novio que no fuera él?» Podría, de hecho, no sonaba tan mal, le resultaba hasta tentador, pero… No, no podía.
—Digamos que… hemos tenido un problema —contesto un poco dubitativa y observó con atención su reacción, esperaba que su respuesta le bastase.
—¿Qué clase de problema? ¿Tan grave es como para huirle como si tuviera una enfermedad con posible riesgo pandémico? —cuestionó con el ceño fruncido y los brazos cruzados. Melody se apartó un poco y recogió las bolsas que dejó hace un rato en el suelo.
—Lynn, no te molestes, pero… —se lamió el labio inferior— los problemas que yo tenga con Nathaniel y lo que haga con ellos no son asunto tuyo.
La ojiverde se despegó del gran ventanal y se colocó frente a ella. Contrario a lo que se esperaba Melody, no se veía molesta, pero sí seria y un poco… ¿preocupada? ¿Dolida? No sabría decir con exactitud.
—Ya lo sé, Melody, pero tú y Nathaniel siempre os habéis llevado bien —hizo una pequeña pausa—, así que es normal que me preocupe si algo ha pasado entre vosotros. Dime, ¿en serio es tan grave como para que hoy no hayas parado de escapar de él?
Cada minuto que pasaba, Melody se sentía más tentada de contarle todo a Lynn, pero no iba a ganar nada haciéndolo, estaba claro de parte de quién estaba, ni siquiera le había preocupado si ella estaba bien. A lo mejor para alguien más estaba haciendo de todo esto una montaña de un grano de arena, pero ella creía que nadie se merecía que jugaran con ellos de esa manera. Nadie. Ni Ámber.
—Pues no, no lo sé Lynn, no sé si es tan grave como para eso —espetó, ya cansada de aquella conversación que no iba a ninguna parte. Lynn pareció notarlo, porque relajó su postura y se apartó unos pasos que ni se había dado cuenta que había tomado.
—Bueno… perdona por meterme —se disculpó—, pero espero que lo que sea que haya pasado entre vosotros lo solucionéis enseguida y que dejes de evitarlo, ya sabes… Nath te aprecia.
«Si supieras…». Se contuvo de chasquear la lengua y asintió, fingiendo una sonrisa. Finalmente, Lynn se despidió y se dio la vuelta, tomando el camino que, suponía, la llevaba a su casa. Melody, por su parte, respiró hondo y esperó unos segundos intentando tranquilizarse. Cuando ya se sentía menos tensa, se dio la vuelta y se dirigió a su casa con la charla de Lynn rondándole por la cabeza. Melody lo sentía todo tan… injusto, Nathaniel tenía a alguien que lo iba a defender ciegamente incluso sin que se supiera que era lo que había hecho, ¿pero ella? Ella estaba sola en esto y no se sentía para nada bien.
Los ojos empezaron a picarle ante ese pensamiento, pero antes de que empezara a llorar, dio un par de bocanadas de aire y emprendió camino a su casa, intentando pensar en otra cosa que no fuera el rubio que tanto la atormentaba.
Después de aquello pasaron varios días en los que todo seguía igual, excepto por una cosa: Melody seguía evitando hablar, cruzarse y hasta estar en el mismo sitio que Nathaniel, algo que consiguió con ayuda de Alexy en muchas ocasiones. El rubio parecía un poco frustrado ante este hecho, pero eso era la última de sus preocupaciones ahora mismo, porque sabía que en el momento en el que ella accediera, iba a caer otra vez. Era más fácil ignorarlo y resentirse que hacerle caso y volver a lo mismo, era más fácil ignorar que seguía perdidamente enamorada de él y que no quería llenarle la cara a besos y perdonarlo cada vez que lo escuchaba hablar en clase a petición de los profesores o cuando ayudaba a sus compañeros, tan atento como siempre. Sí, eso era lo más sencillo.
—¡En serio! ¡No sabía que Nath podía ser tan insistente! —resopló Alexy sentándose en las escaleras. Otro de los cambios de esa semana fue que el gemelo fashionista y Melody se habían acercado bastante, llegando a sentarse juntos en casi todas las clases -tardó un poco en enterarse que Alexy había negociado un intercambio de asientos con su antiguo compañero de pupitre.
—Si te digo la verdad, yo tampoco —Melody suspiró, apoyándose en la pared de las escaleras. Alexy la miró en silencio con su cara apoyada en sus manos, igual al primer día—. ¿Qué pasa?
—¿Cuándo me vas a contar lo que ha pasado entre vosotros? —preguntó de sopetón. Melody desvió la mirada— Tengo que saber si en vez de ponerle una excusa no tengo que darle algún golpe.
—¿Y ponerte en plan hetero? —bromeó, a lo que él puso una expresión horrorizada.
—¡No, eso nunca! —negó efusivamente con las manos— Pero Mel… en serio…
—¡No te preocupes, Alexy! —le cortó— Es solo que no quiero llenarte de mis problemas, en serio.
—Hey —el peliazul alcanzó su mano y le dio un apretón—, me has metido en esto desde el primer día, así que no te creas que no me importa, además, ya tengo en mi cabeza un par de teorías sobre lo que pasó —Alexy le guiñó un ojo y empezó a balancear sus manos.
—¿Ah sí? —con una sonrisa, Melody se puso frente a él y le sacudió el pelo, despeinándolo.
—¡No hagas eso! —el peliazul soltó sus manos y le rodeó la cintura con los brazos, restregando su cara contra su vientre. Melody soltó una carcajada por las cosquillas que le hacía su cabello, hoy se había puesto un top un poco corto que dejaba algo de su estómago a la vista y Alexy había tomado ventaja de ello para su "venganza". Ahora es cuando más odiaba tener la piel tan sensible— ¡Ahora no te voy a soltar!
—¡A-Alexy, para! —suplicó la ojiazul sin dejar de reír mientras intentaba apartarse.
—¡Esto por despeinarme! ¡Hola Castiel!
Al escuchar eso, Melody dejó de reír y se giró todo lo que pudo, encontrándose con la mirada cabreada del pelirrojo, lo que no le sorprendió mucho. Ella lo miró en silencio, un poco jadeante por su repentino ataque de risa. Castiel los miró a los dos y se dio la vuelta, dirigiéndose hacia el patio. De pronto, Melody recordó que le debía una disculpa y empezó a darle golpecitos a Alexy en los brazos para que la soltara.
—¡Alexy, déjame, tengo que hablar con Castiel! —el chico aflojó el agarre y alzó la cabeza, mirándola contrariado.
—¿De qué tienes que hablar con Castiel? ¿Quieres que te acompañe? —iba a levantarse, pero Melody negó con la cabeza y se apartó, acomodándose la blusa que se le había movido un poco con todo el juego.
—No, no hace falta, no te preocupes, pero es algo importante y si no lo pillo no se lo voy a poder decir, ¡nos vemos en clase!
Se giró y salió a paso rápido hacia el patio, encontrándolo enseguida -también era verdad que con ese color de pelo era imposible perderlo de vista. Castiel estaba sentado recostado en uno de los bancos, pero este estaba un poco más apartado. Tenía su típica cara malhumorada mientras miraba algo en su teléfono. Melody tomó aire, se recordó no perder la paciencia, y se sentó a su lado.
—¿Qué quieres? —Melody decidió ignorarlo.
—Hola, verás… el otro día… —su único problema es que no había preparado con antelación lo que tenía que decirle. «¿Lo siento por tratarte mal cuando intentabas ayudarme? ¿Qué hacías frente a mi casa?», no lo tenía muy claro. Tendría que haber buscado a Lynn y traerla con ella, al menos Castiel parecía más "manso" cuando ella estaba presente, y Melody no sabía cómo tratar con él.
—¿Tienes algo que decir o te vas a quedar así todo el rato? —Castiel se giró en su dirección, pasando su brazo en el respaldo del banco, mirándola enojado. Melody respiró hondo.
—Sí, pero es que tampoco me lo estás dejando nada fácil —reprochó. El pelirrojo soltó una risa burlona y Melody frunció el ceño.
—Que yo sepa no te estoy tapando la boca —espetó y el ceño fruncido de Melody se acentuó. Empezaba a arrepentirse de intentar disculparse con él, al fin y al cabo, se trataba de Castiel y estaba segura de que hasta se reiría de sus disculpas.
—Idiota… —farfulló, desviando la mirada.
—Vaya, no sabía que supieras insultar —se burló. Melody bufó y se levantó del banco. No tenía remedio.
—Me voy, es una pérdida de tiempo intentar hablar contigo —y como si sus palabras hiciesen algo en la cabeza de Castiel, este se levantó y la encaró, cruzando sus brazos encima de su ancho pecho. Melody se sintió repentinamente muy pequeña.
—Si te parezco una "pérdida de tiempo", que nadie te ha pedido que vengas aquí —bramó. Melody lo había enfadado y se le notaba en cada gesto que hacía. Se encogió un poco en su sitio, incapaz de moverse. Castiel pareció darse cuenta de algo, porque se encorvó un poco hacia ella— ¿O lo ha hecho Nathaniel? ¡¿Qué quiere ahora ese imbécil?! ¡Dile que si huevos que venga él en vez de mandar a una chica!
A pesar de tener una altura más que promedio, se sentía cada vez más pequeña a medida que Castiel seguía soltando improperios hacia Nathaniel. Agachó la mirada, esperando a que el pelirrojo acabase con su lista de insultos para poder irse por fin a clase. «No llores, no llores», se repetía al sentir que los ojos le empezaban a picar, no estaba acostumbrada a que le gritaran, especialmente tan cerca de la cara. «Ya queda poco, aguanta», se animó. Cuando parecía que el pelirrojo se había calmado, ella por fin pudo respirar tranquila. Lo que no sabía era que iba a ser por poco tiempo.
—No me ha mandado nadie —no supo por qué lo dijo, pero tenía la necesidad de aclararlo. Iba a girarse para irse, pero Castiel volvió a hablar.
—Claro, no lo había pensado —se pasó la mano por el pelo, despeinándose un poco, y la miró. Melody se estremeció al sentir sus ojos clavarse en ella como cuchillas, pero intentó aparentar que no se veía afectada—. ¿Cómo te va a mandar a hacer algo ahora que no paras de huir de él como un gatito asustadizo? —él se cruzó de brazos, mirándola con sorna. Melody entrecerró los ojos, ¿cuántos se habían dado cuenta ya de ello?—. La única chica que le hacía caso y la acaba alejando, ¿qué imbécil, no? —la -falsa- tranquilidad de Melody se desvaneció en cuanto sintió un dedo de Castiel recorrerle la mejilla. Se tensó— Pero estoy seguro de que tú disfrutabas de todo eso, ¿me equivoco? —el dedo de Castiel bajó por su mejilla hacia su cuello, acariciándolo; Melody lo miró un poco asustada, él parecía disfrutar de cada una de sus reacciones— Al menos eso parecía cuando os vi en el aula, ¿lo recuerdas? En realidad, creo que los dos sois igual de patéticos.
Finalizó su recorrido en su clavícula, donde dio un par de toquecitos antes de que Melody reaccionase y le diera un empujón que ni siquiera lo movió un milímetro. Los ojos llorosos pero serios de Melody se fijaron en los grisáceos y crueles del pelirrojo.
—Eres despreciable, Castiel —se dio la vuelta y se fue a su clase. El timbre ya había sonado hace un par de minutos y no podía llegar tarde. A pesar de que la posibilidad de meterse al jardín del instituto y desahogarse, eso era como decirle a Castiel que había ganado, que había logrado perturbarla tanto como para que descuidase sus responsabilidades. No, no podía dejar que algo así la derrumbase, lo poco que Castiel había visto no era algo que tuvieran que ver el resto de sus compañeros. No, Melody tenía que seguir siendo la delegada perfecta, la chica simpática pero imperturbable de siempre, una tontería así no podía con ella. No pudo conseguirlo Nathaniel, menos lo iba a hacer Castiel.
«Te odio, Castiel.»
