BECAUSE I'M A TOY
by: bxbohuist
dc: Corazón de Melón es propiedad de ChiNoMiko y Beemoov.


Melody cruzó las piernas y se llevó el bolígrafo a la boca, no prestando demasiada atención a lo que el profesor estuviera diciendo. Algo sobre el cubismo, al parecer. Pero es que no podía dejar de darle vueltas al mismo tema por mucho que quisiese.

«Actúa indiferente, como si lo hubieras superado». ¿Cómo iba a hacerlo si ni siquiera lo había superado? Y, encima, a veces volvía a llorar cuando recordaba todo lo que había pasado. Además, por lo que había dicho Iris, ni siquiera era buena actriz. Dejó el bolígrafo en la mesa y suspiró demasiado fuerte al parecer, porque la atención del profesor (y del resto de sus compañeros) se dirigió hacia ella.

«Joder…»

—Melody, ¿tiene alguna opinión al respecto sobre el tema que quiera compartir con nosotros? —no pudo evitar sonrojarse de la vergüenza y negó con la cabeza.

—N-No, lo siento… —escuchó una risa al fondo del aula y se contuvo todo lo que pudo para no girarse y asesinar con la mirada a su dueño, apretó un poco más de lo que debería el borde del pupitre, canalizando un poco su enfado— Lo siento por interrumpir, profesor.

—De acuerdo, Melody, no se preocupe. Como iba diciendo… —el señor se dio la vuelta, apuntando algo en la pizarra, continuando con su explicación, y Melody hubiera empezado a copiar de no ser por Alexy.

—¿Muy ocupada pensando en Nathaniel? —El peliazul apegó su pupitre al de ella y colocó su libro entre los dos. Melody lo miró y negó con una expresión de derrota.

—Más bien ocupada pensando en cómo no pensar en él —contestó volviendo la mirada al folio en blanco. Sintió la mano de Alexy sobre sus hombros, dándole consuelo—. La teoría de "actúa indiferente" me la sé, pero la práctica… es mucho más difícil…

—Bueno, Mel, poco a poco, nadie dijo que fuera fácil… Ha sido algo intenso y es normal que te cueste —Alexy le dio un pequeño apretón en el hombro antes de descansar su brazo sobre el respaldo de su asiento. La ojiazul asintió en silencio y empezó a copiar rápidamente, antes de que el profesor borrase la pizarra para explicar cualquier otra cosa, pero Alexy volvió a hablar—. Eh… ¿sabes por qué Castiel me está tirando cuchillas por los ojos?

—¿Qué? ¿Qué dices? —Melody lo miró extrañada, recibiendo la misma mirada por parte del peliazul— Castiel mira así a todo el mundo, ¿estás seguro de que no estás exagerando?

—Te lo juro, creo que si pudiera me tiraría por la ventana, Mel —Alexy volvió a girar la cabeza hacia atrás y Melody lo imitó.

Efectivamente, si las miradas mataran, ya no habría Alexy. ¿Pero qué le pasaba a ese chico? Melody frunció el ceño en cuanto sus ojos se encontraron y se giró, dándole la espalda. Alexy la imitó poco después y quitó el brazo del respaldo. No lo entendía.

La clase terminó con un par de tareas por parte del profesor Farrés a pesar de las quejas de algunos alumnos, quejas que fueron interrumpidas por la entrada de la directora que, tras una breve conversación con Farrés, se dirigió hacia ellos.

—Bellerose y Bonnaire, necesito que vengan conmigo un momento.

Melody, quien estaba sacando su almuerzo, detuvo sus movimientos en seco. ¿Había escuchado bien? Se giró hacia Alexy, que la miraba igual de confundida que ella, por lo que sí, había escuchado bien. Iba a preguntar algo, si no se había equivocado de persona, pero la paciencia de la directora era muy poca.

—¿Me han escuchado? He dicho que vengan conmigo, dense prisa y así no perderán más tiempo del descanso —Melody se levantó como un resorte de la silla y se dirigió hacia ella, que ya había comenzado a salir del aula, seguida de Castiel.

El teléfono de Melody vibró y lo sacó del bolsillo de su cárdigan, ralentizando el paso. Era un mensaje de Alexy.

Alexy ❤
Has hecho algo? Qué ha pasado?

Melody alzó un poco la cabeza, comprobando que no la estaban mirando, y contestó:

No he hecho nada…
No lo sé, luego te cuento

Bloqueó la pantalla y se guardó el móvil en el bolsillo. Alzó la mirada, encontrándose a Castiel de pie al lado de una de las taquillas, pero no había rastro de la señora Shermansky, por lo que se apresuró hasta llegar a él.

—¿Qué haces? —le preguntó, reanudando el paso hasta el despacho de la directora con Castiel al lado.

—Te estaba esperando —contestó encogiéndose de hombros, como si fuera lo más obvio. Melody lo miró incrédula y se cruzó de brazos.

—Ya —soltó. Castiel bufó y frunció el ceño.

—Eh, nos ha llamado a los dos, y yo tampoco quiero estar a solas con esa mujer —el pelirrojo replicó—, además, no tiene paciencia y no creo que te hubiera gustado la regañina por llegar tarde.

—Qué detalle de tu parte —comentó sarcástica y Castiel chasqueó la lengua.

Melody adelantó a Castiel y se asomó a la puerta de la sala, encontrándose a la directora en su mesa, ojeando unos papeles. Dio un par de toques en el marco de la puerta, llamando su atención.

—Se han tomado su tiempo, pasen —dijo la mayor, un poco arisca por haber tenido que esperarlos más de lo que le hubiera gustado. Melody balbuceó una disculpa y entró, seguida de Castiel—. Siéntense, por favor —les indicó los dos sillones frente a su escritorio—. Estoy segura de que se preguntarán por qué los he llamado.

—Sí, un poco sí, la verdad —contestó Castiel, claramente molesto, y Melody, a su pesar, concordó con él, asintiendo con la cabeza. La directora le dirigió una mirada de advertencia antes de continuar. Castiel, siendo Castiel, apoyó la espalda en el respaldo, recostándose un poco; la castaña, por su parte, apretó los bordes de su falda, un poco nerviosa.

—La cuestión es que —continuó— las notas del señorito Bellerose no son especialmente las mejores —hizo una breve pausa mientras colocaba los últimos exámenes de Castiel demostrando que, efectivamente, la mayoría estaban suspensos— Y estando en el último curso, como entenderá, no podemos permitir eso.

—¿Qué quiere decir? —Melody se atrevió a preguntar por los dos, a pesar de que ya se sabían la respuesta. La señora Shermansky miró a Melody por encima de sus gafas.

—Eso, señorita Bonnaire, quiere decir que si las notas de Bellerose no mejoran para los próximos exámenes no nos queda otra que repetirle de curso.

Castiel se enderezó y colocó las manos en el escritorio, visiblemente molesto. De la impresión, Melody se echó un poco para atrás, a diferencia de la directora, que se mostró impasible y lo miraba un poco indiferente, como si estuviera acostumbrada.

—Lo entiendo, mejoraré mis notas y todo eso, ¿pero ella qué tiene que ver aquí? —cuestionó, señalando a Melody, que normalmente se habría mostrado un poco molesta, pero esta vez le tocaba darle la razón, ella tampoco entendía qué hacía ahí. Melody, más por inercia que por otra cosa, llevó una de sus manos hacia el brazo de Castiel, indicándole que se echara un poco para atrás.

—Eso no nos va a servir ahora, Bellerose —replicó Shermansky, completamente seria—. No es la primera vez que tenemos que advertirte lo mismo —Castiel se sentó y Melody lo soltó—, por eso he llamado a Bonnaire.

—¿Perdón? —contestó Melody, completamente perdida.

—Señorita Bonnaire, usted está en el programa de apoyo —dijo, y Melody comprendió de inmediato lo que pretendía, al igual que Castiel, al parecer, que bufó y masculló algo inentendible—. Lo que pretendo llamándolos aquí es que usted le dé clases particulares al señorito Bellerose.

«¡¿Qué?! No puede ser, me niego», pensó Melody, y no le faltaban ganas para gritarlo. ¿De verdad tenía tan mala suerte? Melody se llevó una mano a la sien, masajeándola. De todo el estrés tan repentino le estaba dando migraña.

— Creo que puedo manejar mis notas sin ayuda de nadie, especialmente de una niña engreída —soltó Castiel iracundo. Melody se apartó la mano de la cara para fulminarlo con la mirada.

—A mí me hace la misma gracia que a ti, créeme —murmuró enojada. Se giró hacia la directora y apoyó sus manos en el escritorio—. Señora Shermansky, estoy segura de que tiene que haber otra solución.

—Es la única solución viable, señorita —respondió la mujer, colocando otros papeles al lado de los exámenes de Castiel. Estos eran los últimos exámenes de Melody, unas notas que rozaban la perfección y que opacaban completamente las del pelirrojo—. Usted es una alumna ejemplar y creemos que, con su ayuda, es posible que Bellerose consiga graduarse.

—Pero…

—Tómeselo como un repaso para sus propios exámenes, señorita —la directora volvió a guardar los exámenes en unos ficheros mientras que Melody se replanteaba todas las decisiones de su vida— Ya se pueden marchar, espero buenos resultados por parte de ambos.

Castiel fue el primero en levantarse e irse y Melody lo siguió tras despedirse de la directora. Estaba tan perdida que se chocó con su espalda al cerrar la puerta del despacho.

—¡Ay! —chilló, sobándose la nariz.

—El viernes en mi casa a las seis —espetó el pelirrojo, cruzado de brazos. Melody lo miró, un poco confusa—. Para estudiar, niña, no te hagas ilusiones.

—Ya lo sé, ¿pero por qué en tu casa? Podemos quedar en la mía o en la biblioteca —replicó. Si tenía que ser sincera, a Melody no le hacía mucha gracia ir hasta la casa del pelirrojo, sabía que vivía solo y la ponía un poco incómoda. Estar los dos solos… no. Además, Castiel ya sabía dónde vivía, ¿no?

—Porque mi casa es mucho más tranquila, vivo solo, ¿recuerdas? —Melody asintió—. Pero no te preocupes que no te voy a comer, no me van las niñas buenas —se burló, y Melody solo pudo sonrojarse de la vergüenza.

—Dios, no te soporto —se cruzó de brazos y desvió la mirada, intentando esconder sus mejillas rojas. Castiel solo se rio y le acomodó un mechón detrás de la oreja, como si fuera algo natural entre los dos. Melody giró la cara hacia él, mirándolo un poco sorprendida por aquel movimiento tan repentino y se apartó un par de pasos en cuanto se dio cuenta de la cercanía que había entre ambos—. C-Como sea —carraspeó—, pensaba que te ibas a negar y que me ibas a decir que ni se me ocurriera insistir con el tema.

—Bueno, normalmente lo haría —Castiel enderezó la espalda y se apoyó de costado en la pared—. Pero mí también me interesa graduarme, no quiero pasar otro año aquí —contestó.

—Ya veo… Supongo que tienes razón.

—Ajá, además… —pero, antes de que Castiel pudiera acabar la oración, fue interrumpido por alguien más. La castaña observó como la mirada de Castiel pasó de neutral a una de completo desagrado, por lo que se giró, encontrándose con Nathaniel. Melody frunció el ceño y retrocedió unos pasos hasta chocar con el pecho de Castiel, algo que no le importó en ese momento.

—Melody, te estaba buscando —dijo el rubio, pasando sus ojos de la ojiazul al pelirrojo y viceversa. La castaña sintió como Castiel se apartaba de ella, con intenciones de marcharse por lo que, por razones que desconoce completamente, lo agarró flojito de la chaqueta, pidiéndole de manera silenciosa que se quedase. Para su sorpresa, el pelirrojo suspiró y se quedó en la misma posición en la que estaba, pero con unos centímetros entre ellos.

—¿Qué pasa? —preguntó Melody sin soltar la chaqueta. Nathaniel pareció fijarse en aquel detalle, porque su rostro, normalmente calmado, se mostró un poco molesto.

—Necesito tu ayuda en el despacho —el rubio parecía no poder despegar la mirada del agarre de Melody, pero ella tampoco era capaz de soltarlo.

—Verás… Es que no puedo, lo siento —se disculpó.

—Es algo muy rápido, de verdad —insistió el rubio.

Castiel, que hasta ese momento había estado viendo la conversación entre aquellos dos, sintiendo hasta un poco de pena por la castaña, se metió. Pasó uno de sus brazos por los hombros de Melody. Esta solo atinó a mirarlo de reojo antes de volver a centrarse en el rubio pedante.

—Nathaniel, no deberías insistir cuando ya te dicen que no una vez, ¿sabes? —comentó Castiel— Y creo que Mel ya te ha dicho que no puede, además, si es rápido, ¿por qué no lo haces tú?

Nathaniel lo ignoró completamente y se volvió a dirigir a Melody. Sus ojos ámbar ya no derrochaban miel como de costumbre, tensándola un poco.

—¿Ahora eres su amiga? —Nathaniel se llevó una de sus manos a su frente, negando la cabeza con decepción— Melody, no te conviene, ya te lo he dicho.

—¿Pero tú quién te crees que eres para decirme qué es lo que me conviene y lo que no? —increpó la ojiazul, cruzándose de brazos y entrecerrando los ojos. Tuvo que morderse la lengua para no soltarle la sarta de insultos que se le pasaban por la cabeza. Bendita paciencia.

—Sé que Castiel no te conviene, punto —sentenció el rubio. Melody tensó la mandíbula y, justo cuando iba a empezar a darle un buen repaso, Castiel se le adelantó.

—Me alegra saber que piensas así de mí —ironizó el pelirrojo, metiéndose otra vez en la discusión—, pero Melody ya es mayor para saber qué es lo mejor para ella —el brazo de Castiel se deslizó hasta la cintura de la castaña, quien no pudo evitar tensarse y preguntarle con la mirada qué carajos estaba haciendo, recibiendo la típica mirada arrogante y segura del pelirrojo. Algo que, para su sorpresa, la tranquilizó un poco.

—No eres el más indicado para hablar, Nathaniel, te lo recuerdo —añadió Melody—. ¿Por qué mejor no te preocupas por ti en vez de meterte en mi vida? —bufó y se sobó la frente, sintiendo como la jaqueca regresaba.

Gracias al cielo se encontraban en el pasillo de los despachos y por ahí no pasaba nadie, aunque si lo hiciesen, saldrían corriendo, ya que el ambiente era tan tenso que llegaba a ser asfixiante, era incluso peor que cuando Castiel y Melody discutían. Nathaniel acribillaba con la mirada a Castiel, incapaz de decir nada más, mientras que él lo miraba con desdén aún con su mano descansando en la cintura de Melody, quien miraba a Nathaniel totalmente iracunda.

Por suerte, la señora Shermansky salió de su despacho, acabando con aquel enfrentamiento. Miró a los tres un poco desubicada y se paró detrás de Nathaniel. Carraspeó, aclarándose la voz y llamando la atención de los adolescentes y habló:

—Espero que estén aquí porque tienen alguna consulta más —dijo seria, ya que estaba prohibido pasearse por aquellos despachos, especialmente después del incidente de los exámenes. Se dirigió hacia Melody y Castiel, endureciendo un poco su mirada—. Me alegra saber que se llevan bastante bien, por lo que supongo que las tutorías no les resultarán ningún problema, ¿me equivoco?

Melody volvió a caer en el hecho de que Castiel la tenía prácticamente abrazada y se separó de manera un poco brusca y desvió la mirada hacia una de las orlas que adornaban las paredes de aquel pasillo, intentando esconder su sonrojo, aunque sus orejas la habían traicionado. Había bajado la guardia, definitivamente, ¡había dejado que Castiel la abrazara, por favor! Estaba claro por qué lo había hecho, a pesar de que no llegaba a entenderlo. Castiel también habría podido ayudarla de otra manera, pero, como siempre, la mente del pelirrojo era algo que no conseguía comprender… Aunque eso no fuera algo que le quitara el sueño, a decir verdad.

—¿Qué quiere decir con tutorías? —la voz estupefacta de Nathaniel sacó a Melody de sus pensamientos.

—Tu novia me va a dar clases particulares, rubito —contestó burlón el pelirrojo, recibiendo una mala mirada por parte de los tres restantes.

—No soy su novia —replicó Melody, el desagrado se podía notar en su voz a kilómetros.

—¿Va a hacer que Melody le dé clases particulares a él? —Nathaniel se giró hacia la directora, quien parecía al borde de un ataque de ira— Directora, no creo que sea lo mejor… Ya sabe…

—Joven Nathaniel, creo que sé cómo hacer mi trabajo, pero gracias por su preocupación —espetó la mujer con el ceño fruncido—. Ahora agradecería que despejasen el pasillo, saben que no se puede estar aquí —Melody murmuró un pequeño "adiós" y se giró, seguida de Castiel y Nathaniel, pero este último fue detenido por la directora—. Usted no, Nathaniel, quiero comentarle unos detalles sobre la próxima excursión.

Así, Melody y Castiel salieron del pasillo, dejando atrás a Nathaniel. La castaña, muy a su pesar, no pudo evitar girar su cabeza un poco, cruzando miradas con el rubio. Sus ojos miel, algo solitarios, chocaron con los suyos, desconcertándola aún más. Sin querer darle más vueltas de las necesarias, se volvió hacia delante y terminó saliendo del pasillo y de la vista del rubio.

Pero Melody seguía teniendo muchas dudas y pocas respuestas. No entendía el repentino interés de Nathaniel sobre la gente con la que se relacionaba, especialmente porque meses atrás, cuando estaban "juntos", ni siquiera ocupaba ni la quinta parte de sus pensamientos. ¿Si no le importaba antes, por qué ahora sí? Suponía que era porque, a pesar de todo, el rubio seguía viéndola como una amiga.

Pero había algo más que empezaba a agobiarla. Se trataba de Castiel y su comportamiento tan extraño, pero ya no solo ahora, sino desde su relación con Nathaniel. Al principio pensaba que le gustaba molestarla, ¿pero por qué ese interés en que se diera cuenta de las verdaderas intenciones de Nathaniel? ¿Por qué intentó ayudarla? A pesar de su discusión en el patio, también la ayudó ahora. ¿Por qué hacía todo eso si se supone que no se llevaban bien? Y, sobre todo, ¿por qué se sintió como si Castiel entendiera por lo que ella estaba pasando?

Melody estaba completamente perdida. Podía llegar a entender un poco a Nathaniel, después de todo había pasado muchos años a su lado, pero Castiel… no había manera. Era como un enigma sin resolver y, aunque Melody sabía que no iba a ser ella la que lo hiciese, eso no quitaba su curiosidad. Por muy pequeña que fuese.

Suspiró y se alisó el jersey azul marino, paseando la mirada por el pasillo principal, encontrándose con que estaba prácticamente vacío. Sin embargo, cuando iba hacia su clase, un punto rojo en el fondo del pasillo le llamó la atención y se dio la vuelta, corriendo hacia él.

—¡Castiel, espera! —Castiel se detuvo y se giró a su llamado.

—¿Qué haces? Me voy a saltar esta clase y si hablas tan alto, vas a hacer que salga alguien —le reclamó en voz baja en cuanto la castaña llegó a él. Ella lo miró, recuperando un poco el aire y frunció el ceño.

—Voy a ignorar eso —contestó—, a lo que venía es que, ¿cómo pretendes que vaya a tu casa si no sé ni dónde vives? —le preguntó, como si fuera lo más obvio, recibiendo una mirada incrédula por parte del pelirrojo.

—¿Solo era eso? —preguntó, empezando a caminar hacia el sótano. «Es casi un profesional en esto», pensó Melody, siguiéndolo de manera inconsciente y mirando como abría la puerta con una llave que desconocía de dónde había sacado y que prefería no saberlo tampoco.

—¿Qué te pensabas que era? —replicó, mirándolo con una ceja arqueada. Castiel la miró de reojo y sonrió de lado.

—Siendo tú, pensé que me ibas a arrastrar contigo a clase, ya sabes, por eso de tener que aprobar y tal.

—Bueno, es que tú también eres mayorcito para saber si está bien si saltarte las clases o no. Pero si te quieres graduar, esto —hizo un gesto— no es lo mejor que puedes hacer.

Los dos bajaron al sótano y Castiel se apoyó en una de las paredes desconchadas. Melody, por su parte, se quedó de pie frente a él, no queriendo que el polvo le llegase a la ropa que tanto le había costado escoger esa mañana. Olía a guardado, pero es que el sótano llevaba prácticamente cerrado desde el concierto y, especialmente, desde que Lynn se quedó atrapada allí. Frunció el ceño, recordando con amargura aquellos sucesos. Si ella hubiera sido Lynn, no los hubiera perdonado tan fácilmente. Otra prueba más de que la morena era un ángel que había caído del cielo.

—¿Entonces tú también lo eres? —preguntó Castiel con una sonrisa ladina, a lo que Melody ladeó la cabeza, sin entenderlo muy bien— No me esperaba que la señorita Bonnaire también se fumase las clases —finalizó con una voz burlona; sin embargo, la castaña finalmente se había dado cuenta de lo que estaba pasando.

Se había perdido parte de la clase y no la iban a dejar entrar por mucho que se tratase de ella. La ojiazul empezó a pellizcarse un poco los labios, desesperada. ¿Qué iba a hacer ahora? Encima, estaba con Castiel y si a algún profesor se le ocurriese pasearse por allí, los vería. ¿Qué pensarían de ella? Que estaba siguiendo malos pasos seguramente. La castaña soltó un jadeo angustiada y bajó la mirada a sus pies.

—No puede ser… —murmuró. Su cerebro iba a mil por hora y ni si quiera se le ocurría ninguna solución. Fue Castiel quien la sacó de su ensoñación. Bueno, más bien su mano paseándose por su pelo. La castaña alzó la cabeza de inmediato y le apartó la mano —¿Qué haces?

—Tenías una pelusa en el pelo —contestó el pelirrojo, sacudiendo la mano en su pantalón— ¿Sabes que no te vendría mal soltarte un poco? A veces eres más intensa que tu novio.

—¡Que no es mi novio! —chilló, soltando la muñeca de Castiel, quien la miró malhumorado, indicándole que no alzara tanto la voz— No es mi novio —repitió, esta vez en voz baja y de manera amenazante, cruzándose de brazos y apoyando todo su peso en una pierna, sacando un poco la cadera.

—Lo que tú digas, pero deberías pensar en lo que te he dicho —continuó Castiel con un tono de voz un poco desinteresado.

—A lo mejor no será gran cosa para ti, pero para mí sí que lo es —contestó, apartándose un mechón de pelo del hombro—. Yo no me salto las clases, Castiel. No soy como… —no pudo acabar la frase, porque el pelirrojo se inclinó sobre ella, reduciendo un poco la distancia que los separaba.

Otra vez, grises contra azules, pero ahora los ojos de Melody no estaban tan temerosos como la primera vez. No, ahora se mostraban orgullosos, pero todavía un poco inseguros. Castiel se remojó el labio inferior antes de seguir hablando:

—¿Como yo, quieres decir? —completó la oración por ella con un tono de voz un poco altanero. Melody enderezó un poco su espalda, como si así su metro sesenta y seis hiciera frente al metro ochenta del pelirrojo, y asintió, un poco nerviosa de que fuera a reaccionar como el otro día— ¿Entonces qué haces aquí? Las niñas buenas tendrían que estar en clase, no en el patio.

—En primer lugar, buen intento de frase cliché —Melody esbozó una pequeña sonrisa burlona mientras que Castiel se echaba para atrás y recuperaba su postura anterior, mirándola expectante con la misma sonrisa—. Segundo, parece que tienes cera en los oídos, porque ya te dije que quería saber tu dirección para poder ir a tu casa.

Castiel rodó los ojos divertido y sacó su teléfono del bolsillo de su pantalón, tecleó un par de cosas y lo volvió a guardar. Segundos después, el móvil de Melody vibró y lo sacó, viendo el mensaje que le había mandado el pelirrojo, comprobando que tampoco vivía tan lejos como pensaba, a lo mejor a unos diez o quince minutos a pie desde su casa.

—Pero Melody, me alegro de que tus gustos vayan mejorando —se carcajeó el pelirrojo y Melody rodó los ojos todavía con la mirada fija en la pantalla, haciendo cálculos sobre la hora a la que tendría que salir si quería ser puntual—. Me la podrías haber pedido después o por un mensaje, no sabía que te gustaba tanto como para venir hasta aquí.

—En tus sueños, Castiel —contestó, bloqueando la pantalla— Bueno, me voy, que al menos no me la quiero perder del todo. Supongo que te veré en la siguiente, ¿no? —preguntó entrecerrando un poco los ojos.

—Sí, sí, adiós.

Melody se dio la vuelta y se fue sin percatarse de que el pelirrojo seguía con atención sus movimientos. Aunque ese era el menor de sus problemas ahora mismo porque, como si fuera poco, le habían cargado otro peso encima. No suficiente con tener que lidiar con toda la situación de Nathaniel, también tenía que darle clases a Castiel… Y viendo el interés que le ponía, le iba a costar un montón.

—No, si al final me va a tocar hacer de niñera… —pensó en voz alta.

Iba a girar en una esquina del pasillo cuando, de la nada, una mano se posó en su hombro, lo que hizo que pegara un salto y se girara hacia su dueño, encontrándose con el pelirrojo. Con el corazón a punto de salírsele del pecho, le dio un manotazo, más por el enfado del susto que por otra cosa.

—¿Tienes complejo de fantasma o qué? ¿Qué haces aquí? Dijiste que no ibas a entrar —le preguntó, reanudando el paso con Castiel al lado.

—Bueno, yo también sé ser responsable de vez en cuando —contestó, encogiéndose de hombros. Melody asintió, sin creerle del todo, pero no le dio importancia—. Además, tienes una habilidad un poco increíble para hacer sentir culpable a la gente —Melody no pudo evitar soltar una carcajada al escuchar eso.

—Bueno, pero si Castiel Bellerose tiene conciencia, quién lo diría —bromeó la castaña, recibiendo una risa como respuesta— ¡Y yo he conseguido llegar a ella! Me siento conmovida

—Y Melody Bonnaire sigue siendo una niña repelente, menuda sorpresa —Melody se giró hacia Castiel con reproche, tenía ganas de borrarle la sonrisa arrogante de la cara. Pero eso al pelirrojo le daba igual, era como si disfrutase de sus reacciones.

—Y tú sigues siendo un idiota —replicó. Sin embargo, para su asombro, no estaba tan incómoda como se esperaba, más bien todo lo contrario.

Era verdad que todavía no se llevaba bien con el pelirrojo, de hecho, no era secreto de nadie que a Melody le caía mal Castiel a pesar de que él no le haya hecho nada a ella. Por eso, el simple hecho de que estén bromeando y que Melody todavía no hubiera salido hecha una furia era digno de sorpresa.

Y eso parecían creer todos cuando los dos llegaron juntos a clase y, después de un regaño (bien merecido) de la profesora, se separaron para ir cada uno a su asiento; el de Melody en tercera fila y el de Castiel al fondo del aula, pegado a la pared y al lado de Lysandro.

Ignoró como pudo la mirada de Alexy, en otro momento le daría explicaciones. Lo que no pudo hacer fue evitar los ojos de Nathaniel, enojados e insistentes, como si quisiera decirle algo, pero Melody ya se sabía el discursito de memoria, y estaba empezando a cansarse. Hizo como que no vio al rubio y empezó a prestar atención a la clase. Al menos esperaba que las tutorías con Castiel le ayudasen a despejarse un poco y, con suerte, olvidar a Nathaniel.