Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to LyricalKris. We just translate with her permission.
Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de LyricalKris, solo nos adjudicamos la traducción.
Bad Timing
Autora: LyricalKris
Traductora: Yanina Barboza
Beta: Melina Aragón
Capítulo 14
—Mami. Mami.
Una voz urgente despertó a Bella de un sueño que de otra manera sería profundo. Ella hizo una mueca. Boca seca. Sed no saciada. Comprobado. Sin embargo, sin dolor de cabeza. Eso era bueno.
—Mami. —Melody le palmeó el brazo. Se subió a la cama, sentándose de rodillas—. ¿Sabías que papi está aquí? ¿En el sofá? Haciendo ruidos de monstruo.
Bella tuvo que apretar los labios para sofocar una risita.
—Sí, lo sé. Yo fui quien lo acostó allí.
Los ojos de Melody se iluminaron.
—¿Es un día especial? ¿Como Navidad? —Había estado extasiada cuando Edward se quedó a pasar la noche en Navidad.
—No, amor. —Bella acarició el cabello de su hija—. Papi y yo nos divertimos demasiado anoche. Él se excedió un poco.
Con un jadeo, las cejas de Melody se fruncieron, su expresión dolida.
—¿Tú y papi se divirtieron sin mí?
Parecía tan abatida, Bella tuvo que luchar para no reírse.
—No, Mel. No es así. Papi salió con sus amigos y yo salí con mis amigas. Fuimos al mismo lugar. Fue solo una coincidencia. ¿Sabes lo que eso significa?
Melody negó con la cabeza.
—Es cuando dos cosas separadas ocurren al mismo tiempo sin intención.
—¿Cosas buenas?
La sonrisa de Bella se suavizó, y sintió sus mejillas sonrojarse.
—No siempre, pero en este caso, fue algo realmente bueno. —Ella se sentó—. Ahora, ¿quieres despertar a papi, o deberíamos hacerle el desayuno primero?
—¿Podemos despertarlo para que deje de hacer ruidos malos? Suena así. —Melody hizo un ruido que era parte resoplido, parte gruñido. Bella se rio mientras se levantaba, acercando a Mel a su cadera.
En la sala de estar, Bella encontró a Edward exactamente donde lo había dejado la noche anterior. Habían entrado tropezando juntos, borrachos y drogados y conectados por los labios, con las manos errantes y urgentes. Incluso ahora, Bella se estremeció al recordar las palabras que él murmuró en su oído, todas las cosas que quería hacerle.
Pero, ambos estaban borrachos. Él no estaba preparado para la actuación, sin importar lo que dijera su lengua sedosa. Se habían besado en el sofá, sus dedos acariciando su cabello, hasta que sus besos disminuyeron y él se desplomó, tal como ella sospechaba que lo haría. Ella lo recostó, le quitó los zapatos y lo cubrió con una manta.
Ahora, una cálida ternura la invadió cuando ella lo miró. Su cabello tan despeinado, sus rasgos relajados en el sueño. ¿Cómo podía un hombre ser tan sexi por la noche y hermoso dormido?
Y luego, el sonido más horrible que había escuchado salió de sus labios ligeramente abiertos. El ronquido de burro del ex borracho. Bella se tapó la boca con la mano. Melody hizo el más exasperado ruido de disgusto.
—¿Ves? —Ella sacudió la cabeza con tristeza.
—Aquí. —Bella dejó a Melody en el suelo y sacó su teléfono. Presionó algunos botones y le puso el teléfono en la mano—. Graba un video. Puedes enviárselo al tío Em. Le encantará.
Alegre ante la perspectiva, Melody se apresuró al lado de su padre. Su cara se arrugó cuando él exhaló y ella estaba parada demasiado cerca.
—Ew —dijo lastimeramente.
Bella realmente tuvo que tratar de no reírse en ese momento. Estaba segura de que su aliento no olía mucho mejor. Observó a Melody, divertida como siempre por las cosas que los pequeños en estos días sabían hacer. Su hija levantó el teléfono con manos inestables. Ella sabía lo suficiente como para mantener presionado el botón de grabación. El video sería tembloroso (Melody se estaba riendo ahora), pero eso solo agregaba encanto. Emmett ya estaba enamorado de su sobrina.
Cuando se cansó de filmarlo, solo un minuto más tarde, Mel dejó el teléfono en el suelo de forma segura y se subió al sofá. Se sentó a horcajadas sobre el pecho de Edward. Él soltó un "Ooof", cuando sus rodillas huesudas se clavaron en su estómago, pero en realidad no se despertó.
—Pa-ppi. —Mel rebotó sobre él—. Papi. Papi. Papi.
—¿Uh? —Edward se despertó, parpadeando adorablemente mientras miraba hacia arriba. Hizo una mueca, sin duda cuando el dolor de cabeza lo golpeó—. Oh, hombre.
—No puedes aguantar tu licor, pequeñito —bromeó Bella, sonriendo cuando la cabeza de Edward se giró hacia ella y volvió a hacer una mueca.
Melody dejó escapar una oleada de risitas agudas.
—¡Mami! Papi no es un pequeñito. Es viejo.
Edward sonrió con suficiencia.
—Sí, mami. Soy viejo, ¿ves? —Él gimió mientras hacía todo lo posible para sentarse, manteniendo a Mel en su regazo.
Bella dio un paso adelante y le revolvió el cabello.
—Te haré algo grasoso, ¿de acuerdo?
Él inclinó la cabeza, una mirada extraña en su rostro. Así era exactamente como se sentía esto. Extraño. Él estando allí cuando ella se despertó, como si fuera la cosa más natural del mundo, avivó un sentimiento extraño en ella. Cálido, pero extraño.
Él asintió.
—Grasoso suena genial. —Él entrecerró los ojos—. ¿Y tal vez algo para mi cabeza?
Ella asintió.
—Estoy en ello.
Pero antes de que ella pudiera llegar lejos, su mano se apretó alrededor de su muñeca. Ella se giró y vio preocupación en sus ojos.
—Bella... no lo hicimos...
Sus mejillas se sonrojaron y le apretó la mano.
—No.
—Oh, bien. —Se dejó caer en el sofá, reajustando a Melody en su regazo. Sus labios se arquearon en una comisura mientras movía las cejas hacia ella—. Quiero recordar cada minuto de eso.
Bella consideró burlarse de él, poner sus manos en sus caderas y comentar que algunas cosas nunca cambiaban. Él todavía tenía el sexo en la mente cuando tenían otras cosas de qué hablar. Pero ella decidió que era cruel hacerle pasar un mal rato cuando ya tenía resaca. Además, ella podría no tener resaca, pero no quería tratar de descubrir cómo decir todo eso para no despertar la curiosidad de Melody.
Además, no creía poder aguantar con la cara seria. Ella lo deseaba. Mucho.
Melody inclinó la cabeza hacia atrás para mirar a Bella.
—¿Tocino?
—¿Tocino qué? —incitó Edward a su hija.
—¿Tocino… y huevos?
Edward y Bella se rieron, compartiendo una mirada sobre el hombro de Melody.
—¿Qué tal un por favor, carita? —dijo Bella.
—Oh. Por favor, tocino y huevos ¿y tal vez un poco de leche con chocolate? —Melody pestañeó.
—Oooooh. Leche con chocolate —dijo Edward, luciendo vagamente soñador.
Bella resopló.
—Está bien. Huevos, tocino y leche con chocolate salen en un momento.
~0~
Ellos eran malos hablando.
Y debido a que la vida era complicada, y parecían estar en la misma página sobre no cambiar la forma en que interactuaban frente a su hija, también eran malos en seguir con lo del sexo. Por eso Bella se encontró en la posición que durante mucho tiempo había afirmado que pertenecía a Edward.
No le interesaba hablar como una adulta responsable. Realmente no le importaban todas las preguntas que tenían que responder. Ella quería arrojarlo al suelo y acostarse con él.
Él también lo sabía, el bastardo.
Ese primer día, mientras se sentaban a desayunar, incluso mientras Edward se frotaba la cabeza, escuchando a Melody parlotear, Bella sintió la punta de su dedo del pie trepar por su tobillo. Fue un toque ligero, pero uno que la hizo consciente de cada centímetro de su piel. Luego, unos minutos más tarde, mientras descansaban juntos, su pequeña familia, él colocó su brazo sobre el respaldo del sofá para que sus dedos pudieran jugar con su cabello.
El ciclo continuó así durante días. Sus horarios se mezclaron, y solo se veían cuando Melody estaba despierta. Ambos comenzaban temprano en la mañana y tenían demasiado para hacer esa semana. Así que su toque se pospuso, eléctrico y cálido, sensual y visceral, durante días. Pensamientos sobre él la invadieron incluso cuando estaba ocupada en el trabajo, hasta que hubo un zumbido persistente, una nube sobre su mente y pensamientos que susurraban su nombre.
Ella lo quería, y siempre había sido una mujer que perseguía lo que quería.
La noche antes de que Edward estuviera listo para su caminata de invierno en el Parque Nacional Olympic con sus amigos, Bella hizo su movimiento.
Esto era lo bueno de tener cuarenta años y estar segura de quién era ella. Estaba cómoda en su propia piel. Como cualquiera, tenía defectos y puntos problemáticos de los que era consciente, pero también era consciente de que no importaban demasiado.
Aun así, tuvo que tomar una respiración tranquilizadora antes de llamar a la puerta de su apartamento esa noche. Cuando él abrió, ella estaba apoyada contra la jamba, sus labios se alzaron en la más mínima sonrisa.
Los ojos de Edward se agrandaron y luego se oscurecieron por la lujuria mientras la contemplaba. Llevaba un modelito de vaquera: jeans ajustados, una camisa roja, un sombrero de vaquero encaramado en su cabeza y botas a juego.
—¿Bella? —La voz de Edward era baja y cruda mientras miraba.
—Déjame entrar. —Ella puso una mano sobre su pecho, empujando ligeramente—. Hace mucho frío aquí afuera.
Él tropezó hacia atrás, su mano envolvió la de ella en su pecho cuando cerró la puerta detrás de ella. Bella entrelazó sus dedos y lo llevó a su sofá raído.
—Dame tu teléfono. —Ella extendió la mano mientras lo empujaba a sentarse con la otra.
—Uh... —Edward obviamente había captado lo suficiente como para entender dónde terminaría todo esto, con ambos muy desnudos, pero ella lo había pillado por sorpresa. Bueno. Él podía estar nervioso en el departamento del sexo y la sensualidad de vez en cuando. Era bueno para el desarrollo del carácter.
Sacó su teléfono de su bolsillo y lo puso en su mano, sus ojos aún clavados en los de ella, oscuros, confundidos y excitados.
—¿Qué estás haciendo? —finalmente se las arregló para decir cuando ella comenzó a presionar botones en su teléfono—. ¿Y qué demonios llevas puesto?
Ella movió las cejas con picardía mientras su sistema de sonido, conectado a Alexa y a su teléfono, hacía clic.
—Silencio, pequeño. Es solo una lección de música.
Esa era la otra cosa buena de tener cuarenta años. Sus años de formación en música tuvieron algunos clásicos. Puso su teléfono sobre la mesa de café cuando apareció Pony de Ginuwine.
—Oh, Jesús. Mierda —gimió Edward, captando la idea cuando las caderas de Bella comenzaron a balancearse al ritmo de la música y desabrochó el botón superior de su camisa.
Cuando llegó al coro, ya no tenía la camisa puesta. Ella se subió a su regazo, girando sus caderas mientras Ginuwine cantaba: "You're horny, let's do it. Ride it. My pony".
Edward levantó las manos, pero Bella lo agarró por la muñeca.
—Ya sabes las reglas del club de estriptís.
Él frunció el ceño, su rostro se sonrojó cuando sus caderas se levantaron para encontrarse con las de ella.
—Nunca he estado en un club de estriptís.
Ella se inclinó para que sus labios estuvieran cerca de su oreja.
—Sin tocar.
Él gimió, y ella se compadeció de él, guiando sus manos hacia sus caderas y presionándolas allí. Luego, extendió la mano para desprender el broche de su sujetador. Sus ojos se dirigieron directamente allí, y Bella sintió que sus pezones se endurecían mientras él se lamía los labios.
No le importaría si él la tocaba con la lengua. No, para nada.
Pero ella no se distraería. Quería volverlo loco para el final de esta canción.
Ella continuó moviéndose con la música, alejándose de él y poniéndose de pie nuevamente. Él gimió, y ajustó su dureza en sus pantalones, pero contuvo el aliento cuando ella se quitó las botas de vaquero. Le siguieron los jeans, y volvió a sentarse a horcajadas sobre él, esta vez poniendo su sombrero de vaquero sobre la cabeza de él mientras frotaba su centro cubierto por las bragas contra el bulto de sus jeans.
—Bella. —Su voz era jadeante y profunda a la vez—. ¿Puedo tocarte, por favor?
Bastante sin aliento para entonces, Bella solo pudo asentir. En un instante, sus manos estaban sobre ella. Él inclinó la cabeza, atrapando su boca en un beso apasionado. Las yemas de sus dedos se deslizaron por su espalda, y ella gimió contra sus labios, poniendo una mano en su mejilla. Sus manos llegaron a sus pechos y apretó, demasiado fuerte y sin embargo...
Dios, sí. Fuerte era bueno. Fuerte era genial.
Su agarre se suavizó y frotó un pulgar sobre sus pezones, sus caderas se sacudieron contra ella. Ella se frotó más fuerte sobre él, buscando esa dulce fricción, y jadeó, de repente encontrándose sobre su espalda en el sofá con él presionado sobre ella. Le liberó la boca y besó su cuello hasta sus senos. Ella se arqueó debajo de él, con las manos en su cabello mientras su talentosa lengua la envolvía. Sus dedos bailaron a lo largo del dobladillo de sus bragas, y luego se deslizaron debajo, trazando su carne sensible hasta que la encontró mojada y caliente para él.
Y ella había terminado con la provocación. Estiró una mano entre ellos, encontrando la bragueta de sus jeans y desabotonándola. Él se enderezó, así que estaba arrodillado en el sofá a sus pies, y se quitó la camisa con un movimiento fluido.
Él era hermoso. No era como si ella no se hubiera dado cuenta, incluso durante todos estos años que habían sido solo amigos. En el verano, cuando tenía la ocasión de quitarse la camisa, ella se había embriagado viéndolo. Su cuerpo había cambiado a medida que él se adentraba más en las aventuras al aire libre: sus brazos eran más musculosos debido a la escalada en roca, sus piernas más fuertes y su torso más definido. Ella disfrutó la vista, observando mientras él hacía su propia versión de un estriptís, mucho más apresurado y mucho menos elegante.
—¿En algún tipo de prisa? —bromeó ella.
Él la contempló con una mirada sardónica.
—Me has estado volviendo loco toda la semana.
Bella se alzó sobre sus codos para mirarlo.
—¿Te he estado volviendo loco? ¿Me estás tomando el pelo?
—Me has estado dando esa mirada. —Desnudo ahora, él se volvió a subir sobre ella, dejando una lluvia de besos sobre su estómago antes de reclamar sus labios nuevamente—. Como si quisieras devorarme. O acostarte conmigo.
Ella suspiró suavemente cuando él la besó de nuevo, dejando que sus manos vagaran por la extensión de su espalda. Inclinando la cabeza hacia arriba, le mordisqueó el lóbulo de la oreja.
—Tú lo empezaste. Seguiste tocándome.
—Me gusta tocarte. —Él le bajó las bragas, quitándolas de una pierna y luego de la otra con su ayuda. Él presionó sus piernas hacia atrás, su cuerpo posicionado entre ellas—. He pensado mucho en eso. En todas las formas que quiero tocarte.
Ella apretó los labios para sofocar un gemido, levantando un pie para presionar el talón contra su trasero. Podía sentir su calor cerca de ella, la cabeza de su polla provocando su entrada.
Antes de que ella pudiera rogarle que lo hiciera, que la tomara, él lo hizo. Se deslizó hacia adelante, su polla separando sus pliegues y deslizándose a casa. Ella se arqueó debajo de él, gritando, y él sofocó un gemido.
—Mierda, eso es bueno —murmuró en voz baja mientras embestía, embestía, embestía más profundamente en ella.
Ella acunó su trasero, apretándolo e instándolo a acercarse, y levantó las piernas. Él bajó su boca a la de ella, tragándose cada jadeo y gemido que le dio, dejándole los suyos a cambio. Sus manos vagaron por su cuerpo, rozando y apretando, gentil, luego duro. Necesitado.
Con un gemido, terminó su beso, jadeando. Giró la cara hacia un lado, aún moviéndose dentro de ella.
—Oh, demonios. Bella. Yo...
Ella presionó una mano en su mejilla, girando su cabeza para que la mirara.
—Tenemos tiempo.
Esto no era sexo ocasional.
Él dejó escapar una respiración temblorosa, gimiendo de nuevo cuando ella apretó su polla con sus paredes, instándolo a seguir. No necesitó que se lo dijeran dos veces. Su embiste se aceleró, y ella dejó escapar un grito entrecortado.
—Edward —susurró. Se sentía tan bien dentro de ella.
—Ah. Entonces... agh —balbuceó él sin sentido y enterró la cabeza en el cuello de ella. Presionó un beso con la boca abierta en su garganta, sus dientes se hundieron un poco cuando comenzó a pulsar dentro de ella. Su cuerpo era glorioso bajo sus manos, la forma en que se sacudía, con los músculos tensos, y luego, con un largo gemido, se relajó.
Ella le acarició el cabello, disfrutando del peso de él sobre ella, el calor resbaladizo de su piel y la forma en que se sentía en sus brazos.
Tenían que hablar. Había verdades que enfrentar y preguntas difíciles que hacer. ¿Pero esto?
Esto no era donde terminaban.
¡Hola!
¿Nos cuentan qué les pareció el capítulo?
Muchas gracias por los comentarios en el capítulo anterior: Diana, gmguevaraz, rjnavajas, Vianey Cullen, Melina, Tata XOXO, Lady Grigori, Bell Cullen Hall, Kriss21, somas, kaja0507, aliceforever85, Car Cullen Stewart Pattinson, bealnum, Karen CullenPattz, PknaPcosa, bbluelilas, Lizdayanna, Cinti77, tulgarita, Adriu, Leah De Call, Elizabeth Marie Cullen, Smedina, LadyRedScarlet, jupy y los anónimos.
¡Hasta el próximo capítulo!
