Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to LyricalKris. We just translate with her permission.

Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de LyricalKris, solo nos adjudicamos la traducción.


Bad Timing

Autora: LyricalKris

Traductoras: Flor Carrizo/Yanina Barboza

Beta: Melina Aragón


Capítulo 13

—Allí está ella. Allí está ella.

Bella sonrió, tratando de manejar el mouse alrededor de su inquieta niña. Melody puso su pequeña y siempre pegajosa mano sobre la de ella.

—Déjame hacerlo, mami. Quiero hacerlo.

Dejando de pretender que iba a ganar la lucha contra un teclado sucio, Bella dejó que su hija apretara el botón que conectaba la llamada por Skype con su querida tía Alice.

—¡Ali! —jadeó Melody—. ¡Y Jaspy! Hola, Jaspy.

Alice y Jasper intercambiaron una mirada y Alice le revolvió el pelo a su esposo.

—Aw, Jaspy. Te dije que estaría feliz de verte.

—Hola, bomboncito —dijo Jasper, con una sonrisa gentil—. Lamento haberme perdido tus últimas llamadas.

—Eso eta bien porque me mandaste esta cosa genial. —Melody levantó el creador de escenas que Alice y Jasper le mandaron. Tenía setenta y siete piezas, la mayor parte de las cuales estaban destinadas a terminar en cualquier parte menos donde deberían estar, que le permitían usar stickers y un tablero de dibujo borrable para producir escenas que se movían.

—¿Es la única razón por la que le perdonas tener una vida más allá de ti? —preguntó Bella, sacudiendo su cabeza.

Melody miró sobre su hombro con una expresión perpleja antes de volver su atención a Alice y Jasper. Por un par de minutos, les contó emocionada sobre las historias que estaba creando con su nuevo juguete. Ellos la escucharon atentamente, haciendo preguntas y resaltando cuan inteligente y divertida era.

Para el momento en que el regazo de Bella estaba agotado, Melody estaba brillando por la felicidad. Besó un lado de la cabeza de su hija.

—Ve a practicar, nena. Papi debería estar aquí en cualquier momento y hoy es día de guitarra.

Después de que Melody corrió a buscar su preciosa guitarra en miniatura, Bella se giró otra vez hacia la computadora ante el sonido de la risa de Alice.

—¿Qué?

Los ojos de Alice bailaban.

—Nada. En mi vida libre de niños, tú llamando papi a un tipo tiene un significado completamente diferente.

—Dios. —Bella puso sus manos sobre sus ojos—. No empieces con eso otra vez.

—¿Otra vez? —dijo Alice bruscamente y Bella hizo una mueca—. ¿Cuándo empecé esto antes?

—Nada. No importa.

—Oh, no. Nada de no importa. Si yo no empecé esto antes, alguien más lo hizo.

—Creo que nuestra Bella tiene algo en la mente —dijo Jasper, su voz burlona.

Bella espió entre sus dedos, observando a sus amigos.

—Ustedes siempre tan observadores.

A su lado, Alice gritó:

—¿Pasó algo entre tú y Edward?

—Sí. Tuvimos una aventura de una noche y creamos un ser humano.

—Bella. —Alice sacudió su cabeza—. Estoy hablando de recientemente, no de la historia antigua.

—No tan vieja —murmuró Bella, escuchando a Melody comenzando a tocar su guitarra.

—No tienes miedo de que vuelva a pasar, ¿no? —preguntó Jasper, todavía bromeando—. Quiero decir, solo usen dos métodos de protección, cariño.

—Ja.

—Pero esto no es de lo que estamos hablando, ¿cierto? —dijo Alice, un poco más seria ahora—. O sea, corrígeme si estoy equivocada. Recuerdo que dijiste que la atracción era algo inevitable. Podrías haber tenido a Edward en cualquier momento que quisieras en los últimos tres años.

—No es difícil tener sexo —musitó Jasper—. ¿Quieres más?

Bella rodó sus ojos.

—No. ¿Saben qué? No pasa nada. Es mi versión de crisis de los cuarenta.

—¿En qué consiste exactamente tu crisis de los cuarenta? —Alice sonaba más divertida que preocupada.

—Oh, hombre. —¿Realmente era una buena idea admitirlo en voz alta?—. Una completa regresión de edad. Me siento como si tuviera diecisiete otra vez y me molesta.

Diecisiete otra vez es la película preferida de Zefron de Jasper.

Jasper se giró a mirar a su esposa, horrorizado.

—Nena…

Alice se rio y Bella sonrió.

—No te preocupes. Todos tienen una fase Zefron —lo tranquilizó Bella.

—Está bien. Diecisiete otra vez. ¿Por qué? —preguntó Alice.

—No de la forma buena, por supuesto. No puedo comer McDonald's una semana entera y no engordar. Solo… pienso en él todo el tiempo. Y cuando me sonríe se me sonrojan las mejillas y se me acelera el corazón. —Arrugó la nariz—. Y tengo ataques de ira irracionales cuando se acuesta con pequeñas rubias que no son ni de cerca suficientes para él.

—Aw, un enamoramiento.

Bella les contó sobre su conversación con Edward unas noches atrás. Cuando terminó, se encontró a sí misma sonriendo otra vez, una sonrisa tierna cuando un calor demasiado familiar la invadió.

—Realmente ha madurado bien, ¿no?

—No lo sé. Este bastardo solo me canta cuando quiere tener sexo. —Alice golpeó juguetonamente a su esposo.

Él atrapó su mano y le sonrió, presionando su palma contra su pecho.

—¿Qué? ¿Crees que no te canto porque llenas mi corazón con canciones todos los días?

Bella podía ver el sonrojo de Alice claramente incluso a través de la cámara.

—Chicos, son desagradables.

—¿Celosa? —Alice meneó sus cejas.

Bella suspiró.

—No realmente. Tal vez por eso esto se siente más complicado de lo que debería ser.

—Nunca estuviste interesada en una relación después de James.

—No estaba realmente interesada antes de James. Con él y antes de él, solo terminé cayendo dentro de relaciones. Si seguía saliendo con un chico, supongo que creía que era lo que se suponía que debía hacer. Solo estar con ellos. Tratar de averiguar si él podía ser mi para siempre. —Se encogió de hombros—. Pero nunca fue importante para mí. —Sonrió con tristeza, escuchando los sonidos que hacía Melody, la mayoría fuera de tono—. Relaciones y niños. Siempre fueron una idea vaga del tipo "eh, tal vez sería agradable".

—Pero tienes a la niña —dijo Jasper.

—Y la amo. Saben que no me arrepiento ni resiento lo que tenerla me ha costado. Ella es una aventura increíble que no pude predecir.

—¿Tal vez solo sientes que si tienes a la niña genial y comienzas una buena relación, perderías las cosas que realmente deseas y por las que trabajaste?

—Eso suena como si tuviese miedo. —Rodó sus hombros, erizándose por eso—. Tal vez tengo miedo. Pero no por cuestiones supersticiosas de que no puedo tenerlo todo. Hay otras cosas que también hay que considerar. Mel es feliz. Edward y yo funcionamos muy bien como familia de la forma en que estamos ahora. Y podemos seguir eludiendo el hecho de que él es mucho menor, pero diecisiete años de diferencia causará algunas complicaciones. Simplemente es así. Ha madurado mucho los últimos tres años. Es un buen hombre con ambiciones y pasiones, pero todavía estamos en páginas diferentes.

—¿Lo están? —preguntó Alice—. No por nada, Bella, estás considerando un cambio de carrera. Si haces un cambio de carrera, ambos estarán en un lugar similar, solo que con una niña en casa. Seguro tú estás mejor. Tienes dinero en el banco y diecisiete años de vivir una vida adulta de tu lado, pero esas son páginas bastante similares.

—Hummm. Regresaré a los comienzos de mis veinte. Perfecto.

—Regresar no es la palabra. Muchas personas son sacadas del camino que querían estar. La mayoría, creo. Solo pasó cerca del final para ti. Esa caída apesta un poco más.

—Y no creo que hayas caído hasta el suelo —dijo Jasper—. Todavía eres una mujer exitosa, pateando traseros y tomando crédito por lo que haces. No te gusta tu trabajo. No te gusta tu jefe o la mayoría de tus compañeros, pero eres buena en lo que haces.

—Lo solucionarás. Edward tiene razón. Tienes tiempo. Y habla con Edward… —Alice sonrió—. Creo que la conclusión es que no hay una respuesta clara. La diferencia de edad es incómoda, pero al final del día, si ustedes trabajan bien juntos, si son felices, ¿por qué no? —Extendió la mano, acariciando la mejilla de Jasper con sus nudillos—. Una vez fui una mujer soltera feliz. Podría haber tenido una vida buena, completa y feliz como una mujer soltera. Pero también tengo una hermosa vida porque somos buenos juntos.

La sonrisa en respuesta de Jasper fue suave y adoradora. Él envolvió sus dedos en los de ella y le besó las yemas. Luego, volvió a mirar a Bella.

—Edward tenía razón, B. No estarías metiéndote en algo con un extraño. Honestamente, tú y Edward han funcionado como una pareja real en muchos niveles, no solo con Melody, sino entre ustedes. Tú lo motivas. Y él te apoya en hacer lo que sea necesario para ser feliz en tu carrera. —Él se encogió de hombros—. Diablos, cariño, no lo sé. Tal vez lo único que cambiaría es que tendrías sexo con regularidad.

Alice rio disimuladamente.

—Con un tipo que probablemente todavía puede aguantar toda la noche, todas las noches. Podría agotarte. Montarte duro y dejarte mojada y luego arrastrarte para la ronda doce. Solo agárrate fuerte al poste de la cama.

—¡Alice! —Bella se cubrió la cara con las manos, ocultando el rubor.

—Oye, yo puedo aguantar toda la noche —dijo Jasper, pero Bella se distrajo de la alegre discusión en las que cayeron sus amigos.

En otra parte de la casa, escuchó el sonido de la puerta principal abriéndose. El punteo desentonado de Melody se cortó, y se oyó el sonido de sus pies corriendo por el piso de madera mientras gritaba:

—¡Papi, papi, papi!

Detrás de sus manos, Bella formó una sonrisa demasiado amplia y su corazón se saltó un latido.

—Maldito enamoramiento —murmuró.

~0~

No era que Bella odiara a sus compañeros de trabajo. La mayoría de ellos estaban bien. Ella simplemente empezó con el pie izquierdo con los que habían estado allí cuando comenzó en el canal. No había estado en un buen lugar, demasiado a la defensiva. La ciudad en su conjunto era más conservadora que de donde ella venía. Una futura madre soltera nunca los impresionaría, especialmente cuando corrían rumores sobre cómo había terminado en su pequeña ciudad.

De cualquier manera, agradable o no, Bella había aprendido temprano en su carrera a no apartar a nadie. Nunca sabías quién sería útil tener como amigo en el futuro.

A Bella realmente le agradaban Maggie y Siobhan. A pesar del hecho de que Maggie tenía veintitantos años y Siobhan cuarenta y tantos, eran una pareja bien emparejada. Maggie le recordaba mucho a ella cuando tenía esa edad, ansiosa por demostrar su valía. Ella jugaba bien el juego conservador, pero había sido lo suficientemente observadora como para considerar a Bella como una aliada. Fue un buen movimiento de su parte. Bella podía ser persuadida para producir segmentos que muchos de los demás no harían.

Siobhan estaba a cargo de casi todos los menores entre bastidores. Maquillaje, operadores, pasantes cuyo único trabajo era ir a buscar café: ella dirigía el espectáculo. Tenía el poder suficiente como para no dudar en decirle a casi cualquiera en el estudio cuando estaban siendo hipócritas o esnobs estirados. Podía salirse con la suya, y Bella pensaba que era hilarante.

Así que cuando las dos mujeres trataron de convencer a Bella de que ya era hora de pasar una noche en la ciudad, no tuvieron que presionar mucho para convencerla. Su niñera habitual estaba libre, así que era un trato hecho.

Después de unas copas en un bar, Maggie logró convencer a las otras dos de que el karaoke era el camino a seguir. Que era donde estaba Bella, escondida en un rincón para tener una excusa para no subir, cuando lo inevitable sucedió.

Solo estaba prestando atención a medias cuando Maggie lanzó un silbido largo y bajo.

—Ay, Dios. Te lo voy a decir ahora mismo, no me importa cómo canta este. Ni siquiera me importa lo que cante. Él gana.

—No es una competencia, Mags —se rio Siobhan.

—¡No me importa! Él gana.

Siobhan miró hacia el escenario y se lamió los labios con lascivia.

—Oh, diablos. —Golpeó la mesa con la mano—. Tomaré ese boleto para Cougarville.

Mientras las otras dos se reían, Bella echó un vistazo a quien habían estado mirando. Ella se sobresaltó y tuvo que ocultar un gemido.

Edward estaba ahí. Estaba de pie junto a la chica del karaoke, hojeando el libro de canciones. El estómago de Bella se revolvió con disgusto cuando vio a Lauren parada a su lado, sonriendo y susurrándole al oído. Él se rio de algo que ella dijo y negó con la cabeza.

Mirando alrededor del bar, Bella vio una mesa llena de rostros familiares. Los amigos de Edward del trabajo. Así que era una salida de trabajo como la de ella. No podía negar la pizca de alivio que la atravesó, por ridículo que fuera. Ya le había dicho que no estaba interesado en Lauren. Bella trató de convencerse a sí misma de que solo estaba irritada en nombre de Edward como amiga.

—No te preocupes, Mags. No voy a tentarlo con todo esto. —Siobhan señaló su amplia figura—. Es demasiado injusto, y tú lo viste primero. Ve a conseguirlo, chica. Esa rubiecita no tiene ninguna posibilidad una vez que él te vea.

Bella se llevó el vaso a los labios y bebió el resto de su bebida en uno, dos, tres grandes tragos. Dejó el vaso sobre la mesa quizás con demasiada fuerza, ya que hizo que las otras dos bebieran.

—Necesitamos shots —anunció y se puso de pie, dirigiéndose hacia la barra antes de que pudieran decir una palabra.

No podía decir si era una bendición o una maldición que Edward y sus compañeros de trabajo nunca se hubieran conocido. El canal intimidaba a Edward; odiaba verse como un niño delante de cualquiera. Por otra parte, la única razón por la que sabía cómo eran sus compañeros de trabajo y amigos era porque había recogido a Melody en su casa justo antes de que él se fuera de campamento.

Fue entonces cuando conoció a Lauren. Ella abrió la puerta de su apartamento como si fuera la dueña del lugar y miró a Bella de arriba abajo con un dejo de desprecio en la curva de sus labios.

Así que eres la madre de Melody.

Bella desestimó el pensamiento mientras se acercaba sigilosamente a la barra. Se negaba a sentirse inferior a una idiota de veintitantos. Por supuesto, no dolía haber atrapado a un idiota de veintitantos años mirándole descaradamente el trasero mientras se apoyaba en la barra. Después de todo, no había nada de malo con una pequeña afirmación. Sabía que todavía se veía bien.

Por otro lado, la atracción nunca había sido el problema.

Unos minutos más tarde, estaba en camino de regreso a su mesa cuando se detuvo en seco.

—Oh, por el amor de Dios.

Siobhan tenía a Edward en sus garras. De alguna manera lo había subido al escenario y estaba cantando "Does Your Mother Know" de Abba, la versión de Mama Mia que mostraba a una mujer mayor rechazando a un hombre mucho más joven. Ella sostenía la mano de Edward con su mano libre, bailando con él mientras cantaba:

—You're so hot, teasing me. So you're blue, but I can't take a chance on a kid like you, it's something I couldn't do. There's that look in your eyes. I can read in your face that your feelings are driving you wild. Ah, but boy you're only a child.

Las mejillas de Edward estaban rojas como remolacha, pero estaba sonriendo, claramente desconcertado. Él balanceaba sus caderas bailando con ella, y Bella trató de ignorar el retortijón en su estómago mientras se dirigía a su mesa. Maggie se llevó los dedos a la boca y silbó ruidosamente, aplaudiendo y riendo de las travesuras de Siobhan.

—Ella dijo que sería mi copiloto —dijo Maggie, inclinándose para hablar con Bella—. Asegurándose de que él sepa que ella está prohibida para que se vuelva hacia mí. —Ella se rio—. ¿Crees que debería ir por él?

Bella abrió la boca, pero no salió nada más que un ruido estrangulado. Se frotó la nuca.

Maggie era exactamente el tipo de persona que a ella, como amiga, le encantaría ver con Edward. Ella era divertida e inteligente. Ambiciosa.

Le gustaba el senderismo.

Pero antes de que tuviera que responder, Siobhan había llevado su fiestita de baile a su mesa. Golpeó a Edward por la cadera y él, amablemente, se acercó para tomar a Maggie de la mano. Bella se apretó contra la pared, pero no lo suficientemente rápido. Sabía que Edward la vio, pudo ver el destello de entendimiento y la forma en que su sonrisa arrogante se desvaneció, pero él fue arrastrado hacia el escenario antes de que cualquiera pudiera reaccionar.

Bella presionó una palma contra su mejilla caliente, sacudiéndose la cabeza a sí misma. Necesitaba malditamente controlarse. Podía ver a Edward mirando por encima del hombro para verla. Hizo un esfuerzo por sentarse derecha y sonreírle, aplaudiendo junto con el resto del bar.

El conflicto se agitó dentro de sus entrañas, y lo odió. El dramatismo. Incluso si ella tuviera una razón para ser posesiva, y no la tenía, él no estaba haciendo nada. Se estaba dejando llevar, siendo un buen chico. Odiaba el destello de ira que sentía hacia sus amigas, doblemente ridículo ya que no tenían forma alguna de saber que Bella tenía alguna conexión con un veinteañero desconocido en un bar.

Al final de la canción de Siobhan, Bella observó el intercambio de Edward y Maggie. Ella agitó su cabello y mostró esa sonrisa que la pondría detrás de un escritorio de presentadora un día. Edward inclinó la cabeza, devolviéndole la sonrisa. Se inclinó un poco demasiado cerca, pero luego extendió un brazo y se alejó.

Él había dejado que Maggie fuera delante de él en la cola del karaoke, se dio cuenta cuando pudo volver a ver con claridad. Bella saltó cuando Siobhan se tiró pesadamente en el asiento junto a ella, dándole una palmada en el hombro.

—Lo hicimos bien. Una de nosotras va a tener sexo esta noche. Quedan dos —dijo, riendo estruendosamente.

Bella se erizó. Afortunadamente, estaba lo suficientemente ruidoso como para que cualquier ruido vago que hiciera pasara como una respuesta aceptable. Vio a Edward regresar a su asiento con sus amigos. Como si necesitara más razones para dejar de ser una idiota irracional, notó que la expresión de Lauren reflejaba lo que sentía. Era probable que su rostro se viera exactamente igual.

Maggie, por supuesto, tenía una voz sexi y sensual que usó para cantar "Any Man of Mine" de Shania Twain. Como cualquier artista habitual de karaoke, tenía una rutina preparada. Hubo meneos de trasero bien colocados, sonrisas descaradas lanzadas sobre su hombro y una voz que rezumaba descaro.

Los amigos de Edward, menos Lauren, silbaban y gritaban, golpeándolo en la espalda.

Bella soltó una ráfaga cuando Maggie regresó a su asiento. Pero luego fue el turno de Edward, y cuando el presentador anunció su nombre, caminó con un paso arrogante. Para entonces, su cabello estaba despeinado, en el lado largo del corto y solo se agregaba al atractivo sexual. Había muchos ojos sobre él, y la sonrisa en su rostro decía que lo sabía.

El ambiente en el lugar estaba desmadrado, y Bella esperaba que Edward actuara para sus alborotadores amigos y cantara alguna versión zalamera de una canción de Taylor Swift. En cambio, un ritmo más lento y familiar llenó el aire. El bar se calmó cuando Edward comenzó a canturrear:

—Day after day, I'm more confused. Yet I look for the light through the pourin' rain. You know that's a game that I hate to lose. And I'm feelin' the strain, ain't it a shame. —"Drift Away" de The Doobie Brothers.

Bella tuvo que ocultar su cara caliente. Su voz fuerte y conmovedora. Esas palabras. Matándola suavemente con su canción, de hecho.

—Necesito un poco de aire —murmuró a sus amigas antes de levantarse de la mesa.

—¿Estás bien, cariño? —dijo Maggie, con la voz mezclada con preocupación—. ¿Necesitas que vaya contigo?

—Estoy bien. Solo necesito unos minutos para, eh, hacer una llamada telefónica.

Con esa excusa poco convincente, se encaminó hacia la puerta. Se dirigió al porche de fumadores a pesar de que no le gustaba el olor a cigarrillos. Se movió hasta el borde mismo del porche donde tenía una burbuja de espacio de buen tamaño a su alrededor, y podía sentir el aire frío en su cuerpo demasiado caliente.

Se estaba volviendo loca y estaba a punto de colapsar. La voz enamorada en su cabeza gimió. ¿Por qué? ¿Por qué diablos se estaba negando esto? La voz racional en su cabeza se hacía cada vez más pequeña.

Con un poco de alcohol en ella, escuchó la absurda verdad susurrada con una voz tímida en su oído.

La primera vez que cedió a la tentación de Edward, perdió todo lo que valoraba. Algo tan destructivo. Ella había estado en la edad adulta, era económicamente segura y responsable, a pesar de un embarazo accidental. Cuando quedó embarazada, había pasado la adolescencia hacía diecisiete años. Aparte del impacto obvio de tener un hijo, no debería haber tenido un efecto tan profundo en su vida.

Se había preguntado más de una vez, si hubiera sabido con certeza cuánto le costaría, ¿seguiría eligiendo continuar con el embarazo? Ella siempre había deseado su trabajo más que un hijo.

Pero era un pensamiento estúpido e inútil. Fue una elección hecha por ella. Ella había continuado con el embarazo. Había vuelto a ver a Edward, y el resto fue un efecto dominó. Como les había dicho a Alice y Jasper, no se arrepentía de su dulce y preciosa hija.

Sin embargo, Edward. Edward aún podría costarle.

De todos modos, ¿de dónde diablos había salido todo esto? ¿Cuándo se había enamorado tanto? Diecisiete otra vez, como había dicho. Los adolescentes siempre estaban tan seguros del amor. Su corazón susurraba su nombre con cada latido. No tenía idea de lo que sería cuando creciera, pero sabía que lo iba a querer a él para siempre.

No se sorprendió cuando sintió una presencia detrás de ella. Definitivamente no necesitaba girarse para ver quién era. Su mejilla se crispó cuando él se apretó cerca, podía sentir su calor. La enmarcó, uno de sus brazos a cada lado de los de ella.

Sostenía un porro sin encender entre dos dedos.

Ella se burló en voz baja. Era un movimiento atrevido. La marihuana era legal en Washington, pero no en público. Se estaba arriesgando a una citación, pero ella sabía exactamente lo que estaba haciendo.

—¿Te importa? —murmuró cerca de su oreja.

Él todavía lo recordaba.

Ella también.

—No, no me importa. Han pasado años desde que me di el gusto. —Específicamente desde la noche en que crearon una niña.

Su aliento cayó caliente en la parte de atrás de su cuello.

—¿Te lo doy?

Su corazón latía con fuerza contra su pecho.

Solo un beso, la engatusó la enamorada voz en su cabeza. No volverá a suceder. Imposible. Bella tenía que volver a casa en media hora para relevar a la niñera.

Solo un beso.

Tal vez eso rompería el hechizo.

Se giró en sus brazos, levantando la barbilla.

—Dámelo.

Sus ojos buscaron los de ella incluso cuando se llevó el porro a la boca, sosteniéndolo entre los labios mientras levantaba un encendedor. Bella no bajó la mirada para mirar a su alrededor. Estaba atrapada en su mirada, un torbellino de recuerdos mezclados con el poder que tenía para despertar y excitar sus sentidos. ¿Cuándo se había convertido de nuevo en esta persona? Seguro de sí mismo. Incluso un poco arrogante. Sexi. Solo una pizca de chico malo agregada para la emoción. Sin embargo, ella también conocía su lado tierno. Ella lo había visto destruido. Ella lo había visto sufrir. Lo había visto sufrir y lo había visto derretirse al ver a su hija recién nacida.

Sus labios se cerraron alrededor del porro mientras daba varias caladas para encenderlo. Luego, respiró hondo. Puso su mano libre en su cintura mientras agachaba la cabeza y presionaba su boca abierta contra la de ella. Él respiró dentro de ella, llenándola de humo y de él. Se demoró unos segundos más de lo necesario antes de retirarse, apagando el porro mientras lo hacía.

La cabeza de Bella daba vueltas. Alcohol. Marihuana. Él. Estaba ebria, y no era difícil averiguar qué sustancia la mareaba más.

Ella presionó la palma contra su pecho y tomó un puñado de su camisa en su mano, acercándolo a ella. Él encontró sus labios fácilmente, su beso tan hambriento como el de ella. Ella lamió el sabor agridulce de lo que fuera que había estado bebiendo de sus labios.

Hechizo no roto.

Hechizo mucho, mucho peor.


¡Hola!

¿Nos cuentan qué les pareció el capítulo?

Muchas gracias por los comentarios en el capítulo anterior: ariyasy, Tata XOXO, Luisa huiniguir, Kriss21, Car Cullen Stewart Pattinson, Lizdayanna, Adriu, Lady Grigori, somas, Leah De Call, Bell Cullen Hall, Vianey Cullen, tulgarita, bealnum, Smedina, Elizabeth Marie Cullen, kaja0507, BereB, aliceforever85, rjnavajas, jupy, Cinti77, Jade HSos y Karen CullenPattz.

¡Hasta el próximo capítulo!