Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to LyricalKris. We just translate with her permission.
Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de LyricalKris, solo nos adjudicamos la traducción.
Bad Timing
Autora: LyricalKris
Traductora: Yanina Barboza
Beta: Melina Aragón
Capítulo 12
~Tres años después~
Llegando tarde a casa una vez más, Bella estaba, como siempre, agradecida de ver el auto de Edward en su camino de entrada. No que hubiera habido alguna duda. Él estaba allí cada segundo libre que tenía, y casi siempre aprovechaba la oportunidad de pasar más tiempo con Melody.
No había acuerdo oficial entre los dos. En muchos sentidos, cuando se trataba de criar a su hija, Edward y Bella funcionaban como cualquier pareja casada. Simplemente no vivían en la misma casa. Hablaban a diario, se contactaban sobre todas las cosas que involucraban a Melody, sus horarios y sus otras necesidades. En estos días, Edward era su mejor amigo y un gran compañero.
Él había recorrido un largo camino estos últimos tres años. Suponía que ambos lo habían hecho, pero verlo evolucionar hacia el hombre dulce y confiado que era hoy había sido un verdadero placer. Todavía era muy joven, y ella a menudo se preguntaba quién sería si no se hubieran conocido. ¿Todavía alguien despreocupado?
Por otra parte, mira dónde ser despreocupado lo había llevado la primera vez. Él parecía feliz. No estaba resentido con ella ni con su bebé, algo que ella había temido que sucediera. Había trabajado duro para mantenerse y estaba en camino de lograr una carrera real. Era una en la que había caído inesperadamente, pero parecía adaptarse a él.
La vida era bastante buena. Había altibajos, por supuesto, pero en general, Bella tenía pocas quejas.
Tan pronto como entró a la casa, Bella escuchó el encantador sonido de una guitarra y, mejor aún, la voz que la acompañaba.
—Hide behind a rainbow's wall. Slipping and a-sliding. All along the waterfall. With you, my brown-eyed girl. You, my brown-eyed girl.
No fue para nada una sorpresa cuando a su voz profunda y rica se le unió una mucho más alta, dulce y ligeramente desafinada para el coro de "Sha la la la la la la la la la la da dah". Bella llegó a la cima de las escaleras y miró dentro. Efectivamente, Edward estaba de pie, frente a su pequeña niña de ojos marrones mientras ella estaba sentada en la cama, con las piernas rebotando mientras cantaban juntos. Llevaban sonrisas de adoración total a juego.
Bella descansó su cabeza en la jamba de la puerta, contenta de mirar. Eran hermosos; ambos locos el uno por el otro. Melody era la niñita de papi, y eso estaba bien con Bella. Ella amaba a su niña precoz y musical. No pudo evitar reírse cuando Melody se puso de pie sobre la cama, meneándose un poco e interpretando la última parte de la canción con entusiasmo.
Cuando la canción llegó a su fin, Bella aplaudió.
—Bravo.
Melody jadeó, su cabeza giró hacia la puerta con sorpresa. Sus ojos se iluminaron y rebotó sobre su trasero en la cama antes de deslizarse al suelo. Ella corrió hacia Bella con los brazos en alto.
—¡Mami!
Bella se inclinó, levantándola y besando su mejilla.
—Melly, Melly, Melly. —Ella transfirió a la niña a una cadera y puso su mano libre en la otra, mirando severamente entre su hija y Edward—. ¿Supongo que esto es lo que llamas acostar al bebé?
—Es una canción para dormir, mami. Duh.
—Duh —imitó Bella, y besó la frente de su hija suavemente—. Suena más como un concierto a la hora de dormir. ¿Quieres ser una estrella de rock, bebita?
—No. Te lo ije. Quiero ser como papi y alimentar a los osos.
Edward extendió la mano y despeinó el cabello de Melody.
—Temer a los osos. Papi teme a los osos. Particularmente, temo que los osos se alimenten de mí.
—Y, sin embargo, él no tiene ningún problema con los leones de montaña. —Bella puso los ojos en blanco.
—Eso pasó una vez, y fue una gran foto —dijo Edward, sonriendo pícaramente—. No fue como si me encontrara con ella a propósito. Entró en el puesto de guardabosques y yo estaba allí.
—Mami, los leones son gatitos grandes. Tienes que acariciarlos.
—No —dijeron Edward y Bella juntos. Edward negó con la cabeza—. Definitivamente no acariciamos leones, amorcito. —Melody era el tipo de niño que correría directamente hacia un león de montaña si alguna vez se topaba con uno. Y, en el noroeste del Pacífico, no era una posibilidad lejana, especialmente dado que Edward trabajaba en el Parque Nacional Olympic.
—Pero ¿por qué...? —comenzó Melody.
—Shh. —Bajando la guitarra, Edward se estiró por ella y su pequeña se lanzó hacia sus brazos. Bella la dejó con facilidad. Ella sonrió, observándolo cambiarla así estaba acunada en sus brazos como si fuera una bebé pequeñita de nuevo. Se sentó en la cama y la meció, comenzando a cantar suavemente—. Goodnight my angel, time to close your eyes. And save these questions for another day.
El corazón de Bella se calentó de nuevo. Ella fue quien le presentó a Billy Joel, un cantante que su padre le había presentado a ella. Charlie solía cantarle eso cuando le rogaba.
—Otra vez —murmuró Melody cuando Edward terminó. Sus párpados ya estaban caídos. Bella retiró las mantas y se tumbó de lado mientras Edward acostaba a Melody en su cama. Ella lo ayudó a arroparla mientras él comenzaba la canción, y frotaba la espalda de su hija en círculos lentos.
Al igual que Melody, Bella se encontró perdida en el hermoso y suave sonido de su voz. Cerró los ojos y, antes de darse cuenta, estaba a la deriva.
Se despertó desorientada y... ¿en el aire? Bella se sobresaltó y por reflejo levantó sus brazos, apretándolos alrededor del cuello de Edward.
—Te tengo —dijo, su voz un suave retumbar cerca de su oído.
—Te vas a lastimar. —A pesar de sus palabras, ella se relajó en sus brazos, cerrando los ojos de nuevo.
Él resopló.
—De alguna manera, me las arreglaré.
Su habitación estaba justo al lado de la de Melody, así que no fue un viaje largo. La recostó en su cama, con una sonrisa jugando en sus labios. Cuando sus ojos se encontraron con los de él, su corazón se saltó un latido.
—No estoy realmente cansada —soltó Bella, preguntándose por qué estaba repentinamente cohibida. No ayudó cuando no pudo reprimir el bostezo que vino inmediatamente después de su declaración.
Él sonrió con suficiencia, pero luego su sonrisa se suavizó. Metió un mechón de cabello detrás de su oreja.
—Cuatro largas noches seguidas.
—Podía pasar unas dos semanas ininterrumpidas con un par de horas por noche en otras épocas. —Se cruzó de brazos sobre el pecho y miró hacia el techo.
Edward se sentó en el borde de su cama.
—Odias tu trabajo. Por eso es más agotador.
Ella le entrecerró los ojos y él levantó las manos.
—Solo es mi percepción. Durante el verano, cuando mi trabajo está más ajetreado, trabajaba todo el tiempo a todas horas. Pero tenía mucha energía.
Ella arqueó una ceja.
—Porque tienes como siete.
Él rodó los ojos pero le sonrió.
—Tenía energía porque amo lo que hago. Soy feliz. —Sus ojos perdieron algo de su luz y miró hacia abajo, pellizcando distraídamente el edredón. Sacudió la cabeza—. Solo digo. Entiendo lo que perdiste. Estoy uno o dos pasos por encima del peldaño inferior de donde quiero estar, pero la escalera está bastante clara para mí. Sé que puedo llegar allí. —Él hizo una mueca—. Es como si te hubieran empujado de la escalera.
—No está tan alejado. —Bella suspiró y tomó su mano, dándole un apretón—. No es que sea imposible llegar a donde quiero estar. —Ella sacudió la cabeza—. Nunca fue una garantía. La vida pasa, y no es que no tenga éxito. La producción no es el lado del negocio en el que quería estar, pero es lo suficientemente lucrativo. Me gano bien la vida. Mantengo a mi bebé y a mí. No me preocupo por si puedo pagar mis cuentas o no. Es más de lo que mucha gente tiene.
—Pero no satisfactoria personalmente.
—No tanto —admitió. Luego, ella sonrió con picardía—. Pero no estoy tan decrépita como parezco. Puedo encontrar una nueva escalera para subir. Me queda mucha vida por vivir.
Sus ojos brillaron y su sonrisa adquirió esa cualidad diabólica, teñida con algo oscuro y excitante. Se inclinó y su voz era baja cuando habló.
—¿Pareces decrépita? —Sus ojos examinaron su cuerpo con todo el efecto de una caricia física, y Bella se encontró con su aliento atascado en su garganta. Sus ojos se encontraron con los de ella otra vez—. ¿No se supone que los periodistas son buenos con las palabras? Estoy bastante seguro de que decrépita no significa lo que piensas que significa.
Ella tragó saliva, y cuando habló, su voz era más áspera de lo que quería.
—¿Estás tratando de decir que tienes un vocabulario mejor que el mío?
—Simplemente estoy sugiriendo un lapso momentáneo en tu elección de palabras. Es posible que hayas querido decir la antítesis de decrépita o uno de sus antónimos.
—Antítesis —repitió, divertida.
Él le ofreció una sonrisa infantil.
—No finjas que no te impresiona mi firme comprensión del vocabulario. Está bien demostrarlo.
—Uh huh. ¿Me ves embelesada?
—Si tan solo lo hiciera —dijo con un suspiro dramático, y luego le guiñó un ojo—. Te metí en la cama.
—No estaría muy orgulloso de meter a una mujer semiconsciente en la cama, rarito.
—Diría que eso depende de lo que pretendía hacer con la mujer semiconsciente una vez que la metiera en la cama.
Su cuerpo interpretó las palabras como deliciosamente obscenas. Ella estaba despierta ahora. Consciente. Demasiado consciente de su cercanía y de esa mirada en su rostro. Él se sentía atraído por ella, y ella no iba a fingir que el pensamiento no la complacía. Era solo humana, y aún recordaba las cosas que él podía hacer con sus talentosas manos.
Y tal vez eso explicaría por qué dijo lo que dijo a continuación.
—Entonces, ¿qué le harías a una mujer semiconsciente en la cama?
Ladeó la cabeza, sus ojos buscando los de ella. Se giró para ponerse de rodillas en la cama, alzándose sobre ella.
—Yo... —Le puso la mano en la rodilla—. Te quitaría los zapatos. Así estarías cómoda.
Quedaron atrapados en una mirada, una energía extraña y caliente se agitaba entre ellos. Bella sintió que sus mejillas se sonrojaban. Una descarga pasó por sus brazos, y le costó esfuerzo no levantarse, invitándolo a encontrarse con sus labios. Él lo haría. Ella sabía que él lo haría. Que se sintieran atraídos el uno por el otro los había llevado hasta aquí, a Washington con su hermosa hija.
Melody.
Demonios.
Bella rodó a su lado, lejos de Edward, y se sentó. Se pasó una mano por el cabello, buscando un colero. Su cara estaba demasiado caliente.
—Necesito mis zapatos. Es muy temprano para dormir. Tengo... ya sabes. Cosas que hacer.
—Bien.
Cuando ella lo miró, él tenía una mirada extraña en su rostro. Bella se alejó unos pasos, intentando recordar qué demonios tenía que hacer. La casa estaba limpia: ella empleaba un servicio de limpieza varias veces al mes. Las cuentas estaban pagadas. La historia en la que había estado trabajando estaba lista. Ella frunció el ceño. No había forma de que tuviera todo hecho. Tenía que estar olvidando algo.
—¿Ya comiste? —preguntó Edward.
Bella se llevó una mano al estómago al darse cuenta que de repente estaba increíblemente hambrienta.
—Ah. Ahí está. Comida. Olvidé la comida.
—Sí. Eres buena en eso. —Él se adelantó a ella e hizo un gesto con la cabeza—. Vamos. Queda algo de la cena que le di de comer a la pequeña. Ha sido una semana larga. Te serviré un plato y nos pondremos al día.
—No tienes que...
—Lo sé. —Volvió a hacer un gesto—. Vamos.
Bella dejó escapar un largo suspiro, relajándose. Este era un territorio familiar, hablar de su semana.
Unos minutos más tarde, Bella levantó la cabeza, inhalando el aroma de la sopa casera de pollo con fideos y un sándwich de carne asada. Ella no se molestó en reprimir su gemido.
—Maldición. Eres demasiado bueno en esto.
—¿En alimentarme a mí y a mis chicas? —Él se encogió de hombros, acomodándose en diagonal a ella en la mesa—. Parecía un buen pasatiempo. Además, resulta útil cuando estoy acampando. Mis comidas se ven y saben mejor que las de cualquier otra persona.
Bella frunció los labios, inclinando una cucharada de sopa en su boca.
—Sí. Apuesto a que los osos piensan lo mismo.
Él ladeó la cabeza, mirándola fijamente.
—¿Vas a comenzar de nuevo?
—No. —Bella cerró los ojos, saboreando el sándwich por unos segundos—. ¿Todavía quieres llevar a Mel ahí afuera?
—No en un viaje como este, no. Pero lo sabías. Me encanta estar en los senderos. Quiero compartir eso con mi hija. ¿No crees que sé lo que es seguro para una niña de tres años?
Durante un largo minuto, no habló mientras sorbía su deliciosa sopa. Ella no tenía la intención de comenzar una pelea, y por supuesto que sabía que Edward nunca sería deliberadamente imprudente con Melody. Se limpió la boca y le ofreció una mirada arrepentida.
—Tuve la misma educación que tuviste con mi papá. Él siempre amó los parques nacionales. —Así fue como Edward había encontrado su vocación. Charlie lo había llevado a varios viajes de campamento (pesca y senderismo en las profundidades del Parque Nacional Olympic) y Edward se había enamorado de la idea de ser guardabosques. Ese era el camino en el que se encontraba, ahora abajo en los peldaños, como había mencionado.
»Desde que yo tenía la edad de Mel, él me enseñó un respeto saludable por la naturaleza. Lo salvaje es salvaje. Es impredecible y cualquiera que esté allí está desprotegido. —Ella lo miró—. No existe tal cosa como completamente segura.
Él hizo una mueca y ella continuó antes de que él pudiera hablar. Esto se había estado gestando dentro de ella durante mucho tiempo.
»Y no me malinterpretes. Me encanta que hayas encontrado algo que te apasione. Es solo que me asusta. A mi papá le gusta una caminata larga y agradable a un lago apartado donde puede pescar en paz. ¿Tú? Tú eres más un buscador de emociones. He conocido a tipos como tú. He hecho historias sobre tipos como tú. Terminas persiguiendo caminatas más grandes y difíciles. Escalando montañas más altas. Acercándote a las cataratas. Cada vez que sales, te arriesgas. Porque no puedes controlar a los animales o cuando esta pared de roca se va a derrumbar o cuando el clima se volverá atroz. Las personas se han salido del sendero, incluso de los cortos y simples, y nunca se las vuelve a ver. Sucede.
—Lo hace, pero la mayoría de las veces, no lo hace. También podrías ser golpeado por un rayo simplemente caminando por la calle. O atropellado por un automóvil.
—Lo sé. —Ella rodó los hombros—. Lo siento. Sé que esto está saliendo de repente. Estoy orgullosa de ti por lo lejos que has llegado y las cosas que quieres hacer con tu vida. Y sé que hay trabajos mucho más peligrosos que ser un guardabosques, pero no puedo evitar escuchar todas las estadísticas. En este momento, la mayor parte de tu exploración del campo es recreativa. Cuando te hagas guardabosques, también será parte de tu trabajo. Solo estás aumentando la posibilidad de que algo inesperado suceda todos los días.
Bella resopló y se pasó una mano por los ojos.
—Sé que eso suena paranoico y ridículo. —Ella extendió la mano sobre la mesa y tomó la de él, dándole un apretón—. No lo sé. Solo pienso mucho en eso.
Él sonrió.
—Charlie también me dijo que probablemente tienes todos los libros sobre muertes en los parques nacionales, rescates extremos e historias de personas que han desaparecido sin dejar rastro. Y eso sin mencionar los libros escritos por guardabosques sobre escapadas por un pelo de osos y acantilados.
Ella agachó la cabeza.
—Es bueno tener información. —Lo miró por debajo de las pestañas—. No puedo evitar sentirme protectora contigo.
—Voy a estar bien. Y cuando pueda llevar a Mel, ella estará bien. —Él arqueó una ceja—. Y si aceptaras ir conmigo, lo verías. Algunas cosas valen un poco el riesgo. —Levantó las manos—. Solo un pequeño riesgo. Prometo que no me convertiré en uno de esos escaladores que escalan la cara de El Capitán en Yosemite con nada más que sus manos.
Ella se estremeció.
—¡Gah! Dos tipos, tipos experimentados, murieron haciendo eso el año pasado.
—Y acabo de prometer que no lo haría.
Ella hizo una mueca.
—Lo vi una vez, ya sabes. Cuando era pequeña. En Yosemite, para ser exactos. Es muy silencioso allí, pero de repente había un helicóptero. —Ella tragó saliva—. Cuando volvió a bajar, había un cuerpo en una bolsa colgando de él.
Edward tomó ambas manos de ella entre las suyas. Él no dijo nada, solo la miró fijamente. Ella soltó un suspiro.
Era sorprendente lo importante que él era para ella. En cierta ocasión, ella le había dicho que estaría bien criando a su hija sola. No tenía dudas de que lo hubiera estado, pero ¿ahora?
—Está bien —dijo Bella, quitando las manos de las suyas. Ella tomó su sándwich. Le dio un mordisco y masticó lentamente—. Entonces —comenzó con un aire de despreocupación—. ¿Lauren te acompañará en este viaje?
Quiso morderse la lengua en el momento en que lo dijo. ¿Qué estaba mal con ella esta noche?
Una mirada a Edward mostró que su rostro se había quedado cuidadosamente en blanco. Ella apartó la vista rápidamente.
—Sí —dijo lentamente—. Y Tyler. Y Mike. Tanya. Irina.
Bella tarareó.
—¿Entonces las cosas se reavivaron entre ustedes?
Edward hizo un ruido disgustado.
—Nunca estuvieron encendidas con ella. Tonteamos una vez en una fiesta.
—¿Por qué no? No vi el atractivo cuando la conocí una vez, pero... —Ella se encogió de hombros.
—Yo tampoco. Por eso nunca fue una cosa. Estábamos pasando el rato después de una larga semana, sintiéndonos bien. Eso es todo. Lo sabes.
—No te pongas a la defensiva. No necesitas defenderte de mí.
Él presionó su boca en una línea delgada pero no dijo nada.
—Mira, está bien. Sabes que está bien —dijo Bella, tratando de hacer su tono menos serio de lo que sentía. Tenía que desenterrarse de lo que había comenzado—. No Lauren. Solo digo que es algo agradable compartir con alguien de ideas afines. Sería algo bueno.
Eso definitivamente empeoró todo. El aire a su alrededor cambió a algo tumultuoso, y Bella se maldijo por dentro, sabiendo muy bien que ella lo había comenzado. Su mente había estado corriendo a una milla por minuto toda la noche. Algo sobre la imagen que él había presentado cuando ella entró: verlo allí en medio de todas las cosas en miniatura de Melody, guitarra en mano, cantando y mirando con adoración a su hija. Y luego ese momento en su cama. Y él le había hecho la cena.
Estaba cansada y sus cables se cruzaban. Eso era todo.
—Me voy de viaje con cinco personas de ideas afines —dijo Edward, con tono cuidadoso. Esperó un momento—. Pero, como dije, me gustaría compartir la experiencia contigo.
—Hacer senderismo en Olympic en invierno es un acto de pura locura —dijo, burlándose de él ahora—. De todos modos, salir con amigos es genial, pero eso no era de lo que estaba hablando. Debería haber más Laurens para ti. No creo que lo escuches lo suficiente, pero estos son tus años jóvenes y sin preocupaciones.
—Hice la cosa de joven y despreocupado, ¿recuerdas?
—Puedes ser joven y despreocupado sin violar la ley. Solo digo, si hay alguna razón por la que te estás conteniendo...
—Bella. —Se pasó las manos por la cara, apoyando los codos sobre la mesa—. ¿Por qué estamos hablando de esto? —La inmovilizó con la mirada—. ¿Te sentirías más cómoda si estuviera viendo a alguien?
—Esto no se trata de mí.
—¿No? No soy yo quien lo mencionó. Nunca lo soy. Cada vez, eres tú quien me pregunta. De la nada.
—Yo no... —Bella se frotó la nuca—. Mira, te lo dije. Me siento protectora contigo y no solo por tu seguridad. Solo soy consciente de que mantienes presionado el botón de avance rápido en tu vida. No quiero que te pierdas nada.
Él se rio.
—¿Como qué? ¿Relaciones sin sentido? —Apartó la vista por un momento y luego la volvió a mirar. Cuando volvió a hablar, su voz era suave, pero sus ojos eran intensos—. No las quiero. Te quiero a ti. ¿Eso es lo que quieres oír?
Bella se mordió el interior de la mejilla con fuerza. Ella no era una idiota. Ella veía la forma en que Edward la miraba a veces, y sabía que era confuso. Eran compañeros, y estaban bien juntos en muchas maneras. Sería tan fácil como respirar meterse en algo con él. Habían estado bailando alrededor de esta conversación durante años. Él no presionaba, pero cuando tenían pequeños momentos como antes, casi siempre era ella quien se apartaba.
Cuando ella no respondió, él suspiró.
—Entiendo que tenemos esta diferencia de edad. A veces me haces sentir como un niño pequeño.
—No creo que seas un niño pequeño.
—Ja. —Él rodó los hombros—. Lo haces y no lo haces. Te refieres a nuestras edades todo el tiempo, como si lo pensaras todo el tiempo.
Ella hizo una mueca. Ella pensaba en eso. Mucho.
»Y la forma en que hablas... A veces pienso que soy un mocoso inmaduro por querer las cosas que quiero. Ingenuo, incluso, porque para mí es simple. Nos gustamos. Nos atraemos. No entiendo por qué necesitamos más que eso para intentar algo más. Lo haces mucho más complicado. Y lo es. Tienes razón. Ambos teníamos muchas otras cosas que resolver y tratar por un tiempo en ese momento. Tenía sentido que fuera más complicado de lo que quería pensar que era, pero también pienso ¿y qué? La vida no va a dejar de ser complicada, ¿verdad?
—Edward. —Se frotó la sien—. Ni siquiera has tenido la oportunidad de ser un picaflor. Para cuando tenía tu edad…
—Mis veintes y tus veintes no tienen que verse igual. Mis veintes no son los mismos que los tuyos. Nunca pueden serlo. Tengo una hija, por el amor de Dios. Salgo con mujeres, y es un buen momento. No me malinterpretes. Son muy divertidas. Pero intenta que una mujer de mi edad comprenda que no quiero ir de fiesta toda la noche. No quiero hacer algunas de las estupideces que quieren hacer. Toman riesgos que no puedo creer. Tengo que volver a casa con Melody. Intenta explicárselo a esas mujeres. Que prefiero estar aquí, en tu casa, contigo y Mel. Y que te admiro. Te adoro. Digo muchas cosas buenas sobre ti. Se vuelven desconfiadas.
—¿Pero no entiendes cómo suena eso? Esto es exactamente lo que no quiero para ti. Quizás hago las cosas demasiado complicadas, pero este tipo de cosas son importantes. La razón por la que te involucras en algo importa a la larga. Tú me quieres, quieres más, porque crees que es la única opción que tienes. Eso no es justo. No lo es para ninguno de nosotros.
Su cara se arrugó pero luego se rio de nuevo.
—¿Ves? Eso tiene sentido, y me siento como un adolescente que simplemente no puede pensar bien las cosas.
—No quiero que te sientas así. Solo quiero…
—Lo mejor para mí. Lo sé. Porque soy demasiado joven para descubrirlo por mi cuenta. —No sonaba amargado, y cuando la miró, su expresión era calmada—. No voy a decir que no disfruto una mamada o una cogida cuando alguien me la ofrece. No estoy en contra de las experiencias casuales. Pero nunca he salido a buscarlas a propósito. No es así como estoy formado. Incluso con Victoria... toda la razón por la que fue capaz de hacerme hacer las cosas que hice fue porque iba en serio con ella. Me gusta serio.
»No creo que vaya a "volverme" resentido por no tontear más. Podría estar equivocado, pero tampoco creo que sea una garantía que estoy equivocado. Nada es una garantía. —Él se adelantó, agarrando sus manos e inclinándose sobre la mesa—. Bella, no creo que lo que siento por ti tenga algo que ver con que seas la única mujer en mi mundo que entiende dónde estoy. Ahora te conozco. Me dijiste una vez que no te involucrabas en una relación con un hombre que acababas de conocer, pero esos no somos nosotros. Ya no más.
»Eres la mujer más fuerte que he conocido. Todo este tiempo, pensé que si me querías, lo dirías, porque no tienes problema en perseguir lo que quieres. Pero no lo hiciste, así que yo no he dicho nada. —Él apretó sus manos con fuerza—. Pero si me quieres, entonces a la mierda todo lo demás. —Ahí estaba esa sonrisa sexy que enviaba escalofríos por su columna vertebral—. ¿El peor de los casos? Creo que hemos pasado por mucho peor que el otro.
Sus labios se torcieron, pero su corazón latía a una milla por minuto. Qué. Demonios. ¿Ella había comenzado esta conversación? ¿Qué se había metido en ella? Hablando de sentirse como una pequeña colegiala. Ella quería gritar sí, sí, sí.
Ella sí lo quería a él. Era confuso y se sentía mal de alguna manera, pero lo que el corazón quería...
—Es... es... un mal momento. —Se puso las manos en las rodillas, frotando—. Esta cosa que tenemos funciona. Melody es muy feliz. Estamos bien juntos como estamos.
»Crees que soy fuerte y que consigo lo que quiero, pero ahora mismo estoy dispersa. Una relación siempre ha sido secundaria para mí. No es lo más importante que quiero. En este momento, no sé lo que quiero primero. No sé cómo lidiar con mi falta de ambición. Nunca he odiado mi trabajo, y tenías razón. Eso es agotador. —Ella lo miró, sabiendo que sus ojos estaban suplicando—. Necesito que esta parte buena y feliz de mi vida sea estable. Si cambiamos nuestra dinámica, todo podría desmoronarse. En este momento, necesito lo que tenemos.
Él la miró fijamente por un largo tiempo, luciendo como si quisiera discutir. Al final, sin embargo, asintió lentamente.
—Está bien.
—¿Está bien?
—Sí, lo entiendo. —Él le guiñó un ojo—. ¿Ves cuánto he crecido? Te respeto y todo eso.
Ella se rio y extendió la mano para despeinar su cabello.
—Eres un príncipe. —Su sonrisa se suavizó. Ella sentía tanta ternura por este hombre—. Eres un buen hombre, Edward.
—Lo sé. —Él se paró—. Ahora, sé que aún es temprano, pero realmente pareces cansada. ¿Me dejarás acostarte?
Siguiéndole el juego, ella también se levantó.
—Con una condición.
—¿Cuál es?
—Quiero una canción de cuna.
Él se rio.
—Claro. A ver. —Sus ojos brillaron cuando tomó su mano—. Ya sé. Una viejita pero buena de mi infancia.
Ella arqueó una ceja.
—Oh, her eyes, her eyes make the stars look like they're not shinin'. Her hair, her hair falls perfectly without her trying. She's so beautiful and I tell her every day.
Bella gimió.
—De tu infancia —murmuró. Era una canción de Bruno Mars, una que salió en 2010, según recordaba.
—When I see your face, there's not a thing that I would change 'cause you're amazing, just the way you are —canturreó, y Bella sonrió.
¡Hola!
¿Nos cuentan qué les pareció el capítulo?
Muchas gracias por los comentarios en el capítulo anterior: bealnum, Lady Grigori, Luisa huiniguir, lalyrobsten, Tata XOXO, Car Cullen Stewart Pattinson, ariyasy, somas, Kriss21, aliceforever85, Elizabeth Marie Cullen, tulgarita, Leah De Call, Lizdayanna, Adriu, Smedina, Vianey Cullen, jupy, Amaya Cullen, kaja0507, rjnavajas, Melina y los anónimos.
¡Hasta el próximo capítulo!
