BECAUSE I'M A TOY

by: bxbohuist

dc: Corazón de Melón es propiedad de ChiNoMiko y Beemoov.


Desde su discusión con Castiel hace un par de días, no Melody había vuelto a hablar con él… bueno, a intentarlo, porque tampoco es que hablasen mucho de por sí; sin embargo, si por alguna razón los dos estaban cerca, el ambiente se ponía demasiado tenso, al punto que era casi asfixiante… Justo como ahora.

—Toma, Lysandro, aquí tienes los apuntes que me pediste —dijo la castaña, entregándole una carpeta azul cielo e ignorando la presencia del pelirrojo a su lado, aunque este estaba más ocupado mirando algo que la pelirroja de trenzas estaba enseñando en su móvil.

—Muchas gracias, Melody —agradeció, esbozando una suave sonrisa que hizo que la ojiazul sonrojara un poco, porque por muy enamorada que estuviera del delegado principal, no podía negar que el albino tenía un aspecto… encantador.

—No hay de qué —le devolvió la sonrisa e hizo un amago de darse la vuelta, dispuesta a irse, pero Iris decidió hablar, levantando la cabeza de su teléfono y Castiel imitándola.

—¡Seguro que te son muy útiles! A mí me han servido mucho los suyos para inglés, ¡Melody es casi una genio! —exclamó alegre, mientras que Violeta al lado de la mencionada solo asintió con una pequeña sonrisa.

—No es para tanto…

—Pero es verdad —la delicada voz de Violeta hizo que los cuatro centraran su atención en ella— A mí me han ayudado a aprobar Filosofía.

—Bueno, entonces seguro que también me van a ayudar bastante —añadió Lysandro, todavía sonriendo. Melody se acomodó un mechón de pelo que se había escapado de su perfecto peinado y sonrió, un poco cohibida.

—Espero que lo hagan.

—Yo pensaba que Melody era de las que decidía darte una clase con tal de no darte sus apuntes —la voz burlona del pelirrojo resonó, ganándose un codazo por parte de Iris mientras que Lysandro suspiraba y Violeta se encogía un poco al lado de la delegada. Esta última enderezó la espalda y miró a Castiel, si las miradas matasen, ya estarían celebrando su funeral.

—A ti, por el contrario, ni siquiera te dejaría esa opción —espetó, seria, pero Castiel, en vez de enfadarse, se cruzó de brazos y esbozó una sonrisa ladina, disfrutando de su reacción.

—Como si me hiciera falta, niña —se regodeó, Melody sentía que estaba disfrutando de ese momento: la eterna enamorada del "rubito" –como él llamaba a Nathaniel–, la chica perfecta perdiendo la compostura delante de sus amigos. Porque sentía que sabía muy bien que aunque la ojiazul intentase aparentar que no le afectaba nada de lo que le dijese, con su espalda recta, su mandíbula apretada y unos ojos que parecían desafiantes, en realidad era todo lo contrario: en sus ojos había un tinte de nerviosismo y podía apostar que sus nudillos y las yemas de sus dedos estaban blancas de tanto apretar esos libros que apoyaba contra su pecho, como si fuese alguna especie de barrera entre los dos.

Sus acompañantes no paraban de mirarse sin saber qué hacer, porque ni siquiera sabían qué era lo que había pasado entre ellos dos para que el ambiente cambiase de golpe: de ameno pasó a tenso, incómodo y casi que podía cortarse con algún cuchillo. A pesar de eso, Melody no les prestó atención, estaba más ocupada intentando adivinar lo que estaba pensando el pelirrojo para poder contestarle enseguida, no le podía ganar, no otra vez. Su orgullo no le permitía repetir el incidente del patio.

Al final fue Iris la que cortó con aquella lucha de miradas que, aunque fueron unos segundos, para los cinco fueron los minutos más largos y agonizantes de sus vidas.

—Bueno… nosotras ya nos vamos… —habló de manera cautelosa, como si tuviera miedo de que uno de los dos le saltase encima. Lysandro asintió y posó una mano en el hombro de Castiel, quien relajó su postura casi al instante, mientras que Violeta agarraba de la muñeca a la delegada y le jalaba suavemente, indicándole que caminara ya.

—Está bien, gracias otra vez Melody —añadió Lysandro, y Melody por fin despegó su mirada de Castiel, asintiendo en completo silencio.

—Adiós, chicos… —fue lo único que dijo la más bajita de los cinco antes de que se dieran la vuelta y se fueran a las escaleras, la muñeca de Melody todavía entre las pequeñas manos de Violeta.

Las tres subían las escaleras, todavía en silencio, mientras que Melody no paraba de darle vueltas a su encuentro con Castiel. ¡Qué rabia le daba ese chico! La voz de Iris la sacó de sus pensamientos.

—¿Qué ha pasado ahí, Melody? —preguntó Iris, deteniéndose en uno de los escalones, y hubieran bloqueado el paso si no fuera porque Violeta se colocó a su lado, un peldaño más abajo, creando una especie de pasillo entre las tres. Melody sentía como si un interrogatorio fuera a empezar.

—No sé a qué te refieres —decidió hacerse la loca, aunque supiera perfectamente de lo que hablaba la pelirroja. Iris era de sus mejores amigas y era ridículo pensar que no se habría dado cuenta de su extraño comportamiento hace un rato. La mirada azul de Melody se centró en la manga de su cárdigan azul, quitando las bolitas de lana inexistentes.

—Mel, que no soy tonta —la pelirroja resopló, exasperada, antes de seguir hablando—. Sé que Castiel no te cae especialmente bien, pero tú no eres alguien que le hable así a los demás, ¡ni siquiera a Ámber, por favor!

Melody levantó por fin la mirada, encontrándose con la figura de Iris y sus manos en sus caderas, en forma de jarra; Violeta solo las miraba a las dos como si de un partido de tenis se tratase, con aquella mirada de conejo al que le acaban de dar las luces tan típica de ella.

—¿Castiel te ha hecho algo, Melody? —preguntó suavemente la ojigris. Esta vez la mirada de Iris cambió a una un poco preocupada, temiendo que su amigo le haya dicho o hecho algo a su mejor amiga.

—No… No ha pasado nada, me ha pillado de malas, solo eso —se excusó titubeante, a pesar de que sentía unas ganas enormes de confesarles todo, desde su primer encuentro con Nathaniel hasta su discusión con Castiel; sin embargo… ahora no era el momento. Sin embargo, se sentía fatal por ocultarles algo tan importante, sentía como si les estuviera fallando.

La mirada de Iris no se despegó ni un instante de ella, como si no se hubiera terminado de creer nada de lo que dijo. Ninguna de las tres volvió a hablar, sumiéndose otra vez en esa especie de silencio asfixiante, hasta que Melody empezó a bajar los escalones. No se sentía con muchos ánimos de ir a esa hora, especialmente teniendo en cuenta que la profesora que llevaba esa asignatura había faltado y eso significaba tener hora libre lo que, por consiguiente, terminaría en ella con Nathaniel dirigiendo el aula intentando que ninguno de sus compañeros hiciese algún estropicio.

—¡Melody! ¿A dónde vas?

—¡He recordado que la directora me ha pedido que haga algo! ¡Nos vemos después, chicas!

Con esa excusa se fue, todavía sintiendo las miradas de sus amigas fijas en su espalda hasta que la perdieron de vista. A pesar de que no era típico de ella saltarse las clases, su "enfrentamiento" con Castiel la había drenado entera y no se encontraba con la fuerza mental que suponía manejar a veinte estudiantes de su edad. Sin embargo, eso no era lo peor, qué va. Lo peor era que el pelirrojo ni siquiera se había inmutado ante ella, era como si sus reacciones lo divirtiesen. Como si supiera que con él ella perdía su compostura.

«¿Acaso se cree que soy su entretenimiento personal?»

—¡Melody, la estaba buscando! —la voz nerviosa del profesor Farrés hizo que se diera cuenta de que se encontrase fuera de la sala de profesores.

—¿Hay algún problema, profesor? —preguntó, colocando su mejor cara de niña buena. Él le extendió un par de carpetas marrones que cogió como pudo, ya que seguía teniendo sus libros encima.

—Eh… ¿puedes dejar estos papeles en la sala de delegados, por favor? —el profesor parecía un poco ajetreado, pero no sabía si era su nerviosismo natural o si simplemente tenía muchas cosas que hacer; por otro lado, tampoco estaba en situación de negarse —¿Los puedes organizar también, por favor?

—Está bien, profesor —él le agradeció, disculpándose por dejarle "mucho trabajo" y se fue, entrando en la sala de profesores.

Fue entonces que se dio cuenta de algo muy importante: se suponía que debía evitar ir a la sala de delegados, ¡ni siquiera era parte del consejo estudiantil, por Dios! Simplemente era alguien que se pasaba por ahí para ayudar, de manera muy frecuente, cabe añadir. "¡Qué estúpida!", pensó. Ni siquiera se le había pasado por la cabeza aquello, quizá porque ya estaba acostumbrada.

—Diablos… —masculló, frustrada, dirigiéndose a la dichosa sala.

¿Y su primer paso para superar a la basura? Lo había estado cumpliendo a la perfección esta semana, ¡incluso empezaba a pensar mucho menos en él! "Si tengo suerte, él habría decidido quedarse en clase esa hora". Con eso en mente, se acercó a la puerta y, tras dos golpecitos en la puerta que no recibieron ninguna respuesta, giró el pomo, encontrando el despacho vacío; lo único que había en ella eran un par de archivos en una de las mesas y las plantas que Lynn trajo a principio de curso para decorarlo.

Antes, para ella el despacho era como una especie de refugio, donde iba cuando se sentía perdida y abrumada, cuando sentía que su papel de "chica perfecta" le estaba empezando a agobiar, aunque lo que realmente la ayudaba era la mera presencia de Nathaniel. Pero ¿ahora? Ahora solo tenía recordaba aquel viernes fatídico donde se fue llorando y con su corazón hecho pedazos, tan pequeños que ni siquiera era capaz de recogerlos.

Suspiró y se acercó a una de las mesas desocupadas, dejando su mochila y sus libros encima de una de ellas y la carpeta del señor Farrés en la de al lado. Al final le había tocado trabajar de todas formas, vaya por Dios. Abultó un poco los labios y abrió una de las carpetas. Lo primero que llamó su atención fue el título que destacaba con una fuente de un tamaño mayor.

VISITA A ANTEROS ACADEMY

De la nada recordó lo que Nathaniel le comentó hace unas semanas. Al ser del último año, la directora había hablado con algunas universidades de la ciudad para darles una visita guiada e intentar orientarlos un poco, ya que, aunque algunos de ellos ya sabían que iban a estudiar (Melody se incluía en este grupo), había otros que no lo tenían tan claro y esperaban que eso les sirviese como un pequeño empujoncito.

En silencio, comenzó a organizar los papeles y a colocarlos en ficheros, los de la excursión los apartó, dejándolos en una mesa ya que era Nathaniel el que tenía que verlos, no ella. Al fin y al cabo, era su trabajo. No supo cuánto pasó, era como si hubiera perdido la noción del tiempo entre papeles, carpetas y archivadores. Quizá, porque ya era algo natural para ella, le había pillado el truco después de tantos años ayudando a Nathaniel.

El pequeño chirrido de la puerta fue lo suficientemente fuerte como para distraerla y se giró, encontrándose con la alta figura del rubio de sus sueños que lo miraba un poco desconcertado, como si no se esperaba que estuviera allí. Y, en cierta medida, tampoco lo culpaba, se había desaparecido del despacho por más de una semana y había empezado a evitarlo a toda costa. Melody, como si no lo hubiera visto, volvió su atención a los papeles mientras el rubio cerraba la puerta y se dirigía a uno de los pupitres.

Otra vez silencio. Lo único que se escuchaba en aquella sala eran los pasos de Nathaniel ir de estantería en estantería y los papeles moviéndose en las manos de Melody. Esta última se removió un poco incómoda, aunque en ningún momento le dirigió una mirada al rubio, ni siquiera aquellas de soslayo que le dedicaba anteriormente y que, cuando sus miradas se encontraban, ella la desviaba con las mejillas sonrosadas sintiéndose como una especie de niña que había cometido alguna travesura.

Melody se frotó las sienes y suspiró, tantas letras le estaban empezando a provocar una pequeña migraña. Bueno, eso y el aire tan incómodo que se respiraba en aquella sala. Esta vez, fue Nathaniel el que decidió acabar con aquel silencio.

—¿De qué son esos papeles?

Un escalofrío le recorrió por la espalda al escuchar la suave voz del rubio. Hacía tiempo que no la escuchaba y al parecer su cuerpo se había olvidado de lo que le provocaba. Sus mejillas empezaron a arder y carraspeó un poco, aclarándose la voz.

—Son… El profesor Farrés me ha pedido que los organice —contestó con una mezcla extraña de voz monótona y temblorosa, como quien quiere aparentar estar tranquilo por muy perturbado que esté.

El ojimiel emitió un sonido, al parecer, de confirmación, y se volvieron a quedar en silencio. Pero esta vez sus ojos se desviaron hacia la carpeta de los papeles de la excursión, esos se los tenía que entregar sí o sí. Después de darle muchas vueltas, estiró el brazo para coger la carpeta y se levantó, mirando a Nathaniel que, por el sonido que había hecho, le devolvió la mirada , atento. Al igual que con su voz, se había olvidado de los estragos que le causaban aquellos preciosos ojos miel. Con las mejillas todavía echando fuego, se dirigió hacia él.

—E-Estos son de la excursión que me dijiste —Melody le dejó la carpeta encima de la mesa y él asintió, echándoles un vistazo rápido. Pero cuando ella estaba por volver a su anterior sitio, Nathaniel apresó su mano, deteniéndola. Ella, todavía sin decir ni una palabra del sustito que se había llevado, miró su mano y siguió el recorrido que había hasta sus ojos. Aquellos ojos miel que la miraban consternados, como si le quisieran decir algo.

—Melody… —se levantó de la silla, y ella le siguió en silencio con la mirada— Necesitamos hablar…

Como si aquellas palabras la devolvieran a la realidad, tiró un poco de su mano, intentando soltarse, pero el agarre de Nathaniel era más fuerte de lo que ella pensaba.

—Pudimos… Pudiste haberme respondido el viernes en vez de no decir nada —musitó, pero lo suficientemente alto para que la escuchase. Él apretó un poco más el agarre y ella reprimí un quejido.

—Melody yo… No sabía qué decir —Nathaniel hizo un amago de acariciar el reverso de su mano y Melody, un poco alarmada, sacudió sus manos, otra vez sin ningún resultado.

—¿Y ahora…? ¿Ahora sabes qué decir? —ladeó un poco la cabeza, esperando una respuesta, pero él volvió a quedarse en silencio, a lo la castaña soltó una risa floja— Ya veo.

Dio un último tirón y esta vez logró separarse y se apartó un par de pasos, algo un poco tonto teniendo en cuenta que una mesa los separaba, pero ella prefería recuperar un poco de su espacio.

—Mel… Yo no quería, de verdad… —fue lo único que dijo el rubio.

—¿Qué es lo que pretendías con todo esto, Nathaniel? —inquirió la castaña, pero esta vez su voz no demostraba enfado, sino cansancio— Si no me vas a dar una respuesta aparte de que no lo sabías, no me vuelvas a hablar, es lo único que te pido —Nathaniel desvió la mirada—. Porque sí sabías que yo estoy enamorada de ti, ¿verdad? Y me tenías a mano para consolarte cuando Lynn y Kentin empezaron a salir, ¡era la mejor opción! ¿Me equivoco?

Otra vez, ninguna respuesta de su parte. Melody apretó sus labios, antes de volver a hablar.

—Nathaniel, no quiero hablar de esto contigo hasta que tú no sepas qué decirme —sentenció de manera firme, aunque sentía que las piernas me temblaban—. Ya tengo suficiente con Castiel como para lidiar con esto ahora… —murmuró, al parecer lo suficientemente alto como para que Nathaniel la escuchase, porque alzó la mirada de golpe. Su semblante consternado cambió a uno molesto, como si la mención del nombre del pelirrojo hubiera despertado todas sus alarmas. Melody se dio cuenta de esto y se apartó un poco más, casi abrazándose a sí misma.

—¿Castiel? ¿Qué pasa con Castiel? —exigió saber el rubio con el entrecejo arrugado y los puños apretados encima de la mesa.

—Nada… Nada importante —fue lo único que pudo contestar antes de que Nathaniel volviese a hablar.

—Melody, si Castiel te está haciendo algo dímelo, sabes que relacionarte con él significan problemas, y tú no eres de ese tipo —el dolor de cabeza estaba regresando. Melody se frotó la sien y lo miró, frunciendo el entrecejo.

«¿No soy de ese tipo? ¿Entonces de que tipo soy?», quiso preguntar, pero lo que salió de su boca fue algo diferente.

—Nathaniel, ahora mismo no creo que estés en la mejor situación de decirme qué es lo que me conviene y lo que no —se relamió los labios y enderezó su espalda—, porque tú eres todo lo contrario a Castiel y me has jodido pero bien, así que a lo mejor no sois tan diferentes, ¿no crees?

Aquello le cayó como un balde de agua fría a Nathaniel, ya que su expresión volvió a cambiar en cero coma. Melody, por otro lado, no le dio importancia.

—No es lo mismo, Melody —intentó justificarse— Lo mío fue porque… Ya sabes…

—No, no lo sé, Nathaniel, ¿sabes por qué? —esta vez avanzó un par de pasos, lo único que los separaba era el pupitre—Porque yo también tengo el corazón roto ahora mismo y nunca se me ocurriría hacerle a alguien lo que tú hiciste conmigo.

El timbre del instituto fue el que dio por finalizada aquella discusión y Melody aprovechó para girarse y recoger sus cosas mientras Nathaniel la seguía con la mirada. La ojiazul se fijó por un momento en los papeles que le quedaban por ordenar, pero decidió dejarlos así, seguro que Nathaniel podría ocuparse de aquello sin problemas. Sin voltearse en ningún momento a ver al rubio, salió de la sala, dirigiéndose a su siguiente clase. Al cerrar la puerta, pareció escuchar como un pequeño golpe a una de las mesas.

Cuando entró en la clase, la profesora todavía no había llegado, así que aprovechó para dejar sus cosas en su pupitre y sentarse, apoyando su frente en sus manos y soltando todo el aire que no sabía que había contenido; aquel encuentro con Nathaniel la había agotado más que el de Castiel, es más, ni siquiera sabía de dónde había sacado la fuerza para poder encararlo sin titubear en ningún momento. A pesar de eso, sentía como sus piernas empezaban a temblar, quizá porque la adrenalina de aquel momento empezaba a bajar. Con un último suspiro, empezó a sacar sus cosas y a acomodarlas en su pupitre: su agenda azul cielo en la esquina superior izquierda, su estuche blanco encima de este y dos bolígrafos (uno negro y uno azul) al lado de este, en el centro unas cuantas hojas en blanco para tomar notas y su botella con té helado en la otra esquina superior, justo al lado de su teléfono. Siempre colocaba todo igual, le gustaba verlo ordenado, era como si le brindase alguna especie de tranquilidad.

Estaba tan ocupada organizando su pupitre de que no se dio cuenta de que Alexy estaba ahí hasta que sus manos decoradas con un esmalte azul perfectamente aplicado chocaron encima de su estuche, aplastándolo un poco en el proceso. Iba a reclamarle, pero se fijó en que el peliazul estaba bastante serio, así que se guardó sus quejas para otro momento.

—¿Pasa algo…?

—¿Ha pasado algo con Castiel? —las palabras salieron directas como una bala, acercándose a ella para que nadie más los escuchase. "Iris", fue lo primero que pensó la castaña.

—¿Por qué lo dices? —contestó con otra pregunta, pero su amigo arrugó la nariz en una especie de mueca y se tiró en su silla al lado de ella, sin quitarme la vista de encima.

—Melody, no te hagas la tonta conmigo, Iris me ha contado lo que ha pasado en uno de los descansos —Alexy empezó a tamborilear sus dedos encima del pupitre, creando una especie de ritmo— ¿Qué te ha hecho él para qué te hayas puesto así?

Melody se giró, pensando cuidadosamente su respuesta mientras que volvía a acomodar su estuche que, además de aplastarlo, había movido de su sitio.

—Me pilló de malas, solo eso, de verdad —ante su respuesta, Alexy entrecerró los ojos, sin creerle.

—¿No será por lo que sea de lo que hayáis hablado el otro día? —Melody se quedó en silencio, sabía que, aunque le pusiera alguna excusa él no me iba a creer. Además, ¿por qué Alexy tenía tan buena intuición? Llegaba a darle miedo— ¿Qué te dijo, Melody? —insistió.

Y, antes de que pudiera contestar, la profesora entró por la puerta, cortando aquel interrogatorio. ¡Por primera vez en el día, Melody tenía suerte! Se acomodó en su sitio, la espalda perfectamente alineada con el respaldo, y empezó a prestar atención a la clase, pero la pantalla de su teléfono se iluminó, indicando un nuevo mensaje.

El amor de tu vida bb
No creas que te has salvado de esta
Hoy por la tarde te vienes conmigo, así que ni se te ocurra escapar

Melody miró de reojo a Alexy, quien le devolvió la mirada con un guiño y una sonrisa traviesa; de inmediato le invadió un mal presentimiento. Y pensaba que lo peor ya había pasado…