enseñaste a amar.

TODO COMPLETO

(PRÓLOGO)

Amor...

Hmm, a ver. ¿Qué es?

Es un sentimiento que trae muchas emociones consigo, tantas que te hacen dudar si todas ésas forman parte de ella. Es algo confuso e indescriptible, sobre todo para mí, alguien que no conocía sobre aquel sentimiento y jamás en su vida había tocado sobre ese tema, porque no estaba en mi vocabulario ni mucho menos en mi existencia.

Mi vida cambió en el momento que ella apareció. Me ayudó a verla desde una perspectiva diferente y muy desconocida para mí, experimenté y conocí muchas cosas de las cuales estoy muy agradecido. Una chica realmente fascinante.

No sé cómo lo hace, pero... ¡E-ella sonríe ante toda situación!

«A pesar del dolor...»

«A pesar de su pasado...»

Sin duda alguna aprendí algo muy valioso de ella, pues me enseñó a amar sin importar el qué.

(TRANQUILO, NO TE DEJARÉ SOLO)

En la casa de los Shion..

¡Largo!

¡Ahg!.. Otra discusión de mis padres. Todos los días es lo mismo ¡ya estoy harto!.. ¡¿Acaso no entienden que sus discusiones me afectan?!, o, ¿acaso no les importa?..

Me llamo Len Shion, tengo 15 años y mi vida es un asco desde que tengo memoria. No conozco el amor, o almenos.. No como lo mencionan en los cuentos de hadas..

Todo por mi culpa, según dicen mis padres.

Se preguntarán, ¿por qué?..

La verdad, no tengo muchas ganas de contar mi historia. Es algo que prefiero olvidar, a pesar de que mis padres me lo recuerden día tras día. Es realmente un fastidio.

Me voy a mi habitación muy enfurecido y me aseguro de cerrar la puerta con mucha fuerza, a modo de que mis padres escuchen. Tal vez así, ellos dejen de discutir...

Suspiro pesadamente mientras me acuesto en el duro y desgastado acolchado de mi cama, me pongo los audífonos, busco en mi celular una canción que sea de mi agrado y me encuentro con una que describe muy bien mi estado emocional: "Triste y vacío"..

No tengo amigos y mis compañeros me consideran raro, pero a mí no me importa; pues una parte de mí ya se acostumbró, pero, otra parte de mí, (una muy pequeña) quiere saber qué se siente tener un amigo...tener a alguien que te defienda...qué se siente tener novia: mirarla con dulzura, abrazarla, besarla.. Eso último..

¿Podré sentirlo, algún día?..

Pienso mientras dirijo mi mano hacia mi boca, mis dedos tocan mis labios y observo el techo, imaginando mi primer beso. Niego con la cabeza y cierro mis ojos para poder relajarme y que mi mente sólo se enfoque en la canción.

Al día siguiente...

Me despierto a las 5:45 a.m. y si se preguntan si es por la alarma, la respuesta es no. Me desperté porque mis padres están discutiendo, otra vez y esto no es nuevo para mí, pero si es frustrante.

Me gustaría ser un niño normal, donde mi madre va a mi habitación y me despierta acariciándome la cabeza mientras su dulce voz me habla en forma de susurro: "Buenos días, mi amor. Levántate, que vas a llegar tarde a la escuela" para después depositarme un beso lleno de amor en la cabeza, pero no. Todos los días me levanto temprano por culpa de sus discusiones y no les importa si con ellas me despiertan.

Me levanto muy molesto y voy donde mis padres para abrirles los ojos.

—¡¿Pueden parar de discutir por sólo un instante?!.. ¿Acaso no se dan cuenta que esto me afecta?, ¡¿por qué no podemos ser como una familia normal?! — Mi padre, al escuchar mis palabras frunce el ceño y me da un sonoro y fuerte golpe en la mejilla, haciéndome caer.

— ¡Cállate, niño malcriado! — grita muy molesto mi padre.

— ¡No te metas Len!, ¡mejor lárgate a la escuela antes de que te de una paliza! — finaliza de forma amenazadora Maika, mi madre.

Pongo mi mano en la mejilla para sobarla y así calmar el punzante dolor. Mi padre me observa y frunce más su ceño, se acerca, me toma de la camisa y me empuja contra la pared.

— ¿Acaso eres idiota o te haces? ¡Te dijeron que te largues de aquí! — Grita mi padre mientras me jala con mucha fuerza y rapidez hacia mi cuarto y cierra no, tira con mucha fuerza la puerta. — Por malcriado tendrás que ir caminando a la escuela, otra vez. — comenta mientras ríe de forma descarada...Burlándose de mi desgracia.

¿Ahora entienden la realidad que estoy viviendo?

Eso es lo que me toca vivir todos los días.

Unas cuantas lágrimas brotan de mis ojos sin mi permiso y voy al baño para darme una ducha relajante, y con ella quitarme las lágrimas.

A los diez minutos después salgo del baño y me cambio rápidamente para después salir de la casa. Antes de tocar la perilla de la puerta, mi padre me detiene.

— ¿Has estado llorando? — mi papá alza una ceja.

"¡Oh no, esto es grave!. Pensé que no lo notaría.."

Pienso en mis adentros.

— ¡Pero miren qué tenemos acá!.. — dice en tono descarado - Jajajaja ¡Querida, hemos criado a un afeminado!.. — mi padre se burla — Si no te compones, creo que sabes lo que pasará ¿verdad?.. — Dice mi padre de una manera amenazante y con una sonrisa sádica en su boca. Yo sólo trago saliva, asiento con la cabeza, mi padre abre la puerta y me empuja hacia la salida, haciéndome caer. — Mejor lárgate antes de que te de una buena lección, para que tengas una razón para llorar. — amenaza mi padre antes de cerrar la puerta.

Salgo corriendo hacia la escuela y las lágrimas vuelven a salir, nublando mi vista.

Lo último que recuerdo fué escuchar una voz gritando..

— "¡Auxilio!, ¡alguien llame a la ambulancia!.. Tranquilo, no te dejaré solo"

(QUIERO VERTE FELIZ)

"..."

Me encontraba solo en la esquina de una penumbra, llorando por mi desgracia, sin poder ser visto, ni ayudado por nadie.

"¿Por qué? "

"¿Por qué esto sólo me pasa a mí?.. ¡¿Qué hice?! ¡díganme papá y mamá!, ¿qué hice para merecer esto?"

Me decía a mí mismo mientras lloraba desconsoladamente..

"Hola, no sé lo que hiciste, pero sé que no eres el único que sufres.."

Me volteo y no hay nadie.

"¡¿Eh-h?! ¿Q-quién eres?"

"Sólo recuerda, yo no te dejaré solo.."

Decía la misma voz mientras desaparecía.

"¡No te vayas! ¡E-espera, por favor! Al menos dime tu nombre."

"Mi nombre es..."

Despierto de la nada y veo que tengo cables conectados alrededor de los brazos. Reviso minuciosamente el lugar y llego a la conclusión de que estoy en un hospital.

—Joven, pudo haber muerto ¡ha tenido suerte!; sólo se ha roto un par de huesos. —comenta una voz desconcida, haciéndome pegar un pequeño salto del susto. Estaba tan concentrado observando la habitación que no me dí cuenta de cuándo entró. La chica estaba uniformada, tal parece que es enfermera por su uniforme y veo que revisa lo que parece ser los resultados de los rayos X.

—¿Me puede decir cómo pasó? —le pregunto interesado.

—Mmmm... Bueno, una señorita nos contó que usted estaba corriendo sin fijarse donde iba y un borracho lo atropelló cuando pasaba la calle. Ella pidió ayuda y al instante llegaron los paramédicos, ¡justo a tiempo porque usted estaba perdiendo mucha sangre!.—suspira aliviada— Tuvimos que pedir un donante para el transplante de sangre, pero nadie quería; así que la señorita que lo trajo aquí se ofreció a hacerlo. —Ella sonríe y yo abro los ojos como platos..

—¡¿Po-por qué lo hizo?! —pregunto totalmente perplejo por lo que acababa de escuchar.

—No lo sé, —Ella encoje sus hombros— ¿por qué no mejor se lo preguntas a ella? ¡Adelante señorita, pase! —Una chica de rubios y sedosos cabellos, corto, hasta los hombros, tez blanca y de ojos azules aparece.

—¡Hola, mucho gusto, soy Rin! —Ella sonríe, dejándome ver sus dientes y por alguna razón su sonrisa me parece hermosa, pero la realidad aparece como balde de agua fría en la mañana y comienzo a fruncir mi ceño.

—¡Tú! ¿Por qué lo hiciste? —Ella da un pequeño salto del susto y me mira confundida a los ojos, su mirada hizo sentir mi rostro... ¿Caliente?

No entiendo.

"¿Por qué siento caliente mi rostro?"

Inconsientemente aparto mi mirada y sigo mi interrogatorio.

—Dime, ¿por qué lo hiciste? —pregunto muy molesto— ¡Me hubieras dejado morir; así tal vez mis problemas se acabarían de una vez por todas! —La veo y espero su respuesta por unos segundos, pero mi ira e impaciencia me ganó y procedí a hablar antes de que ella si quiera pudiera articular una palabra— ¡Vamos, habla! ¿por qué lo hiciste? —mi voz se elevaba de tono en cada una de mis palabras hasta llegar al punto de gritarle.

Ella se limita a callar y ver hacia el suelo por unos segundos, eso me impacienta mucho más y hago gestos para que proceda a hablar.

—Y-yo sólo pensé que merecías vivir... q-que merecías tener una segunda oportunidad... Ta-tal vez tu vida cambiaba si te ayudaba. —Su voz sonaba débil y entrecortada.

—¿Una segunda oportunidad? ¡Una segunda oportunidad! ¡¿tú crees que merezco una segunda oportunidad de qué?! ¿de sufrir? ¿es por eso que lo hiciste? —pregunto.

—¡N-no, yo no deseo eso! Yo lo hice porque te vi llorando y... y al ver que fuiste atropellado yo no quería que murieras de esa forma. N-no quería verte morir, mucho menos de esa forma... Triste. Y-yo quiero verte feliz.

—¿Feliz? —Me burlo de su comentario—. ¿Y tú para qué quieres verme feliz?—inquiero de forma arrogante.

—Porque percibo en tu mirada mucho sufrimiento y quiero ayudarte, quiero ayudarte a ser feliz. —ella sonríe y yo bufo.

—Si eso te hace feliz a tí, está bien. —finalizo sin darle importancia a sus palabras. La veo y sus ojos se iluminan al escuchar mis palabras.

—¿En serio?, ¡gracias! Tal vez no sea la mejor pero daré mi mayor esfuerzo.. Desde hoy, considérame tu amiga. —esa última palabra resuena en mi mente como si fuera un eco..

"¿Mi amiga?"

"¿Esto es real? ¿Acaso, dijo que quiere ser mi amiga?"

—¿Ha-hablas en serio? —pregunto, incrédulo.

—Sí, y tu eres mi amigo. —ella se acerca y saca una pulsera de su mochila.

—¿Q-qué haces?

—Quiero regalarte esto como representación de nuestra amistad: Apartir de ahora te ayudaré a ser feliz... ¿Amigos? —dice mientras extiende su mano. Yo imito su acción y estrechamos nuestras manos.

—Amigos.

(ELLA ES LA PRIMERA)

"Por alguna razón siento que mi vida cambiará.."

"Esta chica me recuerda a la voz que escuché en mi sueño ¿tendrá ella algo que ver?"

"Si tan sólo supiera el nombre de esa voz que apareció en mi sueño.."

Rin, mi nueva amiga, toma cuidadosamente mi brazo y pone debajo de mi muñeca la pulsera mientras levanta los extremos de ésta y los une formando un nudo.

—Esta pulsera la hice yo misma y estaba buscando a la persona indicada para dársela. ¡Me alegra que seas tú! Por favor, cuídala ¿sí? —Rin me mira a los ojos y me sonríe.. No sé porqué, pero por alguna razón no puedo negarme a su petición.

—E-está bien. —Ella saca otra pulsera de su monchila y yo arqueo una ceja.

"¿Para qué dos pulseras?"

Pienso.

—Y esta es para mí: Esto representa nuestra amistad. Ahora, quiero que veas tu pulsera. —ordena y le hago caso. Veo que tiene su nombre escrito: "Rin"

—Como no encontraba a quién dárselo, mi pulsera no tiene nombre. ¡Así que hoy mismo se lo pondré!.. ¿Quieres acompañarme?

"¿Cómo lo hace?, ¿por qué a ella no le puedo negar algo?"

Pienso mientras suspiro.

—Está bien. —digo resignado y ella sonríe muy emocionada.

—¡Oh! ¡se me olvidaba! ¿cómo te llamas? —La veo interesada por saber mi nombre.

—Mi nombre es Len. —Le contesto sin interés.

—¿Len? Hmm... — La veo, pensativa— Es un bonito nombre, mucho gusto, Len. —Rin sonríe. Su sonrisa me pone nervioso.

—Gr-gracias.

—Espérame aquí, ya regreso. —anuncia antes de irse de la habitación mientras que yo observo la pulsera que me dió.

"No me había fijado, tiene una carita feliz a la par de su nombre"

No sé cuánto tiempo estuve viendo viendo la pulsera, pero una voz interrumpe mis pensamientos.

—¿Len? —Levanto la cabeza y me doy cuenta de que es Rin.

—¿Uh?

—¡Por fin! ¡Es la décima vez que lo llama por su nombre y no le contestaba! —Me informa la enfermera.

"¡Qué vergüenza! ¿Cuánto tiempo me quedé viendo la pulsera?"

Pienso.

—Lo siento por tardar, es que estaba buscando a la enfermera. —dice Rin.

—¿Hace cuánto llegaron? —pregunto preocupado.

—Hace cinco minutos. —Abro mis ojos como platos. No sentí que el tiempo se fuera tan rápido.

—Entonces, ¿Len ya se puede ir? —pregunta Rin interesada.

— Sí, pero hay que tener cuidado. Sus piernas están débiles y cualquier golpe puede quebrar sus huesos. — anuncia la enfermera.

— Está bien pero.. ¿Puede pararse solo o necesita ayuda?

— Hmm.. No sé. A ver joven, levántese. —ordenó la enfermera. Hice caso y sentí un dolor punzante en una de mis piernas y como consecuencia, éstas tiemblan al punto de casi caer pero Rin me sujeta, evitando mi caída.— Hmm.. Veo que no, necesita muletas, voy por ellas. Esperen aquí.. —La enfermera sale y Rin me acomoda en la cama.

—¿Estás bien? ¿no te lastimaste? —Ella me mira con mucha preocupación.

—No, estoy bien.

—Creo que podemos ponerle el nombre a la pulsera otro día, tu salud es más importante. — ¿acaso escuché bien?

—¡¿Im-importante?! —pregunto impresionado... ¿Ella se preocupa por mi salud?

—Sí. Al ser mi amigo te considero muy importante para mí y me preocupo cuando te pasa algo.

"¿Cuando me pasa algo?"

Pienso anonadado.

—¿De verdad? —pregunto incrédulo.

—Sí... —Rin suspira y hace una pequeña pausa— ¿Puedo hacerte una pregunta? —Yo la veo.

— Depende...

—¿Puedo saber por qué llorabas? —Frunzo mi ceño ante su pregunta ¡¿justo ese tema tuvo que tocar?!

—La verdad, no quiero hablar de eso. —espeto molesto. Ella no debe meterse en los asuntos personales de los demás.

—Entiendo. Será mejor olvidarlo, no quiero que te pongas triste. —Al finalizar sus últimas palabras, Rin suelta un pequeño suspiro. Hubo un silencio realmente incómodo hasta que ella procede a hablar— ¡Tengo una idea! —exclama muy emocionada.

—¿Una.. idea?

—Sí, quiero que sea como un juego. Haré varias preguntas y contestaremos para conocernos mejor. —No sé con qué finalidad lo haría, pero...

—Está bien.

—¿Nombre completo?

—Len Shion.

—Rin Kagamine.. ¿Color favorito?

—¿Color favorito?

—Sí.. ¿Nunca te has tomado la molestia de ver los colores y elegir tu favorito?

—Ahora que lo pienso, no. —Creo que pensaba mucho en mi sufrimiento que no me dí cuenta de eso. Estaba tan metido en mis pensamientos hasta que su voz los detiene..

—Entonces, mira alrededor de la habitación y me dices si encuentras un color que te guste, tómate tu tiempo. —contesta Rin como si fuera una solución.

—Está bien. —Busqué alrededor de la habitación para ver si algún color me llamaba la atención y me detuve en sus ojos. No había prestado atención en ellos, son hermosos, profundos como el mar. Definitivamente, mi color favorito es el color de sus ojos..

—¿Y bien? ¿ya lo encontraste? —preguntó Rin.

—Sí. —Le dije sin quitar mi mirada de sus ojos.

—¿Cuál es tu color favorito?

— A-azul ... — tartamudeé

—El mío es el amarillo.

—¿Por qué?

—Pienso que es un color vivo y alegre. Bueno, sigamos... — La voz de la enfermera interrumpió nuestro juego.

—Aquí tiene joven, ya puede salir. Sólo tiene que firmar unos papeles.

—Está bien. ¿Puede darme una constancia para excusarme en la escuela? — pregunto preocupado. ¿Ya había mencionado antes que todas las personas de la escuela me odian?

—Sí, acompáñenme. — Rin y yo seguimos a la enfermera, firmamos los papeles y me dieron las muletas para poder caminar.

—Bueno, eso es todo. Lo veremos el martes. —Informa la enfermera.

—Muchas gracias, enfermera. ¡Nos vemos! —Nos despedimos Rin y yo al unísono.

—Adiós. —dice la enfermera antes de irse.

En mi vida, no estoy acostumbrado de tener a alguien cerca mío, que me anime, mucho menos que le importe y me sonría, creo que...

Ella es la primera.

(CUANDO ERA UN NIÑO)

"Esto es raro, nunca alguien tuvo tanto interés en mí."

" ¿Esto es algo de lo que me debería alegrar?"

"¿o me debería preocupar?"

"Sólo sé que no quiero que se vaya de mi lado.."

Rin y yo salimos del hospital mientras ella me ayuda a caminar con las muletas.

—Len, ¿puedes solo?

—S-si.

—¿Estás seguro? —pregunta incrédula.

—Sí. —Rin suspira.

—Está bien. —Ella me suelta y seguimos caminando.

—Antes del accidente, ¿a dónde ibas? —pregunta para no hacer el trayecto incómodo.

—A la escuela... —Hice una pequeña pausa— Rin, ¿qué hora es? —Ella mira el reloj que tiene en su muñeca.

—Las 9:32 a.m. —Yo abro los ojos como platos. El examen era a primera hora, ¡ya lo perdí!

—¡¿La-la-las nue-ve?! ¡Hay no, ya perdí el examen! ¡Qué les diré a mis padres! —comienzo a desesperarme como loco. ¡Ese examen es muy importante!

—Tranquilo, todo estará bien. —Rin sonríe.

"¡Realmente quiere que esté tranquilo en una situación así!"

Pienso mientras frunzo mi ceño.

—¡Oye pero qué te pasa! ¿acaso no me escuchaste? ¿para qué quieres esté tranquilo, eh? —Le grito muy molesto. Ella nuevamente sonríe.

—Lo sé, te escuché. —responde restándole importancia a mi última pregunta.

—¿Entonces? —pregunto mientras alzo una de mis cejas.

— ¿Tienes una constancia, verdad? Eso te sirve como justificación y les puedes pedir que te pospongan el examen. —¡Agh! Se nota que esta chica no me conoce. Todos me odian en la escuela: alumnos, profesores y hasta el mismo director me odia. Una constancia no servirá de nada y pensar en eso me hace enojar más.

—¿Una constancia? ¡¿tú crees que eso me va a ayudar?! Rin ellos me odian, siempre buscan la forma de hacerme la vida imposible. —Ella queda pensativa durante unos segundos.

—Entonces seré tu testigo. —Me dice con una enorme sonrisa pintada en sus labios.

—¿Testigo? —Levanto una ceja.

—Sí. —Rin asiente con la cabeza —Si no te creen, estaré ahí para defenderte..

"¿Defenderme? ¿Ella quiere defenderme?"

Pienso anonadado.

—Rin, ¿es enserio? —La veo a los ojos.

—Sí, es enserio. —concluye— ¿Ves?, todo tiene solución. —agrega antes de sonreír.

"Aún no entiendo por qué se toma las cosas con calma y simplemente sonríe, ¿por qué sonríe ante toda situación?"

Mi curiosidad era demasiada así que me detuve mientras bajaba mi cabeza, ella me mira extraña y se detiene.

—Len, ¿estás bien? —pregunta preocupada.

—¿Cómo lo haces? —Le pregunto ignorándola y ella levanta una ceja.

—¿Hacer el qué?

—Sonreír ante toda situación. —Ella suelta un pequeño suspiro y me dedica otra de sus hermosas y cálidas sonrisas.

—¿Por qué no? No vale la pena estar triste, Len. Yo creo que todo problema, tiene solución y eso me hace sonreír. Si sonríes ves la vida de otra forma, toleras y disfrutas más los momentos de la vida, aunque sean pequeños; pero esos momentos pequeños son los más significantes.. Además sonrío porque mi mamá me decía que siempre debo de sonreír. —Su mirada perdida en el cielo, el viento acariciando lentamente su cabello y su rostro, su pequeña y linda nariz, sin olvidar esa hermosa sonrisa característica que sus labios forman.

"Su perfil... ¡Su perfil es hermoso!"

Esta chica con sólo verla me hace sentir un sinnúmero de cosas.

— ¿N-nos vamos? —pregunto nervioso mientras Rin me mira con esos ojos, esos ojos hermosos que me transmiten calidez..

—Sí. —Me confirma con una sonrisa.

"Aunque apenas la conozco, su presencia me hace retroceder el tiempo y recordar cuando era un niño."

(Y LA DESGRACIA VUELVE)

"¿Por qué?"

"¿por qué ella quiere ayudarme?"

"¿por qué quiere ser mi amiga?, ¿qué ganará con esto?.. No lo entiendo.."

"¡Deja de ser tan amable con un miserable como yo!"

— ¡Esto es inaceptable, Len! No me importa si tienes constancia, te quedarás afuera y sin derecho a reponer el examen. — Me reprende Piko, mi profesor de historia.

Agh, lo sabía. Sabía que una constancia no lo haría cambiar de opinión y como si no le bastara con lo que me dijo, vuelve a hablar con tu tono arrogante.

— ¡Y quítate esas muletas! Todos sabemos que lo haces para que te creamos, pero conmigo eso no va a funcionar. — Escucho risas provenientes del salón y antes de que pudiera contestar una voz se interpone.

— No es mentira lo que Len dijo, es verdad, yo estuve ahí. El fué atropellado por un borracho y casi muere, tuve que llamar a la ambulancia porque estaba perdiendo mucha sangre y como nadie se ofrecía como donante lo hice yo misma, mire. — Rin le muestra su brazo izquierdo donde tiene una curita, ella se la quita y se ve claramente una punzada. Al ver su brazo mis ojos se abren como platos.

"Entonces, ¿era verdad lo que dijo la enfermera?"

Pienso.

— ¿Ve?.. Todo lo que dice Len es verdad. — Dice Rin mientras ve a mi profesor a los ojos. Él suspira.

— Está bien, le creeré. Pero esto no se quedará así, Shion. Por llegar tarde tendrá que quedarse a limpiar el salón. — ¡Genial, un castigo! y para colmo Rin sonríe como si me dieron una buena noticia.

"¡¿Pero qué le pasa a esta chica?! ¿Acaso no sabe hacer otra cosa que no sea sonreír?"

Pensar en eso hace que frunza mi ceño.

— ¡Muchas gracias! —La escucho decir muy emocionada.

— De nada. Len, puedes entrar. — anuncia mi profesor y al escuchar sus palabras me sorprendo.

"¿Estoy soñando? ¿realmente funcionó que Rin fuera mi testigo?"

Pienso anonadado.

— Gracias, profesor. Adiós Rin. — Menciono algo triste, su compañía ha sido.. ¿agradable?

"Que raro, esa palabra no está en mi vocabulario"

Pienso.

Muevo mi mano como señal de despedida, pero antes de irme ella invade mi espacio personal para plantarme un fugaz beso en la mejilla.

Estaba atónito y mi cara seguramente estaba más roja que un tomate.

— ¿Q-qué qué fué e-eso? — pregunto tratando de no tartamudear, pero fué inútil.

— Un beso. — ella me ve a los ojos.

— ¿Un beso? ¿por qué me besaste? — puse una mano en mi mejilla, donde Rin me dió el beso.

— Lo hice por dos razones, una porque nos estamos despidiendo y dos, porque estas enfermo y mi mamá, cuando era pequeña me daba besos en el área afectada, pero yo preferí dártelo en la mejilla, en vez de la pierna. — Menciona antes de soltar una encantadora risa. — En fin, ¡nos vemos después de clases! — Entro al salón de clases y veo cómo mueve su mano para de un lado para el otro muy entusiasta para despedirse de mí.

— ¡Vaya, que guapa es! — Escucho la molesta voz de Yuma decir antes de suspirar y yo ruedo los ojos.

— Espero que Rin no sea tan ingenua para fijarse en alguien como Yuma.. — Pienso para mí mismo.

— ¡¿Qué dijiste, idiota?! — ¡Oh no!... ¡Creí que lo había pensado!

Pienso.. O espero haberlo hecho..

— N-nada.. — tartamudeo y comienzo a ponerme muy nervioso... ¡Rayos! ¡estoy tartamudeando! ¡esto va de mal a peor!

Antes de que su puño amenazara con un golpe en mi rostro, el maestro lo interrumpe, dando como inicio las clases.

— Tienes suerte de que vamos a clases, pero, ya verás a la salida lo que te pasará.. — Escucho como Yuma truena sus nudillos en forma de amenaza y eso me hace tragar saliva. Yuma es el estudiante más problemático de toda la escuela y todos los días busca una víctima para insultarle y darle una paliza.. Este día, me tocó a mí...

Las horas de clases pasaron muy rápidas. Cada segundo que pasaba, sentía como se acercaba la hora de la salida y cada vez más temía por lo que Yuma pudiera hacerme algo. Estaba rogando internamente porque se le olvidara..

Sólo espero que no me haga daño..

Era la hora de salida y yo me había quedado en el salón para limpiar como castigo..

— ¡Ugh! Siempre me pasa lo mismo... ¡¿Por qué a mí?! — Me quejo a todo pulmón.

— No te quejes, todavía... — al reconocer la voz y unos pasos acercándose al salón de clases, comienzo a temblar de miedo...¡Quiero huir de aquí! ¡Oh, no! ¡demasiado tarde! ¡Yuma ya notó mi presencia! — faltamos nosotros — aparecen Dell, Meito y V4 Flower detrás de él.

— ¡P-por favor! — le ruego dejando caer una pequeña lágrima en uno de mis ojos — ¡déjame ir! — le pido con la voz quebrada y mirando hacia el suelo — p-por favor... — susurré con el miedo impregnado y cabizbajo mientras más lágrimas brotaban de mis ojos.

— ¿Y desperdiciar mi oportunidad de darte una buena golpiza? — ríe de forma burlona y sus amigos imitan su acción, Yuma niega con la cabeza. — ¡No, claro que no! ¡tú no sales de aquí sin antes darte una buena lección por insultarme! — se acerca peligrosamente hacia mí y yo como puedo retrocedo con las muletas, pero fue inútil, él fue más rápido. Toma el cuello de mi camisa, me empuja contra la pared y sus amigos se acercan. Dos de ellos toman mis brazos y el tercero quita mis muletas. Intento forcejear, pero no puedo. Una de mis piernas está herida y mis brazos están sujetos.

...Estoy indefenso...

Siento un puñetazo en mi estómago que me hace retorcer de dolor, luego siento otro y otro. Los puñetazos eran cada vez más fuertes y así siguió hasta que comencé a tocer sangre. Gritos y lágrimas salían de dolor e intentaba salir con desesperación, pero sus amigos me sujetaban con más fuerza, el tecero comenzaba a golpearme la cara y Yuma me golpeaba cada vez más fuerte el estómago cuando intentaba salir. Al final me tiraron al suelo mientras ellos se reían de mí. Sentía un dolor punzante en todo mi torso y rostro. Mi ojo estaba hinchado, palpitaba y no podía abrirlo muy bien, veía cada vez más oscuro y de mi boca salía sangre. Definitivamente, ésto no podría ser peor. Yuma toma una de mis muletas y empieza a golpear mi pierna herida con ella.. Ya no aguantaba el dolor, me movía con las pocas fuerzas que tenía pero Yuma me seguía golpeando la pierna, me sentía de lo peor, me golpeaba tan fuerte y en el mismo punto que gritaba y lloraba de dolor hasta quedarme sin voz y sin lágrimas. Escucho unos pasos alejarse mientras empiezo a ver todo negro y antes de que todo se apague pienso..

"Y la desgracia vuelve"

(LA NECESITO)

"..."

Me encontraba nuevamente solo, en la penumbra, sentado en el suelo, abrazando mis piernas mientras las imágenes de mi miserable vida aparecían frente a mí como pequeños y fugaces recuerdos. Los gritos, maltratos e insultos sufridos a causa de mis padres y en la escuela a lo largo de mi vida... Han...sido...suficiente.

Estaba harto y quería desaparecer.

Tener que ver eso, para mí, era una tortura; un recuerdo diario del porqué quiero desaparecer, morir o simplemente alejarme de todos y tener, por lo menos, un momento para respirar...aunque sea uno pequeño. Poco a poco mis ojos fueron acumulando lágrimas que yo inútilmente intentaba no dejar caer mientras las secaba con mis manos, pero éstas eran tantas que caían amargamente mientras seguía viendo esas horribles escenas que me atormentaban.

Simplemente, ya no quería..

"¡Basta!"

Suplicaba a todo pulmón.

"¡Por favor! ¡Ya basta!"

Más lágrimas de amargura recorrían por mis mejillas, mi vista se nublaba a causa de algunas lágrimas retenidas en mis ojos así que decidí cerrar mis ojos con mucha fuerza. Mala idea, las voces de esas imágenes que me atormentaban se escuchaban cada vez más y más fuerte, haciéndome temblar. Me tapaba los oídos, pero era inútil; las voces parecían estar en mi cabeza y cada vez más fuerte se escuchaban, atormentándome cada vez más y más.

De un momento a otro, las voces cesaron..

Abrí mis ojos y todo desaparece.

"¡¿C-cómo es...posible?!"

Expresé muy impresionado.

"No dejes que tu pasado te atormente"

Dijo una voz que yo reconocí al instante mientras desaparecía poco a poco..

"¡O-oye! No me dijiste tu nombre la vez pasada.."

"Lo descubrirás por tu propia cuenta"

Fueron sus últimas palabras antes de desaparecer..

"¡¿Po-por qué siempre te vas cuando me siento solo?!"

Pregunté desesperado mientras lloraba. ¿Acaso no sabe que...la necesito?

Derrepente siento ardor en mi ojo y empiezo a quejarme y a gritar del dolor; el dolor aumentaba y yo seguía gritando hasta que...

— ¡Auch! — Pego un chillido de dolor al sentir el contacto del alcohol con las heridas abiertas en mi piel, haciéndome despertar de esa horrible pesadilla.

— ¡L-lo siento! — escucho la bella voz de Rin decir — ¡I-intentaré tener m-más cuidado! — comenta para luego proceder a limpiar mi labio inferior y superior con mucho cuidado y así estuvo hasta terminar de desinfectar mis heridas y vendarlas.

—...E-emmmm...— intento articular palabra alguna, pero no puedo; estoy muy nervioso.. ¿Realmente voy a decirlo? Veo a Rin confundida, alzando su ceja, como esperando a que procediera a hablar — ...Gr-gracias...p-por... p-por... — me detengo al notar que no puedo parar de tartamudear, respiro hondo y me tranquilizo por unos segundos. Suelto un ligero suspiro para proceder a hablar con mayor tranquilidad — por atenderme — finalizo.

— No te preocupes, Len — Rin me regala otra de sus bellas sonrisas — eres mi amigo y es mi deber ayudarte — concluye mientras coloca los algodones limpios y el alcohol adentro de un botiquín.

Veo la blanca, tersa y delicada tez de su mejilla izquierda y me sonrojo...¡¿Acaso estoy loco?! ¡Estaba pensando en darle un beso justo ahora! Sacudo rápidamente mi cabeza de un lado para el otro en forma de negación para eliminar ese absurdo pensamiento de mi mente. Rin me mira extraña al notar mi acción y me detengo. Seguramente mi rostro estará más rojo que un tomate de la vergüenza..

— ¡N-no pe-pensaba hacerlo! ¡Y-yo... Y-yo... L-lo siento! ¡prometo n-no volver hacerlo! E-emmmmm.. E-emmmm.. — sinceramente ya no supe qué decir y si no fuera porque Rin empieza a soltar pequeñas y encantadoras risas, yo probablemente seguiría tartamudeando; buscando la forma correcta de disculparme. Tal acción me llevó por sorpresa — ¿Eh? — es lo único que logro decir al entrar en mi estado de confusión mientras que sus risas se hacen cada vez más fuertes.

— Tienes tu lado tierno — concluye y me regala otra de sus dulces sonrisas. Me sonrojo más y desvío la mirada muy avergonzado.

— N-no sé de qué hablas.. — musito de forma casi inaudible. Luego de eso hubo un silencio muy incómodo; tiempo que ayudó a regular los tonos rojizos en mi rostro.

— ¿Cómo te sientes? — pregunta Rin muy preocupada.

— Bien — contesto de forma seca mientras intento de forma inútil sentarme en la cama, pues el punzante dolor que sentía en todo mi torso (en especial en el estómago) me obliga a quejarme y acostarme nuevamente. Rin parece notarlo, así que levanta mi espalda con sumo cuidado de no lastimarme y coloca unas cuantas almohadas para poder apoyar mi espalda en ellas.

"No debería tomarse tantas molestias"

Pienso en mis adentros

— ¿Así está mejor o quieres que la eleve un poco más? — pregunta Rin. La verdad, así como está se siente bien.

— Así está bien — le comento. Ella observa detenidamente mis heridas y moretones.

— Len.. ¿Qué pasó cuando me fuí? ¿por qué estás herido? — veo a Rin y denota mucha preocupacion. Suelto un largo suspiro y me pregunto internamente si será lo ideal decirle lo que me pasa... ¡Pero qué estoy pensando! A nadie le he contado lo que me pasa, ni a mis padres. Ni les interesa ¿por qué debería contarle a ella, una persona que recién conozco? No, me niego.

— No quiero hablar de eso — comento de forma seca. Veo los suplicantes ojos de Rin deseando saber lo que pasó y me limito a ver hacia otro lado. No pienso decirle.

— Dime — ordena Rin

— No..

— Vamos, Len — insiste Rin.

— ¡Dije que no! — grito ya harto.

— Po-por favor, di-dime.. — suplica con la voz entrecortada. Mis ojos nuevamente se dirigen a ella y observo cómo poco a poco sus hermosos zafiros se van cristalizando. No sé porqué, pero una parte de mí no deseaba verla de esa forma, pero la otra parte de mí realmente no deseaba contarle lo que pasa, pues, ella es una completa desconocida para mí.

Tenía una lucha interna.

Ver la imagen de Rin con la nariz ligeramente roja, sus ojos acuosos y rojos hizo darme cuenta de qué parte interna ganó.

— ¡E-está bien! — digo rendido —Te contaré, pero con la condición de que no hagas preguntas al respecto — finalizo. ¡Ahg! Debo descubrir cómo hace para convencerme con sólo usar su mirada. Rin me mira atenta, esperando a que proceda hablar. Yo suspiro — Cuando te fuiste.. Uno de mis compañeros empezó a decir que eres muy linda y al escuchar su comentario lo insulté sin querer ya que, según yo, lo estaba pensando, así que me amenazó con golpearme al salir de clases.. — doy un largo suspiro — Cuando era la hora de salida yo me quedé para limpiar el salón, él apareció junto con sus amigos y comenzaron a golpearme hasta dejarme inconsciente. — concluyo y bajo la mirada.

— Len.. — susurra Rin muy preocupada, casi inaudible.

— No quiero comentarios al respecto..

— Len.. Parece que siempre pasas sufriendo, ¿no es así?

Al escuchar sus palabras abro mis ojos como platos.. ¡¿Cómo pudo acertar sin conocerme lo suficiente?!

— ¡¿Po-por qué lo dices?! — pregunto muy sorprendido y Rin suspira.

— Porque se refleja ese dolor sufrido en tí, en todo lo que haces, dices y te aseguro que también en lo que piensas. Se nota que no tienes a una persona que esté de tu lado, pero tranquilo — Rin se acerca y me da un cálido abrazo y, aunque tuvo las medidas precauciones de no lastimarme, la quería más cerca de mi.. Tardé mucho para poder corresponder a su abrazo, ya que esto es algo nuevo y no voy a mentir, se siente muy bien, tanto que disfruto del momento, me deleito con el suave y dulce aroma de su cabello y cierro mis ojos — yo estoy para tí.. — susurra eso último de forma muy dulce en mi oído..

Inconscientemente esas últimas palabras me hacen soltar pequeñas lágrimas que no dudaron en salir.

¿Quién lo diría?, apenas nos conocemos un día y ya siento que la necesito..

(QUIERO TRANQUILIDAD)

"¿Lo dice en serio?"

"¿Realmente cambiará mi vida para bien?"

"Si es así, seguramente esto será un sueño.."

"..Uno del que no quiero despertar"

Luego de separarnos del abrazo nuestros ojos se encontraron de manera inesperada. Es algo realmente extraño, es la primera vez que experimento tranquilidad en una mirada; generalmente sufro con ellas. Ya sean de desaprobación por parte de mis maestros, de desagrado y odio por parte de mis compañeros y las peores: las miradas amenazadoras de parte de mis padres, pero.. La suya logró transmitir algo totalmente diferente, algo que no pensé que se podía sentir.

Algo que me encantaría averiguar..

« ¿Cómo puede ser posible que esta chica haya logrado sin esfuerzo alguno tranquilizarme con solo verme a los ojos? »

Una pregunta sin respuesta se formuló en mi mente.

—Rin..—apenas logro musitar su nombre al darme cuenta de que no podía despegar mis ojos de los suyos.

Ella abre sus labios con la intención de hablar, pero alguien la interrumpe.

—Tal parece que ya despertó—nos sobresaltamos al escuchar una tercera voz, haciendo que se rompa nuestro contacto visual.

No tardó en aparecer un punzante dolor en mi costilla..

—¡Ah!—suelto inevitablemente un gemido de dolor acompañado de un gesto por el brusco movimiento que hice y coloco mi mano sobre el área. Rin se preocupa, quita mi mano y realiza un masaje para disminuir el dolor.

La tercera persona en la habitación frunció su ceño por la acción de Rin.

—Sí, IO. Ya despertó—dice Rin sin dejar de masajearme.

Luego de unos segundos el tal IO me observa de forma fría y minuciosa, cosa que logra incomodarme.. ¡Ahg!, me recuerda a esa mirada repulsiva que hacen mis maestros cuando llego tarde a clases. Fruncí mi ceño.

—¿Cómo te llamas, chico?—pregunta muy desconfiado.

—Len Shion—respondo cortante y lo miro de la misma forma que él hizo conmigo hace unos segundos, con repulsión.

—Len, él es mi hermano, IO. IO, él es mi amigo Len. IO me ayudó a traerte cuando te encontré inconsciente en tu escuela.—dice después de terminar con el masaje.

Mi cara seguramente estará más roja que un tomate de la vergüenza. En cambio, el rostro de IO no se inmutó en lo absoluto. Es como si las palabras no tuvieran importancia alguna para él.

— Tenía que hacerlo.—se encoje de hombros—Rin no paraba gritar horrorizada y de insistirme.

—No iba a dejarlo sólo e inconsciente, IO. No seas tan insensible.—lo reprende Rin, se acerca donde está IO y la discusión siguió por unos segundos. Mientras eso sucedía en mi mente se fueron creando instantáneamente las imágenes de mis padres discutiendo, ¡era imposible no pensar en eso! logrando acabar con mi paciencia ¡Ahg! ¡ya estoy harto!

« Debo acabar con esto de una buena vez por todas »

—¡¿Podrían dejar de discutir?!—espeto ya harto—¡Por una vez en mi vida quisiera estar en un lugar donde no habite las discusiones o que estén lo menos posible!¡Ya fue suficiente!—decía con mucha repulsión cada palabra, al grado de casi escupir.

Aguantando el dolor psicológico que me causaba ver esa escena.

La discusión se da por finalizada.

Rin se apena, pero IO se limita a verme con mucho desagrado. Yo le devuelvo la mirada.

—Lo siento, Len. Es que realmente me molesta que IO no quiera hacer el intento de llevarse bien contigo.

—No te preocupes, Rin. De todas formas no me interesa.

—Mejor para mí.—IO sonríe arrogante—No tengo compasión con animales como tú.—finaliza, me lanza una última mirada de repulsión y se va sin nada más que decir.

« Idiota »

El primer adjetivo que se me cruzó por la mente a penas se fue.

Rin suelta un suspiro pesado.

—Que quede bien claro, Rin.—la veo seriamente a los ojos—A mí tampoco me interesa relacionarme con personas como él—digo apuntando hacia dirección donde salió—y sería mejor que no lo obligues a hacer algo que no desea.—hago una pausa—Es más,—hago el intento de levantarme con ayuda de las muletas que tomé cuando las encontré descansando en la pared—me voy.—digo muy molesto antes de dar unos cuantos pasos para llegar hacia la puerta.

Hasta ahora me doy cuenta de algo. Rosado y amarillo, son los colores que predominan en la habitación.

« Supongo que es la habitación de Rin »

Pienso en mis adentros.

—¡E-espera!.. ¿No quieres que te acompañe?..

Detengo mis pasos al escucharla—Con tal de que no hables durante el trayecto, está bien..—le digo dándole la espalda. Y es que acepto con la única razón de que no sé dónde estoy.

"Tranquilidad, por favor. Sólo quiero tranquilidad.."

(Y ESTO TODAVÍA NO ACABA)

"Luego de caminar varios minutos, encontramos algunos puntos conocidos para mí, logrando llegar a la calle que me lleva donde está mi casa.

—B-bueno, dejame hasta aquí. Seguiré el resto del camino solo..—le informé después de haberme detenido. Veo de reojo a Rin, quien parecía un tanto desconcertada por haber roto el silencio que habíamos tenido durante casi todo el trayecto.

—Pero, Len.. Yo quiero conocer donde vives y a tu famil...—mi disgusto al escuchar sus palabras era tanto que no le permití terminar su oración, por lo cual decido de hacerla entrar en razón.

«Ella debería entender lo que le acabo de decir.»

—¡¿Acaso estás sorda?!—frunzo el ceño y giro mi cabeza para verla—¡¿No me escuchaste?! ¡Quiero que te largues! ¡Regresaré solo a casa!—le grito muy molesto y ella parece sorprenderse ante mi repentino cambio.

—L-len..—intenta tocarme, tal vez para hacerme cambiar de opinión pero me alejo como puedo antes de que lo haga.

«No me cambiará de opinion»

Frunzo más mi ceño.

«Al contrario, ya me está cansando»

—¡LARGO DE AQUÍ!—le ordeno ya harto de su insistencia mientras la veo a los ojos de la forma más demandante, fría y firme que puedo haciendo que ella salga corriendo al instante.

Me aseguro que se haya ido y continuo el resto del camino solo. Tardé unos minutos en llegar frente a mi casa y cuando lo hago veo a mi padre frente a la puerta.

«¿Acaso me estuvo esperando?»

—Vaya, vaya, vaya.. ¡Pero miren a quién tenemos aquí!—dice mi padre apoyando su espalda en el marco de la puerta, cruzando sus brazos y observándome detenidamente lo cual hace que mis nervios aparezcan en cuestión de segundos.—Wow.. ¡Qué paliza, hijo! ¿Quién te la hizo?—pregunta muy curioso después de haber hecho un gesto de dolor, fingiendo su preocupación hacia mí y se acerca donde estoy logrando que mis nervios aumenten notablemente, por lo que me limito a bajar mi mirada y a callar para no decir una idiotez mientras que mi padre hace una pequeña pausa—¿Sabes algo? No me importa,—mi padre sonríe como si le diera mucho gusto—bien merecida la tienes por ser una peste—siento mucho dolor en mi pecho al escuchar la fridad de sus palabras, tanto que las lágrimas amenazan con querer salir, pero hago lo posible para evitarlo. Su semblante drásticamente cambia a uno serio y amenazante—¿Donde estabas, eh?—me regaña junto a un golpe en la cabeza y me quejo—La escuela terminó hace tres horas.—toma el cuello de mi camisa y me eleva bruscamente a su altura—Oh.. ¿Creíste que no me daría cuenta, mocoso?—pregunta tratando de tranquilizar -intútilmente- su voz y me empuja hacia el suelo haciéndome caer.

Un gesto de dolor salió involuntariamente de mis labios.

«Y esto todavía no acaba.. »

—¡¿Acaso tenías planeado escapar y llamar a la policía, Len?!—dice casi escupiendo las palabras, llenándose de odio y de ira mientras toma mi cabeza y la empuja hacia atrás sacándome otro quejido de dolor para obligarme a verlo a los ojos.

—N-no.. Papá. Pro-prometo que no lo h-hice, n-ni siquiera tenía planeado hacerlo—digo totalmente vulnerable y con el miedo recorriendo cada centímetro de mi cuerpo. Siento que estoy a punto de llorar—Cr-créeme, p-por favor..—suplico con un la voz entrecortada.

Mi padre sonríe, pero su sonrisa no es una de felicidad. Es una logra intranquilizarme consiguiendo que mis nervios se pongan de punta y estoy muy seguro que es porque sabe de que tengo miedo.

«Tengo un mal presentimiento..»

—Está bien, te lo dejaré pasar por esta vez, pero debo asegurarme de que en verdad no lo harás, así que no te escaparás de esta paliza—dice antes de llevarme arrastrado dentro de la casa con su mano aún en mi cabeza."

"No pude evitar que mi papá me golperara ese día."

"Al menos, logré no exponer ante tal peligro a Rin."

"Pero..

¿Por qué ella me interesa tanto?"

Al día siguiente llegué a la escuela con más moretones de los que en sí tenía a causa de la paliza que me propinó mi padre.

«Agradece que esta vez tuve compasión de tí. Todo esto y mucho más te sucederá si te escapas y llamas a la policía. Si algún día denuncias a tu madre y a mí me encargaré de que lo lamentes día tras día, si es que no se me ocurre matarte primero.. Espero que hayas aprendido tu lección.»

Esas fueron sus finales e indiferentes palabras antes de cerrar la puerta de mi oscura habitación mientras yo estaba retorciéndome del dolor en el suelo, deseando que mi sufrimiento acabe por una vez por todas.

«¡Deja de soñar con imposibles, Len. Es obvio que esta es tu vida y no cambiará!»

Mi subconsciente me despierta a la realidad.

Un pesado suspiro sale sin mi permiso de mis labios, esperando desesperadamente a mi maestra de inglés.

Sin querer escuché una conversación..

—Hubieran visto a esa chica, ¡es realmente hermosa! Tiene un hermoso cabello rubio, corto hasta los hombros y a simple vista se miraba sedoso. Sus ojos eran celestes y llamativos y no hablar de su piel.—reconozco esa voz al instante y mis ojos se abren como platos horrorizado.

¡No puede ser!

(ELLA ES ESPECIAL)

Luego de eso pasaron tres semanas, el dolor y los moretones han disminuido un poco y, a pesar de la incomodidad que se siente el caminar con muletas para poder asistir a clases prefiero eso a tener que escuchar a mis padres discutir. De todas formas, ellos siempre me obligarían a ir. Durante todo ese tiempo Rin me visitaba al finalizar la escuela; sin embargo, preferí alejarme de ella por miedo a llegar tarde a casa y para evitar ser golpeado nuevamente por mi padre.

Aún tengo su amenaza grabada en mi mente. Probablemente para siempre.

Además, por todo lo que he pasado... He llegado a pensar:

«¿Sería correcto confiar en una desconocida?»

«¿Una persona que dice querer ser mi amiga y conocerme?»

«¿Será correcto involucrarla en mi vida, a pesar de las consecuencias?»

«¿Lo será?»

Un suspiro frustrado escapa de mis labios al no encontrar respuestas a todas esas preguntas.

No es fácil dejar entrar a una persona desconocida a mi vida y aún más si ella me da pequeñas -y posiblemente falsas- esperanzas de que las cosas cambiarán por su venida. Ojalá fuera tan sencillo como suena, pero no lo es; ya que casi toda mi existencia se resume de maltratos, golpes, gritos, sufrimientos, discusiones y bullying. ¿Cómo, ese alguien, podrá cambiar mi forma de vivir?

Dejando eso a un lado, hay algo que me inquieta.

He visto a Yuma acercarse a Rin y conversar un poco con ella. Conociéndolo, sé que no va con las mejores intenciones. Él es un pervertido y Rin se nota a simple vista que es muy torpe e inocente; Yuma se aprovecharía de eso. Es justamente por eso que quiero advertirle, pero si lo hago pueden ocurrir dos cosas: conseguir más conflicto con él y sus amigos, y otra golpiza por parte de mi padre si llego tarde a casa.

¡Ahg!¡Si tan sólo hubiera una forma de advertirle sin tener problemas!

«¿Acaso te estás escuchando, Len? ¡Acabas de sonar como un completo cobarde!» me regaña mi subconsciente.

Sin querer, mi vista se posa en la pulsera que Rin me obsequió cuando la conocí en el hospital, sonrío tontamente ante el recuerdo de aquel día. ¿Cómo no hacerlo? Fue por ella que descubrí mi color favorito y...

¡ESPERA, Len! Piensa bien las cosas.

Ella estuvo presente en el accidente. Llamó a la ambulancia. Donó sangre para que no muriera. Me acompañó hasta el instituto. Regresó cuando finalizamos las clases para ver si estaba bien y me encontró inconsciente en el suelo. Me llevó a su casa. Se tomó la molestia de cuidarme. Esperó a que despertara. Me presentó al idiota de su hermano y me acompañó hasta llegar cerca de mi casa. Me busca cada día al finalizar las clases.

Si analizo cada una de las cosas que hizo por mí puede ser porque así le enseñaron a ser, en pocas palabras, pueden haber más personas como ella, personas que también tengan esa voluntad de ayudar, ¿no? Pero... ¿Habrá algún desconocido, además de Rin, que haga lo mismo por un ser humano tan miserable como yo?

No lo creo. De ser así, tendría más individuos como ella en mi alrededor y no sería tan infeliz.

Pero si no es cualquier persona, entonces quiere decir que ella tiene algo que la hace diferente a los demás.

Algo único, especial... Misterioso e inexplicable. Algo que me llena de curiosidad, que me despierta e incentiva en mí el deseo de investigarla.

Y es que es eso, precisamente, lo que no entiendo, ¿cómo despertó en mí el deseo de conocerla? ¿cómo puede hacerme experimentar un sinnúmero de emociones con tan solo ver sus ojos? ¿realmente puede ser eso posible? Hemos platicado muy poco como para empezar a tener un lazo de amistad y fue en el día que sufrí el accidente.

Un día... Vaya, hasta se escucha absurdo. Me hizo tener esperanzas de que las cosas cambiarían tras conocerla en el primer día. Me hizo transmitir tranquilidad en un abrazo, una sonrisa, una mirada. ¿Cómo lo hace? No tiene sentido; por más que lo pienso mi mente no encuentra la lógica en todo esto.

«Creo que será mejor dormir, Len. Ya es tarde...»

Es mejor dejar hasta aquí este nudo de pensamientos.

Extiendo mi mano para programar la alarma a las 5:30, apago la lámpara que está en la mesa de noche y me duermo.

[...]

Despierto una hora antes de que la alarma suene. Estiro mi espalda y brazos mientras bostezo. De repente, un pensamiento -de tantos que tuve-, regresa a mi mente y lo he decidido; será mejor hablar con Rin.

Luego de haberme alistado para ir a la escuela me dirijo a la cocina y me encuentro con mis padres discutiendo... Otra vez. Lo curioso es que ahora no están gritando como lo hacen de costumbre porque de ser así, hubiera despertado a causa de ellos y no por tener muy presente en mi mente la conversación que tengo que hacer con Rin y es que ¡ahg! ¡no puedo evitar dejar de pensar en eso!

Escucho la voz de mi madre que se eleva de tono y doy un suspiro de resignación. Sé lo que significa y prefiero apresurarme antes de ser víctima de sus golpes.

—¿Qué haces aquí, mocoso? ¡Ya deberías estar en la escuela!

«Sabía que mi tranquilidad duraría muy poco.» pienso alarmado y mis músculos se tensan.

Creo que lo mejor sería tomar como desayuno lo primero que encuentre y obedecer a mi madre. Afortunadamente, mis ojos visualizan una banana en la mesa y sin pensarlo dos veces la tomo para salir a paso rápido de la casa.

La imagen de ella y su sonrisa aparece en mi mente, tranquilizándome y recordándome sobre la advertencia que debo hacerle sobre Yuma.

«Rin, espero verte hoy. Necesito hablar contigo.»

(UN NUEVO COMIENZO)

A duras penas logré dar unos cuantos pasos debido al esfuerzo, sumado a la rapidez en la que iba con las muletas. Mis pulmones imploraban desesperadamente oxígeno y mi corazón iba a la velocidad de un tren. Inhalo y exhalo aire repetidas veces para recuperar el aliento que había perdido desde que salí de la casa. Continuo mi camino hacia el instituto una vez ya tranquilo. Al llegar a mi destino, observo las puertas y están cerradas. ¿Están cerradas?¿Será porqué salí muy temprano?... «Espera, Len, ¿qué hora es?» Según el reloj de mi muñeca son las 6:34, «¡Qué raro!» pienso, pero luego me fijo en el día y aparece que es domingo... ¡¿DOMINGO?!

Un suspiro lleno de frustración escapa sin permiso de mis labios al mismo tiempo que adentro mis dedos en mi cabello, furioso, aguantando las ganas de gritar, ¡ahg! ¡seguramente esto me pasó por están tan inverso en mis pensamientos!

Me regaño mentalmente una y otra vez, al mismo tiempo que pienso a dónde ir. Presencié cómo estuvo la discusión de mis padres y no creo que sea buena idea regresar a casa; además, tomando como punto a mi favor el hecho de que mi mamá también creyera que estoy en clases me da un momento de tranquilidad que nunca creí tener en mi vida. Respiro profundamente mientras levanto mi cabeza, dejando que la brisa acaricie mi rostro y cabello.

—Se siente tan bien... —musito sin importar quien me escuche.

Seguí caminando hasta encontrarme con un parque un poco despoblado. Me senté en una banca.

Un sentimiento de felicidad albergó en mi corazón y cosquilleos diminutos recorrían en mi cuerpo, me sentía como un niño pequeño. ¿Hace cuánto no experimentaba eso?

—¡Pero mira a quién nos hemos encontrado por aquí! Y el muy idiota pensó que era lunes, eso explica la razón de tener puesto el uniforme. Eres todo un desastre, Shion.

Un escalofrío recorre por mi cuerpo -para ser más específicos, en mi columna vertebral- al escuchar esa voz que interrumpió mis pensamientos y destruyó mi estado de completa serenidad; no esperaba, ni quería volver a saber ni ver al emisor de este mensaje. Mis ojos se dirigieron a él. Y como si eso no le bastara se está riendo de mí.

—Deja de comportarte como un tonto, IO, Len no te ha molestado para que lo trates así. —escucho la voz de Rin. Está defendiéndome.

«Vaya chica. Prefiere interceder por un mísero desconocido en lugar de su propia familia.» Pienso.

Suspiro. No haré caso a los comentarios de IO; no obstante, aún tengo presente en mi mente la conversación pendiente con Rin.

—Rin, debemos hablar... —por mi tono de voz, las palabras suenan más a un mandato que a una petición— A solas. —finalizo fulminando a IO con la mirada.

Él rueda los ojos.

—¿Quién te crees para darnos órdenes, imbécil? —frunce su ceño, molesto— ¿Crees que la dejaré a solas con escorias como tú? Cualquier cosa que le digas a ella tendrá que ser frente a mí. —Sentencia. Cruza sus brazos sobre su pecho mientras me mira con desdén, denotando un aire de arrogancia y superioridad.

Trago saliva gruesamente, esa idea no me gusta.

Rin parece disgustarle su contestación, ya que le da un codazo justo en el estómago para captar su atención, logrando de forma victoriosa su cometido.

—Gracias, IO, pero no. Sé cuidarme sola y también sé que Len no me hará daño, así que respeta su decisión y déjanos solos. —pestañeo varias veces, atónito. Esto no me lo esperaba. Al parecer ella también tiene su carácter. Por otra parte, lo hizo de nuevo, está defendiéndome, prefirió hacer mi petición que obedecer a su hermano.

La respuesta que le da no le agrada para nada a él, quien aprieta su mandíbula y nudillos a tal punto de que éstos últimos se tornen amarillos. Tal acción hace que venas sobresalgan de su cuello y brazos, mostrando lo furioso que está.

«¡Este chico me da más miedo que Yuma!» Pienso, mas intento no mostrarlo. Lo más seguro es que él saque provecho si se entera.

—Adiós, IO, nos vemos en la casa. —le da la vuelta y lo empuja suavemente para que se aleje. Él le hace caso, malhumorado y quejándose en voz baja mientras mete sus manos en los bolsillos de su short deportivo, dejándome así a solas con Rin.

Suspiro aliviado al ver que se ha ido.

—Gracias —digo sincero, nunca pensé que Rin haría una acción en la cual yo estuviese de acuerdo.

Ella me sonríe con dulzura.

—De nada, para eso están los amigos. —responde y consigue hacerme sonreír.

Tal vez esto sea un nuevo comienzo...

«¿Realmente piensas eso, Len? Estás idiota, ¿acaso crees que las cosas cambian de la noche a la mañana? ¿cuánto tiempo llevas conociéndola? ¡Usa tu cabeza!»

Mi semblante cambia al instante para luego bajar la mirada. Es cierto, no debo crear falsas ilusiones.

Que una persona sea demasiado gentil conmigo sólo pasa en sueños...

¿Me estará utilizando para conseguir algún beneficio? ¿será solamente una persona más que me quiere hacer daño? ¿realmente puedo confiar en ella?

Silencio, es lo que obtengo como respuesta.

Intento levantarme apoyando mis manos en las muletas, pero ella me detiene cuando coloca la suya sobre mi hombro. Su suave tacto emana un calor acogedor, estremeciéndome y lográndome hacer sentir un pequeño cosquilleo extraño. Es muy distinto al que experimenté anteriormente, pero a la vez es agradable.

—¡Espera Len, no te vayas!

Para cualquier persona éstas pueden ser simples palabras; sin embargo, no lo son para mí, porque de alguna forma u otra provienen de una persona que me hace sentir un sinnúmero de cosas que son nuevas e inexplicables para mí.

Me siento sin mediar palabra y la observo, su rostro refleja preocupación.

—¿Acaso dije algo que te pudo ofender? —niego con la cabeza— ¿Seguro? —pregunta incrédula y asiento.— ¿Y... De qué querías hablar? —se sienta a mi lado y se acerca para poder prestarme atención.

Inspiro y le explico el motivo de la conversación, ella escucha atentamente hasta el final, sin interrumpirme o dar su opinión, lo cual me parece extraño; Rin siempre tiene algo que decir. Al igual que su rostro, en todo momento estuvo neutro.

—Muchas gracias, Len, lo tomaré en cuenta. —se levanta y me observa atentamente. Me pongo nervioso.— ¿Y por qué estás uniformado? —alza una ceja.

—Me confundí de día, —digo entre dientes— pensé que era lunes.

Las comisuras de sus labios se levantan y cubre su boca inmediatamente, por el movimiento de su pecho y hombros sé que se está riendo de mí, mas por alguna extraña razón no me molesta, al contrario, me termino contagiando y finalizamos en sonoras carcajadas.

«Hace mucho que no reía sin ser castigado.» Pienso.

—¡Len, es la primera vez que te veo de esa forma! —exclama emocionada mientras que sus ojos adquieren un brillo especial, me sonrojo.

Intenta no quedar atrapados en ellos, Len.

—U-umm... A-así parece —apenas logro articular al mismo tiempo que mi rostro se calienta. Me siento como un idiota.— O-oye... —balbuceo, buscando cambiar de tema, la veo detenidamente y me doy cuenta de que usa ropa deportiva; «excelente forma de salir de ese incómodo momento.» Pienso— ¿Por qué usas esas prendas? —inquiero curioso.

—Oh, ¿esto? —señala su atuendo— Es porque IO y yo hacemos ejercicio los domingos en la mañana.

Abro mis ojos en par. ¡¿A quién se le ocurre madrugar para hacer ejercicio?!

—¡Vaya! —digo asombrado, casi en forma de suspiro— Yo no me levantaría a esa hora para hacer cualquier cosa.

—Nosotros sí —sonríe sin mostrar sus dientes.

Y así seguimos, conversando, conociéndonos, entrando en confianza durante unas cuantas horas hasta que mi estómago ruge exigiendo comida. Yo me apeno y Rin se ríe comentando de que le doy ternura, ruedo los ojos y opto por ignorar su comentario. Me sugiere invitarme a comer en una cafetería y me niego, pero su insistencia hizo que al final aceptara.

Tal vez el haberla conocido no fue una coincidencia.

Tal vez me estoy equivocando, tal vez no.

Tal vez las cosas no son como creo.

Tal vez este día fue creado para sacarme de algún apuro.

Tal vez este sea un nuevo inicio entre ella y yo.

(PENSAR EN ELLA)

¿Puede una persona cambiar la vida de otra? Estoy empezando a creer que sí, pero ¿cómo? No tengo idea. Todas estas preguntas que mi mente inútilmente trata de responder aparecen sin cesar, desesperándome, atormentándome en cada segundo.

Ella simplemente se mostró amable (como siempre lo hace) una vez entramos a la cafetería, como no podía ver claramente el menú que estaba en la pared Rin se levantó y pidió por mí; cosa que me pareció un tanto incómoda. Un olor a banana inunda mis fosas nasales, recordándome que la había tomado en la mañana para desayunar; me alerto, la busco y cuando la encuentro, la saco rápidamente. Suspiré triste; está ligeramente aplastada. No me gusta desperdiciar la comida, mucho menos cuando se trata de mi alimento favorito.

«¡Eso te pasa por ser tan distraído!» Me regañé mentalmente.

No sabía qué hacer con ella: si botarla o comerla. Pero luego me puse a pensar en que Rin ya fue a pedir mi orden, que lo más probable es que la estén preparando; por lo tanto, no creo que podría comer algo más. Mi estómago seguramente estaría lleno y no lo soportaría. Sin embargo, tampoco quería tirar la banana a la basura.

«¿Y si se la regalas a alguien?»

Lo medité una y otra vez hasta que finalmente accedí hacerle caso a mi mente. Observé hacia afuera para ver si algún niño o perro estaba cerca... No había nadie. ¿Acaso era por la hora?

—Disculpa la tardanza. Había una fila enorme —dijo. Debido a que estaba distraído me sobresalto y pego un pequeño chillido—. L-lo siento, no era mi intención asustarte. —explicó, apenada mientras colocaba nuestra comida en la mesa.

Respiré una y otra vez para calmar a mi agitado corazón.

—No importa —contesté desinteresado. Ella me observó, entreabrió sus labios pero luego los cerró, dudaba de hablar.

—¿Pasa algo, Len? —inquirió al final, preocupada.

—Lo que pasa es que había tomado esta banana de la mesa para desayunar y la aplasté con mis libros de la secundaria. Ahora que compraste comida no sé qué hacer.

Ella rió, enternecida.

—¿Era eso? —Asentí— ¿Y por qué no la compartes conmigo? —Sonrió.

¿Compartir?

Mis ojos visualizaron los humeantes fideos que se encontraban en aquel plato hondo de porcelana, no pude evitar relacionarlo con la película: La dama y el vagabundo, donde los perros comen espaguetis y sin querer sus bocas se unen. Me sonrojé cuando me imaginé a Rin y a mí recreando esa misma escena.

¿Pero qué me está pasando?

—¿S-segura? —tartamudeé, nervioso al mismo tiempo que desviaba mi mirada.

—No veo el problema, es más, puedo comprar helado, unas nueces y convertirlo en banana split. Hmmmm... ¡Suena sabroso!

Sonreí inevitablemente al imaginar las expresiones de su rostro mientras decía eso. Me pareció tierno e infantil de su parte. Su energía es tan fuerte que me contagia y me hace olvidar todo lo que me entristece, atormenta, enfada, agobia, exaspera, frustra, inquieta. Es todo lo contrario a mí.

—De acuerdo, pero hay que llevar la comida que no podamos terminar.

—Excelente. —Sin más que añadir comimos.

Suspiro mientras veo el techo de mi habitación como si fuera lo más interesante que hay. Mi salida con Rin fue un escape momentáneo de mi monótona vida, ¿para qué mentir? Me la pasé cómodo a su lado, compartimos un poco de información sobre nuestras vidas, hablamos de varios temas, reímos en una que otra ocasión y lo más extraño es que cada hora que pasaba la sentía como si en realidad fueran minutos. Quería pasar más tiempo con ella. ¿Puede eso ser posible?

Cuando ya era hora de regresar a casa le insistí que no se molestara en acompañarme, que podía ir solo. Aceptó mi petición a pesar de no estar cómoda. Una vez comprobé que se haya ido llamé la atención de los taxistas para que se detuvieran y me llevaran a casa. Luego de unos minutos me encontraba en mi destino, entré con suma cautela, pues, no quería que mi madre me regañara sin sentido alguno o haya caído en cuenta del día que es.

El silencio que había en mi casa me asombró y asustó a la vez, generalmente hay ruido. Miré hacia los lados para ver si mi madre estaba en la casa (ya que mi padre seguramente se fue a trabajar). Seguí caminando, con cuidado de que mi primogenitora no me viera, hacia la habitación y cerré la puerta. Suspiré con alivio y me dejé caer en el colchón de mi cama mientras meditaba en lo que había pasado ese día. ¿Por qué no dejaba de pensar en esos momentos que pasamos? Y lo más importante, ¿por qué no dejaba de pensar en ella?

Algo está haciendo en mí, no sé con exactitud qué es; pero desde ese momento las cosas han tomado un rumbo distinto al que estoy acostumbrando a andar. Por momentos me detengo a observar lo que está a mi alrededor y cuando lo hago me acuerdo ella, de sus ojos, su sonrisa, de lo que me diría en ese momento.

Es algo extraño, Rin aparece en mi mente en todo momento, aún si no lo hago de forma consciente y cada vez que trato de distraerme regresa como si insistiera en quedarse, desesperándome.

¿Qué me sucede? ¿Por qué en todo lo que veo me hace relacionarlo con ella? ¿Por qué no puedo dejar de pensar en ella?

(MI FIN)

Me levanto a regañadientes debido al molesto sonido de la alarma. Procedo a sentarme y a ver hacia el suelo mientras pienso una vez más en ella (como lo han sido éstos últimos días); no sé por qué no puedo dejar de hacerlo, me frustra. Trato de ignorar a mi mente mientras procedo a tomar un baño, diez minutos después salgo para luego cambiarme de ropa. Los gritos de mis padres se escuchan fuerte y suspiro pesadamente, otra vez están discutiendo lo cual me irrita.

Salgo de la habitación una vez estoy listo y al entrar a la sala mis padres me observan, guardan silencio y me ven como si fuera la cosa más desagradable que hayan visto. Me encojo de hombros, incómodo y camino directo a la cocina a prepararme el desayuno.

—¿Cómo estuvo la escuela ayer? —pregunta mi madre mientras se acerca donde estoy. Trago saliva al instante, con ese tono sé a qué me atengo.

—N-normal... C-como todos los días... —musito, muy incómodo y nervioso. Soy pésimo mintiendo.

Recibo una cachetada tan fuerte que me hace soltar las muletas y caer. El dolor no tarda en salir y coloco mi mano en la mejilla para disminuirlo.

—¡MENTIROSO! ¡Ayer era domingo! No tuvieron clases —Me jala de los cabellos, obligándome a levantar. Suelto un gemido lleno de dolor—. ¿Creíste que no me daría cuenta? ¡Dime por qué no regresaste ayer y esta vez quiero que me digas la verdad! —acusa cerca de mi rostro mientras me fulmina con la mirada.

Me duele la cabeza, oído y parte del cuello por la fuerza que ejerce.

—E-estuve con una amiga... —Apenas logro decir, mientras intento salir.

Un momento... ¿Acabo de decir que Rin es mi amiga?

Abro mis ojos de la impresión y por un momento —uno muy efímero— me olvido en la situación en la que estoy.

—Qué mentiroso eres, Len —habla finalmente mi papá—. Siendo la peste que eres dudo que tengas amigos. Esto te va a costar muy caro.

Mi padre se desabrocha el cinturón de su pantalón y mi madre me obliga a ponerme de rodillas mientras toma mis muñecas, a la altura de mi cabeza, con fuerza. Me quejo del dolor. Las lágrimas amenazan con salir, ya sé lo que viene y prefiero no mirar. Cierro los ojos lleno de miedo y con la esperanza de que no lo haga.

—Este es tu castigo por mentir.

Siento cómo el cuero del cinturón hace contacto con mi espalda, dejando a su paso un punzante dolor que se extiende ligeramente en el área, haciendo que la arquee y cierre más los ojos. Un grito lleno de dolor emerge desde mi garganta y las lágrimas que intentaba retener salen sin poder evitarlo.

—A ver, pide disculpas.

Vuelve a pegarme en la espalda con el cinturón y grito. Intento escapar, pero mi mamá lo impide. Mis nervios no me ayudan, balbuceo, no puedo hablar correctamente; tengo miedo a que me siga pegando si lo hago. Su paciencia se acaba y vuelve a golpearme, me quejo más fuerte.

—¡TE HE DICHO QUE TE DISCULPES!

Me da un golpe tan fuerte que debilita mi cuerpo. No siento mi espalda y las lágrimas salen sin control. Abro los ojos y lo veo lleno de miedo.

—L-lo siento... —susurro, tiritando.

—¿Cómo dijiste? —Mi papá patea mis costillas, me encojo y me quejo del dolor.

—¡Lo siento! —Intento hablar más fuerte para que deje de lastimarme, pero sólo consigo una patada en el estómago que me deja sin aire, pego un gemido ahogado. Hago el mayor esfuerzo por recuperarlo y recibo otra cachetada— ¡L-LO SIENTO! ¡R-REALMENTE SIENTO MUCHO HABER MENTIDO! —grito con las pocas fuerzas que tengo mientras lloro. Siento el sabor de mi sangre en mi boca y lo dejo salir. Ésta es mi realidad y no la puedo cambiar.

Mi mamá me empuja hacia el suelo, me quejo del dolor, mi papá me toma del cuello y me levanta sin problemas. Suelto un grito ahogado.

—¡Basta, Oliver! ¡LO VAS A MATAR! —Escucho a mi madre, alterada. Lo golpea desesperada para que me deje libre.

—¡¿Qué no lo entiendes, mujer?! ¡Así se acabaría nuestros problemas de una vez! —Le espeta, furioso— ¿De verdad lo lamentas? —Veo el odio que sale de su mirada y me asusto aún más, no me cabe la menor duda que va a matarme. La respiración me empieza a fallar e intento buscar la forma de respirar, pero no puedo, me aprieta tan fuerte que duele. Intento salir, pero ejerce más fuerza.

—S-sí... —A duras penas logro decir mientras sigo intentando escapar, sin embargo, él no deja de asfixiarme. Mi cuerpo se debilita más y más y dejo de luchar. Mis ojos se cierran lentamente. Empiezo a ver mi vida pasar en segundos: Los maltratos de mis padres, compañeros de clase, profesores y director. El accidente que sufrí. Cuando vi a Rin por primera vez. Los golpes que recibí de Yuma cuando lo insulté sin querer. La vez que Rin me llevó a su casa y conocí al idiota de su hermano... Todos ellos aparecen frente a mí.

Luego de eso todo se torna negro.

Creo que este es mi fin...

PRÓLOGO

Amor...

Hmm, a ver. ¿Qué es?

Es un sentimiento que trae muchas emociones consigo, tantas que te hacen dudar si todas ésas forman parte de ella. Es algo confuso e indescriptible, sobre todo para mí, alguien que no conocía sobre aquel sentimiento y jamás en su vida había tocado sobre ese tema, porque no estaba en mi vocabulario ni mucho menos en mi existencia.

Mi vida cambió en el momento que ella apareció. Me ayudó a verla desde una perspectiva diferente y muy desconocida para mí, experimenté y conocí muchas cosas de las cuales estoy muy agradecido. Una chica realmente fascinante.

No sé cómo lo hace, pero... ¡E-ella sonríe ante toda situación!

«A pesar del dolor...»

«A pesar de su pasado...»

Sin duda alguna aprendí algo muy valioso de ella, pues me enseñó a amar sin importar el qué.

CAPÍTULO I (Tranquilo, no te dejaré solo)

En la casa de los Shion…

¡Largo!

¡Ahg! Otra discusión de mis padres. Todos los días es lo mismo ¡ya estoy harto! ¡¿Acaso no entienden que sus discusiones me afectan?! ¿O acaso no les importa?

Me llamo Len Shion, tengo 15 años y mi vida es un asco desde que tengo memoria. No conozco el amor, o al menos no como lo mencionan en los cuentos de hadas.

Todo por mi culpa, según dicen mis padres.

Se preguntarán, ¿por qué?

La verdad, no tengo muchas ganas de contar mi historia. Es algo que prefiero olvidar, a pesar de que mis padres me lo recuerden día tras día. Es realmente un fastidio.

Me voy a mi habitación muy enfurecido y me aseguro de cerrar la puerta con mucha fuerza, a modo de que mis padres escuchen. Tal vez así, ellos dejen de discutir...

Suspiro pesadamente mientras me acuesto en el duro y desgastado acolchado de mi cama, me pongo los audífonos, busco en mi celular una canción que sea de mi agrado y me encuentro con una que describe muy bien mi estado emocional: "Triste y vacío".

No tengo amigos y mis compañeros me consideran raro, pero a mí no me importa; pues una parte de mí ya se acostumbró, pero, otra parte de mí, (una muy pequeña) quiere saber qué se siente tener un amigo... tener a alguien que te defienda... qué se siente tener novia: mirarla con dulzura, abrazarla, besarla… Eso último, ¿podré sentirlo algún día?

Pienso mientras dirijo mi mano hacia mi boca, mis dedos tocan mis labios y observo el techo, imaginando mi primer beso. Niego con la cabeza y cierro mis ojos para poder relajarme y que mi mente sólo se enfoque en la canción.

Al día siguiente...

Me despierto a las 5:45 a.m. y si se preguntan si es por la alarma, la respuesta es no. Me desperté porque mis padres están discutiendo, otra vez y esto no es nuevo para mí, pero si es frustrante.

Me gustaría ser un niño normal, donde mi madre va a mi habitación y me despierta acariciándome la cabeza mientras su dulce voz me habla en forma de susurro: "Buenos días, mi amor. Levántate, que vas a llegar tarde a la escuela" para después depositarme un beso lleno de amor en la cabeza, pero no. Todos los días me levanto temprano por culpa de sus discusiones y no les importa si con ellas me despiertan.

Me levanto muy molesto y voy donde mis padres para abrirles los ojos.

—¡¿Pueden parar de discutir por sólo un instante?! ¿Acaso no se dan cuenta que esto me afecta?, ¡¿por qué no podemos ser como una familia normal?! —Mi padre, al escuchar mis palabras frunce el ceño y me da un sonoro y fuerte golpe en la mejilla, haciéndome caer.

—¡Cállate, niño malcriado! —grita muy molesto mi padre.

—¡No te metas Len!, ¡mejor lárgate a la escuela antes de que te de una paliza! —finaliza de forma amenazadora Maika, mi madre.

Pongo mi mano en la mejilla para sobarla y así calmar el punzante dolor. Mi padre me observa y frunce más su ceño, se acerca, me toma de la camisa y me empuja contra la pared.

—¿Acaso eres idiota o te haces? ¡Te dijeron que te largues de aquí! —Grita mi padre mientras me jala con mucha fuerza y rapidez hacia mi cuarto y cierra no, tira con mucha fuerza la puerta—. Por malcriado tendrás que ir caminando a la escuela, otra vez. —comenta mientras ríe de forma descarada, burlándose de mi desgracia.

¿Ahora entienden la realidad que estoy viviendo?

Eso es lo que me toca vivir todos los días.

Unas cuantas lágrimas brotan de mis ojos sin mi permiso y voy al baño para darme una ducha relajante, y con ella quitarme las lágrimas.

A los diez minutos después salgo del baño y me cambio rápidamente para después salir de la casa. Antes de tocar la perilla de la puerta, mi padre me detiene.

—¿Has estado llorando? —mi papá alza una ceja.

"¡Oh no, esto es grave! Pensé que no lo notaría." Pienso en mis adentros.

—¡Pero miren qué tenemos acá! —dice en tono descarado— ¡Querida, hemos criado a un afeminado! —mi padre se burla— Si no te compones, creo que sabes lo que pasará ¿verdad? —Dice mi padre de una manera amenazante y con una sonrisa sádica en su boca. Yo sólo trago saliva, asiento con la cabeza, mi padre abre la puerta y me empuja hacia la salida, haciéndome caer—. Mejor lárgate antes de que te dé una buena lección, para que tengas una razón para llorar. —amenaza mi padre antes de cerrar la puerta.

Salgo corriendo hacia la escuela y las lágrimas vuelven a salir, nublando mi vista.

Lo último que recuerdo fue escuchar una voz gritando:

—"¡Auxilio!, ¡alguien llame a la ambulancia! Tranquilo, no te dejaré solo".

CAPÍTULO II (Quiero verte feliz)

Me encontraba solo en la esquina de una penumbra, llorando por mi desgracia, sin poder ser visto, ni ayudado por nadie.

"¿Por qué?"

"¿Por qué esto sólo me pasa a mí? ¡¿Qué hice?! ¡díganme papá y mamá!, ¿qué hice para merecer esto?"

Me decía a mí mismo mientras lloraba desconsoladamente.

"Hola, no sé lo que hiciste, pero sé que no eres el único que sufres."

Me volteo y no hay nadie.

"¡¿Eh-h?! ¿Q-quién eres?"

"Sólo recuerda, yo no te dejaré solo."

Decía la misma voz mientras desaparecía.

"¡No te vayas! ¡E-espera, por favor! Al menos dime tu nombre."

"Mi nombre es..."

Despierto de la nada y veo que tengo cables conectados alrededor de los brazos. Reviso minuciosamente el lugar y llego a la conclusión de que estoy en un hospital.

—Joven, pudo haber muerto ¡ha tenido suerte!; sólo se ha roto un par de huesos. —comenta una voz desconocida, haciéndome pegar un pequeño salto del susto. Estaba tan concentrado observando la habitación que no me di cuenta de cuándo entró. La chica estaba uniformada, tal parece que es enfermera por su uniforme y veo que revisa lo que parece ser los resultados de los rayos X.

—¿Me puede decir cómo pasó? —le pregunto interesado.

—Mmmm... Bueno, una señorita nos contó que usted estaba corriendo sin fijarse donde iba y un borracho lo atropelló cuando pasaba la calle. Ella pidió ayuda y al instante llegaron los paramédicos, ¡justo a tiempo porque usted estaba perdiendo mucha sangre! —suspira aliviada— Tuvimos que pedir un donante para el trasplante de sangre, pero nadie quería; así que la señorita que lo trajo aquí se ofreció a hacerlo. —Ella sonríe y yo abro los ojos como platos.

—¡¿Po-por qué lo hizo?! —pregunto totalmente perplejo por lo que acababa de escuchar.

—No lo sé, —Ella encoje sus hombros— ¿por qué no mejor se lo preguntas a ella? ¡Adelante señorita, pase! —Una chica de rubios y sedosos cabellos, corto, hasta los hombros, tez blanca y de ojos azules aparece.

—¡Hola, mucho gusto, soy Rin! —Ella sonríe, dejándome ver sus dientes y por alguna razón su sonrisa me parece hermosa, pero la realidad aparece como balde de agua fría en la mañana y comienzo a fruncir mi ceño.

—¡Tú! ¿Por qué lo hiciste? —Ella da un pequeño salto del susto y me mira confundida a los ojos, su mirada hizo sentir mi rostro... ¿Caliente?

No entiendo.

"¿Por qué siento caliente mi rostro?"

Inconscientemente aparto mi mirada y sigo mi interrogatorio.

—Dime, ¿por qué lo hiciste? —pregunto muy molesto— ¡Me hubieras dejado morir; así tal vez mis problemas se acabarían de una vez por todas! —La veo y espero su respuesta por unos segundos, pero mi ira e impaciencia me ganó y procedí a hablar antes de que ella si quiera pudiera articular una palabra— ¡Vamos, habla! ¿por qué lo hiciste? —mi voz se elevaba de tono en cada una de mis palabras hasta llegar al punto de gritarle.

Ella se limita a callar y ver hacia el suelo por unos segundos, eso me impacienta mucho más y hago gestos para que proceda a hablar.

—Y-yo sólo pensé que merecías vivir... q-que merecías tener una segunda oportunidad... Ta-tal vez tu vida cambiaba si te ayudaba. —Su voz sonaba débil y entrecortada.

—¿Una segunda oportunidad? ¡Una segunda oportunidad! ¡¿tú crees que merezco una segunda oportunidad de qué?! ¿de sufrir? ¿es por eso que lo hiciste? —pregunto.

—¡N-no, yo no deseo eso! Yo lo hice porque te vi llorando y... Y al ver que fuiste atropellado yo no quería que murieras de esa forma. N-no quería verte morir, mucho menos de esa forma... Triste. Y-yo quiero verte feliz.

—¿Feliz? —Me burlo de su comentario—. ¿Y tú para qué quieres verme feliz? —inquiero de forma arrogante.

—Porque percibo en tu mirada mucho sufrimiento y quiero ayudarte, quiero ayudarte a ser feliz. —ella sonríe y yo bufo.

—Si eso te hace feliz a ti, está bien. —finalizo sin darle importancia a sus palabras. La veo y sus ojos se iluminan al escuchar mis palabras.

—¿En serio?, ¡gracias! Tal vez no sea la mejor, pero daré mi mayor esfuerzo. Desde hoy, considérame tu amiga. —esa última palabra resuena en mi mente como si fuera un eco.

"¿Mi amiga?"

"¿Esto es real? ¿Acaso, dijo que quiere ser mi amiga?"

—¿Ha-hablas en serio? —pregunto, incrédulo.

—Sí, y tú eres mi amigo. —ella se acerca y saca una pulsera de su mochila.

—¿Q-qué haces?

—Quiero regalarte esto como representación de nuestra amistad: A partir de ahora te ayudaré a ser feliz... ¿Amigos? —dice mientras extiende su mano. Yo imito su acción y estrechamos nuestras manos.

—Amigos.

CAPÍTULO III (Ella es la primera)

"Por alguna razón siento que mi vida cambiará."

"Esta chica me recuerda a la voz que escuché en mi sueño ¿tendrá ella algo que ver?"

"Si tan sólo supiera el nombre de esa voz que apareció en mi sueño…"

Rin, mi nueva amiga, toma cuidadosamente mi brazo y pone debajo de mi muñeca la pulsera mientras levanta los extremos de ésta y los une formando un nudo.

—Esta pulsera la hice yo misma y estaba buscando a la persona indicada para dársela. ¡Me alegra que seas tú! Por favor, cuídala, ¿sí? —Rin me mira a los ojos y me sonríe. No sé por qué, pero por alguna razón no puedo negarme a su petición.

—E-está bien. —Ella saca otra pulsera de su mochila y yo arqueo una ceja.

"¿Para qué dos pulseras?"

Pienso.

—Y esta es para mí: Esto representa nuestra amistad. Ahora, quiero que veas tu pulsera. —ordena y le hago caso. Veo que tiene su nombre escrito: "Rin"

—Como no encontraba a quién dárselo, mi pulsera no tiene nombre. ¡Así que hoy mismo se lo pondré! ¿Quieres acompañarme?

"¿Cómo lo hace?, ¿por qué a ella no le puedo negar algo?"

Pienso mientras suspiro.

—Está bien. —digo resignado y ella sonríe muy emocionada.

—¡Oh! ¡se me olvidaba! ¿cómo te llamas? —La veo interesada por saber mi nombre.

—Mi nombre es Len. —Le contesto sin interés.

—¿Len? Hmm... — La veo, pensativa— Es un bonito nombre, mucho gusto, Len. —Rin sonríe. Su sonrisa me pone nervioso.

—Gr-gracias.

—Espérame aquí, ya regreso. —anuncia antes de irse de la habitación mientras que yo observo la pulsera que me dio.

"No me había fijado, tiene una carita feliz a la par de su nombre"

No sé cuánto tiempo estuve viendo la pulsera, pero una voz interrumpe mis pensamientos.

—¿Len? —Levanto la cabeza y me doy cuenta de que es Rin.

—¿Uh?

—¡Por fin! ¡Es la décima vez que lo llama por su nombre y no le contestaba! —Me informa la enfermera.

"¡Qué vergüenza! ¿Cuánto tiempo me quedé viendo la pulsera?"

Pienso.

—Lo siento por tardar, es que estaba buscando a la enfermera. —dice Rin.

—¿Hace cuánto llegaron? —pregunto preocupado.

—Hace cinco minutos. —Abro mis ojos como platos. No sentí que el tiempo se fuera tan rápido.

—Entonces, ¿Len ya se puede ir? —pregunta Rin interesada.

— Sí, pero hay que tener cuidado. Sus piernas están débiles y cualquier golpe puede quebrar sus huesos. — anuncia la enfermera.

— Está bien, pero ¿puede pararse solo o necesita ayuda?

— Hmmm... No sé. A ver, joven, levántese. —ordenó la enfermera. Hice caso y sentí un dolor punzante en una de mis piernas y como consecuencia, éstas tiemblan al punto de casi caer, pero Rin me sujeta, evitando mi caída—. Hmmm... Veo que no, necesita muletas, voy por ellas. Esperen aquí. —La enfermera sale y Rin me acomoda en la cama.

—¿Estás bien? ¿no te lastimaste? —Ella me mira con mucha preocupación.

—No, estoy bien.

—Creo que podemos ponerle el nombre a la pulsera otro día, tu salud es más importante. — ¿acaso escuché bien?

—¡¿Im-importante?! —pregunto impresionado... ¿Ella se preocupa por mi salud?

—Sí. Al ser mi amigo te considero muy importante para mí y me preocupo cuando te pasa algo.

"¿Cuando me pasa algo?"

Pienso anonadado.

—¿De verdad? —pregunto incrédulo.

—Sí... —Rin suspira y hace una pequeña pausa— ¿Puedo hacerte una pregunta? —Yo la veo.

— Depende...

—¿Puedo saber por qué llorabas? —Frunzo mi ceño ante su pregunta ¡¿justo ese tema tuvo que tocar?!

—La verdad, no quiero hablar de eso. —espeto molesto. Ella no debe meterse en los asuntos personales de los demás.

—Entiendo. Será mejor olvidarlo, no quiero que te pongas triste. —Al finalizar sus últimas palabras, Rin suelta un pequeño suspiro. Hubo un silencio realmente incómodo hasta que ella procede a hablar— ¡Tengo una idea! —exclama muy emocionada.

—¿Una… idea?

—Sí, quiero que sea como un juego. Haré varias preguntas y contestaremos para conocernos mejor. —No sé con qué finalidad lo haría, pero...

—Está bien.

—¿Nombre completo?

—Len Shion.

—Rin Kagamine. ¿Color favorito?

—¿Color favorito?

—Sí. ¿Nunca te has tomado la molestia de ver los colores y elegir tu favorito?

—Ahora que lo pienso, no. —Creo que pensaba mucho en mi sufrimiento que no me di cuenta de eso. Estaba tan metido en mis pensamientos hasta que su voz los detiene.

—Entonces, mira alrededor de la habitación y me dices si encuentras un color que te guste, tómate tu tiempo. —contesta Rin como si fuera una solución.

—Está bien. —Busqué alrededor de la habitación para ver si algún color me llamaba la atención y me detuve en sus ojos. No había prestado atención en ellos, son hermosos, profundos como el mar. Definitivamente, mi color favorito es el color de sus ojos.

—¿Y bien? ¿Ya lo encontraste? —preguntó Rin.

—Sí. —Le dije sin quitar mi mirada de sus ojos.

—¿Cuál es tu color favorito?

— A-azul ... — tartamudeé.

—El mío es el amarillo.

—¿Por qué?

—Pienso que es un color vivo y alegre. Bueno, sigamos... — La voz de la enfermera interrumpió nuestro juego.

—Aquí tiene joven, ya puede salir. Sólo tiene que firmar unos papeles.

—Está bien. ¿Puede darme una constancia para excusarme en la escuela? — pregunto preocupado. ¿Ya había mencionado antes que todas las personas de la escuela me odian?

—Sí, acompáñenme. — Rin y yo seguimos a la enfermera, firmamos los papeles y me dieron las muletas para poder caminar.

—Bueno, eso es todo. Lo veremos el martes. —Informa la enfermera

—Muchas gracias, enfermera. ¡Nos vemos! —Nos despedimos Rin y yo al unísono.

—Adiós. —dice la enfermera antes de irse.

En mi vida, no estoy acostumbrado de tener a alguien cerca mío, que me anime, mucho menos que le importe y me sonría, creo que...

Ella es la primera.

CAPÍTULO IV (Cuando era un niño)

"Esto es raro, nunca alguien tuvo tanto interés en mí."

" ¿Esto es algo de lo que me debería alegrar?"

"¿O me debería preocupar?"

"Sólo sé que no quiero que se vaya de mi lado…"

Rin y yo salimos del hospital mientras ella me ayuda a caminar con las muletas.

—Len, ¿puedes solo?

—S-sí.

—¿Estás seguro? —pregunta incrédula.

—Sí. —Rin suspira.

—Está bien. —Ella me suelta y seguimos caminando.

—Antes del accidente, ¿a dónde ibas? —pregunta para no hacer el trayecto incómodo.

—A la escuela... —Hice una pequeña pausa— Rin, ¿qué hora es? —Ella mira el reloj que tiene en su muñeca.

—Las 9:32 a.m. —Yo abro los ojos como platos. El examen era a primera hora, ¡ya lo perdí!

—¡¿La-la-las nue-ve?! ¡Ay, no! ¡Ya perdí el examen! ¡¿Qué les diré a mis padres?! —comienzo a desesperarme como loco. ¡Ese examen es muy importante!

—Tranquilo, todo estará bien. —Rin sonríe.

"¡Realmente quiere que esté tranquilo en una situación así!"

Pienso mientras frunzo mi ceño.

—Oye, pero ¡qué te pasa! ¿acaso no me escuchaste? ¿Para qué quieres esté tranquilo?, ¿eh? —Le grito muy molesto. Ella nuevamente sonríe.

—Lo sé, te escuché. —responde restándole importancia a mi última pregunta.

—¿Entonces? —pregunto mientras alzo una de mis cejas.

—Tienes una constancia, ¿verdad? Eso te sirve como justificación y les puedes pedir que te pospongan el examen. —¡Agh! Se nota que esta chica no me conoce. Todos me odian en la escuela: alumnos, profesores y hasta el mismo director me odia. Una constancia no servirá de nada y pensar en eso me hace enojar más.

—¿Una constancia? ¡¿tú crees que eso me va a ayudar?! Rin ellos me odian, siempre buscan la forma de hacerme la vida imposible. —Ella queda pensativa durante unos segundos.

—Entonces seré tu testigo. —Me dice con una enorme sonrisa pintada en sus labios.

—¿Testigo? —Levanto una ceja.

—Sí. —Rin asiente con la cabeza —Si no te creen, estaré ahí para defenderte.

"¿Defenderme? ¿Ella quiere defenderme?"

Pienso anonadado.

—Rin, ¿es enserio? —La veo a los ojos.

—Sí, es enserio. —concluye— ¿Ves?, todo tiene solución. —agrega antes de sonreír.

"Aún no entiendo por qué se toma las cosas con calma y simplemente sonríe, ¿por qué sonríe ante toda situación?"

Mi curiosidad era demasiada así que me detuve mientras bajaba mi cabeza, ella me mira extraña y se detiene.

—Len, ¿estás bien? —pregunta preocupada.

—¿Cómo lo haces? —Le pregunto ignorándola y ella levanta una ceja.

—¿Hacer el qué?

—Sonreír ante toda situación. —Ella suelta un pequeño suspiro y me dedica otra de sus hermosas y cálidas sonrisas.

—¿Por qué no? No vale la pena estar triste, Len. Yo creo que todo problema, tiene solución y eso me hace sonreír. Si sonríes ves la vida de otra forma, toleras y disfrutas más los momentos de la vida, aunque sean pequeños; pero esos momentos pequeños son los más significantes... Además, sonrío porque mi mamá me decía que siempre debo de sonreír. —Su mirada perdida en el cielo, el viento acariciando lentamente su cabello y su rostro, su pequeña y linda nariz, sin olvidar esa hermosa sonrisa característica que sus labios forman.

"Su perfil... ¡Su perfil es hermoso!"

Esta chica con sólo verla me hace sentir un sinnúmero de cosas.

— ¿N-nos vamos? —pregunto nervioso mientras Rin me mira con esos ojos, esos ojos hermosos que me transmiten calidez.

—Sí. —Me confirma con una sonrisa.

"Aunque apenas la conozco, su presencia me hace retroceder el tiempo y recordar cuando era un niño."

CAPÍTULO V (Y la desgracia vuelve)

"¿Por qué?"

"¿Por qué ella quiere ayudarme?"

"¿Por qué quiere ser mi amiga? ¿Qué ganará con esto? No lo entiendo."

"¡Deja de ser tan amable con un miserable como yo!"

—¡Esto es inaceptable, Len! No me importa si tienes constancia, te quedarás afuera y sin derecho a reponer el examen. —Me reprende Piko, mi profesor de historia.

Agh, lo sabía. Sabía que una constancia no lo haría cambiar de opinión y como si no le bastara con lo que me dijo, vuelve a hablar con tu tono arrogante.

—¡Y quítate esas muletas! Todos sabemos que lo haces para que te creamos, pero conmigo eso no va a funcionar. —Escucho risas provenientes del salón y antes de que pudiera contestar una voz se interpone.

—No es mentira lo que Len dijo, es verdad, yo estuve ahí. El fue atropellado por un borracho y casi muere, tuve que llamar a la ambulancia porque estaba perdiendo mucha sangre y como nadie se ofrecía como donante lo hice yo misma, mire. —Rin le muestra su brazo izquierdo donde tiene un curita, ella se la quita y se ve claramente una punzada. Al ver su brazo mis ojos se abren como platos.

"Entonces, ¿era verdad lo que dijo la enfermera?"

Pienso.

—¿Ve? Todo lo que dice Len es verdad. —Dice Rin mientras ve a mi profesor a los ojos. Él suspira.

—Está bien, le creeré. Pero esto no se quedará así, Shion. Por llegar tarde tendrá que quedarse a limpiar el salón. —¡Genial, un castigo! y para colmo Rin sonríe como si me dieron una buena noticia.

"Pero ¡¿qué le pasa a esta chica?! ¿Acaso no sabe hacer otra cosa que no sea sonreír?"

Pensar en eso hace que frunza mi ceño.

—¡Muchas gracias! —La escucho decir muy emocionada.

—De nada. Len, puedes entrar. —anuncia mi profesor y al escuchar sus palabras me sorprendo.

"¿Estoy soñando? ¿realmente funcionó que Rin fuera mi testigo?"

Pienso anonadado.

—Gracias, profesor. Adiós Rin. —menciono algo triste, su compañía ha sido... ¿agradable?

"Qué raro, esa palabra no está en mi vocabulario"

Pienso.

Muevo mi mano como señal de despedida, pero antes de irme ella invade mi espacio personal para plantarme un fugaz beso en la mejilla.

Estaba atónito y mi cara seguramente estaba más roja que un tomate.

—¿Q-qué qué fue e-eso? —pregunto tratando de no tartamudear, pero fue inútil.

—Un beso. —Ella me ve a los ojos.

—¿Un beso? ¿por qué me besaste? —Puse una mano en mi mejilla, donde Rin me dio el beso.

—Lo hice por dos razones, una porque nos estamos despidiendo y dos, porque estas enfermo y mi mamá, cuando era pequeña me daba besos en el área afectada, pero yo preferí dártelo en la mejilla, en vez de la pierna. —Menciona antes de soltar una encantadora risa— En fin, ¡nos vemos después de clases! —Entro al salón de clases y veo cómo mueve su mano para de un lado para el otro muy entusiasta para despedirse de mí.

—¡Vaya, que guapa es! —Escucho la molesta voz de Yuma decir antes de suspirar y yo ruedo los ojos.

—Espero que Rin no sea tan ingenua para fijarse en alguien como Yuma. —musito.

—¡¿Qué dijiste, idiota?! —¡Oh no! ¡Creí que no lo escucharía!

—N-nada. —tartamudeo y comienzo a ponerme muy nervioso... ¡Rayos! ¡Estoy tartamudeando! ¡esto va de mal a peor!

Antes de que su puño amenazara con un golpe en mi rostro, el maestro lo interrumpe, dando como inicio las clases.

—Tienes suerte de que vamos a clases, pero, ya verás a la salida lo que te pasará. —Escucho como Yuma truena sus nudillos en forma de amenaza y eso me hace tragar saliva. Yuma es el estudiante más problemático de toda la escuela y todos los días busca una víctima para insultarle y darle una paliza… Este día, me tocó a mí.

Las horas de clases pasaron muy rápidas. Cada segundo que pasaba, sentía como se acercaba la hora de la salida y cada vez más temía por lo que Yuma pudiera hacerme algo. Estaba rogando internamente porque se le olvidara.

Sólo espero que no me haga daño.

Era la hora de salida y yo me había quedado en el salón para limpiar como castigo.

—¡Ugh! Siempre me pasa lo mismo... ¡¿Por qué a mí?! —Me quejo a todo pulmón.

— No te quejes, todavía... —Al reconocer la voz y unos pasos acercándose al salón de clases, comienzo a temblar de miedo. ¡Quiero huir de aquí! ¡Oh, no! ¡demasiado tarde! ¡Yuma ya notó mi presencia!— faltamos nosotros —Aparecen Dell, Meito y V4 Flower detrás de él.

—¡P-por favor! —Le ruego dejando caer una pequeña lágrima en uno de mis ojos— ¡déjame ir! —Le pido con la voz quebrada y mirando hacia el suelo— p-por favor... —susurro con el miedo impregnado y cabizbajo mientras más lágrimas brotaban de mis ojos.

—¿Y desperdiciar mi oportunidad de darte una buena golpiza? —Ríe de forma burlona y sus amigos imitan su acción, Yuma niega con la cabeza— ¡No, claro que no! ¡tú no sales de aquí sin antes darte una buena lección por insultarme! —Se acerca peligrosamente hacia mí y yo como puedo retrocedo con las muletas, pero fue inútil, él fue más rápido. Toma el cuello de mi camisa, me empuja contra la pared y sus amigos se acercan. Dos de ellos toman mis brazos y el tercero quita mis muletas. Intento forcejear, pero no puedo. Una de mis piernas está herida y mis brazos están sujetos.

Estoy indefenso...

Siento un puñetazo en mi estómago que me hace retorcer de dolor, luego siento otro y otro. Los puñetazos eran cada vez más fuertes y así siguió hasta que comencé a tocer sangre. Gritos y lágrimas salían de dolor e intentaba salir con desesperación, pero sus amigos me sujetaban con más fuerza, el tercero comenzaba a golpearme la cara y Yuma me golpeaba cada vez más fuerte el estómago cuando intentaba salir. Al final me tiraron al suelo mientras ellos se reían de mí. Sentía un dolor punzante en todo mi torso y rostro. Mi ojo estaba hinchado, palpitaba y no podía abrirlo muy bien, veía cada vez más oscuro y de mi boca salía sangre. Definitivamente, esto no podría ser peor. Yuma toma una de mis muletas y empieza a golpear mi pierna herida con ella. Ya no aguantaba el dolor, me movía con las pocas fuerzas que tenía, pero Yuma me seguía golpeando la pierna, me sentía de lo peor, me golpeaba tan fuerte y en el mismo punto que gritaba y lloraba de dolor hasta quedarme sin voz y sin lágrimas. Escucho unos pasos alejarse mientras empiezo a ver todo negro y antes de que todo se apague pienso:

"Y la desgracia vuelve"

CAPÍTULO VI (La necesito)

Me encontraba nuevamente solo, en la penumbra, sentado en el suelo, abrazando mis piernas mientras las imágenes de mi miserable vida aparecían frente a mí como pequeños y fugaces recuerdos. Los gritos, maltratos e insultos sufridos a causa de mis padres y en la escuela a lo largo de mi vida... han... sido... suficiente.

Estaba harto y quería desaparecer.

Tener que ver eso, para mí, era una tortura; un recuerdo diario del porqué quiero desaparecer, morir o simplemente alejarme de todos y tener, por lo menos, un momento para respirar... aunque sea uno pequeño. Poco a poco mis ojos fueron acumulando lágrimas que yo inútilmente intentaba no dejar caer mientras las secaba con mis manos, pero éstas eran tantas que caían amargamente mientras seguía viendo esas horribles escenas que me atormentaban.

Simplemente, ya no quería.

"¡Basta!"

Suplicaba a todo pulmón.

"¡Por favor! ¡Ya basta!"

Más lágrimas de amargura recorrían por mis mejillas, mi vista se nublaba a causa de algunas lágrimas retenidas en mis ojos así que decidí cerrar mis ojos con mucha fuerza. Mala idea, las voces de esas imágenes que me atormentaban se escuchaban cada vez más y más fuerte, haciéndome temblar. Me tapaba los oídos, pero era inútil; las voces parecían estar en mi cabeza y cada vez más fuerte se escuchaban, atormentándome cada vez más y más.

De un momento a otro, las voces cesaron.

Abrí mis ojos y todo desaparece.

"¡¿C-cómo es... posible?!"

Expresé muy impresionado.

"No dejes que tu pasado te atormente"

Dijo una voz que yo reconocí al instante mientras desaparecía poco a poco.

"¡O-oye! No me dijiste tu nombre la vez pasada."

"Lo descubrirás por tu propia cuenta"

Fueron sus últimas palabras antes de desaparecer.

"¡¿Po-por qué siempre te vas cuando me siento solo?!"

Pregunté desesperado mientras lloraba. ¿Acaso no sabe que... la necesito?

De repente siento ardor en mi ojo y empiezo a quejarme y a gritar del dolor; el dolor aumentaba y yo seguía gritando hasta que…

—¡Auch! —Pego un chillido de dolor al sentir el contacto del alcohol con las heridas abiertas en mi piel, haciéndome despertar de esa horrible pesadilla.

— ¡L-lo siento! —Escucho la bella voz de Rin decir— ¡I-intentaré tener m-más cuidado! —comenta para luego proceder a limpiar mi labio inferior y superior con mucho cuidado y así estuvo hasta terminar de desinfectar mis heridas y vendarlas.

—E-emmmm... —Intento articular palabra alguna, pero no puedo; estoy muy nervioso. ¿Realmente voy a decirlo? Veo a Rin confundida, alzando su ceja, como esperando a que procediera a hablar— Gr-gracias... p-por... p-por... —Me detengo al notar que no puedo parar de tartamudear, respiro hondo y me tranquilizo por unos segundos. Suelto un ligero suspiro para proceder a hablar con mayor tranquilidad— por atenderme —finalizo.

—No te preocupes, Len —Rin me regala otra de sus bellas sonrisas—. Eres mi amigo y es mi deber ayudarte —concluye mientras coloca las bolitas de algodón limpios y el alcohol dentro de un botiquín.

Veo la blanca, tersa y delicada tez de su mejilla izquierda y me sonrojo. ¡¿Acaso estoy loco?! ¡Estaba pensando en darle un beso justo ahora! Sacudo rápidamente mi cabeza de un lado para el otro en forma de negación para eliminar ese absurdo pensamiento de mi mente. Rin me mira extraña al notar mi acción y me detengo. Seguramente mi rostro estará más rojo que un tomate de la vergüenza.

— ¡N-no pe-pensaba hacerlo! ¡Y-yo... Y-yo... L-lo siento! ¡Prometo n-no volver hacerlo! E-emmmmm... E-emmmm... —Sinceramente ya no supe qué decir y si no fuera porque Rin empieza a soltar pequeñas y encantadoras risas, yo probablemente seguiría tartamudeando; buscando la forma correcta de disculparme. Tal acción me llevó por sorpresa— ¿Eh? —Es lo único que logro decir al entrar en mi estado de confusión mientras que sus risas se hacen cada vez más fuertes.

—Tienes tu lado tierno —concluye y me regala otra de sus dulces sonrisas. Me sonrojo más y desvío la mirada muy avergonzado.

—N-no sé de qué hablas. —musito de forma casi inaudible. Luego de eso hubo un silencio muy incómodo; tiempo que ayudó a regular los tonos rojizos en mi rostro.

—¿Cómo te sientes? —pregunta Rin muy preocupada.

—Bien —contesto de forma seca mientras intento de forma inútil sentarme en la cama, pues el punzante dolor que sentía en todo mi torso (en especial en el estómago) me obliga a quejarme y acostarme nuevamente. Rin parece notarlo, así que levanta mi espalda con sumo cuidado de no lastimarme y coloca unas cuantas almohadas para poder apoyar mi espalda en ellas.

"No debería tomarse tantas molestias"

Pienso en mis adentros.

—¿Así está mejor o quieres que la eleve un poco más? —pregunta Rin. La verdad, así como está se siente bien.

—Así está bien —Le comento. Ella observa detenidamente mis heridas y moretones.

— Len, ¿qué pasó cuando me fui? ¿por qué estás herido? —Veo a Rin y denota mucha preocupación. Suelto un largo suspiro y me pregunto internamente si será lo ideal decirle lo que me pasa... Pero ¡qué estoy pensando! A nadie le he contado lo que me pasa, ni a mis padres. Ni les interesa ¿por qué debería contarle a ella, una persona que recién conozco? No, me niego.

—No quiero hablar de eso —comento de forma seca. Veo los suplicantes ojos de Rin deseando saber lo que pasó y me limito a ver hacia otro lado. No pienso decirle.

—Dime —ordena Rin.

—No.

—Vamos, Len. —insiste Rin.

—¡Dije que no! —grito ya harto.

—P-por favor, di-dime. —suplica con la voz entrecortada. Mis ojos nuevamente se dirigen a ella y observo cómo poco a poco sus hermosos zafiros se van cristalizando. No sé por qué, pero una parte de mí no deseaba verla de esa forma, pero la otra parte de mí realmente no deseaba contarle lo que pasa, pues, ella es una completa desconocida para mí.

Tenía una lucha interna.

Ver la imagen de Rin con la nariz ligeramente roja, sus ojos acuosos y rojos hizo darme cuenta de qué parte interna ganó.

—¡E-está bien! —digo rendido—Te contaré, pero con la condición de que no hagas preguntas al respecto —finalizo. ¡Ahg! Debo descubrir cómo hace para convencerme con sólo usar su mirada. Rin me mira atenta, esperando a que proceda hablar. Yo suspiro —Cuando te fuiste, uno de mis compañeros empezó a decir que eres muy linda y al escuchar su comentario lo insulté sin querer ya que, según yo, lo estaba pensando, así que me amenazó con golpearme al salir de clases. —Doy un largo suspiro— Cuando era la hora de salida yo me quedé para limpiar el salón, él apareció junto con sus amigos y comenzaron a golpearme hasta dejarme inconsciente. —concluyo y bajo la mirada.

—Len. —susurra Rin muy preocupada, casi inaudible.

—No quiero comentarios al respecto.

—Len, parece que siempre pasas sufriendo, ¿no es así?

Al escuchar sus palabras abro mis ojos como platos. ¡¿Cómo pudo acertar sin conocerme lo suficiente?!

—¡¿Po-por qué lo dices?! —pregunto muy sorprendido y Rin suspira.

—Porque se refleja ese dolor sufrido en ti, en todo lo que haces, dices y te aseguro que también en lo que piensas. Se nota que no tienes a una persona que esté de tu lado, pero tranquilo —Rin se acerca y me da un cálido abrazo y, aunque tuvo las medidas precauciones de no lastimarme, la quería más cerca de mí. Tardé mucho para poder corresponder a su abrazo, ya que esto es algo nuevo y no voy a mentir, se siente muy bien, tanto que disfruto del momento, me deleito con el suave y dulce aroma de su cabello y cierro mis ojos — yo estoy para ti. —susurra eso último de forma muy dulce en mi oído.

Inconscientemente esas últimas palabras me hacen soltar pequeñas lágrimas que no dudaron en salir.

¿Quién lo diría? Apenas nos conocemos un día y ya siento que la necesito.

CAPÍTULO VII (Quiero tranquilidad)

"¿Lo dice en serio?"

"¿Realmente cambiará mi vida para bien?"

"Si es así, seguramente esto será un sueño."

"Uno del que no quiero despertar."

Luego de separarnos del abrazo nuestros ojos se encontraron de manera inesperada. Es algo realmente extraño, es la primera vez que experimento tranquilidad en una mirada; generalmente sufro con ellas. Ya sean de desaprobación por parte de mis maestros, de desagrado y odio por parte de mis compañeros y las peores: las miradas amenazadoras de parte de mis padres, pero... La suya logró transmitir algo totalmente diferente, algo que no pensé que se podía sentir.

Algo que me encantaría averiguar.

«¿Cómo puede ser posible que esta chica haya logrado sin esfuerzo alguno tranquilizarme con solo verme a los ojos?»

Una pregunta sin respuesta se formuló en mi mente.

—Rin. —Apenas logro musitar su nombre al darme cuenta de que no podía despegar mis ojos de los suyos.

Ella abre sus labios con la intención de hablar, pero alguien la interrumpe.

—Tal parece que ya despertó —Nos sobresaltamos al escuchar una tercera voz, haciendo que se rompa nuestro contacto visual.

No tardó en aparecer un punzante dolor en mi costilla.

—¡Ah! —Suelto inevitablemente un gemido de dolor acompañado de un gesto por el brusco movimiento que hice y coloco mi mano sobre el área. Rin se preocupa, quita mi mano y realiza un masaje para disminuir el dolor.

La tercera persona en la habitación frunció su ceño por la acción de Rin.

—Sí, IO. Ya despertó —dice Rin sin dejar de masajearme.

Luego de unos segundos el tal IO me observa de forma fría y minuciosa, cosa que logra incomodarme. ¡Ahg!, me recuerda a esa mirada repulsiva que hacen mis maestros cuando llego tarde a clases. Fruncí mi ceño.

—¿Cómo te llamas, chico? —pregunta muy desconfiado.

—Len Shion —respondo cortante y lo miro de la misma forma que él hizo conmigo hace unos segundos, con repulsión.

—Len, él es mi hermano, IO. IO, él es mi amigo Len. IO me ayudó a traerte cuando te encontré inconsciente en tu escuela. —dice después de terminar con el masaje.

Mi cara seguramente estará más roja que un tomate de la vergüenza. En cambio, el rostro de IO no se inmutó en lo absoluto. Es como si las palabras no tuvieran importancia alguna para él.

—Tenía que hacerlo. —se encoje de hombros— Rin no paraba gritar horrorizada y de insistirme.

—No iba a dejarlo sólo e inconsciente, IO. No seas tan insensible. —Lo reprende Rin, se acerca adonde está IO y la discusión siguió por unos segundos. Mientras eso sucedía en mi mente se fueron creando instantáneamente las imágenes de mis padres discutiendo, ¡era imposible no pensar en eso! logrando acabar con mi paciencia ¡Ahg! ¡ya estoy harto!

«Debo acabar con esto de una buena vez por todas.»

—¡¿Podrían dejar de discutir?! —espeto ya harto— ¡Por una vez en mi vida quisiera estar en un lugar donde no habite las discusiones o que estén lo menos posible! ¡Ya fue suficiente! —decía con mucha repulsión cada palabra, al grado de casi escupir.

Aguantando el dolor psicológico que me causaba ver esa escena.

La discusión se da por finalizada.

Rin se apena, pero IO se limita a verme con mucho desagrado. Yo le devuelvo la mirada.

—Lo siento, Len. Es que realmente me molesta que IO no quiera hacer el intento de llevarse bien contigo.

—No te preocupes, Rin. De todas formas, no me interesa.

—Mejor para mí. —IO sonríe arrogante— No tengo compasión con animales como tú. —finaliza, me lanza una última mirada de repulsión y se va sin nada más que decir.

«Idiota.»

El primer adjetivo que se me cruzó por la mente a penas se fue.

Rin suelta un suspiro pesado.

—Que quede bien claro, Rin —La veo seriamente a los ojos— A mí tampoco me interesa relacionarme con personas como él —digo apuntando hacia dirección donde salió—y sería mejor que no lo obligues a hacer algo que no desea. —Hago una pausa— Es más, —Intento levantarme con ayuda de las muletas que tomé cuando las encontré descansando en la pared— me voy. —digo muy molesto antes de dar unos cuantos pasos para llegar hacia la puerta.

Hasta ahora me doy cuenta de algo. Rosado y amarillo, son los colores que predominan en la habitación.

«Supongo que es la habitación de Rin.»

Pienso en mis adentros.

—¡E-espera! ¿No quieres que te acompañe? —Detengo mis pasos al escucharla.

—Con tal de que no hables durante el trayecto, está bien. —Le digo dándole la espalda. Y es que acepto con la única razón de que no sé dónde estoy.

"Tranquilidad, por favor. Sólo quiero tranquilidad."

CAPÍTULO VIII (Y esto todavía no acaba)

"Luego de caminar varios minutos, encontramos algunos puntos conocidos para mí, logrando llegar a la calle que me lleva donde está mi casa.

—B-bueno, déjame hasta aquí. Seguiré el resto del camino solo. —le informé después de haberme detenido. Veo de reojo a Rin, quien parecía un tanto desconcertada por haber roto el silencio que habíamos tenido durante casi todo el trayecto.

—Pero, Len, yo quiero conocer dónde vives y a tu famil... —mi disgusto al escuchar sus palabras era tanto que no le permití terminar su oración, por lo cual decido de hacerla entrar en razón.

«Ella debería entender lo que le acabo de decir.»

—¡¿Acaso estás sorda?!—frunzo el ceño y giro mi cabeza para verla—¡¿No me escuchaste?! ¡Quiero que te largues! ¡Regresaré solo a casa! —Le grito muy molesto y ella parece sorprenderse ante mi repentino cambio.

—L-len. —Intenta tocarme, tal vez para hacerme cambiar de opinión, pero me alejo como puedo antes de que lo haga.

«No me cambiará de opinión.»

Frunzo más mi ceño.

«Al contrario, ya me está cansando.»

—¡LARGO DE AQUÍ! —Le ordeno ya harto de su insistencia mientras la veo a los ojos de la forma más demandante, fría y firme que puedo haciendo que ella salga corriendo al instante.

Me aseguro que se haya ido y continuo el resto del camino solo. Tardé unos minutos en llegar frente a mi casa y cuando lo hago veo a mi padre frente a la puerta.

«¿Acaso me estuvo esperando?»

—Vaya, vaya, vaya. Pero ¡miren a quién tenemos aquí! —dice mi padre apoyando su espalda en el marco de la puerta, cruzando sus brazos y observándome detenidamente lo cual hace que mis nervios aparezcan en cuestión de segundos—. Wow ¡Qué paliza, hijo! ¿Quién te la dio? —pregunta muy curioso después de haber hecho un gesto de dolor, fingiendo su preocupación hacia mí y se acerca adonde estoy logrando que mis nervios aumenten notablemente, por lo que me limito a bajar mi mirada y a callar para no decir una idiotez mientras que mi padre hace una pequeña pausa— ¿Sabes algo? No me importa. —Mi padre sonríe como si le diera mucho gusto—bien merecida la tienes por ser una peste—siento mucho dolor en mi pecho al escuchar la frialdad de sus palabras, tanto que las lágrimas amenazan con querer salir, pero hago lo posible para evitarlo. Su semblante drásticamente cambia a uno serio y amenazante—¿Dónde estabas?, ¿eh? —me regaña junto a un golpe en la cabeza y me quejo—La escuela terminó hace tres horas. —Toma el cuello de mi camisa y me eleva bruscamente a su altura—Oh, ¿creíste que no me daría cuenta, mocoso? —pregunta tratando de tranquilizar -inútilmente- su voz y me empuja hacia el suelo haciéndome caer.

Un gesto de dolor salió involuntariamente de mis labios.

«Y esto todavía no acaba.»

—¡¿Acaso tenías planeado escapar y llamar a la policía, Len?! —dice casi escupiendo las palabras, llenándose de odio y de ira mientras toma mi cabeza y la empuja hacia atrás sacándome otro quejido de dolor para obligarme a verlo a los ojos.

—N-no, papá. Pro-prometo que no lo h-hice, n-ni siquiera tenía planeado hacerlo —digo totalmente vulnerable y con el miedo recorriendo cada centímetro de mi cuerpo. Siento que estoy a punto de llorar— Cr-créeme, p-por favor... —suplico con la voz entrecortada.

Mi padre sonríe, pero su sonrisa no es una de felicidad. Es una logra intranquilizarme consiguiendo que mis nervios se pongan de punta y estoy muy seguro que es porque sabe que tengo miedo.

«Tengo un mal presentimiento.»

—Está bien, te lo dejaré pasar por esta vez, pero debo asegurarme de que en verdad no lo harás, así que no te escaparás de esta paliza —dice antes de llevarme arrastrado dentro de la casa con su mano aún en mi cabeza."

"No pude evitar que mi papá me golperara ese día."

"Al menos, logré no exponer ante tal peligro a Rin."

"Pero ¿por qué ella me interesa tanto?"

Al día siguiente llegué a la escuela con más moretones de los que en sí tenía a causa de la paliza que me propinó mi padre.

«Agradece que esta vez tuve compasión de ti. Todo esto y mucho más te sucederá si te escapas y llamas a la policía. Si algún día denuncias a tu madre y a mí me encargaré de que lo lamentes día tras día, si es que no se me ocurre matarte primero. Espero que hayas aprendido tu lección.»

Esas fueron sus finales e indiferentes palabras antes de cerrar la puerta de mi oscura habitación mientras yo estaba retorciéndome del dolor en el suelo, deseando que mi sufrimiento acabe por una vez por todas.

«¡Deja de soñar con imposibles, Len! Es obvio que esta es tu vida y no cambiará»

Mi subconsciente me despierta a la realidad.

Un pesado suspiro sale sin mi permiso de mis labios, esperando desesperadamente a mi maestra de inglés. Sin querer escuché una conversación:

—Hubieran visto a esa chica, ¡es realmente hermosa! Tiene un hermoso cabello rubio, corto hasta los hombros y a simple vista se miraba sedoso. Sus ojos eran celestes y llamativos y no hablar de su piel. —reconozco esa voz al instante y mis ojos se abren como platos horrorizado.

¡No puede ser!

CAPÍTULO IX (Ella es especial)

Luego de eso pasaron tres semanas, el dolor y los moretones han disminuido un poco y, a pesar de la incomodidad que se siente el caminar con muletas para poder asistir a clases prefiero eso a tener que escuchar a mis padres discutir. De todas formas, ellos siempre me obligarían a ir. Durante todo ese tiempo Rin me visitaba al finalizar la escuela; sin embargo, preferí alejarme de ella por miedo a llegar tarde a casa y para evitar ser golpeado nuevamente por mi padre.

Aún tengo su amenaza grabada en mi mente. Probablemente para siempre.

Además, por todo lo que he pasado... He llegado a pensar:

«¿Sería correcto confiar en una desconocida?»

«¿Una persona que dice querer ser mi amiga y conocerme?»

«¿Será correcto involucrarla en mi vida, a pesar de las consecuencias?»

«¿Lo será?»

Un suspiro frustrado escapa de mis labios al no encontrar respuestas a todas esas preguntas.

No es fácil dejar entrar a una persona desconocida a mi vida y aún más si ella me da pequeñas -y posiblemente falsas- esperanzas de que las cosas cambiarán por su venida. Ojalá fuera tan sencillo como suena, pero no lo es; ya que casi toda mi existencia se resume de maltratos, golpes, gritos, sufrimientos, discusiones y bullying. ¿Cómo, ese alguien, podrá cambiar mi forma de vivir?

Dejando eso a un lado, hay algo que me inquieta.

He visto a Yuma acercarse a Rin y conversar un poco con ella. Conociéndolo, sé que no va con las mejores intenciones. Él es un pervertido y Rin se nota a simple vista que es muy torpe e inocente; Yuma se aprovecharía de eso. Es justamente por eso que quiero advertirle, pero si lo hago pueden ocurrir dos cosas: conseguir más conflicto con él y sus amigos, y otra golpiza por parte de mi padre si llego tarde a casa.

¡Ahg!¡Si tan sólo hubiera una forma de advertirle sin tener problemas!

«¿Acaso te estás escuchando, Len? ¡Acabas de sonar como un completo cobarde!» me regaña mi subconsciente.

Sin querer, mi vista se posa en la pulsera que Rin me obsequió cuando la conocí en el hospital, sonrío tontamente ante el recuerdo de aquel día. ¿Cómo no hacerlo? Fue por ella que descubrí mi color favorito y...

¡ESPERA, Len! Piensa bien las cosas.

Ella estuvo presente en el accidente. Llamó a la ambulancia. Donó sangre para que no muriera. Me acompañó hasta el instituto. Regresó cuando finalizamos las clases para ver si estaba bien y me encontró inconsciente en el suelo. Me llevó a su casa. Se tomó la molestia de cuidarme. Esperó a que despertara. Me presentó al idiota de su hermano y me acompañó hasta llegar cerca de mi casa. Me busca cada día al finalizar las clases.

Si analizo cada una de las cosas que hizo por mí puede ser porque así le enseñaron a ser, en pocas palabras, puede haber más personas como ella, personas que también tengan esa voluntad de ayudar, ¿no? Pero... ¿Habrá algún desconocido, además de Rin, que haga lo mismo por un ser humano tan miserable como yo?

No lo creo. De ser así, tendría más individuos como ella en mi alrededor y no sería tan infeliz.

Pero si no es cualquier persona, entonces quiere decir que ella tiene algo que la hace diferente a los demás.

Algo único, especial... Misterioso e inexplicable. Algo que me llena de curiosidad, que me despierta e incentiva en mí el deseo de investigarla.

Y es que es eso, precisamente, lo que no entiendo, ¿cómo despertó en mí el deseo de conocerla? ¿cómo puede hacerme experimentar un sinnúmero de emociones con tan solo ver sus ojos? ¿realmente puede ser eso posible? Hemos platicado muy poco como para empezar a tener un lazo de amistad y fue en el día que sufrí el accidente.

Un día... ¡Vaya!, hasta suena absurdo. Me hizo tener esperanzas de que las cosas cambiarían tras conocerla en el primer día. Me hizo transmitir tranquilidad en un abrazo, una sonrisa, una mirada. ¿Cómo lo hace? No tiene sentido; por más que lo pienso mi mente no encuentra la lógica en todo esto.

«Creo que será mejor dormir, Len. Ya es tarde.»

Es mejor dejar hasta aquí este nudo de pensamientos.

Extiendo mi mano para programar la alarma a las 5:30, apago la lámpara que está en la mesa de noche y me duermo.

[...]

Despierto una hora antes de que la alarma suene. Estiro mi espalda y brazos mientras bostezo. De repente, un pensamiento -de tantos que tuve-, regresa a mi mente y lo he decidido; será mejor hablar con Rin.

Luego de haberme alistado para ir a la escuela me dirijo a la cocina y me encuentro con mis padres discutiendo... Otra vez. Lo curioso es que ahora no están gritando como lo hacen de costumbre porque de ser así, hubiera despertado a causa de ellos y no por tener muy presente en mi mente la conversación que tengo que hacer con Rin y es que… ¡Ahg! ¡No puedo evitar dejar de pensar en eso!

Escucho la voz de mi madre que se eleva de tono y doy un suspiro de resignación. Sé lo que significa y prefiero apresurarme antes de ser víctima de sus golpes.

—¿Qué haces aquí, mocoso? ¡Ya deberías estar en la escuela!

«Sabía que mi tranquilidad duraría muy poco.» pienso alarmado y mis músculos se tensan.

Creo que lo mejor sería tomar como desayuno lo primero que encuentre y obedecer a mi madre. Afortunadamente, mis ojos visualizan una banana en la mesa y sin pensarlo dos veces la tomo para salir a paso rápido de la casa.

La imagen de ella y su sonrisa aparece en mi mente, tranquilizándome y recordándome sobre la advertencia que debo hacerle sobre Yuma.

«Rin, espero verte hoy. Necesito hablar contigo.»

CAPÍTULO X (Un nuevo comienzo)

A duras penas logré dar unos cuantos pasos debido al esfuerzo, sumado a la rapidez en la que iba con las muletas. Mis pulmones imploraban desesperadamente oxígeno y mi corazón iba a la velocidad de un tren. Inhalo y exhalo aire repetidas veces para recuperar el aliento que había perdido desde que salí de la casa. Continuo mi camino hacia el instituto una vez ya tranquilo. Al llegar a mi destino, observo las puertas y están cerradas. ¿Están cerradas? ¿Será porque salí muy temprano?... «Espera, Len, ¿qué hora es?» Según el reloj de mi muñeca son las 6:34, «¡Qué raro!» pienso, pero luego me fijo en el día y aparece que es domingo... ¡¿DOMINGO?!

Un suspiro lleno de frustración escapa sin permiso de mis labios al mismo tiempo que adentro mis dedos en mi cabello, furioso, aguantando las ganas de gritar. ¡Ahg! ¡Seguramente esto me pasó por están tan inverso en mis pensamientos!

Me regaño mentalmente una y otra vez, al mismo tiempo que pienso a dónde ir. Presencié cómo estuvo la discusión de mis padres y no creo que sea buena idea regresar a casa; además, tomando como punto a mi favor el hecho de que mi mamá también creyera que estoy en clases me da un momento de tranquilidad que nunca creí tener en mi vida. Respiro profundamente mientras levanto mi cabeza, dejando que la brisa acaricie mi rostro y cabello.

—Se siente tan bien... —musito sin importar quién me escuche.

Seguí caminando hasta encontrarme con un parque un poco despoblado. Me senté en una banca.

Un sentimiento de felicidad albergó en mi corazón y cosquilleos diminutos recorrían en mi cuerpo, me sentía como un niño pequeño. ¿Hace cuánto no experimentaba eso?

—¡Pero mira a quién nos hemos encontrado por aquí! Y el muy idiota pensó que era lunes, eso explica la razón de tener puesto el uniforme. Eres todo un desastre, Shion.

Un escalofrío recorre por mi cuerpo -para ser más específicos, en mi columna vertebral- al escuchar esa voz que interrumpió mis pensamientos y destruyó mi estado de completa serenidad; no esperaba, ni quería volver a saber ni ver al emisor de este mensaje. Mis ojos se dirigieron a él. Y como si eso no le bastara se está riendo de mí.

—Deja de comportarte como un tonto, IO, Len no te ha molestado para que lo trates así. —escucho la voz de Rin. Está defendiéndome.

«Vaya chica. Prefiere interceder por un mísero desconocido en lugar de su propia familia.» Pienso.

Suspiro. No haré caso a los comentarios de IO; no obstante, aún tengo presente en mi mente la conversación pendiente con Rin.

—Rin, debemos hablar... —Por mi tono de voz, las palabras suenan más a un mandato que a una petición— A solas. —finalizo fulminando a IO con la mirada.

Él rueda los ojos.

—¿Quién te crees para darnos órdenes, imbécil? —frunce su ceño, molesto— ¿Crees que la dejaré a solas con escorias como tú? Cualquier cosa que le digas a ella tendrá que ser frente a mí. —sentencia. Cruza sus brazos sobre su pecho mientras me mira con desdén, denotando un aire de arrogancia y superioridad.

Trago saliva gruesamente, esa idea no me gusta.

Rin parece disgustarle su contestación, ya que le da un codazo justo en el estómago para captar su atención, logrando de forma victoriosa su cometido.

—Gracias, IO, pero no. Sé cuidarme sola y también sé que Len no me hará daño, así que respeta su decisión y déjanos solos. —Pestañeo varias veces, atónito. Esto no me lo esperaba. Al parecer ella también tiene su carácter. Por otra parte, lo hizo de nuevo, está defendiéndome, prefirió hacer mi petición que obedecer a su hermano.

La respuesta que le da no le agrada para nada a él, quien aprieta su mandíbula y nudillos a tal punto de que éstos últimos se tornen amarillos. Tal acción hace que venas sobresalgan de su cuello y brazos, mostrando lo furioso que está.

«¡Este chico me da más miedo que Yuma!» Pienso, mas intento no mostrarlo. Lo más seguro es que él saque provecho si se entera.

—Adiós, IO, nos vemos en la casa. —Le da la vuelta y lo empuja suavemente para que se aleje. Él le hace caso, malhumorado y quejándose en voz baja mientras mete sus manos en los bolsillos de su short deportivo, dejándome así a solas con Rin.

Suspiro aliviado al ver que se ha ido.

—Gracias —digo sincero, nunca pensé que Rin haría una acción en la cual yo estuviese de acuerdo.

Ella me sonríe con dulzura.

—De nada, para eso están los amigos. —responde y consigue hacerme sonreír.

Tal vez esto sea un nuevo comienzo...

«¿Realmente piensas eso, Len? Estás idiota, ¿acaso crees que las cosas cambian de la noche a la mañana? ¿cuánto tiempo llevas conociéndola? ¡Usa tu cabeza!»

Mi semblante cambia al instante para luego bajar la mirada. Es cierto, no debo crear falsas ilusiones.

Que una persona sea demasiado gentil conmigo sólo pasa en sueños...

¿Me estará utilizando para conseguir algún beneficio? ¿Será solamente una persona más que me quiere hacer daño? ¿Realmente puedo confiar en ella?

Silencio, es lo que obtengo como respuesta.

Intento levantarme apoyando mis manos en las muletas, pero ella me detiene cuando coloca la suya sobre mi hombro. Su suave tacto emana un calor acogedor, estremeciéndome y lográndome hacer sentir un pequeño cosquilleo extraño. Es muy distinto al que experimenté anteriormente, pero a la vez es agradable.

—¡Espera, Len, no te vayas!

Para cualquier persona éstas pueden ser simples palabras; sin embargo, no lo son para mí, porque de alguna forma u otra provienen de una persona que me hace sentir un sinnúmero de cosas que son nuevas e inexplicables para mí.

Me siento sin mediar palabra y la observo, su rostro refleja preocupación.

—¿Acaso dije algo que te pudo ofender? —Niego con la cabeza— ¿Seguro? —pregunta incrédula y asiento—. Y ¿de qué querías hablar? —se sienta a mi lado y se acerca para poder prestarme atención.

Inspiro y le explico el motivo de la conversación, ella escucha atentamente hasta el final, sin interrumpirme o dar su opinión, lo cual me parece extraño; Rin siempre tiene algo que decir. Al igual que su rostro, en todo momento estuvo neutro.

—Muchas gracias, Len, lo tomaré en cuenta. —se levanta y me observa atentamente. Me pongo nervioso—. ¿Y por qué estás uniformado? —Alza una ceja.

—Me confundí de día, —digo entre dientes— pensé que era lunes.

Las comisuras de sus labios se levantan y cubre su boca inmediatamente, por el movimiento de su pecho y hombros sé que se está riendo de mí, mas, por alguna extraña razón no me molesta, al contrario, me termino contagiando y finalizamos en sonoras carcajadas.

«Hace mucho que no reía sin ser castigado.» Pienso.

—¡Len, es la primera vez que te veo de esa forma! —exclama emocionada mientras que sus ojos adquieren un brillo especial, me sonrojo.

Intenta no quedar atrapados en ellos, Len.

—U-umm... A-así parece —Apenas logro articular al mismo tiempo que mi rostro se calienta. Me siento como un idiota.— O-oye... —balbuceo, buscando cambiar de tema, la veo detenidamente y me doy cuenta de que usa ropa deportiva; «excelente forma de salir de ese incómodo momento.» Pienso— ¿Por qué usas esas prendas? —inquiero curioso.

—Oh, ¿esto? —Señala su atuendo— Es porque IO y yo hacemos ejercicio los domingos en la mañana.

Abro mis ojos en par. ¡¿A quién se le ocurre madrugar para hacer ejercicio?!

—¡Vaya! —digo asombrado— Yo no me levantaría a esa hora para hacer cualquier cosa.

—Nosotros sí —sonríe sin mostrar sus dientes.

Y así seguimos, conversando, conociéndonos, entrando en confianza durante unas cuantas horas hasta que mi estómago ruge exigiendo comida. Yo me apeno y Rin se ríe comentando de que le doy ternura, ruedo los ojos y opto por ignorar su comentario. Me sugiere invitarme a comer en una cafetería y me niego, pero su insistencia hizo que al final aceptara.

Tal vez el haberla conocido no fue una coincidencia.

Tal vez me estoy equivocando, tal vez no.

Tal vez las cosas no son como creo.

Tal vez este día fue creado para sacarme de algún apuro.

Tal vez este sea un nuevo inicio entre ella y yo.

CAPÍTULO XI (Pensar en ella)

¿Puede una persona cambiar la vida de otra? Estoy empezando a creer que sí, pero ¿cómo? No tengo idea. Todas estas preguntas que mi mente inútilmente trata de responder aparecen sin cesar, desesperándome, atormentándome en cada segundo.

Ella simplemente se mostró amable (como siempre lo hace) una vez entramos a la cafetería, como no podía ver claramente el menú que estaba en la pared Rin se levantó y pidió por mí; cosa que me pareció un tanto incómoda. Un olor a banana inunda mis fosas nasales, recordándome que la había tomado en la mañana para desayunar; me alerto, la busco y cuando la encuentro, la saco rápidamente. Suspiré triste; está ligeramente aplastada. No me gusta desperdiciar la comida, mucho menos cuando se trata de mi alimento favorito.

«¡Eso te pasa por ser tan distraído!» Me regañé mentalmente.

No sabía qué hacer con ella: si botarla o comerla. Pero luego me puse a pensar en que Rin ya fue a pedir mi orden, que lo más probable es que la estén preparando; por lo tanto, no creo que podría comer algo más. Mi estómago seguramente estaría lleno y no lo soportaría. Sin embargo, tampoco quería tirar la banana a la basura.

«¿Y si se la regalas a alguien?»

Lo medité una y otra vez hasta que finalmente accedí hacerle caso a mi mente. Observé hacia afuera para ver si algún niño o perro estaba cerca... No había nadie. ¿Acaso era por la hora?

—Disculpa la tardanza. Había una fila enorme —dijo. Debido a que estaba distraído me sobresalto y pego un pequeño chillido—. L-lo siento, no era mi intención asustarte. —explicó, apenada mientras colocaba nuestra comida en la mesa.

Respiré una y otra vez para calmar a mi agitado corazón.

—No importa —contesté desinteresado. Ella me observó, entreabrió sus labios, pero luego los cerró, dudaba de hablar.

—¿Pasa algo, Len? —inquirió al final, preocupada.

—Lo que pasa es que había tomado esta banana de la mesa para desayunar y la aplasté con mis libros de la secundaria. Ahora que compraste comida no sé qué hacer.

Ella rio, enternecida.

—¿Era eso? —Asentí— ¿Y por qué no la compartes conmigo? —Sonrió.

¿Compartir?

Mis ojos visualizaron los humeantes fideos que se encontraban en aquel plato hondo de porcelana, no pude evitar relacionarlo con la película: La dama y el vagabundo, donde los perros comen espaguetis y sin querer sus bocas se unen. Me sonrojé cuando me imaginé a Rin y a mí recreando esa misma escena.

Pero ¿qué me está pasando?

—¿S-segura? —tartamudeé, nervioso al mismo tiempo que desviaba mi mirada.

—No veo el problema, es más, puedo comprar helado, unas nueces y convertirlo en banana split. Hmmmm... ¡Suena sabroso!

Sonreí inevitablemente al imaginar las expresiones de su rostro mientras decía eso. Me pareció tierno e infantil de su parte. Su energía es tan fuerte que me contagia y me hace olvidar todo lo que me entristece, atormenta, enfada, agobia, exaspera, frustra, inquieta. Es todo lo contrario a mí.

—De acuerdo, pero hay que llevar la comida que no podamos terminar.

—Excelente. —Sin más que añadir comimos.

Suspiro mientras veo el techo de mi habitación como si fuera lo más interesante que hay. Mi salida con Rin fue un escape momentáneo de mi monótona vida, ¿para qué mentir? Me la pasé cómodo a su lado, compartimos un poco de información sobre nuestras vidas, hablamos de varios temas, reímos en una que otra ocasión y lo más extraño es que cada hora que pasaba la sentía como si en realidad fueran minutos. Quería pasar más tiempo con ella. ¿Puede eso ser posible?

Cuando ya era hora de regresar a casa le insistí que no se molestara en acompañarme, que podía ir solo. Aceptó mi petición a pesar de no estar cómoda. Una vez comprobé que se haya ido llamé la atención de los taxistas para que se detuvieran y me llevaran a casa. Luego de unos minutos me encontraba en mi destino, entré con suma cautela, pues, no quería que mi madre me regañara sin sentido alguno o haya caído en cuenta del día que es.

El silencio que había en mi casa me asombró y asustó a la vez, generalmente hay ruido. Miré hacia los lados para ver si mi madre estaba en la casa (ya que mi padre seguramente se fue a trabajar). Seguí caminando, con cuidado de que mi primogenitora no me viera, hacia la habitación y cerré la puerta. Suspiré con alivio y me dejé caer en el colchón de mi cama mientras meditaba en lo que había pasado ese día. ¿Por qué no dejaba de pensar en esos momentos que pasamos? Y lo más importante, ¿por qué no dejaba de pensar en ella?

Algo está haciendo en mí, no sé con exactitud qué es; pero desde ese momento las cosas han tomado un rumbo distinto al que estoy acostumbrando a andar. Por momentos me detengo a observar lo que está a mi alrededor y cuando lo hago me acuerdo ella, de sus ojos, su sonrisa, de lo que me diría en ese momento.

Es algo extraño, Rin aparece en mi mente en todo momento, aún si no lo hago de forma consciente y cada vez que trato de distraerme regresa como si insistiera en quedarse, desesperándome.

¿Qué me sucede? ¿Por qué en todo lo que veo me hace relacionarlo con ella? ¿Por qué no puedo dejar de pensar en ella?

CAPÍTULO XII (Mi fin)

Me levanto a regañadientes debido al molesto sonido de la alarma. Procedo a sentarme y a ver hacia el suelo mientras pienso una vez más en ella (como lo han sido éstos últimos días); no sé por qué no puedo dejar de hacerlo, me frustra. Trato de ignorar a mi mente mientras procedo a tomar un baño, diez minutos después salgo para luego cambiarme de ropa. Los gritos de mis padres se escuchan fuerte y suspiro pesadamente, otra vez están discutiendo lo cual me irrita.

Salgo de la habitación una vez estoy listo y al entrar a la sala mis padres me observan, guardan silencio y me ven como si fuera la cosa más desagradable que hayan visto. Me encojo de hombros, incómodo y camino directo a la cocina a prepararme el desayuno.

—¿Cómo estuvo la escuela ayer? —pregunta mi madre mientras se acerca. Trago saliva al instante, con ese tono sé a qué me atengo.

—N-normal... C-como todos los días... —musito, muy incómodo y nervioso. Soy pésimo mintiendo.

Recibo una cachetada tan fuerte que me hace soltar las muletas y caer. El dolor no tarda en salir y coloco mi mano en la mejilla para disminuirlo.

—¡MENTIROSO! ¡Ayer era domingo! No tuvieron clases —Me jala de los cabellos, obligándome a levantar. Suelto un gemido lleno de dolor—. ¿Creíste que no me daría cuenta? ¡Dime por qué no regresaste ayer y esta vez quiero que me digas la verdad! —acusa cerca de mi rostro mientras me fulmina con la mirada.

Me duele la cabeza, oído y parte del cuello por la fuerza que ejerce.

—E-estuve con una amiga... —Apenas logro decir, mientras intento salir.

Un momento... ¿Acabo de decir que Rin es mi amiga?

Abro mis ojos de la impresión y por un momento —uno muy efímero— me olvido en la situación en la que estoy.

—Qué mentiroso eres, Len —habla finalmente mi papá—. Siendo la peste que eres dudo que tengas amigos. Esto te va a costar muy caro.

Mi padre se desabrocha el cinturón de su pantalón y mi madre me obliga a ponerme de rodillas mientras toma mis muñecas, a la altura de mi cabeza, con fuerza. Me quejo del dolor. Las lágrimas amenazan con salir, ya sé lo que viene y prefiero no mirar. Cierro los ojos, lleno de miedo y con la esperanza de que no lo haga.

—Este es tu castigo por mentir.

Siento cómo el cuero del cinturón hace contacto con mi espalda, dejando a su paso un punzante dolor que se extiende ligeramente en el área, haciendo que la arquee y cierre más los ojos. Un grito lleno de dolor emerge desde mi garganta y las lágrimas que intentaba retener salen sin poder evitarlo.

—A ver, pide disculpas.

Vuelve a pegarme en la espalda con el cinturón y grito. Intento escapar, pero mi mamá lo impide. Mis nervios no me ayudan, balbuceo, no puedo hablar correctamente; tengo miedo a que me siga pegando si lo hago. Su paciencia se acaba y vuelve a golpearme, me quejo más fuerte.

—¡TE HE DICHO QUE TE DISCULPES!

Me da un golpe tan fuerte que debilita mi cuerpo. No siento mi espalda y las lágrimas salen sin control. Abro los ojos y lo veo lleno de miedo.

—L-lo siento... —susurro, tiritando.

—¿Cómo dijiste? —Mi papá patea mis costillas, me encojo y me quejo del dolor.

—¡Lo siento! —Intento hablar más fuerte para que deje de lastimarme, pero sólo consigo una patada en el estómago que me deja sin aire, pego un gemido ahogado. Hago el mayor esfuerzo por recuperarlo y recibo otra cachetada— ¡L-LO SIENTO! ¡R-REALMENTE SIENTO MUCHO HABER MENTIDO! —grito con las pocas fuerzas que tengo mientras lloro. Siento el sabor de mi sangre en mi boca y lo dejo salir. Ésta es mi realidad y no la puedo cambiar.

Mi mamá me empuja hacia el suelo, me quejo del dolor, mi papá me toma del cuello y me levanta sin problemas. Suelto un grito ahogado.

—¡Basta, Oliver! ¡LO VAS A MATAR! —Escucho a mi madre, alterada. Lo golpea desesperada para que me deje libre.

—¡¿Qué no lo entiendes, mujer?! ¡Así se acabaría nuestros problemas de una vez! —Le espeta, furioso— ¿De verdad lo lamentas? —Veo el odio que sale de su mirada y me asusto aún más, no me cabe la menor duda que va a matarme. La respiración me empieza a fallar e intento buscar la forma de respirar, pero no puedo, me aprieta tan fuerte que duele. Intento salir, pero ejerce más fuerza.

—S-sí... —A duras penas logro decir mientras sigo intentando escapar, sin embargo, él no deja de asfixiarme. Mi cuerpo se debilita más y más y dejo de luchar. Mis ojos se cierran lentamente. Empiezo a ver mi vida pasar en segundos: Los maltratos de mis padres, compañeros de clase, profesores y director. El accidente que sufrí. Cuando vi a Rin por primera vez. Los golpes que recibí de Yuma cuando lo insulté sin querer. La vez que Rin me llevó a su casa y conocí al idiota de su hermano... Todos ellos aparecen frente a mí.

Luego de eso todo se torna negro.

Creo que este es mi fin...